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Mira por qué vías o que hojas de ruta se marcan en tu pensamiento. Quizás, si quieres seguir los valores bíblicos, si quieres ser seguidor del Maestro, tendrás que pensar desde el que sufre

Folleto
Evangelista 1 / Imagens Evangélicas (Flickr – CC BY 2.0)

Dime cómo piensas y te diré cómo evangelizas, se podría decir parodiando un refrán español conocido. ¿Piensas desde la lógica de los integrados? Entonces evangelizarás y vivirás la vida cristiana desde esa lógica. ¿Piensas desde tu admiración a los acumuladores y encumbrados del mundo por el dinero y el poder intentando entrar tú en las dinámicas del poseer? Desde ahí es desde donde evangelizarás y te será difícil vivir la auténtica espiritualidad cristiana.

Dime cómo piensas y podré vislumbrar cómo vives la espiritualidad cristiana.  ¿Piensas desde la lógica del poder y de los poderosos? Ese será tu punto de partida para la vivencia de tu vida cristiana. ¿Te preocupan los pobres, los últimos, los sin techo, los que pasan hambre en el mundo y los don nadie? Pues desde ahí evangelizarás e intentarás vivir tu vida cristiana. O sea, normalmente evangelizamos y vivimos desde los posicionamientos desde los que pensamos.

Dime si tu pensamiento está en línea con la forma de pensar de Jesús y te diré si eres un buen discípulo. Debemos acercarnos a la lógica del pensamiento de Jesús. La pregunta clave para el cristiano sería: ¿Cuáles eran los posicionamientos del Maestro en su manera de pensar y en sus estilos de vida? Quizás en la mente de Jesús estábamos todos los humanos con toda la gran diversidad entre ellos y con todas sus características, pero tuvo una especial dedicación a los débiles y proscritos. En el Evangelio se ve claro que Jesús evangelizó desde los últimos, desde las víctimas, desde los marginados y oprimidos, desde los que sufren. Eso es algo bíblicamente incontrovertible.

La conversión implica un cambio de mente, de formas de pensar. Así, pues, los cristianos que queremos vivir acercándonos al pensamiento de Jesús, ¿debemos, posicionarnos en su propia lógica y estilos de vida? ¿Desde qué posicionamientos debería evangelizar la iglesia o los cristianos en su ámbito particular? ¿Hemos de apropiarnos también esa lógica que busca a los últimos, a los humillados y ofendidos, a los proscritos y a los despojados para evangelizar o, en su caso, para vivir nuestra espiritualidad cristiana desde allí?  Difícil pregunta para los que quieren seguir a Jesús desde otros posicionamientos o lógicas consumistas e insolidarias como las que hemos enumerado al inicio.

Podemos usar el refrán español en la línea de este artículo: “Dime como piensas y te diré quién eres”. Podríamos dar algunas advertencias: No te dejes arrastrar por el pensamiento dominante. El hombre tiene un problema y es que se deja arrastrar por el pensamiento dominante que, normalmente, es el pensamiento de los que dominan, de los gobernantes de este mundo, de los que han acumulado causando admiración en muchos, de los integrados en las estructuras sociales injustas, de los que difunden el pensamiento que idolatra al dios mercado. Es entonces, cuando sin darnos cuenta nuestra evangelización se convierte en una mentira y nuestra vivencia de la espiritualidad cristiana en una falsedad. Hemos caído en la trampa del maligno.

¿Cómo pensamos? Mira por qué vías o que hojas de ruta se marcan en tu pensamiento. Quizás, si quieres seguir los valores bíblicos, si quieres ser seguidor del Maestro, tendrás que pensar desde el que sufre, desde los pequeños, desde los considerados proscritos, desde el amor al prójimo sufriente.

Dime cómo piensas y te diré dónde estás posicionado. Estaremos cerca de las posiciones de Jesús, de sus estilos de vida y de sus prioridades evangelizadoras, cuando pensemos desde el que sufre, desde el tú personal que es nuestro prójimo y que que está en exclusión, desde el escándalo de la pobreza en el mundo, desde los que viven en la infravida o el no ser de la marginación.

 

Lol crazy christian / Niriel (Flickr – CC BY-NC 2.0)

Piensa diferente. Sé diferente dejándote guiar por los valores del reino. Cambia tu forma de pensar, replantea la lógica de tu pensamiento. Sé renovador, no evangelices o vivas tu vida cristiana desde la perspectiva que te dan solamente aquellos integrados que son iguales a ti y que quieren que vivas en esa uniformidad pasiva. Rebélate y asume el compromiso con los débiles siguiendo la hoja de ruta del Maestro.

Dime cómo piensas y te diré cómo vives o cómo deseas vivir. No evangelices desde las comodidades que te ofrecen las sociedades de consumo y piensa en los que se han quedado excluidos de ellas en el no ser y en la infravida de la marginación social. No te cierres el sufriente, a llevar el evangelio a los pobres y proscritos no sea que sin darte cuenta te sitúes a años luz de las perspectivas evangelísticas y liberadoras de Jesús.

Modela tu forma de pensar. Piensa en los pobres, en las desigualdades, en la desigual redistribución de los bienes que empobrecen a tantos, en la búsqueda de la justicia y en ser un denunciador de todas aquellas situaciones sociales injustas que hacen sufrir a tantos congéneres tuyos. Todo esto te acercará a Jesús y a los profetas. Si evangelizas desde ahí, te habrás acercado a los parámetros evangelísticos del Maestro que evangelizó para todos, pero desde los últimos. Así, pues, nuca evangelices de espaldas al grito de los pobres.

Tu pensamiento y tu lógica deben ser diferentes a la lógica y a la forma de pensar del mundo. No pienses sólo en las almas y en conceptos metahistóricos mientras los hombres sufren en su aquí y en su ahora esperando la liberación y el anuncio de la Buena Noticia. Dime como piensas y yo te diré cómo va a ser tu evangelización y la vivencia de tu vida cristiana. Piensa en el hombre de manera integral, como alma y cuerpo. Así lo veía Jesús en su concepto integral de evangelización. Y recuerda: Si así piensas, así vives y así será la experiencia de tu vida espiritual y tu evangelización.

 

http://protestantedigital.com/blogs/34640/dime_como_piensas_y_te_dire_como_evangelizas

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 Juan Stam

¡El cielo será una fiesta!

 

Parecen convincentes los indicios de que en el trasfondo de Apocalipsis 7:9-17 está la gran fiesta de las enramadas. Del cuarto evangelio (Jn 7-8) es evidente también que Jesús apelaba a esta fiesta para revelar su persona y su misión. La importancia de esta fiesta, y su impacto en la mentalidad de los judíos, eran muy grandes. Era una fiesta tan santa como alegre, mostrándonos que piedad y seriedad no son sinónimos, sino que santidad y alegría son gemelas que siempre andan juntas. La consigna era: “te alegrarás delante de Yahvé tu Dios…y estarás verdaderamente alegre” (Dt 16:11,14-5; cf. 12:7,12,18; Lv 23:40; Neh 8:12).[1]

 

La fiesta de enramadas fue una semana entera de alegría desbordante. Ya hemos citado las palabras de la Michná: “Quien no ha visto la alegría de esta fiesta, nunca ha visto alegría en su vida”.[2] Esta fiesta era la definición misma de la alegría, y por eso muy idónea para representar la “plenitud de gozo” que llena la presencia del Señor (Sal 16:11 RVR). Para visualizar un poco la felicidad de la vida eterna, ¡pongámonos a recordar las fiestas más alegres de nuestros propios pueblos!

