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La única respuesta que puede vencer esta batalla de principios viciados y fanatismo religioso es la proclamación del Evangelio de Jesucristo.

Manifestaciones en París tras el ataque terrorista del miércoles.

Asistimos boquiabiertos a un nuevo atropello contra la libertad de expresión. ¿Su resultado? No solo la muerte de 12 creativos amantes de la libertad en un país donde su ADN está impregnado de ella, si no un certero tiro a la tolerancia, y a la pluralidad.

Mis pensamientos vuelan hacia una realidad por muchos desconocidas. Una realidad de no fácil solución. Sin recetas mágicas ni remedios al alcance de gobiernos, políticas o buenas intenciones.

Es a mi entender un error plantear el debate de este hecho desde un ángulo político. Claro está que para la sociedad y los gobiernos no hay otra respuesta.

Pero es por todos conocidos que gobiernos europeos invirtieron miles de millones de euros, años de trabajo y cesión de parte de sus libertades ancestrales en aras de alcanzar una convivencia integradora entre las crecientes olas inmigratorias por ellos experimentadas.

Las políticas de integración no dieron resultados. La evidencia está a la vista. Las políticas de multiculturalidad y sus ramas de mediación tampoco.

Creo como muchos, y estoy convencido que lo que vivimos es una guerra. No de barbarie del sigo 6 contra las democracias del sigo 21. No de atropellos de fuertes contra débiles. De imperios contra vasallos. Es una lucha de principios viciados y fanatismo religioso.

Ambos corrompidos. Ambos equivocados. Ambos destructivos.

Pero ante este panorama, compartido o no, ¿hay una respuesta que traiga paz? Sí, pero también es dolorosa y a la vez requerirá de plenitud y valentía.

Me refiero que la respuesta está en un signo de debilidad y aparente fracaso. Esta búsqueda de respuesta nos hace levantar la mirada y fijarla, sin un ápice de movimiento, en una cruenta cruz de un monte llamado Gólgota. Allí se encuentra la Paz que el mundo necesita. Para los musulmanes la paz es la victoria del honor sobre la vergüenza. Para occidente la paz es la ausencia de conflictos. Para el Creador la paz, no es NI VICTORIA NI AUSENCIA, la Paz es Jesucristo el Mesías.

Esta Paz, no es un sentimiento subjetivo ni un estado de aparente quietud. Lograr esta Paz requerirá volver nuestra mirada hacia esa Cruz y entregar allí el tesoro más caro de valor humano. Nuestra propia vida, para que partiendo de allí los valores y principios de este Nuevo Reino adquieran un compromiso de Paz.

Y es aquí donde la Iglesia, la verdadera Iglesia, no aquella que se levanta en pos de proclamas y declaraciones, si no Aquella que con valentía y en plenitud del Espíritu se expresa en confesar, en voz alta y sin titubeos, que la única respuesta que puede vencer esta batalla de principios viciados y fanatismo religioso, es la proclamación del Evangelio de Jesucristo.

Ni todo el poder el fanatismo religioso islámico, ni toda la ceguera y sordera de gobiernos del falsamente llamado mundo occidental y cristiano es comparable al poder del Cristo muerto y resucitado.

Frente a lo vivido estos días en Francia; frente al creciente avance de un estado islámico integrista y sanguinario. Frente a esta sociedad ciega y extraviada, que no encuentra su norte ni equilibrio, se levanta la Iglesia de Jesucristo. El pueblo de Dios, limpiado por la sangre preciosa de Jesucristo, para decir, sin temor ni claudicaciones: “Mirad a Mí, y sed salvos todos los términos de la tierra”.

Isaías 45.22

 

http://protestantedigital.com/blogs/34925/fanatismo_religioso_vs_principios_viciados

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QUIÉN ES JESUS III

Jesús no sólo reconcilió al hombre con Dios, sino al ser humano consigo mismo, trayendo nueva visión de la mujer, de los niños, de la forma de ejercer autoridad.

Era Navidad y Dios llegaba al mundo personificado en un niño, lo cual resalta la importancia de estos en todo lo que había diseñado en favor del hombre. El Dios todopoderoso eligió venir al mundo siendo un niño, quiso mostrar su grandeza a través de lo pequeño, poniéndolo todo al revés, trastocando todos los valores de la época en favor de los más desfavorecidos como eran las mujeres, los niños, los extranjeros…

 

Pedro Tarquis. / M.Gala

De ellos dice Jesús en Mateo 18.3: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”, tomándolos en cuenta, es más, poniéndolos como ejemplo a seguir por nosotros los adultos. Suponemos que hay un contundente mensaje en estas afirmaciones. Y para ahondar más en el asunto, al responder a la compleja pregunta que se hacían sus discípulos, dice Marcos que se sentó y llamó a los doce, y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos”. Y que luego tomó un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándolo en sus brazos, les dijo: “El que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió“. Es como si dijera que el que recibe, ama, acoge, educa, enseña, escucha, consuela, da de comer, cura, discipula, busca a uno de ellos… por Él lo hace.

“Dejad que los niños se acerquen a mí… . Eso lo dijo Jesús. No hay metáfora en esa frase. Parece que nos dijera que seamos sus voces para preservar sus derechos, su dignidad.

De ese Jesús que pidió que no impidiesen que los niños se acercasen a él, hoy nos habla Pedro Tarquis, Director de Protestante Digital.

 

Pregunta.- Si hoy Jesús le preguntara, ¿quién crees que soy yo? ¿Qué le respondería?

Respuesta.- El creador y Señor del Universo, y salvador de mi vida.

 

P.- ¿Cómo y cuándo lo conoció? ¿Es para usted un amigo?

R.- En 1978. Me habló un amigo de su experiencia personal con un Jesús vivo y real y se me quedó el texto que me recalcó: “Jesús es El camino, La verdad y La vida, ¡nadie va al Padre sino a través de Él!”. Sentado en un Seat 600 en el Paseo de la Castellana, en un momento en que tenía todo lo que entonces soñaba, pero con un profundo vacío interior, entregué mi vida a Jesús y toda ella dio un giro increíble y feliz.

P.- ¿Hay evidencias históricas del paso de Jesús por la tierra? ¿Podemos los cristianos hablar de un Jesús histórico?

R.- Muchísimas, baste citar al historiador Flavio Josefo, judío y contrario a Jesús, por eso fiable en lo que relata de su historicidad como personaje histórico. Podemos dudar de si existió Platón o Julio César, pero no es serio dudar de si existió un judío llamado Jesús.

P.- ¿Por qué decimos los cristianos que Jesús es nuestro Salvador personal?

R.- Juan 3:16. De tal manera amó Dios al mundo que envió a su único Hijo para que todo aquel que en Él crea no se pierda mas tenga vida eterna. Esto se lo dijo Jesús a Nicodemo, de persona a persona.

P.- ¿Cómo puedo explicarle a una persona que no le conoce, que fue enviado por Dios para salvarle?

R.- Es tan simple como buscar en el fondo del corazón el mensaje sencillo que se recuerda en Navidad. Sólo que hay que creer que fue real, y que Dios sigue queriendo entrar en cada pesebre oscuro que es nuestra alma para llenarla de luz y de ángeles.

 

P.- En las Escrituras dice que Jesús es el intermediario entre Dios y los hombres. ¿Por qué piensa que muchos cristianos buscan otros intermediarios dejándole de lado?

R.- Cuando has experimentado la presencia y perdón auténtico de Jesús es imposible siquiera pensar en otro intermediario, además de que la Biblia dice en efecto que no hay otro. Quien actúa así no ha experimentado realmente la plenitud del perdón de Dios en Cristo Jesús.

 

P.- ¿Cuál fue la misión que se le encomendó al bajar a este mundo? ¿Es integral esta misión, es decir, incluye las necesidades básicas del ser humano, desde su necesidad de Dios, pero también su necesidad de alimento, educación, salud, relaciones, amor…?

R.- Salvación para la cultura judía es un concepto global; salvar del pecado es salvar de la injusticia, de la corrupción, del egoísmo, de la avaricia. Jesús no sólo reconcilió al hombre con Dios, sino al ser humano consigo mismo, trayendo nueva visión de la mujer, de los niños, de la forma de ejercer autoridad.

 

P.- ¿Por qué piensa que Dios le envió como si fuera cualquier ciudadano de a pie… Se esperaba a un rey poderoso que acabara con el yugo romano…

R.- Porque desde su nacimiento Jesús muestra los valores del Reino de Dios que nada tienen que ver con los humanos. Poder en la debilidad, grandeza en la sencillez, misión basada en la fe en Dios y no en el poder humano. Hacerse cercano a todos y no sentarse en un pedestal. Generosidad en vez de buscar posesiones. Idealismo contra materialismo…

P.- ¿Por qué Jesús se coloca como un marginado?… Come y bebe con pecadores, no tiene dónde recostar la cabeza… En fin se sale de los cánones.

