Archivos de la categoría ‘Cine’

Birdman (o la condición humana como género)

Publicado: febrero 28, 2015 en Cine

Samuel Arjona

El guión, escrito a seis manos, no da tregua al espectador que desde el primer momento se ve arrastrado a una auténtica montaña rusa de sensaciones, siendo éste mi principal problema con “Birdman”.

Birdman
Un plano de la película. / Birdman

Participé en el año 1998 en un encuentro con el galardonado con el premio Cervantes de ese mismo año, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. El encuentro consistía en tomar un mojito en su compañía y acto seguido asistir a 24 horas de proyección de cine clásico que él mismo había seleccionado (aprovecho para recomendar sus obras “Cine o Sardina” y “Un oficio del siglo XX”). Yo solo me permití permanecer sentado las 8 primeras horas, y aun recuerdo como si fuera ayer mismo el impacto que supuso para mí ver esas cuatro obras maestras, en nítido blanco y negro y en pantalla grande; que por orden fueron: “Ciudadano Kane”, “Frankenstein”, “Perdición” y “La novia de Frankenstein”.

Pero lo que cambió para siempre mi perspectiva al acercarme al cine desde aquel día, fue la presentación que el propio Cabrera Infante hizo de las mismas como bloque. Siendo obras tan diferentes entre sí (excepto el díptico de “Frankenstein”, ambas de James Whale y que funcionan como continuación) tienen algo en común y es su capacidad para abordar aspectos de la condición humana. Desde entonces no puedo evitar el considerar el análisis de los aspectos que conforman al hombre y su plasmación en pantalla de una manera tanto explícita como implícita, pero internamente, un género propio (las hay que lo hacen también de manera indirecta, por ejemplo al convertirse en un fenómeno social, pero en este caso el análisis es externo a la propia película).

De la última ceremonia de entrega de los Oscars ha salido vencedora “Birdman (la inesperada virtud de la ignorancia)”, de Alejandro González Iñarritu, cineasta que necesitaba retomar el vuelo, volver a gustar a la crítica y al público y lo ha logrado, provocando un entusiasmo generalizado, pero que yo no comparto. Y no es porque no encuentre virtudes, que las tiene y en exceso. Todos los aspectos técnicos y creativos apabullan. Para lograr ese efecto que ha ayudado tanto a vender la película, la sensación de estar asistiendo a un único (y falso) plano secuencia, todo debía de estar completamente medido, sin margen de error y tanto Gonzalez Iñarritu como todo el equipo de la película lo logran. Él tras la cámara consigue un pulso vibrante, apoyado en la arriesgada y conceptual banda sonora (un solo de batería espléndido y poderoso en matices), la fotografía de Lubezki es portentosa y aporta aún más tensión con la complicidad de todo el elenco actoral, perfecto.

 

Otro plano de la película.

El guión, escrito a seis manos, no da tregua al espectador que desde el primer momento se ve arrastrado a una auténtica montaña rusa de sensaciones, siendo éste mi principal problema con “Birdman”. Porque durante la proyección, una vez uno se sitúa y se deja llevar por las subidas y bajadas, por las curvas, no dejaba de preguntarme al servicio de qué se empleaba tanta virtud.

Los responsables de “Birdman” consiguen convertir su propuesta en una experiencia predominantemente sensorial. Y conscientes de estar provocando con el instrumento audiovisual el estado de ánimo adecuado al espectador es cuando acuden a ese cajón de sastre que frecuentemente es la “condición humana” (género del que quiere formar parte) y van extrayendo de él material para justificar la proeza. Y no al revés, como debería haber sido, porque la intención del director era abordar lo efímero que resulta el reconocimiento y los conflictos del “ego” que surgen a raíz de esto y mi sensación es que su pretensión acaba ahogando la esencia de la película.

“Birdman” será recordada por cómo ha sido rodada y no por lo que cuenta, por el ruido más que por la reflexión. En un año cinematográfico en el que hemos asistido a sutilezas como “Boyhood” o la gran ausente en las candidaturas a mejor película (de habla inglesa, por supuesto): “Foxcatcher”.

 

http://protestantedigital.com/cultural/35411/Birdman_o_la_condicion_humana_como_genero

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Una historia de fe e identidad

Publicado: febrero 28, 2015 en Cine

José de Segovia

Premiada con el Oscar a la mejor película extranjera, ‘Ida’ nos muestra la lucha entre la razón y la fe, la carne y el espíritu, el odio y el perdón.

fotograma
Ida confronta a esta religiosa con una tía alcohólica y promiscua, que le recuerda que su Jesús vino a perdonar pecadores

Una película en blanco y negro, “Ida”, ha ganado el Oscar al mejor film extranjero, el Premio del Cine Europeo y el Goya a la mejor película europea. La obra del director Pawel Pawlikowski –un polaco afincado en Inglaterra– nos recuerda al cine de otra época, pero sobre todo, nos presenta una visión de la vida, que muchos consideran ya desfasada, la que ve la naturaleza humana desde la realidad del pecado.

Si para entender a alguien, hay que ponerse en su lugar, la ficción intenta lo que no podemos hacer en realidad, experimentar la vida de otra persona. “Vivimos en la apoteosis de un narcisismo que se ha convertido en ideología –dice Pawlikowski–. Lo más importante somos nosotros.” El personaje de su película Ida, “no siente que ella misma sea el centro del universo”. Su deslumbrante mirada te traslada al asombro de una vida, comprimida en apenas medio año de una joven novicia en la Polonia de los años sesenta.

Anna sale unos días del convento en el que ha crecido, para conocer a su tía Wanda, su único familia, antes de tomar los votos. Juntas emprenden un viaje en busca de sus orígenes, que las enfrenta a la culpa de un pasado olvidado. El país está bajo el régimen comunista, mientras que Anna es como si hubiera vivido en la Edad Media. Su tía acumula los horrores de la Historia del siglo XX, primero el Holocausto, y después la represión estalinista.

 

Ida nos presenta a una novicia que sale de un convento en la Polonia de los años 60

Nada es lo que parece. Anna se llama en realidad Ida, y es judía. Sus padres fueron asesinados durante la Segunda Guerra Mundial, en circunstancias no aclaradas.  Cuando conocemos a su tía Wanda, vemos que sale de su dormitorio, un hombre vistiéndose. Nos preguntamos si se estará prostituyendo, cuando descubrimos a continuación que es juez. No tardamos en saber que jugó un importante papel en el terror del estalinismo. La llamaban Wanda la Roja.

Cuando nació Pawlikowski en 1957, Polonia tenía un sistema burocrático y corrupto, basado en una estructura de poder totalitaria, sin ninguna ideología. Los años sesenta traen una cierta apertura, pero a los catorce años el director se va a Italia y Alemania, hasta que se establece finalmente, en Inglaterra, donde empieza a hacer documentales en los años ochenta. “Ida” es su quinta película, pero también el regreso al país de su infancia, sin la música, el color y los movimientos de cámara, que habían caracterizado hasta ahora su cine.

 

MIRADA DESLUMBRANTE

Poco de lo que uno ve en la pantalla hoy, se queda en la retina, algo después de desplegarse los créditos. Esta conmovedora historia, sin embargo, rodada en un impresionante blanco y negro, tiene un efecto hipnótico. Me ha trasladado a la época en que empecé a amar el cine.

