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Predicación XIV

La iglesia evangélica contemporánea agoniza porque ha dejado de creer en el poder que la Palabra de Dios tiene para dar vida espiritual, y en lugar de predicarla se dan testimonios o consejos terapéuticos de autoayuda.

Alejandro PeluffoAlejandro Peluffo.

Hoy cruzamos el charco para hablar sobre Predicación con Alejandro Peluffo, de Argentina. Peluffo es Pastor de la Iglesia Bautista Misionera en Lobos (Buenos Aires-Argentina), desde 1990, y profesor de Física y Química a nivel Secundario desde 1993. Ha realizado un Máster en Divinidad (2010) y en Teología (2013) en TheMaster’s Seminary, Los Ángeles, California. Actualmente dirige IDEAR (Instituto de Expositores en Argentina). Está casado con Mónica Debus y tiene tres hijos.

Pregunta.- En la actualidad en Europa estamos desarrollando nuestra fe en un mundo postmoderno y secular, donde prima el relativismo ético, y la religión se oferta “a la carta”, según las necesidades de la demanda. ¿También en Argentina se está pasando por esta situación?

Respuesta.- Sí, claro que sí. El mundo de hoy hiperconectado no deja demasiado lugar para que un país se mantenga al margen de lo que pasa en el resto. Ya en la época del Nuevo Testamento llama la atención que Pablo escribiera cartas tan similares a dos congregaciones distantes como Éfeso y Colosas. O a Tito en Creta, y a Timoteo en Éfeso, dejándonos entrever que los desafíos procedentes de la cultura eran similares.

P.- ¿Qué desafíos presenta la cultura posmoderna tanto a la interpretación de la Palabra como a la exposición bíblica en la pastoral y docencia?

R.- Los mismos desafíos de siempre. Siempre el intérprete y el expositor han sido tentados a acomodar ese mensaje a la cultura en la que viven, a diluir su contenido o a reescribir su significado, para así, “hacerlo más pertinente” al oyente contemporáneo. Sin embargo, la Palabra de Dios presenta un mensaje que es universal y atemporal. Un mensaje que siempre es pertinente pues Dios, el Espíritu Santo, promete utilizar la Palabra que Él mismo inspiró. La iglesia evangélica actual ha perdido su confianza en el poder de la Palabra de Dios para hablar al hombre de hoy, y en su arrogancia, cree saber o poder acomodar ese mensaje a lo que el individuo posmoderno necesita escuchar. Al modificar ese mensaje, al hacerlo más “cool” lo despoja de poder espiritual. El desafío que hoy tiene el expositor y maestro bíblico es a ser fiel y preciso con lo que Dios le ha dado para administrar. Después de todo, eso es lo que significa ser un “ministro”.

P.- ¿Cómo debe el expositor bíblico adaptarse a estos cambios culturales? Pero antes de contestar esta pregunta, díganos qué entiende por predicación expositiva. ¿Es un método nuevo o estamos hablando de la predicación de toda la vida…?

R.- Predicación expositiva es la predicación que procura que el punto del sermón sea tomado del punto del texto bíblico que se considera. Todo el sermón expositivo se edifica alrededor de una gran idea, que debe ser la idea principal de la unidad de pensamiento (párrafo o episodio) del texto bíblico que se estudia. De esa manera el sermón está imbuido de la misma autoridad de Dios, y el predicador puede decir “Así dice el Señor”. No es un nuevo método de predicación, sino que a lo largo de la historia, los fieles hombres de Dios, arraigados en una sólida teología, han visto que ésta es la manera de predicar la Palabra que hace que el predicador se ponga al servicio del texto y no que el texto sirva al predicador. La teología bíblica nos informa que nuestro corazón y capacidad de razonamiento han quedado afectados por la caída en pecado, de manera que la verdad no está en nosotros. Por otro lado, la Biblia asegura que Dios sigue hablando hoy como en el pasado, pero ya no de forma audible sino por medio del texto inspirado al ser predicado. Estas y otras grandes verdades de las Escrituras llevan a la conclusión de que Dios no hablará de la misma forma por medio de cualquier clase de sermón. La Palabra de Dios es viva y eficaz, así que, el sermón que respeta y se guía por Su Palabra tendrá Su poder y Su autoridad.

El expositor no debe preocuparse por los cambios culturales. Sin saberlo, o sin ser plenamente consciente de ello, cada predicador es parte de la cultura en la que vive. Eso es suficiente para que suene de manera relevante a su cultura. Con estar medianamente informado de lo que lo rodea, estará listo para hablar de manera clara y directa a su generación. ¿Quién de nosotros no sabe, por ejemplo, que los jóvenes de hoy postergan el matrimonio, que hay un problema tremendo con la pornografía, que se nos hace cada vez más difícil enfocarnos en una tarea sola hasta terminarla, que el entretenimiento ha dejado de ser un apéndice del trabajo, etc.? Con esto quiero decir que los pastores no necesitamos leer a Jacques Derrida o Michel Focault. El predicador debe conocer su Biblia. La cual dice que el ser humano tiene el mismo problema básico desde Adán y Eva, que Dios no cambia, y que siempre la solución a nuestro gran problema no ha salido de dentro del hombre sino que ha venido de Dios, en Su gracia y misericordia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús.

P.- ¿Podría hacer un diagnóstico de la situación de este ministerio en las iglesias de su país? ¿Está el púlpito evangélico en crisis?

R.- La iglesia se ha dejado engañar. Los seminarios e institutos bíblicos han comprado la falacia de que demasiado estudio bíblico puede matar a una congregación. Eso de que “la letra mata pero el espíritu vivifica” ha calado hondo en el pueblo evangélico. Me refiero por supuesto a la mala interpretación de ese texto (2 Cor 3:6). Hay un concepto generalizado de que estudiar mucho para predicar un sermón es no confiar en el Espíritu Santo, y por lo tanto, un sermón preparado matará a la iglesia. Como contrapartida se estimula la improvisación como sinónimo de “dejar que el Espíritu guíe”. Pero todo esto surge de una interpretación ilegítima de ese versículo. Pablo está contrastando el antiguo pacto de la ley, con el nuevo pacto del espíritu. Él dice que la letra de la ley mata, pero no puede dar vida. Y es que para eso fue escrita la ley, para “matarnos”, en el sentido de atraparnos o llevarnos presos. Así es como en Argentina todavía hablamos: “me mataste” es sinónimo de “me atrapaste”. Pablo explica en Romanos 7, que la ley lo mató en ese sentido, y el Espíritu, obrando por el evangelio, le dio vida (Rom 8). ¿A quién se le ocurre pensar que la Palabra de Dios produce muerte? Todo lo contrario. Dios creó el mundo por Su palabra, y esa misma Palabra vivificante es la Biblia. Eso se ve de manera impresionante en Ezequiel 37, cuando Dios manda al profeta a predicar a un montón de huesos muertos, ¡y estos cobran vida! Esto es especialmente indicado en Stg 1:18 y 1 Pe 1:23, donde se nos dice que Dios nos ha dado vida espiritual por medio de la Palabra implantada en nuestros corazones.

La iglesia evangélica contemporánea agoniza porque ha dejado de creer en el poder que la Palabra de Dios tiene para dar vida espiritual. Y en lugar de enseñar, explicar y predicar la Palabra de Dios se dan testimonios, consejos terapéuticos de autoayuda, lo que se ha llamado psicología pop (que es lo mismo que decir “consejos de almacén”) y discursos improvisados carentes de poder divino; ¡y todo esto con la pretensión de que es el Espíritu que está hablando por medio de su “ungido”! Esa arrogancia mata una iglesia y aun una denominación entera. En eso consistió la denuncia de Dios, por medio de Jeremías, al pueblo de Israel justo antes de llevarlos cautivos: ellos seguían las imaginaciones de su propio corazón, en lugar de obedecer la Palabra de Dios (ver Jer7:24, 31; 11:8; 13:10; 14:14; 18:12; 23:16).

Soy consciente que lo que estoy diciendo es fuerte y negativo, pero la iglesia necesita desesperadamente volver a la Palabra, y esto significa que debemos llamar a sus líderes al arrepentimiento.

P.- ¿Puede ser la narrativa una de las formas más acertadas de comunicar el evangelio en esta época posmoderna?

R.- Hay una forma válida de predicar narrativa y una forma ilegítima. La Biblia posee distintos géneros literarios, entre ellos la narrativa. De hecho, dos tercios de la Biblia son narrativos. Sin embrago, la Biblia enseña verdad proposicional, siendo la narrativa una manera de iluminar o ilustrar lo que en otro lado está dicho sin vueltas y de manera directa. Cuando se propone usar la narrativa como una forma de comunicación oral, no precisamente para predicar las porciones narrativas de la Biblia, sino para presentar la verdad de manera oblicua y un tanto ambigua y relativa, la predicación se desvirtúa. Se trata, en ese caso, de quitar la ofensa que produce tener un mensaje autoritativo. La cultura postmoderna rechaza como algo arrogante cualquier declaración que indique certeza. Sin embargo, la Palabra de Dios está llena de certezas, de verdades absolutas, que deben ser predicadas con autoridad y convicción. La autoridad del “así dice el Señor”. Por supuesto que esto debe hacerse con humildad y amor por parte del mensajero. Entiendo el deseo postmoderno de tener una perspectiva múltiple de los asuntos, pero Dios ha elegido revelarse por medio de verdades proposicionales, y un ministro de Dios no puede ser fiel a Quien lo reclutó como portavoz de esas verdades si trata de evitar hablar con convicción.

P.- Cuando se prepara una exposición, ¿es importante conocer y entender el contexto donde están insertos los oyentes, conocer sus desafíos, sus problemáticas; conocer la realidad que los circunda? O una exposición surge del criterio personal del predicador.