R.- No creo que Él se colocase como marginado, sino que al negarse a marginar a nadie rompió el esquema de los marginadores y estos reaccionaron destruyéndole (más que marginándole). El sistema no admite que le rompan los esquemas.

P.- Mucha gente piensa que esa actitud choca con las situaciones injustas que se suceden en el mundo: pobreza, llanto, violencia, corrupción, desastres ecológicos… ¿Qué podemos decirles?

R.- La mayor parte de las desgracias del mundo son achacables al ser humano. Incluso en tragedias como el terremoto de Haití quienes murieron fueron los pobres con casa mal construidas. El propio Jesús y la Biblia dicen que el problema está en el corazón del ser humano. Por otro lado, hay una parte de injusticia, dolor y sufrimiento que sólo entenderemos más allá de esta vida. La Biblia dice que Jesús enjugará toda lágrima, y estoy seguro que lo cumplirá.

P.- ¿Qué significan las Bienaventuranzas pronunciadas por Jesús? ¿Quién es el hombre citado en las mismas?

R.- El mensaje del Reino de Dios, y sin duda es para quienes creen y siguen a Jesús, para que sepan qué atesorar y qué deben esperar sin temerlo ni perder de vista la meta.

P.- ¿Cómo podemos vivir las Bienaventuranzas aquí y ahora?

R.- Es vivir contracorriente siguiendo el mensaje de Jesús.

P.- ¿Se comprometió Jesús con la realidad que le tocó vivir?

R.- Plenamente. Revolucionó su mundo con su vida, y al planeta entero con su resurrección. Es difícil pensar en Derechos Humanos, democracia, trato justo a la mujer y los niños, etc. sin ver en Jesús su raíz histórica última. Eso sin hablar de la dimensión espiritual de salvación de la condenación por la culpa y sus consecuencias presentes y eternas.

P.- ¿Fue una estrategia el renunciar al poder que poseía? ¿Cuál fue su alternativa al dominio y poder e este mundo?

R.- Sin duda Él así lo decidió. Huyó cuando querían hacerle rey y volvió cuando sabían que iban a prenderle y crucificarle. Tenía clara su misión, y que era Rey pero no de la forma que las personas entendían. Su alternativa clara fue que autoridad es servicio, así lo expresó en varias ocasiones: “los reyes de este mundo se enseñorean de los demás, pero no será así entre vosotros, sino que el mayor será como el que sirve”.

P.- ¿Cómo encaja en lo anterior su muerte y posterior resurrección? ¿Cuál su importancia para el hombre?

R.- Es tal grado de entrega y amor, que sólo personas como Jhon Newton, el esclavista convertido a Jesús, ha podido expresar en Amazing Grace (Sublime gracia). La misericordia de Dios derrotando todo el odio, corrupción, egoísmo del ser humano, ofreciéndole el perdón sin mérito alguno por nuestra parte para merecerlo. El mundo, la Tierra y la Historia serían un auténtico infierno sin la resurrección de Jesús.

P.- Podemos concluir que el hombre es de suma importancia para Jesús, el Hijo, y para el Padre que lo envió. ¿Cómo debe entonces ser el papel de la iglesia frente al hombre y todas sus necesidades?

R.- Deberíamos decir que nada humano nos es ajeno, pero sabiendo vivir esa humanidad desde los valores, principios y mensaje del Evangelio. Al menos intentarlo con todas nuestras fuerzas.

P.- ¿Cuál debe ser la respuesta del hombre?

R.- Arrodillarse y creer. O pedir creer. Y actuar en consecuencia cuando el regalo de la fe llega a nuestro corazón.

P.- Se acerca la Navidad… Veo grandes preparativos. ¿Hemos entendido su verdadero significado?

R.- La mayoría de la sociedad celebra la Saturnalia romana con un barniz de Navidad. Navidad es todo lo que hemos hablado.

P.- ¿Cómo se celebra la Navidad en su casa?

R.- Muy sencillo. Ponemos alguna figura del Belén, algún año un arbolito de Navidad, la cena de familia; tenemos actos especiales en la iglesia donde invitamos a familiares y amigos. Pero sobre todo intentamos que la Navidad se celebre cada día del año como una realidad de Emmanuel, Dios con nosotros.

 

Finaliza la entrevista. Gracias, Pedro, por esta entrañable semblanza de Jesús, nuestro mejor regalo de Navidad.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34798/pedro_tarquis_para_jesus_autoridad_es_servicio


¿Quién es Jesús? II

Jesús no vino a aparentar nada ni hizo jamás distinción entre personas, y seguía un principio que sigue hoy también: visita y atiende a quien le abre su casa, su corazón.

Febe Jordá
Febe Jordá.

Continuamos hablando de Jesús, quien un día, como el que celebraremos dentro de poco, fue enviado por Dios Padre, a este mundo, e ingresó en él como un misionero que llega a una cultura distinta de la suya y hace todo por aprender el nuevo idioma, y se hace uno más y se interesa por conocer su entorno laboral y se encarna en él, al lado mismo de las problemáticas y del pecado del ser humano.

Tanto se identificó Jesús con nosotros, que sus padres tuvieron que hacer cola como cualquier extranjero que quiere empadronarse… Hizo todo, incluso sintió el hambre y el cansancio de las multitudes, el dolor de sus cuerpos enfermos… Leyendo los evangelios podemos percibir la realidad en la que Jesús tuvo que actuar, impartir sus enseñanzas y comprender por qué tuvo misericordia, sanó, restauró, devolvió la dignidad, propiciando una nueva vida; entendemos el por qué de su espíritu de servicio y de sacrificio que culmina con su muerte en la cruz dejando por sentado que él es el único camino para llegar a Dios.

Hoy hablamos de Jesús con Febe Jordà, escritora, pedagoga y directora de actividades de tiempo libre infantil y juvenil en cuanto a formación. Desde hace casi treinta años Jordà trabaja con niños y adolescentes en primera línea y forma parte de un equipo ocupado de la formación de personal titulado oficialmente para la educación de menores de edad en el tiempo libre. Además, imparte conferencias y talleres de escritura. Ha escrito dos libros.

 

Pregunta.- Si hoy Jesús le preguntara, ¿quién crees que soy yo? ¿Qué le respondería?

Respuesta.- Yo sé que Jesús es el Hijo de Dios, que vino a la Tierra y vivió entre los seres humanos como uno más, porque nos ama y quería acercarnos a Él.

P.- ¿Cómo y cuándo lo conoció? ¿Es para usted un amigo?

R.- Yo nací en un hogar cristiano, donde se vivía a Jesús de manera cotidiana y con sencillez, y se buscaba conocerle a través de la lectura de su Palabra, la Biblia. Siendo yo pequeña, con seis años, asistí a un campamento cristiano para niños y, uno de los días, se nos explicó la parábola de la oveja perdida: cómo al pastor le importa ésa que se había extraviado, cómo lo deja todo y la va a buscar. Y cuando la encuentra, hace una fiesta. Yo entendí que yo era esa oveja perdida, que mis pecados –sí, los de una niña, que insulta, que miente, que pega…- me alejaban del buen pastor, y que él había dejado el cielo para venir a buscarme. La conciencia de no dar la talla, y sin embargo el amor infinito de Dios, la posibilidad de arrepentimiento y perdón, fue lo que comprendí con claridad. En aquellos momentos yo no sabía cómo dirigirme a Dios para resolver esta cuestión de mi salvación eterna y, llorando, les pedí a mis padres que me ayudaran. Ellos propusieron que yo repitiera sus palabras en una oración, y lo que vine a decir fue algo así: “Señor, te doy muchas gracias por amarme tanto y haber enviado a tu Hijo a este mundo a morir por mí en la cruz. Te pido que me perdones todos mis pecados y, a partir de ahora, te entrego mi vida. Muchas gracias. En el nombre del Señor Jesús. Amén”. Desde ese día Jesús ha sido mi compañero y amigo en la vida.

P.- ¿Hay evidencias históricas del paso de Jesús por la tierra? ¿Podemos los cristianos hablar de un Jesús histórico?

