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Continuando con nuestra caminata hacia el CLADE V a realizarse en Costa Rica en el 2012, te traemos en esta oportunidad el documento final del CLADE III conocido como “La Declaración de Quito” El CLADE III se realizó del 24 de agosto al 4 de septiembre de 1992 en Quito, Ecuador


PROLOGO
500 años de la llegada de los europeos a las Americas, convocados a Quito, Ecuador del 24 de setiembre de 1992 para el III Congreso Latinoamericano de Evangelización (CLADE III), expresamos nuestra gratitud a Dios por este encuentro de evangélicos de 24 países con su riqueza de culturas, etnias y lenguas. Nos reunimos bajo el lema “TODO EL EVANGELIO PARA TODOS LOS PUEBLOS DESDE AMERICA LATINA”, en un momento de grandes cambios en el mundo, que plantean serios interrogantes para la situación de los pueblos de nuestro continente.
Confesamos nuestra fe en todo el evangelio de Jesucristo conforme a las Sagradas Escrituras, hermanados con todas las iglesias evangélicas de América Latina, y en el mismo espíritu de CLADE I y II. Reflexionamos sobre algunos aspectos del evangelio, en relación con nuestro contexto y el desafío que presenta para nuestra participación en la misión mundial. Nos comprometemos a llevar a la práctica misionera las consecuencias que surgen de la reflexión y los testimonios presentados en este encuentro.
I. TODO EL EVANGELIO
1. El evangelio y la Palabra de Dios
Todo el consejo de Dios y la manifestación de su Reino se nos han dado a conocer por medio del evangelio. Las escrituras registran la revelación de Dios en la historia por medio de hechos concretos. Ellas convergen en Jesucristo, la expresión plena y definitiva de la revelación de Dios. Por tanto, la Palabra de Dios es el fundamento y punto de partida para la vida, teología y y misión de la Iglesia.
2. El evangelio de la creación
Dios es el creador de todo y lo que El creo es bueno. Creó al ser humano, hombre y mujer a su imagen como seres llamados a vivir en relación armónica con El, su prójimo y la naturaleza. Dios los colocó como mayordomos responsables de toda la creación para beneficio de toda la humanidad. Pero los seres humanos cayeron en pecado y toda la creación sufrió los efectos de esa caída, quedando cautiva del pecado y la muerte. Sin embargo, Dios en su soberanía ha tomado la iniciativa de establecer un pacto para reconciliar consigo mismo a los seres humanos y todo lo creado en la persona y obra de Jesucristo. En Cristo, Dios está restaurando la dignidad humana, transformando las culturas y conduciendo su creción hacia la redención final.
3. El evangelio del perdón y la reconciliación
Jesucristo es el Verbo encarnado, don de Dios y único camino hacia El. Por medio de la vida, muerte y resurección de Jesucristo se ofrece perdón al ser humano,reconciliación y redención para todo lo creado. El arrepentimiento y la fe son imprescindibles como expresión de la total dependencia de Dios, para recibir la salvación. Quienes reciben el perdón son hechos hijos de Dios y esta nueva relación filial los capacita para obedecerle. La nueva vida significa mantener y desarrollar esta relación con su Creador. Ella produce una nueva relación con sus semejantes y con toda la creación, mediada por el compromiso con el Señor y basada en la práctica del amor, la verdad y la justicia. Dios en Cristo crea una comunidad perdonada y reconciliada llamada a ser agente de perdón y reconciliación en un contexto de odio y discriminación.
4. El evangelio y la comunidad del Espíritu
La persona del Espíritu Santo actúa con poder en el mundo. Lo hace primordialmente por medio de la Iglesia otorgándole vida, poder y dones para su desarrollo, madurez y misión. La Iglesia, comunidad de reconciliados con Dios, es enviada al mundo por Jesucristo. En ella se opera una transformación radical que muestra el propósito divino de eliminar toda injusticia, opresión y signos de muerte. Como comunidad del espíritu la Iglesia debe proclamar libertad a todos los oprimidos por el diablo e impulsar una pastoral de restauración que traiga consuelo a los que sufren discriminación, marginación y deshumanización.
5. El evangelio y el Reino de Dios
Con la llegada de Jesucristo el Reino de Dios se hizo presente entre nosotros, lleno de gracia y de verdad. El Reino está en conflicto constante con el poder de las tinieblas; la lucha ocurre en las regiones celestiales y se expresa en todo lo creado a nivel personal, colectivo y estructural. Sin embargo, la comunidad del reino vive sostenida por la confianza de que la victoria ya ha sido conquistada y que el Reino de Dios se manifestará plenamente al final de los tiempos. Con el poder y la autoridad delegados por Dios, ella asume su misión en este conflicto, para ser agente en la redención de todo lo creado. El Rey Jesucristo se ha encargado y llama a su comunidad a hacer lo mismo en el mundo. Seguirle como sus discípulos significa asumir su vida y misión.
6. El evangelio de justicia y poder
El evangelio revela a un Dios santo, justo y poderoso en su carácter y sus acciones. por ello la iglesia es llamada a vivir según la justicia del Reino, en el poder del Espíritu. En un mundo caracterizado por el abuso del poder y el predominio de la injusticia, el testimonio de la Iglesia confronta a los poderes que dominan en el presente. por eso, la proclamación del Reino anuncia a Jesucristo y denuncia a las fuerzas del mal.
II. DESDE AMERICA LATINA
1. Perspectiva histórica de la iglesia evangélica
En el pueblo evangélico de América Latina se ha despertado una conciencia misionera hacía otors continentes. Sin embargo, las nuevas generaciones de evangélicos, en general, desconocen sus propias raíces históricas y herencia protestante. El conocimiento de nuestra historia es fundamental para evitar los errores del pasado, recuperar ciertos distintivos de nuestra herencia y cumplir con el mandato misionero.
En América Latina y el caribe el protestantismo tiene raíces históricas que datan del siglo XVI . Es parte de la historia misma de América Latina, no simplemente un agente extranjerizante que obedece a la penetración del imperialismo de turno. Esta afirmación no excusa a la iglesia evangélica de sus errores históricos y de las deformaciones del evangelio en su llegada y establecimiento en el continente. por lo tanto, resulta fundamental examinar cuáles han sido los aportes positivos y negativos de la misiología europea y norteamericana, además de los que surgen desde aquí mismo.
2. Evangelio y cultura
El evangelio es pertinente a toda la realidad humana, incluida la cultura, por medio de la cual el ser humano transforma la creación. La capacidad de creación cultural es un don otorgado al ser humano por Dios, a cuya imagen fue creado. Por lo tanto, es importante que la cultura ocupe el lugar que merece en nuestra reflexión y práctica misiológica.
Durante estos 500 años, nuestro continente ha sido testigo del desprecio y la destrucción sistemática de las culturas autóctonas en nombre de la evangelización. Es entonces condenable el sometimiento y ultraje del cual fueron objeto los pueblos indígenas. Por eso resulta imprescindible buscar la reconciliación entre nuestros pueblos. A la vez tenemos que reconocer que toda cultura puede ser vehículo adecuado para comunicar fielmente el evangelio. Desde la perspectiva de éste, toda cultura debe ser entendida, respetada y promocionada, sin presuponer la superioridad de una cultura sobre otras. Hay que señalar que toda cultura está afectada por el pecado, que introdujo la corrupción, los conflictos, el egoísmo y el rompimiento de las relaciones entre Dios y todo lo creado. Por lo tanto, todas las culturas están bajo el juicio de la Palabra. El creador no debe ser confundido con su creación ni con cultura particular alguna. La revelación de Dios en Cristo trasciende a ambas y a la vez entra en relación con ellas para redimirlas.
La misiología evangélica deberá actuar en dos sentidos. primero, reconocer, respetar y dignificar a las etnias y sus culturas; segundo, evaluarlas a la luz del juicio de la Palabra, ofreciendo la esperanza del evangelio para su transformación. La fidelidad de la iglesia a los propósitos de Dios demanda una hermenéutica contextual que permita comunicar fielmente el evangelio en diálogo abierto con la cultura. La iglesia debe cumplir con su misión de anunciar la salvación integral a la totalidad del ser humano en la realidad en que está arraigado.
3. Identidad evangélica
Como evangélicos necesitamos revalorar nuestras raíces indigenas, africanas, mestizas, europeas, asiáticas y criollar y considerar la pluralidad de culturas y razas que han contribuido a enriquecernos. Como iglesia latinoamericana confesamos que nos hemos identificado más con los valores culturales foráneos que con los auténticamente nuestros. Por la gracia de Dios podemos reencontrarnos con el mundo sin complejos ni vergüenzas a partir de nuestra identidad cultural y evangélica como pueblo de Dios.
Afirmar nuestra identidad evangélica implica reafirmar nuestro compromiso con la herencia de la Reforma. No significa asumir una postura acrítica respecto a nuestra tradición, doctrinas o misiología. Como iglesia estamos llamados a reformarnos permanentemente a la luz de las Escrituras como palabra final.
Debemos evaluar los modelos de misión que heredamos del pasado o que se importan en el presente, y buscar nuevos modelos. Esto implica forjar una misiologia desde América Latina que tome en cuenta las experiencias y aportes de las iglesias de los diferentes grupos étnicos y culturales del continente. Sin embargo, la búsqueda de nuevos modelos no debe conducirnos a hacer concesiones en cuanto a la verdad de Jesucristo.