R.- Es importante conocer y entender el contexto cultural y social en que se vive, a la hora de relacionar los principios generales, universales y atemporales con las vidas y circunstancias particulares de los oyentes. Pero, repito, cada predicador que es un hábil observador de su congregación, de su ciudad, e incluso de lo que escucha, ve o lee en los medios de comunicación, sabe lo suficiente como para no hablar desde una torre de cristal. Un pastor gana cierta perspicacia leyendo a los clásicos de la literatura, que son clásicos precisamente porque han sabido exponer las pasiones y motivaciones ocultas del corazón humano. Pero la mayor fuente de información de la naturaleza humana es la Biblia misma, pues allí tenemos lo que Dios dice sobre quiénes somos nosotros, para qué nos creó, y cuál es nuestra problemática. Al final del día, cada uno de nosotros debe reconocer que hay una dimensión incomprensible del corazón humano (Jer 17:9). Y es allí donde nuevamente somos llamados a confiar en el poder que tiene la palabra de Dios para penetrar dentro de los oyentes y revelar los motivos ocultos del corazón (ver Hebreos 4:12).

P.- ¿Se abordan desde el púlpito temas como la pobreza, sexualidad, la crisis, la política, la corrupción, la violencia en todos sus aspectos, la injusticia social, etc.? O considera que estos temas no atañen a los evangélicos…

R.- Yo creo que hay varias maneras de abordar esos temas, pero no creo que deban marcar la agenda de un pastor. La mayoría de las problemáticas que Ud. menciona son más bien sintomáticas de problemas de fondo mucho más serios. Poner demasiado el foco en esos asuntos sería como diagnosticar aspirinas a alguien que tiene un tumor cerebral. Además, cuando un ministerio se enfoca en problemas sociales como su razón de ser, sin quererlo, su mensaje se vuelve moralista. La Biblia no nos dice que nos pongamos las pilas, o que le echemos más ganas, o que seamos más buenos. El punto es justamente que por más que lo intentemos, no podemos reformarnos a nosotros mismos. Todos esos problemas, dijo Jesús, salen del corazón del hombre. Esto es otra forma de decir que no somos víctimas de un sistema impersonal corrupto, cualquiera que sea. El principal problema que tiene cada uno de nuestros oyentes es su propio corazón, ¡y debe saberlo!, si es que ha de hacer algo al respecto. Suena duro e insensible, pero la buena noticia del evangelio es que Cristo vino a este mundo a remediar ese problema. Cada ser humano nace alienado de Su Creador, y toda su insatisfacción con la vida procede de no tener una relación íntima con Dios. Agustín, quien se convirtió en cristiano a los 31 años, luego de enredarse en un sinfín de problemas buscando llenar ese vacío existencial, lo expresó de manera memorable: “Tú nos hiciste para ti, Señor; y nuestras almas no hallan descanso hasta que se hallan en ti”.

De manera que sí se habla de esos temas, pero no como el asunto que la iglesia está llamada a manejar, sino como evidencias del problema de fondo que aqueja a cada persona (tanto la víctima como el victimario) y del que la iglesia sí tiene mucho que decir.

P.- ¿Debe ser el predicador el primero en entusiasmarse, apasionarse, demostrar su fe, por la verdad para luego transmitirla a sus oyentes?

R.- Yo estoy convencido de que si el texto que estoy estudiando, primero no me conmueve a mí, no tendré un sermón para predicar. Si yo no me sorprendo con las verdades del texto, nadie se sorprenderá al escucharme. Si yo no me quebranto con lo que Dios dice en ese pasaje, nadie se quebrantará. Para que un mensaje sea una predicación debe necesariamente tener un elemento de persuasión, de urgencia, de pasión. De otra manera será más bien una clase magistral, una charla o una conferencia sobre un tema más o menos antiguo. Cuando el predicador estudia la Biblia para que primero de todo Dios le hable a él mismo, el sermón reflejará esa convicción imprescindible. Esta es otra de las razones por las que se debe preferir la predicación expositiva por sobre cualquier otra forma de predicación. Cuando el pastor estudia una porción de la Biblia, sin preconceptos, buscando honestamente encontrar su significado, Dios le habla, y él crece, y la Biblia lo santifica de la misma manera que lo hace con la congregación. En cambio, cuando un predicador improvisa, aduciendo falsamente que el Espíritu le está guiando, solo habla de sus opiniones y sentimientos, y entonces su crecimiento se estanca, y así el de la congregación.

P.- ¿Escasea el don pastoral cuando se predica o enseña? ¿Se están preocupando los predicadores por inspirar respeto y afecto por parte de quienes los oyen?

R.- ¡Que pregunta interesante! Nosotros los pastores debemos ser ejemplos de la grey en todos los aspectos de la vida cristiana. Como cualquier cristiano somos vulnerables y débiles, ¡y eso se nota! Cuando un pastor no encuentra su satisfacción en Dios, su identidad en su unión con Cristo, la buscará en sustitutos imperfectos. Lamentablemente, es demasiado común dentro del ministerio cristiano que busquemos nuestro sentido de importancia en el “éxito” laboral, en el respeto o admiración que nos den los demás. Nunca estaremos libres de esa tentación, como cualquier otro cristiano debemos cuidar nuestro corazón, y asegurarnos de que nuestro contentamiento viene de Dios.

Un ministro que esté demasiado preocupado por agradar a su gente no será un buen expositor de la Biblia. Un buen expositor busca ante todo agradar a Dios.

Por otro lado, si uno tiene el “don pastoral” como Ud. dice, lo tiene cuando predica, cuando come, cuando duerme, o cuando juega al fútbol. Yo más bien diría que escasea el don pastoral en general. El pastor es quien, por amor a su Salvador, se hace siervo de todos para ayudarles a crecer en la fe. Me gusta pensar en ese “don” en la manera en que Pablo describe a Timoteo, cuando dice “a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (Fil 2.20-21). No es extraño que en esta época de individualismo exacerbado falten personas con “don pastoral”. Sin embargo, como en todos los demás aspectos del ministerio, Dios es quien, al llamarnos, nos capacita de forma sobrenatural para eso.

P.- ¿Debe el predicador evaluarse cada cierto tiempo? Si es así, ¿cómo debe llevar a cabo esta evaluación? ¿Debe la iglesia evaluar a sus predicadores?

R.- Yo suelo usar una analogía para explicar esto: ¿Por qué Roger Federer, el tenista más grande de todos los tiempos, aún necesita un entrenador? Todos somos propensos a deslizarnos hacia vicios o tics que perjudican nuestra “performance”. A mí me parece saludable ser evaluado de tiempo en tiempo. Una manera simple de hacerlo es por medio de vídeos o grabaciones. Otra más saludable aún, es por medio del liderazgo compartido (tema que también es necesario rescatar por el bien de la iglesia). Solemos tener muy buenas charlas “técnicas” con el otro anciano que gobierna la iglesia junto conmigo, donde evaluamos los sermones que ambos predicamos.

La iglesia, de alguna manera, también evalúa. Yo he tenido muy buenas experiencias en ese sentido. Cuando recién comenzaba el ministerio, hace 25 años atrás, un hermano no tan maduro espiritualmente, pero sí biológicamente, me invitó a comer a su casa especialmente para decirme que le exasperaba mi manera de dar vueltas cuando explicaba algo. ¡Me dolió mucho, pero me sirvió más! Unos años después, un seminarista que venía a nuestra iglesia a hacer prácticas, esperó el momento oportuno para decirme que él consideraba que las citas que yo leía en mis sermones a él le gustaban mucho, pero que estaba seguro que atragantaban al resto de la congregación. “Que te lleguen a vos, no quiere decir que a ellos les va a llegar”. ¡Gran lección! Finalmente, otra gran advertencia me vino de uno de mis discípulos, que un día me mostró el cuaderno donde anotaba mis sermones, y de manera indirecta me hizo notar que antes llenaba varias páginas con sus notas, pero últimamente no anotaba casi nada. ¡Una manera muy elegante de decirme que estaba improvisando demasiado!

P.- Usted está participando en la creación de un nuevo seminario. ¿Podría decirnos si se está dando la importancia que merece la predicación en los planes de estudio de las distintas entidades educativas evangélicas?

R.- Estamos comenzando un Instituto de Expositores, donde todo nuestro programa gira alrededor de la predicación expositiva. Para ello es necesario que los alumnos aprendan a hacer exégesis, lo cual a su vez requiere conocimientos sólidos de hermenéutica, introducción bíblica e idiomas originales.

Los planes de estudio tradicionales de los seminarios se basaban en el aprendizaje de idiomas originales. Eso comenzó a modificarse cuando la iglesia dejó de confiar en el poder de la Biblia para cambiar el corazón. Ahora erróneamente, se cree que el trabajo pastoral es más de tipo terapéutico, y por tanto, materias de consejería y psicología pastoral han desplazado primero a los idiomas originales, y luego inexorablemente a la predicación.

 

Alejandro Peluffo, impartiendo clase en Idear.

P.- ¿Se están enfrentando los predicadores del siglo XXI a unos oyentes con una buena preparación bíblico-teológica o de otra índole?

R.- Los oyentes no tienen una buena preparación bíblico-teológica. Pero eso no quiere decir que no puedan apreciarla y disfrutarla. Los creyentes nacidos de nuevo, que han experimentado la regeneración, tienen siempre sed de Dios y Su Palabra. Así como los discípulos camino a Emaús dijeron: “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?”, de la misma manera los creyentes verdaderos tienen hambre y sed de buena enseñanza.

Por otro lado, uno de los tristes resultados de haber aplicado técnicas de mercadeo para hacer crecer las iglesias es que gran parte de su membresía no son personas convertidas, y por tanto no tienen amor por la verdad, sino rechazo hacia ella. Cristianos profesantes siempre resistirán la verdad y preferirán las “fabulas de viejas” y todo tipo de supersticiones (ver 2 Timoteo 4:1-4, note también cómo Pablo en Rom 6:17 identifica la conversión como “habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados”).

