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La tiranía del poder del dragón

Publicado: enero 31, 2015 en Bíblia, Teología

Todo régimen basado en la fuerza bruta es una bestialidad, al servicio del dragón (Apocalipsis 13:1-4)

dragón

La mención de los diez cuernos, las diademas y los nombres blasfemos nos introduce en un tema que reaparecerá a través de este capítulo: el imperio romano, y todas las bestias parecidas hasta el final de la historia, no se basan en valores morales ni en la razón sino en la fuerza bruta y ciega.[1]

Ese poder imperialista se vuelve aparentemente infinito por la muerte y la resurrección que parodian las del Cordero (13:3). Tal despliegue de poder, que expresa su fuerza irresistible, fascina al mundo entero y los lleva a seguir a la bestia y rendirle culto.

La razón de esa idolatría no es la verdad ni la belleza ni el bien, sino precisamente el poder: “¿Quién como la bestia? ¿Quién puede combatirla?” (13:4). Esta adoración consiste en postrarse ante el poder absoluto de la bestia.[2]

Pablo Richard (1994:134) sugiere que juntos estos aspectos –cuernos, cabezas, diademas, blasfemias– todos describen la complejidad del aparato de dominación del imperio romano (cf. Mounce 1998:245; Osborne 2002:490).

Históricamente, es claro que el imperio romano se basaba en la fuerza bruta, e igual también los imperialismos que le han seguido a través de los siglos, hasta hoy.

Desde Babel (Babilonia), el imperialismo se ha basado en la sujeción por la prepotencia. Y como su dominio total e universal lo lleva a reclamar un poder absoluto, el imperialismo siempre tiende hacia la idolatría.

En su análisis de Apocalipsis 13, Wikenhauser (1981:166) señala también que todos estos detalles son símbolos de poder, porque el poder es la esencia misma de la bestia.

La omnipotencia, sugiere Wilcock (1986:123), es el atributo divino que más envidia y apetece Satanás (cf. Koester 2001:125). Dagoberto Ramírez, en “La idolatría del poder” (RIBLA #4 1989:109-126), analiza con agudeza penetrante esta obsesión con el poder en la dinámica del imperialismo:

Este poder Imperial, para sostenerse, necesitaba alimentarse con más poder, y conseguir la adhesión incondicional de la gente. Es así como apela al recurso religioso de la divinización del imperio… A la gente común no le queda más remedio que someterse y adorar al Poder Imperial, rendirle culto, o morir acusado de ser “ateos”… (p.116)

El poder sólo se alimenta de más poder, y en cuanto más poder alcanza, más despótica es su actuación porque se sustenta en la sumisión total, absoluta e incondicional de sus súbditos…

El poder absoluto es entonces anti-evangélico, porque el único poder pertenece a Dios. El poder de Dios se expresa en la capacidad de engendrar vida, vida eterna y combatir la muerte (Juan 10:10,11).

Por el contrario, el poder absoluto en manos del hombre conduce a la muerte; el uso abusivo del poder genera violencia y la violencia conduce a la muerte.

La violencia ejercida como manera de mantener el poder o ampliarlo genera muerte en todas direcciones. Es decir, no sólo muere la víctima agredida sino que también muere el agresor y la comunidad humana… (p. 121)

El poder despótico genera muerte, violencia y también miedo o temor.

El texto de Apocalipsis 13 se refiere varias veces al poder seductor que ejerce el poder absoluto sobre las gentes… (5 veces en el texto 4,8,12 y 15)… Es decir, todas las gentes han caído bajo el poder seductor del Imperio, pero a causa del miedo que se produce en ellos ante el peligro de perder la vida. No se trata entonces de una adoración que emana de la gratitud sino del miedo a la muerte… (p.122).

Contra esa idolatría del poder y esa patología de la fuerza bruta, el Apocalipsis ofrece, como hemos visto en varias ocasiones, una teología bíblica de la política, del poder, de la justicia y de Shalom. Para la fe judeocristiana, Dios mismo es la única fuente de poder legítimo (Beale 1999:695), el que da a las autoridades su trono y su corona (Ap 4:4,9-11).

El Cordero recibe el misterioso rollo (el futuro, la historia) de manos de Aquel que está sentado en el trono (5:7).

El León de Judá vence a todas las bestias habidas y por haber, pero vence como Cordero inmolado y resucitado (5:5-6).