Agradecemos a Dios los avances en la unidad de las iglesias evangélicas en América Latina y las nuevas formas de cooperación surgidas en el cumplimiento de la misión. Sin embargo, debemos reconocer que el individualismo y el denominacionalismo han creado divisiones en la Iglesia de América Latina. Confesar la unidad de la iglesia en Cristo significa superar las barreras ideológicas, culturales, sociales, económicas y denominacionales. Debemos abrirnos a un diálogo constructivo, valorar las contribuciones de cada uno, estrechar la comunión y cooperar en la misión. No es honesto de nuestra parte proclamar un evangelio que reconcilia al mundo si todavía no nos hemos reconciliado entre nosotros.
4. Contexto socio-político
América Latina, en el momento actual, se puede caracterizar como un continente en crisis. Varios países han sufrido bajo regímenes militares represivos que cometieron graves violaciones de los derechos humanos. En otros, muchos años de guerra civil han causado enormes pérdidas humanas y económicas. La persistencia del machismo en nuestra cultura ha hecho de las mujeres víctimas de formas diversas de discriminación que impiden su plena participación en el papel social y ciudadano. Profundas divisiones sociales y raciales en el campo y la ciudad, colocan a millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños en condiciones de extrema pobreza; negándoseles empleo, alimentación adecuada, vivienda , salud y educación que hagan posible una vida humana digna.
La democracia puramente formal, la corrupción de las instituciones del Estado y las inadecuadas medidas económicas neoliberales muestran que el poder no está al servicio de toda la sociedad, especialmente de las mayorías empobrecidas. Los problemas de corrupción, deuda externa, narcotráfico, terrorismo, degradación moral en sus distintos órdenes y desintegración de la familia, también laceran a nuestros pueblos.
5. La responsabilidad de la iglesia
Ante esta situación, nuestra conciencia cristiana no puede cerrar los ojos. El evangelio del Reino de Dios nos exhorta a la práctica de la justicia, consecuencia intrinseca del perdón y la reconciliación en Jesucristo. Nuestra fidelidad al llamado del evangelio demanda que asumamos la responsabilidad cristiana en las situaciones conflictivas de nuestro continente. La Iglesia debe afirmar y promover la vida negada por todo pecado, por las estructuras injustas y los grupos de interés mezquino. En su seno, se debe poner fin a las diferentes formas de discriminación predominantes en la sociedad por razón de sexo, clase social, condición económica, nivel educacional, edad, nacionalidad y raza. Ella cumple su misión siguiendo el modelo de Jesús, y tomando en serio la pregunta de Dios a Caín, “¿dónde está tu hermano?”.
Reconocemos que la Iglesia evangélica latinoamericana en general no asumió fielmente esta responsabilidad. Confundió al mundo en el que Dios la envió a servir con lo mundano y pecaminoso y se aisló de los procesos sociales y políticos. En algunos casos inclusive ha llegado a justificar regímenes dictatoriales violentos. Esto explica por qué algunos evangélicos que han participado en la arena pública poco o nada han logrado en favor de las mayorias; por el contrario, han reducido su participación política a satisfacer intereses personales y obtener ciertos baneficios para la iglesia evangélica.
Al mismo tiempo, celebramos la toma de conciencia de la iglesia evangélica respecto a su responsabilidad social y política y su creciente participación en la sociedad. Diversas entidades evangélicas, iglesias y creyentes en particular, participan en proyectos de desarrollo, en la administración pública e instituciones que velan por los derechos humanos.
6. La responsabilidad del cristiano
La proclamación de todo el evangelio nos compromete a un trabajo creativo para desarrollar más y mejores medios de participación en la sociedad. La certeza del triunfo final de Jesucristo garantizada por su resurrección nos anima a hacer aportes constructivos, aunque no resulten defenitivos. Nuestro compromiso con Jesucristo como el único mediador de la paz de Dios, fundamenta la convicción de que su obra redentora es pertinente a todo conflicto y sufrimiento humano.
La participación responsable en la vida ciudadana demanda la formación de líderes guiados por una vocación cristiana de servicio. La iglesia deberá afirmar que todo aspecto de la vida nacional es un campo de acción legítimo para el servicio cristiano. Deberá promover elementos formativos y acompañamiento pastoral para quienes tienen vocación política. Al mismo tiempo, es necesario que la Iglesia asuma su función profética para denunciar entre otras cosas el abuso del sexo, la manipulación de los medios de comunicación, el endiosamiento del Estado, el dinero y la violencia, cualquiera que sea su origen. Lo hace legítimamente cuando se manifiesta en su propia existencia la vida de amor, justicia y paz que es posible mediante la obediencia a la Palabra y el poder del Espíritu de Dios. El ejercicio del liderazgo en la vida de las iglesias locales, deberá estar marcado por el modelo del siervo sufriente y mostrar un constante con el caudillismo y otras deformaciones causadas por el abuso del poder.
La práctica está demostrando que las iglesias locales pueden responder a las necesidades de sus comunidades en la medida de sus recursos. Se están desarrollando proyectos que muestran la posibilidad de transformación a partir de las iniciativas y recursos locales que promueven la valoración de la dignidad de las personas y de los pueblos; vemos aquí un desafio que debiera ser tomado en serio por todo el pueblo evangélico. El poder del evangelio y la acción consecuente de las iglesias evangélicas, podrán permear y transformar las condiciones de injusticia y desigualdad que predominan hoy en América Latina.
III. PARA TODOS LOS PUEBLOS
1. La universalidad de la misión
Dios cumplió su promesa de proveer un redentor para todo el mundo. El propósito de Dios es que todos los seres humanos sean salvos por la fe en Jesucristo. La suficiencia y la universalidad de Jesucristo corresponden la esencia del evangelio. El carácter universal de la fe cristiana y la confesión del señorio de Cristo confieren a la iglesia su dimensión misionera. En consecuencia, la iglesia es enviada al mundo para vivir y ser mensajera de la universalidad del evangelio.
El propósito divino y la universalidad del evangelio no significa que todos los caminos y opciones sean válidos para obtener la salvación de Dios. Las prácticas sacramentalistas y ritualistas que expresan la intención de lograr la justificación por obras, son ajenas al propósito revelado por Dios en las Escrituras. La verdad única del evangelio y su ética consecuente se oponen a todo universalismo y relativismo que consideran como igualmente válida toda experiencia religiosa.
2. Toda la iglesia es misionera
Toda la iglesia es responsable de la evangelización de todos los pueblos, razas y lenguas. Una fe que se considera universal, pero que no es misionera, se transforma en retórica sin autoridad y se hace estéril. La afirmación de que toda la iglesia es misionera se basa en el sacerdocio univeral de todos los creyentes. Es para el cumplimiento de esta misión que Jesucristo ha dotado a su iglesia de dones y del poder del Espíritu Santo.
3. Misión integral
La visión, acción y reflexión misionera de la Iglesia deben fundamentarse en el evangelio que, cuando es comprendido en su integridad, se proclama en palabra y obra y que se dirige a todo el ser humano. Nuestra misiología debe hacerse a partir de la Palabra, desde nuestra realidad latinoamericana y en diálogo con otras misiologías, buscando superar las deformaciones o dicotomías que pueden haber afectado al evangelio que recibimos. Esto demanda también una comprensión de los nuevis desafios que el mundo actual presenta, tales como la globalización, la postmodernidad, el resurgimiento del racismo, los esoterismos y el creciente deterioro ecológico.
4. La nueva conciencia misionera en América Latina
El Espíritu Santo ha hecho surgir en América Latina una nueva conciencia misionera. A la práctica misionera del pasado se suma una creciente disposición a asumir la responsabilidad de la iglesia, en obediencia a la Palabra, desde América Latina. En los últimos años han aumentado las oportunidades de formación y envío de misioneros para otros continentes y contextos. Sin embargo, las nuevas posibilidades que abre esta actividad misionera deben llevarnos a una evaluación de modelos y experiencias y a una continua corrección de éstos a la luz de la Palabra de Dios.
5. El estilo encarnacional de misión
La encarnación es el modelo para la misión de la iglesia. En su encarnación, Jesús se identificó con la humanidad pecadora, se solidarizó con ella en sus aspiraciones, angustias y debilidades y la dignificó como criatura hecha a imagen de Dios. La iglesia está llamada a encarnar su misión al estilo de Jesús. Este cumplimiento demanda el cruce de fronteras geográficas, culturales, sociales, lingüísticas y espirituales, con todas sus consecuencias. En todo el mundo, el crecimiento de las grandes ciudades y sus mayorías empobrecidas constituyen un desafio de especial urgencia. Para responder a todos estos retos se necesita reconsiderar el model del Nuevo Testamento, usar adecuadamente las ciencias sociales y humanas y reflexionar sobre la práctica. También es indispensable la formación espiritual que capacita al misionero para la santidad y humildad que hacen posible el respeto y valoración de otras lenguas y culturas y la fidelidad al evangelio.
6. La urgencia de la misión
La iglesia en América Latina debe asumir plenamente y sin tardanza su responsabilidad en la evangelización mundial. Debe crear y promover centros de formación en cada país con programas adecuados de capacitación para la misión local y transcultural. La estructura de toda la educación teológica debe ser revisada a la luz del imperativo misionero. El avance misionero siempre ha surgido de la vitalidad espiritual en momentos de renovación. Para ser misionera la Iglesia en América Latina debe renovar su dependencia del Espíritu y entregarse a la oración. Así podrá responder al desafio de proclamar todo el evangelio a todos los pueblos de la tierrra desde América Latina.

