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Del año 90 dC

Se trata de un fragmento del Evangelio de Marcos, y lo han encontrado en una máscara de momia egipcia.

FUENTES Europa Press El Cairo
papiro, Evangelio
Papiro de texto del siglo II del Evangelio de Marcos

El papiro utilizado para crear la máscara de una momia en el antiguo Egipto parece contener la copia del evangelio más antigua hallada hasta ahora. Se trata de un fragmento del Evangelio de Marcos, que fue escrito durante el primer siglo, concretamente antes del año 90, según han señalado los expertos.

Aunque las momias de los faraones egipcios usaban máscaras hechas de oro, la gente común tenía que conformarse con máscaras hechas de papiro (o lino), pintura y pegamento.

Teniendo en cuenta lo caro que era en ese tiempo el papiro, a menudo para esta técnica se reutilizaban hojas sobre las que ya se había escrito.

En el caso de esta copia del Evangelio que acaba de encontrarse, los expertos la dataron mediante el análisis de los otros documentos que se encuentran en la misma máscara.

También se les realiza una datación por carbono 14. Esto les llevó a situarlo en el primer siglo, aproximadamente en el año 90 dC.

Los ejemplares más antiguos de textos de los Evangelios que se habían encontrado hasta ahora datan del siglo II (de los años 101 a 200).

UNA NUEVA TÉCNICA

Imagen de la máscara de momia investigada / Ep

En los últimos años los científicos han desarrollado una técnica que permite que el pegamento de las máscaras de momias se deshaga sin dañar la tinta sobre el papel. De esta manera, decenas de científicos y estudiosos están trabajando para descubrir textos antiguos. Los del Evangelio son uno de los textos más buscados.

«Estamos recuperando documentos antiguos de los primeros, segundos y tercer siglos. Documentos no sólo cristianos y bíblicos, sino textos griegos clásicos, comerciales, papeles mundanos o cartas personales», ha explicado uno de los responsables de este trabajo, Craig Evans.

DE MARCOS A HOMERO

En declaraciones a «LiveScience», Evans ha indicado que los documentos incluyen textos filosóficosy copias de las historias del poeta griego Homero, mientras que las cartas comerciales y personales, a veces, tienen fechas muy útiles para la investigación.

Sin embargo este trabajo tiene una desventaja, el proceso utilizado permite descubrir nuevos documentos, pero destruye la máscara de la momia, por lo que se ha generado un debate entre los científicos, acerca de si este sistema debe seguir utilizándose o no.

Pero Evans lo tiene claro, y ha destacado que estas máscaras que están siendo destruidas, revelan, a cambio, nuevos textos que aportan numerosos datos de la historia de la humanidad. «No estamos hablando de la destrucción de una pieza de gran valor de un museo», ha apuntado.

Además, ha precisado que los propietarios de las máscaras de momias conservan la propiedad de las hojas de papiro después de que se disuelva el pegamento en ellos.

http://protestantedigital.com/cultura/35050/Hallan_el_texto_de_Evangelio_mas_antiguo_del_mundo


Un fotógrafo caza fotos de los lectores del suburbano de Nueva York. El resultado queda como un mágico homenaje

Era 2011 y Reinier Gerritsen, un fotógrafo holandés, empezó a observar un cambio en el metro de Nueva York. Era sutil, pero poco a poco, los smartphones y los e-book estaban haciéndose dominantes en el ambiente. Armado con su cámara, comenzó a retratar lo que veía como una especie en vías de extinción- “leer es muy común en el metro y cada vez veía menos y menos libros impresos-, el lector parapetado tras el volumen en tapa dura o edición de bolsillo, atento al mundo que toma forma en su imaginación. La exposición que recoge este trabajo se llama, lógicamente, El último libro.

Hombre leyendo ‘Guía para el autoestopista galáctico’, de Douglas Adams

“Es muy interesante la combinación entre una cara y un libro, además de la postura corporal”, contesta en un correo electrónico, “ya que siempre sacas conclusiones, como alguien que no esperabas leyendo un título determinado o pensar que, si está ocultando la portada, está con 50 Sombras de Grey”. Aclara que cierta gente ve el libro como “una pieza de ropa, con la que mandar un mensaje”, como algunos que “no les importaba ser fotografiados, pero con uno diferente al que llevaban”.

Mujer leyendo ‘Anna Karenina’ de León Tolstoi / Reinier Gerritsen

En sus imágenes, entre el ecosistema de iPhones, Kindles y Samsungs, surge una mujer rubia, con cara de disgusto, viajando por la saga de Ender del controvertido Orson Scott Card. En otra, una lectora de 100 años de soledad de Gracia Márquez se enfrenta, espalda contra espalda, con Anthem, de la egoísta racional y musa del neoliberalismo Ayn Rand. Murakami, Austen, Voltaire… “Fue muy difícil encontrar a Philip Roth, es mi escritor favorito y tardé bastante en verlo”.

Mujer leyendo ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez / Reinier Gerritsen

Pero, ¿tiene ventajas tiene leer en libro físico sobre uno digital en el ambiente suburbano o es solo una forma de romanticismo, de resistir el paso del tiempo? Es innegable que los e-book suponen una enorme ayuda para la espalda. Ir cargando por ahí una edición completa de Guerra y paz en la mochila puede ser malo para la salud, así como sujetarlo mientras el vagón va dando vaivenes. Por otro lado, si con esos meneos el dispositivo electrónico se va al suelo, lo más probable es que se rompa, pero si lo hace el enorme volumen con la historia de los Bolkonsky y los Rostov, el damnificado será el pie de un viajero.

Un hombre leyendo a Kurt Vonnegut / Reinier Gerritsen

El libro es, además, un objeto con una navegabilidad increíble, con el índice marcando los capítulos y los contenidos. Se demuestra en que años después, en un libro amado, el lector es capaz de encontrar esos pasajes que le encandilaron simplemente abriendo el libro, algo que con un aparato electrónico se antoja mucho más complicado. Además, tienen esa increíble capacidad de no necesitar energía eléctrica. En un trayecto de una hora al final de la jornada laboral, una edición de bolsillo de John le Carre nunca se cerrara sola, pero su versión electrónica puede quedarse sin batería.