R.- ¡Por supuesto! Es una de las cuestiones más relevantes. Es cierto que creemos en Jesús por fe, porque no le hemos visto, y por fe también en sus palabras de vida eterna y esperanza viva, porque comprendemos que son las que necesita nuestro espíritu. Sin embargo, Él apela a nuestro intelecto. Dios mismo, en toda la Biblia, nos hace considerar los temas, razonar, meditar y decidir. El mismo Jesús argumentaba y apelaba a la inteligencia humana en muchas ocasiones, cuando exponía sus enseñanzas o hacía sus declaraciones. No podía ser de otro modo, creo yo, pues los seres humanos somos sentimientos pero también somos seres racionales, y Él es nuestro diseñador y creador. Así nos encontramos con que hay, por ejemplo, registro escrito fuera de lo que son los documentos bíblicos, de que Jesús existió, porque lo recogen historiadores no cristianos, o evidencias arqueológicas de relatos bíblicos.

P.- ¿Por qué decimos los cristianos que Jesús es nuestro Salvador personal?

R.- Tiene que ver con la cuestión del pecado. Los seres humanos somos capaces de llevar a cabo las acciones más bellas, altruistas y desinteresadas que podamos imaginar, pero también las más perversas, dañinas y destructivas. Éste es el punto que la Biblia denomina pecado, el de no dar la talla de lo que se espera de nosotros, porque venimos ya con una tara de nacimiento: nacemos pecadores. La Biblia explica que la paga del pecado es muerte, y muerte en todos los ámbitos, no sólo la física. El término ‘muerte’ en este contexto significa separación, ruptura. Y es evidente que los seres humanos estamos enemistados los unos con los otros, con la naturaleza (que es nuestro hábitat natural y nos es hostil), y nuestro espíritu está roto por dentro. Muerte total, explica la Biblia. Jesús ocupó nuestro lugar muriendo en la cruz, pagó en nuestro lugar, y hay posibilidad de restauración para el que quiera: librados del pecado, de la culpa y de su poder sobre nosotros, y salvados de la muerte eterna, la separación definitiva de Dios. Uno decide de manera personal e intransferible si acepta o no lo que Jesús, el Salvador, hizo por él.

P.- ¿Cómo puedo explicarle a una persona que no le conoce, que fue enviado por Dios para salvarle?

R.- Puedo contar la historia que, bien pensada, no deja de ser asombrosa. La de un Dios todopoderoso, amoroso y justo (entre otros atributos) que crea un universo sorprendentemente diseñado, y que coloca al ser humano en el mejor lugar para él, y le favorece con mimo y delicadeza. Pero el hombre decide prescindir de ese Dios, y pretende engañarle, y arruina su vida, su familia, la Tierra y todo lo que tiene a su alrededor que hasta ese momento era perfecto y armonioso.

Si yo hubiera sido Dios, muy probablemente me hubiera desentendido del ser humano, puesto que éste me había rechazado. Pero el Señor supo combinar su amor y su justicia en lo que más adelante vendría a llevar a cabo Jesús en la cruz. La cuestión no es que el ser humano pecó al principio de la historia de la humanidad, sino que cada ser humano peca, lo llame como lo llame, y comete malas acciones, o habla lo que no debe o no es, o en su intimidad piensa maldades. La historia es asombrosa porque, visto objetivamente, el hombre no merecía ninguna molestia, ni por importancia en cuanto a tamaño en el cosmos, ni mucho menos después de lo que había hecho. Pero entró en juego el gran amor de Dios a su favor.

P.- En las Escrituras dice que Jesús es el intermediario entre Dios y los hombres. ¿Por qué piensa que muchos cristianos buscan otros intermediarios dejándole de lado?

R.- Porque no han entendido lo que dice la Biblia. Si el problema es el pecado, y la paga del pecado es la muerte, no ha lugar a otros inventos: quien pagó muriendo fue Jesús que, como era Dios, equivalía por todos los seres humanos. Porque esa es la cuestión, que el pecado nos separa irremediablemente de Dios, y no hay ningún ser humano que no haya pecado. Y aun si lo hubiera, un ser humano pagando con su vida sólo equivale por otro. Cuando se habla de otros intermediarios es que se ignora lo que está explicado sobradamente en la Palabra de Dios.

P.- ¿Cuál fue la misión que se le encomendó al bajar a este mundo? ¿Es integral esta misión, es decir, incluye las necesidades básicas del ser humano, desde su necesidad de Dios, pero también su necesidad de alimento, educación, salud, relaciones, amor…?

R.- El punto culminante de la misión de Jesús era morir en la cruz, pero su vida entera fue ejemplo de lo que debía ser un ser humano: mirando al corazón, compartiendo alegrías y atendiendo las inquietudes y las penas, por ejemplo; pero también atendiendo la salud, pues curaba enfermos, o la necesidad de alimento, dando de comer a multitudes; y revelando cosas espirituales y eternas que se nos escapan, pero que es necesario que conozcamos, con miras precisamente a nuestra salvación eterna y nuestra vida plena aquí.

P.- ¿Por qué piensa que Dios le envió como si fuera cualquier ciudadano de a pie…? Se esperaba a un rey poderoso que acabara con el yugo romano…

R.- Para que compartiera también todas las debilidades y miserias de los seres humanos, para que se identificara completamente con nosotros y, entonces, al haber pasado por lo mismo, pudiera comprendernos de manera cabal y atendernos con delicadeza en momentos de soledad, de dolor, de tentación, de pérdida, de necesidad, de cansancio… Y, además, en cuanto a que se le esperaba como rey liberador, sí lo fue: a nivel espiritual, al redimirnos del pecado –era el único que podía hacerlo. Él mismo dejó bien claro que ‘no había venido para ser servido sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos’.

P.- ¿Por qué Jesús se coloca como un marginado?… Come y bebe con pecadores, no tiene dónde recostar la cabeza… En fin, se sale de los cánones.

R.- Jesús no vino a aparentar nada ni hizo jamás distinción entre personas, y seguía un principio que sigue hoy también: visita y atiende a quien le abre su casa, su corazón. Siempre estuvo por encima de hipocresías y conveniencias sociales o cualquier otra consideración que le alejara de alguien que le necesitara o quisiera estar con él.

P.- Mucha gente piensa que esa actitud choca con las situaciones injustas que se suceden en el mundo: pobreza, llanto, violencia, corrupción, desastres ecológicos… ¿Qué podemos decirles?

R.- Si el mundo se rigiera por lo que Jesús enseñó, por cómo dijo que debíamos vivir de manera personal y cómo dijo que debíamos tratar a los demás, ¡por supuesto que otro gallo nos cantaría! Lo que ocurre es que muchas veces ni los que se llaman cristianos siguen el camino trazado por Jesús: el amar al prójimo como a uno mismo hace que no te apropies de lo que nos es tuyo y que otro pase necesidad, por ejemplo; o que atiendas de manera prioritaria las necesidades básicas de las personas, como la comida, la vivienda, la educación, la salud… y no priorices otras cosas, muchas veces cuestionables; o el cuidar una Tierra que es de todos y de los que nos sucederán… Creo que no hace falta abundar aquí…

P.- ¿Qué significan las Bienaventuranzas pronunciadas por Jesús? ¿Quién es el hombre citado en las mismas?

R.- El bienaventurado, el feliz, el que está en paz, es el que sigue lo que Jesús indica, aunque parezca contradictorio a veces. Dios nos ha diseñado y nos da las ‘instrucciones de manejo para la vida’. Si las seguimos todo va mucho mejor que si las ignoramos o hacemos justo lo contrario. A veces me gusta pensarlo como si yo recibiera instrucciones para un iphone 6, con tantas prestaciones y posibilidades, pero yo decido, en mi libertad, usarlo dentro de la bañera…: ¡se me estropea fijo! Pues eso, que hay unas instrucciones que hacen que todo funcione mejor, empezando por nuestro corazón.

P.- ¿Cómo podemos vivir las Bienaventuranzas aquí y ahora?

R.- Una de las maneras sería pensar qué haría Jesús en tal o cual situación que se nos presente, viendo, por ejemplo, si estamos trabajando para la paz, para la justicia, con limpieza de corazón, etc.

P.- ¿Se comprometió Jesús con la realidad que le tocó vivir?

R.- ¡Evidentemente! Y desmarcándose de lo usual, como venimos comentando, lo cual le merecía en ocasiones la reprimenda de los líderes religiosos del momento. Pero Jesús siempre les argumentaba, ponía los puntos sobre las íes, concretaba qué era lo principal y qué lo secundario. Me gusta recordar que hacía milagros para curar a personas ¡en día de reposo! Los judíos eran un tanto hipócritas en eso: Jesús no debía sanar personas en sábado, pero ellos seguramente sacarían a uno de sus animales de un hoyo o de un peligro sin pensarlo mucho aunque fuera sábado.