P.- ¿Se le resta autoridad a la Biblia si se admite que está culturalmente condicionada?

R.- Que lo que dice la Biblia tenga un contexto histórico, lingüístico y cultural, no significa que su mensaje haya perdido vigencia. Todas esas barreras significan un desafío para el intérprete, pues éste debe llegar a entender qué significó la porción que se estudia para los lectores originales. Recién entonces estará listo para hacer el “puente” para los oyentes actuales. Las circunstancias particulares y el contexto cultural es diferente, pero los principios teológicos son universales, basados, como dije antes, en que Dios es el mismo, y el problema básico y fundamental del hombre también.

Lamentablemente, muchos pastores y profesores usan las diferencias culturales como una excusa para desestimar y desatender el mensaje de la Biblia y así restarle autoridad.

Es revelador ver cómo Jesús y los apóstoles usaron el Antiguo Testamento creyendo que tenía la autoridad divina a pesar del paso de los años. Jesús, por ejemplo, cita con autoridad pasajes que hablan de Abraham (quien vivió dos milenios antes) y de Moisés (1.400 años antes).

Un pastor que no puede creer que la Biblia tenga la autoridad de Dios es un intruso en la iglesia cristiana, debería bajarse del pulpito y con honestidad intelectual renunciar a llamarse ministro de Dios.

P.- Una recomendación clave para los predicadores de este siglo XXI…

R.- Debemos arrepentirnos de nuestra incredulidad. La única esperanza para la iglesia del siglo XXI es que sus pastores crean que Dios habla hoy por medio de Su palabra de la misma manera que habló por medio de Jesús en el siglo I de nuestra era, o a Abraham en forma directa, en el siglo XXI de la era pasada. Dios sigue hablando y el Espíritu sigue iluminando la mente de los oyentes para que entiendan y apliquen Su Palabra a sus vidas. Por eso sigue vigente la misma recomendación de siempre:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra”.

Finaliza la entrevista. Gracias, Alejandro, por colaborar con esta iniciativa, que pretende hacer reflexionar sobre el tema de la Predicación.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34283/alejandro_peluffo_la_iglesia_necesita_desesperadamente_volver_a_la_palabra

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Escrito por Entrecristianos

Una conversación realizada por Gustavo Frederico con Natanael Disla y Anyul Rivas

La iglesia emergente —’Emerging Church’— es un movimiento que nació en el Reino Unido a principios de los 1990s como «movimiento de adoración alternativa» —’alternative worship’, con mucha reminiscencia de grupos como Taizé—, buscando repensar la liturgia en las iglesias tradicionales haciéndola más contextualizada con la época posmoderna que ya se estaba viviendo en Europa. En Estados Unidos, hacia mediados de la década, un grupo de líderes y pastores se reúnen en torno al grupo Especialidades Juveniles —’Youth Specialties’, una especie de ‘think thank’ de recursos juveniles eclesiásticos— y empiezan a buscar nuevas maneras de entender la fe cristiana y responder a los nuevos contextos posmodernos que ya se afincaban también en Norteamérica. Es allí donde el movimiento empieza a tomar forma como ‘Emerging Church’ y se forma el grupo Emergent Village como intento de articular esas iniciativas.

Gustavo Frederico: Natanael, ¿Qué seria el movimiento emergente en América Latina?

Natanael Disla: No podemos decir que exista un «movimiento emergente» en América Latina, al menos como se lo entiende en Estados Unidos actualmente. Cambios han estado proponiéndose por décadas en América Latina y el Caribe, pero estos no han calado a fondo en las iglesias y comunidades de fe.

Gustavo Frederico: ¿Cuáles serian algunos de esos cambios y cuáles serian sus causas?

Natanael Disla:

1. El ser humano como sujeto de la teología. La teología se la vio como «el estudio de Dios», sin tener en cuenta a la persona sujeto como productora de esa teología, ni mucho menos el contexto vital que determinaba esa teología. De ahí viene la preocupación desde América Latina y el Caribe por colocar al ser humano como sujeto de la teología… pues este tiene todo un bagaje de historia que se funde con su teología.

2..La acción y justicia social como clímax cíclico del quehacer teológico. El atrincheramiento de las iglesias evangélicas en la región y su dependencia de las sociedades misioneras a la hora de llevar a cabo la misión y la pastoral, llevó a ir más allá de satisfacer estéticamente las necesidades de las comunidades, tratando de hurgar en las causas estructurales que causaban esas necesidades, y tercero…

3. Inclusión de las individualidades excluidas. Se ha venido proponiendo no solamente que la iglesia tenga que ser «voz de los que no tienen voz», sino que esas voces «pasen al frente» sin distinciones de ninguna clase. No pretendo ser exhaustivo, pero creo que estos tres puntos nos dan una mirada general sobre los cambios que se han propuesto.

Gustavo Frederico: me gustaría de volver a algunos aspectos de esos 3 puntos, pero pregunto ahora a Anyul: ¿Qué entiendes por “movimiento emergente” en general?

Anyul Rivas: en general, diría que el movimiento emergente es un movimiento heterogéneo de cristianos dialogando con el mundo y la sociedad posmoderna, es el intento de ver el evangelio desde la posmodernidad y no la posmodernidad desde el evangelio moderno y cerrado.

Gustavo Frederico: ¿Cuáles serían algunas características de la posmodernidad en América Latina?

Anyul Rivas: creo que en primer lugar sería la crítica de los presupuestos de la ilustración. Sobrepasar el enfoque que la ciencia era sinónimo de verdad y la imposición del racionalismo como parámetro universal, por otro lado el acento sobre los valores del individuo y su experiencia como base de la interpretación de lo real.

Gustavo Frederico: Si. Pienso también que hay una descreencia en las meta narrativas / gran utopías como “capitalismo” o “socialismo”. Una parte interesante de tu respuesta, Anyul, es la interpretación hermenéutica, “es intento de ver el evangelio desde la posmodernidad y no la posmodernidad desde el evangelio moderno y cerrado” ¿nosotros leemos el evangelio o el evangelio nos lee a nosotros?

Anyul Rivas: si, es una experiencia bilateral, pero por años hemos creído que es una experiencia unilateral de Dios hacia nosotros.

Gustavo Frederico: Los números de las iglesias evangélicas – sobretodo las pentecostales – siguen creciendo en América Latina. ¿Necesitamos de un movimiento emergente, Natanael?

Natanael Disla: Más que necesitar de un «movimiento emergente», que vendría siendo otro modelo eclesiológico importado más, necesitamos repensar desde nuestros propios contextos las formas de ser y hacer iglesia, que respondan a las necesidades de nuestra gente.

Anyul Rivas: Coincido con Natanael, si algo debemos aprovechar del “Movimiento emergente” de Norteamérica es su disposición al dialogo y la conversación con el entorno en el que se desenvuelve. Yo aplaudo la iniciativa del dialogo interdenominacional / interreligioso y el no aferrarse a confesiones doctrinales específicas del movimiento emergente americano, pero en latinoamérica esto parece ser un hueso duro de roer…

Natanael Disla: Sí, pero eso ya las teologías presentes en América Latina y el Caribe lo han venido diciendo desde hace décadas.

Gustavo Frederico: “movimiento emergente” o “iglesia emergente” parece ser un termo “temporal” para describir un proceso natural y orgánico de cambio en Norteamérica, por eso pregunto si hay diferencias entre las características de la posmodernidad en la América Latina, Caribe y Norteamérica.

Natanael Disla: En mi opinión la posmodernidad no puede definirse claramente en América Latina y el Caribe. Más bien debiéramos hablar de la poscolonialidad, entendida como el proceso que está llevando a esta región, África y ciertas zonas de Asia, de «independizarse por segunda vez». Hemos recibido todo un bagaje de pensamiento externo a nuestra realidad, euro céntrico, que veía a la razón como el ente más elevado de la humanidad, inherente a ella, pero externo, ahora se ha venido recuperando las identidades autóctonas, contextuales y vivenciales de los pueblos de nuestras regiones.

Difiero con Anyul en ese sentido:

1. Crítica de los presupuestos de la ilustración. Aquí debiéramos hablar de reencuentro con las formas de pensamiento originarios a partir de ver al individuo como ente unido a la Tierra, en cuanto ser vivo

2. Intepretación de lo real. Aquí debiéramos hablar del ser humano en cuanto parte integrante del mito.

3. Descreencia en las metanarrativas. No me parece que esto esté sucediendo en estos pueblos. Aún pervive y es herencia de un modernismo bien tardío que empezó a afincarse desde las guerras de independencia del siglo XIX.

Gustavo Frederico: ¿No le parece a usted que la caída del muro de Berlín, la crisis de las izquierdas, el fin de la guerra fría, y ahora la crisis económica y ecológica colaboran para una ‘descreencia en las metanarrativas’?

Natanael Disla: Desde luego que sí, pero es muy cuesta arriba superar las dicotomías fe/razón y fe/ciencia en nuestros pueblos, presas todavía de la institucionalización aún presentes en el socialismo del siglo XXI… y en los demás sistemas políticos presentes.

Gustavo Frederico: Anyul, usted menciona una crítica al racionalismo, y puedo veer esto en los emergentes en la América del Norte. En América Latina nosotros conocemos algunos problemas de la falta de la razón en las iglesias y en la teología (abuso de poder, manipulación, fe sin comprehensión, etc). ¿Piensas que la “crítica a la razón” de los emergentes se aplica en la América Latina?

Anyul Rivas: El racionalismo es uno de los causantes del denominacionalismo que compone a la iglesia en Latinoamerica, así que si la crítica a este racionalismo es una forma de superar esta segmentación, entonces pienso que su aplicación es válida.