Una mujer leyendo a Neil Velez / Reinier Gerritsen

Otro punto a favor, al menos para los posturitas, es como apuntaba Gerritsen mandar un mensaje. En la pantalla de tu libro electrónico nadie puede distinguir entre Harry Potter y Orgullo y Prejuicio, pero es cierto que si lees en smartphone y se va la luz del metro, podrás seguir con tu lectura. Eso puede volverse en tu contra, por el llamado Síndrome de Fatiga Visual y los todavía desconocidos efectos a largo plazo puede tener pasarse todo el día mirando una pantalla retrolimuninada.

Un hombre leyendo ‘They met at Gettysburg’, de Edward J. Stackpole / Reinier Gerritsen

Al preguntarle que ventajas puede tener un libro real el electrónico, Gerritsen asegura no tener ni idea. No se define a si mismo ni de un lado ni de otro, sino como un “fotógrafo del metro” al que le sorprende que se lea con tanta frecuencia la Biblia y Suzanne Los Juegos del Hambre Collins.

http://elpais.com/elpais/2015/01/19/icon/1421676099_608231.html

Un cuarto de siglo con Los Simpson

Publicado: diciembre 18, 2014 en Cine, Cultura, Sociedad

José de Segovia

El evangelio según Los Simpson transmite la necesidad de vivir en paz y amor con tus vecinos… Pero la realidad es otra. Y es ahí de donde parte el verdadero Evangelio.

Ned Flanders
Flanders es el irritante vecino evangélico de Homer.

Veinticinco años después, Los Simpson siguen siendo uno de los programas de televisión más vistos en todo el mundo. Su filosofía es ahora, objeto de estudio en muchas universidades. El libro del periodista judío Mark A. Pinsky, El evangelio según Los Simpson, investiga la dimensión religiosa de esta serie animada. La obra ha sido traducida por la editorial mexicana Selector.

Este título pertenece a una popular serie de libros en lengua inglesa, que publica una editorial protestante llamada Westminster-John Knox, que tiene una amplia distribución comercial en Estados Unidos. La colección comenzó en 1965 con la obra de un pastor evangélico presbiteriano ya fallecido, Robert L. Short (1932-2009). Su libro “The Gospel According to Peanuts” comentaba las tiras cómicas en periódicos de personajes como Charlie Brown o Snoopy, que hacía el dibujante Schulz (1922-2000), perteneciente a una de las denominaciones pentecostales americanas que lleva el nombre de Iglesia de Dios.

El siguiente libro más conocido de la serie es tal vez “El evangelio según los Simpson”, que tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación norteamericanos. Su autor es un periodista judío que ha trabajado para el ejército israelí y está especializado en información religiosa. Aunque no es cristiano, Pinsky conoce muy bien a los evangélicos, sobre los que ha escrito un libro mostrando la complejidad y pluralidad de este movimiento. Tiene otro título en esta colección sobre “El evangelio según Disney”, que no ha sido todavía traducido al castellano.

 

El libro del periodista judío investiga la dimensión religiosa de esta serie animada.

INTERESANTE SERIE

El único volumen de esta serie que se ha publicado en España es “El Evangelio según Hollywood”, escrito por Greg Garrett, un profesor episcopal de la universidad protestante más importante de Estados Unidos –Baylor, un centro de origen bautista que hay en Waco, Texas–. La obra traducida por la editorial católica Sal Terrae en Santander, el año 2008, es la única que hay disponible en nuestro país de un catálogo que abarca estudios sobre “El Evangelio según América”, Bruce Springsteen, Harry Potter, Oprah, la ciencia-ficción, Star Wars, los Beatles o Tolkien.

Es cierto que no todos los escritores son evangélicos, en el sentido conservador del término –ya que hay judíos como Pinsky, pero también unitarios universalistas como Symynkywicz, que escribió un libro sobre Springsteen–, pero hay títulos con mucha claridad sobre la fe cristiana –como el del británico Steve Turner acerca de los Beatles–, que merecerían ser traducidos al castellano. Esperamos que este libro sobre Los Simpson pueda tener alguna distribución en España, pero seguro que no decepcionará a nuestros lectores mexicanos.

 

El púlpito de la Primera Iglesia de Springfield se ocupa de oscuros textos del Antiguo Testamento.

IMAGEN PROVOCATIVA

Cuando el creador de Los Simpson, Matt Groening, era boy-scout, cuenta en una entrevista que robó una Biblia de la habitación de un hotel, y subrayó todo aquello que le parecía sucio. Cuando lo descubrió su jefe de exploradores, Groening dijo que para aplacar su furia le contó que había dicho a Dios: “Sé que me perdonarás por no creer en Ti”. La imagen provocativa de esta serie de animación contrasta con sus continuas referencias a la iglesia, la oración y la Biblia. Pero ¿en qué consiste el evangelio según Los Simpson?

Para entender el Evangelio según Los Simpson hay que darse cuenta que abarca desde la sanidad por fe hasta las misiones, pasando por el unitarismo o los parques de atracciones cristianos. Esta curiosa mezcla de fascinación y sospecha está muy bien reflejada en los dos personajes que representan más claramente la religión en la serie: Ned Flanders y el Reverendo Lovejoy

 

¿SAN FLANDERS?

Flanders es un irritante evangélico que vive al lado de los Simpson. A pesar de ser algo reprimido (“di cualquier cosa, que no lo habré hecho”), y a menudo fanático (“yo guardo hasta la comida kosher, por si acaso”), Ned es un verdadero cristiano, que muestra su fe por sus obras. Homer le describió una vez como alguien “más santo que Jesús”. El Reverendo Lovejoy es, sin embargo, un pastor que representa casi todas las denominaciones en su Primera Iglesia de Springfield, donde van los Flanders, los Simpson, y casi todo el pueblo. Tiene el aspecto pomposo y sedante de un tele-evangelista de valium. Su fundamentalismo es a veces incendiario (“la ciencia ha fracasado de nuevo ante las aplastantes evidencias de la religión”), pero otras frío y profesional (“hago lo que puedo con un material como éste”). Homer le ha descrito en una ocasión como “el tipo que da esos sermones en la iglesia, capitán cómo-se-llame”…

 

El Reverendo LoveJoy es un claro representante de lo peor de la religión organizada.