P.- ¿Fue una estrategia el renunciar al poder que poseía? ¿Cuál fue su alternativa al dominio y poder e este mundo?

R.- Jesús usó el poder que poseía para demostrar que era quien decía ser, es decir, Dios humanado. Por eso hizo milagros que le mostraban como el Señor de la naturaleza y calmó tempestades; por eso sanó enfermedades y resucitó muertos, pues es el Señor de la vida; por eso se le sujetaban los demonios también.

Pero él lo que quería era ganar los corazones de las personas. No quiere a nadie siguiéndole a la fuerza, o sin convencimiento, o sin amor. Jesús quiere que se le responda y se le ame desde la libertad, tomando cada uno una decisión concreta.

P.- ¿Cómo encaja en lo anterior su muerte y posterior resurrección? ¿Cuál es su importancia para el hombre?

R.- La muerte de Jesús, que no deja de ser chocante (incluso sus enemigos, al pie de la cruz, se decían: “¿Cómo puede ser que Jesús salvó a tantos y a él mismo no se puede salvar?”), es el punto fundamental de todo lo que Él había venido a hacer: pagar con su vida por nuestros pecados (´la paga del pecado es muerte’). Pero… la muerte jamás podría vencer al autor de la vida, si es que su sacrificio en nuestro lugar había sido aceptado. Y fue aceptado por el Padre, y Jesús, nos dice la Biblia, vuelve a estar en el cielo con más gloria que antes, si cabe, por lo que hizo a nuestro favor. ¡Porque Jesús realmente, literalmente, resucitó es que tenemos salvación de nuestros pecados!

P.- Podemos concluir que el hombre es de suma importancia para Jesús, el Hijo, y para el Padre que lo envió. ¿Cómo debe entonces ser el papel de la iglesia frente al hombre y todas sus necesidades?

R.- La Iglesia debe, en primer lugar, proclamar esta buena noticia: ¡hay salvación en Jesús! Y no sólo porque el Señor lo dejó dicho como su última voluntad, sino también porque nos sabe mal, nos duele, que las personas se pierdan sin Dios y sin esperanza. A veces como iglesia nos despistamos y estamos por otras cosas, pero la buena noticia del evangelio debería estallarnos en las manos y, a través de nuestras palabras, a través del amor demostrado a nuestros semejantes en nuestros hechos, las personas deberían ver a Jesús en nosotros, y entonces desear buscarle.

P.- ¿Cuál debe ser la respuesta del hombre?

R.- El ser humano debe analizar estas cuestiones… y decidir. No se pueden pasar por alto porque, si lo que la Biblia dice es verdad, lo que está en juego es la vida que hay más allá de esta vida, la vida eterna, que puede ser con Dios y todas sus bondades, o alejada de Él, con la ruina eterna para nuestra alma.

P.- Se acerca la Navidad… Veo grandes preparativos. ¿Hemos entendido su verdadero significado?

R.- Afortunadamente hay personas que saben que Navidad no es comida y bebida, o regalos, o un ánimo bonachón y sensiblero por unos días, o nada de nada, sino que Navidad es la celebración del infinito amor de Dios por cada uno de nosotros. El niño Jesús que nació en Belén apuntaba a la cruz de infamia y humillación… en nuestro lugar. Navidad es el principio de una historia que nos afecta de manera personal, y es alegría, gratitud, honores y alabanzas para el Señor de todo.

P.- ¿Cómo se celebra la Navidad en su casa?

R.- Con encuentros entre familiares y allegados que, por la bendición de Dios, conocen en su gran mayoría este amor tan grande y le agradecen sus muchas bendiciones. También con celebraciones en la casa de Dios, la iglesia, que ama a su Señor y Salvador y quiere compartirlo generosa y festivamente con todo aquel que quiera oír.

Finaliza la entrevista. Gracias, Febe, por esta entrañable reflexión sobre Jesús, resaltando que lo dio todo por amor al hombre, para que éste tenga vida por toda la eternidad.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34732/febe_jorda_el_bienaventurado_es_el_que_sigue_lo_que_jesus_indica


¿Por qué vino Jesús como un ciudadano de a pie, “sin casa ni cuna”? Para conquistar el corazón de hombres y mujeres como nosotros, sin alarde ni pretensión-

Stuart Park

Se acerca la Navidad y ya las calles se llenan de luces, de júbilo, villancicos, bellos escaparates mostrándonos el regalo ideal… Pequeños y mayores están ansiosos por unirse a esta tradicional y bella celebración, ya que en estos días se recuerda un cumpleaños. Pero nos preguntamos si todos sabemos qué estamos celebrando realmente y quién es el homenajeado. Es por ello que hoy decidimos entrevistar al escritor Stuart Park para hablar con él de Jesús, el Hijo de Dios, el Verbo que se hizo carne y vivió entre nosotros con la misión de buscar y salvar lo que se había perdido. Park además es pastor de la Iglesia de la calle Olmedo 38 en Valladolid y dirige Ediciones Camino Viejo. Sus últimos libros son “La vida breve (El libro de Qohélet)” y “Siete palabras”.

 

Pregunta.- Si hoy Jesús le preguntara, ¿quién crees que soy yo? ¿Qué le respondería?

Respuesta.- Le respondería con las palabras del apóstol Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Es algo que no he dudado nunca, y Él lo sabe. En Jesús, como dijo el anciano Zacarías “nos visitó de lo alto la aurora, / Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; / Para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lc. 1:78-79). La presencia de Cristo se extiende como la luz de la aurora que va en aumento, como escribió el sabio Salomón, y mi conocimiento de Él ha crecido a lo largo de los años, aun en medio de tiempos de fuerte desazón.

 

P.- ¿Cómo y cuándo le conoció? ¿Es para Ud. un amigo?

R.- Nací en el seno de un hogar cristiano y no tuve una “conversión” dramática. Sí recuerdo haber orado a Jesús por la noche de niño al acostarme en la cama, pidiéndole que entrara en mi corazón. Repetía la misma oración noche tras noche, por si no la hubiera expresado con suficiente convicción, o por si no hubiera quedado claro que realmente quería que entrase en mi vida. Y así me quedaba dormido. Creo que Él entendió perfectamente mi ansiedad, y la ha entendido hasta hoy. Jesús es el amigo perfecto, que siempre está allí, y que no necesita anunciar su presencia o imponerse.

 

P.- ¿Hay evidencias históricas del paso de Jesús por la tierra? ¿Podemos los cristianos hablar de un Jesús histórico?

R.- Jesús de Nazaret es el personaje más acreditado de la Historia, pero no porque podamos encontrar sus huellas en la arena, los clavos de su cruz o los lienzos de su tumba. Las evidencias de Cristo son de otra índole. El testimonio de la Escritura contiene su propio poder de convicción, y la transformación de los discípulos tras la muerte y resurrección del Señor constituye una evidencia histórica insoslayable de su veracidad. Para mí, el Jesús histórico y el Cristo de la fe son una y la misma Persona.

 

P.- ¿Por qué decimos los cristianos que Jesús es nuestro Salvador personal?

R.- La obra redentora de Cristo tiene un alcance cósmico, universal. Involucra a toda la Creación, alcanza a gentes “de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apoc. 5:9), y abarca la Historia humana desde sus orígenes hasta la consumación final. Al mismo tiempo, cada ser humano es para Él de infinito valor. Jesús nos llama por nuestro nombre. Es el buen Pastor que conoce a sus ovejas, y dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Jn. 10:9).

 

P.- ¿Cómo puedo explicarle a una persona que no le conoce, que Jesús fue enviado por Dios para salvarle?

R.- En primer lugar, nuestra vida tiene que ser coherente con la fe que profesamos. Si no, no pasaremos nunca de la discusión polémica o la dialéctica meramente intelectual. El poder de persuasión de los propios Evangelios resulta imprescindible para llevar a nuestros amigos a la fe. El Jesús que dialoga con los hombres y mujeres de su tiempo en el Evangelio según San Juan, por ejemplo, es una Persona sublime que vencerá la resistencia de cualquier interlocutor sincero, y alumbrará su horizonte espiritual.

 

P.- ¿Qué es la Vida Eterna?

R.- Creo que la mejor respuesta que puedo dar es la que dio su propio Autor: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3). Prefiero no ampliarla, sino invitar a la reflexión.

 

P.- En las Escrituras se dice que Jesús es el intermediario entre Dios y los hombres. ¿Por qué piensa que muchos cristianos buscan otros intermediarios dejándole de lado?