 

Varios aspectos de la alegría especial de esta fiesta merecen destacarse. Junto con la morada en enramadas durante una semana y la procesión diaria del agua, ambas ya descritas, era popularísimo el rito de la iluminación, un verdadero “festival de luz”. Cada noche de la fiesta[3] se prendían cuatro candeleros enormes en el atrio de la mujeres. Las mechas, formadas de las viejas vestimentas sacerdotales, estaban inmersas en aceite y cuatro jovenes levitas subían por escaleras a prenderlas. Era tan fuerte la iluminación que “no había ningún patio en toda la ciudad que no reflejara la luz” que emanaba del templo (Michná sukkah 5.3: Bruce 1983:206; Brown 1966 I:343)

 

El pueblo se congregaba en el atrio de las mujeres — ¡y a bailar se ha dicho! Acompañados por una orquesta levita de flautas, laúdes y címbalos (Moore 1971 II:47), todos cantaban y danzaban hasta el amanecer, siete días seguidos. Coquetas doncellas buscaban cautivar a los muchachos[4] y piadosos varones ejecutaban sus danzas de antorcha (Moore 1971 II:46; IDB I:456).[5] Todo era alegría, chistes iban y venían, la confraternidad reinaba. ¡Israel daba una lección al mundo de lo que es una fiesta![6] ¡Y así también será la vida eterna!

 

Además, parece que comían bien durante esta fiesta, que celebraba el final de la cosecha agrícola. De todo el año, ésta era la fiesta con mayor número de animales sacrificados (Nm 29:12-39). Se sacrificaba un promedio de 27 animales por día, y un total de 70 becerros en la semana, aparte de todos los sacrificios privados. La mayor parte de esa carne se comía, o por los sacerdotes o por las familias del pueblo (1 Sm 1:4-5,8-9,13; cf. Neh 8:12).[7] ¡Es fácil imaginar el olor a parrillada que cubría toda la ciudad!

 

Apocalipsis 7:9-17 nos enseña, y todos lo sabemos, que el cielo será un culto (9:10,12,15), pero nos enseña también otra verdad importante — ¡el cielo será una tremenda fiesta!

 

**********

 

La fiesta de tabernáculos nos llama

a un estilo de vida más sencillo

y  solidario

 

Para captar mejor la vivencia de la fiesta de las chozas, imaginémonos que se realizara hoy entre nosotros y todas las familias pasaran a los patios de sus casas a vivir siete días en unas enramadas. Imagínese Buenos Aires: los bancos y mercados cerrados, los “mall” abandonados, las mismas casas (unas mansiones, otras chozas muy pobres) desocupadas, todo el mundo al patio para una semana de “camping” al aire libre, cocinando con leña. ¿Cómo sería eso en Río de Janeiro o ciudad de México? Nos costaría acostumbrarnos; probablemente a muchos se les daría un infarto o un severo ataque de nervios.

 

Para muchas personas, su casa lujosa es el sueño de su vida y la diosa de su devoción. ¡Cuánto bien nos haría pasar una semana cada año en el patio! Como el día de descanso significaba (y significa) libertad ante las demandas del trabajo, esta fiesta significa una liberación del dominio de la casa y de los bienes materiales. Nos recuerda que nuestras casas no son más que “enramadas” en nuestro camino hacia “una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas” (2 Co 5:2). Si somos peregrinos, debemos desprendernos de nuestros bienes, desmitologizar la idolatría materialista que permea nuestra cultura, compartir gozosos con los que tienen menos, y hacer de nuestra vida un proyecto de mayordomía sacrificial y alegre.

 

Esta fiesta nos recuerda que no sólo por ser lujosa una casa es bonita, ni por ser humilde es fea. Zorilla (1981:31) se atreve a hablar de “la magnificencia de las chozas” (!), porque en ellas moraba Dios con su pueblo y sobre ellas estaba la Chekiná divina. En cuantas mansiones está ausente Dios, y ausente todo lo que embellece la vida, mientras la choza más humilde puede resplandecer con gloria divina.

 

En la fiesta todos eran iguales por una semana. El rico no podía decir esa semana, “mi enramada es mejor que la tuya”; ningún pobre tendría que sentir vergüenza de vivir en una choza. El ideal divino, “que haya igualdad” (2 Co 8:13-14; Hch 2:44-45; 4:32-34), se cumple a lo menos por una semana. Y en eso, se anticipa la Nueva Jerusalén, cuyas riquezas son de todos por igual.[8]

 

Zorilla (1981:32) destaca que de todas las fiestas de Israel, ésta fue la más participativa. Sus procesiones, cantos y danzas estaban abiertas a niños, mujeres, esclavos y extranjeros.[9] Realmente, esta hermosa tradición judía nos convoca hoy a una auténtica solidaridad y un estilo más sencillo de vida.

 

 


[1]) Aquí debemos recordar que el NT describe la vida eterna también como una muy alegre fiesta de bodas y un banquete escatológico.

[2]) Michná M.Middoth 5.1; 4.9; citado en de Vaux 1985:623 y Zorrilla 1981:54.

[3]) Algunos autores sostienen que fue sólo la primera noche, pero otros, con mayor probabilidad, que eran las siete noches de la fiesta (Zorilla 1981:53; IDB I:456; Lindars 1995:297,315).

[4]) Ya hemos citado el texto de la Michná (Taanit 4.8) del baile de las doncellas y su cántico, “Muchacho, levanta los ojos y mira a la que vas a escoger”. Cf. Moore 1927 II:61. No sorprende que algunos autores paganos confundían esta fiesta con algo parecido al culto a Dionisio (Plut Quaest conviv 4.6.2; Bonnard 1976:453). Según Rylaarsdam (IDB I:456) era “una ocasión de gran regocijo con ciertas características de carnaval”.

[5]) Moore (1927 II:46) menciona que Rabban Simeón ben Gamaliel podía danzar con ocho antorchas encendidas, sin que ninguna tocara el suelo.

[6]) De las escrituras queda evidente que Israel era un pueblo muy festivo. Para Israel “no se puede dar el templo sin la fiesta, ni ésta sin el templo lleno de la gloria de Yavé” (Zorilla 1981:42).b

[7]) Rylaarsdam señala que los judíos no comían mucha carne, excepto en celebraciones religiosas (IDB II:261). El comer carne en las fiestas sería entonces una alegría muy especial.

[8]) Ap 21:17-21 (!las riquezas socializadas!), 24-26. La literatura apocalíptica insiste mucho que no habrá ni ricos ni pobres en el reino de Dios. Bonnard (1976:453) señala, acertadamente, que “la vinculación de la escatología judía al culto y a las fiestas oficiales del pueblo ha impedido siempre que las ideas escatológicas tomen un carácter completamente abstracto o individualista”.

[9]) Los gentiles, por supuesto, no podían pasar más allá del patio que les correspondía.


Por Mike Riccardi

clip_image001Como mencioné ayer , después del ‘post’ del miércoles sobre el Chick-Fil-A-Day generó un gran debate sobre diversos temas. En particular, un par de comentaristas enumeró una serie de argumentos populares de por qué creen que la homosexualidad es conciliable con el cristianismo. Quería tomar el jueves y viernes para hacer frente a un par de esos argumentos con los que me encuentro más a menudo. Mi esperanza es que pueda servir a aquellos que erróneamente creen que la fe en Jesús y su Palabra se puede conciliar con los intentos de legitimar la homosexualidad.

Ayer, me dirigí a los que se oponen a nuestra prohibición de la homosexualidad, mientras que no prohíben la mezcla de tejidos, el consumo de marisco o carne de cerdo y otras regulaciones de la ley mosaica.

Hoy quiero dirigirme a lo que creo que es la objeción más generalizada en toda la discusión. Sinceramente, creo que este tema llega al corazón mismo de la discrepancia. Esto va más allá de sólo los puntos de vista sobre la homosexualidad o la definición de matrimonio. Impacta en el corazón mismo de la visión del mundo de la sabiduría contemporánea. Tiene que ver con la noción del amor.