Cuando, en un episodio, Flanders tiene que adoptar a los hijos de los Simpson, descubre que todavía no han sido bautizados, por lo que llama angustiado al Reverendo. Éste, irritado por haber sido molestado cuando estaba disfrutando de sus trenes en miniatura, responde con desprecio: “Ned, ¿has pensado en alguna de las otras principales religiones? Son prácticamente lo mismo”. Inmediatamente su tren se estrella, soltando humo. Ned coloca entonces un cartel en la puerta que dice “nos hemos ido a bautizar”, y se dirige al río. Allí los niños son finalmente “rescatados” por Homer, que logra evitar que el agua caiga de un cáliz dorado. Aunque el intento de Ned de un bautismo forzado es poco admirable, sin embargo, es interesante que su sinceridad no se ponga en cuestión. Es una persona auténtica, que a veces se muestra fuerte, pero también tiene sus debilidades…

El Reverendo Lovejoy, sin embargo, es un claro representante de lo peor de la religión organizada. Su fe es algo nominal y vacío. Se enorgullece de haber vuelto a poner la maqueta en el vestíbulo de la iglesia, como uno de sus grandes actos de fe. Y cuando un cometa amenaza destruir Springfield, Homer se lamenta diciendo: “En momentos así me gustaría que fuera un hombre religioso”. Pero el Reverendo corre histérico por la calle, gritando: “¡Se acaba todo!, ¡ya no hay más rezos!”. Sin embargo, Ned ha construido un refugio al que invita a todo el pueblo. Y cuando está tan lleno que no se puede cerrar la puerta, se ofrece como mártir. Le dice entonces a su hijo: “Si me vuelvo loco de miedo, quiero que dispares a papá si intenta volver adentro”. La gente sale entonces avergonzada, y lo único que destruye el cometa es el refugio…

 

La familia Simpson va todavía a la iglesia.

LA OFENSA DE LA CRUZ

Para uno de los autores de Los Simpson, Steve Tompkins, “la calidad del humor está en proporción indirecta con las verdaderas creencias de la persona”. Ya que “cuánto más se muestren, menos divertido resulta”. Su papel es provocar, dice Mark Pinsky –el escritor de este libro, que ha grabado todos los episodios de la serie y mantenido entrevistas con varios de sus autores–. Uno de ellos, Al Jean, dice que se considera “alguien que cree en las enseñanzas de Jesucristo, pero no es un gran aficionado de la religión organizada”. Él comenzó a trabajar en la serie en 1989, por lo que ha escrito con Reiss más de doscientos episodios. “Desde muy temprano mostramos a los personajes yendo a la iglesia”, dice. Pero “la gente es muy sensible con estas cosas”, por lo que evitan siempre las imágenes de Cristo, sobre todo en la cruz.

Marge dice a los niños que deben ir a la iglesia, para “aprender moral y decencia”. Así sabrán “cómo amar a su prójimo”. Pero la escena siguiente muestra al Reverendo en el púlpito con una cita apócrifa del Antiguo Testamento, llena de violencia sangrienta. Ya que el evangelio según Los Simpson es eso: la necesidad de vivir en paz y amor con tus vecinos… Pero la realidad es otra. Y es ahí de donde parte el verdadero Evangelio. No de bonitos deseos y buenas obras, sino de la impotencia del hecho de que no podemos vivir como debiéramos.

El cristianismo no consiste por lo tanto en los sacrificios de Flanders, ni en la vida cómoda del Reverendo, sino en el sacrificio que Cristo hizo una vez y para siempre. Esa es la única buena obra que nos salva. Por lo que no se trata de ser buenos, sino nuevos. Y eso es algo que sólo el Espíritu de Dios puede hacer por medio de nuestra confianza en la justicia de otro, Cristo Jesús, que llevó nuestras contradicciones bajo el peso de esa cruz que no pueden mostrar Los Simpson, porque su mensaje sigue siendo demasiado ofensivo.

 

 

http://protestantedigital.com/blogs/34749/un_cuarto_de_siglo_con_los_simpson

Ellacuría vive

Publicado: noviembre 14, 2014 en Cultura, Teología

La influencia del filósofo y teólogo se mantiene en su obra 25 años tras su asesinato

Ignacio Ellacuría, asesinado el 16 de noviembre de 1989.

Ellacuría debe ser eliminado y no quiero testigos”. Fue la orden que dio el coronel René Emilio Ponce al batallón Atlacatl, el más sanguinario del ejército salvadoreño. La orden se cumplió el noche del 16 de noviembre de 1989 en que fueron asesinados con premeditación, nocturnidad y alevosía seis jesuitas y dos colaboradoras, madre e hija, Elba y Celina, esta de 15 años en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de San Salvador (UCA). Entre los asesinados se encontraba el jesuita vasco, nacionalizado salvadoreño, Ignacio Ellacuría, rector de la UCA, discípulo de Zubiri y editor de algunas de sus obras. Era filósofo y teólogo de la liberación, científico social y e impulsor de la teoría crítica de los derechos humanos, cuatro dimensiones que son difíciles de encontrar y de armonizar en una sola persona, pero, en este caso, convivieron no sin conflictos internos y externos, y se desarrollaron con lucidez intelectual y coherencia vital.

“Revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección”, “sanar la civilización enferma”, “superar la civilización del capital”, “evitar un desenlace fatídico y fatal”, “bajar a los crucificados de la cruz” (son expresiones suyas) fueron los desafíos a los que quiso responder con la palabra y la escritura, el compromiso político y la vivencia religiosa. Y lo pagó con su vida.