Gustavo Frederico:
 A mi parece que la crítica norteamericana al racionalismo adviene de la presunción de la lectura literal de la Biblia. Asímismo me parece que tienen una descreencia en la tecnología, y en los modelos económicos

Anyul Rivas: De acuerdo. Y en esta presunción de leer las Esctiruras literalmente, cada quien interpreta su visión de las Escrituras como única verdadera e intenta imponerla en el otro, cuyo rechazo deviene en la formación interminable de denominaciones. Creo que sería un tremendo logro que lograramos enfatizar la ortopraxis antes que la adhesión a sistemas doctrinarios cerrados.

Gustavo Frederico: 
Natanael, una de las propuestas de la conversación emergente es que son contra las divisiones, como sacro y profano ¿Puedes ver tendencias teológicas en Latino América que promueven este concepto?

Natanael Disla:
 Sí, en las Teologías de la Liberación (TLs) se han venido promoviendo estos conceptos, pero en la primigenia TL el tema de la corporeidad no fue tratado, salvo cuando empezó a dialogar con los estudios feministas en los 1980s, cuando empezaba a gestarse tímidamente la teología feminista.

Quisiera subrayar el concepto de corporeidad aquí, puesto que desde el mismo propone la desfragmentación de la dicotomía sagrado/profano, en cuanto el cuerpo ha sido entendido como fuente de pecado desde la religión. El cuerpo entonces necesita de un medio que lo vincule con la divinidad, y ahí es donde entra la religión. El concepto de cuerpo en América Latina y el Caribe aún no sale fuera de la academia debido a los paradigmas esclavizadores aún presentes.

Gustavo Frederico: ¿Y la Misión Integral? ¿Que va a decir acerca de la división entre sacro y profano?

Natanael Disla: La Misión Integral no se ha ocupado del tema, por provenir de un talante conservador en su teología… no se ha preocupado por repensar desde dentro los supuestos teológicos que ha heredado

Gustavo Frederico: pero la TL habla de la “liberación de la teología” parece ser una distinción interesante. Como si en la TL hubiera una forma de desconstrución que no existe en la Misión Integral.

Natanael Disla: La TL y la Misión Integral (MI) difieren bastante. La MI no es la «versión protestante» de la TL.

Gustavo Frederico:
 Anyul, usted habló de los problemas del denominacionalismo en Latino América. La conversación emergente en Norte América parece tener una noción (o al menos un discurso) de alteridad semejante a esa presente en la Misión Integral y la Teología de la Liberación. Quizás podríamos hablar de personas con interés en el ecumenismo en Norte América (Samir Selmanovic por ejemplo). Desde la Reforma Protestante tenen varias denominaciones los protestantes.¿Qué rumbo podrían tener las denominaciones en América Latina?

Anyul Rivas: Phylis Tickle tiene una teoría interesante, ella menciona que las denominaciones que no se acoplen a la conversación emergente estarán condenadas a la disminución de sus miembros y posterior extinción, pero no creo que ese concepto se aplique si quiera por completo en Norte América. Ahora lo que veo es que existe cierta tendencia en las denominaciones en fortalecer sus estructuras y centralizarse aun más, ejemplo de ello son los recientes «movimientos apostólicos», que según mi entender es simplemente otro esfuerzo de verticalizar aún más la iglesia protestante.

Gustavo Frederico: Natanael, puedo ver los 3 cambios como asuntos en Cristianismo de Liberación ( nuevo termino en Brasil para la Teología de la Liberación 2.0) ¿Es realista esperar ver las 3 caracteristicas – el ser humano como sujeto de la teología, la acción y justicia social y la inclusión de los excluidos – en los evangélicos latinoamericanos y caribeños en el futuro?

Natanael Disla: En algún momento deberá ocurrir, pero definitivamente hay que deconstruir el concepto de iglesia como hasta ahora lo hemos tenido. Aún iglesia y templo son sinónimos, y es tristemente cierto que la Palabra de Dios —que tristemente también ha sido secuestrada en un «papa de papel»— está presente en la homilía en el templo. Es lo que se desprende del marco de pensamiento imperante.

Gustavo Frederico: Aparentemente, los emergentes norteamericanos y europeos han recuperado la omnipresencia de Dios con su critica a la división entre sacro y profano, que es un puro ejercicio de deconstrución. ¿Cuánto rompimiento con las denominaciones actuales sería necesario para tenernos una praxis de lo cotidiano, del pueblo, de la tierra, de la inclusión de los excluídos y de justicia social?

Natanael Disla: Creo que el denominacionalismo debe pasar a otra forma de entender y dialogar con las diversas formas de pensamiento, ser y hacer iglesia. No es asunto de romper con las denominaciones actuales, no es asunto de crear nuevas instituciones, ni siquiera de fusionar otras, es asunto de dejarnos provocar por el Otro o la Otra; embarcarnos en un nuevo viaje y redescubrirnos en cuanto seres orgánicos.

Anyul Rivas: Creo que no se hace necesario el rompimiento, aunque quizás sea más difícil la transición para las denominaciones más conservadoras. Tengo conocimiento de iglesias metodistas en Colombia con proyectos de Latinoamericanización de la iglesia bajo la iniciativa de Elsa Tamez, cuyos postulados coinciden con las 3 propuestas mencionadas arriba. Como dice Natanael, se trata de realizar un ejercicio de alteridad.

Gustavo Frederico: Cuando pienso en praxis del pueblo, de la tierra, de la inclusión de los excluidos y de justicia social, parece que la iglesia está automáticamente posicionándose “en la izquierda” sobre la óptica politica. Esto debe sonar un poco incómodo por ejemplo, para algunos Venezolanos o Paraguayos o Bolivianos que no comparten una “posición política socialista”. ¿Es posible imaginar un movimiento emergente latinoamericano que incluya tendencias que no sean de “izquierda”? O en otras palabras: ¿Cómo hablar de teología del pueblo, del la tierra, de inclusión, etc, y tener pluralidad de posiciones políticas?

Natanael Disla: Es un tema espinoso. En primer lugar, Si bien es cierto que la pluralidad de posiciones políticas no exime de que hayan cambios en las diversas individualidades en cuanto a la preocupación sobre la contextualización de la fe, no es menos cierto que los sistemas imperantes de opresión resultan estar avalados por los mismos entes e instituciones políticas que los sustentan, lo que conlleva a tomar partido en una u otra posición política, máxime cuando se trata de hacer cambios radicales en las comunidades desde la misma fe, se llega a una disyuntiva en algún momento. Pareciera ser un «zugzwang» en ocasiones del que no podemos despegarnos. En segundo lugar, nos tendríamos que preguntar cómo repensar la política desde la fe, Las reflexiones de la participación política de los protestantes desde la Misión Integral, sólo se han circunscrito a avalar el ocupar posiciones influyentes en los gobiernos de turno para de esa manera, desde la fe, repensar la forma de hacer política… pero no se ha reflexionado el «hacer» política desde el contexto vital, y aquí es donde quisiera detenerme y enfatizar que la macropolítica debe dar paso a la micropolítica. Ello incluye deconstruir el Estado como institución rectora y reguladora del pueblo, las instituciones en cuanto entes fragmentadores de ese suprapoder y las iglesias en cuanto guardianes de la «moral y las buenas costumbres»

Gustavo Frederico: Comprendo, ¡Amen! Anyul, ¿usted quisiera agregar algo?

Anyul Rivas: En Venezuela es justamente ese el problema que tenemos al promocionar la discusión sobre la TL o promover la lectura comunitaria de la Biblia por ejemplo, porque siempre la presuponen asociada del discurso Marxista. Ha sido muy difícil superar estas barreras y hasta ahora no existe una propuesta convincente e inclusiva a la vez.

Gustavo Frederico: Una característica interesante del movimiente emergente es el “liderazgo como cuerpo” que aplana las jerarquías. Quizás eso sería una herramienta para la deconstruición de instituiciones sociales, Aplanando las jerarquías no tería a priori posición política.

Gustavo Frederico: En Brasil vemos nuevas comunidades “emergentes” que siguen una línea más alternativa, con tatuajes, rock pesado y lenguaje muy informal, esta línea no sería tan diferente de los ‘neo-reformados’ como Driscoll. Una de las ideas sería que la aplicación del evangelio cambia y se contextualiza con la cultura pero la esencia del evangelio no cambia. ¿Es verdad que la esencia del evangelio no cambia, y solamente la forma de transmisión del evangelio cambia?

Anyul Rivas: 
Yo creo que es inevitable que el evangelio cambie, principalmente por los distintos contextos de vida y significados del evangelio, la “buena nueva” de la cultura que lo comparte y la que lo recibe, los términos salvación y liberación han tenido connotaciones muy distintas durante los años en las distintas culturas, y si el evangelio ha de ser relevante, debe abordar esos conceptos y tomar su significado desde allí, no son las mismas buenas nuevas las que se predican ahora que las que se predicaban en tiempos de Jesús.

Natanael Disla: La esencia del evangelio, cualquiera que sea o se entienda este, siempre vuelve a cómo se entiende el ser humano utópicamente. Este concepto es cambiante en épocas, contextos vitales, culturales, grupos de personas. Esa utopía se resume en el ser humano como amor, «Deus caritas est» La «forma de transmisión» de ese evangelio se la ha entendido como «método», que no es más que la construcción de técnicas a partir de paradigmas prediseñados. Esas mismas «formas de transmisión», así entendidas conceptualmente, se disocian de la palabra en cuanto ente orgánico primario del discurso, que ya tiene una construcción determinada y todo un bagaje de formas que dan lugar a la fundación de paradigmas que norman las sociedades, de modo que las formas de transmisión de ese evangelio no son más que diversos métodos estéticos que se apoyan en los paradigmas teológicos de las metanarrativas.