 

Esta tía y su sobrina emprenden en una viaje que enfrenta la fe al misterio del mal

Si no supieras nada de esta película, pensarías que está hecha en el tiempo en que se ambienta. No es algo de ahora. El formato es casi cuadrado, como los televisores de los años sesenta. No tiene el movimiento nervioso de cámara en mano, que muchos confunden hoy con la emoción. Nada resulta falso e impostado. 

Como dice Carlos Boyero, “el claustro nevado de un convento, la bruma acercándose a un bosque, un tenue rayo de sol filtrándose en un cementerio, parece que siempre han pertenecido en esos paisajes, que no forman parte de la puesta en escena”. La única música que se escucha, es la que ponen en casa (Bach y Mozart), los cánticos religiosos del convento, o el grupo de jazz que interpreta en un hotel, “Naima” de Coltrane.

En los ochenta minutos que dura el film, no sobra, ni falta nada. Aprovecha el espacio de una puesta en escena con una cámara fija, donde los personajes sólo ocupan una parte de la pantalla. La sorprendente escena final, observa Paul Schrader que podría recordar a “El tercer hombre”, pero es un plano tan insólito, que alguien que conoce tanto cine como él, dice que nunca lo ha visto en ninguna película.

No es extraño que por donde vaya, consiga premios. Recibió el galardón de la crítica en Toronto, además de los mayores reconocimientos de su país. En Gijón se llevó seis premios, incluyendo el de mejor película, guión y actriz. Aunque se hizo el año pasado, se exhibe todavía en cines de todo el mundo.

 

ATMÓSFERA MAGNÉTICA

Anna sigue la rutina diaria de devoción y servicio del convento, mientras que Wanda es una mujer traumatizada por el Holocausto, alcohólica y promiscua. “La identidad de Ida está definida por su fe y no es superficial”, dice Pawlikowski. El director explica que “su fe cambia en la película, pero nunca la pierde”. Wanda es una mujer inteligente, que realmente creía en el marxismo. Se sentía más comunista que judía, pero ha pasado del idealismo al desencanto.

 

Ida presenta con sutilidad la relación de esta novicia con un joven saxofonista de jazz

Cuando Wanda le cuenta a Anna su origen judío, lo hace como una especie de ajuste de cuentas. Tía y sobrina emprenden este viaje con diferentes motivaciones. Wanda lo hace como una especie de autocastigo, pues sabe lo que la espera, pero Anna vive sin interés por su pasado, ignorante de todas las Idas que murieron en los campos de exterminio. Los judíos de Polonia fueron tanto victimas de los nazis, como del antisemitismo polaco. La población vive como si se hubieran esfumado, adoptando quizás otra identidad.

Al finalizar esta investigación, ninguna de las dos mujeres vuelve a ser la misma. La película nos enfrenta a la culpa y el olvido, que se confunde con el perdón. En el camino, se encuentran con un joven saxofonista que les invita al concierto de jazz que va a dar. Su relación con Anna muestra la complejidad y sutilidad de esta película. Es una historia descrita con gestos leves, silencios reveladores y miradas llenas de expresividad. Los diálogos son breves y justos, creando “una atmósfera magnética”, como dice Boyero.

 

ESPIRITUALMENTE SOBRECOGEDORA

“Ida” podría ser la confrontación entre una novicia inocente y la maldad del mundo exterior, pero es una obra mucho más profunda y compleja. Hay una dualidad en Anna, que nos muestra una realidad, pero también su oscuro anverso. Anna es Ida, e Ida es Anna. Son la misma persona, pero representa dos posibilidades de vida, para la misma persona. Una posible lectura de la conclusión podría ser que Anna tiene que intentar ser Ida, para saber qué decisión va a tomar respecto a su futuro.

 

Ida nos recuerda que sin identificación no hay compasión

Otra interpretación es la que hace Alissa Wilkinson en su interesante comentario en Christianity Today. Anna intenta entender  por qué su tía no la quiso tener, cuando se quedó huérfana, a pesar de que se lo pidieran sus hermanas. Para poder comprender la vida que ha elegido, tiene que convertirse en su doble, vivir su realidad. Es por eso que se pone su ropa y hace sus mismas cosas, para saber lo que es ser ella, entender por qué ha hecho lo que ha hecho.

El amplío espacio que dejan los planos de esta película, sobre la cabeza de los personajes, parece sugerir una presencia invisible, el peso de una autoridad que no podemos ver. El estilo ascético de “Ida” recuerda la desnudez de Bresson, pero también su visión jansenista de que en la abundancia del pecado, sobreabunda la gracia. Antes de emprender el viaje, Wanda advierte a Anna: “¿qué ocurre si vas allí y descubres que no hay Dios?” Ida nos muestra la lucha entre la razón y la fe, la carne y el espíritu, el odio y el perdón.

 

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN 

En cierto modo, Ida nos recuerda la Encarnación. Solemos hablar de un pensamiento judeo-cristiano. Los griegos despreciaban el valor del cuerpo y la vida material, pero ¿hay algo menos judío que la idea de que Dios pueda vivir en un cuerpo humano? En estricto sentido, el cristianismo no es ni griego, ni judío. Nos presenta la locura del Creador haciéndose criatura, para que le podamos conocer y confiar en Él, siendo salvos por el mayor acto de amor que se puede hacer por una persona.

 

Ida nos muestra el conflicto entre la carne y el espíritu

Una noche en que Wanda intenta ahogar sus penas en alcohol, le dice a Anna que “tu Jesús no se escondió en una cueva con libros, sino que salió  al mundo”. El cristianismo no se vive en un convento. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”, dice Juan (1:14). Si “la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (v. 17), es experimentando nuestro dolor, para mostrarnos el verdadero amor que nos libera.

“Ida” no es sólo una historia sobre nuestra búsqueda de identidad. Es una reflexión sobre la fe y su lugar “en el mundo”. Jesús le pide al Padre: “no riego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17:15). Wanda le dice a Anna que Cristo vino a perdonar pecadores como ella. ¡Ese es el Evangelio! Lo que la religión entonces, como ahora, no acaba de comprender…

 

 

http://protestantedigital.com/blogs/35383/una_historia_de_fe_e_identidad

Un cuarto de siglo con Los Simpson

Publicado: diciembre 18, 2014 en Cine, Cultura, Sociedad

José de Segovia

El evangelio según Los Simpson transmite la necesidad de vivir en paz y amor con tus vecinos… Pero la realidad es otra. Y es ahí de donde parte el verdadero Evangelio.

Ned Flanders
Flanders es el irritante vecino evangélico de Homer.

Veinticinco años después, Los Simpson siguen siendo uno de los programas de televisión más vistos en todo el mundo. Su filosofía es ahora, objeto de estudio en muchas universidades. El libro del periodista judío Mark A. Pinsky, El evangelio según Los Simpson, investiga la dimensión religiosa de esta serie animada. La obra ha sido traducida por la editorial mexicana Selector.