 

La objeción es algo como esto: “En medio de toda su atención a los detalles de varios versículos de la Biblia, usted ha perdido el cuadro grande. La virtud cardinal que Jesús enseñó a sus seguidores era el amor. Si usted valora el amor, ¿cuál es el problema con dos adultos que consienten en hacer un compromiso uno al otro por amor? El amor es el amor. Insistir en que la homosexualidad es pecado y negarles el derecho a contraer matrimonio no es simplemente amor, y por lo tanto no es cristiano.”

Así que puede ver cómo el razonamiento colectivo de la cultura arrincona al cristiano a esta esquina. Cualquier respuesta que no afirme totalmente la homosexualidad –no importa lo que la Biblia dice explícitamente sobre el asunto– es odio, puro y simple. Y Jesús nos llama a amar. Y usted dice seguir a Jesús. Así que usted es un anti-estadounidense, anti-Cristiano, fanático hipócrita.

Amor Como Aceptación Incondicional

Pero el argumento, simplemente no es sostenible. Y esta es la razón: la sabiduría de la sociedad secular no ha logrado definir el amor bíblicamente. Para nuestra cultura autocomplaciente, narcisista, eternamente adolescente, soberbia, “amor” significa nada más que la noción de Carl Rogers de la consideración positiva incondicional. “Amar” a alguien, de acuerdo con nuestra sociedad, es afirmar cada decisión que tomen y aplaudirles sólo por ser ellos. La canción de Bruno Mars ‘hit es la banda sonora del evangelio secularismo occidental de la aceptación incondicional: “Eres increíble, al tal y como eres.

Y eso se siente bien, ¿no? Se siente muy bien afirmado sin reservas –que te digan que eres increíble, tal y como eres. Y por eso, la gente ha confundido la idea de ser afirmado, aceptado, halagado, hacerlo sentir importante con el verdadero amor. Amarme significa hacer que me sienta bien, darme mucha importancia. Y esta ideología del amor como la aceptación incondicional se teje en el tejido de nuestra conciencia cultural. Creer otra cosa sería antiamericano.

Y luego, los que han asimilado esa definición de amor van a la Biblia. Y, de repente, empiezan a leer y escuchar sobre el amor. Dios es amor (1 Juan 4:8). Porque de tal manera amó Dios al mundo (Juan 3:16). El mandamiento más grande en la Ley es amar a Dios y amar a los demás (Mateo 22:37-40). Amar a tu prójimo como a ti mismo (Gálatas 5:14). En esto conocerán todos que son mis discípulos: si os amáis unos a los otros (Juan 13:35). Todos estos conceptos maravillosamente bíblicas vienen inundando en sus mentes.

Pero entonces sucede algo trágico. En lugar de renunciar a sus propios prejuicios a la autoridad de la Palabra de Dios y tratar de entender cómo Dios define el amor, utilizan su propia definición distorsionada de amor que han bebido de nuestra sociedad, e imponen esa definición en las Escrituras y en su concepción de Dios. Así que ahora, cuando escuchan que “Dios es amor”, piensan, “Dios no nos pide a la gente cambiar. Dios no hace acepción de personas. Dios acepta a todos tal como son. Y así los cristianos deben hacer lo mismo.”

El Amor Busca el Beneficio Objetivo

Pero esto no es cierto, porque esto no es enfáticamente como Dios define el amor. “En esto consiste el amor”, dice el apóstol Juan, “no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10). “De tal manera amó Dios al mundo: que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree nose pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Mas Diosmuestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Todos estos pasajes y decenas más nos enseñan que el amor es actuar, incluso trabajar, para lograr el mayor beneficio a alguien.

Estos pasajes no se nos enseñan que Dios sólo pensó que nosotros somos tan maravilloso, tal y como somos, que iba a entregar a su Hijo a la muerte sólo para mostrarnos lo bien que estábamos. De ninguna manera. Estos pasajes nos enseñan que Dios obra a un gran costo para Sí, e incluso sufre en la persona de Jesucristo, a fin de asegurar el mayor beneficio de Sus amados. Cuando estábamos muertos en nuestros pecados, separados de Dios, y sin esperanza, ¿Qué habría sido nuestro mayor beneficio en ese momento? Respuesta: un Sustituto perfectamente justo, propiciando la ira y que lleva los pecados. Y eso es exactamente lo que Dios nos da. Dios muestra su amor al beneficiarnos con Él en la persona de Su Hijo amado.

Bíblicamente, entonces, el amor no significa aceptar a alguien incondicionalmente, para afirmarlo sin reservas, o hacer que se sienta bien y hacerlo sentir importante. El amor bíblicoobra para el mayor beneficio del amado.

¿Cuál es Nuestro Mayor Beneficio?

Esa es la pregunta, entonces, ¿no? Si el amor obra para asegurar un beneficio al amado, ¿Cuál es el más grande beneficio de alguien?

Te diré lo que no es. ¡Nuestra mayor beneficio no es hacerlo sentir bien con nosotros mismos! “Bueno, ¿por qué no?” Usted pregunta. “Eso no suena tan mal.” He aquí por qué: Si todo lo que hago en mi esfuerzo de amar es tratar de hacerlo sentir importante –trabajar para su propia exaltación y afirmación incondicional, yo le robo el gozo. Le robo la satisfacción verdadera y duradera y la felicidad. “¿Cómo es posible imaginarte eso, Mike?” Debido a que su propia gloria y exaltación del yo (“Eres increíble en la forma en que eres!”) puede sentirse bien por un rato, perono va a satisfacer los anhelos de su alma por la eternidad. Usted simplemente no se ha sido diseñado de esa manera. Dios no diseñó a los seres humanos para prosperar en la gloria de sí mismo. Así que el que busca a satisfacerlo al enaltecerlos a usted como un tesoro que todo satisfactorio no le ama. Le esta mintiendo a usted, y le llevará por un camino de “felicidad” ingenua a una eternidad de sufrimiento.

Pero Dios tenía que diseñar para prosperar en la gloria de Jesucristo. Al igual que un coche está diseñado para funcionar con gasolina, usted fue creados para la gloria de Dios (Isaías 43:7). El ha diseñado su corazón, su alma, sus afectos, sus emociones -todo su ser –para que usted pueda estar más satisfechos en El. Él llama a la vida espiritual la capacidad de ver la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo (2 Corintios 4:6). ¡Esto significa que el amor es ayudar a alguien a ver y conocer y disfrutar de Dios en la persona de su Hijo! !Ese es el beneficio más grande que usted puede hacer por cualquier persona! La visión de su propia gloria y auto-exaltación no satisface los deseos de su corazón. Sino la visión de Su gloria!

Así que el amor no es hacer sentir importante a alguien. El amor es obrar, y muchas veces, incluso sufrir, –aun ser llamado odioso e intolerante – para que el amado pueda encontrar el gozo en darle la importancia a Dios para siempre, porque eso (es decir, hacer a Dios importante) es lo que más verdadera y duraderamente satisface. *

Amar a los Homosexuales

¿Puede usted ver por qué, entonces, la aceptación incondicional y la afirmación de lo que nuestra cultura llama amor, es en realidad ¿odio? ¿Puede usted ver por qué nunca advertir a alguien que los fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, y estafadores, no heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6:9-10) es lo contrario del amor ? Porque no es en el mejor interés de los pecadores que los cristianos afirmen un estilo de vida que, si no se arrepiente de tal estilo de vida, va a terminar en la destrucción eterna. No es odio advertir a la gente del peligro. Es odio dejar de emitir tales advertencias.