Hacia CLADE V (sexta parte)

Publicado: enero 29, 2012 en CLADE

Carlos Martínez García

Hacia CLADE V (sexta parte)
 

 Es un error contraponer crecimiento cognoscitivo de la Palabra a la expresividad emotiva, uno y otro son espacios en los que actúa el Espíritu Santo. 

 Parece que la liturgia preponderante en las iglesias evangélicas hispanoamericanas consiste en hablar, orar y alabar a Dios. Hay poco espacio para lo que el Señor quiere comunicar a su pueblo a través de su Palabra. Se ha descuidado el ordenamiento divino que exige escucharle. Tal exigencia recorre toda la Biblia, desde el  Shemá Israel  (escucha Israel), de Deuteronomio 6:4, hasta la definición que hace Jesús de lo que significa escuchar bien sus enseñanzas, Mateo 7:24. 

Bien dice el documento preparatorio del Quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización al afirmar que “la liturgia cristiana debe tener el principio básico de la centralidad de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios nunca puede ser relegada a segundo plano en el culto cristiano. Es a través de ella que somos trabajados y mejorados en el conocimiento de la gracia de Dios y guiados en el conocimiento de la  missio Dei  (es decir, de envío o la misión de Dios)”.

Lo aceptado como obvio y primario en el terreno declarativo, no necesariamente lo es en el campo de la práctica cotidiana. Porque una cuestión es, como lo establece un principio de la sociología de la religión, el cuerpo de creencias admitidas por un grupo religioso determinado, y otra las prácticas conductuales de los integrantes de ese mismo grupo. Es decir, con frecuencia existe contradicción entre el discurso y su aplicación ética en la vida de todos los días.

La misión del pueblo de Dios es ricamente definida en la Palabra de Dios. El desarrollo de la historia de la salvación nos es mostrada con todas sus complejidades en la Biblia. Solamente un conocimiento panorámico, amplio, y a la misma vez detallado de la Revelación progresiva, nos capacita para comprender crecientemente cuáles son las tareas a desarrollar por los seguidores y seguidoras de Jesús.

 Un acercamiento parcial, a menudo literalista, una lectura ocasional y descontextualizada de la Biblia necesariamente tiene consecuencias nocivas en la comunidad de creyentes , ya que un conocimiento deformado y reduccionista de la Palabra estrecha el horizonte cognoscitivo y ético de los cristianos y cristianas. Por lo cual una liturgia que mayormente se centra en lo que unos líderes dicen sobre Dios con slogans y cantaletas puede ser efectiva para el consumo religioso de su audiencia, pero de escaso impacto en la formación de discípulos capacitados por la Palabra para la realización de “toda buena obra” (2ª Timoteo 3:16-17).

Una liturgia en la que la enseñanza del todo el consejo de Dios (Hechos 20:27) tiene primacía, puede articularse bien con el sentido de fiesta propio de los pueblos latinoamericanos. Al respecto señala el documento que hemos venido comentando: “Nuestra auténtica expresión latinoamericana y caribeña, tan emocional y afectiva, debe tener espacio para su manifestación”.

 Es un error contraponer crecimiento cognoscitivo de la Palabra a la expresividad emotiva, uno y otro son espacios en los que actúa el Espíritu Santo . Enfatizar el discipulado del intelecto en detrimento de las emociones, o sublimar éstas últimas y despreciar el crecimiento de la mente de los discípulos y discípulas, es un mal entendimiento de la integralidad de la persona prescrita tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Jesús se hace eco del principio veterotestamentario, pero además lo lleva más allá al subrayar que la relación afectiva con Dios necesariamente incorpora todos nuestro ser y debe reflejarse una vida de servicio a los otros y otras (Mateo 22:37-40).

