Archivos de la categoría ‘Arte’

Leonard Cohen, Príncipe de Asturias

Publicado: junio 24, 2011 en Arte, Música

 José de Segovia Barrón
Leonard Cohen,  Príncipe de Asturias 
Al poeta y músico canadiense Leonard Cohen se le ha concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, a los 76 años.

21 de junio de 2011

El jurado reconoce así “una obra literaria que ha influido en tres generaciones de todo el mundo, a través de la creación de un imaginario sentimental en el que la poesía y la música se funden”.  El acta destaca cómo “con el paso del tiempo”, confluyen en él “la tradición mística de Oriente y Occidente y la vida contada como una balada interminable”. Ya que Cohen es ante todo un buscador. 

 Buscamos sentido a la vida de muchas maneras, pero para Cohen, está claro que la respuesta está en la religión. Unas inquietudes que no han sido nunca compartidas por muchos. En la monumental biografía que hizo sobre él Ira Nadel – Various Positions, premiada por la Universidad de la Columbia británica en 1996, pero lamentablemente todavía no traducida al castellano–, se cuenta el encuentro de Cohen con Joan Baez en el mítico Hotel Chelsea de Nueva York. La discusión que tuvieron fue monumental. Comenzaron hablando sobre Gandhi y el papel de las drogas en el movimiento por la no-violencia, pero lo que Baez no podía soportar eran las inquietudes espirituales de Cohen, que le alejaban de una conciencia social – ¡lo mismo que le pasó con Dylan! –.

 Hay algo enigmático en la figura de Cohen, que produce siempre cierta perplejidad. Su imagen de bohemio, vestido de traje; un amante apasionado ,  que vive solo; mítico cantante, que apenas tiene voz; un judío, que practica el budismo  zen.. . Son demasiadas cosas que no encajan. Cohen –como su admirado Dylan– es un judío que tiene además una curiosa obsesión por Jesús.  Las referencias a los  Evangelios  llenan muchas de sus canciones desde los años sesenta. Aunque su espiritualidad se ha hecho cada vez más compleja, a medida que se ha ido acercando y alejando de la lectura de la Biblia, para abrirse a otras religiones orientales.  Su historia comienza con una de las más importantes familias judías del Quebec.

 TRADICIÓN JUDÍA
 Leonard Norman Cohen nació en Montreal en 1934, con el nombre hebreo de Eliézer (que significa  Dios es mi sostén ). Su apellido remite a la tradición sacerdotal de Israel. Su padre era hijo de un judío lituano que emigró a Canadá poco después de que se fundara la federación, llegando a ser propietario de la fábrica de confección más grande del país y el presidente más joven de la sinagoga más importante del Canadá. Su abuelo Lyon fue además vicepresidente de la primera organización sionista de este país y fundador del primer diario en lengua inglesa de todo el continente americano.

Su padre, Nathan, estaba inválido a causa de sus heridas en la Primera Guerra Mundial. Se casó con una mujer dieciocho años más joven que él. Masha era hija de un rabino lituano, que escribió una obra de más de setecientas páginas sobre las diferentes interpretaciones del Talmud. Había huido de las persecuciones de los judíos en los  progroms  del este de Europa, a Inglaterra, pero se fue luego a Canadá en 1923.

Leonard Cohen tiene una hermana mayor llamada Esther. Juntos, viven la Segunda Guerra Mundial con cierta comodidad, ya que la familia tenía dinero para mantener un servicio doméstico con sirvienta, niñera y chofer. Tuvieron en muchos sentidos una educación privilegiada, marcada, eso sí, por el judaísmo.

 Cohen dice: “Teníamos una profunda fe y practicábamos la religión, que estructuraba toda nuestra vida; pero mis padres no eran fanáticos”. Leonard cree que, para ellos, “la religión era como el agua para un pez”. Así recuerda que cada noche del viernes empezaban a celebrar el  sabbat,  encendiendo velas –algo que continúa haciendo todavía él, dice en una entrevista con la revista francesa  Les Inrockuptibles –. Hacían oraciones e iban a la sinagoga el sábado por la mañana. Pero aunque recibía educación hebrea tres veces por semana,  Cohen fue a una escuela laica y tuvo una niñera irlandesa católica, por quien empezó a conocer el cristianismo.

 CORAZÓN SOLITARIO
Sus padres jamás le presentaron un Dios estricto y exigente, aunque aprendió la  shema  (el credo judío tomado de la Ley dada a Moisés en el monte Sinaí) e hizo la ceremonia de iniciación judía conocida como  bar mizvah.  Todo su mundo se viene abajo cuando su padre se muere, al tener sólo nueve años. Adquiere entonces una seriedad que le acompaña toda su vida. Su melancolía y tristeza le introducen en un páramo emocional, que le hace huir de toda frivolidad e inconsciencia.

Cohen fue a la prestigiosa universidad de McGill, donde estudió con el  enfant terrible  de la poesía judeo-canadiense, Irving Layton. Era ya amante de los versos de García Lorca, pero se volvió entonces un poeta y observador crítico. Su pensamiento es lúcido y afilado, pero carente de sarcasmo y raramente cínico. Reconoce la sabiduría de sus maestros,como dice en una de sus canciones – Teachers –:“sígueme, dijo el hombre sabio”; pero observa que éste “va detrás”, en vez de delante.

Cohen “da prioridad absoluta al individuo, reduciendo la comunidad a nada que no sea el resultado de la suma voluntaria de los individuos”. Aunque no sabe “qué es peor: si estar solo y pensar que lo estás, o pensar que todos los demás se sienten así de solos”…

Aunque su corazón solitario le hace bastante enamoradizo. Las  Marianne  y  Suzanne  de sus cancionesestán inspiradas en sus muchas experiencias de desamor. Suzanne Verdal era una bailarina de Montreal, que estaba casada con un escultor llamado Vaillancourt, cuando le escribe ese poema en 1965. Marianne Ihlen vivía con un novelista noruego en la isla de Hydra, que deja con un hijo, cuando empieza su larga relación con Cohen. Pero él siempre lamentó que fuera  goyim (gentil).  Lo que para él la hacía incapaz de compartir su visión judía del mundo. Su fracaso más conocido fue sin embargo su reciente relación con la actriz Rebecca De Mornay, que “se dio finalmente cuenta de que no se puede contar conmigo como marido, con quien tener hijos”…

A pesar de tantas decepciones, Cohen dice que ha aprendido que “a no ser que el corazón se rompa, es imposible conocer nada del amor”. Pero ¿qué es el amor, para él? En uno de sus primeros poemas ( Keeping Things Whole,  1964), Cohen describe al amante de una joven mujer como “un cuerpo ambulante de dolor”. Él dice: “Creo que éste es el océano en que todos nadamos, todos queremos disolvernos, olvidarnos de quiénes somos”. Y concluye: “Pienso que esto es el amor, olvidarse de quién es uno”.

 VIDA BOHEMIA
 Como el judío errante,  Un Canadien Errant,  Cohen espera volver a casa un día. Ese regreso al hogar parece sin embargo que da la vuelta al mundo. Aunque “convertirse en lo que se suele denominar un bohemio no era algo bien visto en familias como la mía, adoptaron la posición de que era una fase adolescente que superaría; pero no la superé”. Se convierte en un hombre de cuarto de hotel, que tiene al mundo como único equipaje. En otoño de 1969 aterriza en Londres con la idea de escribir su primera novela, pero el mal clima le hace cambiar de idea, yendo a la sobria y desnuda isla de Hydra, entonces casi virgen. Un lugar solitario y carente de comodidades, con el mar Egeo y Cretense a cada lado…

Vivía unos escalones por encima del puerto. Al tañer las campanas y llegar el barco de los suministros, puntualmente a las diez de la mañana, había cumplido ya casi toda una jornada de trabajo. Sus draconianos horarios hacen pensar en que –como el poeta Paul Valery–, “la mayor sabiduría nace de la disciplina más férrea”. En esta isla escribe algunos de sus mejores textos, con la sola compañía de los gatos que vienen a su terraza, la cháchara de los tenderos y las pezuñas de los dóciles borricos de carga golpeando contra el pavimento. Aunque cada tarde tenía una silla reservada en el café, cuando llegaba el momento mágico del ocaso…

Su bohemia parece estar en contradicción con ese “sentido del orden”, que a él le gusta: “El tipo de disciplinado aprendizaje que se inculca en la instrucción militar”. Su libro sobre los Hermosos Perdedores  tuvo magníficas críticas, pero no ganó mucho con él. Se le ocurre entonces que quizás pueda vender mejor sus letras con música de  country.  Piensa ir a Nashville, pero de camino pasa por el famoso Hotel Chelsea de Nueva York…

A mediados de los años sesenta todo el mundo que aspiraba a ser algo en el mundo artístico vivía allí. Fue así en la época de Dylan Thomas, pero es con la generación  beat  en los años cincuenta que este lugar se vuelve mítico.Al resurgir el  folk  en los sesenta, el  Village neoyorquino se llena de artistas como Baez, Dylan o Joplin ,  que viven en este hotel, que siguió siendo un punto de encuentro para los mitos del  rock,  hasta morir allí la novia de Sid Vicious –supuestamente asesinada por él, que murió de sobredosis poco después– en el  punk  de finales de los setenta.

 HAMBRE DE VERDAD
 Cohen mantiene su vocación poética, pero encuentra en la música  pop  el medio para expresar su arte. Judy Collins acepta al principio algunas de sus canciones, pero pronto firma su propio contrato de grabación. Mantiene su casa de Hydra como un refugio, pero hace de un apartamento de Los Ángeles su oficina, hasta que en un viaje a Tennessee para trabajar con el compositor Boudleaux Bryant, en una destartalada granja en medio del campo, sufre un colapso mental.  Se da cuenta que “todos van por el dinero” y los “mercachifles han tomado las riendas”. Todo le parece hueco y empieza a buscar la verdad a todo tiempo…

“Somos atraídos por la verdad”, dice Cohen, ya que “cuando la oímos y la vemos nos hipnotiza”. El cantante cree que todos “tenemos hambre de ella”. Lo que pasa es que se muestra de diferentes formas. “Hay millones de personas que van a la iglesia y obtienen un verdadero sustento de la liturgia y el hecho de formar parte de su comunidad religiosa”, pero él no se siente cómodo “confinando la expresión de la verdad a un único ámbito de acción”. Cree que “estamos continuamente rodeados por la verdad, pero que a veces lo sabemos, y otras no”.

 Buscar la verdad es siempre algo doloroso.  “Suele darse por sentado que la perfección no existe”, dice Cohen, “que nuestro mundo está roto, y que con corazones derrotados vivimos vidas rotas”. El problema es que “eso no nos excusa de nada”. Por eso canta en su himno Anthem:  “Olvídate de tu ofrecimiento perfecto; todo tiene una grieta”. Y “así es como entra la luz”. Para él, “la cantidad de sufrimiento del que uno se entera es algo aterrador”. Aunque reconoce que “lo único que se acerca a un consuelo” es la oración de Jesús: “Hágase Tu Voluntad”.

“Todos percibimos que hay una voluntad detrás de todas las cosas” –dice en una entrevista en Montreal el año 84–, “y somos conscientes también de nuestra propia voluntad”. El cantante cree que “la distancia entre ambas voluntades crea el misterio que llamamos religión”. El cree que “es el intento de reconciliar nuestra voluntad con otra voluntad, que no podemos identificar claramente, pero que sentimos que es poderosa y existe”.