Este título pertenece a una popular serie de libros en lengua inglesa, que publica una editorial protestante llamada Westminster-John Knox, que tiene una amplia distribución comercial en Estados Unidos. La colección comenzó en 1965 con la obra de un pastor evangélico presbiteriano ya fallecido, Robert L. Short (1932-2009). Su libro “The Gospel According to Peanuts” comentaba las tiras cómicas en periódicos de personajes como Charlie Brown o Snoopy, que hacía el dibujante Schulz (1922-2000), perteneciente a una de las denominaciones pentecostales americanas que lleva el nombre de Iglesia de Dios.

El siguiente libro más conocido de la serie es tal vez “El evangelio según los Simpson”, que tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación norteamericanos. Su autor es un periodista judío que ha trabajado para el ejército israelí y está especializado en información religiosa. Aunque no es cristiano, Pinsky conoce muy bien a los evangélicos, sobre los que ha escrito un libro mostrando la complejidad y pluralidad de este movimiento. Tiene otro título en esta colección sobre “El evangelio según Disney”, que no ha sido todavía traducido al castellano.

 

El libro del periodista judío investiga la dimensión religiosa de esta serie animada.

INTERESANTE SERIE

El único volumen de esta serie que se ha publicado en España es “El Evangelio según Hollywood”, escrito por Greg Garrett, un profesor episcopal de la universidad protestante más importante de Estados Unidos –Baylor, un centro de origen bautista que hay en Waco, Texas–. La obra traducida por la editorial católica Sal Terrae en Santander, el año 2008, es la única que hay disponible en nuestro país de un catálogo que abarca estudios sobre “El Evangelio según América”, Bruce Springsteen, Harry Potter, Oprah, la ciencia-ficción, Star Wars, los Beatles o Tolkien.

Es cierto que no todos los escritores son evangélicos, en el sentido conservador del término –ya que hay judíos como Pinsky, pero también unitarios universalistas como Symynkywicz, que escribió un libro sobre Springsteen–, pero hay títulos con mucha claridad sobre la fe cristiana –como el del británico Steve Turner acerca de los Beatles–, que merecerían ser traducidos al castellano. Esperamos que este libro sobre Los Simpson pueda tener alguna distribución en España, pero seguro que no decepcionará a nuestros lectores mexicanos.

 

El púlpito de la Primera Iglesia de Springfield se ocupa de oscuros textos del Antiguo Testamento.

IMAGEN PROVOCATIVA

Cuando el creador de Los Simpson, Matt Groening, era boy-scout, cuenta en una entrevista que robó una Biblia de la habitación de un hotel, y subrayó todo aquello que le parecía sucio. Cuando lo descubrió su jefe de exploradores, Groening dijo que para aplacar su furia le contó que había dicho a Dios: “Sé que me perdonarás por no creer en Ti”. La imagen provocativa de esta serie de animación contrasta con sus continuas referencias a la iglesia, la oración y la Biblia. Pero ¿en qué consiste el evangelio según Los Simpson?

Para entender el Evangelio según Los Simpson hay que darse cuenta que abarca desde la sanidad por fe hasta las misiones, pasando por el unitarismo o los parques de atracciones cristianos. Esta curiosa mezcla de fascinación y sospecha está muy bien reflejada en los dos personajes que representan más claramente la religión en la serie: Ned Flanders y el Reverendo Lovejoy

 

¿SAN FLANDERS?

Flanders es un irritante evangélico que vive al lado de los Simpson. A pesar de ser algo reprimido (“di cualquier cosa, que no lo habré hecho”), y a menudo fanático (“yo guardo hasta la comida kosher, por si acaso”), Ned es un verdadero cristiano, que muestra su fe por sus obras. Homer le describió una vez como alguien “más santo que Jesús”. El Reverendo Lovejoy es, sin embargo, un pastor que representa casi todas las denominaciones en su Primera Iglesia de Springfield, donde van los Flanders, los Simpson, y casi todo el pueblo. Tiene el aspecto pomposo y sedante de un tele-evangelista de valium. Su fundamentalismo es a veces incendiario (“la ciencia ha fracasado de nuevo ante las aplastantes evidencias de la religión”), pero otras frío y profesional (“hago lo que puedo con un material como éste”). Homer le ha descrito en una ocasión como “el tipo que da esos sermones en la iglesia, capitán cómo-se-llame”…

 

El Reverendo LoveJoy es un claro representante de lo peor de la religión organizada.

Cuando, en un episodio, Flanders tiene que adoptar a los hijos de los Simpson, descubre que todavía no han sido bautizados, por lo que llama angustiado al Reverendo. Éste, irritado por haber sido molestado cuando estaba disfrutando de sus trenes en miniatura, responde con desprecio: “Ned, ¿has pensado en alguna de las otras principales religiones? Son prácticamente lo mismo”. Inmediatamente su tren se estrella, soltando humo. Ned coloca entonces un cartel en la puerta que dice “nos hemos ido a bautizar”, y se dirige al río. Allí los niños son finalmente “rescatados” por Homer, que logra evitar que el agua caiga de un cáliz dorado. Aunque el intento de Ned de un bautismo forzado es poco admirable, sin embargo, es interesante que su sinceridad no se ponga en cuestión. Es una persona auténtica, que a veces se muestra fuerte, pero también tiene sus debilidades…

El Reverendo Lovejoy, sin embargo, es un claro representante de lo peor de la religión organizada. Su fe es algo nominal y vacío. Se enorgullece de haber vuelto a poner la maqueta en el vestíbulo de la iglesia, como uno de sus grandes actos de fe. Y cuando un cometa amenaza destruir Springfield, Homer se lamenta diciendo: “En momentos así me gustaría que fuera un hombre religioso”. Pero el Reverendo corre histérico por la calle, gritando: “¡Se acaba todo!, ¡ya no hay más rezos!”. Sin embargo, Ned ha construido un refugio al que invita a todo el pueblo. Y cuando está tan lleno que no se puede cerrar la puerta, se ofrece como mártir. Le dice entonces a su hijo: “Si me vuelvo loco de miedo, quiero que dispares a papá si intenta volver adentro”. La gente sale entonces avergonzada, y lo único que destruye el cometa es el refugio…

 

La familia Simpson va todavía a la iglesia.

LA OFENSA DE LA CRUZ

Para uno de los autores de Los Simpson, Steve Tompkins, “la calidad del humor está en proporción indirecta con las verdaderas creencias de la persona”. Ya que “cuánto más se muestren, menos divertido resulta”. Su papel es provocar, dice Mark Pinsky –el escritor de este libro, que ha grabado todos los episodios de la serie y mantenido entrevistas con varios de sus autores–. Uno de ellos, Al Jean, dice que se considera “alguien que cree en las enseñanzas de Jesucristo, pero no es un gran aficionado de la religión organizada”. Él comenzó a trabajar en la serie en 1989, por lo que ha escrito con Reiss más de doscientos episodios. “Desde muy temprano mostramos a los personajes yendo a la iglesia”, dice. Pero “la gente es muy sensible con estas cosas”, por lo que evitan siempre las imágenes de Cristo, sobre todo en la cruz.

