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JUAN  STAM

La belleza como componente esencial de la liturgia

(Algunos apuntes para una estética bíblica)

 

Para comenzar, una breve reflexión sobre la belleza de Dios:  Para nuestro tema, nada mejor que comenzar con las palabras del Salmo 27:4:

Solo una cosa he pedido al Señor,

solo una cosa deseo,

estar en el templo del Señor,

todos los días de mi vida

para adorarlo en su templo

y contemplar su hermosura (DHH)

Otras versiones ofrecen traducciones diferentes para los últimos renglones, que sirven para enriquecer el mensaje:

BJ: para gustar la dulzura del Yahvéh

y cuidar de su Templo

NVI: y recrearme en su templo

RVR: y para inquirir en su templo.

Según la manera hebrea de entender el conocimiento y la verdad, éstos no se alcanzan sólo por el puro raciocinio; bíblicamente, la verdad sólo se conoce por el amor, la voluntad y la maravilla. La filosofía griega también, desde Tales de Mileto, se inspiraba por una fuerte dosis de asombro ante el misterio del universo y de la vida. Desde Descartes y el Iluminismo, se han impuesto mayormente el “cógito” y la duda sistemática cartesiana en desprecio de esos otros elementos más existenciales, que eran fuertes en pensadores cristianos como San Agustín y San Anselmo;

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva (pulchritudo tam antiqua et tam nova), tarde te amé!  He aquí, tu estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba, y sobre esas hermosuras que tu creaste me arrojaba deforme.  Tu estabas conmigo y yo no estaba contigo.  Me tenían lejos de tí aquellas cosas, que, si no estuvieran en tí, no existirían.  Pero tu llamaste y clamaste y rompiste mi sordera.  Relampagueaste y resplandeciste y ahuyentaste mi ceguera.  Exhalaste fragancia, la respiré y anhelo por ti.  Gusté y ahora  tengo hambre y sed de ti.  Me tocaste, y encendí en deseos de tu paz.  (San Agustín, Confesiones 10:27).

Recuperar ese sentido de asombro y maravilla ante Dios nos libera del racionalismo árido y estéril que puede llevar al escepticismo. La adoración auténtica comienza en la casa de Yahvéh, contemplando la hermosura de su santidad, descubriendo ahí el sentido de nuestra existencia y comprometiéndonos para hacer su voluntad.

La belleza es un componente indispensable de la liturgia, porque es un elemento esencial de la adoración.

La creación y la liturgia

El primer capítulo de Génesis es un escrito litúrgico, con los paralelismos y las cadencias rítmicas que corresponden. Se cree que pertenecía al culto en el templo, a diferencia del segundo relato de la creación (Gén 2:4b-3:24), que hace pensar más bien en alguna familia reunida alrededor de la fogata, escuchando al abuelo contar las tradiciones del pueblo. Por su carácter litúrgico, Génesis 1 debe leerse con mucho sentido de admiración y maravilla; o sea, debe leerse litúrgicamente, como un culto en proceso.

Aunque nos pueda sorprender, la mayor parte, por mucho, de la teología de ambos testamentos es doxológica; es “contemplar la hermosura de Dios e inquirir en su templo”. En especial, el tema de la creación aparece mayormente en clave doxológica (ejj. Salmos 8 y 19). En el Nuevo Testamento, los primeros credos comenzaron como himnos (ej. Fil 2:5-11; 1 Tim 6:15-16). Una teología que no canta, no es buena teología. (Tampoco lo es una teología que no sabe reírse).

Hay cierta nota de alegría en los dos relatos de la creación, como si Dios estuviera disfrutando su trabajo creativo. En Génesis 1 vemos a Dios como un artista que está creando una gran obra de arte. Con la palabra “buena”, al completar la obra de cada día, Dios expresa la profunda satisfacción del artista que exclama, ´”¡Wow, qué super-bien que me salió esto!”

Génesis insiste muy enfáticamente en que la creación es buena.[1]  La frase se repite, rítmicamente, como conclusión dramática de cada día.  La creación humana (incluyendo la sexualidad) y la obra total es “muy buena” (1.31, ToB ToB).  Central a todo el mensaje de Génesis 1 es esta insistencia en lo bueno de la creación física; la materia y el mundo no son maldición sino bendición.  El Antiguo Testamento rechaza toda dicotomía entre espíritu y materia, entre alma (buena) y cuerpo (malo).

Como bien ha dicho el autor presbiteriano, Eugene Peterson, “la creación nos inmerge desde un principio en la materialidad”.[2]  Esa misma materialidad será clave para e mensaje bíblico de salvación — la encarnación (el Verbo fue hecho materia, sarx, Jn. 1.14); una muerte física para redimirnos “en su carne”[3]; resurrección del cuerpo de Cristo y los nuestros (Lc. 24.37-43).  Toda nuestra salvación conlleva una profunda dimensión material, fiel a la antigua afirmación de la creación como buena y el rechazo de la dicotomía entre espíritu y materia.

El sentido del adjetivo “bueno” no es solamente ético sino también estético (su creación es una obra artística bien lograda) y funcional (lo creado cumple eficazmente la intención divina).  Comunica además cierta nota lúdica: Dios se para a contemplar su obra y se siente contento; se goza en la excelencia de lo que ha hecho.[4]  El poeta negro, James Weldon Johnson, lo capta bellamente en su poema “Las Trompetas de Dios”:

Y Dios salió al espacio,

miró por todos lados y dijo,

“Me siento solo —

voy a hacerme un mundo…”

Entonces Dios sonrió

y la luz irrumpió,

y las tinieblas se amontonaron por un lado,

y la luz resplandecía por el otro lado,

y Dios dijo, “.!Qué bien que me salió!…”

Entonces Dios paseó

y miró por todos lados

sobre todo lo que había hecho;

Miró a su sol,

y miró a su luna,

y miró a todas sus estrellitas…

y Dios dijo, “Todavía me siento solo”.

Entonces Dios se sentó

sobre la ladera de un cerro donde podría pensar;

al lado de un río profundo se sentó;

con su cabeza en las manos,

Dios pensó y pensó,

hasta que pensó, “¡Me voy a crear a un hombre!…”

Y este gran Dios…

Como una madre doblada sobre su bebé,

Se arrodilló en el polvo

y trabajó formando un puño de barro

hasta tallarlo en su propia imagen;

entonces le sopló el soplo de su propia vida,

y Adán era un ser viviente.

¡AMEN, AMEN![5]

Esa nota de celebración y alegre adoración caracteriza muchos pasajes sobre la creación.  En esa nota gozosa nos damos cuenta cuán liberador fue el mensaje bíblico de la creación frente a las cosmovisiones mitológicas de la época.  Juan Driver destaca el contraste con otras culturas antiguas en las que el mundo es objeto de miedo y uno tiene que cumplir ritos para protegerse.  Según la Biblia, apunta Driver, la creación es buena para todos, hasta los animales; no es “buena para unos pero mala para otros”.[6]

Definitivamente: el Creador es un gran artista, y nos ha creado a su imagen y semejanza. Nos ha creado creadores para su gloria. La creación entera es una obra de arte y belleza que nos llama a la adoración.

Cuando el Dios Creador nos creó a su imagen y semejanza, nos creó para que nosotros también seamos creativos como él. En Génesis 2 Dios permite a Adán realizar la función de nombrar a las cosas, que en Génesis 1 es un aspecto importante del proceso creativo.

El Espíritu de Dios y la belleza

Una de las primeras referencias al Espíritu de Dios en el A.T. enfatiza su ministerio estética en la preparación del tabernáculo y todos sus accesorios:

El Señor habló con Moisés y le dijo:

Toma en cuenta que he escogido a Bezalel…

y lo he llenado del Espíritu de Dios,[7]

de sabiduría, inteligencia y capacidad creativa

para hacer trabajos artísticos en oro, plata y bronce,

para cortar y engastar piedras preciosas,

para hacer tallados en madera

y para realizar toda clase de artesanía.