 El reconocimiento de quién es Dios, la alabanza que se le rinde, es un acto comunitario que tiene dimensiones trascendentales pero también efectos horizontales . Por lo tanto, como apunta el documento “la liturgia cristiana tiene que comunicarse con el gran amor de esta generación de Dios a través de una experiencia amoroso de comunidad. Una iglesia que adora a Dios expresa su amor a la gente a través de una comunidad acogedora que se extiende y abraza a los pobres, los afligidos y los que buscan un sentido existencial. Por eso, nuestras liturgias necesitan estar conectadas con la realidad humana que nos rodea. Allí están los dramas actuales que forman parte de la vida ordinaria. En lugar de refugiarnos en la alienación de un culto que ‘huye del mundo’, debemos hacer frente a los desafíos colocados la iglesia y hacer hincapié en la esperanza que tenemos en Dios y en su Reino”.

 La liturgia que practicamos es reflejo de la comprensión que las comunidades cristianas tienen de Dios.  Si solamente se enseña que la creencia en Él es un satisfactor espiritual, aunque tal vez debemos escribir espiritualista, entonces las reuniones cúlticas estarán centradas en pronunciar frases laudatorias sobre un Dios alejado de las cotidianidades humanas, y a entonar cantos que mueven sólo emocionalmente pero que no incorporan el entendimiento, la inteligencia (Salmo 47:7).

 Siempre debe llamarse a la comunidad de creyentes para que no separe la liturgia de la ética. Es más, de acuerdo a la enseñanza bíblica podemos afirmar que una y otra se retroalimentan y evidencian la calidad de los discípulos que confiesan a Jesús como Salvador y Señor . En la liturgia tiene que articularse el agradecimiento al Señor por lo que ha hecho para que tengamos acceso a formar parte del pueblo de Dios y el refrendo de la responsabilidad de vivir como hijos e hijas de luz. De poco valen prácticas grandilocuentes, actos alejados del concepto bíblico de santidad pero, eso sí, llenos de santurronería, que evaden el cumplimiento de una liturgia integral. El profeta Isaías describió lo anterior magistralmente en el capítulo 58 de su libro, y Jesús recordó a sus contemporáneos, y a nosotros, que desde tiempo atrás una cosa era lo que litúrgicamente se confesaba pero muy otra lo todos los días vivido (Mateo 15:8-9).

Autores: Carlos Martínez García
©Protestante Digital 2011

 

Hacia CLADE V (quinta parte)

Publicado: enero 10, 2012 en CLADE

 

 

 Carlos Martínez García

 Para Pedro Savage, por cuyo denodado esfuerzo cristalizó la FTL. 

 El tema de la liturgia es introducido en el documento preparatorio del Quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización  mediante preguntas. “¿Cómo influyen las prácticas litúrgicas (canciones, oraciones, sermones, gestos, ritmos, cultos) en nuestro seguimiento de Jesús? ¿Hay criterios que nos ayudan a discernir frente a estas prácticas?”

Es claro que  las prácticas litúrgicas reflejan entendimientos de lo que es dar culto a Dios. En esos entendimientos, con frecuencia, se entremezclan comprensiones bíblico teológicas de la historia de la salvación con elementos culturales prevalecientes en la sociedad en la que están inmersas las comunidades cristianas .

Es decir, por un lado lo cúltico es perfilado por nuestro horizonte comprensivo de las acciones y Revelación de Dios que tenemos en la Biblia, pero también influye poderosamente el contexto cultural en que están inmersos los cristianos y cristianas. La liturgia se expresa en momentos históricos determinados, sea que los creyentes estén conscientes de ello o no lo estén.

La teología implícita y explícita de una comunidad cristiana se puede conocer por los textos escritos que produce, o consume, y también, sobre todo en grupos que dicen no tener teología (por una reacción negativa a una disciplina que consideran contraria a una fe dinámica) a través de sus predicaciones y cantos que se entonan en sus reuniones.

 Las comunidades evangélicas latinoamericanas han sido muy fecundas en la producción de himnos, cantos y coritos desde las primeras décadas de su establecimiento en los distintos países del Continente.  En un inicio se hicieron traducciones, y/o adaptaciones, de los himnos clásicos del protestantismo europeo y del estadounidense. Pero en esas traducciones/adaptaciones hubo el aporte endógeno, y no mucho tiempo después comenzó la composición hímnica de letristas y músicos latinoamericanos.

En el muy útil libro  La historia del himno en castellano , de Cecilio McConnell (Casa Bautista de Publicaciones, 1987), se traza el origen y desarrollo de la producción hímnica protestante en la lengua de los países iberoamericanos. Para el caso de México el autor resalta la fecundidad de autores que trascendieron las fronteras del país, y contribuyeron con sus piezas musicales al sucesivo crecimiento de los himnarios que se fueron elaborando en distintos lugares de Iberoamérica.

Comenta McConnell que “ aunque la obra evangélica en Chile y en la Argentina empezó en la misma década que en México, no obstante desde un comienzo la tierra de los aztecas tuvo una mayor importancia evangélica e hímnica que los demás países hispanoamericanos . Por ejemplo, antes de finalizar el siglo XIX los himnarios de España llevaban himnos evangélicos de México, pero casi ninguno de los países sudamericanos”.

Desde entonces la traducción y composición original de himnos y cantos ha sido particularmente fructífera en México. Hoy los llamados “salmistas” mexicanos hacen giras por toda la geografía donde la liturgia se expresa en castellano. Aunque a diferencia de sus antecesores del siglo XIX y las dos terceras partes del siglo XX, los actuales compositores, en su mayoría, están lejos de la riqueza lingüística y de conocimiento bíblico de quienes produjeron las primeras traducciones y composiciones de piezas musicales para ser usadas en las celebraciones litúrgicas evangélicas.

 Desde las últimas dos décadas del siglo pasado y hasta ahora la liturgia cantada ha ido desplazando a la exposición de la Palabra en las reuniones de las comunidades protestantes/evangélicas hispanoamericanas . Considero que la gama de distintos ritmos musicales es un aporte importante en las celebraciones cúlticas que en muy diversos climas, condiciones culturales, sociales y económicas se llevan a cabo por toda Iberoamérica. Es de celebrar la riqueza musical que puede expresar nuestros distintos estados de ánimo.  Debe haber lugar en nuestras liturgias para la solemnidad, el duelo, la desbordante alegría, la reflexión, la fraternidad, la esperanza, el compromiso, el gozo del perdón y el fortalecimiento de la voluntad para seguir el código ético del Reino . Para todo ello, y más, las expresiones musicalizadas pueden contribuir poderosamente, a condición de que no releguen la Palabra sino que sean permeadas por ella.

Mucha de la producción litúrgica musical iberoamericana contemporánea está centrada en los beneficios que tiene el creyente al confesar a Jesús como Salvador. Se enfatiza que hay salvación, sanidad, poder del Espíritu Santo y prosperidad material en Jesús. De la misma manera es subrayada la expectativa del retorno del Señor y las bendiciones para los cristianos. Todo lo anterior casi siempre está escrito, y por eso se canta así, en primera persona de singular. Por lo tanto se internaliza una dimensión individualista de la fe, en la que abundan los privilegios pero prácticamente están ausentes las responsabilidades de ser discípulos de Jesús.