R.- No puedo responder por otros, Jacqueline. Seguramente quienes así actúan, piensan que no están dejando de lado a Cristo, y actúan con sinceridad y fe. Ahora bien, el apóstol Pablo es muy claro: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim. 2:5); y el propio Señor Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6). Si el Hijo tiene acceso directo a su Padre, pensándolo bien, ¿no sería deshonroso, además de inútil, intentar acceder por otra vía?

 

P.- ¿Cuál fue la misión que se le encomendó al bajar a este mundo?

R.- En la sinagoga de Nazaret Jesús leyó este texto: “El Espíritu del Señor está sobre mí, / Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; / Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; / A pregonar libertad a los cautivos, / Y vista a los ciegos; / A poner en libertad a los oprimidos; / A predicar el año agradable del Señor”. Y dijo: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lc. 4:18-21). El Señor descendió no para hacer su propia voluntad, sino la voluntad del que le envió (Jn. 6:38), y dijo: “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn. 6:40).

 

Escena de ‘La Natividad’ (2006)

P.- ¿Por qué cree que Dios le envió como si fuera cualquier ciudadano de a pie? Se esperaba a un rey poderoso que acabara con el yugo romano…

R.- Jesús no vino para instalar una teocracia, ni sentarse en el trono del César, ni ocupar el gobierno de ningún reino terrenal. “Mi reino no es de este mundo” –dijo−. El malhechor arrepentido, al leer las palabras clavadas en la cabecera de la Cruz, y observar el regio comportamiento del Crucificado, lo vio con claridad: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:42-43). ¿Por qué vino como un ciudadano de a pie, “sin casa ni cuna”? Para conquistar el corazón de hombres y mujeres como nosotros, sin alarde ni pretensión.

 

P.- Jesús deja el hogar y la familia y adopta otra conformada por sus seguidores. Cualquiera diría que es un mal ejemplo. ¿Cómo podríamos explicar este hecho?

R.- Es propio de la secta o grupo manipulador sacar a las personas fuera de su círculo íntimo, y destruir, si es posible, el núcleo familiar. Jesús no lo hizo nunca. Invitó a hombres y mujeres a seguirle, a veces a costa de la comodidad personal, y a veces a con el rechazo de su familia por causa de Cristo. Jesús amaba el hogar de Marta, María y Lázaro en Betania, y disfrutó de la hospitalidad de los discípulos de Emaús. Honró las bodas de Caná, donde transformó el agua en vino, y dijo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20). El hogar y la familia simbolizan la más sagrada relación.

 

P.- ¿Por qué Jesús se coloca como un marginado? Come y bebe con pecadores, no tiene dónde recostar la cabeza, es un eunuco por causa del reino de los cielos. En fin, se sale de los cánones…

R.- Jesús disfrutó durante 30 años de la intimidad de un hogar modesto, piadoso y trabajador. Durante su ministerio público, en cambio, dependió de la generosidad y hospitalidad de otros. Su renuncia ha sido seguida por muchos discípulos suyos, pero a la mayoría se nos invita a ser testigos en el mundo del trabajo, en medio del vecindario y en la sociedad. Su siervo Pablo ejerció la profesión de fabricante de tiendas cuando pudo, y contó con la benevolencia de otros cuando era menester. Dijo: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad” (Fil. 4:12). Jesús era amigo de publicanos y pecadores “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10). Preguntado por su “estilo de vida” tan poco ortodoxo, contestó que “la sabiduría es justificada por sus hijos” (Mt. 11:19). El que tiene oídos para oír, oiga. Es preciso ser sabio en todo momento y en cada situación.

 

P.- Mucha gente piensa que esa actitud choca con las situaciones injustas que se suceden en el mundo: pobreza, llanto, violencia, corrupción, desastres ecológicos… ¿Qué podemos decirles?

R.- Se nos insta a orar por nuestros gobernantes y colaborar en todo lo posible para mejorar el estado del mundo. Piénsese en el papel del parlamentario William Wilberforce en la abolición de la esclavitud en el imperio británico, por ejemplo, y de los incontables hombres y mujeres que, sean creyentes en Cristo, o no, se han esforzado en la medicina, la ciencia, la educación o la política en favor del bien común. Ahora bien, el cristiano es llamado también a ministrar  las necesidades del espíritu y el dolor del corazón. Esto es a lo que Jesús se refirió en la sinagoga de Nazaret.

 

P.- ¿Qué significan las Bienaventuranzas pronunciadas por Jesús? ¿Quién es el hombre citado en las mismas?

R.- Creo que las Bienaventuranzas caracterizan a todos los que son de Cristo: “pobres en espíritu”, porque no cabe en ellos el afán de protagonismo tan prevalente en nuestros días; “lloran” porque el cristiano no es un triunfalista ajeno a los problemas del mundo; “son mansos”, porque la fe cristiana no es compatible con la arrogancia o lucha de poder; “tienen hambre y sed de justicia”, porque lo material no satisface nunca; “son misericordiosos”, porque se saben pecadores; “son de limpio corazón”, porque sus móviles no son egoístas; “pacificadores”, porque aman la paz y huyen de la violencia o el conflicto; “padecen persecución por causa de la justicia”, porque el siervo no es mayor que su Señor; y así también todos los vituperados y perseguidos, que siguen en las pisadas de los profetas del Señor. El ejemplo supremo, Jacqueline, es Jesús.

 

P.- ¿Cómo podemos vivir las Bienaventuranzas aquí y ahora?

R.- Procurando ajustar nuestra conducta a la de Cristo, aun cuando fallamos a menudo, y fracasamos con estrépito, a veces. Cuando Jesús descendió del Monte de las Bienaventuranzas se encontró con un pobre leproso que se postró ante Él, diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Me identifico con él, y con la respuesta que le dio el Señor (Mt. 8:3).

 

P.- ¿Se comprometió Jesús con la realidad que le tocó vivir?

R.- Se comprometió de manera total. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Jn. 1:14). Se acercó a los necesitados y sanó a los enfermos. Lloró ante la tumba de Lázaro y gimió en Getsemaní donde “estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lc. 22:44). No transigió ante las autoridades religiosas que buscaban su destrucción, ni claudicó ante el poder imperial de Roma. Desde la Cruz intercedió a favor de los que le daban muerte, pronunció palabras de salvación al malhechor arrepentido, e hizo provisión para su propia madre. Fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He. 4:15). Nadie se ha comprometido con nuestra condición como Él.

 

P.- ¿Fue una estrategia el renunciar al poder que poseía? ¿Cuál fue su alternativa al dominio y poder de este mundo?

R.- Más que una estrategia, fue una necesidad. Si Jesús hubiese entrado en el mundo con un fogonazo de luz como en el día de la Creación, o hecho tambalear los cimientos de la Tierra con su poder, habría provocado la sumisión involuntaria de sus criaturas y sembrado el terror. Lo que hizo fue sentarse en una barca y hablar a las gentes del pueblo por parábolas. Quiso ganarnos por el poder persuasivo de su amor, aunque le costó la Cruz.

 

P.- ¿Cómo encaja en lo anterior su muerte y posterior resurrección?

R.- Con su muerte y resurrección Cristo burló a los poderes humanos y a las potestades espirituales, que se juntaron para darle muerte. Sorprendió, incluso, a los suyos, que tardaron en comprender el significado de su obra de redención. Murió para salvarnos del pecado, y resucitó para nuestra justificación.

 

P.- ¿Podemos concluir que el hombre es de suma importancia para Jesús, el Hijo, y para el Padre que le envió? ¿Cómo debe ser el papel de la iglesia frente al hombre y todas sus necesidades?

R.- La conclusión es acertada. Escribió S. Juan: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (3:16). En cuanto al papel de la iglesia, recordemos las palabras de Jesús a sus discípulos después de la Resurrección: “Como me envió el Padre, así también yo os envío”. Recuerdo un mensaje sobre este texto del australiano Stacey Woods, veterano de la obra entre universitarios, en La Granja de San Ildefonso, y no lo he olvidado nunca. Aquí, en esencia, está resumida la misión de la iglesia hoy.

 

P.- ¿Cuál debe ser la respuesta del hombre?

R.- S. Juan, a lo largo de su Evangelio, plantea las pretensiones de Cristo en términos de un juicio (que culminaría en la farsa judicial ante las autoridades religiosas del Sanedrín). En los capítulos 5 y 6 Jesús, el Acusado, reúne a sus testigos: Moisés, dador de la Ley; las Escrituras; las obras que hacía; el testimonio de su Padre y su propio testimonio. Luego invierte los términos. No tardamos en ver que en realidad Jesús es quien interroga a sus enemigos y detractores, y que Él será su Juez. Exige una respuesta y cada hombre debe decidir. He aquí el veredicto anticipado del Juez: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a juicio (así literalmente), mas ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).