Además he designado como su ayudante a Aholiab…

y he dotado de habilidad a todos los artesanos…

(Ex 31:1-6; cf. 35:30-36:2)

Entre las pericias mencionadas aparecen joyería, carpintería, ebanistería, escultura, sastrería[8] y hasta perfumería (31:11). Incluida va también la habilidad de enseñar estas artes a otros (35:34). En cuanto a la poesía y la música, David, el “dulce cantor de Israel”, confiesa que “el Espíritu de Dios habló por medio de mí; puso sus palabras en mi boca” (2 Sam 23:1-2).  El Espíritu de Dios realiza también una función política, otorgando a los dirigentes del pueblo sabiduría para gobernar (1R 3:9-12). Según el libro de Isaías, Dios dará su Espíritu al Mesías para gobernar con justicia (Isa 11:2-5) y para liberar a los pobres (Isa 61:1-3).

Sin embargo, los dones del Espíritu no se contraponen a los dones naturales de los seres humanos, sino que los activan y los orientan. Por eso, cuando Salomón va a construir el gran templo de Jerusalén, pide a Hiram rey de Tiro que le envíe “un experto para trabajar el oro y la plata, el bronce y el hierro, el carmesí, la escarlata y la púrpura, y que sepa hacer grabados, para que trabaje junto con los expertos que yo tengo en Judá” (1R 7:13-14; 2Cron 2:7,14; la lista se parece a las de Ex.31 y 36). Por eso, el templo de Salomón tiene características arquitectónicas prestadas de otras culturas. De manera parecida, la poesía y la música hebreas (ej. de David) se basaron en la cultura cananea de Ras Shamra. Israel, junto con su vigoroso monoteísmo teológico, en la época de los reyes practicaba también un sano sincretismo cultural y estético.

Dice Santiago 1:17 que “toda buena dádiva y todo don perfecto desciendo de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestiales”. Donde hay belleza es gracia de Dios, y debemos recibirla y vivirla eucarísticamente. La música de un Beethoven o un Toscanini, una Mercedes Soza o un Silvio Rodríguez, la pintura de un Picaso o un Guayasamín — son todas ellas regalos que Dios, la suprema belleza, ha querido compartir con sus criaturas.

El Cordero y el culto; el Apocalipsis y la liturgia

Juan de Patmos reporta que recibió su primera visión “en el día del Señor” (1:10); podemos entender que era domingo, y un domingo en que el pastor no pudo estar con la comunidad para celebrar juntos. A esa situación de soledad, nostalgia y tristeza, Dios responde primero con darle a Juan un encuentro personal con Jesucristo (1:10-3:22) y después la experiencia emocionante de un culto completo en el cielo, en la misma presencia de Dios, desde el Sanctus inicial hasta el Amén final (Ap 4-5). El libro está lleno de elementos litúrgicos: el Sanctus, el Amén, el maranata, el “digno eres”, aclamaciones, cánticos, silencios, genuflexiones y muchos más. Y todo eso descrito de una manera dramática, para que los y las lectores vivan todo y lo experimenten existencialmente.

Para vivir el Apocalipsis como experiencia propia, hay que leerlo con los cinco sentidos de percepción bien activados. Los ojos de la fe (la imaginación consagrada) tienen que ver, con todo su detalle, los cuadros que pintan las palabras del texto. El oído tiene que oír las trompetas y truenos y arpas y flautas — y los silencios —  que acompañan el drama. El olfato tiene que deleitarse con los inciensos y preocuparse por el olor a sufre. Al leer el impactante mensaje a Laodicea (3:14-22), nuestro sentido de tacto debe hacer doler los nudos de los dedos al estar tocando la puerta con Jesús (3:20 griego) y nuestro sentido de gusto debe reproducir primero el mal sabor del vómito (3:16) pero después las ganas de compartir con Jesús una rica cena (3:20).

Apocalipsis 4-5 nos plantea todo un modelo de culto que podría transformar la liturgia de nuestras iglesias hoy. Para resumir algunas enseñanzas:

(1) El culto se realiza en la presencia de Dios, alrededor de su trono. Dios es el centro, no nosotros. Ni los talentosos “artistas” ni los sentimientos piadosos de los “espectadores” deben ocupar el centro, sino Dios mismo, el encontrarnos de repente ante su presencia y su trono.(2) La presencia de Dios es un lugar de suprema belleza visual (joyas, arco iris, tronos, coronas de oro), auditiva (declamaciones y cánticos, arpas, un silencio) y aromática (incienso).

(3) Capítulo 4 se limita estrictamente a la esfera de la creación (arco iris, vivientes; 4:11; cf. 5:4); la salvación aparece sólo después de 5:5. La creación, y la adoración a Dios como Creador (y nuestro compromiso con la creación) deben estar muy presentes en nuestro culto.

(4) El culto debe tener buen contenido bíblico (4:8; 4:11; 5:5,9-10).

(5) El culto debe tener direccionalidad, progresión como crescendo hacia una meta (numéricamente, de 4 a 24 a 28 a millones a toda la realidad; temáticamente, de la creación en cap. a la salvación en cap 5)

(6) El culto debe involucrar todo el cuerpo: ojos, voz, manos, rodillas.

(7) El culto debe terminar con el Amén de nuestras vidas, de rodillas ante el Creador y el Cordero (5:14).

Nota final sobre la música: En 5:9, cuando aparece el Cordero, irrumpe la música por primera vez en el libro. En el capítulo 13, sobre la bestia, nadie canta y no hay nada de música, pero en seguida, en presencia del Cordero, todos cantan y tocan “arpas de Dios” (14:2-3; 15:2). En 17-18, delante de la ramera, nadie canta. Lo peor del destino final de la gran Babilonia es que queda sin música y artesanía, sin luz ni amor romántico (18:22-23). Es el silencio de la muerte final.

, la  belleza y la liturgia

/el Apoc /el silencio

El Apocalipsis y los sentidos de percepción

El Apocalipsis como culto (el domingo que no pudo asistir)

una teología de la estética Gn 1

una pneumatología de la estética tabernáculo/ si no, el talento bloquea la adoración

una cristología de la estética

Gracia y gratitud (eucaristía)

Belleza (Gloria) y asombro/maravilla

Silencio y respuesta

Desafío y Obediencia, no basta orar

Gálatas JC fue presentado (hecho presente) ante Uds

DOS TRAMPAS Y UNA META SANA la auténtica bendición UN MILAGRO (bARTH) TRANSFIGURACO

qué bien que lo hacen (profesionalismo; el arte por el arte),

o qué bien que me siento yo (egoismo) el sentimiento por el sentimiento

Sano: cuán grande es el! y acción Papá llorando

Gal 3.1 JC ha sido re-presentado, oîs kat’ ofthalmoùs Iesoôs Jristòs proegráfestauroménos


[1] Los siguientes párrafos son citados de mi libro, Las buenas nuevas de la creación.

[2]) Eugene Peterson (1988), p.170.

[3]) P. ej. Col. 1.22; Ef. 2.15; Ro. 8.3; I P. 3.18, 4.1.

[4]) Cf. Prov 8.30s; Ruiz de la Peña (1986), p.55; Anderson (1984), p.15.

[5]) Traducción personal del inglés.  El poema entero, de diez estrofas, es una encantadora visión afro-americana de la creación.  Katzanzakis, enZorba el Griego, da otra versión también lúdica: Después de crear a Adán, Dios no lo vio bien y le parecía un cerdo.  Pero luego Dios puso sus anteojos y dijo, “¡Qué bueno!”.

[6]) Driver (1991), p.15. Cf. Losada y de Angulo (1992), “El mundo como creación bondadosa de Dios para el ser humano”, pp. 19-22.

[7] Ya que el concepto del “Espíritu de Dios” estaba poco desarrollado en esa época, es siempre posible que RûaJ  AeLoHîM signifique algo así como “un señor viento, un poderoso viento”, dado por Dios a artesanos para efectos estéticos.

[8] Cf. 26:1, cada cortina “con dos querubines artísticamente bordados en ellas” (27:1)

Retratos de Fayum: sin futuro visible

Publicado: julio 5, 2011 en Arte

José de Segovia Barrón

Retratos de Fayum: sin futuro visible

Dicen que la cara es el espejo del alma.

5 de julio de 2011

 Las caras egipcias de El Fayum –que ahora se pueden ver en el Museo Arqueológico de Madrid–, no son sólo los retratos pintados más antiguos que existen, sino que sorprenden por la expresividad que les hace objeto de una muestra de PHotoEspaña sobre retrato y comunicación. Fueron  realizados por pintores griegos en el Egipto romanizado –entre los siglos I y IV después de Cristo – en tablas y lienzos que cubrían la parte del rostro de las momias.  Su objeto era retratar lo más posible al muerto, para que Anubis pudiera identificarlo, y conducirlo al reino de Osiris .