*Esta conversación se publicó originalmente en el sitio web Renovatio Cafe . Tambien existe una versión en inglés en Emergent Village

Natanael Disla posee una Licenciatura en Administración de Empresas de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña y está estudiando para obtener la Licenciatura en Ciencias Teológicas en el Seminario Bautista de la República Dominicana. Es miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (Grupo de Trabajo Latinoamericano) y Coordinador del Grupo de Trabajo (FTL) de la República Dominicana. Natanael vive en Santo Domingo, República Dominicana.

Gustavo Frederico es canadiense-brasileño que vive actualmente en Brasilia, Brasil. Obtuvo su Maestría en Ciencias de la Computación por la Universidad de Ottawa, Canadá. La Teología de la Liberación y la lectura son algunos de sus intereses. Es fundador de Conversa Sem Nome | Conversación “Sin Nombre”. Está casado con Louise y es padre de Christina y Lucas

Anyul Rivas tiene una Licenciatura en Ciencias de la Computación de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez y es estudiante de Teología en el Seminario Evangélico de Caracas, Venezuela. Es anfitrión de una pequeñá comunidad emergente (iglesia en casa). Vive en Los Teques, Venezuela.

Impresiones de y desde Ecuador

Publicado: junio 12, 2011 en Entrevista, Sociedad

Jacqueline Alencar

Impresiones de y desde Ecuador

 Estoy en Quito (Ecuador).

12 de junio de 2011

Asisto a un encuentro literario con mi esposo, pero también con la intención de conocer en 10 días algo más de este país andino del que sólo tenía pocas referencias y algún conocido. Así como un hermano de Otavalo que asiste a mi iglesia.

 Mis planes eran descansar y leer en el avión.  Pero resulta que no eran los Suyos. Ya desde la fila para entrar en el avión nos encontramos con muchos ecuatorianos. Casi sin pensarlo empezamos a hablar con personas de todas las regiones de Ecuador que son tres: Sierra, Costa y Oriente. Más Galápagos.

Quedamos para hablar más tarde con uno de ellos. Saber de su vida en España, etc. Sentí una cercanía intensa hacia esta gente, algo me conectó con ellos y ya no pude parar. Al buscar nuestros asientos una chica ecuatoriana se sentó a mi lado. Y me contó que iba a su país por un mes. Trabaja esporádicamente, ahorra todo lo que puede porque necesita ayudar a sus padres, así como ellos la habían ayudado toda su vida. Esto en América Latina es casi un deber, una cuestión de honra, honrar a tus mayores.

Busco al de la fila. Tiene ganas de hablar. De contar que va a su país “para ver”, pero que ha dejado a su novia en España y “ella no quiere saber de ir para Ecuador”. “No me quedaré en mi país”. Hoy por hoy no tiene trabajo. Se siente partido entre dos amores, como lo estamos tantos otros que ya no somos ni de aquí ni de allá. Descubro que hay millones que se sienten así. ¿A alguien le importa? Él es de Santo Domingo. Los hago recordar su música: el pasillo, la salsa, la cumbia. Las comidas: la cocada, el ceviche, el encocado. El coco es uno de los ingredientes estrella en la costa. Los que están a su lado comentan cosas; todos tienen una historia que contar.

A mi lado se sientan Carmen Hernández y su primo Miguel Ángel, de 10 años. Son ecuatorianos. Le hago una breve entrevista que consintió sin dudarlo:

 ¿A qué vas a tu país?
Volvemos definitivamente. Mis tíos con sus dos niños, Miguel Ángel es uno de ellos. Yo ya estaba cansada; ellos por falta de trabajo. La crisis ha cambiado la situación.

 ¿Cuánto tiempo viviste en España?
Nueve años en Valencia. Pensé regresar antes, pero me quedé. Tenía que mantener a mis padres. Él está enfermo y mi madre apenas trabaja.

 ¿Crees que en España hay racismo?
Dicen que hay algo, pero a mí me han tratado muy bien. Nunca tuve problemas.

 ¿Es fácil dejar este país que te acogió?
No. Ni siquiera me despedí de mis amigos. En mi trabajo dije que volvería dentro de dos meses. No he podido decirles adiós, es muy doloroso. Te acostumbras. En Ecuador están mis padres, mas parte de mi vida está en España. Peor lo va a tener mi primo. Llegó a España con sólo dos años de edad. Ahora tiene diez. ÉL piensa que se va de vacaciones y está contento. Pero dice que dentro de seis meses regresa, que sólo va de paseo. (Yo le pregunto a Miguel Ángel si está contento de volver a Ecuador y si le gusta. Dice que sí, sonriendo. Pero que vuelve a España dentro de seis meses, confirmando lo que dice su prima. Habla el valenciano y le gusta la paella; y su cole, sus amigos. ¡Qué duro para un niño esto de las migraciones!).

 ¿Cómo ves el futuro en tu país; sabes qué te espera allí?
No. Tengo que empezar de nuevo. He cambiado, habrá cosas a las que me va a ser difícil acostumbrarme. Tengo algunos ahorros; sin embargo, si no encuentro trabajo… Mis padres dependen de mí. No lo sé. El futuro es incierto.

Aprovecho y le digo que yo también tengo problemas y tristezas, pero aunque me afectan, Dios me da la fortaleza para seguir adelante. Le hablo de Su amor, de su Hijo y su Obra en la cruz. De abandonar lo viejo para empezar algo nuevo. “Yo no practico ninguna religión”, dice. “Pero en Valencia tenía una amiga evangélica que trabajaba con niños y jóvenes (lo dice con admiración). También conocí a una señora española, evangélica, que ayudaba mucho a los extranjeros. Siempre me visitaba. La llamábamos “mamá Trini”. Y he oído que mis parientes en Ecuador, que eran católicos, ahora son evangélicos”. Yo pensaba para mí: ojalá ellos continúen la siembra en este corazón.

 Sigo caminando por los pasillos del avión, buscando…  Me he enganchado a ellos. Veo a un señor mayor, o tal vez no lo es tanto, pero pesan los años de preocupaciones, los problemas, la nostalgia. ¿Vuelve? Le pregunto sin ambages. “Sí –dice-, después de trece años en España. Hace seis que no trabajo y no queda otra”. Se lleva a tres nietos. Sus hijas se quedan en San Sebastián. ¿Cómo lo trataron los vascos?, le pregunto. “Muy bien, dice entusiasmado, la pena es que se acabó el trabajo. No podía aguantar más”. Noto que vuelve tal como salió de su país. Sólo con la carga de tener que empezar de nuevo.

 Sigo caminando y escucho las conversaciones : “En España puedes caminar seguro por las calles hasta las tantas, no te pasa nada”. Una chica española va a ver a su pareja que fue deportada cuando ella estaba embarazada. “Le llevo a la niña para que la conozca”. Pero no quiere quedarse en Quito. “Mi madre y mi hermana me ayudan porque estoy en paro. Pero allí mi hija estará más segura. En Ecuador si te enfermas y no tienes dinero te mueres”.

Esto es muy fuerte para mí, tengo el corazón hecho pedazos. Estoy triste. Ni siquiera había pisado suelo ecuatoriano y ya me enfrentaba con sus realidades cotidianas.

 Llegamos al aeropuerto de Quito . Me voy despidiendo de los amigos ecuatorianos. Unos iban a Baños, otros para Manaví, y otros en el mismo avión seguirían hasta Guayaquil.

Antes de salir alguien nos esperaba para llevarnos al hotel Amaranta. Lo seguimos, y  la primera impresión que tuve fue la de unos niños, entre tres y siete años, que se lanzaban a ofrecerme chicles. Alguno también tenía su cajita con lo necesario para lustrar zapatos.  Recordé a los niños de la calle de Huaraz, en Perú, donde, como muchos saben, trabaja la ONG cristiana Turmanyé (de AS).

 Estas escenas son muy dolorosas. Nadie se detenía, todos pasaban de largo.  Recordé la parábola del Buen samaritano de la que tanto nos habla Juan Simarro. Sí, es más fácil pasar de largo. Un coche nos esperaba, pero yo me detuve porque el amor pudo más. No es difícil llorar ante tanto abandono. Son unos niños, dije, me los quiero llevar. No sabéis la impotencia que se siente. Les dimos algún dinerito y no les aceptamos los chicles. Por lo menos hoy comerán algo mejor pensé. Pero sé que mañana será más de lo mismo. Debemos sentir carga por los más necesitados de pan y de Palabra. Pregunto: ¿Si soy cristiano podría darme el lujo de no conmoverme y hacer algo? Mi manual de instrucciones: la Biblia, me dice que no.

 Quiero darme un poco de tregua y nos dirigimos al centro histórico de Quito.  Empezamos por la plaza de la Independencia. Nos rodean niños lustrabotas de la calle. Y recuerdo el trabajo de Eli Stunt con los chicos de la calle de Huaraz. Estos están solos. Hablo con David de 13 años quien trabaja desde los 12. Para ayudar en casa, dice. Gana unos 35 dólares al mes trabajando los fines de semana. Estudia. Lo acompañan Iván, Cristian, Fredy y Wilson. Alrededor de 28 se reúnen en la plaza.

De allí visitamos la iglesia de la Compañía, cuyo interior resplandece por estar revestida de oro. Fuera se ganan la vida mujeres y hombres que por la calle venden cepillos de dientes, helados artesanales, mandarinas, aguacates; son hileras de vendedores ambulantes que engruesan la economía sumergida. Madres acompañadas de sus pequeños hijos. Su oficina es la calle y su mesa de trabajo un taburete donde coloca 6 manzanas. Poco le darán por ello.

La zona antigua es bonita. Colonial. Está bien conservada. También te puedes tomar un buen café con pasteles a precios europeos.