 La dimensión ética personal y comunitaria queda muy marginada en las liturgias que reducen la riqueza del Evangelio al incesante incremento de todo tipo de comodidades que, supuestamente, llegarán a los creyentes mediante la repetición de ciertas fórmulas y rituales . De tal manera que el centro litúrgico ya no es la manifestación máxima de la Revelación de Dios, que es Jesús, sino los descubrimientos en turno de un chamán o gurú evangélico, o post evangélico, que predica una exacerbada fuga del mundo y un espiritualismo que es muy endeble ante la espiritualidad bíblica.

 Cierta espiritualidad se refleja en determinada liturgia , a la vez que ésta última revela nuestra formación espiritual. Porque la espiritualidad es “un estilo de vida, una manera de ser y de hacerse discípulo de Jesús […] una manera de pensar y actuar, de caminar según el Espíritu ( Romanos 8:4 )… una manera de ser cristiano (Gustavo Gutiérrez,  La verdad os hará libres: confrontaciones ). Eldin Villafañe subraya también que una espiritualidad auténtica y relevante debe ser integral y debe responder por igual a la dimensión vertical y horizontal de la vida […] ya que toda espiritualidad verdadera es, en última instancia, amar a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos ( El Espíritu liberador: hacia una ética social pentecostal latinoamericana ). Hemos tomado la cita del estimulante libro de Darío López,  La fiesta del Espíritu. Espiritualidad y celebración pentecostal  (Ediciones Puma, Lima, 2006, pp. 17-18).

 Las tradiciones litúrgicas, las de larga historia así como las más recientes que son cambiantes y flexibles, deben ser evaluadas con la integralidad de las Escrituras , “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” ( Hebreos 4:12 ).

Autores: Carlos Martínez García
©Protestante Digital 2011

 

Hacia CLADE V (cuarta parte)

Publicado: enero 4, 2012 en CLADE

Carlos Martínez García

Hacia CLADE V (cuarta parte)

 Para Pedro Arana, hermeneuta de la Palabra.

 Continuamos con las pautas reflexivas del Quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización. El tema sobre el que debimos hacer una pausa hace dos semanas, pero en el que ahora proseguimos, es el de la hermenéutica.

En la tarea de tratar de comprender la Palabra nos son útiles las herramientas que distintas ciencias ponen hoy a nuestra disposición. A nosotros nos llegan en palabras realidades históricas, geográficas, económicas, políticas y culturales a las que debemos esforzarnos por entender. Las realidades anteriores es factible agruparlas en la noción conceptual que llamamos contexto. Por lo tanto el oficio de contribuir para hacer la Palabra comprensible a nuestros hermanos y hermanas de las comunidades cristianas incluye, necesaria e imprescindiblemente, la práctica de la hermenéutica contextual.

 La materia prima que nos reta son las expresiones lingüísticas contenidas en la Biblia. Ellas nos comunican mundos mentales distintos al nuestro.  Como la comunicación humana requiere del lenguaje para concretizarse, y en palabras humanas se ha vertido la Revelación progresiva de Dios contenida en la Biblia, entonces debemos tener como horizonte permanente engrandecer el conocimiento de esas palabras.

Además debemos ser conscientes de que las palabras tienen, necesariamente, referentes culturales que les dan un significado específico. De ahí que siempre hay que tener encendida la lucecita que nos advierte sobre el peligro de trasladar automáticamente las categorías antiguas y hacerlas significar lo que para nosotros hoy significa una palabra o concepto.

 Las palabras, las expresiones en ideas que se plasman en lenguaje hablado u escrito, tienen su historia y un desarrollo cultural que por ignorarlo lleva a sinceros lectores de la Palabra a incurrir en malos entendidos.  La sinceridad no produce en automático comprensión de las enseñanzas bíblicas. De la misma manera tampoco es automático el entendimiento de la Palabra mediante el estudio académico de la misma, porque hace falta el recurso del Espíritu Santo que actúa en la comunidad de creyentes de la cual debemos ser parte. Necesitamos de la comunidad hermenéutica para ampliar nuestros alcances cognoscitivos y pneumatológicos de la Revelación.

El poco tiempo a mi disposición, escribo esto a unas horas de que termine el 2011 y a punto de que se cumpla el plazo para hacer mi envío a  Protestante Digital , me hace tener que concluir el presente artículo. Pero quiero hacerlo literariamente, con  una breve narración titulada  Naufragio .

Su autora es Ana María Shua (en Lauro Zavala, selección y prólogo,  Relatos vertiginosos. Antología de cuentos mínimos , México, Editorial Alfaguara, 2007, p. 68).

 He recurrido a esta pieza en varias ocasiones, sobre todo en cursos en los que busco transmitir a los participantes la importancia de entender lo que otros nos comunican . Porque no entender bien puede, como en el caso del breve cuento que comparto, costarnos literalmente la vida.

Así que como presente de Año Nuevo va lo siguiente:

 ¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo.

 Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

Autores: Carlos Martínez García

©Protestante Digital 2011


Carlos Martínez García

Hacia CLADE V (tercera parte)

Para René Padilla, porque hace muchos años, con una pregunta: “¿Carlos, por qué no escribes?”, me hizo tomar en serio la vocación de escritor.

 

Todos y todas interpretamos lo que leemos. La actividad lectora es intrínseca a los seres humanos. No me refiero a la lectura de libros, sino a la tarea cotidiana de leer, examinar, tratar de entender el entorno en que transcurren nuestras vidas. Siempre estamos interpretando el sentido de lo que nos acontece, su origen e implicaciones, nos esforzamos por develar las intenciones de los otros. Estamos destinados a siempre interpretar.

Leamos o no leamos libros la tarea interpetradora es imprescindible. Todavía lo es más si el libro central en nuestra vida es la Biblia. En este sentido la pregunta que le hace Felipe al funcionario de la reina Candace, cuando este último trata de descifrar lo escrito por el profeta Isaías, “¿entiendes lo lees?” ( Hechos 8:30 ), es un cuestionamiento continuo a quienes leemos la Palabra. Por no tomar en serio la pregunta, al considerarla innecesaria, podemos incurrir en reducciones y esquematizaciones de enseñanzas bíblicas, y las consecuentes erróneas prácticas evangelizadoras y pastorales.

 En el cuaderno preparatorio para los participantes en el Quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización (9-13 de julio de 2012, San José, Costa Rica), después de llamarnos a examinar la cristología dominante en el cristianismo evangélico de América Latina y el tipo de discipulado que se disemina, abre el tema de la hermenéutica y sus usos en las iglesias evangélicas del Continente .

El documento hace una definición sencilla y útil del ejercicio interpretativo: “la hermenéutica bíblica se encarga de interpretar y aclarar el mensaje bíblico a los oyentes modernos a partir del contexto de sus oyentes originales, volviéndola comprensible y relevante. Es un ejercicio que exige cuidado y atención”. Los autore(a)s del escrito recuperan una definición de René Padilla sobre tres tipos de hermenéutica existentes en el amplio abanico protestante/evangélico: intuitiva, científica y contextual.