25 años después de su asesinato Ellacuría sigue vivo y activo en sus obras, muchas de ellas publicadas póstumamente. En 1990 y 1991 aparecieron dos de sus libros mayores: Conceptos fundamentales de la teología de la liberación, de la que es editor junto con su compañero Jon Sobrino, entonces la mejor y más completa visión global de dicha corriente teológica latinoamericana, y Filosofía de la realidad histórica, editada por su colaborador Antonio González, cuyo hilo conductor es la filosofía de Zubiri, pero recreada y abierta a otras corrientes como Hegel y Marx, leídos críticamente. Es parte de un proyecto más ambicioso trabajado desde la década los setenta del siglo pasado y que quedó truncado con el asesinato. Posteriormente la UCA publicó sus Escritos Políticos, 3 vols., 1991; Escritos Filosóficos, 3 vols., 1996, 1999, 2001; Escritos Universitarios, 1999; Escritos Teológicos, 4 vols., 2000-2004.

En el cuarto de siglo posterior a su asesinato se han sucedido ininterrumpidamente los estudios, monografías, tesis doctorales, congresos, conferencias, investigaciones, cursos monográficos, círculos de estudio, Cátedras universitarias con su nombre, que demuestran la “autenticidad” de su vida y la creatividad y vigencia de su pensamiento en los diferentes campos del saber y del quehacer humano: política, religión, derechos humanos, universidad, ciencias sociales, filosofía, teología, ética, etc.

Lo que descubrimos con la publicación de sus escritos y los estudios sobre su figura es que Ellacuría tuvo excelentes maestros: Rahner en teología, Zubiri en filosofía, monseñor Romero en espiritualidad y compromiso liberador, de quienes aprendió a pensar y actuar. Pero su discipulado no fue escolar, sino enormemente creativo, ya que, inspirándose en sus maestros, desarrolló un pensamiento propio y él mismo se convirtió en maestro, si por tal entendemos no solo el que da lecciones magistrales en el aula, sino, en expresión de Kant aplicada al profesor de filosofía, el que enseña a pensar. Ellacuría parte del pensamiento de sus maestros, pero no se queda en ellos; avanza, va más allá, los interpreta en el nuevo contexto y, en buena medida, los transforma. Su relación con ellos es, por tanto, dialógica, de colaboración e influencia mutuas. Sus obras así lo acreditan y los estudios sobre él lo confirman.

Teología

Su colega y amigo Jon Sobrino ha escrito páginas de necesaria lectura sobre el “Ellacuría olvidado”, en las que recupera tres pensamientos teológicos fundamentales suyos: el pueblo crucificado, el trabajo por una civilización de la pobreza, superadora de la civilización del capital y la historización de Dios en la vida de sus testigos, que Ellacuría acuñó con una aforismo memorable: “Con monseñor Romero Dios pasó por la historia”. Ellacuría entiende la teología de la liberación como teología histórica a partir del clamor ante la injusticia, establece una correcta articulación entre teología y ciencias sociales y asume un compromiso por la transformación de la realidad histórica desde los análisis políticos y desde su función como mediador en los conflictos. Son tres aspectos que desarrolla José Sols Lucia. El teólogo austriaco Sebastián Pittl recupera la primera idea destacada por Jon Sobrino y la interpreta teológicamente: la realidad histórica de los pueblos crucificados como lugar hermenéutico y social de la teología. Asimismo hace una lectura de la concepción ellacuriana de la espiritualidad radicada en la historia desde la opción por los empobrecidos

El resultado es una teología posidealista cuyo método no es el trascendental de sus maestros, sino la historización de los conceptos teológicos y el punto de partida, la praxis histórica. La teología de Ellacuría tiene un fuerte componente ético-profético. Aplicándole a ella la consideración lévinasiana de la ética como filosofía primera, bien podría decirse que, para el teólogo hispano-salvadoreño, la ética es la teología primera y el profetismo la manifestación crítico-pública de la ética.

Filosofía

El objeto de su filosofía es la realidad histórica como unidad física, dinámica, procesual y ascendente. De aquí emanan los conceptos y las ideas fundamentales de su pensamiento: historia (materialidad, componente social, componente personal, temporalidad, realidad formal, estructura dinámica), praxis histórica, liberación y unidad de la historia. Su método es la historización de los conceptos filosóficos para liberarlos del idealismo y de la idealización en que suelen incurrir la filosofía y la teoría universalista de los derechos humanos. H. Samour, uno de sus mejores intérpretes y especialistas, reinterpreta al maestro relacionando su pensamiento con la realidad histórica contemporánea, al tiempo que considera la filosofía de la historia como filosofía de la praxis. Recientemente se está desarrollando una nueva línea de investigación del pensamiento filosófico de Ellacuría: la que hace una lectura pluridimensional con las siguientes derivaciones creativas, que enriquecen, recrean y reformulan su filosofía:

a) Su conexión con la dialéctica hegeliano-marxista, que implica analizar la concepción que Ellacuría tiene de la dialéctica, la utilización del método dialéctico en su análisis político e histórico, y la dialéctica entre historia personal -biografía- e historia colectiva -el pueblo salvadoreño-, en otras palabras, el impacto y la capacidad transformadora de su vida y de su muerte en la historia de El Salvador (Ricardo Ribera).

b) Su conexión con la teoría crítica de la primera Escuela de Frankfurt, que integra dialécticamente las diferentes disciplinas dando lugar a un conocimiento emancipador, así como su incidencia en la negatividad de la historia (L. Alvarenga).

c) Su conexión con la filosofía utópica de Bloch en uno de los últimos textos más emblemáticos de Ellacuría: “Utopía y profetismo en América Latina” (Tamayo).

d) Su original teoría del “mal común” como mal histórico, la crítica de la civilización del capital y las diferentes formas de superarla (Hector Samour).

e) La recuperación filosófica del cristianismo liberador (Carlos Molina).

f) La fundamentación moral de la actividad intelectual y la relevancia del lugar de los oprimidos en los diferentes campos y facetas de quehacer teórico (J. M. Romero).