 

P.- Se acerca la Navidad… Veo grandes preparativos. ¿Hemos entendido su verdadero significado?

R.- Me gusta mucho la Navidad, la fiesta, los regalos, el ambiente familiar. En medio de las imágenes de los horrores de la guerra, la violencia, el abuso y la corrupción que nos asaltan a diario en los medios, es bueno tener momentos de celebración y regocijo, si lo permite la ocasión. Pero el mundo sigue impertérrito su curso. No nos engañemos. Debemos tener presente la realidad de Cristo todos los días de nuestra vida. Son de admirar las iniciativas a favor de los pobres y marginados que se llevan a cabo en estas fechas, reflejo del amor de Dios. Nos lo recuerdas tú, Jacqueline, con tu encomiable implicación social. En este mismo medio nos lo recuerda fielmente semana a semana Juan Simarro, en su columna De par en par, y Alfredo en sus agudas reflexiones bajo el lema El sol de los ciegos. El verdadero significado de la Navidad lo conoce la conciencia de cada cual.

 

P.- ¿Cómo se vive la Navidad en su casa?

R. Se vive con alegría, en familia. Mis primeros recuerdos de la infancia son de una expectación desbordante. Despertábamos a nuestros padres a las 4 de la madrugada para enseñarles los regalos que ellos mismos habían colocado al pie de la cama un par de horas antes, y este ambiente se ha vuelto a vivir primero con nuestros hijos, y ahora con nuestros seis nietos. Solemos disfrutar de un desayuno especial de sopa de avena con crema y azúcar moreno alrededor de la chimenea, antes de pasar a la ceremonia de la entrega de regalos al pie del árbol de Navidad. Ver la alegría de los pequeños no tiene precio y compensa todo el ajetreo de estas fechas. La comida consiste en pavo relleno con coles de Bruselas, salsa de arándano, puré de patatas y verduras, seguido de Christmas pudding (budín de Navidad debidamente flambeado) y dulces. No puede faltar la música (mi padre solía poner el Mesías de Händel, una costumbre que intentamos conservar, aunque no siempre con éxito). Ante todo, es un tiempo de recuerdos, y de gratitud.

 

Finaliza la entrevista. Gracias, Stuart, por aceptar colaborar con esta entrevista, hablando de alguien muy especial para los cristianos, como lo es Jesús, nuestro amigo más fiel. No hay otro como él. Esperamos que muchos quieran conocerle también. ¡Feliz Navidad!

 

http://protestantedigital.com/magacin/34670/Stuart_Park_Jesus_el_amigo_perfecto

La dinamita de María

Publicado: diciembre 21, 2014 en Conciencia, Historia, Iglesia, Missio Dei, Teología

El Magnificat de María es uno de los textos más subversivos de la historia. En él se presentan tres grandes revoluciones de Dios.

María y Elisabet, en la película ‘Natividad’.

“Magnificat” es la primera palabra traducida al latín del texto del evangelista Lucas (1:46-55). Se trata de la respuesta de la virgen María a su parienta Elisabet: Engrandece mi alma al Señor (Magnificat anima mea, Dominum, según la Vulgata latina). Todo este pasaje es como un canto lírico sobre la bienaventuranza de aquella joven hebrea tan singular.

La virgen María ha sido definida como “el icono de la Iglesia católica”. Desde la Edad Media, se la ha considerado, siguiendo Apocalipsis 12, como una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona formada por doce estrellas. Aunque hoy la mayoría de los teólogos coincide en que estos textos se refieren a la Iglesia, no a María. Todo esto, unido a la adoración que se le rinde y a considerarla como intercesora entre Dios y los hombres, ha hecho que el mundo protestante se vuelque hacia el extremo opuesto y hable muy pocas veces de María.

Sin embargo, debemos reconocer que María fue una mujer entre las mujeres, elegida por Dios en un contexto de humildad y vida ordinaria. Más que “una mujer vestida de sol”, el evangelio presenta a María como una muchacha que “camina de prisa a la montaña” para contarle a su parienta Elisabeth que también lleva un hijo en el vientre. El encuentro, entre dos futuras madres, ocurre a través de la complicidad y coincidencia de aquello que portan en sus entrañas. Finalmente Dios se ha metido de lleno en la historia de los hombres. Lo humano se hace portador de lo divino. Sacralidad y profanidad se confunden en un ser de carne y hueso. El cuerpo de María se hace tabernáculo de la divinidad. Dios tiene prisa por salir al encuentro del hombre, y elige, para acortar el camino, una vía terrestre. Se deja transportar por una sencilla peregrina de la fe, desconocida, pobre y humilde.

María de Nazaret es una criatura que ama el silencio, que elige la sombra y el ocultamiento. Al contrario de lo que las tradiciones y los folklores religiosos han hecho después de ella, María es quien no aparece nunca en primer plano. Su presencia está siempre bajo el signo de la discreción. No estorba para nada. La Madre desaparece totalmente en el Hijo y es el Verbo quien tiene que hablar, no ella.

En las bodas de Caná dirá: “Haced lo que él os diga”. Jamás dice “escuchadme a mí”, sino “escuchadle a él”. El evangelio está más cargado de sus silencios que de sus palabras. No hay apariciones de la Virgen en los evangelios. Eso fue inventado mucho después. Hemos de aprender a escuchar el silencio de María porque, a veces, cuando nosotros callamos, Dios habla.

¿Cuál es la paradoja principal de María? En ningún otro lugar podemos apreciar tan bien la contradicción de la bienaventuranza como en la vida de esta sencilla mujer. A ella le fue otorgado el gran privilegio de ser la madre del Hijo de Dios. Era normal que se asombrase y se llenase de gratitud por lo que le había ocurrido. Sin embargo, esta enorme bendición iba a quedar contrarrestada por una espada de dolor que traspasaría su alma. La de ver a su pequeño Jesús, treinta y tres años después, ejecutado en una cruz romana, la muerte más cruel y deshonrosa que existía en aquella época. Cada vida humana es también una existencia paradójica, llena de claros y oscuros, de alegrías y tristezas, de bendiciones, pero también de maldiciones. El hecho de ser cristianos, de confiar en las promesas del Señor, no nos elimina automáticamente los sufrimientos. Puede proporcionarnos valor, esperanza y ánimo para superarlos y acostumbrarnos a ellos, pero no nos los ahorra.

María fue de prisa a casa de Elisabeth porque en Nazaret no tenía con quién hablar de lo que llenaba su corazón. Deseaba que su parienta le confirmara las palabras del mensajero divino: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Bienaventurada la que creyó. No puede haber autentica fe si ésta no produce felicidad, ni tampoco puede haber verdadera felicidad sin el don de la fe.

Sin embargo, esta gran bendición iba a ser la espada que atravesara su corazón. María tendría que ver algún día a su querido hijo colgando de un madero. Y es que ser elegido por Dios casi siempre significa, al mismo tiempo, una corona de alegría pero también una cruz de tristeza y dolor. La realidad es que Dios no elige a las personas para su tranquilidad o comodidad, ni para fomentar su orgullo sino para tareas que exigen todo lo que la cabeza, el corazón y las manos puedan dar. Dios señala a las personas para usarlas en su ministerio. Cuando tomamos conciencia de la brevedad de nuestra vida, en relación a la eternidad que nos espera, las penas y dificultades que se pasan por servir a Dios, no son motivo de lamentación o queja sino que pueden convertirse en nuestra mayor gloria delante del Señor porque todo lo sufrimos por amor a él. Puede que, en ocasiones, esto nos resulte difícil de entender, sobre todo cuando estamos atravesando momentos complicados de prueba, pero debemos recordar siempre que los sufrimientos por Jesucristo son nuestra auténtica gloria. No es que los padecimientos sirvan para ganarnos el cielo, eso ya nos lo proporcionó él al morir en la cruz, pero sí es verdad que los sinsabores que experimentamos como cristianos se unen a los que sufrió el Maestro en su vida terrena. Como les dice Pedro a los cristianos primitivos que sufrían la persecución: Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido… sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría (1 Ped. 4:12-13).