Marge dice a los niños que deben ir a la iglesia, para “aprender moral y decencia”. Así sabrán “cómo amar a su prójimo”. Pero la escena siguiente muestra al Reverendo en el púlpito con una cita apócrifa del Antiguo Testamento, llena de violencia sangrienta. Ya que el evangelio según Los Simpson es eso: la necesidad de vivir en paz y amor con tus vecinos… Pero la realidad es otra. Y es ahí de donde parte el verdadero Evangelio. No de bonitos deseos y buenas obras, sino de la impotencia del hecho de que no podemos vivir como debiéramos.

El cristianismo no consiste por lo tanto en los sacrificios de Flanders, ni en la vida cómoda del Reverendo, sino en el sacrificio que Cristo hizo una vez y para siempre. Esa es la única buena obra que nos salva. Por lo que no se trata de ser buenos, sino nuevos. Y eso es algo que sólo el Espíritu de Dios puede hacer por medio de nuestra confianza en la justicia de otro, Cristo Jesús, que llevó nuestras contradicciones bajo el peso de esa cruz que no pueden mostrar Los Simpson, porque su mensaje sigue siendo demasiado ofensivo.

 

 

http://protestantedigital.com/blogs/34749/un_cuarto_de_siglo_con_los_simpson

Exodus-Más reyes que Dios

Publicado: diciembre 15, 2014 en Cine, Historia, Teología

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Disfruto de películas de Ridley Scott. A menudo se produce reales “guy” películaspesado en la testosterona, el heroísmo, la esgrima, la valentía y grandes acabados que resuelven los conflictos clásicos entre el bien y el mal. Admiro sus ataques sutiles sobre la injusticia sistémica y su celebración de mujeres fuertes y heroicas. Aprecio su interpretación de héroes profundamente erróneas, que en última instancia tienen éxito no por sus habilidades de liderazgo, sino más bien su integridad, auto-sacrificio por el bien común y el compromiso con la verdad. Dioses y Reyes sigue en la misma vena.

En resumen, es una película muy buena. Es un bien filmado, regalo visual (la versión en 3D es la pena del gasto extra) con fuertes actuaciones de los actores. El tema debe ser una foto “épica” y da un valiente esfuerzo para estar.

Aquí está el chasco: ¿Cuándo un cineasta quiere demostrar la confianza o el coraje para contar las historias reales de estas películas bíblicas las  titulan después?

Soy favorable a los argumentos esgrimidos por algunos en relación con la película de Darren Aronofsky en Noé (que tenía mucho menos de una conexión con el relato bíblico de Éxodo de Scott.) Entiendo por qué y cómo ciertas historias o ideas juegan mejor sólo si ciertos dispositivos temáticos son añadidos o líneas argumentales adaptados. Sin embargo, lo que Scott y Aronofsky no parecen darse cuenta es que muchos de nosotros que crecieron con estas historias creen, y realizan pruebas en nuestras vidas del poder de transformación de estas que historias ejercen. No hay ningún problema, incluso aconsejable, para permitir que los eventos principales de estas historias hablan por sí mismos. A menudo, nuestro primer encuentro con estas historias vino de un sacerdote, pastor o rabino que, a pesar de muy poca formación dramática, estilo retórico, o el ingenio creativo, fuerón transportados el impacto de estas ideas con efecto mensurable.

La Toma del Moisés de Scott. Ha sido representado como un guerrero, de principio a fin. Sin embargo, la historia bíblica capta que Moisés al  lado de los más humildes (a menudo traducido como “mansos” o “humilde”) hombres (Números 12: 3). Para Scott, la humildad llega cuando se enfrenta el ejército de Faraón en la cúspide del Mar Rojo. El Moisés de Scott aparece humilde después de criticar la acción de Dios a través de las plagas y todos sus intentos fallidos de llevar a la gente. Sólo entonces él tira su espada del poder. La historia bíblica describe largas conversaciones íntimas de Moisés con Dios que lo forman en el tipo de líder que se requiere para su tarea. Creo que a Scott podría haber transmitido magistralmente esta en la película al igual que la preparación y el desarrollo del carácter de Scott retrata maravillosamente en algunas de sus otras películas.

Lo que Scott y las representaciones de Aronofsky se pierden, y lo que la gente como yo lamentamos, es que el personaje principal en estos relatos bíblicos es Dios.

Las historias ponen de relieve el carácter y la fidelidad de Dios. No son principalmente acerca de las luchas de poder, la violencia, la liberación socio-económica, fenómeno natural que ocurre frente a los milagros sobrenaturales, ni siquiera sobre la libertad de la esclavitud. El tapiz bíblico es más de un autorretrato de Dios reflejada en contra de la lona de toda actividad humana. Sin embargo, en estas adaptaciones, el Dios de obtener muy poco tiempo en pantalla, no la formación del mucho carácter, y rara vez se presenta como bueno, mucho menos heroica, todo lo cual está muy lejos de lo que representan las historias originales y por qué existen.

Humildemente sugiero a los directores y escritores que narran acontecimientos bíblicos para permitir que los convincentes del drama, tensión, los matices, la ironía, la tragedia, la humanidad, y las maravillas de la bíblica representa a permanecer primaria futuras. Estas historias se conectan. Ellos han demostrado ser una generación tras otra, incluso cuando se le dijo en el más rudimentario de maneras. No descuento, luego diseccionar, adaptar, y finalmente volver a infundir una historia o motivo diferente en estas historias. Confía en ellos. Son tan irreductible como son infinitamente capaces en su capacidad de agregar valor a la vida humana. Por edades, se han involucrado y ha revelado verdades esenciales sobre la existencia humana, la naturaleza de nuestro mundo, lo que es bueno y verdadero, lo que es malo y doloroso, y los fines para los que la vida puede y quizás debe ser vivida al máximo. Su longevidad solo exige un mayor nivel de respeto.

Os animo a ir a ver la película. Disfrútalo por lo que es, una película con momentos maravillosos, ideas e imágenes para inspirar y desafiar. Pero entonces va a leer la interpretación de la vida de Moisés de Eugene Peterson en el mensaje. Después de lo cual, os animo a pensar profundamente acerca de que la visión de Dios, y que la representación de estos eventos, habla más conmovedora de la condición humana y los problemas potenciales y las caras de la humanidad en nuestro contexto contemporáneo.

Ojalá a Scott haya compartido la confianza de los cristianos y los Judios en el poder transformador de la historia original de cambiar los corazones y las mentes. Como Hollywood continúa produciendo películas basadas en la Biblia, por mi parte, nos gustaría ver estas viejas historias inalteradas, primero contadas alrededor de fogatas y mesas familiares, cobran vida en la pantalla envalentonado con los talentos y habilidades milagrosas casi ilimitadas de artistas que manejan el mejor de la moderna la tecnología. Y tal vez, un día, Dios obtendrá un Oscar a largo retraso.

O por lo menos un rol de miradas.

Gary Black Jr. es profesor asistente de teología en la Universidad Azusa Pacific. Su último libro, fue coautor con el fallecido Dallas Willard, es la Divine Conspiracy Continúa: Cumplir el Reino de Dios en la Tierra.

 

http://www.christianpost.com/news/exodus-gods-and-kingsmore-kings-than-god-131134/

El pecado inconfesable

Publicado: diciembre 7, 2014 en Cine, Conciencia, Pastoral, Sociedad

Noa Alarcón

En ‘Shame’, Sullivan es incapaz de tener una relación normal, aunque lo intente. Cuando la película comienza, la sensación que da es de éxito, lo que muchos hombres querrían: total libertad sexual. Sin embargo, lo que nos presenta es una esclavitud.