Teoría crítica de los derechos humanos

Ellacuría ha hecho aportaciones relevantes en el terreno de la teoría y de la fundamentación de los derechos humanos. Cabe destacar a este respecto su contribución a la superación del universalismo jurídico abstracto y de una visión desarrollista de de los derechos humanos, y a la elaboración de una teoría crítica de los derechos humanos (J. A. Senent, A. Rosillo).

El pensamiento de Ellacuría no es intemporal, sino histórico, y debe ser interpretado no de manera esencialista (aun cuando algunas de sus primeras obras escritas bajo el discipulado escolar y la influencia de Zubiri tuvieron esa orientación), sino históricamente, en diálogo con los nuevos climas culturales. Así leído e interpretado puede abrir nuevos horizonte e iluminar la realidad histórica contemporánea.

 

Conversión de la Iglesia al reino de Dios. Ignacio Ellacuría. Sal Terrae, Santander 1984
Conceptos fundamentales de la teología de la liberación
, 2 vols. Ignacio Ellacuría. Trotta, Madrid 1990
Filosofía de la realidad histórica
.  Ignacio Ellacuría. Trotta, Madrid 1991
El legado de Ignacio Ellacuría. José Sols Lucia. Cuadernos Cristianisme i Justicia, Barcelona 1998
Crítica y liberación. Ellacuría y la realidad histórica. H. Samour. ADG-N LIBROS, València 2013
La realidad histórica del pueblo crucificado como lugar de la teología. Sebastian Pittl. ADG-N LIBROS, 213
Ignacio Ellacuría. Utopía y teoría crítica. J. J Tamayo y L. Alvarenga (dirs.) Tirant lo Blanch, València 2014
La lucha por la justicia. Selección de textos de Ignacio Ellacuría, ed. de J. A. Senent de Frutos, Universidad de Deusto, Bilbao 2013

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/12/babelia/1415808080_942077.html


Arropó a fotoperiodistas míticos como Robert Capa

A sus 96 años, representa la memoria gráfica del siglo XX

 París
John G. Morris, antiguo editor gráfico, en París. / DANIEL MORDZINSKI

Ayudó a poner en marcha Magnum, editó las fotos de Robert Capa y Cartier-Bresson, fue el director gráfico de Life durante la guerra y la posguerra mundial y después eligió durante años las fotos que publicaban The Washington Post y su gran rival, The New York Times.Desde 1986 vive en París, en un bonito apartamento de Le Marais, un piso bajo atiborrado de libros de fotoperiodismo, colecciones de revistas y ejemplares de The Herald Tribune. John G. Morris (Chicago, 1916) tiene 96 años, y mantiene una gran mata de pelo blanca sobre una cabeza rápida y lúcida, entregada a su pasión, las fotos, y a su gran amor, una estadounidense de 85 años a la que llama “mi dama” y con la que no deja de viajar por el mundo. Morris presenta hoy en Madrid la edición española de sus asombrosas memorias, tituladas ¡Consigue la foto! (La Fábrica), con una conferencia ilustrada sobre el mejor fotoperiodismo de la historia.

Morris tiene un retrato de Capa —traje gris, pelo negro— sobre el ordenador Mac donde guarda gran parte de la memoria gráfica del siglo XX, y cuenta que su amigo era un húngaro simpático y anárquico. “Tenía algo de gitano, y de hecho yo siempre le llamaba The Gipsy. La última foto que suelo enseñar en mis conferencias es una que hizo en una boda gitana en Eslovaquia, cuando volvía de Rusia”, recuerda. “Era un gran periodista avergonzado de su reputación. Se dijo que le gustaba la guerra pero eso es una bobada, lo que pasa es que tenía pasión por contar la Historia. Y precisamente fue a morir en Vietnam, en una guerra que no le gustaba nada”.

Como editor de Life, Morris había llegado a Londres en el otoño de 1943, y compartió con Capa y otros cinco fotógrafos el desembarco en Normandía. “Teníamos el estudio en el Soho, y la oficina de prensa nos informó del desembarco la noche anterior al Día D \[6 de junio de 1944\]. Capa era el más conocido, y fue el primero en irse, llegó a Omaha Beach con los primeros barcos”. En mitad de la carnicería, tumbado en la orilla, el fotógrafo logró tirar cuatro rollos de 35 milímetros, y tras atravesar de vuelta un mar enrojecido se los dio a un mensajero que volvía a Londres con una nota para Morris: “John, toda la acción está en los rollos de 35”.

Una fotografía tomada por Morris en Normandía en verano de 1944.

Las películas llegaron y entonces ocurrió el desastre. “Algo salió mal en el proceso de revelado, los negativos se sobrecalentaron, y el chico vino corriendo desde el cuarto oscuro gritando ‘¡se han borrado todas!’. Luego comprobé que había once imágenes, bastante borrosas, que podían servir”. Morris decidió que, pese a estar borrosas, o precisamente por ello, debían ser publicadas, las sometió a la censura y las envió por avión a Escocia y desde allí a Nueva York.

Life era, no nos engañemos, una parte esencial de la maquinaria de propaganda aliada”, dice. Pero cuando la revista imprimió las fotos unos días después, se convirtieron en un hito del periodismo. “Había otras muy buenas que hizo Bob Landry en Utah Beach, pero aquellas nunca llegaron porque se le cayeron al mar al mensajero”, ríe Morris.

Un mes más tarde, el editor cogió su cámara y el 18 de julio atravesó el Canal de la Mancha para vivir de primera mano las últimas batallas. Aunque nunca se ha considerado fotógrafo y se define secamente como “un periodista”, Morris pasó 27 días en el frente y allí tomó sus únicas fotos profesionales, 12 rollos que al volver metió en el cajón y que ahora, 70 años después, se ha animado por fin a enseñar en público.

Otra de las imágenes sacadas por Morris en Normandía.