 Todos se buscan la vida en este país de algo más de catorce millones de habitantes. Donde el salario mínimo es de 260 dólares americanos.  El dólar es la moneda oficial, que en el año 2000 sustituyó al Sucre. Pregunto a una mujer que vende cordones para zapatos si ha mejorado la situación del país desde la llegada del presidente Rafael Correa. “Yo sigo vendiendo cordones, no sé más”, me dice. Un escritor comenta que ha mejorado la salud y la educación, pero que se recortan ciertas libertades, como la de prensa.

Este es el panorama que encontrarán los que vuelven.

Quedan muchos días y lugares por delante. Estaremos en Otavalo, Esmeraldas y Atacames. Y quiero saber qué opinan los evangélicos.

Autores: Jacqueline Alencar
© Protestante Digital 2011



La revolución de Jesús es de abajo a arriba

Una entrevista a Juan Simarro, licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid. Entrevista realizada por Jacqueline Alencar.

Difícilmente cuestionable es la labor que Juan Simarro (Villacañas, Ciudad Real, 1945), realiza al frente de Misión Evangélica Urbana, un ministerio que ha cumplido veinticinco años de dedicación a los más desprotegidos.
Pregunta.- ¿Fue Jesús un revolucionario? Me parece que su estilo de vida distaba mucho del de la sociedad de su época, es más, del de los religiosos de su época.
Respuesta.- Jesús fue totalmente revolucionario, siempre que entendamos bien el concepto “revolucionario”. Un revolucionario pacífico, pero que los valores que predicaba, los valores del Reino, eran un revulsivo para la sociedad, un trastoque de los valores imperantes, lo mismo en el campo religioso, que en el social, que en el económico o el cultural.
Un revolucionario que hizo su revolución desde abajo, desde los bajos fondos, desde los pobres, los desclasados, los proscritos… revalorizando a sectores que eran estigmatizados y marginados de alguna manera, como era la situación de la mujer, la de los niños, la de los tildados de ignorantes que eran considerados malditos, los enfermos que también tenían el estigma de que quizás algo malo habían hecho contra Dios o que era simplemente un castigo de Dios. Dios revaloriza revolucionariamente y trastoca los valores imperantes, valores marginantes y humillantes para los más débiles con su frase que impregna toda su enseñanza, sus prioridades y estilos de vida: “Los últimos serán los primeros”… incluso en el mundo del trabajo y de los asalariados, como se ve en la parábola de “Los obreros de la viña”.
Su revolución es una revolución integral y pacífica, de abajo a arriba. El posicionamiento de Jesús, incluso en la evangelización, fue evangelizar desde los de abajo, desde el compromiso con los pobres, desde los abismos de los desclasados y de los que parecía que no tenían lugar en la sociedad, de los que eran rechazados, incluso, de los ritos religiosos de los que formaban círculos con los autoconsiderados puros.Su revolución alcanza también al terreno religioso en donde no tiene ningún recelo en condenar a los religiosos insolidarios, como en la parábola del Buen Samaritano, a los religiosos de golpe de pecho, pero que son tildados de hipócritas, sepulcros blanqueados por fuera, pero que por dentro son putrefacción y nido de gusanos.

Revoluciona el mundo de los religiosos tachándoles de que cuelan la hormiga y se tragan el camello, que diezman y practican el ritual, pero que olvidan lo más importante de la ley: “La justicia, la misericordia y la fe”. Jesús fue un revolucionario tal que sus palabras siguen sonando hoy tan fuertes como hace ya más de veinte siglos. Si hoy en las iglesias cristianas se recuperaran realmente los valores del Reino y se pusieran en práctica, aún serían valores revolucionarios que trastocarían lo que se hace y se dice dentro de las iglesias.

La revolución de Jesús no sólo afectaba a la vida de las congregaciones religiosas, sino que afectaba al propio individuo que había de cambiar su corazón y su mente, su forma de percibir al prójimo. El concepto de projimidad de Jesús es totalmente revolucionario. Creo que aún la iglesia no ha captado en profundidad las dimensiones y las implicaciones de este concepto, el de prójimo o el de projimidad, del que Jesús llega a decir que el amor a Dios y al prójimo están en una relación de semejanza.

La revolución de Jesús sólo la puede captar el que nace de nuevo. Nos es necesario nacer de nuevo para poder captar la profundidad, la anchura y la largura de la revolución que Jesús trae con sus valores, sus prioridades y sus estilos de vida. Muchas veces asusta y se ve como una utopía. Es posible que haya una utopía del reino, pero hemos de ser utópicos y caminar adelante por esta línea revolucionaria pacífica que nos dejó Jesús.

P.- Él dijo que el Reino de Dios se había acercado… ¿Nos hemos enterado los cristianos de hoy de esta relevante noticia?
R.- A veces se dice que Jesús nos trajo el Reino de Dios, que con Él irrumpe todo este reinado moldeado por un conjunto de nuevos valores, pero que, en su lugar, los cristianos hemos hecho la iglesia. No es que yo apoye totalmente esa idea, porque yo amo a la iglesia y ésta tiene su función en el mundo. El problema es cuando la iglesia actúa como si el Reino de Dios no se hubiera acercado, como si no estuviera entre nosotros. Entonces la iglesia cae en el ritual, en una ética de cumplimiento y olvida lo fundamental: La aplicación práctica de los valores que Jesús nos dejó en las parábolas del Reino y en tantos otros pasajes de los Evangelios.

Resumiendo: Puede haber iglesias que no son las iglesias del Reino. Si todas las iglesias cristianas fueran realmente iglesias del Reino, serían un fermento mucho más fuerte y transformador de la sociedad que lo son actualmente. Tampoco es fácil que haya iglesias del antirreino, que serían iglesias dominadas por el poder de Satanás, pero sí puede haber iglesias que, como me dices en tu pregunta, no se hayan enterado bien de que hay ahí unos valores del Reino, un Reino que irrumpe en nuestra historia con la figura de Jesús, unos valores que, en muchos casos, descafeinamos y los cubrimos con otros valores como el de la riqueza como prestigio, la adoración del poder y del dinero, el despojo de los pobres, la desigual redistribución de los bienes del planeta tierra, las desmedidas acumulaciones de bienes por parte de algunos…. Estos valores entran también en nuestras congregaciones y muchos cristianos no valoran, ni perciben, ni siguen la gran noticia de que el Reino de Dios ya está entre nosotros.

Hoy la Iglesia necesita este mensaje que sonó ya hace más de veinte siglos: “¡Arrepentíos, porque el Reino de Dios se ha acercado!”. Si asumiéramos realmente la presencia del Reino con sus valores, veríamos que muchos de los valores que entran en nuestras iglesias, encajan en una contracultura bíblica que hace que para nosotros hoy sea irrelevante la gran noticia de que el Reino de Dios “ya” está entre nosotros.

Si nos hubiéramos enterado, globalmente, todos los cristianos de que el Reino de Dios se ha acercado, más aún, de que nosotros debemos colaborar en el acercamiento del Reino a toda la tierra, a los pobres de la tierra, que necesitamos colaborar a que los auténticos valores se lancen como contracultura contra el mundo de los que acumulan en sus mesas la escasez del pobre, como dice la Biblia, la realidad de los cristianos y de la iglesia sería diferente. Los valores del Reino son buscadores de justicia, de projimidad, de solidaridad cristiana, de devolución de dignidad a los robados de ella, de sacar de los profundos abismos a aquellos que han sido lanzados a ellos por el egoísmo de sus congéneres, de los que deberían ser sus hermanos.

Hay que trabajar para que la iglesia se conciencie de que el Reino de Dios, aunque exista un “todavía no”, está “ya” entre nosotros. Si la iglesia llegara a ser iglesia del Reino con total conciencia y compromiso, las cosas comenzarían a cambiar a un mundo injusto, un mundo escandaloso y despojador de los débiles. Es entonces cuando el mensaje evangelístico y las buenas nuevas de Salvación comenzarían a escucharse con más atención en el mundo. Muchos no escuchan y pasan de las buenas nuevas de salvación, por falta de coherencia de los cristianos para con la predicación de que el Reino de Dios se ha acercado.

P.- Se está recordando, en los últimos tiempos, a los hermanos cuyas voces fueron acalladas por la hoguera de la Inquisición, allá por el siglo XVI. ¿Podemos decir que fue abolida esta institución? O es que quedan resabios…
R.- Yo diría que la Inquisición ya no existe en la forma y manera en que en su día existió. De todas formas, hoy hay historiadores que pueden hablar mejor que yo de este tema. Yo lo vería de una manera menos histórica. Creo que aún pueden quedar resabios inquisidores de muchas formas y de muchas maneras. Una inquisición con menos fuerza aniquiladora de vidas, con menos patíbulos u hogueras, al menos hablando desde nuestro contexto occidental, pero que anima a muchos a que silencien, desprecien, olviden, critiquen y, en su caso maten, aunque sea sin hoguera y sin patíbulo, a los que quieren vivir la espiritualidad cristiana desde el compromiso con Dios y con el prójimo. A muchos inquisidores modernos les gusta más la celebración del ritual no comprometido. Estos aguantan con dificultad el compromiso de los cristianos que quieren vivir su vida en compromiso, siendo las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor.

Por tanto, yo no voy a hablar de los resabios asesinos que quedan de la inquisición, pero sí he experimentado el poder inquisidor de algunos que, quizás, han querido quemarme… quizás no en la hoguera. Yo he experimentado algo de la fuerza del poder inquisitorial en mi vida… aunque poco, porque, gracias a Dios, la mayoría de los creyentes e iglesias de nuestro país me apoyan y están a mi lado, orando por mi ministerio, donando para la obra social que hacemos y comprometiéndose en muchos aspectos con nuestro trabajo a favor de prójimo en el nombre del Señor. Quizás sea un privilegiado y el Señor me ha protegido mucho en estas áreas inquisitoriales.