 John Berger dedicó a estas obras uno de sus textos más famosos , que relacionaba con las inmigraciones contemporáneas. Por eso la exposición incluye un video del albanés Adrian Paci sobre emigrantes sin papeles, que esperan su deportación en un avión todavía ausente, en el aeropuerto de San Francisco el año 2007. La unión de estos dos mundos se debe al crítico de arte inglés, en su libro  El tamaño de una bolsa.   Berger se pregunta cómo unos retratos, hechos “mientras se escribieron los  Evangelios  del  Nuevo Testamento,  nos sorprenden hoy como tan inmediatos”.

Están pintados sobre madera –a menudo de tilo, algunos sobre lino–. A escala, son más pequeños que a tamaño real. Bastantes están hechos a témpera. El color está mezclado con cera de abeja. Se pueden ver todavía los brochazos y las marcas de la cuchilla que usaban para rascar el pigmento, sobre una superficie oscura.

Los encontraron en El Fayum, una llanura que hay a sesenta kilómetros al suroeste de El Cairo, donde hay una necrópolis construida durante los primeros dos siglos del cristianismo. El siglo XVII, un italiano descubrió allí el primer retrato de una colección que abarca ya más de mil obras, que empezaron a circular por España y Estados Unidos a finales del siglo XIX. El clima seco y las arenas del desierto favorecieron la conservación de los retratos y algunos papiros, que documentan la vida en esa época de dominación romana.

 VIDAS EN TRÁNSITO
 Los retratos de El Fayum constituyen un retazo de una historia interior, una mirada congelada de personas desaparecidas, en un espacio y tiempo concretos, que nos observan desde un mundo hoy inexistente.  En casos como éste, nos damos cuenta hasta qué punto el conocimiento de la Historia incluye las vidas de individuos con todas sus frustraciones, inquietudes y ambiciones.  Es más, gracias a su mirada entendemos algo más de nuestra condición humana. Sus ojos reflejan nuestros sentimientos más íntimos, delatan aquello que acontece y pasa por nuestro interior.

“¿Por qué sentimos su individualidad, como la nuestra? –se pregunta Berger– Nos impresionan, como si hubieran sido pintados el mes pasado.” El profesor Julián Sauquillo piensa que “si sus rostros dan una impresión de estar tan vivos y ser tan actuales es porque su espera nos concierne mucho, dado que, desde que nacemos, somos moribundos”. Ellos encarnan en su fragilidad el hecho –según Berger– “de que, a pesar de todo, la vida era, y es, un regalo”.

 “Nos confrontan con unos rostros –dice  Jean Christophe Bailly en su libro  La llamada muda – que nos miran desde un lugar neutro, que no sería ni la muerte ni la vida”. El comisario de la exposición, Gerardo Mosquera, las describe por eso como si fueran “fotos de carnet”, que sirvieran de pasaporte al otro mundo. “Es una mirada de despedida personal, te miran a los ojos directamente, pero al mismo tiempo como si estuvieras lejos” –dice Michael Lahanas–.

 

LA VIDA QUE NOS QUEDA
 Somos criaturas del tiempo. Marcados por un pasado, que ya no está en nuestras manos, para disponer de él o alterarlo. Ya es historia. En un sentido, ni siquiera Dios puede cambiarlo. Todas nuestras expectativas se extienden por lo tanto al futuro. Algo que para nosotros permanece todavía desconocido. Los que somos pesimistas, podemos pensar una docena de cosas al día, que pueden salir mal mañana. Lo que nos debilita y hace desmayar. ¿Cómo convivir con la incertidumbre del futuro?

 La impaciencia es una forma de incredulidad. Viene cuando dudamos de la sabiduría de lo que Dios hace, y la bondad de su dirección. Su Palabra sin embargo nos muestra que “lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno” ( 2  Corintios  4:18 ). Necesitamos fe en el poder y la sabiduría de Dios para hacer que todas las cosas obren para nuestro bien ( Romanos8:28 ). Ya que no toda historia termina bien en esta vida. Dios se mueve de manera misteriosa. Lo que tenemos que creer es que todo está bajo el control de su mano.

 ¡Hasta la muerte existe para nuestro beneficio! ( 1  Co.  3:21-23 ). Ya que no podrá separarnos del amor de Dios. ¡Incluso ella, no podrá acabar con nosotros! “Nuestra seguridad no descansa –como dice Piper– en mirar hacia una decisión momentánea por Cristo que hayamos tomado en el pasado, sino en mirar hacia delante a la certeza de la gracia preservadora de Dios, basada en la expiación plenamente suficiente realizada por la muerte de su Hijo”.

Es en Él finalmente, donde está nuestra certeza. Ya que siendo “de carne y hueso, Él también compartió esa naturaleza humana para anular mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida” ( Hebreos 2:14-15 ).

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011

Leonard Cohen, Príncipe de Asturias

Publicado: junio 24, 2011 en Arte, Música

 José de Segovia Barrón
Leonard Cohen,  Príncipe de Asturias 
Al poeta y músico canadiense Leonard Cohen se le ha concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, a los 76 años.

21 de junio de 2011

El jurado reconoce así “una obra literaria que ha influido en tres generaciones de todo el mundo, a través de la creación de un imaginario sentimental en el que la poesía y la música se funden”.  El acta destaca cómo “con el paso del tiempo”, confluyen en él “la tradición mística de Oriente y Occidente y la vida contada como una balada interminable”. Ya que Cohen es ante todo un buscador. 

 Buscamos sentido a la vida de muchas maneras, pero para Cohen, está claro que la respuesta está en la religión. Unas inquietudes que no han sido nunca compartidas por muchos. En la monumental biografía que hizo sobre él Ira Nadel – Various Positions, premiada por la Universidad de la Columbia británica en 1996, pero lamentablemente todavía no traducida al castellano–, se cuenta el encuentro de Cohen con Joan Baez en el mítico Hotel Chelsea de Nueva York. La discusión que tuvieron fue monumental. Comenzaron hablando sobre Gandhi y el papel de las drogas en el movimiento por la no-violencia, pero lo que Baez no podía soportar eran las inquietudes espirituales de Cohen, que le alejaban de una conciencia social – ¡lo mismo que le pasó con Dylan! –.

 Hay algo enigmático en la figura de Cohen, que produce siempre cierta perplejidad. Su imagen de bohemio, vestido de traje; un amante apasionado ,  que vive solo; mítico cantante, que apenas tiene voz; un judío, que practica el budismo  zen.. . Son demasiadas cosas que no encajan. Cohen –como su admirado Dylan– es un judío que tiene además una curiosa obsesión por Jesús.  Las referencias a los  Evangelios  llenan muchas de sus canciones desde los años sesenta. Aunque su espiritualidad se ha hecho cada vez más compleja, a medida que se ha ido acercando y alejando de la lectura de la Biblia, para abrirse a otras religiones orientales.  Su historia comienza con una de las más importantes familias judías del Quebec.

 TRADICIÓN JUDÍA
 Leonard Norman Cohen nació en Montreal en 1934, con el nombre hebreo de Eliézer (que significa  Dios es mi sostén ). Su apellido remite a la tradición sacerdotal de Israel. Su padre era hijo de un judío lituano que emigró a Canadá poco después de que se fundara la federación, llegando a ser propietario de la fábrica de confección más grande del país y el presidente más joven de la sinagoga más importante del Canadá. Su abuelo Lyon fue además vicepresidente de la primera organización sionista de este país y fundador del primer diario en lengua inglesa de todo el continente americano.

Su padre, Nathan, estaba inválido a causa de sus heridas en la Primera Guerra Mundial. Se casó con una mujer dieciocho años más joven que él. Masha era hija de un rabino lituano, que escribió una obra de más de setecientas páginas sobre las diferentes interpretaciones del Talmud. Había huido de las persecuciones de los judíos en los  progroms  del este de Europa, a Inglaterra, pero se fue luego a Canadá en 1923.