Morris las va sacando de una caja plana y alargada con un punto de nostalgia pero sin darse importancia. “Esta es la mejor”, dice, mostrando el retrato de dos prisioneros alemanes con las manos en alto. “Esta la saqué en Rennes”, añade ante una imagen de una mujer francesa despeinada y detenida. “Se había acostado con los alemanes y la llevaban a comisaría. La seguí hasta dentro, pero por desgracia no había luz”.

De aquellos días, Morris recuerda que él y Capa se pasaban el día juntos (“adoraba trabajar con él, lo sabía todo de la guerra”) y que se libraron “de milagro” de morir bajo los disparos de un contingente alemán en Saint-Malo. Pero también se acuerda de las cenas con Hemingway, Marlene Dietrich y Lee Miller, la modelo deVogue que acabó siendo fotógrafa y corresponsal de guerra.

Otra de sus fotos muestra la austera tumba normanda donde descansa Bede Irvin, un fotógrafo de AP. “Una mañana me pidió que pasara el día con él, pero en el último minuto mi compañero de habitación, Frank Scherschel, me convenció de que le acompañara”. Irvin murió ese día a causa de un bombardeo aliado: fuego amigo. Con la sensación de haber vuelto a nacer, Morris pasó las décadas siguientes al frente de la sección gráfica de los mejores diarios y revistas, y se convirtió en director de la cooperativa Magnum Photos, donde se juntaron Capa, Henri Cartier-Bresson, David Seymour y George Rodger, entre otros fenómenos.

Lleno de sabiduría y entusiasmo, aunque una pizca tambaleante por un problema de vértigo, Morris acaba de protagonizar un documental titulado igual que su libro, ¡Consigue la foto!, y será la gran atracción del próximo Festival de Fotoperiodismo de Perpiñán. Historia viva del periodismo clásico, su reflexión sobre la modernidad digital es ambivalente: “Ha supuesto cambios enormes, y tiene cosas buenas y malas. Lo peor es que las grandes corporaciones han tomado el control de los medios y que los editores ya no apoyan a los fotógrafos. Ahora todo el mundo es fotógrafo, se trabaja más rápido y no se les da a las fotos la importancia que tienen, salvo quizá The New York Times, que en mi época [de 1967 a 1976] era más tímido y ahora publica fotos mejores”.

¿Y lo bueno? “Ahora vemos cosas que antes no veíamos, torturas, negociaciones secretas… Antes creíamos que cuanto mejor informada estuviera la gente, más próspero y pacífico sería el mundo. Pero los poderosos siguen montando guerras, y sigue haciendo falta contarlas. Yo no he sido reportero, pero les he alimentado, les he entretenido y he vendido sus fotos. El objetivo era el mismo: ¡conseguir la foto! Sea buena o mala, la foto sigue siendo la última palabra”.

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Debate en La 2 de TVE

Lutero y el regreso a las raíces del evangelio, en TVE

Captura de pantalla de un momento del programa (Mario Escobar a la izquierda e Ignasi Fernández a la derecha) / La2, TVE
“Aunque a menudo se le presenta como alguien en contra de la Iglesia Católica”, dice Mario Escobar, “Lutero fue un hombre que estuvo sobre todo a favor de dar una buena noticia: no había nada que pagar para obtener la salvación del alma”.

MADRID

En la mañana del martes el programa de actualidad  ‘Para Todos La 2’  dedicó sus primeros minutos a presentar un debate sobre la figura histórica de Lutero, en el que participaron el historiador y escritor evangélico Mario Escobar, junto a Ignasi Fernández, profesor de Historia Moderna de la Facultad Autónoma de Barcelona.

En la conversación, ambos contertulios fueron explicando la situación social y política en la que se desarrolló la Reforma, centrándose en la figura de Martín Lutero, el monje agustino considerado el iniciador del movimiento en el siglo XVI.

No en vano se celebra cada 31 de octubre el día de la Reforma, ya que fue ese día cuando Lutero clavó las 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg,denunciando la práctica de la Iglesia Católica de la venta de indulgencias para conseguir el perdón de pecados.

Una Iglesia Católica en la que su jerarquía se había amoldado a las formas feudales, “alejándose mucho de las enseñanzas primitivas de Jesús de Nazaret”, decía Mario Escobar. “El lujo, la avaricia y la política habían sustituido al mensaje de esperanza y consuelo” característico de Jesús.

Ignasi Fernández concuerda con este retrato de una institución “con luces y sombras”. “Había una implicación muy grande de las altas jerarquías en asuntos políticos, y por tanto los abades, obispos y el Papa eran más vistos como señores feudales que como autoridades espirituales”, explicaba el profesor de la UAB, que recordó que la reforma de Lutero “no nace de la nada”, sino que ya desde el siglo XV “se producen llamadas desde varios grupos y teólogos a una reforma” de la iglesia. Pero estas llamadas de atención “no encontraron una respuesta práctica más que iniciativas muy limitadas”.

LAS INDULGENCIAS
 Según ambos historiadores la práctica de las indulgencias había derivado a una “compraventa” de la salvación del alma, “el asunto más importante en la sociedad del siglo XVI”, explica Fernández.

Las indulgencias eran vendidas por la Iglesia Católica que en aquellos momentos afrontaba grandiosas reformas arquitectónicas en el Vaticano. De hecho Lutero visita Roma y se sorprende al ver esta práctica, pero cuando se rebela contra ella es cuando la venta de indulgencias llega a su ciudad, a Wittemberg. “Ve que a la gente pobre que casi no tiene nada se le venden estas indulgencias, algo que no servía”, dice Escobar.

Pero Lutero se oponía, sobre todo, porque había descubierto en la Biblia algo que cambiaría su vida.

EL REGALO DE LA SALVACIÓN
El teólogo alemán de Wittemberg fue una persona preocupada por la culpa, por querer llegar a obtener la salvación ante Dios. Para él fue tremendo descubrir el concepto de la fe que salva. “Descubre que la salvación es gratuita, que es por gracia, que no se debe comprar ni comerciar”, dice Escobar.