Hoy hay una inquisición silenciosa que intenta olvidarnos, no tenernos en cuenta, minusvalorar la fuerza del cristianismo, que es potencia, poder de Dios para todo aquel que cree. Hoy puede haber fuerzas inquisidoras que aún cierran templos, que no apoyan a los movimientos evangélicos ni con las mismas posibilidades de subvenciones, ni con las mismas cesiones de terrenos para equipamientos religiosos porque quieren que la voz de algunos cristianos, que proclaman un Evangelio transformador, se calle. Sigue habiendo fuerzas inquisidoras y discriminatorias… ¿cada vez menos? Es posible.

Lo peor es cuando practicamos la inquisición internamente, unos creyentes para con otros, cuando los que parece que tienen un pensamiento único que consideran lo total y absolutamente verdadero, practican la inquisición con sus hermanos, juzgándolos y desprestigiándolos, incluso jugando con conceptos políticos partidistas o politizando realidades espirituales. Hay inquisición cuando falta amor, cuando falla el concepto de projimidad, cuando hay prepotencia y desprecio al que no piensa exactamente igual que yo… Hay muchas formas de ser inquisidores.

P.- Insisto con el mismo tema: ¿consiguió la hoguera acallar esas voces?
R.- La hoguera no sólo consiguió acallar esas voces, sino que las potenció. La sangre de los mártires dio color a su mensaje. La historia suele olvidar menos a los injustamente asesinados o quemados, que a aquellos que apoyan a los que queman, a los inquisidores. Es posible que la hoguera perfeccionara sus obras. El fuego no puede matar el espíritu, la voz que sigue sonando a través de la historia, de sus escritos, de sus compromisos, de sus ejemplos.

El sambenito que a estilo escapulario portaron algunos de aquellos a los que quisieron acallar sus voces en la hoguera, se ha convertido en una prueba inolvidable de compromiso hasta la muerte. Y este compromiso habla mucho más fuerte que las palabras de los necios, que los inquisidores inclementes contra algunos justos. Nunca se olvidará ni el testimonio, ni el trabajo de aquellos cristianos condenados a la hoguera. Ahí queda como voz amplificada por un megáfono gigante que nunca podrán acallar todos los inquisidores del mundo.

Así, pues, cuando hoy algunos, como nuevos inquisidores, quieren callar las voces de los que ellos creen equivocados o heréticos, pero que están siguiendo a Jesús de una forma comprometida, lo que hacen es dar megafonía, ánimo y respiro a los que trabajan en nombre de Dios. Y, siguiendo las palabras de Jesús, si fuera posible que los inquisidores del mundo acallaran los gritos de los voceros y luchadores por la justicia, las piedras gritarían. Ninguna hoguera, ningún poder inquisidor podrá acallar la voz de los que siguen al Maestro… porque esa voz está bendecida y llena de poder de lo alto.

P.- Jesús proclamó pero también alimentó. ¿Podríamos decir que su Misión fue Integral?
R.- El Evangelio que nos trajo Jesús era, realmente, integral. Si en un lado de la balanza pudiéramos poner sus palabras y en el otros sus acciones, habría equilibrio. Si en un lado pudiéramos poner sus estilos de vida, sus compromisos y prioridades y en el otro su mensaje, habría equilibrio. Si en un lado pudiéramos poner sus referencias al amor de Dios, a la espiritualidad y a la salvación eterna y en otro se pusieran su concepto de projimidad, su compromiso con el hombre sufriente, con los marginados, excluidos y pobres, habría equilibrio.

No comprendo a los que quieren reducir la espiritualidad cristiana a una relación vertical con Dios, mientras son insolidarios con el prójimo. No comprendo a los que se refugian en el ritual para ser sordos a los gritos de los pobres. No comprendo la mentira de los que dicen amar a Dios y dan la espalda al hermano que le necesita. No entiendo un cristianismo de cumplimientos del ritual y que se olvida de su compromiso con el hombre. No entiendo a los que levantan las manos sólo hacia el cielo y no son las manos del Señor en medio de un mundo de dolor… No lo entiendo.

En Jesús la Diaconía y el mensaje iban juntos. Unas veces comenzaba hablando y otras actuando, pero nunca desequilibró la balanza que nosotros debemos mantener equilibrada en las relaciones entre Dios y el prójimo. Quizás enfatizamos poco que el amor a Dios y al prójimo están en relación de semejanza. Hablamos mucho de la parábola del Buen Samaritano, pero nos fijamos poco en la condena de los religiosos que anteponen el ritual a la misericordia. Diezmamos y cumplimos con algunas de las jotas y las tildes de la ley, pero, a veces, olvidamos que lo más importante de la ley es la justicia, la misericordia y la fe. Una fe que, como dice el Apóstol Pablo, actúa por el amor.

El mensaje de Jesús fue integral desde que presentó su Programa en la sinagoga leyendo el libro del profeta Isaías, hasta su muerte. Si somos o queremos ser sus discípulos, la vivencia que tengamos de la espiritualidad cristiana debe ser integral… quizás para que nuestra fe no se muera o deje de ser. No sea que nos convirtamos en religiosos seguidores del ritual y que sólo tenemos una ética de cumplimiento con respecto a prácticas religiosas vanas.

Por tanto, una persona que dice haberse convertido, si no se ve lanzado a hacer cambios en su forma de percibir la sociedad y el prójimo, si no experimenta cambios en la forma de ver el escándalo de la pobreza en el mundo, si no se siente llamada a la práctica de la projimidad, si su amor al hombre no se puede parangonar con el amor a Dios, quizás debe empezar a dudar de su fe… o a replantearse toda su vida cristiana. Lógicamente, buscando la integralidad. La preocupación por el prójimo no debe reducir a algo secundario la alabanza, la oración, el leer y compartir la Palabra… la relación personal con Dios. Si sólo miramos hacia arriba podemos caer en un misticismo vano que a Dios no le agrada, y si sólo miramos hacia abajo podemos convertir el cristianismo en un humanismo que incluso puede ser ateo. Hay que buscar la integralidad en la vivencia de la espiritualidad cristiana. Siguiendo a Jesús. Es la clave.

P.- ¿Sigue esta tónica Misión Urbana, la entidad que usted dirige?
R.- Eso es lo que hemos intentado en Misión Urbana desde sus inicios. Misión Urbana, además de su acción y de su compromiso social, es una Entidad Evangelizadora. Las Misiones Urbanas en el mundo intentan la integralidad del Evangelio. A los primeros misioneros urbanos que se acercaban a los suburbios y focos de conflicto para llevar alimentos, medicinas, ayuda social y consuelo, les llamaban “los hombres del libro”, porque siempre llevaban la Biblia consigo.

Nosotros, en la Misión de Madrid, también intentamos esto. En la historia de la Misión se ha evangelizado en la calle, se han dado muchísimos mensajes, usando el método del tablero, en la mismísima Puerta del Sol de Madrid. Tenemos literatura evangelística en diferentes idiomas, hacemos devocionales al comienzo de algunos programas… No nos hemos dedicado a la ayuda social aséptica al estilo de un ayuntamiento.

También, en nuestra forma de trabajo, hemos querido compaginar la acción social y la evangelización con la concienciación social y la sensibilización de los cristianos en torno a los contenidos bíblicos de compromiso con el prójimo, de búsqueda de la justicia y de denuncia social siguiendo a los profetas y a Jesús como el último de los profetas.

Así, nuestra acción social, nuestras publicaciones, nuestra participación en revistas, radio o televisión, nuestras conferencias o seminarios…, unido todo ello a la evangelización y al compartir en nuestros centros la Palabra, va formando un todo integral en la línea que estamos tratando y siguiendo el ejemplo de Jesús.

P.- ¿Qué se siente después de 25 años siendo una de las voces proféticas que clama a favor de los más débiles?
R.- Yo no sé si, realmente, Misión Urbana o yo mismo hemos sido una voz profética. Lo hemos intentado. Hemos trabajado para ello…, pero el Señor es el que lo sabe. Hemos escrito, hemos hablado, hemos viajado… quizás gritado. Es verdad que hemos intentado seguir el ejemplo profético. Esa era nuestra intención y deseo. Ese era nuestro ministerio. Yo, personalmente, después de 25 años, aunque sé que he trabajado y he escrito, sé que he viajado llevando siempre el mismo mensaje, he visitado un tan alto número de iglesias en el ámbito interdenominacional, aunque he atendido a miles de personas en exclusión social y he intentado limpiar las lágrimas de los más pobres, aunque sé que he alimentado, vestido, consolado -no sólo desde Misión Urbana, sino que me siento partícipe de la acción social de tantas iglesias que han comenzado sus ministerios de acción social debido a mi visitación y trabajo-, tengo el sentimiento de que lo que he hecho es demasiado poco, que he encontrado poco eco, que me hubiera gustado, por ejemplo, escribir mucho más y mejor, tener más medios… que mi voz se hubiera oído más. Pero no estoy descontento. Doy gracias al Señor por lo que Él me ha usado. Quiero continuar a su servicio para ir cumpliendo muchas de las cosas que aún me faltan por hacer.

Es verdad que mi voz, sea escrita o hablada, ha sonado mucho a favor de los débiles, que la obra social de las iglesias de España han tenido un referente en Misión Urbana, que hemos sido constantes durante veinticinco años… y lo que nos queda. Mi sentimiento es de agradecimiento. Agradecimiento a Dios y a todos aquellos que nos han sostenido y ayudado. Un sentimiento de agradecimiento, mezclado con una actitud de humildad porque lo poco o lo mucho que hemos conseguido ha sido gracias a la misericordia de Dios.

P.- En pleno siglo XXI, ¿tienen un lugar especial los pobres y excluidos en la misión de la iglesia local y universal?
R.- Sí tienen su lugar. Quizás un lugar restringido y no el lugar que deberían ocupar si todas las actividades, preocupaciones y compromisos de la Iglesia estuvieran en línea con los valores del Reino y con las prioridades y estilos de vida de Jesús. Es tan enfática la Biblia en el concepto de “prójimo”, es tan enfática en la preocupación por los débiles del mundo, por los pobres y por los despreciados y marginados, que la iglesia les debería dar un lugar mucho mayor, tanto en su voz como en su acción.