 BÚSQUEDA ESPIRITUAL
 “Todos llegamos a un punto donde debemos encontrar sentido para nuestra vida”, dice Cohen , “cuando tenemos que buscar metáforas que nos expliquen el significado de nuestra vida”. Hay muchas formas, “sea a través de la caridad, la meditación, la terapia o el enriquecimiento monetario”. El objetivo es el mismo: “dar con la parábola que dé significado a nuestra hambre más profunda”. Para él, “es ahí donde encajan las tradiciones religiosas”. Aunque es algo que “todos estamos continuamente examinando, debatiendo y corrigiendo”, ya que “no es algo que se adquiere de una vez para siempre, es una actividad incesante”. Cohen llega entonces al budismo  zen .

 Su nexo con el judaísmo está en la tradición de la corriente mística judía. En ella el rabino explica a sus discípulos historias abstrusas, sin respuesta, que les lleven a pensar más allá de lo obvio y lo racional. Una técnica muy parecida a la que utiliza el  roshi  Joshu Sasaki en el monasterio z en  de Mount Baldy –en las montañas de San Gabriel, cerca de Los Ángeles–, donde Cohen se refugia en sus momentos de debilidad y vulnerabilidad.

“A no ser que la persona esté rota y sufriente, física o psíquicamente, no va a enfrentarse a un examen espiritual”, dice Cohen: “Uno empieza a ser sabio cuando se da cuenta de que es sumamente infeliz aquí”. Entonces puede uno optar por diferentes religiones, compromisos políticos, programas ascéticos o modos de vida hedonistas. En su caso, fue a un retiro del maestro  zen  Sasaki,quedándose allí un mes. “Fue una experiencia agotadora”, recuerda.

Sasaki era japonés, pero el abad era alemán. Por eso dice que cuando se encuentra andando un día con sandalias en medio de la nieve a mitad de la noche, como parte de la meditación, ¡se pregunta si no será la revancha por la Segunda Guerra Mundial! Se marcha entonces del monasterio, pero luego volverá “para un examen interno y profundo”, que requiere “una intensa disciplina, rayana en un castigo autoimpuesto”. En esa segunda estancia establece una práctica budista, que le lleva a pasar regularmente temporadas en Mount Baldy.

 En  Recent Songs  se cierra su primer periodo  zen.  Se encuentra entonces solo. Su madre ha muerto y apenas tiene relación con su esposa y sus hijos. Se enfrenta a “la más intima de las decisiones, que no podemos sino obedecer, lo que queda de nuestra religión, por lo que levanto mi voz y rezo”. Cohen vuelve a “Aquel que no tiene nombre”, al Nombre de su infancia. En la portada de su  Libro de Misericordia  aparece la estrella de David, formada por dos corazones, en vez de triángulos. En estos nuevos  salmos  clama por la misericordia a Dios.

 TODO ES INÚTIL
 Cuando publica su disco  Various Positions , muchos le preguntan por su búsqueda espiritual. Responde que su intención no era finalmente hacerse monje, ni dedicarse exclusivamente a la oración. Eso “no va conmigo”, dice: “Yo estoy en la calle, buscándome la vida”. Asegura no saber siquiera qué es el ideario  zen,  “porque sólo he conocido a ese anciano, y no puedo decir hasta qué punto representa esa tradición”. Su maestro mismo asegura que su esencia es “un vasto baldío, nada en especial”. Aquí no hay doctrina alguna que seguir, sólo su vida interior. Cohen busca finalmente ahí un espacio sin límites donde poder hacer sus propias construcciones mentales.

 “De lo que se trata es de dejar de hacerse preguntas como: ¿qué es la vida?, o ¿por qué estamos aquí?” Su álbum  Ten New Songs  expresa esa nueva época en que “no se fía de sus sentimientos íntimos, que van y vienen”. Le parece que “tras años de batallar con el monstruo interno, por fin ha conseguido no hacerse caso a si mismo”. Viene entonces la decepción…

Desde su primer libro,  Comparemos mitologías  (1956), hay un conflicto en su vida entre la religión y la sexualidad. Sus ejercicios espirituales no pueden acabar con su pasión interior. Ya que, como dice Pablo a los  Colosenses , “tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato con el cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” ( 2:23 ).  Finalmente Cohen se siente desmoronado: “He probado el  Prozac;  he probado el amor; he probado las drogas, he probado la meditación  zen:  he probado el monasterio; he probado a dejar todas esas cosas, y vivir sobrio.” Pero todo es inútil…

 ¿RELIGIÓN O CRISTO?
 El autor flamenco Marc Hendricx, ve en su libro – Leonard Cohen, el buscador de la verdad –el efecto de la religión, que nos hace estar descontentos con nosotros mismos y sólo sirve para distanciarnos de los demás. Aunque cree que la fe, el amor de Dios, o lo que los creyentes sienten por Dios, es otra cosa. Se da cuenta de que aunque la religión está pasada de moda, lo que ha hecho es dimitir de su función decorativa, ricamente recompensada. Porque “aunque los lugares de culto se estén quedando rápidamente vacíos, la fe, en sus múltiples formas, vive todavía”.

Para el escritor de este libro –publicado por la editorial  Milenio  de Lleida–, “toda religión es creación del hombre, y por lo tanto no nos dice nada acerca de la verdad”.  Pero Jesús no se presenta como el fundador de una religión, sino como el Camino, la Verdad y la Vida  ( Juan 14:6 ). La Vida, por lo tanto, no se puede basar en la sinceridad –como dice Hendricx–, que es la conclusión a la que llega Cohen en su búsqueda de la verdad. Ya que uno puede estar sinceramente equivocado. La verdad no está en una religión, sino en Aquel cuya verdad nos hace verdaderamente libres ( Jn. 8:32 ). Libres, hasta de nosotros mismos…

 “Conocer el propósito y significado de la existencia es algo fuera de nuestro alcance”, dice Cohen. En ese sentido, como él dice, es algo “inalcanzable”. La respuesta está por lo tanto fuera de nosotros, en Aquel que nos ha creado, en el Señor y dador de la vida. Tan interesado en su Creación, que se ha hecho hombre. Ha conocido todas nuestras necesidades y se ha identificado con nuestras contradicciones. Por eso podemos venir ante Él tal y como somos, para, como Cohen, decirle sinceramente:

 Soy un pecador, pero amo a Jesús.
 Estoy corrompido, pero en estos momentos,
 cuando me encuentro contra la pared,
 la oración es la única salida.
( Oraciones: Una colección de 50 salmos )

 Yo creo que Dios se complace en responder tales oraciones…

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011


José de Segovia Barrón
Una película narra los años de adolescencia de John Lennon, el beatle que tuvo más relación con el cristianismo.

7 de junio de 2011

 En  Nowhere Boy  ( Chico de ninguna parte ), la directora londinense Sam Taylor-Wood lleva a la pantalla la desorientación de este joven atormentado, que lucha por encontrarse a sí mismo. A partir del libro de su hermanastra, el artista encarnado por Aaron Johnson busca su lugar en el mundo, en medio de una familia desestructurada. Kristin Scott Thomas interpreta a la religiosa tía Mimi, que hace que Lennon vaya cuatro días a la semana a la iglesia.Escribo este artículo en Italia, donde estoy en una conferencia sobre la teología en el sur de Europa, convocada por Paul Wells, decano de la Facultad de Aix-en-Provence en Francia. Wells se crió a pocas calles de la casa donde vivía el músico con su tía Mimi, en el depauperado Liverpool de los años cincuenta. Su colega  Peter Jones –ahora profesor de Nuevo Testamento en Westminster, Filadelfía– era compañero de clase de Lennon. Y aunque Paul es más  dylaniano  que  beatlemano,  me cuenta algunos de sus recuerdos de aquellos años… EDUCACIÓN RELIGIOSA
 Lennon nunca tuvo miedo de hablar de su educación religiosa.  “Señor Lennon” –le preguntó un periodista en una rueda de prensa en Chicago– “¿son todos los Beatles cristianos? Tras una breve pausa, John comenzó a hablar: “Todos crecimos…”. Cuando de repente cambió la frase, para referirse sólo a sí mismo: “No soy un cristiano practicante, como me educaron, pero no tengo ideas que no sean cristianas”.Es como si Lennon estuviera a punto de decir que “crecieron como cristianos” o “en la iglesia”, cuando se dio cuentaque aunque los cuatro Beatles habían sido bautizados de niños –él y Ringo como anglicanos, Paul y George como católicos–,  sólo él podía decir que había “crecido” en la iglesia.  Días después de esas declaraciones, John le dijo a Leroy Aarons del Washington Post que su educación fue la “normal en la Iglesia de Inglaterra, yendo a la escuela dominical y a la iglesia”.
El resto de los  Beatles  tuvieron periodos de contacto con la religión organizada, pero no tuvieron presión familiar alguna para seguir el camino cristiano.  Paul y George  eran hijos de católicos, casados con agnósticos de origen protestante. Se criaron en casas donde la religión no tenía ninguna importancia. Sus padres eran trabajadores del norte de Inglaterra, que veían la Iglesia como un instrumento de poder de los ricos.

La madre de  Ringo  perteneció sin embargo un tiempo a la Orden de Orange, una organización protestante que tiene todavía mucha influencia en Irlanda del norte, pero que Paul Wells me comenta que era muy fuerte entonces en Liverpool. La iglesia anglicana, donde iba Ringo a la escuela dominical (St. Silas en la calle High Park de Toxteth Park), era de orientación evangélica (el edificio se demolió, cuando cerró en 1952). Aunque “iba allí, porque era un sitio donde podía jugar con bloques y pintar” dice Ringo –que se unió luego al coro de la iglesia, porque “pagaban bien”–.

Aunque varió su educación religiosa, todos perdieron el interés en la iglesia al llegar a la adolescencia. Ninguno de sus padres era particularmente religioso. Creían que la iglesia era para la gente mayor (que necesita consuelo), mujeres (que buscan ayuda emocional) y niños (que necesitan dirección). John se muestra sin embargo particularmente irritado, cuando habla de religión. Ya que él pasó más tiempo en la iglesia que ningún otro  Beatle .

 Una de las primeras cosas que Lennon hizo cuando estaba “aclarándose sobre Dios” –como lo describió después–, fue investigar el cristianismo en que había sido educado. Habla de meditar como “adorar en tu propio templo interior” y  leyó la Biblia toda su vida.   “Crecí como cristiano” –dice poco antes de su muerte, en 1980–, “pero sólo ahora entiendo algunas de las cosas que Cristo decía en las parábolas”.

 La figura de Jesús aparece una y otra vez en el pensamiento de Lennon. “Veía la Biblia como un drama simbólico universal, que se representa cada día delante de nuestros ojos” –dice Frederic Seaman, su asistente personal a finales de los años setenta–. “En particular a John le fascinaba la vida de Jesucristo”. Es como si no pudiera librarse de su influencia, a pesar de ser agnóstico. Volvía a él, una y otra vez…

 FAMILIA DESESTRUCTURADA
 Lennon es sin duda quien más influencia religiosa tuvo. Su abuelo era un católico irlandés que se casó con una chica de Liverpool. Tenía incluso un hermano cura, aunque  el padre de John es bautizado en la Iglesia anglicana , a pesar de que ninguno de su familia iba ya a la iglesia.

 La familia de la madre era muy protestante. Su abuelo era de la tradición metodista calvinista de Gales. Al casarse sin embargo su hija con alguien que no iba a la iglesia, la moral de la madre ya no está determinada por la fe. Tras ser abandonada por su marido vive con varios hombres. Su hermana Mimi le ofrece entonces cuidar de John. Ya que considera que no es una buena educación para él, vivir con una pareja que no está casada. La madre muere en un accidente, al ser atropellada por un conductor borracho, cuando John es todavía adolescente.