 

 

[1] Osborne (2002:490) sugiere que la posición anormal de las diademas (dominio, autoridad) sobre los cuernos (fuerza) significa que el imperio se basa en el poderío militar. Charlier (1993:253) distingue el énfasis en 12 sobre la pretensión de soberanía absoluta que caracteriza al dragón, y la dependencia de la fuerza brutal opresora de la bestia (Ap 13).

[2] Como señala Prévost (1987:112), en los capítulos 13 y 17 la bestia reivindica su autoridad nada menos que siete veces, lo que deja clara la centralidad en este relato del tema “poder” y de la legitimación de la autoridad impositiva.

 

http://protestantedigital.com/magacin/35085/La_tirania_del_poder_del_dragon

La nueva vida en el Evangelio de Marcos

Publicado: enero 24, 2015 en Bíblia

El significado del Reino: vidas nuevas (Marcos 1: 16-20)

barca, orilla

Tras señalar el contenido de la predicación inicial de Jesús, Marcos nos conduce inmediatamente al significado del Reino en lo que resta del capítulo 1. Por encima de todo, el Reino significa nuevas vidas porque se produce, por así decirlo, un cambio de lealtades que implica reconocer a Dios como soberano rey y seguir a su mesías-siervo.

 

No deja de ser significativo que Marcos coloque este primer episodio en un contexto que Pedro y los primeros discípulos conocieron muy bien, el de los pescadores.

En aquella época, en el mar o lago de Galilea faenaban unos trescientos cincuenta barcos de tamaño más o menos semejante. Era lógico porque la dieta de los galileos de la zona era, fundamentalmente, pescado. La carne era prohibitiva salvo para algunas fiestas y otros exquisiteces ni siquiera podían plantearse.

La presencia del pescado en la vida cotidiana era tan grande que incluso se reflejaba en los topónimos de la zona. Betsaida significa, por ejemplo, casa del pescado y Tariquea no es otra cosa que el lugar del pescado seco.

La gente se ganaba la vida valiéndose de dos clases de redes, la conocida como saguene que era una especie de red que se lanzaba y arrastraba y el amfibléston que era una red más pequeña, como un paraguas, que se lanzaba al agua y se recogía. Ambas formas de pesca pueden observarse todavía en el mar de Galilea.

Las personas a las que se acercó Jesús eran gente común y corriente. No suele ser habitual esa conducta. Las autoridades religiosas gustan de alternar con políticos y reyes; existen movimientos religiosos que desde sus inicios se han dedicado a la captación de gente de relevancia y es más que sabido cómo la caza de fortunas o simplemente de herencias ha sido siempre un objetivo privilegiado de los dirigentes religiosos. No hay nada de eso en Jesús y queda claro en este primer relato.

A decir verdad, da la sensación de que nadie ha querido tanto a la gente común y corriente, aunque fueran enfermos o pecadores, como Jesús.

Como era de esperar, Jesús se encontró a aquellas gentes trabajando -no es lo que uno espera de las castas privilegiadas, pero parece lo más razonable en los que han de mantenerse a si y a sus familias– y les ofreció una nueva vida diferente a la que habían tenido hasta entonces.

 

Esa nueva vida giraría en torno a dos circunstancias:

1. Una relación personal: Jesús no invitó a la gente a formar parte de un club religioso, a afiliarse a una confesión religiosa o a constituir una asociación espiritual. Jesús invitó a la gente a mantener una relación personal con él, a seguirlo.

No se trataba de entrar en un colectivo donde alguien que pretendiera representarlo marcara las pautas. Se trataba más bien de vivir en una relación íntima con él, la que sólo se puede tener cuando se le sigue. Donde no existe esa relación personal puede haber ritos, ceremonias y dogmas, pero no hay cristianismo.

2. Una tarea: la segunda circunstancia es que esa nueva vida iniciada mediante una relación personal con Jesús contaría con una tarea, la de pescar hombres para el Reino. Hasta entonces, aquellos pescadores habían llevado una vida normal: levantarse, trabajar, ganar algo de dinero, llevarlo a casa, comer… Muchas cosas no iban a cambiar, de hecho, seguirían siendo pescadores, pero el énfasis de su existencia sería otro porque su meta sería otra.

La vida del Reino no era un llamamiento a una existencia cómoda –no tardarían en comprobarlo– sino a invertir toda la vida en el Reino siguiendo al mesías-siervo y, como él, pescando a otras personas para ese Reino.