ShameMichael Fassbender, en una escena de ‘Shame’.

Hace unas semanas, pajareando por Twitter, me encontré con este comentario de Asun Quintana, pastora y encargada de la consejería de Mujer en el Consejo Evangélico de Madrid, a tenor de un acto celebrado pocos días antes contra la violencia de género y la trata de personas. Es una de esas frases concisas que te dejan el alma helada para el resto del día:

 

Porque esos, como comentamos después ella y yo brevemente, son muchos hombres, muchísimos, como para que pasen desapercibidos. Como para ignorarlos.

No hubiera sido tan chocante si pocos días antes no hubiera visto Shame, la maravillosa película de Steve McQueen, donde Michael Fassbender hace de un adicto al sexo, uno que vive en Nueva York, que es joven y atractivo, que tiene un buen trabajo, y que podría ser cualquiera de ese millón y medio de hombres españoles que recurren diariamente a la prostitución.

La película no es apta para mojigatos. Pero a pesar de lo que pueda parecer, en esa presentación explícita del trastorno de Brandon Sullivan no hay nada erótico ni morboso, precisamente debido a la maestría, en mi opinión, de McQueen. Una de las cosas que más impresiona de la película es que uno puede confundirse y perdérsela porque la acción es lenta, pesada y casi estática. Apenas pasa nada, casi hasta el final, pero es que eso no es lo importante. Lo relevante es el personaje, ese Sullivan que cuando sonríe te levanta escalofríos, de mirada ausente y gestos esquivos.

En la película nada es lo que debería ser. Sullivan, en el pellejo de Fassbender, debería ser un hombre joven y atractivo, pero solo despierta una grima pegajosa. La imponente ciudad de Nueva York debería ser un escenario majestuoso, revelador, pero debido a los juegos de la fotografía se convierte en una especie de cárcel de edificios, de rincones oscuros sumergidos en una perenne luz fría, donde no hay nada humano, no hay árboles, no hay horizonte.

 

El cartel de la película.

La maravillosa Nueva York se convierte en el reflejo perfecto de la cárcel mental en la que vive el personaje. A pesar de que hay muchos otros personajes, el peculiar modo del director de hacer que el protagonista esté presente en prácticamente cada plano de la película lo que te hace es comprender que todo trata de él, y que está completamente solo. Vive solo, y sus amigos no rozan siquiera la superficie. Por eso cuando su hermana se presenta en su casa para quedarse allí una temporada por problemas amorosos, Sullivan pierde el control.

La vergüenza (shame, del título) es difícil de explicar en pantalla. Es un sentimiento oscuro que McQueen soluciona con la mirada aterrada de Sullivan, mientras intenta disimular, cuando su jefe le dice que los que se habían llevado su ordenador del trabajo para arreglarlo se encontraron el disco duro llena de pornografía de todas clases. «Ha debido ser tu becario», admite el jefe, mientras que la cara de Sullivan es un poema. No nos resulta difícil, llegados a esta altura de la película, imaginar que el protagonista pueda perder horas de trabajo viendo pornografía, aunque no lo hemos visto hacer.

Le hemos visto acudiendo al baño para masturbarse, y le hemos visto persiguiendo a una mujer con la que acababa de flirtear en el metro de camino al trabajo, con una mirada de profunda desesperación al perderla entre la gente; y le hemos visto observando los cristales de los edificios de Nueva York, observando a otras parejas haciendo el amor en una especie de truco cinematográfico en el que uno se pregunta si acaso no está solamente en la cabeza del personaje, porque es muy difícil que en plena ciudad de Nueva York una escena así, vista desde el nivel del suelo, no suponga una provocación para los viandantes.

Cuando la hermana de Sullivan se presenta en su casa y él comprende que va a pasar allí más tiempo del que a él le gustaría tenerla cerca, intenta hacer las cosas bien. En otro momento de vergüenza de la película, tira a la basura toda la pornografía que tiene escondida en su casa. Muchísimas revistas y películas para una casa tan pequeña. Da la sensación de que no hay suficientes escondites para mantenerlo disimulado.

Hay una chica de su trabajo, guapa y dulce, que está interesada por él, y Sullivan se la lleva a cenar. Intenta tener una conversación con ella, intenta interesarse por su vida, y es una de las escenas más incómodas de la película; es como si Sullivan estuviese intentando permanecer sereno mientras el incesante baile pornográfico de su cabeza le deshace el cerebro a tiras.

La tensión no es debida a la atracción que puedan sentir mutuamente, aunque está claro que a ella le gusta ese tipo; él es incapaz de centrarse. Es incapaz de tener una conversación normal con una mujer, porque debe hacer mucho que no la tiene. La cita termina sin fuegos artificiales, sin promesa de una segunda cita. Él, frustrado, decide no tirar todavía por la borda sus fantasías y en la siguiente escena (no sabemos si ha pasado un día, o varios) la acorrala en la oficina para darle el beso que no se dieron en la cita. El problema es que ella es una mujer linda y dulce, y para él los besos significan otra cosa. La lleva a un hotel, pero en condiciones «normales», con una mujer de las de verdad, que aspira a tener una relación sentimental, donde el sexo no es un simple impulso para satisfacer una necesidad obsesiva, es incapaz de llegar a nada; y se aparta de ella con asco y odio hacia sí mismo.

Sullivan es incapaz de tener una relación normal, aunque lo intente. Desde fuera, cuando la película comienza, la sensación que da es de éxito, de que eso es lo que todos los hombres querrían: no tener compromisos, tener total libertad sexual con quien le apetezca y como le apetezca. Sin embargo, lo que se nos presenta es una esclavitud.

Sucede que la prostitución se ve como un mal necesario, como algo que ha existido siempre. Una especie de necesidad para el hombre. Es una alegría que diversas asociaciones y grupos cristianos hoy en día estén trabajando para erradicar la trata de personas, porque las cifras hablan de que el 90% de las mujeres que se prostituyen (solo en España) lo hacen, en realidad, en contra de su voluntad. Básicamente, en el mejor de los casos, que no estarían haciendo eso si tuvieran otra opción. Trabajar con ellas para liberarlas de las redes mafiosas y renovar las leyes para que se pueda castigar la actividad (y no regularla, como algunos perversos legisladores pretenden) es un paso necesario y urgente.

Sin embargo, es solo una parte del problema. No debemos olvidar que Dios tiene misericordia de todos, incluso de tipos tan asquerosos y despreciables como el protagonista de Shame. Y no debemos olvidar que una gran mayoría de ese millón y medio de hombres que paga por sexo cada día viven una especie de cárcel mental muy parecida a la que nos presenta McQueen en su película. Con esto no quiero decir que haya que ser indulgente, sino que, como le sucede a Sullivan en su cabeza, cualquier intento solitario por salir de esa autodestrucción es totalmente inútil.

