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Política protestante (5)

Franco no fue el líder de un partido, sino el jefe de un Estado al servicio de la tradición católica

Francisco Franco
Francisco Franco bajo palio

Al presentar la política protestaste, tenemos un modelo muy útil en su antítesis: el franquismo.

Me voy a centrar en su primera etapa, y voy a usar los conceptos informados que aparecen en el libro ya recomendado de José Luis Villacañas (Historia del poder político en España, RBA, 2014). Por el espacio, solo una porción de la sección que le dedica, pero creo que será de provecho para todos. De eso se trata, de conocer lo mejor posible para actuar con responsabilidad. (También nos sirve para conocer mejor al papismo.)

Dejando atrás la propia guerra civil, con su imposible acercamiento contextual en nuestro presente, como el propio autor escribe, “es más sano mantener el sentimiento de piedad por todos aquellos ciudadanos“ que la sufrieron, y ponernos en la perspectiva política de la primera etapa de la victoria después de la guerra, la “negra posguerra” (hasta finales de la década de los 50). [Se distinguen tres épocas, con sus diferencias, pero con una “continuidad” que debe asumirse.]

Cito en extenso al profesor José Luis Villacañas. “Las fuerzas que llevaron al general Francisco Franco al poder desde el inicio tenían como aspiración la constitución de la nación católica existencial que se había movilizado en la guerra, de tal manera que hiciera imposible en el futuro una base popular para las dinámicas de la República… Las élites dirigentes del franquismo podían comprobar alborozadas hacia 1960 que sus expectativas constituyentes iban camino de realizarse. Por fin Franco, que desde la aparición en 1942 de la Doctrina del caudillaje de Francisco Javier Conde se había legitimado a través de la victoria militar, veinticinco años después podía legitimarse por el cuarto siglo de paz”.

“El proyecto de una dictadura soberana y constituyente de la sociedad era más antiguo que el régimen de Franco. Había sido elaborado, utilizando conceptos de Carl Schmitt, por el lúcido y apasionado Ramiro de Maeztu, y esto a partir de una pregunta: ¿qué había fallado en la dictadura de Primo de Rivera?…” En su opinión, “Primo de Rivera había disuelto la cohesión de las derechas y se había mostrado incapaz de fortalecer los dos principios de la nación española: el catolicismo y el sentido de la hispanidad. Sin ellos los intentos de José Calvo Sotelo de generar un capitalismo español eran inviables… Se hacía precisa una dictadura de largo plazo, sin cortapisas de otras instancias soberanas, y capaz de formar un capitalismo moderno que generara un pueblo de clases medias despolitizadas. Todo eso debía producirse antes de reconocer los derechos políticos e instituciones liberales”.

Lo que hacía intolerable el régimen republicano a los ojos… de los intelectuales organizados en torno al grupo fundador de la revista Acción Española era la convicción de que con él sería imposible construir un capitalismo español capaz de mantener una sociedad católica… La tragedia que percibieron los creadores de este proyecto fue descubrir que tampoco podían contar con los fervientes católicos vascos y catalanes, en la medida que antepusieron sus exigencias de autogobierno nacional a cualquier otra consideración objetiva…”

Estas “élites conservadoras de los primeros días de la República no habían decidido quién dirigiría esa dictadura soberana constituyente. Sus dos ideólogos fundamentales, José Calvo Sotelo y Ramiro de Maeztu, establecían únicamente sus dos bases ideales: la forma concreta de capitalismo de Estado y la forma cultural y católica de la hispanidad protegida por una monarquía tradicional… era casi seguro que este proyecto hiciera necesaria una guerra civil, cuya preparación asumió José María Gil Robles…” Lo que estaba sin definir, “quién iba a ser el portador de la soberanía… Tras una penosa guerra, ese portador sería el general victorioso.”

“Sin embargo, la causa misma por la que había luchado y vencido imponía los fines de su dictadura. Como dijeron al final de la guerra sus defensores, Franco tuvo que encarnar dos aspectos contradictorios del dictador constituyente. Por una parte, en tanto que soberano, no podía ver limitado su poder más que por su propia voluntad. Esto fue lo que dijo Dionisio Ridruejo. Pero, por otra parte, en tanto que caudillo, luchó por una causa tradicional que él no podía definir de su arbitrio, sino garantizar su continuidad. Esto es lo que dijo Francisco Javier Conde al definir a Franco como un caudillo carismático al servicio de la tradición, sin capacidad de innovación… La voluntad soberana del Caudillo no tenía límites para constituir el pueblo español, que era el de la tradición y ya estaba constituido. De ahí que su principal actividad fuera represora de todo aquello que no coincidiera con ese pueblo ya existente. Estas premisa permite describir toda su actuación como desconstrucción de lo que en la historia española era evolución y novedad, y que él consideraba como una mera superficie frente a lo esencial y eterno [Estado totalitario de los Reyes Católicos y su configuración imperial bajo Carlos V y Felipe II]…”