 

Si alguien ha pasado por esa experiencia, como aquellos pescadores, seguramente será consciente de que ha dado los primeros pasos en el Reino, pero si no ha sido así… si no ha sido así, todavía está a tiempo de reorientar su existencia basándola en una relación personal con Jesús porque el tiempo se ha cumplido, el Reino se ha acercado, la conversión es posible y el ofrecimiento de creer en las Buenas Nuevas sigue vigente.

 

Continuará

 

http://protestantedigital.com/blogs/35015/La_nueva_vida_en_el_Evangelio_de_Marcos


Del año 90 dC

Se trata de un fragmento del Evangelio de Marcos, y lo han encontrado en una máscara de momia egipcia.

FUENTES Europa Press El Cairo
papiro, Evangelio
Papiro de texto del siglo II del Evangelio de Marcos

El papiro utilizado para crear la máscara de una momia en el antiguo Egipto parece contener la copia del evangelio más antigua hallada hasta ahora. Se trata de un fragmento del Evangelio de Marcos, que fue escrito durante el primer siglo, concretamente antes del año 90, según han señalado los expertos.

Aunque las momias de los faraones egipcios usaban máscaras hechas de oro, la gente común tenía que conformarse con máscaras hechas de papiro (o lino), pintura y pegamento.

Teniendo en cuenta lo caro que era en ese tiempo el papiro, a menudo para esta técnica se reutilizaban hojas sobre las que ya se había escrito.

En el caso de esta copia del Evangelio que acaba de encontrarse, los expertos la dataron mediante el análisis de los otros documentos que se encuentran en la misma máscara.

También se les realiza una datación por carbono 14. Esto les llevó a situarlo en el primer siglo, aproximadamente en el año 90 dC.

Los ejemplares más antiguos de textos de los Evangelios que se habían encontrado hasta ahora datan del siglo II (de los años 101 a 200).

UNA NUEVA TÉCNICA

Imagen de la máscara de momia investigada / Ep

En los últimos años los científicos han desarrollado una técnica que permite que el pegamento de las máscaras de momias se deshaga sin dañar la tinta sobre el papel. De esta manera, decenas de científicos y estudiosos están trabajando para descubrir textos antiguos. Los del Evangelio son uno de los textos más buscados.

«Estamos recuperando documentos antiguos de los primeros, segundos y tercer siglos. Documentos no sólo cristianos y bíblicos, sino textos griegos clásicos, comerciales, papeles mundanos o cartas personales», ha explicado uno de los responsables de este trabajo, Craig Evans.

DE MARCOS A HOMERO

En declaraciones a «LiveScience», Evans ha indicado que los documentos incluyen textos filosóficosy copias de las historias del poeta griego Homero, mientras que las cartas comerciales y personales, a veces, tienen fechas muy útiles para la investigación.

Sin embargo este trabajo tiene una desventaja, el proceso utilizado permite descubrir nuevos documentos, pero destruye la máscara de la momia, por lo que se ha generado un debate entre los científicos, acerca de si este sistema debe seguir utilizándose o no.

Pero Evans lo tiene claro, y ha destacado que estas máscaras que están siendo destruidas, revelan, a cambio, nuevos textos que aportan numerosos datos de la historia de la humanidad. «No estamos hablando de la destrucción de una pieza de gran valor de un museo», ha apuntado.

Además, ha precisado que los propietarios de las máscaras de momias conservan la propiedad de las hojas de papiro después de que se disuelva el pegamento en ellos.

http://protestantedigital.com/cultura/35050/Hallan_el_texto_de_Evangelio_mas_antiguo_del_mundo


El estudio bíblico manuscrito (*)

A Paul (in memoriam), Marylin y Barbara Byer.

biblia

Es casi universal la suposición que la Biblia siempre ha tenido capítulos y versículos. Lo anterior es un error, porque a las Escrituras se le adicionaron las herramientas mencionadas muchos siglos después de haber sido cerrado el canon.

Porciones de la Palabra fueron fijadas primero en piedra, como en el caso de los Diez Mandamientos (Éxodo 31:18 y 32:15). Más tarde otras secciones quedaron escritas en rollos de papiro o pergamino (Jeremías 36:1-2). El manuscrito conocido más remoto que se conoce del Antiguo Testamento es de “la cautividad babilónica en el 586 a. C. Está escrito sobre piel y en forma de rollo.[1]

 