Leonard Cohen tiene una hermana mayor llamada Esther. Juntos, viven la Segunda Guerra Mundial con cierta comodidad, ya que la familia tenía dinero para mantener un servicio doméstico con sirvienta, niñera y chofer. Tuvieron en muchos sentidos una educación privilegiada, marcada, eso sí, por el judaísmo.

 Cohen dice: “Teníamos una profunda fe y practicábamos la religión, que estructuraba toda nuestra vida; pero mis padres no eran fanáticos”. Leonard cree que, para ellos, “la religión era como el agua para un pez”. Así recuerda que cada noche del viernes empezaban a celebrar el  sabbat,  encendiendo velas –algo que continúa haciendo todavía él, dice en una entrevista con la revista francesa  Les Inrockuptibles –. Hacían oraciones e iban a la sinagoga el sábado por la mañana. Pero aunque recibía educación hebrea tres veces por semana,  Cohen fue a una escuela laica y tuvo una niñera irlandesa católica, por quien empezó a conocer el cristianismo.

 CORAZÓN SOLITARIO
Sus padres jamás le presentaron un Dios estricto y exigente, aunque aprendió la  shema  (el credo judío tomado de la Ley dada a Moisés en el monte Sinaí) e hizo la ceremonia de iniciación judía conocida como  bar mizvah.  Todo su mundo se viene abajo cuando su padre se muere, al tener sólo nueve años. Adquiere entonces una seriedad que le acompaña toda su vida. Su melancolía y tristeza le introducen en un páramo emocional, que le hace huir de toda frivolidad e inconsciencia.

Cohen fue a la prestigiosa universidad de McGill, donde estudió con el  enfant terrible  de la poesía judeo-canadiense, Irving Layton. Era ya amante de los versos de García Lorca, pero se volvió entonces un poeta y observador crítico. Su pensamiento es lúcido y afilado, pero carente de sarcasmo y raramente cínico. Reconoce la sabiduría de sus maestros,como dice en una de sus canciones – Teachers –:“sígueme, dijo el hombre sabio”; pero observa que éste “va detrás”, en vez de delante.

Cohen “da prioridad absoluta al individuo, reduciendo la comunidad a nada que no sea el resultado de la suma voluntaria de los individuos”. Aunque no sabe “qué es peor: si estar solo y pensar que lo estás, o pensar que todos los demás se sienten así de solos”…

Aunque su corazón solitario le hace bastante enamoradizo. Las  Marianne  y  Suzanne  de sus cancionesestán inspiradas en sus muchas experiencias de desamor. Suzanne Verdal era una bailarina de Montreal, que estaba casada con un escultor llamado Vaillancourt, cuando le escribe ese poema en 1965. Marianne Ihlen vivía con un novelista noruego en la isla de Hydra, que deja con un hijo, cuando empieza su larga relación con Cohen. Pero él siempre lamentó que fuera  goyim (gentil).  Lo que para él la hacía incapaz de compartir su visión judía del mundo. Su fracaso más conocido fue sin embargo su reciente relación con la actriz Rebecca De Mornay, que “se dio finalmente cuenta de que no se puede contar conmigo como marido, con quien tener hijos”…

A pesar de tantas decepciones, Cohen dice que ha aprendido que “a no ser que el corazón se rompa, es imposible conocer nada del amor”. Pero ¿qué es el amor, para él? En uno de sus primeros poemas ( Keeping Things Whole,  1964), Cohen describe al amante de una joven mujer como “un cuerpo ambulante de dolor”. Él dice: “Creo que éste es el océano en que todos nadamos, todos queremos disolvernos, olvidarnos de quiénes somos”. Y concluye: “Pienso que esto es el amor, olvidarse de quién es uno”.

 VIDA BOHEMIA
 Como el judío errante,  Un Canadien Errant,  Cohen espera volver a casa un día. Ese regreso al hogar parece sin embargo que da la vuelta al mundo. Aunque “convertirse en lo que se suele denominar un bohemio no era algo bien visto en familias como la mía, adoptaron la posición de que era una fase adolescente que superaría; pero no la superé”. Se convierte en un hombre de cuarto de hotel, que tiene al mundo como único equipaje. En otoño de 1969 aterriza en Londres con la idea de escribir su primera novela, pero el mal clima le hace cambiar de idea, yendo a la sobria y desnuda isla de Hydra, entonces casi virgen. Un lugar solitario y carente de comodidades, con el mar Egeo y Cretense a cada lado…

Vivía unos escalones por encima del puerto. Al tañer las campanas y llegar el barco de los suministros, puntualmente a las diez de la mañana, había cumplido ya casi toda una jornada de trabajo. Sus draconianos horarios hacen pensar en que –como el poeta Paul Valery–, “la mayor sabiduría nace de la disciplina más férrea”. En esta isla escribe algunos de sus mejores textos, con la sola compañía de los gatos que vienen a su terraza, la cháchara de los tenderos y las pezuñas de los dóciles borricos de carga golpeando contra el pavimento. Aunque cada tarde tenía una silla reservada en el café, cuando llegaba el momento mágico del ocaso…

Su bohemia parece estar en contradicción con ese “sentido del orden”, que a él le gusta: “El tipo de disciplinado aprendizaje que se inculca en la instrucción militar”. Su libro sobre los Hermosos Perdedores  tuvo magníficas críticas, pero no ganó mucho con él. Se le ocurre entonces que quizás pueda vender mejor sus letras con música de  country.  Piensa ir a Nashville, pero de camino pasa por el famoso Hotel Chelsea de Nueva York…

A mediados de los años sesenta todo el mundo que aspiraba a ser algo en el mundo artístico vivía allí. Fue así en la época de Dylan Thomas, pero es con la generación  beat  en los años cincuenta que este lugar se vuelve mítico.Al resurgir el  folk  en los sesenta, el  Village neoyorquino se llena de artistas como Baez, Dylan o Joplin ,  que viven en este hotel, que siguió siendo un punto de encuentro para los mitos del  rock,  hasta morir allí la novia de Sid Vicious –supuestamente asesinada por él, que murió de sobredosis poco después– en el  punk  de finales de los setenta.

 HAMBRE DE VERDAD
 Cohen mantiene su vocación poética, pero encuentra en la música  pop  el medio para expresar su arte. Judy Collins acepta al principio algunas de sus canciones, pero pronto firma su propio contrato de grabación. Mantiene su casa de Hydra como un refugio, pero hace de un apartamento de Los Ángeles su oficina, hasta que en un viaje a Tennessee para trabajar con el compositor Boudleaux Bryant, en una destartalada granja en medio del campo, sufre un colapso mental.  Se da cuenta que “todos van por el dinero” y los “mercachifles han tomado las riendas”. Todo le parece hueco y empieza a buscar la verdad a todo tiempo…

“Somos atraídos por la verdad”, dice Cohen, ya que “cuando la oímos y la vemos nos hipnotiza”. El cantante cree que todos “tenemos hambre de ella”. Lo que pasa es que se muestra de diferentes formas. “Hay millones de personas que van a la iglesia y obtienen un verdadero sustento de la liturgia y el hecho de formar parte de su comunidad religiosa”, pero él no se siente cómodo “confinando la expresión de la verdad a un único ámbito de acción”. Cree que “estamos continuamente rodeados por la verdad, pero que a veces lo sabemos, y otras no”.

 Buscar la verdad es siempre algo doloroso.  “Suele darse por sentado que la perfección no existe”, dice Cohen, “que nuestro mundo está roto, y que con corazones derrotados vivimos vidas rotas”. El problema es que “eso no nos excusa de nada”. Por eso canta en su himno Anthem:  “Olvídate de tu ofrecimiento perfecto; todo tiene una grieta”. Y “así es como entra la luz”. Para él, “la cantidad de sufrimiento del que uno se entera es algo aterrador”. Aunque reconoce que “lo único que se acerca a un consuelo” es la oración de Jesús: “Hágase Tu Voluntad”.

“Todos percibimos que hay una voluntad detrás de todas las cosas” –dice en una entrevista en Montreal el año 84–, “y somos conscientes también de nuestra propia voluntad”. El cantante cree que “la distancia entre ambas voluntades crea el misterio que llamamos religión”. El cree que “es el intento de reconciliar nuestra voluntad con otra voluntad, que no podemos identificar claramente, pero que sentimos que es poderosa y existe”.