“Lo que permite identificar la aspiración del régimen en su primera época: crear algo parecido a lo que había sido el dispositivo inquisitorial. Ese dispositivo permitirá que el pueblo ya existente y constituido se defendiera de la impureza histórica acumulada. La aplicación pormenorizada de la delación, la desproporción entre indicios y penas, la extensión de la criminalización a familias y linajes enteros, la concentración de la persecución en campesinos y obreros, la exigencia de retractaciones humillantes, la invocación de sucesos antiguos para justificar el crimen, todo esto constituyó un dispositivo cercano al inquisitorial. Eso hace de esos largos años de posguerra del régimen de Franco algo tan odioso. Pero la imitación verdadera del dispositivo inquisitorial residió en que se quería conseguir un pueblo puro. Por eso fue lógico que, al igual que la Inquisición no permitiera huella superviviente alguna de los ajusticiados, el régimen franquista quisiera sepultar en el anonimato más radical a sus víctimas, perdidas en las cunetas. Y de la misma forma que, tras las miles de ejecuciones de judíos, España amaneció pobre pero dominada por el poder de los Reyes Católicos, así, tras la aplicación del nuevo dispositivo inquisitorial, España conoció décadas de pobreza y miedo, pero el régimen era sólido…” [La empobrecedora autarquía de esta primera época no casaba con “el proyecto originario de Calvo Sotelo y de Maeztu de crear un capitalismo católico hispánico”]

¿Quiénes son los beneficiados del retraso social por esta pobreza y miedo? “En primer lugar… los terratenientes, muy vinculados con la nobleza y con los militares de alta graduación, que veían sus tierras atendidas por unos jornaleros sumisos, no menos atemorizados que los obreros de la industria nacional y de las minas… en segundo lugar, las órdenes religiosas, las viejas capas auxiliares del dispositivo inquisitorial, a las que se les devolvió el monopolio de la educación… en tercer lugar, se benefició a las élites católicas que, como la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP), canalizaron las exigencias de la jerarquía episcopal que se instalaron en las estructuras de visibilidad cualitativa del régimen (prensa, como el periódico Ya; la agencia Logos; la Editorial Católica, etc.) y en la dirección de las instituciones universitarias privadas (el CEU, Comillas, de los jesuitas). Estas élites operaron en el aparato estatal y gubernamental, generaron el sistema educativo…”

“Gracias a ellos, la guerra civil fue elevada a `cruzada’, con lo que se garantizó la aspiración de lograr un pueblo tradicional. Las élites de la ACNP lograron el pleno funcionamiento de los poderes indirectos eclesiásticos sobre el franquismo, aquellos que para Maeztu eran garantía de todo gobierno `templado’. Un grupo de apenas seiscientos laicos procedentes de la burguesía, la mayoría juristas y letrados, garantizaban a la vez perfecta obediencia a la jerarquía eclesiástica y a Franco. Por ellos el Caudillo se mantuvo fiel al paradigma de gobernante católico y `la Iglesia fue servida como quería ser servida´; esto es, sin una implicación directa en el poder… El papel coactivo del Estado servía a la idea católica normativa. La doble sociedad perfecta, con esa garantía de cooperación recíproca de Estado e Iglesia, volvió a concentrarse en la España franquista. Así, el gobierno podía ser totalitario y al mismo tiempo respetuoso con `su origen (divino) y la doctrina de los fines con arreglo a la Iglesia’. En suma, la tradición verdadera era que de nuevo España `estaba al servicio de la Iglesia católica’… El Estado franquista era un medio instrumental para alcanzar los fines propios de una sociedad católica… Ese fin implicaba la `paz y la concordia de sus miembros’ y que `el Estado se ha de colocar al servicio de la sociedad, esta al del hombre, y este al de Dios’. Pero, como en el dispositivo inquisitorial tradicional, esto se refería únicamente al pueblo purificado… Como recordó Ibáñez Martín en 1944, no había diferencia en el servicio de Dios, de la Iglesia y de Franco…”

“…Pero todavía hay algo que formó parte del dispositivo inquisitorial… los familiares… Esta función fue la que cumplió la Falange con su estructura capilar a través de todo el territorio, su ideología totalitaria propia.”

“Ni Franco ni sus apoyos iniciales eran modernos. No quería crear ni un hombre nuevo ni una sociedad futurista. Él solo reclamó el carisma de ser un hombre tradicional y, por tanto, legitimado por quien concede el carisma: la Iglesia católica. Si aceptó el nombre de `caudillo’ fue porque recordaba los líderes castellanos previos al Estado, sostenidos por sus armas. No podía fundar un régimen totalitario con estas premisas y debía subordinar la construcción del nuevo pueblo y del nuevo Estado a los fines de la Iglesia. No fue el líder de un partido, sino el jefe de un Estado al servicio de la tradición católica…”

Seguimos, d. v., la semana próxima.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34662/El_franquismo_al_natural

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El estudio bíblico manuscrito (*)

A Paul (in memoriam), Marylin y Barbara Byer.

biblia

Es casi universal la suposición que la Biblia siempre ha tenido capítulos y versículos. Lo anterior es un error, porque a las Escrituras se le adicionaron las herramientas mencionadas muchos siglos después de haber sido cerrado el canon.