ELPAPIRO Y EL PERGAMINO

El papiro procedía de una planta del mismo nombre, que se producía en Egipto, particularmente en el valle del Nilo. El uso más importante del papiro en Egipto fue la de ser soporte de escritura. La fabricación de este soporte se realizaba cortando solamente el tallo, se introducía primero en agua, después se le quitaba la corteza verde y se cortaba en tiras de 25 mm de ancho. Las tiras obtenidas se extendían en una superficie plana y se mojaban con agua del Nilo, sobre esta capa se ponía otra en sentido transversal y uniéndolas mediante presión se dejaban secar al sol. Se obtenía así una hoja compacta que se aplanaba con un martillo, se pulía y alisaba con un instrumento de marfil, después se cortaba para obtener hojas de un mismo formato, entre 12 y 13 cm de largo y de 22 a 33 cm de alto, finalmente las hojas se envolvían con forma de rollo y algunos se comercializaban.[2]

Durante el tiempo que fueron escritas las distintas secciones del Nuevo Testamento continuaba en uso escribir sobre rollos de papiro o pergamino. Este material se obtenía tratando las pieles de animales como ovejas, cabras, terneras, corderos y otros.[3] El pergamino debe su nombre a Pérgamo, el lugar donde se producían pieles para usarse como materiales de escritura. El pergamino surgió como una alternativa al papiro porque según Plinio el Viejo, el rey Tolomeo de Egipto, queriendo mantener secreta la producción de papiros para favorecer a su propia biblioteca de Alejandría, prohibió su exportación, lo que obligó a su rival, Eumenes, soberano de Pérgamo, a encontrar un material nuevo para los libros de su biblioteca. Si Plinio estaba en lo cierto, el edicto de Tolomeo llevó a la invención del pergamino en Pérgamo en el siglo II a. C., aunque los primeros ejemplares de los que tenemos noticia datan de un siglo antes.[4]

Fue en el siglo III a. C. cuando el pergamino comenzó a ser preferido para fijar en él la escritura de libros y otros documentos. Entre los judíos se usaban pieles, aunque no necesariamente procedentes de Pérgamo, desde el siglo VI a. C. para fijar sus escritos. Mientras los griegos y romanos prefirieron el uso de papiros, los judíos optaron por los pergaminos, “los manuscritos hallados en las cuevas de Qumrán son aquí preciosos testigos, presentándose la gran mayoría de ellos en pergamino”.[5] Los “entre 850 y 900 manuscritos o fragmentos fueron encontrados [en 1947] cerca de un wadi (un vado de un río) llamado Qumrán, a unos 15 kilómetros al sur de Jericó […] diseminados en once cuevas. […] una cuarta parte está formada por textos bíblicos”.[6]

Uno de los rollos encontrados en Qumrán contenía el libro del profeta Isaías, ésta copia, consideraron los expertos fue hecha en el siglo 1 d. C., y midió 25.4 centímetros de alto por 7 metros y 30 centímetros de largo. Por esto quien realizó la copia debió usar un rollo casi del doble de largo de los usualmente vendidos por quienes trabajaban las pieles hasta dejarlas listas para escribir sobre ellas.[7]

Cuando Jesús leyó una porción del profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4:16-20), es altamente seguro que lo hizo en un rollo de pergamino. Las sinagogas tenían un funcionario que era el “responsable por el mantenimiento del edificio, los rollos, etc.”.[8] El custodio debía proteger los rollos de las Escrituras a él confiados, tanto por su valor religioso como por el económico, dado que era muy alto el precio a pagar para obtener una copia de algún libro de lo que llamamos Antiguo Testamento.

 

EL CÓDICE

Los rollos de pergamino fueron paulatinamente sustituidos por otro material, el cual resultó de mejores cualidades para escribir en él, manejarlo y transportarlo: el códice. Éste fue una innovación de origen romano: “Entre los latinos, la palabra designaba un conjunto de tablillas que un bramante unía entre sí”.[9]

El códice estaba compuesto por hojas de papiro o pergamino y de cubiertas, delantera y trasera, para proteger lo contenido entre ellas. Las cubiertas eran de un material más grueso que las hojas, por ejemplo de madera. No es posible fechar con certeza la elaboración de los primeros códices, sin embargo es factible hacerse una idea de sus comienzos por la referencia que hace “Séneca (muerto en el 65)” cuando menciona que “el nombre caudex se daba entre los antiguos a un ensamblaje de varias tablillas”.[10] Las tablillas unidas por cordeles, serían sustituidas por hojas dando origen al precursor de lo que conocemos como libro.