El estudio de diferentes pasajes de la Escritura llevaron a Martín Lutero a encontrar la paz que tanto buscaba. Porque entiende que “la justicia no se puede ganar por méritos propios porque Cristo hizo ese sacrificio en la cruz por ti y tienes acceso a la salvación directamente. Eso le revoluciona la vida”.

Por eso, Escobar considera a Lutero no sólo un hombre que se opone a los abusos de la Iglesia Católica, sino sobre todo “un hombre a favor de dar una buena noticia a esa sociedad que está tan obsesionada con la salvación y que no la alcanza”.

Ignasi Fernández concuerda con que Lutero choca contra la doctrina de las indulgencias y contra cualquier otra obra que se quiera hacer para obtener la salvación, “porque ve que la salvación del alma no depende de una obra que uno haga, sino sólo de la fe en Jesucristo. A partir de ahí se conforma un alejamiento bastante rápido de la Iglesia Católica que finalmente dará lugar a otra confesión”.

LA TRADUCCIÓN DE LA BIBLIA
 Un punto clave en la extensión de las ideas de Lutero será la imprenta, que ayudó a difundir sus escritos y discursos por toda Europa. Pero además, Lutero tradujo la Biblia al alemán popular. Lo hace porque quiere que la gente pueda acercarse por sí misma a los textos, que entonces no se encontraban más que en un latín que pocos entendían.

Mario Escobar explica que Lutero entiende “que pueden matar a un Lutero, pero no pueden matar a un millón. El piensa que si la gente puede ver la verdad por sus propios medios, en su lengua natural, llegarán a entender esta verdad que él entendió”. Por eso se esfuerza no sólo en traducir, sino en usar un lenguaje muy popular, “aún yendo casi de incógnito a los mercados para escuchar las expresiones coloquiales de la gente”.

El historiador evangélico apunta que la Reforma además trajo un avance importante al popularizar la alfabetización, ya que invita a cada creyente a leer por sí mismo las Escrituras.

RUPTURA CON LA IGLESIA CATÓLICA
Las consecuencias de la acción de Lutero tienen su eco hasta hoy. Pero Lutero no pretendía romper la Iglesia Católica, en opinión de ambos expertos. “Lutero tenía la idea de reformar excesos, pero también la doctrina. El veía que el problema (en la Iglesia Católica) era la doctrina basada en la escolástica, en Aristóteles, una teología que llevaba a una enseñanza de la fe que estaba en contra de lo que él creía. Cambiar la teología es lo que muchos no quisieron cambiar”.

Ignasi Fernández considera que Lutero quería que la Iglesia volviese “a una forma más evangélica, más apostólica, de retorno a los orígenes”. Pero la Iglesia Católica no reaccionó a tiempo, “no hubo una percepción clara del desafío que planteaba a la Iglesia Católica. Y cuando la Iglesia reacciona intentando plantar terrenos de entendimiento, no hubo voluntad de llegar a un acuerdo. Así se llegó a la división”.

Editado por: Protestante Digital 2013

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El paraíso perdido de Gauguin

Publicado: enero 9, 2013 en Cultura

José de Segovia Barrón

El paraíso perdido de Gauguin
No hay duda de que Gauguin no era ni santo, ni un héroe. Como muchos creadores, no tuvo una vida particularmente digna, pero buscó el paraíso sin descanso.

 

¿No está el paraíso siempre perdido? El lugar que anhelamos y nunca encontramos, nos parece que si existiera en alguna parte, ya no sería el Paraíso, porque nosotros mismos lo echaríamos a perder. A pesar de todo, lo seguimos buscando, como Gauguin. Su Viaje a lo exótico  es objeto de una interesante exposición, que ahora acaba en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.
El año 2004 se presentó en estas mismas salas una muestra sobre este pintor y los orígenes del simbolismo, que abarcaba la primera etapa de su creación y sus viajes, antes de su huida definitiva. La nueva exhibición –que ha hecho Paloma Alarcó, como comisaria– está a la altura de los mejores museos del mundo. Se ocupa de la breve estancia del artista en Panamá y Martinica entre 1886 y 1887, sus viajes a la Polinesia de 1891 a 1893, así como su estancia final, desde 1895 hasta su muerte en 1903. ¿Encontró allí Gauguin el paraíso?
Como dice la interesante biografía de Leonard Sweetman –agotada en inglés, pero disponible en español, por la traducción que publicó Paidós en 1998, Biografía de un salvaje –, “todos creemos saber quién es Gauguin, pero, ¿qué es en realidad lo que sabemos de él? Para muchos continúa representando el sueño más seductor del arte occidental: el agente de bolsa francés que abandonó a su familia y su carrera, viajó a los confines de la tierra, en busca de un Edén tropical y, al final, lo inmortalizó en algunos de los lienzos más hermosos de nuestra época. Pero hay también voces que se han levantado para enfrentarse al mito, que hablan de excentricidades sin límite, sífilis y explotación colonial.”
Se ha creado toda una mitología en torno al artista , de la que todavía se alimentan autores como el Premio Nobel, Mario Vargas Llosa. Según su novela, El paraíso en la otra esquina (2003), Gauguin era un rebelde, como su abuela, Flora Tristán. Buscaba un mundo primitivo y salvaje, no contaminado por las convenciones sociales, donde poder recuperar su energía y revigorizar su arte. La realidad fue algo diferente, ya que el día que toma el velero Océanien en Marsella en 1891, lo que estaba haciendo es abandonar a su familia. Puesto que al embarcarse a los mares del sur, dejaba a sus cinco hijos y a su esposa, la danesa Mette Gad.
LA FAMILIA DEL PASTOR Se dice siempre que el pintor estaba harto de Europa, donde todo estaba podrido, y había un arte cada vez más superficial e insustancial. Vargas Llosa dice que “era un próspero burgués”, que “vivía en un barrio elegante, sin privarse de nada”. La verdad es que estaba arruinado y cansado de la vida familiar. No es la primera vez que huía de todo compromiso, como hizo cuando se fue a vivir con Van Gogh en una casa del sur de Francia, pero su convivencia se acabó convirtiendo entonces en un infierno.
La esposa de Gauguin era hija de un pastor luterano de Copenhague. Tras una boda civil, tienen una vida cómoda con él trabajando en una agencia de cambio, hasta que las expectativas de la esposa se vienen abajo cuando él intenta vivir del arte. Llenos de deudas, se trasladan a Dinamarca, para tener el apoyo de la familia. Aunque encuentra un empleo, la relación matrimonial es cada vez mas complicada . Gauguin aborrece el país, su clima, sus costumbres y la rígida piedad protestante. Su separación se hace inevitable. En 1885, el pintor regresa a París, donde lleva una vida bohemia , pero mantiene la relación con su familia. Tiene un especial afecto por su hija Aline.
Gauguin nunca se divorció. Mantuvo un matrimonio de conveniencia, teniendo relación con varias mujeres, sin mucho sentimiento. Nancy Mowll Mathews le describe como un “oportunista sexual” en su Vida erótica –publicada por la Universidad de Yale, el año 2001–. Eso explica por qué, cuando Vargas Llosa va con su hija a buscar sus huellas en Tahití y Atuona, le sorprende la antipatía que despierta el artista : “muchas personas, jóvenes sobre todo, le reprochaban de haber abusado de las nativas pese a saber muy bien que la sífilis que padecía era contagiosa y haber actuado con sus amantes indígenas haciendo gala de un innoble machismo.”
LAS HUELLAS DEL SALVAJE