No amamos como Jesús amó incondicionalmente si afirmamos a alguien en una elección que les priva de la satisfacción verdadera, duradera y que los conduce a la ruina. Amamos como Jesús ama cuando amablemente y con paciencia proclamamos un mensaje que tiene el poder para liberar al pueblo de la esclavitud de su historia de amor suicida con ellos mismos, el poder de liberarlos a la libertad y gozo de darle la importancia a la gloria de Dios . Amamos como Dios ama al señalar a las personas a dejar de adorarse a sí mismos y, a sus propios deseos, y cuando los dirigimos hacia su mayor beneficio: Dios mismo.

http://evangelio.wordpress.com


Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XXIX)

La cruz no es símbolo de un sufrimiento que me ahoga en lágrimas, sino de sufrimiento que me permite enjugar las lágrimas de los sufrientes de la tierra, de los pobres del mundo.
 Semana Santa.
Recuerdo de la cruz de Jesús. La frase de Jesús  “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”  (Mateo 16:24), se dice en un contexto de sufrimiento. Jesús estaba declarando a sus discípulos algo de su pasión, el sufrimiento que tendría que soportar en su cruz, la cruz de Jesús. Tendría que padecer mucho de parte de los religiosos, de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas… hasta la muerte. Lo matarían. Matarían al autor de la vida . Jesús tomaba su cruz a favor de los demás , por conseguir nuestra salvación, por dejar afianzados los valores del Reino, valores de justicia y de liberación de los débiles del mundo, valores que mostraban que uno debería vivir para los otros, para los demás… para el prójimo. Jesús no acepta su cruz de forma pasiva y victimista como si el sufrimiento fuera algo bueno en sí mismo. Sufre con un propósito. La cruz no es símbolo de sufrimiento que me ahoga en lágrimas, sino de sufrimiento que me permite limpiar las lágrimas de los demás, de los otros… de redimir, de salvar, de liberar. Ese era el sentido del sufrimiento en Jesús, de su cruz.

¿Qué sentido debe tener, pues, el sufrimiento de sus seguidores, nuestras cruces? ¿Qué puede significar que si queremos seguir a Jesús debemos también tomar nuestra cruz? Lógicamente no se refiere a tener que pasar por sufrimientos masoquistas, dolores o angustias que nos suman en la depresión, la inseguridad o el miedo. El sufrimiento de nuestra cruz también debe ser, de alguna manera, redentor. Nuestra cruz debe tener el sentido de ser también las manos y los pies del Señor en la línea de la projimidad, del servicio al otro, de la liberación del prójimo robado de su dignidad, empobrecido, sufriente.

 Jesús carga con su cruz compadeciéndose de nosotros . Así, nuestra cruz también debe ser compasiva, cruz que nos convierte en agentes de liberación de todos aquellos que son víctimas del egoísmo humano, del robo, de la opresión, de la falta de misericordia. Sólo el que toma su cruz puede ser un buen prójimo.

Cuando queremos ver siempre a los creyentes despojados de la cruz, siempre con un gozo insolidario, con una sonrisa porque Dios les ama, pero que este amor de Dios no les lanza a tomar su cruz de ayuda a los otros, a los sufrientes del mundo, cuando los vemos triunfantes en medio de los poderes y valores de este mundo y de espaldas a los crucificados de la tierra, es que estamos rechazando nuestra cruz. Es entonces cuando nos apartamos de los valores del Reino, ya no pensamos como Dios, sino como los hombres que, en su egoísmo, sólo piensan en su propio bienestar.

Nos ocurrirá lo que a Pedro. Ni siquiera vamos a querer que se de el sufrimiento redentor de Jesús, no queremos ni siquiera que Jesús cargue con la cruz… y nos convertimos, como en aquél momento Pedro, en emisarios del mismo Satanás. Es cuando Jesús nos tiene que separar de Él y nos tiene que decir:  “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” . Queremos eliminar el sufrimiento redentor, queremos eliminar de nuestras vidas nuestra cruz, el sufrimiento que debo tener mirando a mi prójimo en dificultad.

 Jesús llevó su cruz a favor de los hombres . Igualmente, mi cruz, me debe llevar a sufrir con las injusticias que se dan en el mundo, el desigual reparto de los bienes del planeta, el hambre, las torturas, los robos de dignidad, las exclusiones, el empobrecimiento de los pueblos, la infravida en la que viven tantos prójimos nuestros.

¿Debemos limitarnos ante esto a los goces espirituales sin tomar también nuestra cruz a favor de los demás? No podremos seguir al Maestro si no vamos cargados también de nuestra cruz a favor de los otros, de nuestro prójimo sufriente. No podrás ser un discípulo de Jesús si no cargas con una cruz que te mueve a misericordia y te hace pararte y compartir con tu hermano tirado al lado del camino, apaleado y en manos de ladrones… ¿No está acaso gran parte del mundo en manos de ladrones?… No nos queda otro remedio que tomar la cruz.

Tomar la cruz no significa hacer un seguimiento de Jesús preocupándote solamente de tu propio sufrimiento y viendo las formas de uso de la religión o de la espiritualidad cristiana para liberarte tú de tus propios miedos, sino que tomar la cruz es pasar a ser un buen prójimo preocupándote de las situaciones de los otros, del sufrimiento del mundo, de los empobrecidos de la historia, de los desheredados, de los puestos en los últimos lugares allí donde se da la infravida y el no ser de la marginación y de la exclusión social, allí donde el hombre sufre apaleado y robado por sus propios semejantes.

 Jesús en la cruz no sólo se compromete con el hombre para el más allá, sino que se compromete también con su sufrimiento en su aquí y su ahora . Con su muerte en la cruz quiere sellar también su legado, los valores del Reino que son dignificadores y liberadores de la injusticia y de la opresión. Nuestra cruz también nos debe comprometer con el hombre sufriente. Si no, nuestra cruz no tiene ningún valor, no es una carga, ni ligera, ni fácil, ni nada. Vivimos para nosotros mismos.

Mi cruz, tu cruz en el seguimiento del Señor, te debe comprometer con el hambre en el mundo, con la injusticia, con la muerte temprana de tantos niños, las torturas, los abusos, la opresión y el despojo que se hace de tantos prójimos nuestros. Si no, ¿Qué cruz es la nuestra? ¿Qué cruz es la tuya? ¿Qué cruz es la que te permite el seguimiento del Maestro de espaldas al dolor de tu prójimo? Nadie puede llevar su cruz de espaldas al grito de los marginados y pobres de la tierra. Sería un insulto al concepto de projimidad que nos dejó Jesús.

 No te escandalices ante una cruz que te pide compartir sufrimiento, a la cruz que te pide amor y misericordia para con el prójimo sufriente, una cruz que tiene que ser a favor de los otros… como la de Jesús . Mientras la iglesia y los creyentes tengan miedo al sufrimiento que comporta tomar y llevar la cruz del seguimiento de Jesús, el cristianismo no será auténtico, no se dará eso que es contrario al egoísmo humano: el negarse a sí mismo… quizás para vivir pendiente del prójimo que nos necesita.

Eso implica seguir a Jesús llevando nuestra cruz. Hazlo y no tengas miedo. Te sentirás unido al proyecto de Jesús, tomado de su mano… camino de la eternidad que sólo se alcanza en compromiso con el presente, con el ahora… portando la cruz. Si no quieres ver ni compartir sufrimiento, serás apartado y considerado como un agente de Satanás. Como le ocurrió a Pedro en aquel momento.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012

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Chagall, Jesús y la cruz

Publicado: abril 3, 2012 en Arte, Cultura, Espiritualidad

José de Segovia Barrón

Chagall, Jesús y la cruz
En su casa no había imagen alguna, pero pintó cien veces la cruz como símbolo universal del sufrimiento.
 Sorprende que un judío como Marc Chagall (1887-1985), tenga tal obsesión por la cruz, que llene muchos de sus cuadros con la figura misma del crucificado. Algunos se pueden ver en la exposición que ahora le dedica el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid. El artista creció en la comunidad judía de Vitebsk –la actual Bielorrusía–, donde predominaba un jasidismo que prohíbe representar nada de lo creado. En su casa no había imagen alguna, pero pintó cien veces la cruz como símbolo universal del sufrimiento. No era fácil la vida para un judío en medio de las dos guerras mundiales y la revolución soviética. El mayor de nueve hermanos de una familia de origen levítico –su nombre es Shagal o Segal–, que vive del comercio del arenque –por eso pinta con frecuencia tantos pescados–, mientras su madre lleva una tienda de ultramarinos en casa. Cada mañana su padre va a la sinagoga, antes de trabajar, cargando pesados barriles –cuenta Chagall en  Mi vida,  su autobiografía–.