 BÚSQUEDA ESPIRITUAL
 “Todos llegamos a un punto donde debemos encontrar sentido para nuestra vida”, dice Cohen , “cuando tenemos que buscar metáforas que nos expliquen el significado de nuestra vida”. Hay muchas formas, “sea a través de la caridad, la meditación, la terapia o el enriquecimiento monetario”. El objetivo es el mismo: “dar con la parábola que dé significado a nuestra hambre más profunda”. Para él, “es ahí donde encajan las tradiciones religiosas”. Aunque es algo que “todos estamos continuamente examinando, debatiendo y corrigiendo”, ya que “no es algo que se adquiere de una vez para siempre, es una actividad incesante”. Cohen llega entonces al budismo  zen .

 Su nexo con el judaísmo está en la tradición de la corriente mística judía. En ella el rabino explica a sus discípulos historias abstrusas, sin respuesta, que les lleven a pensar más allá de lo obvio y lo racional. Una técnica muy parecida a la que utiliza el  roshi  Joshu Sasaki en el monasterio z en  de Mount Baldy –en las montañas de San Gabriel, cerca de Los Ángeles–, donde Cohen se refugia en sus momentos de debilidad y vulnerabilidad.

“A no ser que la persona esté rota y sufriente, física o psíquicamente, no va a enfrentarse a un examen espiritual”, dice Cohen: “Uno empieza a ser sabio cuando se da cuenta de que es sumamente infeliz aquí”. Entonces puede uno optar por diferentes religiones, compromisos políticos, programas ascéticos o modos de vida hedonistas. En su caso, fue a un retiro del maestro  zen  Sasaki,quedándose allí un mes. “Fue una experiencia agotadora”, recuerda.

Sasaki era japonés, pero el abad era alemán. Por eso dice que cuando se encuentra andando un día con sandalias en medio de la nieve a mitad de la noche, como parte de la meditación, ¡se pregunta si no será la revancha por la Segunda Guerra Mundial! Se marcha entonces del monasterio, pero luego volverá “para un examen interno y profundo”, que requiere “una intensa disciplina, rayana en un castigo autoimpuesto”. En esa segunda estancia establece una práctica budista, que le lleva a pasar regularmente temporadas en Mount Baldy.

 En  Recent Songs  se cierra su primer periodo  zen.  Se encuentra entonces solo. Su madre ha muerto y apenas tiene relación con su esposa y sus hijos. Se enfrenta a “la más intima de las decisiones, que no podemos sino obedecer, lo que queda de nuestra religión, por lo que levanto mi voz y rezo”. Cohen vuelve a “Aquel que no tiene nombre”, al Nombre de su infancia. En la portada de su  Libro de Misericordia  aparece la estrella de David, formada por dos corazones, en vez de triángulos. En estos nuevos  salmos  clama por la misericordia a Dios.

 TODO ES INÚTIL
 Cuando publica su disco  Various Positions , muchos le preguntan por su búsqueda espiritual. Responde que su intención no era finalmente hacerse monje, ni dedicarse exclusivamente a la oración. Eso “no va conmigo”, dice: “Yo estoy en la calle, buscándome la vida”. Asegura no saber siquiera qué es el ideario  zen,  “porque sólo he conocido a ese anciano, y no puedo decir hasta qué punto representa esa tradición”. Su maestro mismo asegura que su esencia es “un vasto baldío, nada en especial”. Aquí no hay doctrina alguna que seguir, sólo su vida interior. Cohen busca finalmente ahí un espacio sin límites donde poder hacer sus propias construcciones mentales.

 “De lo que se trata es de dejar de hacerse preguntas como: ¿qué es la vida?, o ¿por qué estamos aquí?” Su álbum  Ten New Songs  expresa esa nueva época en que “no se fía de sus sentimientos íntimos, que van y vienen”. Le parece que “tras años de batallar con el monstruo interno, por fin ha conseguido no hacerse caso a si mismo”. Viene entonces la decepción…

Desde su primer libro,  Comparemos mitologías  (1956), hay un conflicto en su vida entre la religión y la sexualidad. Sus ejercicios espirituales no pueden acabar con su pasión interior. Ya que, como dice Pablo a los  Colosenses , “tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato con el cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” ( 2:23 ).  Finalmente Cohen se siente desmoronado: “He probado el  Prozac;  he probado el amor; he probado las drogas, he probado la meditación  zen:  he probado el monasterio; he probado a dejar todas esas cosas, y vivir sobrio.” Pero todo es inútil…

 ¿RELIGIÓN O CRISTO?
 El autor flamenco Marc Hendricx, ve en su libro – Leonard Cohen, el buscador de la verdad –el efecto de la religión, que nos hace estar descontentos con nosotros mismos y sólo sirve para distanciarnos de los demás. Aunque cree que la fe, el amor de Dios, o lo que los creyentes sienten por Dios, es otra cosa. Se da cuenta de que aunque la religión está pasada de moda, lo que ha hecho es dimitir de su función decorativa, ricamente recompensada. Porque “aunque los lugares de culto se estén quedando rápidamente vacíos, la fe, en sus múltiples formas, vive todavía”.

Para el escritor de este libro –publicado por la editorial  Milenio  de Lleida–, “toda religión es creación del hombre, y por lo tanto no nos dice nada acerca de la verdad”.  Pero Jesús no se presenta como el fundador de una religión, sino como el Camino, la Verdad y la Vida  ( Juan 14:6 ). La Vida, por lo tanto, no se puede basar en la sinceridad –como dice Hendricx–, que es la conclusión a la que llega Cohen en su búsqueda de la verdad. Ya que uno puede estar sinceramente equivocado. La verdad no está en una religión, sino en Aquel cuya verdad nos hace verdaderamente libres ( Jn. 8:32 ). Libres, hasta de nosotros mismos…

 “Conocer el propósito y significado de la existencia es algo fuera de nuestro alcance”, dice Cohen. En ese sentido, como él dice, es algo “inalcanzable”. La respuesta está por lo tanto fuera de nosotros, en Aquel que nos ha creado, en el Señor y dador de la vida. Tan interesado en su Creación, que se ha hecho hombre. Ha conocido todas nuestras necesidades y se ha identificado con nuestras contradicciones. Por eso podemos venir ante Él tal y como somos, para, como Cohen, decirle sinceramente:

 Soy un pecador, pero amo a Jesús.
 Estoy corrompido, pero en estos momentos,
 cuando me encuentro contra la pared,
 la oración es la única salida.
( Oraciones: Una colección de 50 salmos )

 Yo creo que Dios se complace en responder tales oraciones…

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011


José de Segovia Barrón
Una película narra los años de adolescencia de John Lennon, el beatle que tuvo más relación con el cristianismo.

7 de junio de 2011

 En  Nowhere Boy  ( Chico de ninguna parte ), la directora londinense Sam Taylor-Wood lleva a la pantalla la desorientación de este joven atormentado, que lucha por encontrarse a sí mismo. A partir del libro de su hermanastra, el artista encarnado por Aaron Johnson busca su lugar en el mundo, en medio de una familia desestructurada. Kristin Scott Thomas interpreta a la religiosa tía Mimi, que hace que Lennon vaya cuatro días a la semana a la iglesia.Escribo este artículo en Italia, donde estoy en una conferencia sobre la teología en el sur de Europa, convocada por Paul Wells, decano de la Facultad de Aix-en-Provence en Francia. Wells se crió a pocas calles de la casa donde vivía el músico con su tía Mimi, en el depauperado Liverpool de los años cincuenta. Su colega  Peter Jones –ahora profesor de Nuevo Testamento en Westminster, Filadelfía– era compañero de clase de Lennon. Y aunque Paul es más  dylaniano  que  beatlemano,  me cuenta algunos de sus recuerdos de aquellos años… EDUCACIÓN RELIGIOSA
 Lennon nunca tuvo miedo de hablar de su educación religiosa.  “Señor Lennon” –le preguntó un periodista en una rueda de prensa en Chicago– “¿son todos los Beatles cristianos? Tras una breve pausa, John comenzó a hablar: “Todos crecimos…”. Cuando de repente cambió la frase, para referirse sólo a sí mismo: “No soy un cristiano practicante, como me educaron, pero no tengo ideas que no sean cristianas”.Es como si Lennon estuviera a punto de decir que “crecieron como cristianos” o “en la iglesia”, cuando se dio cuentaque aunque los cuatro Beatles habían sido bautizados de niños –él y Ringo como anglicanos, Paul y George como católicos–,  sólo él podía decir que había “crecido” en la iglesia.  Días después de esas declaraciones, John le dijo a Leroy Aarons del Washington Post que su educación fue la “normal en la Iglesia de Inglaterra, yendo a la escuela dominical y a la iglesia”.
El resto de los  Beatles  tuvieron periodos de contacto con la religión organizada, pero no tuvieron presión familiar alguna para seguir el camino cristiano.  Paul y George  eran hijos de católicos, casados con agnósticos de origen protestante. Se criaron en casas donde la religión no tenía ninguna importancia. Sus padres eran trabajadores del norte de Inglaterra, que veían la Iglesia como un instrumento de poder de los ricos.