Un lugar en el que los pobres no se sintieran sólo objeto de nuestra misericordia, sino sujetos partícipes de su propia liberación e integración en la iglesia tanto local como universal. Para ello la iglesia debería seguir los posicionamientos de Jesús en su Evangelización. Muchas veces evangelizamos desde los integrados, desde los posicionados en la sociedad… Jesús evangelizaba desde los pobres, desde abajo. Si la iglesia quiere dar a los pobres el lugar que les corresponde, debe comenzar por ahí. Bajarse a la arena de la realidad, a los focos de conflicto y marginación y, desde allí, en total coherencia, lanzar sus mensajes de cambio y de transformación de las personas.

No predicamos la depauperación de la Iglesia, sino la vivencia del Evangelio en compromiso con los más débiles. La acción y la coherencia de los cristianos es lo que ratifica la verdad de la palabra que compartimos. Acción y coherencia que debe estar unida a los gritos de denuncia contra la opresión, contra el desigual reparto de las riquezas, contra la excesiva acumulación de bienes en tan pocas manos. En la medida en que los cristianos vayan consiguiendo unos mayores niveles de justicia en el mundo, irán dando un mayor lugar en la iglesia a los pobres.

Los pobres pueden tener un lugar especial en la Iglesia, aunque no todos estén presentes en el ámbito de nuestras congregaciones. Los pobres están en la iglesia y la iglesia con los pobres, cuando se les tiene presentes, cuando se trabaja por su liberación social y por su salvación, cuando se asumen compromisos de ayudas y cambios… aunque los pobres no se agolpen para estar presentes en nuestras congregaciones.

Cuando la iglesia sea consciente de que debe ser una iglesia del Reino con todo lo que ello implica, el lugar de los pobres en la iglesia comenzará a ampliarse y las estructuras sociales injustas que empobrecen y marginan, comenzarán a resquebrajarse y cambiar. La voz y la acción de los cristianos en el mundo, podría resultar en que el lugar que la iglesia diera a los pobres, fuera mucho más amplio que las cuatro paredes de la iglesia. Sería la iglesia en el mundo en justicia y compromiso.

P.- Escuché hace un tiempo que Dietrich Bonhoeffer cambió radicalmente su visión cuando se enfrentó con la pobreza en Barcelona y en Harlem. ¿Con quién o con qué tuvo usted ese encontronazo?
R.- Yo no sé si puedo hablar de encontronazo al estilo del Bonhoeffer. Mi encontronazo ha sido tan fuerte en la contemplación de los pobres del mundo, como en la contemplación de la opresión y despojo de los pobres por parte de los acumuladores del mundo. Es un encontronazo doble. Lo que sí puedo decir es que mi trabajo y mi relación con los pobres, ha cambiado mi visión del cristianismo. Si se pudiera decir que uno se puede convertir dos veces, yo diría que tuve una nueva conversión en contacto con los pobres del mundo. Mi visión del Evangelio pasó a ser diferente, mi experiencia profunda de la cercanía de Jesús en mi vida la he experimentado de una forma muy especial en relación con la pobreza. Dios se mueve entre los pobres de una manera muy visible. La vivencia del cristianismo es más integral, se vive la espiritualidad de una forma más encarnada, se comprende mejor la lectura de los Evangelios… se entiende mejor el posicionamiento de Jesús.

Mi doble encontronazo se ha dado cuando, desde el trabajo con los pobres, he podido ver cómo un pequeño número de personas consume indignamente lo que necesita el resto de la humanidad. Mi encontronazo no violento está también en la incomprensión de tantos corazones egoístas ante un mundo en donde el 80% está en pobreza. Mi encontronazo está contra ese escándalo y vergüenza humana que es la miseria y el robo de dignidad de tantas personas en el mundo.

Mi encontronazo también está contra aquellos que viven un cristianismo de ritual y de sacristía de espaldas al dolor de los pobres, mi encontronazo está con los que se callan, haciéndose así cómplices, ante la muerte de tantos niños por el hambre y por falta de vacunas o enfermedades vencibles y por falta de agua potable. Mi encontronazo se da con un mundo injusto en donde no se asumen compromisos reales para eliminar el hambre del mundo. Un escándalo que se podría eliminar con la práctica de los valores cristianos, si hubiera auténtico compromiso en el seguimiento a Jesús. La culpa es del egoísmo y de la codicia humana contra quienes mantengo mi encontronazo y mi denuncia.

P.- También recibe críticas, algunas desde casa, ¿perseverar antes que claudicar?
R.- Sí recibo críticas. También desde casa… pero recibo también muchas comprensiones, muchos apoyos. Son tantas las comprensiones que recibo, que me olvido de las críticas. En mi experiencia son menos las críticas que el respeto que se tiene a mi ministerio, mi trabajo y mis escritos.

De todas formas, cuando recibo una crítica, la tengo siempre en cuenta y pienso en si puede tener alguna parte de verdad. Yo respeto también las críticas, pero no creo que éstas me hagan claudicar… porque si no me convencen con la verdad de la Palabra, si no me muestran que me estoy equivocando gravemente en mi vivencia y comprensión del Evangelio, es imposible la claudicación. Yo no hago la acción social, ni el trabajo en la sensibilización de la sociedad o de las personas ante estos temas, por simple altruismo, sino que para mí es una cuestión teológica, una forma de vivir mi fe en compromiso, una forma de seguir a Jesús. Y esta línea jamás puede conducir a la claudicación, sino al fortalecimiento de la fe, de las convicciones cristianas.

P.- Si hiciéramos una radiografía de la Iglesia de este siglo, ¿diría que es necesaria una Re-forma?
R.- Yo creo que la iglesia cristiana siempre debe estar reformándose hasta llegar a la plenitud del modelo como “iglesia del Reino”. Yo, cuando escribo, busco reforma. No siempre la radiografía de la Iglesia en este siglo se corresponde con la iglesia que sigue los valores del Reino. Si no estuviéramos abiertos a que la reforma continúe como actitud permanente, perderíamos el rumbo. Es posible que parte de la cristiandad lo haya perdido dejándose moldear por los valores del mundo que son antivalores para con Dios, son contracultura para con las líneas de compromiso con el prójimo que nos deja Jesús.

La iglesia debe estar abierta a seguir reformándose hasta llegar al modelo perfecto. Reformarse también en su forma de entender las dimensiones de la Misión diacónica de la Iglesia. La Iglesia debe alternar entre levantar sus manos y sus ojos al cielo, para también bajarlas y ponerlas a funcionar misericordiosamente buscando justicia. Porque, si no es así, es posible que nos lleguemos a encontrar con las situaciones que narra el profeta Isaías. Si no hacemos el bien, si no hacemos justicia al huérfano y a la viuda como símbolo de los débiles y pobres del mundo, Dios no va a escuchar nuestras oraciones y alabanzas. Va a ser sordo a nuestro ritual. Nuestro olor a incienso le va a ser desagradable y va a dar la espalda a nuestras fiestas solemnes.

No debemos dar nunca por terminada la reforma, no sea que, como ocurrió en Isaías 58, estemos buscando a Dios cada día, trayéndole ofrenda y haciendo cilicio y ceniza, pero estemos explotando a nuestros trabajadores y no dando de comer al hambriento ni vistiendo al desnudo. Dios quiso que el profeta gritara “a voz en cuello” contra esos inicuos para que se reformaran y llegaran a entender lo que Dios pide de sus hijos, el tipo de ritual que Dios quiere que está unido al concepto de projimidad que nos trajo Jesús.

P.- ¿Cuál es su próximo proyecto literario? Sé de buena fuente que escribir una novela es su asignatura pendiente.
R.- La verdad es que tengo varias novelas escritas y no he tenido tiempo de promocionarlas, quizás ni de corregirlas en profundidad para que lleguen a ser publicadas. Lo he hecho por simple placer literario. Esa faceta tan importante para mí está un poco aparcada… pero creo que debo retomarla. He dedicado mi vida y mi tiempo al servicio a los más pobres. Espero que el Señor me dé tiempo e ilusión para poder hacer algo en esta faceta tan interesante y que tanto me gusta.

El tiempo en mi vida ha pasado muy rápidamente y me he centrado más en la acción social cristiana que en la literatura que tanto me gusta. No sé si el futuro me deparará salud y ánimos para trabajar estas áreas abandonadas. Tengo ilusión por vivir, por continuar haciendo cosas.

A pesar de que no soy un hombre fuerte, el Señor me ha cuidado y no tengo ningún problema importante de salud. ¿Me dará el Señor larga vida para que pueda trabajar estas áreas casi olvidadas? Cuando era niño me operaron de mi pierna izquierda y, estando ingresado en el hospital, estaba leyendo la Biblia y me topé con un texto del Salmo 91 que, no sé por qué, nunca he olvidado: “Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación”. Si el Señor también, en medio de tantas promesas y consuelos que ofrece, me concede el tener “larga vida”, creo que podré hacer todavía muchas cosas… pero si Él me llamara antes, estoy aquí dispuesto.

Terminamos la entrevista. Damos las gracias a Juan Simarro por dedicarnos su tiempo inestimable, que escasea ante tanto clamor por justicia, pan, Palabra, misericordia…
Os sugerimos la lectura de algunos de sus libros: Diaconía o las Obras de la Fe; Jesús, Evangelio de Dios a los pobres; Desde el corazón de la ciudad (CLIE); Cristianos ante la pobreza (CLIE); Inmigrantes: el multiforme rostro de Dios (CEM).

Autores: Jacqueline Alencar
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