No hay duda de que Gauguin no era ni santo, ni un héroe. Como muchos creadores, no tuvo una vida particularmente digna, pero buscó el paraíso sin descanso. Se sentía extranjero en todas partes. Recordemos que vivió de niño en Perú, recorrió el mundo como marino mercante y trabajó como peón en el primer Canal del Panamá.

Aunque se veía a sí mismo como un salvaje, lo que encuentra en Polinesia ya no es la Oceanía paradisíaca que conoció el capitán Cook, sino una colonia francesa con la cultura de finales del siglo XIX. Como el paraíso no existe, tiene que inventarlo.
Poco quedaba de la cultura maorí que el pintor iba buscando. Su objetivo será entonces reconstruir el Tahití de sus sueños . Cuadros como Mata mua (1892) –que significa Érase una vez –,nos muestran escenas pastorales, envueltas en la naturaleza exuberante de una isla, que evocan un tiempo añorado como la arcadia.
Su Matamoe (1892)–que él traduce como Muerte, aunque su sentido correcto en canaco es Ojos dormidos –, nos muestra una de sus pocas figuras masculinas, pero el hombre sujeta un hacha, dispuesto a golpear un tronco, en medio de un paraíso lleno de vida y calma.
En 1901 deja Tahití y se instala en su último refugio en las Islas Marquesas, donde muere dos años más tarde, cuando va a cumplir 55 años . Su último cuadro es un paisaje de Bretaña en invierno, que pinta rodeado de reproducciones de artistas como Rafael o Durero.
Abandonado por sus jóvenes amantes, con una pierna rota, enfermo de sífilis y consumido por el alcohol, Gauguin no puede ya volver a París, como quería, ya que su marchante le dice que es mejor para las ventas que se quede en aquellos parajes exóticos, donde acabará siendo víctima de su propia leyenda. Afectado por la muerte de uno de sus hijos, piensa ya en el suicidio y tras un intento fallido de morir envenenado, fallece de lo que parece un ataque de corazón, solo y desesperado.
LEJOS DEL EDÉN Un siglo después de su muerte, su mesianismo utópico nos continúa atrayendo y fascinando. La explosión de colorido de sus lienzos nos muestra un paraíso que se nos antoja parcialmente intacto. En su lejano exilio de la isla de Hivaoa le vemos consagrado a la religión laica de su propio arte .
Sus supuestas vírgenes con mirada y aura de María, no son más que modelos y amantes –como Teha’amaba, una chica que apenas tenía trece años, cuando Gauguin la encuentra en Mataiea, una aldea al sur del Papeete–. Los desnudos que llenaban su Casa del Placer en Atuona fueron de hecho purgados por Monseñor Martin, que hizo quemar todo aquello que le pareció indecente, antes de darle finalmente católica sepultura. Su fe por eso nos resulta a veces poco más que una inmensa parodia, pero nos habla sin embargo de ese anhelo de redención, por el que el hombre todavía suspira, esperando la restauración de las relaciones rotas entre el hombre y la creación.
El artista buscaba ya con Van Gogh la luminosidad de esa espiritualidad invisible que intuyeron aquellos días en los campos de la Provenza. La religiosidad que llena la obra de Gauguin a partir de su encuentro con la sencilla piedad de las mujeres de Bretaña –que vemos en La visión tras el sermón (1888) de La lucha de Jacob con el ángel – nos revela algo de “lo que de Dios se conoce, pues Dios lo manifestó” . Porque como dice el apóstol Pablo a los Romanos, “las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (1:19-20). La tragedia del hombre es que “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”  (21). Sólo así entendemos el orgullo con el que Gauguin habla de sí mismo como un profeta, que ve su obra como algo sagrado . Contempla de hecho no sólo su vida, sino también su muerte, al estilo de una ofrenda religiosa, ya que no está dispuesto a consumirse en “la eterna lucha contra los imbéciles”. Es la locura, por la que los hombres “profesando ser sabios se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por semejanza de imagen de hombre corruptible” ( Ro. 1:22-23), al “cambiar la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (24-25).
El problema es que anhelamos todavía ese paraíso perdido, que sólo en Cristo puede ser recobrado . “Un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, sale de su trono”, pero en Apocalipsis esa nueva creación ya no es un huerto, sino una ciudad. La solución no está por lo tanto en volver atrás, sino en que “el que tiene sed, venga, y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (22:17). Porque sólo así recuperaremos algo más que el Edén.

Autores:José de Segovia Barrón

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