 Si la madre de Lennon era moderna y liberal, la tía con la que vive es todo lo contrario. Mimi era anticuada y estricta. Su religión no se basaba sin embargo en la prohibición del alcohol o las diversiones –bebía ginebra y jugaba al  bridge –, sino en las aspiraciones sociales de alguien que quería pertenecer a una clase media, donde la cultura y la religión jugaban un papel importante. La iglesia anglicana de St. Peter en Woolton –donde Mimi lleva a John–, representa la decencia y corrección que Lennon va a rechazar finalmente.

 LA IGLESIA DE LENNON
 La respetabilidad que el cristianismo significa para John fue unida siempre a la experiencia de haber estado yendo cuatro días a la semana a la iglesia, que era el centro de su vida adolescente. Allí conoce a su primera novia, los futuros miembros de Quarrymen , su primer manager y el amigo de Paul McCartney, Ivan Vaughan. Era la congregación donde iba el obispo de Liverpool. No era particularmente evangélica, pero tampoco anglo-católica. Era la típica iglesia anglicana de aquella época.

En un campo delante de la iglesia de Lennon, actuaron los  Quarrymen  el verano de 1957. Allí estaba la tumba de Eleanor Rigby, que inspiró la famosa canción de los  Beatles.  Y en el salón de la iglesia se encontraron John y Paul por primera vez, después de la actuación de los Quarrymen.  El pastor era un galés soltero, Pryce Jones, que estudió teología en Londres y era más valorado por su capacidad para levantar fondos que por su dones de predicación. Era un gran organizador, cuya motivación había convertido la iglesia en el centro de la vida de Woolton.  El grupo de jóvenes de la iglesia de Lennon tenía como 170 miembros, cuando John se incorporó a los 15 años.  Para la escuela dominical se reunían en varias salas de la iglesia. Seguían las  Notas Diarias  de la  Unión Bíblica . “Nos sentábamos y comentábamos el texto del día”, dice David Ashton, que se solía poner al lado de John en el coro. “Hablábamos de lo que significaban las Escrituras”.

 El problema es que la mayoría de aquellos chicos asistían porque eso es lo que querían los padres. Las doctrinas cristianas eran algo abstractas para ellos. Lo que les gustaba era estar con sus amigos.  “Ninguno de nosotros era profundamente religioso”, dice otro de aquellos jóvenes, Rod Davis. El director musical de la iglesia, Eric Humpriss, era de hecho ateo. Le encantaba la música religiosa, pero cuestionaba doctrinas cristianas fundamentales. “Pienso que John puede haber sido influenciado por algunas de sus ideas”, dice Ashton.

Para tener una idea de lo vacío y aburrido de los sermones de Pryce Jones, basta leer sus meditaciones en el boletín mensual de la iglesia. En octubre de 1950, el pastor escribe sobre “el deterioro del carácter, la conducta y las normas, de las que tantos se quejan”. Se lamenta que “hay una grave falta de sentido acerca de por qué no se debe tomar una determinada acción, si nos da placer, aunque no sea moralmente, particularmente respetable”.

Es a esa fe moralista, que John es confirmado “voluntariamente” a los 15 años, dijo Mimi al primer biógrafo de los Beatles, Hunter Davies. Para eso siguió unas clases con el pastor, que seguía el catecismo bastante libremente. Su frase favorita, recuerda David Ashton, era que “el mundo era como un libro ilustrado que nos enseña el amor de Dios”. Le preocupaba más enseñar a los chicos cómo juntar las manos al recibir el pan en la comunión, que entender la doctrina cristiana.

Al llegar así a formar parte de la iglesia, iba a unas clases bíblicas que se daban en una capilla lateral del edificio. Las daba un hombre llamado Jack, “que realmente creía en Dios”, dice Ashton. Aunque en un ensayo que hace a principios de los años cincuenta sobre Feuerbach, John dice ya que la religión es una proyección de la naturaleza humana. Sin embargo, él había tenido algunas experiencias místicas de niño. Esas alucinaciones le llevaron a pensar que tenía un don especial. Ese es el trasfondo de  Strawberry Fields Forever , aunque escoge el hogar infantil del  Ejército de Salvación  en Woolton, como si fuera el lugar donde tuvo esa experiencia.

 EL ROCK COMO RELIGIÓN
 Las dudas de Lennon sobre la religión que conoció, se unen así a su particular misticismo en una combinación típica de  El evangelio según los Beatles,  que explica Steve Turner en su interesante libro. “La gente tiene la imagen de que yo soy anticristiano o antirreligioso, pero no es así en absoluto” –dice John en 1980–. “Soy una persona muy religiosa, desde luego que no soy ateo”.

Igual que muchos de su generación, John y sus amigos no tuvieron una crisis de fe, que les hizo abandonar la Iglesia. Simplemente se alejaron de ella, llenando su vida de otras actividades.  En ese sentido, la aparición de la televisión en los años cincuenta vació más iglesias en Inglaterra que las obras completas de Darwin, Nietzsche, Freud y Bertrand Russell.

Para Ashton, fue al comenzar a trabajar, cuando rompe con la iglesia. Para Davis, el día que su padre le compró un coche. Para otros amigos de Lennon, fueron las chicas, las que se volvieron más interesantes que las historias de la Biblia. Y para John, fue sin duda el  rock´n´roll  lo que llegó a su corazón. “Cuando lo oí y me metí en ello, descubrí que eso era la vida” –dice Lennon–. “No hay otra cosa”, recuerda en 1975.

 El rock les lleva de Liverpool a Hamburgo. Allí “fuimos bautizados”, dice McCartney en 1997. Su música produce una verdadera conversión.  Ocurrió en 1956, cuando John escucha a Elvis en  Radio Luxemburgo , cantando  Heartbreak Hotel . No había visto nunca su foto, ni sabía de dónde venía esa música. Su tío George acaba de morir de una hemorragia, tras caerse de una escalera. Tenía sólo 52 años. John estaba de vacaciones en Escocia. Y al volver a casa, su tía le dio la noticia. La soledad de la que cantaba Elvis, por ese amor perdido, conmovió a Lennon.

“Nada ocurría en la iglesia”, dice John. Elvis, “es lo que estaba pasando”. En la iglesia, “nada realmente nos tocaba”. El  rock´n´roll  era “lo único que me llegaba”, recuerda. Si en la iglesia se hablaba de cosas abstractas, “el  rock´n´roll  era real”. Si en la iglesia se insistía en la necesidad de controlar nuestra mente para dominar el cuerpo, “el  rock´n´roll  unía mente y cuerpo por la música”.

 Elvis transformó la vida de John de una forma que la religión no pudo hacerlo. “Era mayor que la religión en mi vida”, dice. “Yo adoraba a Elvis, como la gente adoró a los Beatles”. Y cuando su cabeza se llenó de música, dejó de ir a las clases bíblicas de Gibbons.  Se acabó su relación con la iglesia de St. Peter. Otro afecto llenó el vacío de una religión moralista, que nada tenía que ofrecer para un espíritu inquieto como el de John. Un nuevo ídolo ocupó su corazón.

 DIOS Y LOS ÍDOLOS
Es imposible entender la cultura sin discernir sus ídolos. La idolatría no es simplemente una forma de culto ritual, sino una sensibilidad y modo de vida basado en valores finitos, haciendo de las cosas creadas absolutos divinos.  Todos creemos, confiamos y admiramos a algo o a alguien. La Biblia nos llama por lo tanto a volver de los ídolos a Dios porque hemos “cambiado la verdad de Dios por una mentira, y adorado y servido a cosas creadas, en vez de al Creador”  ( Romanos 1:25 ).

¿Qué es lo que realmente esperas de la vida?, ¿en quién o en qué buscas estabilidad, seguridad y aceptación?, ¿dónde está realmente tu felicidad? Tu respuesta te revelará el ídolo oculto de tu corazón. La idolatría es fuente de todos los males que hay en nuestra vida, pero ¿cómo podemos ser libres de ella? El moralismo y la presión social o familiar es incapaz de librarnos de ella, como demuestra la vida de Lennon.

“La única forma de desposeer al corazón de un viejo afecto es por el poder expulsador de uno nuevo”, dice el predicador escocés del siglo XIX, Thomas Chalmers, co-fundador de la  Alianza Evangélica. Es apreciando, gozando y descansando en lo que Jesús ha hecho por nosotros, que encontramos verdadera liberación. El creyente es llamado por eso a “poner la mente y el corazón en las cosas de arriba”, allí donde está “tu vida escondida con Cristo en Dios” ( Colosenses 3:1-3 ).

 Jesús tiene que ser más atractivo en tu corazón y maravilloso para tu imaginación, que el ídolo al que sirves. “Prueba el amor de Aquel que es mayor que el mundo”–dice Chalmers–, “intentando por todo medio legítimo que tenga acceso a tu corazón”. Cuando Cristo se convierte en algo más importante que la vida misma, has descubierto el bien supremo del Evangelio, que es contemplar y deleitarse en la belleza y valor de Dios, que llamamos su gloria.

 ¡Imagina!, ¡imagina que hay un Cielo!, cuya satisfacción puede colmar todas las frustraciones de la vida. Pues allí donde está Dios, allí está el Cielo…

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011

Muerte en Venecia

Publicado: junio 1, 2011 en Arte

José de Segovia Barrón
Muerte en Venecia
Venecia es una hermosa ciudad, pero produce también una extraña melancolía, relacionada a menudo con la muerte.

31 de mayo de 2011

El artista flamenco Jan Fabre expone estos días en la  Bienal su particular visión de la Piedad de Miguel Ángel, con una calavera en el rostro de María y la figura del escultor en lugar de Jesús –ya que él ha estado dos veces en coma–. En su obsesión por la muerte, estrena ahora también en el  Festival de Otoño en Primavera  de Madrid, su obra  Preparatio Mortis,  mientras presenta su Piedad  en la Escuela de Santa María de la Misericordia de Venecia –donde estoy para una conferencia de teólogos evangélicos del sur de Europa–.El viento agita estos días las góndolas amarradas en el embarcadero de San Marcos, mientras la ciudad se dispone a dejar su paisaje invernal, para recibir los miles de turistas que llegan durante la época veraniega. Un cielo nublado acompaña el recorrido del  vaporetto  hasta la isla de San Michele, donde veo las tumbas de tantos artistas que fueron aquí enterrados. En este lugar acabaron sus vidas músicos como Wagner o Stravinsky, poetas como Pound y Brodsky, o bailarines como Diaghilev. ´ Es inevitable no pensar en la muerte en Venecia, sin el fondo del  adagietto  de la quinta sinfonía de Mahler, que acompaña la película de Visconti. El escritor enfermo de la obra de Mann se convierte en el músico, cuya muerte ahora recordamos. Ya que es su centenario –murió el día que nací yo, el 18 de junio, pero de 1911–. Su vida agonizante se revuelve en el conflicto entre la pasión y la razón, con una belleza perturbadora que nos cautiva, en la desolación de este hombre patético, atormentado por el dolor y dominado por el fracaso.

La figura del personaje interpretado por Dirk Bogarde en la película de 1971, languideciendo en la playa de  Lido,  mientras la figura de su adorado Tadzio aparece en el agua con la mano extendida, es algo que no se olvida fácilmente. Su historia se desarrolla en una Venecia rodeada de niebla, que está siendo asolada por una misteriosa plaga de cólera en 1911.  En una terrorífica escena, un barbero recrea la cara de Aschenbach en una grotesca parodia de juventud, que se convierte en una ominosa máscara mortuoria. Algo parecido ocurre cuando te acercas a la  Piedad de Fabre.