En aquella época, los judíos no tenían acceso a la educación rusa. Su formación era por lo tanto en una escuela religiosa judía, donde aprende hebreo con la Biblia. “Desde mi más temprana infancia, he sido cautivado por la Biblia” –le cuenta a su biógrafo Franz Meyer–. “Siempre me ha parecido la mayor fuente de poesía de todos los tiempos”. Tal fascinación le produce, que dice: “Yo no veía la Biblia, la soñaba”.

Logra entrar con un pasaporte falso en una academia de arte de San Petersburgo, pero en 1910 se establece en París, donde mantiene el folklore ruso y la espiritualidad jasidica. Vuelve a su pueblo, se casa y llega la revolución. Al regresar a Francia, tiene a Ambroise Vollard como marchante –que se encarga de la obra de Cézanne, Renoir, Picasso, Gauguin y Van Gogh–. Es él quien le pide que ilustre el Antiguo Testamento, viajando a Palestina en 1931.

 EL SUFRIMIENTO DEL CALVARIO 
 Chagall veía la Biblia como “historia humana”. Para él, “Cristo era un gran poeta, cuya enseñanza se ha olvidado en el mundo moderno” –dijo a la  Revista Partisana  en 1944–. Lo imagina como “un Jesús pre-cristiano”. Le dice a su hijo David después, que, para él, está en la línea de los grandes profetas judíos. En 1912 hace una obra Dedicada a Cristo,  que hoy conocemos como Calvario.  En el centro de la pintura coloca a Jesús crucificado, junto a Juan y María. José de Arimatea lleva una escalera y el cuerpo desnudo de Cristo está tapado por un chal de oración judío.

En sus representaciones del Antiguo Testamento incluye ya cruces, pero  a partir de la persecución nazi, ve en la crucifixión el sufrimiento del mundo.  Lo refleja como en un espejo. No es que esté concentrado en él, ni le sea transferido, para hacer un sacrificio, sino que forma parte de lo que considera “el destino permanente del hombre”.

 En  La crucifixión blanca  (1938), los judíos huyen de los nazis, mientras Jesús cuelga sobre ellos en la cruz. Está tapado con lo que parece un  tallith  por sus rayas negras, mientras sus píes se queman sobre un candelabro de siete brazos . Debajo una sinagoga arde, los rollos de la  Torah  se convierten en antorchas y los ancianos se lamentan. Y ¿qué hace Cristo para protegerles?

Chagall dice que “el hombre en el aire, que hay en mis pinturas, soy yo” –afirma en una entrevista de 1950–. En la vida y en el arte, el artista flota sobre la adversidad. Y parece que también sobre las distinciones humanas. En su experiencia y su obra, quiere ser nos sólo ruso para los rusos, o francés para los franceses, sino también judío para los judíos, y cristiano para los cristianos. ¿Se identifica entonces Chagall con Jesús?

 EL MESÍAS DE LOS JUDÍOS
 En  La crucifixión amarilla  (1943), Jesús lleva las filacterias de un devoto judío y sostiene el rollo de la  Torah  en su mano derecha, rodeado de un grupo de judíos que huyen en su sufrimiento. Durante la guerra empieza a pintar su famoso tríptico de  Resistencia, Resurrección y Liberación .  En el primero un judío con la  Torah  está de píe a la izquierda de la cruz, una mujer con un bebé extiende sus brazos al crucificado y Chagall cae boca abajo, junto al cuerpo de Jesús, como si él mismo fuera crucificado.

Después de la guerra, los judíos tienden a ver estas crucifixiones como un símbolo del sufrimiento judío, que no tiene carácter mesiánico alguno, hasta que el artista pinta la cruz detrás de la escalera de Jacob. En el catálogo de la exposición, Chagall le añade una cita de su amiga Raissa Maritain, convertida al catolicismo, que dice: “El Antiguo Testamento es precursor del Nuevo, y el Nuevo cumplimiento del Antiguo”.

Esto se hace aún más evidente en su representación del  Éxodo  de 1955. En este oscuro cuadro, se levanta la cruz en la esquina superior izquierda. En su famoso  Sacrificio de Isaac , Jesús está llevando la cruz, superpuesto en el fondo. El rojo que se derrama desde la cruz sobre la figura de Abraham, sugiere la idea de un sacrificio de sangre. Esa imagen de Isaac prefigurando a Cristo, aparece incluso en los tapices que hace para el Parlamento de la Knesset en Jerusalén.

 VARÓN DE DOLORES
 El registro de la Pasión no sólo ocupa gran parte de los evangelios. Está ya anunciada en el Antiguo Testamento. Jesús es presentado como el Varón de Dolores anunciado por  Isaías  53:3. Cristo conoció el sufrimiento antes, pero a partir de Getsemaní “se entristece y angustia en gran manera” ( Mateo  26:37), diciendo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (v. 38) . En contraste con la dulce calma y paz del aposento alto, Jesús está alarmado ante la horrible perspectiva de un tormento sin igual, que le sobrecoge.

La muerte de Jesús no tiene nada que ver con la forma en que Sócrates bebe la copa envenenada. Su actitud no es serena y calmada. Los héroes, además, que los judíos admiraban, como los macabeos, se enfrentan a la muerte con gesto desafiante, presentando sus miembros para ser amputados. Cristo sin embargo aparece agitado y en completa agonía ( Lucas  22:44), pidiendo al Padre si no hay forma de evitar su muerte (v. 42). ¿Por qué tantos “ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas” ( Hebreos  5:7)?

 La muerte de Cristo es diferente a cualquier otra, porque no sólo experimentó un dolor terrible –tres horas sofocado y desangrado–, sino que esa muerte física supuso una muerte espiritual . Lo que la Biblia llama la muerte eterna, la maldición de ser separado de Dios. Cuando clama a Él, gritando “¿por qué me has desamparado?” ( Mateo 27:46), muestra la agonía de la ruptura que se produjo en el propio corazón de Dios. Verdaderamente –como el Credo Apostólico dice–, sufrió los tormentos del infierno.

 REDENCIÓN Y SUFRIMIENTO
 Jesús entró en la oscuridad, para que nosotros no tengamos que pasar por ella. El dolor físico que todavía sentimos, no se puede comparar con la experiencia espiritual de abandono cósmico que Cristo sufrió. En la cruz padeció un dolor que excede el que nosotros podamos conocer y soportar. Es por eso que el cristianismo es la única fe sobre la faz de la tierra que proclama que Dios se hizo verdaderamente hombre, para experimentar de primera mano nuestra desesperación, soledad, rechazo, angustia y muerte .

¿Por qué Dios permite el sufrimiento? No tenemos la respuesta a esa pregunta, pero  miramos la cruz de Jesús y sabemos que por lo menos no es indiferente a nuestro dolor . Dios lleva así nuestra miseria. Es verdaderamente Emmanuel –Dios con nosotros–, incluso en la hora más oscura, pero por su resurrección sabemos que nuestro sufrimiento no es en vano. Su victoria frente a la muerte, no sólo nos trae consolación, sino el anuncio de la restauración de la vida.

 Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, donde ya no habrá muerte, llanto, clamor, ni dolor ( Apocalipsis  21:4) . Porque Dios mismo estará con nosotros, limpiando cada lágrima. Será la renovación de todas las cosas, cuando el Hijo del Hombre esté sentado en su trono de gloria ( Mateo  19:28). La Creación danzará entonces, como en los cuadros de Chagall.