La madre de  Ringo  perteneció sin embargo un tiempo a la Orden de Orange, una organización protestante que tiene todavía mucha influencia en Irlanda del norte, pero que Paul Wells me comenta que era muy fuerte entonces en Liverpool. La iglesia anglicana, donde iba Ringo a la escuela dominical (St. Silas en la calle High Park de Toxteth Park), era de orientación evangélica (el edificio se demolió, cuando cerró en 1952). Aunque “iba allí, porque era un sitio donde podía jugar con bloques y pintar” dice Ringo –que se unió luego al coro de la iglesia, porque “pagaban bien”–.

Aunque varió su educación religiosa, todos perdieron el interés en la iglesia al llegar a la adolescencia. Ninguno de sus padres era particularmente religioso. Creían que la iglesia era para la gente mayor (que necesita consuelo), mujeres (que buscan ayuda emocional) y niños (que necesitan dirección). John se muestra sin embargo particularmente irritado, cuando habla de religión. Ya que él pasó más tiempo en la iglesia que ningún otro  Beatle .

 Una de las primeras cosas que Lennon hizo cuando estaba “aclarándose sobre Dios” –como lo describió después–, fue investigar el cristianismo en que había sido educado. Habla de meditar como “adorar en tu propio templo interior” y  leyó la Biblia toda su vida.   “Crecí como cristiano” –dice poco antes de su muerte, en 1980–, “pero sólo ahora entiendo algunas de las cosas que Cristo decía en las parábolas”.

 La figura de Jesús aparece una y otra vez en el pensamiento de Lennon. “Veía la Biblia como un drama simbólico universal, que se representa cada día delante de nuestros ojos” –dice Frederic Seaman, su asistente personal a finales de los años setenta–. “En particular a John le fascinaba la vida de Jesucristo”. Es como si no pudiera librarse de su influencia, a pesar de ser agnóstico. Volvía a él, una y otra vez…

 FAMILIA DESESTRUCTURADA
 Lennon es sin duda quien más influencia religiosa tuvo. Su abuelo era un católico irlandés que se casó con una chica de Liverpool. Tenía incluso un hermano cura, aunque  el padre de John es bautizado en la Iglesia anglicana , a pesar de que ninguno de su familia iba ya a la iglesia.

 La familia de la madre era muy protestante. Su abuelo era de la tradición metodista calvinista de Gales. Al casarse sin embargo su hija con alguien que no iba a la iglesia, la moral de la madre ya no está determinada por la fe. Tras ser abandonada por su marido vive con varios hombres. Su hermana Mimi le ofrece entonces cuidar de John. Ya que considera que no es una buena educación para él, vivir con una pareja que no está casada. La madre muere en un accidente, al ser atropellada por un conductor borracho, cuando John es todavía adolescente.

 Si la madre de Lennon era moderna y liberal, la tía con la que vive es todo lo contrario. Mimi era anticuada y estricta. Su religión no se basaba sin embargo en la prohibición del alcohol o las diversiones –bebía ginebra y jugaba al  bridge –, sino en las aspiraciones sociales de alguien que quería pertenecer a una clase media, donde la cultura y la religión jugaban un papel importante. La iglesia anglicana de St. Peter en Woolton –donde Mimi lleva a John–, representa la decencia y corrección que Lennon va a rechazar finalmente.

 LA IGLESIA DE LENNON
 La respetabilidad que el cristianismo significa para John fue unida siempre a la experiencia de haber estado yendo cuatro días a la semana a la iglesia, que era el centro de su vida adolescente. Allí conoce a su primera novia, los futuros miembros de Quarrymen , su primer manager y el amigo de Paul McCartney, Ivan Vaughan. Era la congregación donde iba el obispo de Liverpool. No era particularmente evangélica, pero tampoco anglo-católica. Era la típica iglesia anglicana de aquella época.

En un campo delante de la iglesia de Lennon, actuaron los  Quarrymen  el verano de 1957. Allí estaba la tumba de Eleanor Rigby, que inspiró la famosa canción de los  Beatles.  Y en el salón de la iglesia se encontraron John y Paul por primera vez, después de la actuación de los Quarrymen.  El pastor era un galés soltero, Pryce Jones, que estudió teología en Londres y era más valorado por su capacidad para levantar fondos que por su dones de predicación. Era un gran organizador, cuya motivación había convertido la iglesia en el centro de la vida de Woolton.  El grupo de jóvenes de la iglesia de Lennon tenía como 170 miembros, cuando John se incorporó a los 15 años.  Para la escuela dominical se reunían en varias salas de la iglesia. Seguían las  Notas Diarias  de la  Unión Bíblica . “Nos sentábamos y comentábamos el texto del día”, dice David Ashton, que se solía poner al lado de John en el coro. “Hablábamos de lo que significaban las Escrituras”.

 El problema es que la mayoría de aquellos chicos asistían porque eso es lo que querían los padres. Las doctrinas cristianas eran algo abstractas para ellos. Lo que les gustaba era estar con sus amigos.  “Ninguno de nosotros era profundamente religioso”, dice otro de aquellos jóvenes, Rod Davis. El director musical de la iglesia, Eric Humpriss, era de hecho ateo. Le encantaba la música religiosa, pero cuestionaba doctrinas cristianas fundamentales. “Pienso que John puede haber sido influenciado por algunas de sus ideas”, dice Ashton.

Para tener una idea de lo vacío y aburrido de los sermones de Pryce Jones, basta leer sus meditaciones en el boletín mensual de la iglesia. En octubre de 1950, el pastor escribe sobre “el deterioro del carácter, la conducta y las normas, de las que tantos se quejan”. Se lamenta que “hay una grave falta de sentido acerca de por qué no se debe tomar una determinada acción, si nos da placer, aunque no sea moralmente, particularmente respetable”.

Es a esa fe moralista, que John es confirmado “voluntariamente” a los 15 años, dijo Mimi al primer biógrafo de los Beatles, Hunter Davies. Para eso siguió unas clases con el pastor, que seguía el catecismo bastante libremente. Su frase favorita, recuerda David Ashton, era que “el mundo era como un libro ilustrado que nos enseña el amor de Dios”. Le preocupaba más enseñar a los chicos cómo juntar las manos al recibir el pan en la comunión, que entender la doctrina cristiana.

Al llegar así a formar parte de la iglesia, iba a unas clases bíblicas que se daban en una capilla lateral del edificio. Las daba un hombre llamado Jack, “que realmente creía en Dios”, dice Ashton. Aunque en un ensayo que hace a principios de los años cincuenta sobre Feuerbach, John dice ya que la religión es una proyección de la naturaleza humana. Sin embargo, él había tenido algunas experiencias místicas de niño. Esas alucinaciones le llevaron a pensar que tenía un don especial. Ese es el trasfondo de  Strawberry Fields Forever , aunque escoge el hogar infantil del  Ejército de Salvación  en Woolton, como si fuera el lugar donde tuvo esa experiencia.

 EL ROCK COMO RELIGIÓN
 Las dudas de Lennon sobre la religión que conoció, se unen así a su particular misticismo en una combinación típica de  El evangelio según los Beatles,  que explica Steve Turner en su interesante libro. “La gente tiene la imagen de que yo soy anticristiano o antirreligioso, pero no es así en absoluto” –dice John en 1980–. “Soy una persona muy religiosa, desde luego que no soy ateo”.