 MEMENTO MORI
 Cuando entras en el templo de la escuela donde se expone la obra de Fabre, tienes que ponerte unas pantuflas, para mantener el silencio que exige el artista. Una vez dentro, en la planta del salón hay cuatro enormes cerebros de los que salen cruces, representando diferentes creencias, hasta topar con  la Piedad calavérica . Una especie de capullos de mariposas circundan las esculturas. Todas ellas hechas de mármol de Carrara “de las mismas canteras que utilizó Miguel Ángel” –dice Fabre–, “tan blanco que se parece a la leche materna”.Su interpretación de la imagen religiosa –asegura el artista–, “no busca provocar o herir”. Sigue la tradición de la pintura flamenca, que combina con el arte italiano, para representar el memento mori,  “la mortalidad ineludible del ser humano”. Para el escultor, “vivimos en una sociedad en la que tenemos que ser jóvenes, dinámicos y productivos, pero la muerte se encuentra precisamente en las antípodas de ese  proyecto  de existencia”. Es algo que se esconde, porque “no es bueno para el negocio”. Ya que según él, “no tenemos una crisis económica, sino espiritual”.El creador, nacido en Amberes en 1958, recuerda todavía cuando era niño y murió su abuela. Su cuerpo fue velado durante una semana en una habitación, donde venían amigos de todas partes a despedirse de ella. Tras estar dos veces en coma –una vez, nueve días, y la otra, cinco–, Fabre dice: “la idea de la muerte siempre me acecha”. Y te hace “mirar la vida como algo diferente”. Ahora quiere “que el espectador abra su mente y que piense un poco en la carencia de espiritualidad que tenemos ahora en nuestra sociedad”.

Este es el tema también de su última obra de teatro, una coreografía que preparó para el cumpleaños de su compañera –la bailarina Annabel Chambon–, que ahora se estrena en Madrid. Es una  danza de la muerte , que sigue como “un ritual del alma individual, como una flor que sale a la vida, y luego vuelve adentro”. Nace desde un sarcófago y después fallece. Es “una alegoría sobre la espiritualidad del ser humano y su preparación ante la muerte”. AMENAZA EN LA SOMBRA
 Como suelo hacer siempre que estoy de viaje, aprovecho las noches para ver en mi portátil algunas de las muchas películas que se han hecho en esta ciudad. Me ha impresionado sobre todo la inquietante  Amenaza en la sombra  ( Don´t Look Now ) de Nicolas Roeg.  Este film de 1973 transmite poderosamente la perturbación del matrimonio protagonista del relato de Daphne du Maurier –la autora de  Rebeca  y  Los pájaros –, que ha perdido a su hija, e intenta recuperar el rumbo de su vida en una laberíntica Venecia.La visión oscura e invernal de la película –protagonizada por Donald Sutherland y Julie Christie–, te lleva a una tensión sobrecogedora, que intento recuperar recorriendo las callejuelas donde se rodó. El fallecimiento por meningitis de su hija en la historia original se convierte en un terrorífico accidente, por el que la niña se ahoga mientras juega. El agua y la caída se convierten en un motivo recurrente en este cuadro impresionista, donde la fragmentación del montaje y las identificaciones equivocadas producen la confusión que acompaña la vida con el paso del tiempo.

Los elementos sobrenaturales de esta historia hacen de la muerte una realidad anunciada. El misterioso personaje del obispo que ha encargado la obra de restauración de la iglesia que ahora visito, es tan inquietante como la anciana ciega que pretende ver a la niña y advierte al arquitecto del peligro en que se encuentra. Cuando el religioso le pregunta a su esposa si es creyente, ella le dice que no sabe. El obispo comenta entonces crípticamente: “Hemos dejado de escuchar a Dios”. Lo que queda, sin embargo, es la tragedia del dolor de una pérdida inesperada. Puesto que la muerte anunciada nunca parece ser la nuestra. PIEDAD COMPASIVA
 “Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo”, escribió C. S. Lewis al comienzo de  Una pena observada.  Las meditaciones de este conocido pensador cristiano, ante la muerte de su esposa, siguen siendo uno de los testimonios más honestos sobre la perplejidad del duelo. “Gran parte de una desgracia cualquiera consiste, por así decirlo, en la sombra de la desgracia, en la reflexión sobre ella” –observa Lewis–. “Es decir en el hecho de que no se limite uno a sufrir, sino que se vea obligado a considerar el hecho de que sufre”. “Jesucristo fue un hombre muy compasivo”, dice Fabre. Es para él, de hecho “el modelo de la compasión y de la empatía”. Su  Piedad ,sin embargo, “trae a escena los verdaderos sentimientos de una madre que querría cambiarse por su hijo muerto”. ¿Dónde está Dios en medio de la confusión y el dolor de la pérdida? Lewis contesta que ante ella, uno “necesita a Jesucristo y no a nada que se le parezca”.

Es Él quien se conmovió ante la pérdida de su amigo Lázaro. “Jesús lloró” ( Juan 11:35 ), dice el versículo más breve de la Biblia. Los que veían el dolor que sufría ante su ausencia, decían: “Mirad cómo le amaba” ( v. 36 ). Algunos se preguntan si no podía haber hecho que Lázaro no muriera ( v. 37 ), pero Jesús está “profundamente conmovido” ( v. 38 ). Cristo nos muestra a un Dios que se compadece.

LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA
 Fabre dice que Jesús nos muestra el primer cuerpo de la historia del arte. La esperanza cristiana es tremendamente física. No hay otra visión como la de Cristo de la vida después de la muerte: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente ( Juan 11:25-26 ). Es Él quien “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” ( 2  Timoteo 1:10 ). Su resurrección no es un renacimiento espiritual, sino una vuelta a la vida en un sentido físico. Nuestra esperanza no está en el mensaje de la resurrección, sino en el hecho mismo de que su cuerpo se levantó de los muertos. Por eso, ante el dolor y la confusión de Job, podemos decir con él: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo… Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” ( 19:25-26 )A veces sentimos una extraña ambivalencia ante la muerte. Es un hecho que nos deja perplejos, porque anhelamos la inmortalidad y la vida. Tenemos una vocación de permanencia. Pero por otro lado, deseamos que la muerte ponga punto final a nuestra existencia. Nos sentimos fracasados y experimentamos un desapego ante la vida, que viene de la mala conciencia de saber que no estamos preparados para la eternidad.

 Nuestra esperanza no está sin embargo en nuestra buena vida, sino en la confesión de Marta ante la pregunta de Jesús: “¿Crees esto?” Ella responde: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que ha venido al mundo” ( Juan 11:27 ). El ha venido a salvar lo que se había perdido. En su piedad “limpiará toda lágrima” de nuestros ojos. Porque “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” ( Apocalipsis 21:4 ). El es la vida que necesitamos.

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011


Rosa de Lutero
La "rosa", un distintivo de la teología luterana. Se compone de cinco elementos: la cruz negra, el
corazón rojo, los cinco pétalos blancos, el fondo azul y el anillo dorado. Cada parte tiene su significado:
1.La cruz negra, al centro del emblema recuerda que en Jesús, Dios viene a nuestro encuentro
sacrificando su vida y venciendo el poder de la muerte en nuestro favor. Para que todo aquel que cree
en él, no muera sino tenga vida eterna (Juan 3.16). La cruz negra, envuelta por el corazón rojo,
significa que Cristo es el centro de la vida de la comunidad y de la Iglesia. El es el mas importante. A
partir de El todas las otras cosas y personas reciben su debido lugar y su valor.
2.El corazón nos hace recordar que es por la fe que somos justificados. El color rojo es símbolo del
amor que se dona y reparte. Así como Cristo nos amó, también los suyos se aman unos a los otros.
Así como Cristo sirve a los suyos, ellos se sirven unos a los otros, cada cual conforme al don que
recibió (Gl. 6.2). Seguimos al crucificado, confiando que la cruz no trae muerte sino nos mantiene
vivos.
3.Los cinco pétalos blancos señalan que por la fe, que actúa en favor de la justicia y de la paz,
tenemos alegría, consuelo y paz de Dios para con nosotros mismos y para con los unos y otros. Eso
es lo que el color blanco simboliza.
4.El color azul recuerda el cielo e inspira a la fidelidad a Dios. En Cristo el vino a salvarnos y a unirnos
en comunidad. Cristo reina desde la Ascensión. A partir de Pentecostés el crea, envía y guía a su
Iglesia y, yendo delante de ella, le abre el camino. Esa es la base de nuestra esperanza.
5.El anillo dorado recuerda el oro, metal mas preciado. Simboliza todo lo que Dios nos otorga por fe,
en forma de señales: perdón, comunión, esperanza, sentido de vida, opción en el día a día. Apunta
también a lo que nos será otorgado en la eternidad: alegría sin fin, satisfacción de todas las
necesidades y deseos. Entonces veremos cara a cara, a aquel en quien hemos creído.
Ya que la rosa fue creada de manera bella y ordenada, también la iglesia está motivada a
invertir creativamente en la confección de su plan misionero. Inspirada por el símbolo de la
rosa de Lutero, la comunidad elaborará un planeamiento deductivo e participativo de la misión.
Partiendo del centro, su forma en círculos se asemeja a anillos subsecuentes, como aquellos
provocados en la superficie de un lago cuando se lanza una piedra.
La cruz de Cristo es el punto de partida de toda y cualquier misión de la Iglesia, y con la fuerza de la
propia cruz, la misión se expande hasta los confines de la tierra
Fotografía: Samuel Nieva 
Cámara: NikonD90 
Lente: Nikkor zoom 70-300mm

Cristo en la paleta de Rembrandt

Publicado: abril 29, 2011 en Arte, Noticias

El Louvre despliega una emocionante exposición sobre las visiones religiosas del genio holandés – La intención del artista era huir de la imagen clásica de Jesús

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA – París – 30/04/2011

En julio de 1656 Rembrandt tiene 50 años y está arruinado. El pasante que hace un inventario de sus propiedades para hacer frente a sus deudas y evitar la bancarrota anota en un registro lo que aparece en un baúl entre unos cascos antiguos, unos moldes de escayola, un candil y un laúd: “Un cuadro que representa una cabeza de Cristo tomada del natural”. Más de 200 años después, un historiador holandés especialista en el pintor que buceaba en sus archivos, al reparar y transcribir la frase, añadió una interrogación y se preguntó: “¿Cómo es posible retratar a Cristo del natural?”.

Una emocionante exposición que se celebra en el Museo del Louvre en París y que durará hasta el 18 de julio, trata de dar una respuesta a este y a otro enigma: ¿Cómo era Jesús? ¿A quién se parecía? Para ello, en colaboración con el Museo de Arte de Filadelfia y el Instituto de Artes de Detroit, el Louvre ha reunido un centenar de obras dispersas en varios museos y colecciones particulares, la mayoría de Rembrandt, pero también de sus discípulos, de sus maestros y de sus contemporáneos, que coinciden en abordar la imagen de Cristo, su rostro, su aspecto a lo largo de su vida.

La exposición se titula Rembrandt y la figura de Cristo y se abre con una pequeña joya, Los peregrinos de Emaus, que el pintor concibió a los 23 años y en la que, paradójicamente, Jesús aparece oculto tras un terminante contraluz. Escondido en la sombra, solo muestra su perfil: “Es una manera de aportar misterio. De alguna forma, prepara lo que va a venir luego, la búsqueda de una nueva figura de Cristo”, explica Blaise Ducos, encargado de las colecciones flamenca y holandesa del Louvre y uno de los organizadores de la muestra.