 Uno de los temas que recorren la obra de René Padilla es el de la hermenéutica . Ha sido notable su esfuerzo por situar en la teología evangélica latinoamericana el tópico de prestar atención a la lectura e interpretación de la Palabra en nuestro contexto específico, siguiendo el principio bíblico de la encarnación. Las tres hermenéuticas referidas por el teólogo ecuatoriano/argentino son:
La  hermenéutica intuitiva  es la más encontrada en las iglesias de América Latina y El Caribe. En ella, el lector y la lectora estudian la Biblia poniendo énfasis en aplicación del mensaje para su vida personal. No consideran los aspectos culturales involucrados en el proceso. Se concentran en cómo la lectura puede ser aplicada a la realidad vivida en el momento, casi siempre de manera individual, generalmente con la ayuda del Espíritu Santo. Valorizan el sentimiento y la emoción. La  hermenéutica científica  constituye un abordaje por el cual quien lee se acerca a la Biblia con la ayuda de herramientas y técnicas especializadas. El conocimiento es fundamentalmente intelectual y dotado de fuerte cuño académico. Se estudia a partir de las lenguas originales, del conocimiento histórico y cultural del contexto original. Se define el mensaje original del texto, pero cuesta descubrir la aplicabilidad del mensaje al mundo contemporáneo. La  hermenéutica contextual  es un método que pretende combinar lo que hay de positivo en los dos modelos anteriores. Procura hablar al lector contemporáneo sin cambiar el sentido original. Para eso considera no solamente el sentido original de los textos bíblicos sino también la realidad del lector en su propio contexto histórico, trayendo el mensaje del pasado al presente de manera relevante y contextualizada. Los horizontes de quien habló o escribió y de quien oye o lee deben unirse de manera que el mensaje sea inteligible.

 La cuestión de la hermenéutica contextual fue el tema a desarrollar en la consulta fundadora de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. En diciembre de 1970 , en Cochabamba, Bolivia, “veinte estudiosos evangélicos, pastores y laicos, y cinco misioneros participaron en el evento” (Samuel Escobar,  Evangelio y realidad social ,  ensayos , Ediciones Presencia, Lima, 1985, p. 43).

La mayoría de los trabajos presentados en la consulta teológica fueron recogidos y publicados por el entrañable Pedro Savage en el libro  El debate contemporáneo sobre la Biblia  (Ediciones Evangélicas Europeas, Barcelona, 1972).  Los títulos de las ponencias incluidas nos dan una idea de por dónde se orientó el diálogo en las reuniones: Samuel Escobar,  Una teología evangélica para Iberoamérica ; Pedro Arana Quiroz,  La Revelación de Dios y la teología en Latinoamérica ; Ismael E. Amaya,  La inspiración de la Biblia en la teología latinoamericana ; C. René Padilla,  La autoridad de la Biblia en la teología latinoamericana ; Andrés Kirk,  La Biblia y su hermenéutica en relación con la teología protestante en América Latina .

La participación de  Samuel Escobar  clamaba por una teología que respondiese a las preguntas y necesidades propias, y no a meramente importar reflexiones de otros lugares, con trasfondos históricos muy distintos al nuestro: “La pertinencia de la teología evangélica estará, entonces, en que se forje al calor de la realidad evangélica de Iberoamérica, y en fidelidad a la Palabra de Dios […] La reflexión tiene que ser nuestra, nacida de nuestra situación, surgida ante la urgencia de los problemas que la iglesia confronta aquí. Como hombres de aquí es que reflexionamos y hacemos teología, redescubrimos los énfasis que hoy hacen falta, criticamos las herejías en que hemos venido incurriendo nosotros mismos”.

Por su parte  René Padilla  puso en tela de juicio el lugar formalmente dado a Las Escrituras en el evangelicalismo latinoamericano, cuando lo constatable era el abandono normativo cotidiano de la Palabra en la vida de las iglesias y sus prácticas para hacerse de nuevos integrantes:
El asentimiento a la autoridad de la Biblia podría ser considerado como una de las características más generarles del movimiento protestante en América Latina. Esto es de esperar en un movimiento con una gran mayoría teológicamente conservadora. Cabe, sin embargo, preguntarse si el  uso real  de la Biblia por parte de los evangélicos latinoamericanos coincide en términos generales con ese asentimiento que los distingue. Podría ser que se tratase de un asentimiento puramente formal, sin consecuencias prácticas para la definición doctrinal y ética ni para la predicación […] hay que aclarar que la interpretación de las Escrituras es una tarea permanentemente inconclusa y que la Palabra de Dios exige una constante revisión de conceptos y de vida en función a un sometimiento pleno de éstos a la verdad revelada. Cuando falta esa revisión, hay el riesgo que con el transcurso del tiempo las enseñanzas de la Iglesia se vayan cristalizando hasta formar una tradición que desplace la tradición autoritativa de ka Biblia.

 En su participación el doctor Padilla estaba bosquejando lo que más tarde llamó la  espiral hermenéutica,  en la cual la Palabra ilumina la vida pero también la vida y sus nuevas situaciones ensanchan el entendimiento de la Palabra, y así sucesiva y alternadamente se nos abren nuevos horizontes de comprensión .

Dado que originalmente la revelación progresiva de Dios aconteció en un contexto temporal, geográfico, histórico, económico y cultural específico, luego también la lectura hoy de esa Revelación nos demanda no  desencarnarla  sino que nos reta a comprenderla desde nuestra particular situación histórica.

Apenas bordeamos el tema de la hermenéutica y su inclusión en la agenda rumbo a CLADE V. En nuestro siguiente artículo continuaremos con este asunto.

Autores: Carlos Martínez García

©Protestante Digital 2011


Ruth Padilla Deborst

Ni siquiera fue sencillo para ellas y ellos, para quienes convivieron con él por tres años. Sí; caminaron por esos polvosos caminos. Sí; oyeron sus relatos mediante los cuales, con elementos de la vida diaria, reveló verdades profundas sobre Dios, sobre la humanidad, sobre el propósito de la vida. Sí; le vieron dar vista a los ciegos, re-establecer a leprosos en la comunidad, afirmar la dignidad de las mujeres, legitimar el valor de los niños, confrontar a quienes en su religiosidad excluían a otras personas. Pero aun con todo ello, no les fue fácil seguirlo. Es que un seguimiento pleno les exigía más que el abandono temporal de asuntos margi­nales en su vida, más que superponer conceptos, prácticas y tradiciones nuevas a lo ya conocido. Quien seguía a este «maestro don-nadie» arriesgaba su reputación en la comunidad, se tornaba objeto de sospecha por parte de los poderes religiosos y políticos del día, y quedaba marcado de por vida como sectario inconformista. Extraña podría resultar la afirmación de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», especialmente cuando –como atestiguan los relatos del primer siglo– confe­sar a Jesús –y no al César– como Señor absoluto, ¡no sólo era mala estrategia para hacer carrera en el imperio romano sino que también podría implicar perder la vida! Nada tuvo de sencillo el discipulado en aquellos días.

Hoy el imperio es otro, las religiosidades excluyentes tienen otras caras, los intocables sufren otras ignominias, las cruces y los leones han sido reemplazados por otras formas de escarmiento y tortura. Aunque la naturaleza radical, integral y arriesgada del seguimiento de Jesús no ha variado, a quienes procuramos se­guirlo nos toca hoy preguntarnos cómo hacerlo en éste, nuestro contexto actual. ¿Qué implicará confesar su Señorío en medio de las imperantes tiranías políticas, económicas y aún religiosas y espirituales? ¿Qué posturas asumirán quienes se reconocen seguidoras y seguidores del Siervo sufriente que suplicó gracia para sus torturadores pero no cejó en su lucha por la justicia? ¿Cómo afirmar que el suyo es Reino de Vida cuando la violencia y la muerte parecen llevar las de ganar en nuestras calles y hogares? ¿Qué acciones caracterizarán a una co­munidad que no tolera estructuras, políticas o actitudes que explotan, excluyen, denigran o privan de oportunidad y de vida plena a minorías o mayorías?