La alegría, el gozo, la satisfacción personal de María al sentirse elegida por Dios eran sólo una cara de la moneda. La otra cara fue la espada dolorosa que atravesaría su alma cuando viera a Jesús crucificado. Él no vino para que la vida de los cristianos fuera más fácil aquí en la tierra, sino para hacernos más grandes, más fuertes, más humanos, más generosos, más humildes, menos vanidosos, menos altivos y más perdonadores. Esta es la paradoja de ser elegidos por Dios. Comporta la alegría más grande pero también la mayor responsabilidad.

El Magnificat de María es uno de los textos más subversivos de la historia de la humanidad porque se refiere a tres grandes revoluciones de Dios. La primera se encuentra en el versículo 51 del primer capítulo de Lucas: Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Se trata de una revolución moral. El cristianismo es, en realidad, la muerte del orgullo porque invita a reconocer, como le ocurrió a María, el tremendo contraste que existe entre su pequeñez de esclava y la grandeza de Dios. Si van a felicitarla y proclamarla dichosa todas las generaciones, no es por su santidad o por sus méritos personales, sino por el carácter extraordinario del niño que lleva en sus entrañas. No podemos ser elegidos por Dios, es imposible ser herramientas eficaces en sus manos, y seguir albergando orgullo personal en nuestras vidas.

La soberbia insolente es el enemigo principal del plan divino. El principal error humano consiste precisamente en esto, en sentirse orgulloso de uno mismo y por lo tanto, no dar a Dios lo que es de Dios. Por eso el apóstol Pablo la emprende contra la doctrina judía de la justicia de las obras, atacando la autosuficiencia del hombre religioso que se basaba en la observancia de la Ley. Aquella pregunta retórica que Pablo lanza a los romanos (Ro. 3:27): ¿Dónde pues está el orgullo? Queda excluido ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Y en 1ª Corintios 1:31 dice: El que está orgulloso que lo esté del Señor o el que se gloria, gloríese en el Señor. Los cristianos sólo podemos sentirnos orgullosos de nuestra debilidad porque sólo en ella se hace patente la fuerza de Dios. Como también afirmaba Pablo: Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo (2ª Cor. 11:9).

La segunda revolución es social: Quitó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes (v. 52). El cristianismo de Cristo da por finalizados los títulos y prestigios mundanos. Cuando tomamos conciencia de lo que Cristo hizo por todos los seres humanos, no podemos albergar la idea de que unas personas son valiosas y otras carecen de valor. Las escalas y los rangos sociales desaparecen delante del Señor de señores.

Por último, la tercera revolución tiene un marcado acento económico: A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos (v. 53). Una sociedad no cristiana es la que sólo procura adquirir bienes materiales y obtener cuanto más mejor. Por el contrario, una sociedad cristiana sería aquella en la que nadie se animara a tener demasiado, mientras otros tuvieran demasiado poco. Es evidente que nuestra sociedad no tiene esos valores cristianos. Si los tuviera, no habría indigentes durmiendo en cajas de cartón. Si la sociedad fuera cristiana, no se permitiría que los banqueros estuvieran amasando increíbles fortunas, mientras otras personas no disponen de lo más elemental para vivir.

El aparente encanto poético de este canto de María es, en realidad, dinamita pura que hace estallar en mil pedazos la sociedad injusta y materialista que hemos construido entre todos. El verdadero cristianismo engendra una revolución en cada ser humano y como consecuencia una revolución en el mundo entero. Pero, si Cristo no cambia nuestra vida, nada podrá hacerlo.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34790/la_dinamita_de_maria

El pecado inconfesable

Publicado: diciembre 7, 2014 en Cine, Conciencia, Pastoral, Sociedad

Noa Alarcón

En ‘Shame’, Sullivan es incapaz de tener una relación normal, aunque lo intente. Cuando la película comienza, la sensación que da es de éxito, lo que muchos hombres querrían: total libertad sexual. Sin embargo, lo que nos presenta es una esclavitud.

ShameMichael Fassbender, en una escena de ‘Shame’.

Hace unas semanas, pajareando por Twitter, me encontré con este comentario de Asun Quintana, pastora y encargada de la consejería de Mujer en el Consejo Evangélico de Madrid, a tenor de un acto celebrado pocos días antes contra la violencia de género y la trata de personas. Es una de esas frases concisas que te dejan el alma helada para el resto del día:

 

Porque esos, como comentamos después ella y yo brevemente, son muchos hombres, muchísimos, como para que pasen desapercibidos. Como para ignorarlos.

No hubiera sido tan chocante si pocos días antes no hubiera visto Shame, la maravillosa película de Steve McQueen, donde Michael Fassbender hace de un adicto al sexo, uno que vive en Nueva York, que es joven y atractivo, que tiene un buen trabajo, y que podría ser cualquiera de ese millón y medio de hombres españoles que recurren diariamente a la prostitución.

La película no es apta para mojigatos. Pero a pesar de lo que pueda parecer, en esa presentación explícita del trastorno de Brandon Sullivan no hay nada erótico ni morboso, precisamente debido a la maestría, en mi opinión, de McQueen. Una de las cosas que más impresiona de la película es que uno puede confundirse y perdérsela porque la acción es lenta, pesada y casi estática. Apenas pasa nada, casi hasta el final, pero es que eso no es lo importante. Lo relevante es el personaje, ese Sullivan que cuando sonríe te levanta escalofríos, de mirada ausente y gestos esquivos.

En la película nada es lo que debería ser. Sullivan, en el pellejo de Fassbender, debería ser un hombre joven y atractivo, pero solo despierta una grima pegajosa. La imponente ciudad de Nueva York debería ser un escenario majestuoso, revelador, pero debido a los juegos de la fotografía se convierte en una especie de cárcel de edificios, de rincones oscuros sumergidos en una perenne luz fría, donde no hay nada humano, no hay árboles, no hay horizonte.

 

El cartel de la película.

La maravillosa Nueva York se convierte en el reflejo perfecto de la cárcel mental en la que vive el personaje. A pesar de que hay muchos otros personajes, el peculiar modo del director de hacer que el protagonista esté presente en prácticamente cada plano de la película lo que te hace es comprender que todo trata de él, y que está completamente solo. Vive solo, y sus amigos no rozan siquiera la superficie. Por eso cuando su hermana se presenta en su casa para quedarse allí una temporada por problemas amorosos, Sullivan pierde el control.

La vergüenza (shame, del título) es difícil de explicar en pantalla. Es un sentimiento oscuro que McQueen soluciona con la mirada aterrada de Sullivan, mientras intenta disimular, cuando su jefe le dice que los que se habían llevado su ordenador del trabajo para arreglarlo se encontraron el disco duro llena de pornografía de todas clases. «Ha debido ser tu becario», admite el jefe, mientras que la cara de Sullivan es un poema. No nos resulta difícil, llegados a esta altura de la película, imaginar que el protagonista pueda perder horas de trabajo viendo pornografía, aunque no lo hemos visto hacer.

Le hemos visto acudiendo al baño para masturbarse, y le hemos visto persiguiendo a una mujer con la que acababa de flirtear en el metro de camino al trabajo, con una mirada de profunda desesperación al perderla entre la gente; y le hemos visto observando los cristales de los edificios de Nueva York, observando a otras parejas haciendo el amor en una especie de truco cinematográfico en el que uno se pregunta si acaso no está solamente en la cabeza del personaje, porque es muy difícil que en plena ciudad de Nueva York una escena así, vista desde el nivel del suelo, no suponga una provocación para los viandantes.

Cuando la hermana de Sullivan se presenta en su casa y él comprende que va a pasar allí más tiempo del que a él le gustaría tenerla cerca, intenta hacer las cosas bien. En otro momento de vergüenza de la película, tira a la basura toda la pornografía que tiene escondida en su casa. Muchísimas revistas y películas para una casa tan pequeña. Da la sensación de que no hay suficientes escondites para mantenerlo disimulado.

Hay una chica de su trabajo, guapa y dulce, que está interesada por él, y Sullivan se la lleva a cenar. Intenta tener una conversación con ella, intenta interesarse por su vida, y es una de las escenas más incómodas de la película; es como si Sullivan estuviese intentando permanecer sereno mientras el incesante baile pornográfico de su cabeza le deshace el cerebro a tiras.

La tensión no es debida a la atracción que puedan sentir mutuamente, aunque está claro que a ella le gusta ese tipo; él es incapaz de centrarse. Es incapaz de tener una conversación normal con una mujer, porque debe hacer mucho que no la tiene. La cita termina sin fuegos artificiales, sin promesa de una segunda cita. Él, frustrado, decide no tirar todavía por la borda sus fantasías y en la siguiente escena (no sabemos si ha pasado un día, o varios) la acorrala en la oficina para darle el beso que no se dieron en la cita. El problema es que ella es una mujer linda y dulce, y para él los besos significan otra cosa. La lleva a un hotel, pero en condiciones «normales», con una mujer de las de verdad, que aspira a tener una relación sentimental, donde el sexo no es un simple impulso para satisfacer una necesidad obsesiva, es incapaz de llegar a nada; y se aparta de ella con asco y odio hacia sí mismo.