Porque Rembrandt, a lo largo de toda su vida, se esforzó en apartarse de las imágenes del Jesús heredado de la antigüedad y el Renacimiento para buscar, por sí solo, el rostro de un Cristo personal.

Un ejemplo de ello está en la segunda sala: ahí se exponen tres cristos crucificados de 1631. El del centro es el de Rembrandt. Y el hombre que aparece ahí retratado es un ser sufriente, delgado, débil, martirizado, sin nada, un auténtico antihéroe agonizante al que el artista holandés ha arrebatado todos los atributos divinos (cierta belleza ante la muerte, una complexión atlética que disimulaba el sufrimiento…) con que le adornaban sus predecesores, entre ellos Rubens. Los dos cuadros que lo flanquean, pintados por artistas contemporáneos, se inspiran y compiten con Rembrandt. Pero no llegan a ese grado de despojamiento y reservan a los rasgos de Jesús algo de armonía, como si no se atrevieran del todo…

La exposición presenta lienzos, pero también grabados y dibujos. Uno de estos últimos es un estudio rápido sobre la Última cena de Leonardo da Vinci, llevado a cabo para aprender la técnica de alguien considerado un maestro por el pintor holandés.

Entre los grabados, destaca el de La pieza de cien florines, uno de los más conocidos de Rembrandt, perteneciente a la Biblioteca Nacional Francesa. Su título es inequívoco: alude al precio -una fortuna para un grabado de la época- por el que lo vendió Rembrandt, que a lo largo de su vida conoció varias veces la ruina y la riqueza.

Pero el corazón de la exposición son las siete cabezas de Cristo de la última sala: los siete retratos de Rembrandt o atribuidos a Rembrandt (los estudios recientes de laboratorio han otorgado una homogeneidad de trazo inesperada), que presentan a un Jesús “humilde, dulce, compasivo, vulnerable o dubitativo”, según apuntan los organizadores. El modelo que sirvió al artista fue un judío del que se desconoce el nombre, la edad o la profesión. Solo se sabe que vivía en el barrio judío de Ámsterdam, como Rembrandt. A su manera, eran vecinos. A este hombre con barba y pelo largo se debe la explicación de la sorprendente nota “tomada del natural” que consignó el pasante al sacar el cuadro del baúl y que tanto desconcertó a los críticos del XIX.

Blaise Ducos explica por qué la exposición del Louvre late con más fuerza en esta sala: “Rembrandt buscaba crear algo nuevo. Y lo consiguió. Estamos ante una pura innovación artística. También buscaba crear un sentimiento a través de la pintura. A través de ese rostro. Y lo consiguió. Y también buscaba encontrar al Jesús verdadero, acercarse todo lo posible a la verdad histórica. Y ese judío es, para Rembrandt, el descendiente de Jesús, la línea directa de su sangre”.

http://www.elpais.com

Superhéroes y padres ausentes

Publicado: abril 7, 2011 en Arte, Literatura
Etiquetas:

Superhéroes y padres ausentes

Un estudiante de Barcelona de 22 años, Pablo Muñoz, describe en Padres ausentes (Alpha Decay, 2011)la pasión por los tebeos de superhéroes de toda una generación.

5 de abril de 2011

Expresa en el libro que esta generación “descubre los primeros sinsabores de la vida en medio de familias desestructuradas fruto de la eclosión del divorcio libre”.Este interesante ensayo enlaza la melancólica educación sentimental de un lector preadolescente catalán en los años noventa, con la cultura popular norteamericana de escritores como Michael Chabon y Jonathan Lethem, hijos de matrimonios rotos en los años setenta, que tienen el mismo vínculo emocional con esos personajes de cómic.Lo que conocemos como el baby boom es un fenómeno demográfico que aconteció en muchos países europeos y Estados Unidos tras la segunda guerra mundial, pero que en España no se produce hasta los años sesenta. Lo que en estos países se vivió en la adolescencia durante aquella época, aquí no se conoció hasta diez o veinte años después. Las aficiones, modas y preocupaciones sociales, unen así varias generaciones en distintos países, donde el tebeo forma una parte esencial de la cultura popular, marcada por la desintegración familiar que se vive a finales del siglo pasado.

La ley del divorcio, promulgada en España en 1981, permite que muchos rehagan su vida, buscando una nueva pareja, pero a cambio deja toda una generación de padres ausentes, que ha llegado ahora a la edad de contar sus amargos recuerdos de aquellos años. Escuchar estas historias, no es un ejercicio agradable para aquellos que no han asumido todavía su responsabilidad por la infelicidad de unos hijos, que son todavía mandados de casa en casa cada fin de semana. El viaje emocional de lectores como Pablo Muñoz, anhelando los superpoderes que pudieran cambiar su vida, es realmente conmovedor. Nos da una clave nueva para entender la cultura juvenil.

LA MUERTE DESUPERMAN
El libro de este estudiante de periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona, comienza con La muerte de Superman. El personaje nacido del anhelo mesiánico de dos judíos neoyorquinos en los años treinta –recreados en la novela de Michael Chabon, Las aventuras de Kavalier y Clay(Debolsillo, 2004)–, murió en una serie de Dan Jurgens, que leyó Pablo Muñoz el verano de 1994. Tenía seis años, cuando ese otoño se estrenó también en Mataró El rey león de Disney, otra “historia de un padre muerto y un hijo perdido”.

Para el autor de Padres ausentes, “el conflicto entre Kal-El (Superman) y su padre, Jor-El, es uno de sus principales atractivos y uno de sus grandes motivos dramáticos”. Como padre de todos los superhéroes, Superman se convierte en el primero de una serie de “huérfanos dispuestos a encontrar su relato en la Tierra”.La muerte del hijo perdido es también la del hijo pródigo, que es la última esperanza de supervivencia de una herencia, donde tenemos nuestras raíces, dice Muñoz.

No es extraño que la fábula de Disney de El rey león, “cargada de dolor”, en la que un cachorro debe vengar la muerte de su progenitor a manos de su tío, le hace emprender un emocionante y solitario viaje a una generación, que atraviesa la jungla de la vida con la nostalgia del padre ausente. La obra de Michael Chabon –nacido en 1963– está llena de ese sentimiento de abandono y orfandad, desde el divorcio de sus padres, cuando tenía once años.Criado con su madre judía, transmite esa infancia sin padre a los primos protagonistas de su novela, que sueñan con el vengador hebreo, protagonista de un cómic trasunto de Superman, como mesías defensor de la viuda y el huérfano.

HÉROES VULNERABLES
El cómic de Spiderman, La muerte de los Stacy –que acaba de publicar ahoraPanini y que le he comprado a mi hijo, para poder leerlo yo– es una de las referencias clave de Padres ausentes. Es una obra escrita por Stan Lee y Gerry Conway en los años setenta, una época que fascina a muchos jóvenes hoy. Tanto que el seudónimo que Pablo Muñoz ha escogido para su original blog es Alvy Singer, el personaje que crea la figura actual de Woody Allen en Annie Hall (1977).

A partir de los años sesenta el cómic de superhéroes entra en lo que los expertos llaman la edad de plata –para diferenciarla de la edad dorada, que abarca desde los años treinta hasta los cincuenta–. Hombres como Stan Lee y Jack Kirby cambian a esos seres superpoderosos por unas figuras cuya fuerza reside en su debilidad. Son individuos vulnerables que han sufrido un accidente o están afectados emocionalmente por una tragedia. Así Peter Parker se convierte en Spiderman al ser picado por una araña y morir su padre adoptivo –el tío Ben– en un despiadado asesinato.

Los nuevos personajes de la casaMarvel –frente a los antiguos de DC– producen empatía por su humanidad. Ya que están llenos de miedos e inseguridades. La acción tiene lugar también aquí y ahora –no en una Metrópolis intemporal e inalterable, como la de Superman–. Las desventuras de Spiderman ocurren en el mismo Nueva York, que ven en las series de policías en televisión todos sus lectores. Una ciudad dominada por el crimen, donde muere también el padre de la novia de Spiderman –un capitán de policía que representa otra figura paternal para el personaje–, antes de perder también a su gran amor, Gwen Stacy. El dolor va acompañado aquí de una sensación de fracaso.

LA FORTALEZA DELA SOLEDAD
Es en los setenta también cuando se cría sin madre en Nueva York, el autor preferido del escritor de Padres ausentes, Jonathan Lethem –nacido el mismo año que yo, 1964–, que recrea su infancia en la poderosa novela La fortaleza de la soledad(Debolsillo, 2005). El libro trata de dos chicos de Brooklyn, educados en un ambiente liberal de artistas –como el autor, que creció en una comuna–. El niño protagonista –Dylan, como el ídolo del autor– es abusado por sus vecinos, hasta ser protegido por un chico mayor afroamericano llamado Mingus –hijo de un cantante de soul drogadicto y nieto de un antiguo predicador–, que le introducirá en el mundo del cómic.

El título mismo de la novela viene de la residencia imaginaria de Superman. Como el escritor, el personaje vive en un mundo de fantasía. Lethem dice que estaba tan obsesionado por la primera película de Star Wars, que la vio veinte veces cuando aún estaba en los cines. La historia gira en torno a un anillo mágico, que les permitiría huir de este mundo terrible, haciéndose invisibles. Aunque Superman vive en Metrópolis, es en la Fortaleza de la Soledad donde es realmente él mismo, rodeado de las estatuas de sus padres ausentes.

El cómic más actual que comenta Pablo Muñoz esMarvel 1985 –publicado por esa misma casa el año 2008–. Escrito por Mark Millar, un católico practicante escocés nacido en 1969, que empezó a escribir tras la repentina muerte de sus padres. La serie cuenta la historia de un niño solitario, que vive el divorcio de sus padres en los años ochenta. Absorbido por los tebeos, verá cómo en su vida aparecen los superhéroes infiltrados, cuando se muda a la casa de su padre, recién divorciado. La historia acaba como no podía ser de otra manera, con el progenitor fallecido, trasladado a un limbo, que no es otra cosa que el universo Marvel.

EL CORAZÓN PATERNAL DE DIOS
Dios se presenta en la Biblia como un Padre, que no es como los padres que tenemos en este mundo, a menudo ausentes.Es nuestro Padre celestial. Cuando pensamos en nuestro padre en la tierra, no siempre es alguien amoroso, en quien podemos confiar. Como padres, a menudo no somos fieles. Ya que no nos entregamos absolutamente. Preferimos nuestro propio bienestar y realización, a la seguridad de nuestros hijos. En una generación marcada por el divorcio desenfrenado y el maltrato infantil, el nombre del padre produce rabia, resentimiento y rechazo.

No es extraño que muchas personas heridas intenten ignorar o negar la existencia de un Padre en los cielos. Jesús es el Superhéroe que nos enseña a llamar a Dios Padre(Mateo 6:9), porque Él merece toda nuestra confianza. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” dice en el Evangelio según Juan 14:9. Jesús nos revela a Dios como un Padre amante, clemente y misericordioso. El problema es que para sentirlo así, antes tenemos que conocerle. Ya que sólo “los que le reciben y creen en Él, son hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Dios es el único Padre que nunca nos fallará. Aún “si fuéramos infieles, Él permanece fiel”(Timoteo 2:13). De hecho, no le encontramos a Dios, sino que Él nos encuentra a nosotros. Como un Padre amante, siente nuestro dolor más profundamente que nosotros. Ya que “tiene cuidado de nosotros” (Pedro 5:7). No tenemos que ganar su afecto, porque Él nos acepta tal y como somos, cargando con nuestra culpa y vergüenza en Cristo Jesús.