Nadie puede salir de ese estado mental por sí solo sin pedir ayuda y, seguramente, sin pasar por la vergüenza de admitirlo. Sabemos eso de los alcohólicos y de los ludópatas, y tenemos historial de grupos cristianos que se comprometieron a ayudar a superar la adicción a estas personas. Sin embargo, aunque socialmente los borrachos y los que se pasan el día en las máquinas tragaperras están mal vistos y son considerados problemáticos, que un hombre adulto consuma pornografía no es una vergüenza, sino incluso algo saludable que hacer en algún momento de la vida. Y que lo haga una mujer ya es considerado todo un logro del feminismo.

El instituto Max Planck de Berlín publicó un estudio no hace mucho en el que demostraba que el consumo de pornografía destruye las capacidades mentales. Literalmente, disminuye el tamaño del cerebro y afecta a la cognición. La publicación de ese estudio levantó polémica y se levantaron voces que pretendieron darle la vuelta, encontrarle otras explicaciones o anular los resultados. Y gran parte de ese rechazo vino a que la industria del sexo (pornografía, prostitución) es la segunda mayor del mundo, solo detrás de la industria armamentística. Estamos hablando de luchar contra todo un coloso.

Como decía Asun Quintana en nuestra breve conversación, no es solo un asunto de que las mujeres sean liberadas y los hombres sean castigados. Eso por sí solo no va a solucionar el problema. Hace falta una visión global y de conjunto, que abarque con honestidad la profunda dimensión del mal que causa el pecado en el ser humano.

También hemos de ser sinceros y reconocer que probablemente nada de lo que podamos hacer por terminar con la trata de personas y la prostitución acabará con el problema, porque vivimos en un mundo roto. Sin embargo, el esfuerzo debe dirigirse a impedir que los números de mujeres esclavizadas y de consumidores de sexo de pago sigan creciendo sin medida, y evitar a toda costa que eso pueda llegar a normalizarse. No ya porque resultaría algo perverso en sí mismo, sino porque tenemos que tener presente que, al igual que pasa con las mujeres prostituidas, para muchos hombres también supone una esclavitud y una vergüenza.

 

http://protestantedigital.com/cultural/34653/El_pecado_inconfesable

Lutero en el cine

Publicado: noviembre 5, 2014 en Cine, Historia, Iglesia, Luteranismo

José de Segovia

Muchos creemos que la Reforma fue la obra de un gran Dios, no la historia de un gran hombre.

MARTES AUTOR José de Segovia 31 DE OCTUBRE DE 2014 13:30 h
LuteroLutero, en la versión protagonizada por Joseph Fiennes (2003).

La víspera del Día de Todos los Santos –hoy más conocida como Halloween, que no es ningún invento ocultista, sino una fiesta católica–, el 31 de octubre de 1517, un joven monje agustino clavaba un largo papel con noventa y cinco tesis, en la puerta de la iglesia de Wittenberg. La lucha de este hombre contra el poder religioso inicia una Reforma, que continúa hasta el día de hoy. El cine nos muestra su figura, a lo largo de los años, con distintos resultados, pero una misma fascinación.

Hans Kyser era un guionista alemán que trabajó con directores como Murnau o Pabst. Como escritor, tenía una particular inclinación por la adaptación de sucesos y personajes históricos. La única película que dirigió era Lutero (1928). El reformador aparece así en el cine mudo con una obra de cierto presupuesto y gran dirección artística. Los decorados, el vestuario y los efectos especiales son espectaculares. No así la dirección de actores, que en general tienden a la sobreactuación o a ser tan inexpresivos como una figura de cera. La atmósfera está bien lograda y es correcta técnicamente, pero el resultado es algo monótono. La copia que se puede ver actualmente tiene subtítulos y una voz americana de fondo, que comenta aspectos de la vida de Lutero, ¡así que ya no es cine mudo!

En la época sonora, Lutero es un personaje de una película alemana de 1939, que se conoce en inglés como El corazón inmortal. La hizo el director Veit Harlan con Bernhard Minetti en el papel del reformador, pero no será hasta 1953 que se hace realmente la mejor película sobre Lutero. Es una coproducción americana con Alemania, dirigida por Irving Pichel, que se rueda en el país del reformador con el actor irlandés Niall MacGinnis como protagonista. Los amantes del cine de terror recuerdan siempre a MacGinnis por su papel del ocultista Karswell, en el clásico de Jacques Tourneur, La noche del demonio (1957).En la edición que se ha hecho en DVD por el cincuenta aniversario, Robert Lee cuenta la historia completa del film.

UN CLÁSICO NOMINADO A LOS OSCAR

Irving Pichel era actor y director desde los años treinta. Había comenzado en el teatro, pero llega a California con el comienzo del sonoro, a finales de los años veinte. Había sido guionista para la Metro, pero pronto destacó en papeles como Fagin de Oliver Twist o el mayordomo de La hija de Drácula. Su primera película es un film de terror para la RKO, El malvado Zaroff, en 1932.

 

Debido a su asociación con varios sospechosos de comunismo durante los años cuarenta –como Abraham Polonsky–, en la revista The Hollywood Quarterly, es llamado a declarar por McCarthy en la caza de brujas. Se logra librar de la lista negra y puede así trabajar en todo tipo de películas, desde musicales (Dance Hall) a filmes de aventuras (O.S.S.), cine negro (Ellos no creen en mí), ciencia-ficción (Con destino a la luna) o adaptaciones de Steinbeck (Donde nacen los héroes). Es también el narrador de míticas películas de John Ford, como La legión Invencible o ¡Qué verde era mi valle!

Pichel hace la película de Martin Luterojusto después de rodar un western con Randolph Scott, Santa Fe. Fue la penúltima película antes de morir de un ataque al corazón el año siguiente. Pichel ya tenía experiencia en otros proyectos cristianos, puesto que había colaborado con el pastor episcopal Friedrich y sus Cathedral Films para escuelas dominicales, en dos grandes producciones que llegaron a los cines: El gran mandamiento (1939) y Día de triunfo (1954). Esta segunda fue de hecho la última que dirigió, para la que contó con actores de la talla de Lee J. Cobb y Joanne Dru.

 

Lutero tiene dos nominaciones para el Oscar por la excelente dirección artística de dos alemanes (Fritz Maurischat y Paul Makwitz) y la impresionante fotografía en blanco y negro del francés Joseph Brun. Es una buena película, que merece la pena revisar, en cierto sentido superior a la versión actual. Un auténtico clásico, que debería tener una mejor distribución en DVD, accesible a un público general.

El año 74, vuelve Lutero al cine, interpretado por Stacey Keach, veterano actor de televisión, conocido sobre todo por su papel protagonista en series tan populares como la del detective Mike Hammer en los años ochenta o Prison Break (donde interpreta el papel del alcaide). La obra de teatro de John Osborne nos muestra a un sorprendente Lutero, casado aquí con Judy Dench, que hace el papel de Catalina de Bora. La obra del autor de Mirando hacia atrás con ira, que llevó al escenario Albert Finney, resulta en la versión de Guy Green demasiado teatral. No hay nada del asombro y la alegría que despierta el redescubrimiento del Evangelio, tan poderosamente capturado en la última película que se ha hecho sobre Lutero.