Sullivan es incapaz de tener una relación normal, aunque lo intente. Desde fuera, cuando la película comienza, la sensación que da es de éxito, de que eso es lo que todos los hombres querrían: no tener compromisos, tener total libertad sexual con quien le apetezca y como le apetezca. Sin embargo, lo que se nos presenta es una esclavitud.

Sucede que la prostitución se ve como un mal necesario, como algo que ha existido siempre. Una especie de necesidad para el hombre. Es una alegría que diversas asociaciones y grupos cristianos hoy en día estén trabajando para erradicar la trata de personas, porque las cifras hablan de que el 90% de las mujeres que se prostituyen (solo en España) lo hacen, en realidad, en contra de su voluntad. Básicamente, en el mejor de los casos, que no estarían haciendo eso si tuvieran otra opción. Trabajar con ellas para liberarlas de las redes mafiosas y renovar las leyes para que se pueda castigar la actividad (y no regularla, como algunos perversos legisladores pretenden) es un paso necesario y urgente.

Sin embargo, es solo una parte del problema. No debemos olvidar que Dios tiene misericordia de todos, incluso de tipos tan asquerosos y despreciables como el protagonista de Shame. Y no debemos olvidar que una gran mayoría de ese millón y medio de hombres que paga por sexo cada día viven una especie de cárcel mental muy parecida a la que nos presenta McQueen en su película. Con esto no quiero decir que haya que ser indulgente, sino que, como le sucede a Sullivan en su cabeza, cualquier intento solitario por salir de esa autodestrucción es totalmente inútil.

Nadie puede salir de ese estado mental por sí solo sin pedir ayuda y, seguramente, sin pasar por la vergüenza de admitirlo. Sabemos eso de los alcohólicos y de los ludópatas, y tenemos historial de grupos cristianos que se comprometieron a ayudar a superar la adicción a estas personas. Sin embargo, aunque socialmente los borrachos y los que se pasan el día en las máquinas tragaperras están mal vistos y son considerados problemáticos, que un hombre adulto consuma pornografía no es una vergüenza, sino incluso algo saludable que hacer en algún momento de la vida. Y que lo haga una mujer ya es considerado todo un logro del feminismo.

El instituto Max Planck de Berlín publicó un estudio no hace mucho en el que demostraba que el consumo de pornografía destruye las capacidades mentales. Literalmente, disminuye el tamaño del cerebro y afecta a la cognición. La publicación de ese estudio levantó polémica y se levantaron voces que pretendieron darle la vuelta, encontrarle otras explicaciones o anular los resultados. Y gran parte de ese rechazo vino a que la industria del sexo (pornografía, prostitución) es la segunda mayor del mundo, solo detrás de la industria armamentística. Estamos hablando de luchar contra todo un coloso.

Como decía Asun Quintana en nuestra breve conversación, no es solo un asunto de que las mujeres sean liberadas y los hombres sean castigados. Eso por sí solo no va a solucionar el problema. Hace falta una visión global y de conjunto, que abarque con honestidad la profunda dimensión del mal que causa el pecado en el ser humano.

También hemos de ser sinceros y reconocer que probablemente nada de lo que podamos hacer por terminar con la trata de personas y la prostitución acabará con el problema, porque vivimos en un mundo roto. Sin embargo, el esfuerzo debe dirigirse a impedir que los números de mujeres esclavizadas y de consumidores de sexo de pago sigan creciendo sin medida, y evitar a toda costa que eso pueda llegar a normalizarse. No ya porque resultaría algo perverso en sí mismo, sino porque tenemos que tener presente que, al igual que pasa con las mujeres prostituidas, para muchos hombres también supone una esclavitud y una vergüenza.

 

http://protestantedigital.com/cultural/34653/El_pecado_inconfesable

Dios en el banquillo

Publicado: noviembre 22, 2014 en Conciencia, opinión, Teología

Lidia Martín

Cada vez que las cosas no nos van como querríamos, sometemos a Dios a juicio.

El saber estar es probablemente una de las bases de lo que llamamos “la buena educación”. Más allá de cuestiones de modales simplemente, saber estar tiene que ver con escoger bien las formas, las estrategias, la manera de comportarse, en definitiva, en función del lugar y personas con las que estemos en cada momento. Pero saber estar también implica, de una u otra forma, ser conscientes de quiénes somos nosotros frente a los demás y de cuál es el lugar que verdaderamente nos toca ocupar en cada situación.

Poner a Dios en el banquillo ha sido una de esas meteduras de pata que todas las personas de todos los tiempos y épocas hemos venido cometiendo sistemáticamente de una u otra manera, precisamente en una clara puesta en evidencia de hasta qué punto no sabemos estar por no tener demasiado claro, parece, qué papel jugamos cada uno en este escenario nuestro que es el Universo creado.

Cada vez que las cosas no nos van como querríamos sometemos a Dios a juicio, como si intentáramos hacerle comprender cuán injusto es al actuar hacia nosotros de una forma y no de otra. Le sentamos en el banquillo para hacerle culpable de nuestros errores, de nuestros pecados, incluso, tal como ya sucedió en el Edén. Le exigimos, más o menos abiertamente, un trato justo hacia nosotros, porque pensamos que no nos compensa adecuadamente al seguirle, y esperamos que nuestra “secuencia lógica” de acontecimientos coincida con la suya. Le sometemos a juicio al no aceptar que, desgraciadamente, a los malos a veces les va aparentemente bien y los justos sufren mientras tanto. Nos da miedo obedecerle porque, en el fondo de nuestro ser, aún le percibimos como a un Dios tirano que, en el fondo, no está tan interesado en beneficiarnos como en probarnos y dudados de Su buena voluntad para con nosotros. En nuestra desconfianza de Él le sometemos a juicio, dudando de Su palabra, de Sus promesas, de Su carácter en definitiva.

Pero se nos olvida que no podemos sentar en el banquillo al juez. Incluso aunque en nuestros sistemas políticos, democráticos o sociales eso pueda darse (aunque escasamente, desde luego), no es posible en el orden establecido en nuestro mundo, en el que nosotros somos las criaturas, seres diminutos y ridículos al lado del Dios Altísimo, que es el Creador y sustentador de todo lo que se mueve alrededor nuestro. Ese es nuestro verdadero papel, y ceñirnos a él sería una verdadera muestra de saber estar de nuestra parte. Pero seguimos tratando a Dios de tú a tú, no tanto como hijos que se acercan a su padre en términos de confianza, algo que Él mismo nos permite, sino como el que se toma la licencia inadecuada de pedirle cuentas a quien no tiene por qué dárselas a nadie.

Por mucho que hayamos sentado a Dios en el banquillo a lo largo de la historia, el juicio está ya sentenciado y Él no sólo es un juez justo, sino que es el absoluto vencedor en el proceso. Él pedirá cuentas a todas y cada una de sus criaturas. Nosotros seremos verdaderamente los que un día tendremos que vernos respondiendo ante Su tribunal y nadie podrá jugar con Él a replicarle o contrarreplicarle. Toda rodilla será doblada ante Su presencia, no existirá otra forma de poder enfrentarse a ese momento que el reconocimiento de nuestro verdadero lugar, amparados en la sangre de Cristo aquellos que así lo aceptamos, con temblor y crujir de dientes quienes decidieron no hacerlo, pero todos y cada uno asumiendo sin posibilidad de error que Aquel a quien tanto juzgamos, ignoramos, enfrentamos o retamos era, desde el mismo principio, el Dios justo y bueno que siempre dijo que fue, empeñado en hacernos bien, en cumplir Su voluntad y Sus planes de bien para nosotros, sustentador de todas las cosas, las que vemos y las que no vemos, y la fuente directa de todo bien del que hayamos podido disfrutar en el tiempo que se nos ha dado en esta tierra.

No perdamos fuerzas ni energías en lugares inadecuados. Sepamos estar, desde esta nuestra posición frágil, ante el Dios de todo, ante Su poder, Su Santidad y Sus pensamientos, que no son como los nuestros. Cuando en un enfrentamiento ya hay un ganador, hay también un perdedor, y el saber estar obliga a saber también retirarse a tiempo de una contienda inútil, por mucho que a nuestro orgullo, prepotencia y autosuficiencia humanos les cueste.

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