Si queremos librarnos del resentimiento por los fallos de nuestros padres humanos, ¡descubramos el maravilloso amor de nuestro Padre divino!

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011


Por Josephine Vivaldo|Christian Post Correspondent
Traducción de Alejandro A. Torre

Justo a tiempo para el 400 aniversario de la Biblia King James, Lionsgate está listo para lanzar un docudrama que retrata la historia de uno de los libros más venerados de la historia.

  • KJB
    “KJB: El Libro Que Cambió el Mundo” habla sobre el origen, significado y el impacto de la Biblia King James. El docudrama será lanzado el 5 de abril.

“KJB: El Libro Que Cambió el Mundo”, protagonizada por el premiado actor John Rhys-Davies (El Señor de los Anillos, Indiana Jones y la última cruzada), lleva a los espectadores a través de la historia, explicando el origen, significado e impacto de la traducción King James.

“Su imagen, su lenguaje y su influencia se han dejado sentir en todo el mundo durante los últimos 400 años, y también dice ser la Palabra viva de Dios”, dice Rhys-Davies.

El anfitrión cuenta cómo nació la traducción King James, comenzando con la ascensión de Jacobo I al trono Inglés en 1603, en dramatizaciones cortas de los eventos que rodearon la creación de la Biblia.

Él tuvo éxito al trono en un momento cuando el país estaba “en el centro de una revolución teológica.”

Una nueva Biblia fue propuesta y afirmada durante una conferencia con los puritanos Inglés en la Corte del Palacio de Hampton, en donde una nueva traducción de la Biblia ni siquiera estaba en la agenda. La reunión fue convocada originalmente por el rey James, en respuesta a una serie de peticiones para la reforma dentro de la iglesia por los puritanos, que diferían con los anglicanos.

Pero fue allí que John Rainolds, un puritano, propuso una nueva traducción.

El Rey James no estaba satisfecho con cualquiera de las traducciones existentes en Inglés de la Biblia. En particular, odiaba la Biblia de Ginebra – “con pasión”, como Rhys-Davies narra en la película. Encargó una nueva traducción.

Mientras que el Rey James continuó con su traducción había conspiraciones contra él y su reino, incluida la Conspiración de la Pólvora de 1605 – fuente de inspiración para la popular película “V de Vendetta”.

Tomó siete años terminar la traducción. Fue publicada por primera vez el 5 de mayo de 1611.

En honor del 400 aniversario muchas iglesias y organizaciones han creado varios proyectos para conmemorar la KJV.

A principios de este año, el arzobispo de Canterbury, Dr. Rowan William, envió un mensaje al público, donde hizo un llamado a los creyentes a “celebrar la contribución realizada por ese libro hace 400 años.”

Una versión actualizada de la NVI fue publicada a propósito este año para el aniversario.

Thomas Nelson Publishers lanzó un sitio web que ofrece una amplia gama de contenido, incluyendo videos, versículos diarios de las Escrituras, podcasts y mucho más para la celebración del 400 aniversario.

Y el Príncipe de Gales, el príncipe Carlos, ofreció su contribución como patrono de Confianza de la Biblia King James y leyó para el proyecto de YouTube Bible Juan 14. Curiosamente, el influyente ateo Richard Dawkins también se lee de la KJV para el proyecto de YouTube Bible.

“No se puede apreciar la literatura Inglesa a menos que estés inmerso en alguna medida en la Biblia King James”, dijo Dawkins, según la Biblia King James Trust, que se creó para celebrar el 400 aniversario de la Biblia King James. “Estamos en una cultura cristiana, venimos de una cultura cristiana y no conocer la Biblia King James, es que de alguna manera, bárbaro.”

Cuando la cuenta regresiva continúa en menos de un mes, muchos más proyectos están en juego en un esfuerzo para llamar la atención sobre el texto significativo. Como Rhys-Davies, destaca, “Estos textos definen el camino de la salvación, y te llevan hasta las puertas de la vida eterna.”

“KJB: El libro que cambió el mundo” estará disponible el 5 de abril.

En la Web: http://www.kjbthefilm.com/

 

La alegre fe de Mendelssohn

Publicado: marzo 25, 2011 en Arte, Música

José de Segovia
“Es un alivio encontrar un músico que fuera realmente feliz la mayor parte de su vida” –dice Siegmund Spaeth–, “aunque ésta fuera tan corta” como la de Mendelssohn (1809-1847), que hace ahora doscientos años que nació. Aunque era judío, se convirtió al cristianismo, llegando a ser uno de los principales compositores protestantes. Dedicó una de sus sinfonías a la Reforma y recuperó La Pasión según San Mateo de Bach. Su fe evangélica le lleva a hacer un oratorio sobre Pablo, usando solamente
Hace algunos años un escritor checo llamado Jiri Weil escribió una novela tituladaMendelssohn en el tejado. Durante la ocupación nazi de Praga, un oficial de las SS recibe órdenes de quitar la estatua de este músico del techo de una sala de conciertos. El problema es que el tejado estaba lleno de figuras de diferentes compositores, y ninguna tenía nombre para identificarla. El oficial nazi recuerda lo que le enseñaron en su curso de “ciencia racial” sobre que los judíos tenían grandes narices. Quitó entonces la estatua más nariguda que había, pero resultó ser la del propio Wagner, quien mantenía que por muy luterano que Mendelssohn fuera, al fin y al cabo era judío. Por lo que su música fue prohibida por los nazis…Es la paradoja de un músico cuyo cristianismo era tan sincero, que hasta los estudiosos judíos reconocen que su conversión fue auténtica. Es cierto que nació en Hamburgo en 1809 de padres judíos, pero se bautizó antes que ellos. Su abuelo Moisés era un importante rabino y filósofo, cuyo judaísmo era realmente ortodoxo, aunque cinco se sus hijos se hicieron cristianos. El padre del compositor, Abraham, era un banquero, dedicado a los negocios. Su hijo Félix se confirmó a los catorce años en la iglesia luterana, después de hacer que se bautizara a los seis años, para ser mejor aceptado en la sociedad alemana. Su padre quiso cambiarle el nombre por Batholdy, pero Félix mantuvo su apellido judío de Mendelssohn. Según el rabino Stahl, “aunque Félix era un cristiano convencido, nunca se avergonzó de sus raíces judías”…NIÑO PRODIGIO
Como Mozart, Mendelssohn parecía un niño prodigio. Hizo su primera actuación pública de pianista cuando tenía nueve años, empezando a escribir música el añosiguiente. Educado por su madre, tenía una

cultura exquisita y refinada. Dominaba el latín y el griego, además de pintar y dibujar muy bien. Era un buen deportista, pero destacaba sobre todo por su talento para la música. Tocaba como un maestro del piano y el órgano, pero era también un excelente intérprete de piano y viola. A los dieciséis años escribe su encantadora obertura al Sueño de una noche de verano de Shakespeare. Algunos piensan que nunca superó la genialidad de esta obra romántica.

Su familia se traslada a Berlín en 1812, donde Félix estudia con Carl Zelter, un hombre vinculado a la familia Bach, que le presenta al anciano Goethe. El joven estaba muy unido desde pequeño a su hermana Fanny, conocida pianista y compositora, que publicó varias de sus obras bajo el nombre de Félix. Mientras tanto estudia en la Universidad de Berlín estética con Hegel, geografía e historia. Su memoria era tan impresionante que cuentan que cuando interpretó su obertura al Sueño de una noche de verano en Inglaterra, se dejó la partitura en un coche, se sentó y reescribió toda la obra.

HOMBRE APASIONADO
A los doce años estudia ya La Pasión según San Mateo de Bach en la Biblioteca Real de Berlín, donde se conserva un manuscrito. Su madre le regala una copia para su cumpleaños, hecha especialmente para él, ya que no había sido todavía publicada.Ocho años después lo presentará en Berlín, como uno de los más grandes acontecimientos de la historia de la música. La obra se volverá a representar el cumpleaños de Bach, el 21 de marzo de 1829, llegando a ser un famoso director a los veinte años.

La mayor parte de los grandes compositores tienen un carácter francamente irritante. No es éste el caso de Mendelssohn. Según todos los testimonios, era un hombre modesto y de carácter alegre, como su nombre indica, aunque algo nervioso. Se casó con la hija de un pastor protestante francés, Cecile Jeanrenaud, con la que tuvo cinco hijos. Ella era más bien reservada, mientras que él era extrovertido, pero se entendían bien. Ella pintaba, mientras él hacía música. Su pasión sin embargo era tal que a veces estaba tan excitado que sufría colapsos, como el que provocó su muerte, a los 38 años, muriendo poco después su esposa. Estuvieron casados sólo diez años.

LA ALEGRÍA DE VIVIR
Muchos se han preguntado de dónde provenía la energía vital que llenaba a Mendelssohn de esa extraña alegría de vivir. Para él, “la Biblia era lo mejor de todo”. Así lo declaró cuando hizo su oratorio sobre Pablo, basado en el texto bíblico y las corales de Bach. Amaba tanto las Escrituras, que sus palabras resuenan con un poder tal en esta obra y la que hizo sobre Elías –, que muchos comparan su interpretación con un acto de culto y adoración pública. Su música es una verdadera celebración de la fe

Su cantante preferida era la soprano sueca Jenny Lind, que conoció en 1844. Para ella escribió algunas de sus obras, pero ella se retiró cuando estaba en la cumbre de su carrera. El biógrafo de Mendelssohn, Philip Radcliffe, cuenta que un amigo le preguntó por qué abandonaba la música, precisamente en este momento. Su respuesta fue: “¿Qué otra cosa puedo hacer, si cada día me hace pensar menos en la Biblia?”

CÁSTILLO FUERTE
Mendelssohn es conocido por sus pequeñas e íntimas piezas para piano, como Canciones sin palabras, su popular Concierto para violín en mi menor (grabado recientemente por Anna Sophie Mutter para Deutsche Grammophon en ocasión de su bicentenario) y sus sinfoníasEscocesa Italiana.  Los protestantes le recordamos sin embargo especialmente por la obra que escribió en conmemoración de los 300 años de la Confesión de Augsburgo. Su Sinfonía de la Reforma acaba con el himno de Lutero, Castillo fuerte es nuestro Dios, basado en las palabras del Salmo 46, que acaba con la declaración del reformador:

Sin destruirla dejarán,
aún mal de su agrado,
esta Palabra del Señor;
Él lucha a nuestro lado.

Que lleven con furor
los bienes, vida, honor,
los hijos, la mujer,
todo ha de perecer.
De Dios el Reino queda

Sobre la gran cruz blanca de su tumba en el cementerio de la Trinidad en Berlín-Kreuzberg, sonaba el eco de seiscientas voces que cantaban a Cristo y la Resurrección en la iglesia luteranaPaulina. Tras varios ataques, Félix dejaba este mundo, seis meses después de su hermana Fannyque sufría como sus padres y sus abuelos de apoplejía. Sus últimos años tuvo mala salud, problemas nerviosos y demasiado trabajo, pero se mantuvo sin embargo en su fe hasta el final.

Aunque para los nazis, no era más que un judío, al que quitar su estatua en Leipzig y expulsar a sus descendientes, no pudieron destruir esa Palabra, que le dio fuerzas y alegría para vivir. Cerraron el negocio familiar, demolieron su figura, pero aunque se lo llevaran con furor, todo ha de perecer, pero de Dios el Reino queda.