El uso del códice iba a extenderse a los dominios romanos. Cabe la probabilidad de que algunos escritos primitivos cristianos hayan sido fijados en formato códice, o en un antecedente del mismo. Si no fue así, sino que esos escritos circularon en rollos, de todas maneras es posible afirmar que Pablo, por ejemplo, conocía el nuevo soporte de escritura que comenzaba a sustituir los rollos de papiro o pergamino. A la libreta de pergamino se daba el nombre de “membranae en latín y después membranai en griego. Éste es precursor inmediato del verdadero códice. Sin duda desde Roma su uso se difundió muy rápidamente, en el siglo I, hasta el Próximo Oriente. Éstos son los ‘cuadernos de pergamino’, llamados precisamente membranai, que Pablo de Tarso pide a Timoteo que le lleve”.[11] La solicitud se localiza en 2 Timoteo 3:14.

En el segundo siglo los cristianos fueron los principales difusores del formato códice, lo usaron para dar a conocer tanto copias de secciones de lo que sería el Nuevo Testamento como cartas de los líderes de comunidades y/o discípulos de la primera y segunda generación cristiana. Los escritos cristianos más antiguos que se han descubierto por arqueólogos del siglo XX son ejemplares de códices de papiro.[12] La porción más antigua que se conserva del Nuevo Testamento es “el llamado papiro P52, data aproximadamente del año 125, y contiene unos pocos versículos del capítulo 18 del Evangelio de Juan”.[13]

Un dato es revelador de la preferencia cristiana por el códice en lugar del rollo: “De los restos de libros griegos que pueden ser fechados antes del tercer siglo [a. C.], más del 98 por ciento son rollos, mientras que de los libros cristianos sobrevivientes del mismo periodo casi todos son códices”.[14] Tal vez las abrumadoras evidencias arqueológicas del uso cristiano de los códices fue lo que ha llevado a que algunos concluyan, erróneamente, que el códice debe su invención a los cristianos. No ocurrió así, lo que los cristianos hicieron fue potenciar un formato ya existente y, por decirlo de alguna manera, lo hicieron universal.

 

LA IGLESIA PRIMITIVA

Las cartas de Pablo fueron escritas en papiro.[15] El costo de producir cada una de ellas incluía, además del papiro, la tinta y pago al secretario. Aunque es difícil hacer una estimación precisa del costo de cada escrito en precios actuales, si a cada componente necesario para producir una de las epístolas paulinas se le valora en el salario laboral diario de aquellos tiempos, y se hace la equivalencia con sus similar en nuestros días, el resultado es que, por ejemplo, el costo de la Carta a los Colosenses sería de 502 dólares (en moneda mexicana 6 mil 565 pesos).[16]

Entre los motivos para reunirse que tenían las comunidades cristianas, uno de ellos era escuchar la lectura que en voz alta hacía algún integrante de una sección de lo que vino a ser el Nuevo Testamento. El alto costo de los escritos hacía imposible que se poseyera individualmente una copia de los evangelios o epístolas neotestamentarias. Además, eran pocos quienes estaban capacitados para leer esos escritos. Al respecto un investigador estima que “no hay una respuesta definitiva acerca del nivel de alfabetización de los primeros cristianos, pero no debió ser muy diferente a la del resto de las sociedades en la Antigüedad: una minoría letrada, nunca superior a 10 por ciento”.[17]

El códice favorecido por los cristianos terminó por transformarse en el formato preferido por la sociedad en general, de tal manera que “para el año 400, el rollo clásico se había abandonado casi por completo y la mayoría de los libros se producían como hojas agrupadas en un formato rectangular”.[18] En cuanto a la materia prima usada en los códices, “a partir del siglo IV, y hasta la aparición del papel en Italia ocho siglos después, el pergamino fue el material preferido en toda Europa para fabricar libros”.[19] La elaboración del papel fue originaria de China. Se atribuye su confección “al director de los talleres imperiales, Ts’ ai Lun, [quien] al principio del siglo II d. de C. tuvo la idea de fabricar una especie de pasta  delgada sacada de la corteza de la morena, del cáñamo y de material de desecho de tela o seda”.[20] El uso del papel se generalizó en Europa durante el siglo XII.

 

INTRODUCCIÓN DE CAPÍTULOS Y VERSÍCULOS

En el siglo XIII los lectores y estudiosos de la Biblia tuvieron a su disposición una herramienta que facilitó la localización y cita de pasajes del volumen. Stephen Langton (1150/55-1228), arzobispo de Canterbury, introdujo los capítulos en las Escrituras, que, “con pequeñas modificaciones, se siguen usando [en la actualidad]”.[21]

Durante siglos la Biblia fue reproducida por copistas en largas jornadas de cuidadoso trabajo a mano. Fue así hasta la invención, o perfección como aducen algunos, de la imprenta de tipos móviles por Johannes Gutenberg “en algún momento de la década de 1440”.[22] A partir de entonces la producción de libros experimentó un cambio revolucionario.