Autores: José de Segovia Barrón

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Juan Stam

 

La teología de la gracia y la gracia de la teología:[1]  Desde hace muchos años me he sentido convencido, con cada vez más convicción, de que la teología evangélica, como teología de la sobreabundante gracia de Dios, debe sobreabundar también con gracia en su estilo teológico.  El paradigma cristológico para todo teólogo es el Verbo encarnado, que vino “lleno de gracia (incluso su aspecto estético) y de verdad (aspecto ético) de modo que en él “vimos la gloria de Dios” (Jn 1.14).  Más allá de la ley — o de nuestra seca teología sistemática –, Cristo trajo la gracia y la verdad de su Padre, “y de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (1.16s).

La gracia es más que un concepto abstracto teológico; implica amabilidad, belleza, encanto.  Según el profesor H.-H. Esser de Muenster, “los términos de la raíz griega jar indican lo que produce agrado” (Coenen 2:236).[2]  En griego clásico, muchas veces jarisera intercambiable con jara (gozo) y jairô (gozar), para referirse a lo que deleita en lo bello.  Se usaba de la hermosura de una mujer bella, como la esposa de Hefaisto, o de “las siete Gracias” que repartían la belleza, la elegancia y el encanto entre los seres humanos.[3]  A veces describía una manera hermosa y agradable de hablar, un lenguaje encantador (Lc 4.22; Col 4.6; Ef 4.29).

El teólogo contemporáneo que más ha reflexionado sobre la belleza de Dios, y por eso la de la teología, es Karl Barth, sobre todo en su exposición de la gloria de Dios (Church Dogmatics II/1 640-677).  Barth ve la belleza de Dios subordinada a su revelación, como “la figura y forma” de su auto-manifestación, “con la que nos ilumina y nos convence y nos persuade”[4]  En su revelación, “Dios es bello, divinamente bello, bello a su propia manera” (650).  “Dios actúa como aquel que da placer, crea deseo y la premia con el goce de lo deseado” (651).  Dios se revela así y actúa así, porque es así, porque es bello y deseable, lleno de goce (ibid).

Siglos antes de Karl Barth, San Agustín expresó esta verdad en un testimonio conmoveder, citado por Barth en su exposición:

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva (pulchritudo tam antiqua et tam nova), tarde te amé!  He aquí, tu estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba, y sobre esas hermosuras que tu creaste me arrojaba deforme.  Tu estabas conmigo y yo no estaba contigo.  Me tenían lejos de tí aquellas cosas, que, si no estuvieran en tí, no existirían.  Pero tu llamaste y clamaste y rompiste mi sordera.  Relampagueaste y resplandeciste y ahuyentaste mi ceguera.  Exhalaste fragancia, la respiré y anhelo por tí.  Gusté y ahora  tengo hambre y sed de tí.  Me tocaste, y encendí en deseos de tu paz.  (Confesiones 10:27).

Aquí encontramos la razón más profunda, fundamentada en la misma persona de Dios, para la estética del discurso teológico evangélico.  Como reflexión sobre la gracia y la gloria de Dios – y ojalá, reflejo de ellas –- la teología debe ser la más bella de todas las disciplinas intelectuales.  Tradicionalmente. se ha descrito como “la reina de las ciencias “,[5] pero casi siempre por la coherencia y la simetría de su sistema racional.  Con todo aprecio por el valor estético de una buena argumentación (cf. Anselmo, Cur Deus homo1.1), es un error ver “el sistema” como el fin y meta del teologizar o de quedar embelesado sólo por el brillo racionalista de esa forma tradicional de teologizar.  Más  bien y sobre todo, su belleza debe reflejar la hermosure de la gracia y la gloria del Dios sobre quien reflexiona y a quien adora.

La teología, sin perder su rigor intelectual, está llamada a ser un acto de adoración.  Desde el día de Pentecostés, los teólogos tenemos la tarea, con los carismas que el Espíritu reparte, de explicitar ante las naciones “las maravillas de Dios” (magnalia dei, Hch 2.11).  La teóloga también está llamada a adorar y servir a Dios “en la hermosura de la santidad” (Sal 29.2; 96.9; 110.3).  El anhelo, la tarea y el privilegio de los teólogos es el de “estar en la casa de Yahvéh…para contemplar la hermosura de Yahvéh, y para inquirir en su templo” (Sal 27.4).  La teología debe vivir en continua actitud de adoración.

 

La seriedad académica de la teología, su veracidad y su criticidad, no deben apagar el aspecto de asombro y maravilla en el teologizar.  Se ha afirmado, creo que con razón, que tanto la filosofía como la teología nacieron del asombro: la filosofía, con Tales de Mileto, ante el misterio del cielo y las estrellas; la teología, con la fe, ante el misterio de Dios y la salvación.  En cambio la modernidad, a partir de Descartes, suplantó ese punto de partida por otro, que era la duda.[6]  Aun si ese método cartesiano de la duda sistémica pueda tener mucho valor para otras disciplinas, para la teología es una trampa fatal.  La buena teología parte de la fe (Agustín, Anselmo), después sujeta sus conceptos a los fuegos del más riguroso examen crítico hasta forjar convicciones firmes, y termina de nuevo en asombro y adoración.

En último análisis, el teologizar auténtico nace del amor – un profundo amor a Dios, a Cristo, al prójimo, al evangelio, a las escrituras, a la iglesia, al reino de Dios y (en nuestro caso) a América Latina.  Teologizar es obedecer el mandato del Señor, de amar a Dios con toda la mente (Mt 22.37) y de “llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co 10.5).  El móvil supremo del teólogo sigue siendo el del gran teólogo misionero del primer siglo: “El amor de Cristo se ha apoderado de nosotros” (2 Co 5.14 DHH). Para adaptar la descripción que hizo San Agustín del filósofo, podemos afirmar que verus theologus amator Dei est.  El antiguo padre expresó con profunda emoción y transparente sinceridad su propia motivación teológica:

No es con conciencia dudosa, oh Señor, sino con certeza, que yo te amo.  Heriste mi corazón con tu palabra y te he amado.  Y de hecho, cielo y tierra, y todo lo que en ellos hay, por todas partes me están diciendo que te he de amar…Cuando amo a mi Dios, estoy amando una cierta luz, una cierta melodía, una cierta fragancia, un cierto manjar y un cierto abrazo – la luz y la melodía y la fragancia y el manjar y el abrazo en el alma, cuando en mi alma resplandece esa luz que no ocupa lugar, suena esa voz que no lo arrebata el tiempo; respiro esa fragancia que ningún viento puede esparcir; recibo ese manjar que no se consume comiéndose; reposo en el abrazo que nunca se disminuye por la saciedad.  Todo esto es lo que amo cuando amo a mi Dios.  (Confesiones, 10:6).

Todo teólogo es un amator Dei, un enamorado de Dios, y no tiene vergüenza de confesarlo sino realiza todo su quehacer teológico desde ese pozo profundo de amor.


[1]  Adaptado del artículo “Ética y estética del discurso teolóico” en Haciendo teología en América Latina pp. 23-46, donde ampliamos más el concepto.

[2]  La familia semántica de jar inlcuye jarisjarizomaijaritoôjarisma y el opuesto a todo eso, ajaris.  Cf. eujaristos con sentido de placentero, agradable.

[3] ) H.-H. Esser, “Gracia” en Diccionario teológico del Nuevo Testamento, Lothar Coenen et al, ed. (Salamanca: Sígueme, 1980), tomo II, p.237.

[4] ) Con subordinar la belleza de Dios a su revelación, Barth evita cuidadosamente cualquier “esteticismo” que pretendería divinizar la belleza o poner encima de Dios una norma de belleza a la cúal el correspondería para ser bello. Barth insiste en que la belleza de Dios no pertenece a su esencia divina sino a su revelación (652).

[5]  De todos modos, más que reina, la teología debe ser sierva, siendo a la  vez reina de belleza.

[6] ) Soeren Kierkegaard, entre otros, elaboró este análisis.