La Fraternidad Teológica Latino-americana (FTL) no ha temido encarar pregun­tas como éstas en sus cuatro décadas de vida como movimiento. En núcleos loca­les, consultas regionales y continentales, en publicaciones, en iglesias, agencias y comunidades, así como en los históricos CLADE (Congresos Latinoamericanos de Evangelización), mujeres y hombres de diversas denominaciones y trasfondos han luchado por establecer puentes entre la enseñanza bíblica sobre la identidad y el llamado del pueblo de Dios y las realidades de su contexto histórico.Esta reflexión no se ha visto como un ejercicio meramente intelectual o académico sino como una labor necesaria e íntimamente vinculada con la identidad y praxis de la iglesia en el mundo.

A las comunidades de fe a lo largo y a lo ancho de América Latina, el Caribe, y el mundo, CLADE V se presenta como una nueva oportunidad de encuentro y diálogo, de revisión crítica, confesión y proyección creativa. Como decía Samuel Escobar en los inicios de la FTL:

La toma de conciencia teológica que se dio en Bogotá… consistió primero en comprobar que una comunidad evangélica dinámica y que crecía rápidamente iba llegando a cierta mayoría de edad sin identidad ni expresión teológica. Se comprobó también que la toma de conciencia res­pecto a una crisis en el continente encontraba a los evangélicos sin respues­ta ni alternativas serias frente al pensamiento que empezaba a forjarse en el ámbito ecuménico. Se percibió finalmente que la dominación misionera que explicaba en parte la falta de expresión teológica, intentaba polarizar desde fuera a la comunidad evangélica latino­americana (Escobar: Boletín 59-60).

Los tres ejes centrales, expresados en el lema son:

1. Sigamos a Jesús, por­que como iglesia de Jesucristo necesitamos aprender a seguirle, a encarnar con compromiso un discipulado integral en esta era donde se ha globalizado la sed del consumo y aprisionado la imaginación de pueblos enteros;

2. En su Reino de Vida, porque el Reino de Dios es reino de vida, aun en un contexto latinoameri­cano y caribeño tan plagado por múltiples expresiones de privación y muerte; y

3. ¡Guíanos, Santo Espíritu! porque el nuestro es un ruego, un clamor, una con­fesión en un medio en el cual demasiados evangélicos se sienten triunfalistas por el crecimiento numérico, y el acceso al poder anestesia a muchos a las demandas radicales del evangelio.

Aunque el encuentro de CLADE V tendrá lugar del 9 al 13 de julio del 2012, en San José, Costa Rica, CLADE V, más que un evento, es un proceso que consta de tres momentos entrelazados:

 

1. Proceso de participación CLADE V (septiembre 2011-junio 2012)

En el sitio http://www.clade5.org y a disposición de miembros de la FTL y grupos inte­resados está el Cuaderno de Participación, con preguntas para reflexión comunitaria. (A partir de noviembre, también estará en formato impreso publicado por Ediciones Kairós.) Quienes quieran pueden también participar de Foros de Reflexión ordenados temática­mente.

 

2. Encuentro CLADE V (9-13 julio, 2012).

Obviamente, los cupos en San José son limitados, pero también se llevarán a cabo encuentros paralelos en diversas ciuda­des de América Latina y el Caribe.

 

3. Proceso de transformación CLADE V (de agosto 2012 en adelante)

La re­flexión generada durante las etapas 1 y 2 seguirá volcándose mediante publicacio­nes, consultas y encuentros locales de todo tipo en búsqueda de una presencia fiel como testigos del Reino de Dios en nuestro medio.

Los desafíos para esta época están planteados. Tenemos una rica herencia; la FTL ha impactado dentro y fuera del continente con su misionología integral, su hermenéutica contextual, su resistencia a ser forzada a calzar categorías exóge­nas, su apuesta a la unidad y al encuentro dialogal.

Pero el panorama social, político, económico de América Latina y el Cari­be no deja de ser lúgubre. Si usted es joven entre 17-25 años de edad, es 70 veces más probable que pueda morir asesinado que si viviera en Europa. La desigualdad so­cial, la corrupción y la desesperanza parecen haberse instalado inamoviblemente. Mientras tanto, millones de nuestros pueblos se someten a extremas penurias y estatus de «no personas» al emigrar a otras latitudes. En este contexto, el Evan­gelio de nuestro Señor Jesucristo, ¿es verdaderamente tal? Es decir, la revelación de Dios mediante su Espíritu, ¿realmente constituye buena noticia para nuestros pueblos disgregados, nuestros jóvenes desesperanzados, nuestras niñas abusadas?

Acompañémonos en el nada sencillo camino del seguimiento de Jesús, ro­gando la dirección del Espíritu Santo, para que sí demos señales de su Reino de Vida aquí y ahora y nos unamos de tal modo a la multitud de mártires, hombres y mujeres que a través de los siglos han dado testimonio viviente de que Dios es Dios de Vida y su Reino es Reino de Justicia. Hasta que Jesús regrese y Dios com­plete su buena creación.

http://www.kairos.org.ar

Hacia CLADE V (primera parte)

Publicado: noviembre 28, 2011 en CLADE

Carlos Martínez García

Hacia CLADE V (primera parte)

Cabe preguntarse si lo que promueve el evangelicalismo latinoamericano es un cambio de rituales, y no tanto una transformación espiritual, ética y cultural arraigada en el Evangelio y el ejemplo de Jesús

 El quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización (CLADE V) ya se está desarrollando en distintas instancias ligadas al protestantismo de habla hispana . La conclusión del proceso tendrá lugar del 9 al 13 de julio del próximo año, en San José, Costa Rica.

La herramienta que facilita el diálogo y la reflexión es el cuaderno de participación (disponible en  www.clade5.org ) que se está estudiando en células vinculadas a la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL). La FTL es el organismo que auspicia el CLADE V, y ha elegido como lema para el proceso y la reunión de Costa Rica el de  Sigamos a Jesús en su Reino de vida. ¡Guíanos Espíritu Santo!

 El primer CLADE tuvo lugar en Bogotá, Colombia, en noviembre de 1969 . Entonces surgió en algunos de los asistentes la inquietud por reflexionar con mayor detenimiento sobre el futuro del protestantismo evangélico en Latinoamérica. Uno de los conferencistas en CLADE I, y participante en el comité redactor del documento final, Samuel Escobar, representó las inquietudes de un sector que buscaba contextualizar su fe en tierras latinoamericanas. Entonces se vivían momentos convulsos, que demandaban de las iglesias evangélicas tanto fidelidad a la Palabra como un testimonio encarnado en las especificidades cotidianas del Continente.

 La  Declaración evangélica de Bogotá  hizo una afirmación sobre el afianzamiento del pueblo evangélico en la realidad latinoamericana . Entonces era evidente que las iglesias protestantes estaban alcanzando un buen grado de endogenización, y que el reto de sus liderazgos era trascender la idea y práctica de que el objetivo único de la evangelización estaba en el crecimiento numérico de las comunidades de fe.

El octavo punto del documento manifestaba que la obra evangelizadora debía ensanchar sus miras: “La tarea de la evangelización no termina con la proclamación y la conversión. Se hace necesario un ministerio de consolidación de los creyentes nuevos que les brinde capacitación doctrinal y práctica para vivir la vida cristiana dentro del ambiente en que se mueven, para expresar fidelidad a Cristo en el contexto socio-cultural donde Dios los ha puesto. El proceso de planificación de la tarea evangelizadora también debe proveer las bases teológicas y los métodos prácticos para realizar esa tarea de consolidación”.