EL JOVEN REFORMADOR

La película más fácil de encontrar ahora en DVD, es la última versión que se ha hecho en el cine sobre la vida de Lutero (2003). Muchos tienen así la oportunidad de ver esta producción de habla inglesa, en la que el reformador aparece ante el gran público con el atractivo de un joven asombrado por el poder liberador de la Palabra de Dios.

 

El protagonista de Shakespeare In Love, Joseph Fiennes, resalta su fragilidad con una humanidad lejos de la figura monstruosa que ha fabricado de él la leyenda negra. Por eso, quien piense que la Reforma no es más que cuestión de política y crea que Lutero no fue sino un mero instrumento de los príncipes alemanes contra los campesinos, no reconocerá al personaje que tiene delante en la pantalla. Ya que en esta historia hay más Evangelio que en toda La Pasión entera de Mel Gibson. Porque el tema de esta película es en realidad la gracia de Dios, que nos revela a un Padre amante y lleno de misericordia.

La película arranca con la ya mítica tormenta por la que Lutero decide hacerse monje en Erfurt en 1505, a pesar de la oposición de su padre. Es allí donde conoce al vicario general de los agustinos en Alemania, Staupitz, magistralmente interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, que tantas grandes películas hizo en el nuevo cine alemán con directores como Wim Wenders.

Su habitual papel contenido adquiere aquí un singular dramatismo en este interesante personaje, que ha venido a ser prototipo del catolicismo-romano más filo-protestante, siempre tan cerca, pero a la vez tan lejos de la Reforma. Para él, como para tantos católicos hoy, el problema del protestantismo es que no ve lo positivo que todavía hay en la Iglesia de Roma, aunque le recomienda a Lutero leer la Biblia cada día, mandándole a Wittenberg para estudiar.

La famosa visita de Lutero a Roma ha sido rodada en Italia misma por Eric Hill –director británico, afincado en América, que ha hecho hace poco una película sobre Bonhoeffer–. Se detiene allí en el inmenso circo, en que se ha convertido la religión papista. Esta experiencia deja a Lutero escandalizado ante semejante espectáculo de manipulación, superstición e inmoralidad por parte del clero.

Es esa pompa y lujo vaticano la que lleva a León X a hacer una venta masiva de indulgencias, que es mostrada en la película con todo detalle y exactitud histórica. Pero esta denuncia de la corrupción, lejos de verse como algo anacrónico, muestra una actualidad singular por su enfrentamiento contra toda tiranía y opresión espiritual. En ese sentido las noventa y cinco tesis de Lutero contra el comercio vaticano, no sólo inician un proceso de Reforma de la Iglesia el 31 de octubre de 1517, sino que siguen siendo una denuncia contra todo tipo de corrupción religiosa.

LA PALABRA LIBERADORA

 

El mensaje de Lutero va más allá que una mera declaración del valor de la libertad de conciencia. Pocas veces en el cine se ha visto un tratamiento tal de la Biblia como algo emancipador para el hombre. Cuando tantos identifican hoy el cristianismo bíblico con fundamentalismos e integrismos religiosos, basados en un fanatismo peligroso, Lutero nos presenta la Palabra de Dios como una realidad liberadora.

Ya que entender que la autoridad del Papa no está por encima de las Escrituras, ni que los Evangelios pueden ser negados por las palabras de los hombres, lleva a una fe que ya no está basada en el consuelo, sino en la verdad misma. Es por eso que Lutero se niega a arrodillarse ante la autoridad de Roma, que representa el cardenal Cayetano, porque su conciencia está ahora “cautiva de la Palabra de Dios”.

Es interesante también el papel que tiene la política en la Reforma. El apoyo del príncipe Federico el Sabio –interpretado aquí por un Peter Ustinov a punto ya de fallecer, pero lleno de una sabiduría e inteligencia que ya quisieran tener muchos actores jóvenes– hace posible la traducción de la Biblia. Es esta obra la que realmente produce la Reforma, pero también el redescubrimiento de la experiencia de gracia de Lutero.

Aunque ese apoyo de los príncipes en Augsburgo, con el que se cierra la película, se convierte en “el abrazo del oso” con la guerra contra los campesinos. Es ahí donde vemos las consecuencias prácticas de la visión de Lutero sobre los dos reinos, que divorcia en cierto sentido la realidad espiritual de la temporal.

GRACIA ASOMBROSA

Lutero es presentado aquí también como alguien entrañable por su relación con el personaje de una niña minusválida llamada Greta, que aparece a lo largo de toda la película. Es como la afirmación de Jesús de que el Reino pertenece a los niños.

Esa compasión de Dios por una criatura indefensa es la que resalta una y otra vez, como cuando entierra al enfermo mental que se ha suicidado en “campo santo”. Es en ese sentido que esta es una historia sobre la gracia de Dios, aunque no se mencione nunca la palabra. Tampoco se habla por cierto de justificación, pero no hay mejor explicación que la que da Lutero en su emotivo sermón, cuando predica entusiasmado por el pasillo de la iglesia de Wittenberg. Ya que una de las virtudes de esta obra es precisamente su lenguaje, capaz de hacer entender las ideas centrales de la Reforma de una forma clara y sencilla, perfectamente comprensible para cualquier espectador.

Ese amor activo es el que destaca al final de la película en el relato evangélico conocido como del hijo pródigo, cuando le explica a los niños que el Padre corre en busca de su hijo. Es la asombrosa gracia de Dios, que se muestra en un hombre como Lutero, con todas sus debilidades, capaz de confesar a su esposa Catalina que hay días que se siente tan deprimido, que ni siquiera se puede levantar de la cama. Es por eso que muchos creemos que la Reforma fue una obra de Dios. Ya que esta no es la historia de un gran hombre, sino de un gran Dios, que ama profundamente a criaturas tan miserables y atormentadas como aquel monje.

 

Artículo originalmente publicado en la sección mARTES, el 30 de octubre de 2012.

 

http://protestantedigital.com/blogs/375/Lutero_en_el_cine

Una historia de fe e identidad

Publicado: junio 16, 2014 en Cine

José de Segovia Barrón

Ida (Pawel Pawlikowski, 2013)

Una historia de fe e identidad

Ida confronta a esta religiosa con una tía alcohólica y promiscua, que le recuerda que su Jesús vino a perdonar pecadores.
Podría ser la confrontación entre una novicia inocente y la maldad del mundo exterior, pero ‘Ida’ es una obra mucho más profunda y compleja.

10 DE JUNIO DE 2014

Si para entender a alguien, hay que ponerse en su lugar, la ficción intenta lo que no podemos hacer en realidad, experimentar la vida de otra persona. “Vivimos en la apoteosis de un narcisismo que se ha convertido en ideología –dice el director Pawel Pawlikowski–. Lo más importante somos nosotros.” El personaje de su película Ida, “no siente que ella misma sea el centro del universo”. Su deslumbrante mirada te traslada al asombro de una vida, comprimida en apenas medio año de una joven novicia en la Polonia de los años sesenta.Anna sale unos días del convento en el que ha crecido, para conocer a su tía Wanda, su único familia, antes de tomar los votos. Juntas emprenden un viaje en busca de sus orígenes, que las enfrenta a la culpa de un pasado olvidado. El país está bajo el régimen comunista, mientras que Anna es como si hubiera vivido en la Edad Media. Su tía acumula los horrores de la Historia del siglo XX, primero el Holocausto, y después la represión estalinista.