Autores: José de Segovia

© Protestante Digital 2011

El amor perdido de Dylan

Publicado: marzo 10, 2011 en Arte, Música, Sociedad

El amor perdido de Dylan

Escuché la noticia de la muerte del gran amor de juventud de Bob Dylan, Suze Rotolo, el pasado 25 de febrero.

8 de marzo de 2011

Estaba oyendo esos días el aclamado nuevo disco de Dylan, que reúne las maquetas que grabó al principio de su carrera para su editor musical –The Whitmark Demos: 1962-1964–.La pareja inmortalizada en la portada del disco The Freewheelin´ Bob Dylan, avanzando con dificultad por las calles del Greenwich Village de Nueva York, cubiertas de nieve bajo la pálida luz de una tarde invernal, es una de las fotos más conocidas de los años sesenta.

Dylan conoció a esta hija de comunistas italianos en una iglesia bautista –Riverside Church– en el verano de 1961, cuando ella tenía sólo diecisiete años. Esta iglesia del Upper West Side era conocida por su militancia por los derechos civiles y el movimiento pacifista. Allí no sólo predicaba Martin Luther King, sino que se hacían conciertos de folk estilohootenanny una curiosa expresión del norte de Estados Unidos, que popularizó Woody Guthrie, para designar sesiones abiertas de música en la que cualquiera podía subir al escenario y tocar–.

Bob empezó a actuar a principios de ese año en los cafés del Village, a los pocos días de llegar a la Gran Manzana, un invierno especialmente crudo. Había nacido en una familia judía, que vivía en una pequeña ciudad del Medio Oeste Duluth, al norte de Minnesota en 1941. El nombre de sus padres era Zimmerman. Eran inmigrantes del este de Europa. Bob cambió su apellido en el Tribunal Supremo de Nueva York en 1962, por el del poeta galés Dylan Thomas –muerto en un bar del Village en 1953, a consecuencia de una intoxicación alcohólica, cuando tenía sólo 39 años–.

Por qué renuncia al apellido de su familia, es otro de esos misterios que rodea siempre a este músico. Aunque no había tenido una infancia especialmente traumática, Dylan decía a todos que era huérfano, hasta que un periodista de la revista Newsweek descubrió a sus padres en un concierto que dio en el Carnegie Hall en 1963. A partir de entonces el cantante ha mantenido siempre la boca cerrada sobre cualquier detalle de su vida personal, que hasta el día de hoy es casi desconocida.

LA CIUDAD DE LOS SUEÑOS
Para alguien que venía de una universidad de provincias, como Bob –que había estudiado música en Minnesota–, su sueño era llegar a ser alguien en la gran ciudad. El Village de Nueva York había atraído durante generaciones a músicos, artistas y escritores, que vivían en las angostas calles en torno a la plaza de Washington, por sus alquileres baratos. El jazz se renovó allí en los años cuarenta. Los poetas de la generación beat llegaron al barrio en los cincuenta. Y a principios de los sesenta renacía el folk en sus cafés, mientras aumentaban las protestas políticas.

Suze Rotolo era una adolescente menuda de pelo castaño, que pronunciaba su nombre Suzi-ii. Su padre era un obrero de una fábrica de origen italiano, que había muerto cuando tenía catorce años. Junto con su esposa había militado en el Partido Comunista durante los difíciles años de McCarthy. La madre vivía con sus dos hijas en la misma casa donde una mujer albergaba a cantantes vagabundos de folk, como Bob, que pasaba a veces la noche durmiendo en un colchón inflable en su sala de estar.

A Suze le gustaba la poesía de Rimbaud y el teatro de Brecht, pero era sobre todo militante de un grupo antinuclear y hacía piquetes en las tiendas que mantenían la segregación racial. Bob estaba tan loco por ella, que no tardó en hablar de matrimonio, algo que ella rechazó, como su anterior novia en la universidad. Suze pensaba que era demasiado joven para eso. Vivían juntos, pero ella se marchó a estudiar a Italia en 1962, donde conoció a su futuro marido, el montador de cine Enzo Bartoccioli. Pensaba que su relación con Bob se había vuelto demasiado seria.

LA TRISTEZA DEL DESAMOR
Cuando Dylan se queda solo en Nueva York, se siente rechazado. Su mentor y artista protector, Dave Van Ronk, recuerda sus llamadas de madrugada, llorando por el amor perdido. Se dedica entonces a escribir como un poseso. Sus letras no habían sido hasta ahora especialmente sofisticadas. Era básicamente un imitador de Woody Guthrie, que repetía sus temas de vagabundo y canciones protesta, con una cierta capacidad irónica que resultaba cómica. A partir de este momento, sin embargo, sus textos se vuelven mucho más complejos.

Temas como Don´t Think Twice, It´s All Right (No lo pienses dos veces, está bien), no es sólo una gran canción de anhelo y resentimiento por el amor perdido, sino una brillante expresión de las emociones contradictorias de un amante frustrado. Canciones como Tomorrow Is a Long Time (Mañana es mucho tiempo)–que aparece por primera vez en este nuevo disco de grabaciones para Whitmark–, revela un estado enfermizo por la ausencia de Suze, que evoca en Boots of Spanish Leather (Botas de piel española) y su balada de despedida (Ballad in Plain D) –según él, la única confesión que ha escrito con música en su vida–.

Aunque no pudo mantener el contacto con ella, su hermana Carla dice que le llamó un día a mediados de los ochenta, porque se sentía todavía “terriblemente mal por las cosas que había hecho”. Aparte de sus continuas infidelidades con Joan Baez, ella cometió un aborto, cuando estaba embarazada de un hijo suyo, e incluso se intentó quitar la vida, abriendo la llave del gas en el apartamento de Bob, cuando apareció en el festival de Newport con la famosa cantante de origen mexicano. Incluso le pidió la mano de su hija Mavis al patriarca de la familia de cantantes góspel The Staple Singers, que también rechazó su proposición.

LA INFLUENCIA DE LA BIBLIA
Baez no tarda en descubrir que Dylan, aunque ha escrito canciones que se convirtieron en himnos de la lucha por los derechos civiles y el movimiento pacifista, no era tan militante como ella. Juntos cantaron en la Marcha sobre Washington en 1963, al lado de Martin Luther King, pero él nunca quiso hacer una canción protesta. Su verdadero interés, de hecho, estaba en la tradición de la música folk –sobre todo el blues, los poemas simbolistas franceses –más incluso que los poetas beat, que tanto le admiraban, como Ginsberg–, pero sobre todo la Biblia.

Bert Cartwright en su interesante libro sobre La Biblia en las letras de Bob Dylanestudia todas las alusiones bíblicas que aparecen en el presente candidato al Premio Nobel de Literatura.En este último disco encontramos canciones como Long Time Gone,donde dice: “no soy profeta, ni hijo de profeta”. Está citando Amós 7:14. En otra de esta misma colección, Let Me Die in My Footsteps habla de “los rumores de guerra” que anuncia Jesús en elEvangelio según Mateo 24:6. Y así infinidad de referencias, tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento.

Es cierto que Bob nació en un hogar judío. Hizo la bar mitzvah con un rabino ortodoxo en 1954. Aunque la comunidad judía en Hibbing –donde vivían los Zimmerman, desde que se trasladaron de Duluth– era demasiado liberal para este rabino, así que le mandaron de vuelta a Nueva York.

Dylan ha escuchado además siempre música góspel. El mismo la hizo tras profesar haber sido convertido al cristianismo evangélico a finales de los setenta, en la Comunidad de la Viña. Se relacionó entonces con varias mujeres afroamericanas, que se dedicaban también algóspel. Aunque en los años sesenta no decía tener una fe personal.

UN JUDÍO FASCINADO POR JESÚS
Paul Williams se pregunta en su monumental biografía en dos tomos: “¿por qué canta tanto sobre Jesús este joven beatnik judío?”.La primera cinta que se conoce de Dylan, antes de llegar a Nueva York, tiene ya una canción llamada Jesucristo. La compuso Woody Guthrie. Nos presenta un retrato de Jesús, inteligente y cuidado, como un proscrito radical. Concluye: “Si Jesús predicara hoy lo que predicaba en Galilea, volverían a poner a Jesucristo en la tumba”.

En las cintas de Whitmark que ahora podemos escuchar, hay temas como Long Ago, Far Awaysobre injusticias, que irónicamente dice que ocurrieron“hace mucho, mucho tiempo / cosas así, ya no ocurren hoy”. Habla de cómo “predicar la paz y la fraternidad / Oh, ¡puede costar caro! / Un hombre lo hizo hace mucho tiempo / Y le colgaron en una cruz”. Ya no es el Jesús espiritual de las canciones del primer álbum, sino el predicador de la verdad perseguido.

Cuando su música se electrifica en Highway 61 Revisited (1965), recibiendo el rechazo de la comunidad folk, sigue teniendo tantas referencias espirituales, que el periodista Michael Corcoran califica las letras de ese disco como “una traducción de la Biblia en términos de la calle”. El dice en una entrevista ese año no conocer mucho las Escrituras, pero su madre cuenta en el libro de Toby Thompson que se pasó los dieciocho meses que se estuvo recuperando de un accidente de moto –que tuvo el año 66–, leyendo la Biblia.

BUSCADOR ESPIRITUAL INCANSABLE
El grupo que popularizó su canción Blowin´ in the Wind fueron Peter, Paul & Mary. Paul era amigo suyo desde su época en el Village. Él le dio la idea para escribir la divertida Talking Bear Mountain Picnic Massacre Blues –que aparece en este último álbum–. Fue un día a visitarlo, cuando se estaba recuperando del accidente. Antes de marcharse de su casa en Woodstock (Nueva York), recibió un consejo sorprendente: “¡Lee la Biblia!”.

Noel Paul Stookey le hizo caso y un año después se hizo cristiano evangélico, al encontrarse con un Jesús que cambió su vida. Ese año hace Dylan una canción, que nunca se publicó: Sign on the Cross. Se refiere a la Señal sobre la cruz que puso Pilato, según el Evangelio de Juan 19:19: “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”. El disco que hace entonces –John Wesley Harding– tiene más de sesenta referencias bíblicas.

Su padre muere al año siguiente. Decide entonces visitar Israel los dos veranos siguientes. Comienza la década, celebrando su treinta cumpleaños en Jerusalén. Visita una escuela cabalística y es fotografiado junto al Muro de las Lamentaciones. Antes de confesar a finales de los setenta que Jesús es el Hijo del único Dios verdadero, Bob busca sentido espiritual en la adivinación y la astrología, pero se le ve incluso con una cruz al cuello, durante la gira que hace antes de profesar la fe evangélica.

¿QUÉ HA SIDO DE SU FE?
Desde que escribí mi monografía sobre Dylan en 1985, muchos me han preguntado qué es de su fe ahora. La verdad es que no tengo respuesta.Según su reciente biógrafo, Howard Sounes: “Bob halló la forma de incorporar la religiosidad en sus nuevas canciones sin sermonear”. Dice que habla “sobre la fe, como durante la etapa de su conversión cristiana”. Ya que para este periodista, “Bob todavía tiene creencias abiertamente cristianas, pero ahora es capaz de expresar esas ideas sin mojigatería”.

Dylan continúa de hecho interpretando sus llamadas canciones cristianas.Al comenzar el nuevo siglo incluye en su repertorio un tema que no había cantado desde principio de los años ochenta, Solid Rock, que acompaña incluso del himno protestante al que hace referencia, Roca de la eternidad. El periodista David Dewes se preguntaba si creía todavía en ello. Su respuesta es obvia: “Ciertamente, podemos asumir que Bob Dylan tiene suficiente dinero para no tener que cantar cosas en las que no cree”.