 A poco más cuatro décadas del CLADE I, y en vísperas del CLADE V, la realidad cuantitativa de las iglesias evangélicas latinoamericanas —así como las de la diáspora— es contrastante. Entre el primer Congreso y el que está por venir, el crecimiento evangélico ha sido explosivo . En algunas regiones del Continente Latinoamericano el porcentaje de evangélicos ya no es el de una precaria minoría, sino el de comunidades que le están disputando el predominio confesional a la identidad religiosa tradicional, al catolicismo.

 Pero a ese crecimiento no le ha acompañado una madurez bíblica y teológica, ni una madurez ética que podamos ver reflejada en la creación de ciudadanos y ciudadanas que estén marcando sustanciales diferencias en cada país de América Latina . En muchos sentidos la participación político electoral de personajes surgidos de las filas evangélicas (en algunos casos postevangélicas) ha sido un desastre. Lo ha sido porque al pasar del tajante rechazo a esa participación a su casi divinización, políticos evangélicos de distintas opciones partidarias recurrieron a vías verticalistas y corporativistas para negociar prebendas particulares antes que buscar mayores avances en la democratización de los poderes y de las sociedades.

 Por ello cabe preguntarse si lo que está promoviendo el evangelicalismo latinoamericano es más un cambio de rituales, y no tanto una transformación espiritual, ética y cultural arraigada en los valores del Evangelio y el ejemplo de Jesucristo . Para nada estamos proponiendo una nueva  constantinización  de la sociedad, la que consistiría en que el Estado haga suyos los principios evangélicos y los impulse, y hasta haga obligatorios, para el conjunto de las instituciones y la ciudadanía. Más bien afirmamos que es mediante el contraste de la conducta cívica y ética de los creyentes evangélicos, y respetando la diversidad valorativa de las sociedades contemporáneas, que se sirve mejor al objetivo de transformar realidades opresivas en todos los ordenes. Se trata de que mediante el discipulado el aporte de las iglesias evangélicas al conjunto de la sociedad sea la construcción y fortalecimiento de personalidades democráticas. O en lenguaje más cercano a las categorías de dichas iglesias, hombres y mujeres nuevos.

El cuaderno de participación del CLADE V inicia con un buen número de preguntas generadoras para la reflexión y el diálogo. En el primer apartado, “Seguimiento de Jesús por el camino de la vida”, se hace el deslinde con el docetismo tan en boga al interior de buena parte, tal vez la mayoría, de iglesias evangélicas y neoevangélicas: “El seguimiento al que nos referimos es un ‘proseguimiento historizado de Jesús por el Espíritu’ (parafraseando a Jon Sobrino). Cuando hablamos de seguir a Jesús nos referimos al Jesús de los Evangelios, no a un Jesús abstracto; se trata de seguirlo en la materialidad concreta de nuestros países. Por otra parte, no se trata tan solo de un compromiso individual sino también comunitario, del pueblo de Dios en movimiento hacia una meta”.

Se afirma, y con toda razón, que “si miramos con atención a lo que se enseña o predica en las iglesias, el seguimiento de Jesús es casi un tema olvidado y hasta enterrado”, para después intentar dar algunas respuestas a la casi ausencia de ese tema en las enseñanzas al interior de las comunidades evangélicas.

 Tres son las razones que se argumentan en el documento sobre por qué se diluye el tópico del seguimiento de Jesús en el universo evangélico. Ellas son:

 La primera razón es el individualismo promovido por la sociedad de consumo . Se trata de un individualismo que se expresa en las iglesias a través una teología que privatiza la fe y que conduce a la preocupación por sí mismo y por un círculo inmediato de relaciones. El propósito de vida se reduce a la acumulación de bienes temporales y al disfrute individual de los mismos, sin importar la condición de indefensión en la que se encuentra el prójimo caído en el camino. Las prédicas, las enseñanzas, las canciones, las oraciones y los testimonios que se escuchan en las iglesias, dan cuenta de esa forma de entender y de vivir el seguimiento a Jesús. Jesús es visto y tratado como propiedad privada del creyente, dejado en el templo hasta el próximo culto, una suerte de amuleto que se puede utilizar cuando se presentan los problemas. Las exigencias del seguimiento a Jesús no se relacionan para nada con asuntos vinculados a la ciudadanía plena, a la rendición de cuentas en la gestión pública y a la transparencia en la utilización de los fondos públicos. Tampoco se relaciona la fe con la exigencia de vincular la convicción con el ejercicio de la profesión y los negocios con el pago de un salario justo al trabajador.

 La segunda razón es el espiritualismo que se expresa en una teología que conduce al desinterés por las tareas temporales y a una insensibilidad frente a los problemas sociales y políticos que atentan contra la dignidad humana. A la luz de esta teología, la pobreza y los pobres son vistos como consecuencia del pecado individual, sin considerar que existen causas estructurales que explican esa realidad que cosifica a un sinnúmero de personas. Se considera la búsqueda de la justicia social como una ideologización del evangelio y un compromiso ajeno al testimonio de las iglesias. Al diferir la vida abundante al más allá y separar la vida humana en planos irreconciliables, contraponiendo lo secular a lo religioso, se desmoviliza social y políticamente a los creyentes, quitándoles toda preocupación legítima por la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. Como consecuencia de esta forma miope de comprender el seguimiento a Jesús, se critica irresponsablemente a los creyentes inmersos en los espacios en los que se deciden las políticas públicas y que trabajan sinceramente por la construcción de una comunidad humana más solidaria y libre de todas las opresiones.

 Una tercera razón, más pragmática que las anteriores y ligada a las técnicas de ventas facturadas en la sociedad de consumo, es el énfasis exagerado que se pone en los resultados visibles de la inversión de recursos humanos y económicos a nivel eclesial . Se miden cifras para determinar quiénes son útiles en el ministerio cristiano y quiénes no rinden según las expectativas de los entusiastas promotores de las estrategias de crecimiento numérico eclesial. La efectividad de la misión se mide no tanto por la fidelidad a todo el consejo de Dios sino por el incremento del número de miembros; las obras de misericordia se convierten en simple estrategia para “ganar almas”; las predicaciones se parecen cada día más a charlas motivadoras para preservar o incrementar la autoestima; los pastores se convierten en gerentes religiosos cada vez más distantes de los fieles; y los templos se asemejan a pasarelas religiosas útiles para mostrar las bonanzas que se reciben de un dios hecho a la medida de los seres humanos. Entonces, seguir a Jesús es solamente un asunto de transacción económica, una inversión bastante rentable y que promete beneficios materiales de largo aliento, una forma de construir un reino terrenal según las leyes del mercado.

Lo que está diagnosticando el documento preparatorio del CLADE V es que predomina una cristología evangélica latinoamericana  desencarnada . En mucho se ha reducido a Jesús a ser un personaje que obra milagros y prodigios, que multiplica los bienes materiales a sus seguidores, que evade relacionarse con las personas y sus circunstancias cotidianas. Ante esto es urgente recuperar la enseñanza de la encarnación de Jesús (“el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”), y por lo tanto la necesaria encarnación de sus discípulos y discípulas en el contexto que a cada uno le toca vivir. Hay que anteponer a la cristología trunca y reduccionista la comprensión comunitaria de la riqueza de la “anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo” ( Efesios 3:18 ). Porque él “siendo rico se hizo pobre, para que con su pobreza nosotros fuéramos enriquecidos” ( 2 Corintios 8:9 ).

Continuaremos la próxima semana desglosando el documento del V Congreso Latinoamericano de Evangelización.

Autores: Carlos Martínez García
©Protestante Digital 2011

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