 Nada es lo que parece. Anna se llama en realidad Ida, y es judía. Sus padres fueron asesinados durante la Segunda Guerra Mundial, en circunstancias no aclaradas. Cuando conocemos a su tía Wanda, vemos que sale de su dormitorio, un hombre vistiéndose. Nos preguntamos si se estará prostituyendo, cuando descubrimos a continuación que es juez. No tardamos en saber que jugó un importante papel en el terror del estalinismo. La llamaban Wanda la Roja.

Cuando nació Pawlikowski en 1957, Polonia tenía un sistema burocrático y corrupto, basado en una estructura de poder totalitaria, sin ninguna ideología. Los años sesenta traen una cierta apertura, pero a los catorce años el director se va a Italia y Alemania, hasta que se establece finalmente, en Inglaterra, donde empieza a hacer documentales en los años ochenta.“Ida” es su quinta película, pero también el regreso al país de su infancia, sin la música, el color y los movimientos de cámara, que habían caracterizado hasta ahora su cine.

MIRADA DESLUMBRANTE
Poco de lo que uno ve en la pantalla hoy, se queda en la retina, algo después de desplegarse los créditos. Esta conmovedora historia, sin embargo, rodada en un impresionante blanco y negro, tiene un efecto hipnótico. Me ha trasladado a la época en que empecé a amar el cine.

Si no supieras nada de esta película, pensarías que está hecha en el tiempo en que se ambienta. No es algo de ahora. El formato es casi cuadrado, como los televisores de los años sesenta. No tiene el movimiento nervioso de cámara en mano, que muchos confunden hoy con la emoción. Nada resulta falso e impostado.

Como dice Carlos Boyero, “el claustro nevado de un convento, la bruma acercándose a un bosque, un tenue rayo de sol filtrándose en un cementerio, parece que siempre han pertenecido en esos paisajes, que no forman parte de la puesta en escena”. La única música que se escucha, es la que ponen en casa (Bach y Mozart), los cánticos religiosos del convento, o el grupo de jazz que interpreta en un hotel, “Naima” de Coltrane.

En los ochenta minutos que dura el film, no sobra, ni falta nada. Aprovecha el espacio de una puesta en escena con una cámara fija, donde los personajes sólo ocupan una parte de la pantalla. La sorprendente escena final, observa Paul Schrader que podría recordar a “El tercer hombre”, pero es un plano tan insólito, que alguien que conoce tanto cine como él, dice que nunca lo ha visto en ninguna película.

No es extraño que por donde vaya, consiga premios. Recibió el galardón de la crítica en Toronto, además de los mayores reconocimientos de su país. En Gijón se llevó seis premios, incluyendo el de mejor película, guión y actriz. Aunque se hizo el año pasado, se exhibe todavía en cines de todo el mundo.

ATMÓSFERA MAGNÉTICA
Anna sigue la rutina diaria de devoción y servicio del convento, mientras que Wanda es una mujer traumatizada por el Holocausto, alcohólica y promiscua. “La identidad de Ida está definida por su fe y no es superficial”, dice Pawlikowski. El director explica que “su fe cambia en la película, pero nunca la pierde”. Wanda es una mujer inteligente, que realmente creía en el marxismo. Se sentía más comunista que judía, pero ha pasado del idealismo al desencanto.

 Cuando Wanda le cuenta a Anna su origen judío, lo hace como una especie de ajuste de cuentas. Tía y sobrina emprenden este viaje con diferentes motivaciones. Wanda lo hace como una especie de autocastigo, pues sabe lo que la espera, pero Anna vive sin interés por su pasado, ignorante de todas las Idas que murieron en los campos de exterminio. Los judíos de Polonia fueron tanto victimas de los nazis, como del antisemitismo polaco. La población vive como si se hubieran esfumado, adoptando quizás otra identidad.

Al finalizar esta investigación, ninguna de las dos mujeres vuelve a ser la misma. La película nos enfrenta a la culpa y el olvido, que se confunde con el perdón. En el camino, se encuentran con un joven saxofonista que les invita al concierto de jazz que va a dar. Su relación con Anna muestra la complejidad y sutilidad de esta película. Es una historia descrita con gestos leves, silencios reveladores y miradas llenas de expresividad. Los diálogos son breves y justos, creando “una atmósfera magnética”, como dice Boyero.

ESPIRITUALMENTE SOBRECOGEDORA
“Ida” podría ser la confrontación entre una novicia inocente y la maldad del mundo exterior, pero es una obra mucho más profunda y compleja. Hay una dualidad en Anna, que nos muestra una realidad, pero también su oscuro anverso. Anna es Ida, e Ida es Anna. Son la misma persona, pero representa dos posibilidades de vida, para la misma persona. Una posible lectura de la conclusión podría ser que Anna tiene que intentar ser Ida, para saber qué decisión va a tomar respecto a su futuro.

Otra interpretación es la que hace Alissa Wilkinson en su interesante comentario en Christianity Today.  Anna intenta entender por qué su tía no la quiso tener, cuando se quedó huérfana, a pesar de que se lo pidieran sus hermanas. Para poder comprender la vida que ha elegido, tiene que convertirse en su doble, vivir su realidad. Es por eso que se pone su ropa y hace sus mismas cosas, para saber lo que es ser ella, entender por qué ha hecho lo que ha hecho.

El amplío espacio que dejan los planos de esta película, sobre la cabeza de los personajes, parece sugerir una presencia invisible, el peso de una autoridad que no podemos ver. El estilo ascético de “Ida” recuerda la desnudez de Bresson, pero también su visión jansenista de que en la abundancia del pecado, sobreabunda la gracia. Antes de emprender el viaje, Wanda advierte a Anna: “¿qué ocurre si vas allí y descubres que no hay Dios?” Ida nos muestra la lucha entre la razón y la fe, la carne y el espíritu, el odio y el perdón.

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN
 En cierto modo, Ida nos recuerda la Encarnación. Solemos hablar de un pensamiento judeo-cristiano. Los griegos despreciaban el valor del cuerpo y la vida material, pero ¿hay algo menos judío que la idea de que Dios pueda vivir en un cuerpo humano? En estricto sentido, el cristianismo no es ni griego, ni judío. Nos presenta la locura del Creador haciéndose criatura, para que le podamos conocer y confiar en Él, siendo salvos por el mayor acto de amor que se puede hacer por una persona.

Una noche en que Wanda intenta ahogar sus penas en alcohol, le dice a Anna que “tu Jesús no se escondió en una cueva con libros, sino que salió al mundo”. El cristianismo no se vive en un convento. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”, dice Juan (1:14). Si “la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (v. 17), es experimentando nuestro dolor, para mostrarnos el verdadero amor que nos libera.

“Ida” no es sólo una historia sobre nuestra búsqueda de identidad. Es una reflexión sobre la fe y su lugar “en el mundo”. Jesús le pide al Padre: “no riego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17:15). Wanda le dice a Anna que Cristo vino a perdonar pecadores como ella. ¡Ese es el Evangelio! Lo que la religión entonces, como ahora, no acaba de comprender…

Autores: José de Segovia Barrón

©Protestante Digital 2014

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