Igual que muchos de su generación, John y sus amigos no tuvieron una crisis de fe, que les hizo abandonar la Iglesia. Simplemente se alejaron de ella, llenando su vida de otras actividades.  En ese sentido, la aparición de la televisión en los años cincuenta vació más iglesias en Inglaterra que las obras completas de Darwin, Nietzsche, Freud y Bertrand Russell.

Para Ashton, fue al comenzar a trabajar, cuando rompe con la iglesia. Para Davis, el día que su padre le compró un coche. Para otros amigos de Lennon, fueron las chicas, las que se volvieron más interesantes que las historias de la Biblia. Y para John, fue sin duda el  rock´n´roll  lo que llegó a su corazón. “Cuando lo oí y me metí en ello, descubrí que eso era la vida” –dice Lennon–. “No hay otra cosa”, recuerda en 1975.

 El rock les lleva de Liverpool a Hamburgo. Allí “fuimos bautizados”, dice McCartney en 1997. Su música produce una verdadera conversión.  Ocurrió en 1956, cuando John escucha a Elvis en  Radio Luxemburgo , cantando  Heartbreak Hotel . No había visto nunca su foto, ni sabía de dónde venía esa música. Su tío George acaba de morir de una hemorragia, tras caerse de una escalera. Tenía sólo 52 años. John estaba de vacaciones en Escocia. Y al volver a casa, su tía le dio la noticia. La soledad de la que cantaba Elvis, por ese amor perdido, conmovió a Lennon.

“Nada ocurría en la iglesia”, dice John. Elvis, “es lo que estaba pasando”. En la iglesia, “nada realmente nos tocaba”. El  rock´n´roll  era “lo único que me llegaba”, recuerda. Si en la iglesia se hablaba de cosas abstractas, “el  rock´n´roll  era real”. Si en la iglesia se insistía en la necesidad de controlar nuestra mente para dominar el cuerpo, “el  rock´n´roll  unía mente y cuerpo por la música”.

 Elvis transformó la vida de John de una forma que la religión no pudo hacerlo. “Era mayor que la religión en mi vida”, dice. “Yo adoraba a Elvis, como la gente adoró a los Beatles”. Y cuando su cabeza se llenó de música, dejó de ir a las clases bíblicas de Gibbons.  Se acabó su relación con la iglesia de St. Peter. Otro afecto llenó el vacío de una religión moralista, que nada tenía que ofrecer para un espíritu inquieto como el de John. Un nuevo ídolo ocupó su corazón.

 DIOS Y LOS ÍDOLOS
Es imposible entender la cultura sin discernir sus ídolos. La idolatría no es simplemente una forma de culto ritual, sino una sensibilidad y modo de vida basado en valores finitos, haciendo de las cosas creadas absolutos divinos.  Todos creemos, confiamos y admiramos a algo o a alguien. La Biblia nos llama por lo tanto a volver de los ídolos a Dios porque hemos “cambiado la verdad de Dios por una mentira, y adorado y servido a cosas creadas, en vez de al Creador”  ( Romanos 1:25 ).

¿Qué es lo que realmente esperas de la vida?, ¿en quién o en qué buscas estabilidad, seguridad y aceptación?, ¿dónde está realmente tu felicidad? Tu respuesta te revelará el ídolo oculto de tu corazón. La idolatría es fuente de todos los males que hay en nuestra vida, pero ¿cómo podemos ser libres de ella? El moralismo y la presión social o familiar es incapaz de librarnos de ella, como demuestra la vida de Lennon.

“La única forma de desposeer al corazón de un viejo afecto es por el poder expulsador de uno nuevo”, dice el predicador escocés del siglo XIX, Thomas Chalmers, co-fundador de la  Alianza Evangélica. Es apreciando, gozando y descansando en lo que Jesús ha hecho por nosotros, que encontramos verdadera liberación. El creyente es llamado por eso a “poner la mente y el corazón en las cosas de arriba”, allí donde está “tu vida escondida con Cristo en Dios” ( Colosenses 3:1-3 ).

 Jesús tiene que ser más atractivo en tu corazón y maravilloso para tu imaginación, que el ídolo al que sirves. “Prueba el amor de Aquel que es mayor que el mundo”–dice Chalmers–, “intentando por todo medio legítimo que tenga acceso a tu corazón”. Cuando Cristo se convierte en algo más importante que la vida misma, has descubierto el bien supremo del Evangelio, que es contemplar y deleitarse en la belleza y valor de Dios, que llamamos su gloria.

 ¡Imagina!, ¡imagina que hay un Cielo!, cuya satisfacción puede colmar todas las frustraciones de la vida. Pues allí donde está Dios, allí está el Cielo…

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011

Muerte en Venecia

Publicado: junio 1, 2011 en Arte

José de Segovia Barrón
Muerte en Venecia
Venecia es una hermosa ciudad, pero produce también una extraña melancolía, relacionada a menudo con la muerte.

31 de mayo de 2011

El artista flamenco Jan Fabre expone estos días en la  Bienal su particular visión de la Piedad de Miguel Ángel, con una calavera en el rostro de María y la figura del escultor en lugar de Jesús –ya que él ha estado dos veces en coma–. En su obsesión por la muerte, estrena ahora también en el  Festival de Otoño en Primavera  de Madrid, su obra  Preparatio Mortis,  mientras presenta su Piedad  en la Escuela de Santa María de la Misericordia de Venecia –donde estoy para una conferencia de teólogos evangélicos del sur de Europa–.El viento agita estos días las góndolas amarradas en el embarcadero de San Marcos, mientras la ciudad se dispone a dejar su paisaje invernal, para recibir los miles de turistas que llegan durante la época veraniega. Un cielo nublado acompaña el recorrido del  vaporetto  hasta la isla de San Michele, donde veo las tumbas de tantos artistas que fueron aquí enterrados. En este lugar acabaron sus vidas músicos como Wagner o Stravinsky, poetas como Pound y Brodsky, o bailarines como Diaghilev. ´ Es inevitable no pensar en la muerte en Venecia, sin el fondo del  adagietto  de la quinta sinfonía de Mahler, que acompaña la película de Visconti. El escritor enfermo de la obra de Mann se convierte en el músico, cuya muerte ahora recordamos. Ya que es su centenario –murió el día que nací yo, el 18 de junio, pero de 1911–. Su vida agonizante se revuelve en el conflicto entre la pasión y la razón, con una belleza perturbadora que nos cautiva, en la desolación de este hombre patético, atormentado por el dolor y dominado por el fracaso.

La figura del personaje interpretado por Dirk Bogarde en la película de 1971, languideciendo en la playa de  Lido,  mientras la figura de su adorado Tadzio aparece en el agua con la mano extendida, es algo que no se olvida fácilmente. Su historia se desarrolla en una Venecia rodeada de niebla, que está siendo asolada por una misteriosa plaga de cólera en 1911.  En una terrorífica escena, un barbero recrea la cara de Aschenbach en una grotesca parodia de juventud, que se convierte en una ominosa máscara mortuoria. Algo parecido ocurre cuando te acercas a la  Piedad de Fabre.

 MEMENTO MORI
 Cuando entras en el templo de la escuela donde se expone la obra de Fabre, tienes que ponerte unas pantuflas, para mantener el silencio que exige el artista. Una vez dentro, en la planta del salón hay cuatro enormes cerebros de los que salen cruces, representando diferentes creencias, hasta topar con  la Piedad calavérica . Una especie de capullos de mariposas circundan las esculturas. Todas ellas hechas de mármol de Carrara “de las mismas canteras que utilizó Miguel Ángel” –dice Fabre–, “tan blanco que se parece a la leche materna”.Su interpretación de la imagen religiosa –asegura el artista–, “no busca provocar o herir”. Sigue la tradición de la pintura flamenca, que combina con el arte italiano, para representar el memento mori,  “la mortalidad ineludible del ser humano”. Para el escultor, “vivimos en una sociedad en la que tenemos que ser jóvenes, dinámicos y productivos, pero la muerte se encuentra precisamente en las antípodas de ese  proyecto  de existencia”. Es algo que se esconde, porque “no es bueno para el negocio”. Ya que según él, “no tenemos una crisis económica, sino espiritual”.El creador, nacido en Amberes en 1958, recuerda todavía cuando era niño y murió su abuela. Su cuerpo fue velado durante una semana en una habitación, donde venían amigos de todas partes a despedirse de ella. Tras estar dos veces en coma –una vez, nueve días, y la otra, cinco–, Fabre dice: “la idea de la muerte siempre me acecha”. Y te hace “mirar la vida como algo diferente”. Ahora quiere “que el espectador abra su mente y que piense un poco en la carencia de espiritualidad que tenemos ahora en nuestra sociedad”.