Su último disco en estudio fue una recopilación de canciones de Navidad –Christmas in the Heart (2009) –. En la entrevista de promoción que le hizo Bill Flanagan, el periodista observa que su manera de cantar Oh, pueblecito de Belén, es “como si fuera de un verdadero creyente”. La comentada respuesta de Dylan fue: “Bueno, es que soy un verdadero creyente”.

JESÚS LUCHA CONTRA NUESTRA INCREDULIDAD
Al pensar estos días en la pérdida de Suze, Bob se preguntará por el sentido de las cosasen una vida en la que creemos que manda “el comandante en jefe en esta tierra y en el mundo que no podemos ver” –según dice en una entrevista el año 2004–. Porque ¡cuántas cosas nos confunden ahora! Hay muchos obstáculos que estorban nuestra fe…

Pensemos si no en la forma cómo nuestros padres nos trataron y su extraña forma de religión, la fuerza paralizante de la pobreza o la riqueza, la anestesia de la trivialidad de este mundo, el desierto de un matrimonio vacío, la dificultad de la relación con nuestros hijos, el dolor de nuestro cuerpo, la memoria del desamor y nuestra frágil esperanza…

El Evangelio parece a veces demasiado bueno para ser cierto. Sin embargo, Jesús no nos deja en la incredulidad.La Palabra que lee Dylan constantemente, es su arma de lucha, por la que se dirige a todos los que nos cuesta creer. Y nos dice: “No tengáis miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre, daros el reino” (Lucas 12:32).

Autor: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011

Sagrado versus profano en Rouault

Publicado: febrero 18, 2011 en Arte

José de Segovia

Se ha presentado en el Museo de Bellas Artes de Bilbao una exposición del pintor francés Georges Rouault (1871-1958) sobre Lo sagrado y lo profano.

15 de febrero de 2011

Este artista, todavía desconocido para el gran público, se dio a conocer con Matisse en la exhibición que inauguró el fauvismo en 1905, pero continuó trabajando al margen de los movimientos de vanguardia, prefiriendo definirse como un “pintor cristiano”. Es autor de una obra de profunda carga espiritual, intensamente dramática, que nos hace recorrer paisajes crepusculares, entre retratos desgarrados de prostitutas y payasos, escenas judiciales y motivos del Evangelio. Todo un modelo y ejemplo de lo que significa ser un artista cristiano a principios del siglo XX.

 

Rouault nació en 1871 en un sótano de París, cuando su madre había ido a refugiarse de los bombardeos de la artillería de Versalles, que intentaba acabar con la Comuna. Creció en una aldea en medio de la pobreza, que retrató con toda su miseria en sus Arrabales de las grandes penas. Su padre es un humilde ebanista empleado en una fábrica de pianos, de quien heredará el celo artesanal por un trabajo bien hecho, mientras su abuelo le introduce a la pintura moderna de artistas como Manet. A los catorce años entra como aprendiz en el taller de un maestro vidriero y comienza a asistir a cursos por las tardes en la Escuela de Artes Decorativas.

 

En 1890 decide dedicarse plenamente al arte y se matricula en la Escuela de Bellas Artes de París, donde estudia con Matisse, llegando a serel alumno favorito de Gustave Moreau. A los 25 años se convierte al cristianismo, después de una larga búsqueda personal, por medio de un cura llamado Vallée, al que había conocido en casa de un amigo. Comienza entonces a hacer cuadros de tema bíblico. Uno de ellos, El niño Jesús entre los doctores, obtiene un premio en 1894, pero su profesor le aconseja abandonar la Escuela y seguir por su cuenta. Su maestro muere poco después de un cáncer de garganta y Rouault tiene una crisis a principios de siglo, mientras su familia se marcha a Argelia y él decide buscar a ese curioso esteta católico llamado Huysmans, que está intentando formar una comunidad de artistas cristianos en la abadía de Ligugé.

 

EL LADO OSCURO DE LA VIDA

Al volver a París, Rouault cae enfermo, teniendo que retirarse al campo para recuperarse. El descanso, acompañado del aire, la luz y el cielo de la Alta Saboya, le animan finalmente a hacerse conservador del recién creado Museo Moreau. Trabajando allí descubre en la biblioteca un libro del autor católico Léon Bloy, que le conmueve profundamente. Sus violentos escritos producen una admiración tal en Rouault, que inicia una profunda amistad con el escritor y el filósofo Maritain. Los gustos de Bloy en arte, sin embargo, eran más bien convencionales, por lo que siente cierto rechazo por sus acuarelas en las que representa a personajes marginales como prostitutas, gente que trabaja en el circo, pero también jueces y aristócratas de aspecto repulsivo.

 

Sus prostitutas, a pesar de su desnudez, no son en modo alguno amorales, sino que representan la prostitución con toda su inmoralidad y depravación. Así como sus tribunales reflejan la corrupción. Aunque dice: “Si he hecho de los jueces figuras tan lamentables, es porque traducía sin duda la angustia que siento a la vista de un ser humano que va a juzgar a otros hombres”. Aclara por eso que “si ha llegado a confundir la cabeza del juez y la del acusado, ese error no denunciaba sino mi desconcierto”. Porque “a los jueces en cuanto tales no los puedo condenar”, dice Rouault.

 

Estas figuras simbólicas se hacen en los años veinte cada vez más humanas. Su perspectiva sin embargo no es la del humanismo, sino que presenta la alternativa cristiana al absurdo que reflejan el surrealismo y el existencialismo. Pero la respuesta para Rouault no está en un sentimentalismo color rosa, al estilo de mucho del llamado arte cristiano, sino en una visión que va más allá del humanismo, para mostrarnos la verdadera humanidad. Esto es lo que ha fascinado a pensadores protestantes como Rookmaaker. Ese sería también el aspecto profético de Rouault que han perdido muchos artistas evangélicos. Cuando una vez le preguntaron por qué pintaba cosas feas, su respuesta fue que ojalá pudiera hacer cosas bonitas. Ya que la perspectiva cristiana no es pesimista, ni optimista, simplemente realista.

 

EL CIRCO DE LA VIDA

En 1917 Rouault firma un contrato con el famoso marchante Ambroise Vollard, por el que queda ligado al representante de Manet, Gauguin y Picasso durante treinta años. El pacto suponía la adquisición de toda la obra del pintor, más de setecientos cuadros, con la condición de que le dejara terminar todo lo que había comenzado. Rouault se dedica así con total intensidad a su trabajo. El artista instala su taller en la planta alta de la casa de Vollard, que le agobia con continuos encargos, hasta que un día de 1939 muere su marchante en un accidente de coche.

 

Sus herederos precintan entonces la entrada al estudio, impidiéndole el acceso a sus numerosas notas y apuntes. Mantiene así un contencioso hasta 1947, cuando una decisión judicial le reconoce finalmente sus derechos y puede recuperar la mayor parte de los trabajos, aunque quema cientos de sus obras delante de un notario, ya que en su opinión no podía concluirlas. Un gesto que repitió un par de veces más a lo largo de la siguiente década, y que tuvo bastante repercusión en su época.

 

Rouault tomaba su obra muy en serio, pero no su persona. Cuando en 1921 la prestigiosa editorial Gallimard le pide un autorretrato para la cubierta de un pequeño libro que iban a publicar sobre su obra, el artista les envía su retrato con un sombrero de payaso. Al ver el libro impreso, apenas se irritó al contemplar cómo habían eliminado cuidadosamente el sombrero. La pasión de Rouault por el circo no tiene nada que ver con esa visión romántica que ve al payaso como algo divertido. Su interés no es decorativo, sino existencial al mostrarlo como una metáfora de la tragedia de la vida.

 

“He visto claramente que el payaso era yo, éramos nosotros”, le explica en una carta a un crítico de arte. Ya que “ese traje rico y cubierto de lentejuelas nos lo da la vida, todos somos payasos más o menos”. Puestos que “nos escondemos detrás de nuestras propias máscaras personales”.

 

En 1908 se casa con una pianista llamada Marthe, que estará a su lado el resto de su vida. Ella da clases para poder mantener a sus cuatro hijos y juntos suelen pasar los domingos por la tarde con los Maritain. Este filósofo neo-tomista, discípulo de Bergson, tenía cierto interés por el arte. Por lo que mantenía amistad con Chagall y había escrito un libro sobre Arte y escolástica (1920), en el que comenta la obra de Rouault. Su arte busca sinceramente mostrar la vida desde una perspectiva cristiana. Lo que le lleva a hacer cuadros cuya oscuridad no sólo transmite una inmensa tristeza, sino también una profunda piedad, ante la devastadora realidad que presenta la miseria humana.

 

MISERERE

A lo largo de la segunda década del siglo pasado, el estilo de Rouault va evolucionando hacia formas más rotundas, delimitadas por un grueso contorno; paulatinamente, la acuarela y el guache dejan paso al óleo, que se aplica en gruesas pinceladas llenas de materia. Simultáneamente, desarrolla una importante actividad como grabador, produciendo una serie entre 1914 y 1927, que no será publicada con el título de Miserere hasta 1948. Esta colección, que abarca 58 planchas, es considerada su obra maestra, ya que sintetiza toda su creación. Parte de ella se puede ver en esta exposición.

 

Los matices de negros y grises, que la reproducción fotográfica es incapaz de dar, se contemplan aquí con toda su sutileza y armonía en obras tan impresionantes como En el país de la sed y del miedo o El payaso herido, que hace preguntándose ¿Quién no se maquilla? ydenunciando la actitud que nos hace vivir Creyéndonos reyes.

 

Las escenas se suceden en silencio como una película muy lenta, en la que cada plano hubiera sido trabajado durante años. Reyes y damas de alta alcurnia se mezclan en sus grabados con criminales, mendigos, prostitutas, payasos y muertos, al lado de escenas del Evangelio, en las que vemos a Jesús de niño con María, su bautismo, cruz y resurrección. Estas son las obras de Rouault que han alcanzado mayor difusión en el mundo. Es este impresionante trabajo, confiesa “como cristiano”, que “en estos tiempos tan azarosos”, no cree “sino en Jesús crucificado”.

 

Aunque en su madurez Rouault sigue fiel a sus temas habituales, a partir de 1918 la figura de Cristo pasa a ocupar un lugar preeminente en toda su obra.Sus cuadros son cada vez más cubiertos de materia, tomando la apariencia de bajorrelieves.

 

Pese a su deliberado aislamiento respecto al devenir de las corrientes artísticas de la primera mitad del siglo, Rouault gozó en las últimas décadas de su vida de un gran prestigio. Nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1925, desde 1930 se suceden sus exposiciones, tanto en Francia como en el extranjero. Su obra adquiere unas tonalidades cálidas y pierde gran parte de su anterior dramatismo. Sus últimos años se desarrollan en un ambiente sosegado y feliz. En 1956, el agotamiento que le causa su avanzada edad le impide seguir pintando y en 1958 muere a los 86 años. Al poco tiempo, su familia donaría al Estado francés más de ochocientas obras inacabadas.

 

Este “cristiano de tiempos antiguos” nos da una nueva visión de la fe en el arte. Es cierto que su compromiso espiritual no fue siempre bien acogido, ya que era considerado a veces con suspicacia. Su impaciencia con el mundo hizo también que rara vez se sintiera satisfecho con su obra. La verdad es que, como creyente, Rouault no se hacía ilusiones con la vida, que veía como una preparación para la felicidad futura. Una vez le preguntaron en una ocasión: ¿qué consejo daría a los artistas jóvenes? Él contestó: “¡Que se arrepientan y pidan perdón a Dios por sus pecados!”…

Protestante Digital.com