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JUAN  STAM

La belleza como componente esencial de la liturgia

(Algunos apuntes para una estética bíblica)

 

Para comenzar, una breve reflexión sobre la belleza de Dios:  Para nuestro tema, nada mejor que comenzar con las palabras del Salmo 27:4:

Solo una cosa he pedido al Señor,

solo una cosa deseo,

estar en el templo del Señor,

todos los días de mi vida

para adorarlo en su templo

y contemplar su hermosura (DHH)

Otras versiones ofrecen traducciones diferentes para los últimos renglones, que sirven para enriquecer el mensaje:

BJ: para gustar la dulzura del Yahvéh

y cuidar de su Templo

NVI: y recrearme en su templo

RVR: y para inquirir en su templo.

Según la manera hebrea de entender el conocimiento y la verdad, éstos no se alcanzan sólo por el puro raciocinio; bíblicamente, la verdad sólo se conoce por el amor, la voluntad y la maravilla. La filosofía griega también, desde Tales de Mileto, se inspiraba por una fuerte dosis de asombro ante el misterio del universo y de la vida. Desde Descartes y el Iluminismo, se han impuesto mayormente el “cógito” y la duda sistemática cartesiana en desprecio de esos otros elementos más existenciales, que eran fuertes en pensadores cristianos como San Agustín y San Anselmo;

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva (pulchritudo tam antiqua et tam nova), tarde te amé!  He aquí, tu estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba, y sobre esas hermosuras que tu creaste me arrojaba deforme.  Tu estabas conmigo y yo no estaba contigo.  Me tenían lejos de tí aquellas cosas, que, si no estuvieran en tí, no existirían.  Pero tu llamaste y clamaste y rompiste mi sordera.  Relampagueaste y resplandeciste y ahuyentaste mi ceguera.  Exhalaste fragancia, la respiré y anhelo por ti.  Gusté y ahora  tengo hambre y sed de ti.  Me tocaste, y encendí en deseos de tu paz.  (San Agustín, Confesiones 10:27).

Recuperar ese sentido de asombro y maravilla ante Dios nos libera del racionalismo árido y estéril que puede llevar al escepticismo. La adoración auténtica comienza en la casa de Yahvéh, contemplando la hermosura de su santidad, descubriendo ahí el sentido de nuestra existencia y comprometiéndonos para hacer su voluntad.

La belleza es un componente indispensable de la liturgia, porque es un elemento esencial de la adoración.

La creación y la liturgia

El primer capítulo de Génesis es un escrito litúrgico, con los paralelismos y las cadencias rítmicas que corresponden. Se cree que pertenecía al culto en el templo, a diferencia del segundo relato de la creación (Gén 2:4b-3:24), que hace pensar más bien en alguna familia reunida alrededor de la fogata, escuchando al abuelo contar las tradiciones del pueblo. Por su carácter litúrgico, Génesis 1 debe leerse con mucho sentido de admiración y maravilla; o sea, debe leerse litúrgicamente, como un culto en proceso.

Aunque nos pueda sorprender, la mayor parte, por mucho, de la teología de ambos testamentos es doxológica; es “contemplar la hermosura de Dios e inquirir en su templo”. En especial, el tema de la creación aparece mayormente en clave doxológica (ejj. Salmos 8 y 19). En el Nuevo Testamento, los primeros credos comenzaron como himnos (ej. Fil 2:5-11; 1 Tim 6:15-16). Una teología que no canta, no es buena teología. (Tampoco lo es una teología que no sabe reírse).

Hay cierta nota de alegría en los dos relatos de la creación, como si Dios estuviera disfrutando su trabajo creativo. En Génesis 1 vemos a Dios como un artista que está creando una gran obra de arte. Con la palabra “buena”, al completar la obra de cada día, Dios expresa la profunda satisfacción del artista que exclama, ´”¡Wow, qué super-bien que me salió esto!”

Génesis insiste muy enfáticamente en que la creación es buena.[1]  La frase se repite, rítmicamente, como conclusión dramática de cada día.  La creación humana (incluyendo la sexualidad) y la obra total es “muy buena” (1.31, ToB ToB).  Central a todo el mensaje de Génesis 1 es esta insistencia en lo bueno de la creación física; la materia y el mundo no son maldición sino bendición.  El Antiguo Testamento rechaza toda dicotomía entre espíritu y materia, entre alma (buena) y cuerpo (malo).

Como bien ha dicho el autor presbiteriano, Eugene Peterson, “la creación nos inmerge desde un principio en la materialidad”.[2]  Esa misma materialidad será clave para e mensaje bíblico de salvación — la encarnación (el Verbo fue hecho materia, sarx, Jn. 1.14); una muerte física para redimirnos “en su carne”[3]; resurrección del cuerpo de Cristo y los nuestros (Lc. 24.37-43).  Toda nuestra salvación conlleva una profunda dimensión material, fiel a la antigua afirmación de la creación como buena y el rechazo de la dicotomía entre espíritu y materia.

El sentido del adjetivo “bueno” no es solamente ético sino también estético (su creación es una obra artística bien lograda) y funcional (lo creado cumple eficazmente la intención divina).  Comunica además cierta nota lúdica: Dios se para a contemplar su obra y se siente contento; se goza en la excelencia de lo que ha hecho.[4]  El poeta negro, James Weldon Johnson, lo capta bellamente en su poema “Las Trompetas de Dios”:

Y Dios salió al espacio,

miró por todos lados y dijo,

“Me siento solo —

voy a hacerme un mundo…”

Entonces Dios sonrió

y la luz irrumpió,

y las tinieblas se amontonaron por un lado,

y la luz resplandecía por el otro lado,

y Dios dijo, “.!Qué bien que me salió!…”

Entonces Dios paseó

y miró por todos lados

sobre todo lo que había hecho;

Miró a su sol,

y miró a su luna,

y miró a todas sus estrellitas…

y Dios dijo, “Todavía me siento solo”.

Entonces Dios se sentó

sobre la ladera de un cerro donde podría pensar;

al lado de un río profundo se sentó;

con su cabeza en las manos,

Dios pensó y pensó,

hasta que pensó, “¡Me voy a crear a un hombre!…”

Y este gran Dios…

Como una madre doblada sobre su bebé,

Se arrodilló en el polvo

y trabajó formando un puño de barro

hasta tallarlo en su propia imagen;

entonces le sopló el soplo de su propia vida,

y Adán era un ser viviente.

¡AMEN, AMEN![5]

Esa nota de celebración y alegre adoración caracteriza muchos pasajes sobre la creación.  En esa nota gozosa nos damos cuenta cuán liberador fue el mensaje bíblico de la creación frente a las cosmovisiones mitológicas de la época.  Juan Driver destaca el contraste con otras culturas antiguas en las que el mundo es objeto de miedo y uno tiene que cumplir ritos para protegerse.  Según la Biblia, apunta Driver, la creación es buena para todos, hasta los animales; no es “buena para unos pero mala para otros”.[6]

Definitivamente: el Creador es un gran artista, y nos ha creado a su imagen y semejanza. Nos ha creado creadores para su gloria. La creación entera es una obra de arte y belleza que nos llama a la adoración.

Cuando el Dios Creador nos creó a su imagen y semejanza, nos creó para que nosotros también seamos creativos como él. En Génesis 2 Dios permite a Adán realizar la función de nombrar a las cosas, que en Génesis 1 es un aspecto importante del proceso creativo.

El Espíritu de Dios y la belleza

Una de las primeras referencias al Espíritu de Dios en el A.T. enfatiza su ministerio estética en la preparación del tabernáculo y todos sus accesorios:

El Señor habló con Moisés y le dijo:

Toma en cuenta que he escogido a Bezalel…

y lo he llenado del Espíritu de Dios,[7]

de sabiduría, inteligencia y capacidad creativa

para hacer trabajos artísticos en oro, plata y bronce,

para cortar y engastar piedras preciosas,

para hacer tallados en madera

y para realizar toda clase de artesanía.