El primer libro que salió de la imprenta de Gutenberg fue la Biblia, una edición de la Vulgata Latina traducida por San Jerónimo a fines del siglo IV d. C. Gutenberg inició el magno proyecto de imprimir las Escrituras en “1449 o 1450. La composición comenzó en 1552, y la impresión fue completada en 1456”.[23]

En 1516 es publicado por Erasmo de Rotterdam el Nuevo Testamento en griego. La lectura del mismo llevaría a Martín Lutero al descubrimiento de que “la justicia de Dios es un regalo para los pecadores”.[24] En el siglo XVI, con el movimiento iniciado por Lutero, la traducción de la Biblia a distintos idiomas tuvo un gran impulso por toda Europa.[25] El propio ex monje agustino se dio a la tarea de traducir el Nuevo Testamento al alemán, el que salió publicado en 1522, y toda la Biblia en 1534.

Desde el siglo XIII habían sido añadidos los capítulos a la Biblia, como quedó consignado antes. En 1551 el impresor Robert Estienne, conocido como Stephanus, publicó una nueva edición del Nuevo Testamento griego de Erasmo, e incorporó los versículos.[26] Dos años después salió de la imprenta de Stephanus la Biblia traducida al francés, “la primera en usar la división de capítulos y versículos”.[27]

Continuará

 

(*) Exposición presentada en el Centro de Estudios Anabautistas, en el programa Diplomado en Biblia y Ministerio Cristiano, 13 de septiembre de 2014.

[1] Donald L. Brake, A Visual History of the English Bible, Baker Books, Grand Rapids, 2008, p. 25.

[2] Del rollo al códice miniado, DGSCA-UNAM, 1997-1999, p. 5.

[3] Ibíd., p. 11.

[4] Alberto Manguel, Una historia de la lectura, Editorial Joaquín Mortiz, México, 2006, p. 141.

[5] André Paul, La Biblia y Occidente. De la biblioteca de Alejandría a la cultura europea, Editorial Verbo Divino, Navarra, España, 2008, p. 191.

[6] Edesio Sánchez Cetina, “Los rollos del Mar Muerto”, en Edesio Sánchez Cetina (editor), Descubre la Biblia II, Sociedades Bíblicas Unidas, Miami, 2006, p. 205.

[7] E. Randolph Richards, Paul and First-Century Letter Writting. Secretaries, Composition and Collection, InterVarsity Press, Downers Grove, Illinois, 2004, p. 51.

[8] Craig S. Keener, Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento, Editorial Mundo Hispano, El Paso, Texas, 2006, p. 195.

[9] André Paul, op. cit., p. 193.

[10] Ibíd.

[11] Ibíd., p. 194.

[12] Harry Y. Gamble, Books and Readers in the Early Church. A History of Early Christian Texts, Yale University Press, New Haven and London, 1995, p. 49.

[13] Néstor O. Míguez, “Arqueología del Nuevo Testamento”, en Edesio Sánchez Cetina (editor), op. cit., p. 194.

[14] Harry Y. Gamble, op. cit., p. 49.

[15] E. Randoph Richards, op. cit., p. 166.

[16] Ibíd., p. 169.

[17] Sergio Pérez Cortés, La travesía de la escritura. De la cultura oral a la cultura escrita, Taurus, México, 2006, p. 128.

[18] Alberto Manguel, op. cit., p. 141.

[19] Ibíd., p. 140.

[20] Del rollo al códice miniado, p. 12.

[21] F. L. Cross y E. A. Livingstone, The Oxford Dictionary of the Christian Church, Oxford University Press, New York, p.  950.

[22] Alberto Manguel, op. cit., p. 145.

[23] Alister McGrath, In the Beginning. The Story of the King James Bible and How It Changed a Nation, a Language and a Culture, Anchor Books, 2002, p. 15.

[24] Donald L. Brake, op. cit., p. 87.

[25] Carlos Martínez García, “La Biblia de Lutero”, La Jornada, 6/V/2009, disponible en:

[26] Donald L. Brake, op. cit., p. 33.

[27] Alister McGrath, op. cit., p. 118; F. L. Cross y E. A. Livingstone, op. cit., p. 1540.

 

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