Este es el tema también de su última obra de teatro, una coreografía que preparó para el cumpleaños de su compañera –la bailarina Annabel Chambon–, que ahora se estrena en Madrid. Es una  danza de la muerte , que sigue como “un ritual del alma individual, como una flor que sale a la vida, y luego vuelve adentro”. Nace desde un sarcófago y después fallece. Es “una alegoría sobre la espiritualidad del ser humano y su preparación ante la muerte”. AMENAZA EN LA SOMBRA
 Como suelo hacer siempre que estoy de viaje, aprovecho las noches para ver en mi portátil algunas de las muchas películas que se han hecho en esta ciudad. Me ha impresionado sobre todo la inquietante  Amenaza en la sombra  ( Don´t Look Now ) de Nicolas Roeg.  Este film de 1973 transmite poderosamente la perturbación del matrimonio protagonista del relato de Daphne du Maurier –la autora de  Rebeca  y  Los pájaros –, que ha perdido a su hija, e intenta recuperar el rumbo de su vida en una laberíntica Venecia.La visión oscura e invernal de la película –protagonizada por Donald Sutherland y Julie Christie–, te lleva a una tensión sobrecogedora, que intento recuperar recorriendo las callejuelas donde se rodó. El fallecimiento por meningitis de su hija en la historia original se convierte en un terrorífico accidente, por el que la niña se ahoga mientras juega. El agua y la caída se convierten en un motivo recurrente en este cuadro impresionista, donde la fragmentación del montaje y las identificaciones equivocadas producen la confusión que acompaña la vida con el paso del tiempo.

Los elementos sobrenaturales de esta historia hacen de la muerte una realidad anunciada. El misterioso personaje del obispo que ha encargado la obra de restauración de la iglesia que ahora visito, es tan inquietante como la anciana ciega que pretende ver a la niña y advierte al arquitecto del peligro en que se encuentra. Cuando el religioso le pregunta a su esposa si es creyente, ella le dice que no sabe. El obispo comenta entonces crípticamente: “Hemos dejado de escuchar a Dios”. Lo que queda, sin embargo, es la tragedia del dolor de una pérdida inesperada. Puesto que la muerte anunciada nunca parece ser la nuestra. PIEDAD COMPASIVA
 “Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo”, escribió C. S. Lewis al comienzo de  Una pena observada.  Las meditaciones de este conocido pensador cristiano, ante la muerte de su esposa, siguen siendo uno de los testimonios más honestos sobre la perplejidad del duelo. “Gran parte de una desgracia cualquiera consiste, por así decirlo, en la sombra de la desgracia, en la reflexión sobre ella” –observa Lewis–. “Es decir en el hecho de que no se limite uno a sufrir, sino que se vea obligado a considerar el hecho de que sufre”. “Jesucristo fue un hombre muy compasivo”, dice Fabre. Es para él, de hecho “el modelo de la compasión y de la empatía”. Su  Piedad ,sin embargo, “trae a escena los verdaderos sentimientos de una madre que querría cambiarse por su hijo muerto”. ¿Dónde está Dios en medio de la confusión y el dolor de la pérdida? Lewis contesta que ante ella, uno “necesita a Jesucristo y no a nada que se le parezca”.

Es Él quien se conmovió ante la pérdida de su amigo Lázaro. “Jesús lloró” ( Juan 11:35 ), dice el versículo más breve de la Biblia. Los que veían el dolor que sufría ante su ausencia, decían: “Mirad cómo le amaba” ( v. 36 ). Algunos se preguntan si no podía haber hecho que Lázaro no muriera ( v. 37 ), pero Jesús está “profundamente conmovido” ( v. 38 ). Cristo nos muestra a un Dios que se compadece.

LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA
 Fabre dice que Jesús nos muestra el primer cuerpo de la historia del arte. La esperanza cristiana es tremendamente física. No hay otra visión como la de Cristo de la vida después de la muerte: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente ( Juan 11:25-26 ). Es Él quien “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” ( 2  Timoteo 1:10 ). Su resurrección no es un renacimiento espiritual, sino una vuelta a la vida en un sentido físico. Nuestra esperanza no está en el mensaje de la resurrección, sino en el hecho mismo de que su cuerpo se levantó de los muertos. Por eso, ante el dolor y la confusión de Job, podemos decir con él: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo… Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” ( 19:25-26 )A veces sentimos una extraña ambivalencia ante la muerte. Es un hecho que nos deja perplejos, porque anhelamos la inmortalidad y la vida. Tenemos una vocación de permanencia. Pero por otro lado, deseamos que la muerte ponga punto final a nuestra existencia. Nos sentimos fracasados y experimentamos un desapego ante la vida, que viene de la mala conciencia de saber que no estamos preparados para la eternidad.

 Nuestra esperanza no está sin embargo en nuestra buena vida, sino en la confesión de Marta ante la pregunta de Jesús: “¿Crees esto?” Ella responde: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que ha venido al mundo” ( Juan 11:27 ). El ha venido a salvar lo que se había perdido. En su piedad “limpiará toda lágrima” de nuestros ojos. Porque “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” ( Apocalipsis 21:4 ). El es la vida que necesitamos.

Autores: José de Segovia Barrón

© Protestante Digital 2011


Rosa de Lutero
La "rosa", un distintivo de la teología luterana. Se compone de cinco elementos: la cruz negra, el
corazón rojo, los cinco pétalos blancos, el fondo azul y el anillo dorado. Cada parte tiene su significado:
1.La cruz negra, al centro del emblema recuerda que en Jesús, Dios viene a nuestro encuentro
sacrificando su vida y venciendo el poder de la muerte en nuestro favor. Para que todo aquel que cree
en él, no muera sino tenga vida eterna (Juan 3.16). La cruz negra, envuelta por el corazón rojo,
significa que Cristo es el centro de la vida de la comunidad y de la Iglesia. El es el mas importante. A
partir de El todas las otras cosas y personas reciben su debido lugar y su valor.
2.El corazón nos hace recordar que es por la fe que somos justificados. El color rojo es símbolo del
amor que se dona y reparte. Así como Cristo nos amó, también los suyos se aman unos a los otros.
Así como Cristo sirve a los suyos, ellos se sirven unos a los otros, cada cual conforme al don que
recibió (Gl. 6.2). Seguimos al crucificado, confiando que la cruz no trae muerte sino nos mantiene
vivos.
3.Los cinco pétalos blancos señalan que por la fe, que actúa en favor de la justicia y de la paz,
tenemos alegría, consuelo y paz de Dios para con nosotros mismos y para con los unos y otros. Eso
es lo que el color blanco simboliza.
4.El color azul recuerda el cielo e inspira a la fidelidad a Dios. En Cristo el vino a salvarnos y a unirnos
en comunidad. Cristo reina desde la Ascensión. A partir de Pentecostés el crea, envía y guía a su
Iglesia y, yendo delante de ella, le abre el camino. Esa es la base de nuestra esperanza.
5.El anillo dorado recuerda el oro, metal mas preciado. Simboliza todo lo que Dios nos otorga por fe,
en forma de señales: perdón, comunión, esperanza, sentido de vida, opción en el día a día. Apunta
también a lo que nos será otorgado en la eternidad: alegría sin fin, satisfacción de todas las
necesidades y deseos. Entonces veremos cara a cara, a aquel en quien hemos creído.
Ya que la rosa fue creada de manera bella y ordenada, también la iglesia está motivada a
invertir creativamente en la confección de su plan misionero. Inspirada por el símbolo de la
rosa de Lutero, la comunidad elaborará un planeamiento deductivo e participativo de la misión.
Partiendo del centro, su forma en círculos se asemeja a anillos subsecuentes, como aquellos
provocados en la superficie de un lago cuando se lanza una piedra.
La cruz de Cristo es el punto de partida de toda y cualquier misión de la Iglesia, y con la fuerza de la
propia cruz, la misión se expande hasta los confines de la tierra
Fotografía: Samuel Nieva 
Cámara: NikonD90 
Lente: Nikkor zoom 70-300mm