Además he designado como su ayudante a Aholiab…

y he dotado de habilidad a todos los artesanos…

(Ex 31:1-6; cf. 35:30-36:2)

Entre las pericias mencionadas aparecen joyería, carpintería, ebanistería, escultura, sastrería[8] y hasta perfumería (31:11). Incluida va también la habilidad de enseñar estas artes a otros (35:34). En cuanto a la poesía y la música, David, el “dulce cantor de Israel”, confiesa que “el Espíritu de Dios habló por medio de mí; puso sus palabras en mi boca” (2 Sam 23:1-2).  El Espíritu de Dios realiza también una función política, otorgando a los dirigentes del pueblo sabiduría para gobernar (1R 3:9-12). Según el libro de Isaías, Dios dará su Espíritu al Mesías para gobernar con justicia (Isa 11:2-5) y para liberar a los pobres (Isa 61:1-3).

Sin embargo, los dones del Espíritu no se contraponen a los dones naturales de los seres humanos, sino que los activan y los orientan. Por eso, cuando Salomón va a construir el gran templo de Jerusalén, pide a Hiram rey de Tiro que le envíe “un experto para trabajar el oro y la plata, el bronce y el hierro, el carmesí, la escarlata y la púrpura, y que sepa hacer grabados, para que trabaje junto con los expertos que yo tengo en Judá” (1R 7:13-14; 2Cron 2:7,14; la lista se parece a las de Ex.31 y 36). Por eso, el templo de Salomón tiene características arquitectónicas prestadas de otras culturas. De manera parecida, la poesía y la música hebreas (ej. de David) se basaron en la cultura cananea de Ras Shamra. Israel, junto con su vigoroso monoteísmo teológico, en la época de los reyes practicaba también un sano sincretismo cultural y estético.

Dice Santiago 1:17 que “toda buena dádiva y todo don perfecto desciendo de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestiales”. Donde hay belleza es gracia de Dios, y debemos recibirla y vivirla eucarísticamente. La música de un Beethoven o un Toscanini, una Mercedes Soza o un Silvio Rodríguez, la pintura de un Picaso o un Guayasamín — son todas ellas regalos que Dios, la suprema belleza, ha querido compartir con sus criaturas.

El Cordero y el culto; el Apocalipsis y la liturgia

Juan de Patmos reporta que recibió su primera visión “en el día del Señor” (1:10); podemos entender que era domingo, y un domingo en que el pastor no pudo estar con la comunidad para celebrar juntos. A esa situación de soledad, nostalgia y tristeza, Dios responde primero con darle a Juan un encuentro personal con Jesucristo (1:10-3:22) y después la experiencia emocionante de un culto completo en el cielo, en la misma presencia de Dios, desde el Sanctus inicial hasta el Amén final (Ap 4-5). El libro está lleno de elementos litúrgicos: el Sanctus, el Amén, el maranata, el “digno eres”, aclamaciones, cánticos, silencios, genuflexiones y muchos más. Y todo eso descrito de una manera dramática, para que los y las lectores vivan todo y lo experimenten existencialmente.

Para vivir el Apocalipsis como experiencia propia, hay que leerlo con los cinco sentidos de percepción bien activados. Los ojos de la fe (la imaginación consagrada) tienen que ver, con todo su detalle, los cuadros que pintan las palabras del texto. El oído tiene que oír las trompetas y truenos y arpas y flautas — y los silencios —  que acompañan el drama. El olfato tiene que deleitarse con los inciensos y preocuparse por el olor a sufre. Al leer el impactante mensaje a Laodicea (3:14-22), nuestro sentido de tacto debe hacer doler los nudos de los dedos al estar tocando la puerta con Jesús (3:20 griego) y nuestro sentido de gusto debe reproducir primero el mal sabor del vómito (3:16) pero después las ganas de compartir con Jesús una rica cena (3:20).

Apocalipsis 4-5 nos plantea todo un modelo de culto que podría transformar la liturgia de nuestras iglesias hoy. Para resumir algunas enseñanzas:

(1) El culto se realiza en la presencia de Dios, alrededor de su trono. Dios es el centro, no nosotros. Ni los talentosos “artistas” ni los sentimientos piadosos de los “espectadores” deben ocupar el centro, sino Dios mismo, el encontrarnos de repente ante su presencia y su trono.(2) La presencia de Dios es un lugar de suprema belleza visual (joyas, arco iris, tronos, coronas de oro), auditiva (declamaciones y cánticos, arpas, un silencio) y aromática (incienso).

(3) Capítulo 4 se limita estrictamente a la esfera de la creación (arco iris, vivientes; 4:11; cf. 5:4); la salvación aparece sólo después de 5:5. La creación, y la adoración a Dios como Creador (y nuestro compromiso con la creación) deben estar muy presentes en nuestro culto.

(4) El culto debe tener buen contenido bíblico (4:8; 4:11; 5:5,9-10).

(5) El culto debe tener direccionalidad, progresión como crescendo hacia una meta (numéricamente, de 4 a 24 a 28 a millones a toda la realidad; temáticamente, de la creación en cap. a la salvación en cap 5)

(6) El culto debe involucrar todo el cuerpo: ojos, voz, manos, rodillas.

(7) El culto debe terminar con el Amén de nuestras vidas, de rodillas ante el Creador y el Cordero (5:14).

Nota final sobre la música: En 5:9, cuando aparece el Cordero, irrumpe la música por primera vez en el libro. En el capítulo 13, sobre la bestia, nadie canta y no hay nada de música, pero en seguida, en presencia del Cordero, todos cantan y tocan “arpas de Dios” (14:2-3; 15:2). En 17-18, delante de la ramera, nadie canta. Lo peor del destino final de la gran Babilonia es que queda sin música y artesanía, sin luz ni amor romántico (18:22-23). Es el silencio de la muerte final.

, la  belleza y la liturgia

/el Apoc /el silencio

El Apocalipsis y los sentidos de percepción

El Apocalipsis como culto (el domingo que no pudo asistir)

una teología de la estética Gn 1

una pneumatología de la estética tabernáculo/ si no, el talento bloquea la adoración

una cristología de la estética

Gracia y gratitud (eucaristía)

Belleza (Gloria) y asombro/maravilla

Silencio y respuesta

Desafío y Obediencia, no basta orar

Gálatas JC fue presentado (hecho presente) ante Uds

DOS TRAMPAS Y UNA META SANA la auténtica bendición UN MILAGRO (bARTH) TRANSFIGURACO

qué bien que lo hacen (profesionalismo; el arte por el arte),

o qué bien que me siento yo (egoismo) el sentimiento por el sentimiento

Sano: cuán grande es el! y acción Papá llorando

Gal 3.1 JC ha sido re-presentado, oîs kat’ ofthalmoùs Iesoôs Jristòs proegráfestauroménos


[1] Los siguientes párrafos son citados de mi libro, Las buenas nuevas de la creación.

[2]) Eugene Peterson (1988), p.170.

[3]) P. ej. Col. 1.22; Ef. 2.15; Ro. 8.3; I P. 3.18, 4.1.

[4]) Cf. Prov 8.30s; Ruiz de la Peña (1986), p.55; Anderson (1984), p.15.

[5]) Traducción personal del inglés.  El poema entero, de diez estrofas, es una encantadora visión afro-americana de la creación.  Katzanzakis, enZorba el Griego, da otra versión también lúdica: Después de crear a Adán, Dios no lo vio bien y le parecía un cerdo.  Pero luego Dios puso sus anteojos y dijo, “¡Qué bueno!”.

[6]) Driver (1991), p.15. Cf. Losada y de Angulo (1992), “El mundo como creación bondadosa de Dios para el ser humano”, pp. 19-22.

[7] Ya que el concepto del “Espíritu de Dios” estaba poco desarrollado en esa época, es siempre posible que RûaJ  AeLoHîM signifique algo así como “un señor viento, un poderoso viento”, dado por Dios a artesanos para efectos estéticos.

[8] Cf. 26:1, cada cortina “con dos querubines artísticamente bordados en ellas” (27:1)