Porciones de la Palabra fueron fijadas primero en piedra, como en el caso de los Diez Mandamientos (Éxodo 31:18 y 32:15). Más tarde otras secciones quedaron escritas en rollos de papiro o pergamino (Jeremías 36:1-2). El manuscrito conocido más remoto que se conoce del Antiguo Testamento es de “la cautividad babilónica en el 586 a. C. Está escrito sobre piel y en forma de rollo.[1]

 

ELPAPIRO Y EL PERGAMINO

El papiro procedía de una planta del mismo nombre, que se producía en Egipto, particularmente en el valle del Nilo. El uso más importante del papiro en Egipto fue la de ser soporte de escritura. La fabricación de este soporte se realizaba cortando solamente el tallo, se introducía primero en agua, después se le quitaba la corteza verde y se cortaba en tiras de 25 mm de ancho. Las tiras obtenidas se extendían en una superficie plana y se mojaban con agua del Nilo, sobre esta capa se ponía otra en sentido transversal y uniéndolas mediante presión se dejaban secar al sol. Se obtenía así una hoja compacta que se aplanaba con un martillo, se pulía y alisaba con un instrumento de marfil, después se cortaba para obtener hojas de un mismo formato, entre 12 y 13 cm de largo y de 22 a 33 cm de alto, finalmente las hojas se envolvían con forma de rollo y algunos se comercializaban.[2]

Durante el tiempo que fueron escritas las distintas secciones del Nuevo Testamento continuaba en uso escribir sobre rollos de papiro o pergamino. Este material se obtenía tratando las pieles de animales como ovejas, cabras, terneras, corderos y otros.[3] El pergamino debe su nombre a Pérgamo, el lugar donde se producían pieles para usarse como materiales de escritura. El pergamino surgió como una alternativa al papiro porque según Plinio el Viejo, el rey Tolomeo de Egipto, queriendo mantener secreta la producción de papiros para favorecer a su propia biblioteca de Alejandría, prohibió su exportación, lo que obligó a su rival, Eumenes, soberano de Pérgamo, a encontrar un material nuevo para los libros de su biblioteca. Si Plinio estaba en lo cierto, el edicto de Tolomeo llevó a la invención del pergamino en Pérgamo en el siglo II a. C., aunque los primeros ejemplares de los que tenemos noticia datan de un siglo antes.[4]

Fue en el siglo III a. C. cuando el pergamino comenzó a ser preferido para fijar en él la escritura de libros y otros documentos. Entre los judíos se usaban pieles, aunque no necesariamente procedentes de Pérgamo, desde el siglo VI a. C. para fijar sus escritos. Mientras los griegos y romanos prefirieron el uso de papiros, los judíos optaron por los pergaminos, “los manuscritos hallados en las cuevas de Qumrán son aquí preciosos testigos, presentándose la gran mayoría de ellos en pergamino”.[5] Los “entre 850 y 900 manuscritos o fragmentos fueron encontrados [en 1947] cerca de un wadi (un vado de un río) llamado Qumrán, a unos 15 kilómetros al sur de Jericó […] diseminados en once cuevas. […] una cuarta parte está formada por textos bíblicos”.[6]

Uno de los rollos encontrados en Qumrán contenía el libro del profeta Isaías, ésta copia, consideraron los expertos fue hecha en el siglo 1 d. C., y midió 25.4 centímetros de alto por 7 metros y 30 centímetros de largo. Por esto quien realizó la copia debió usar un rollo casi del doble de largo de los usualmente vendidos por quienes trabajaban las pieles hasta dejarlas listas para escribir sobre ellas.[7]

Cuando Jesús leyó una porción del profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4:16-20), es altamente seguro que lo hizo en un rollo de pergamino. Las sinagogas tenían un funcionario que era el “responsable por el mantenimiento del edificio, los rollos, etc.”.[8] El custodio debía proteger los rollos de las Escrituras a él confiados, tanto por su valor religioso como por el económico, dado que era muy alto el precio a pagar para obtener una copia de algún libro de lo que llamamos Antiguo Testamento.

 

EL CÓDICE

Los rollos de pergamino fueron paulatinamente sustituidos por otro material, el cual resultó de mejores cualidades para escribir en él, manejarlo y transportarlo: el códice. Éste fue una innovación de origen romano: “Entre los latinos, la palabra designaba un conjunto de tablillas que un bramante unía entre sí”.[9]

El códice estaba compuesto por hojas de papiro o pergamino y de cubiertas, delantera y trasera, para proteger lo contenido entre ellas. Las cubiertas eran de un material más grueso que las hojas, por ejemplo de madera. No es posible fechar con certeza la elaboración de los primeros códices, sin embargo es factible hacerse una idea de sus comienzos por la referencia que hace “Séneca (muerto en el 65)” cuando menciona que “el nombre caudex se daba entre los antiguos a un ensamblaje de varias tablillas”.[10] Las tablillas unidas por cordeles, serían sustituidas por hojas dando origen al precursor de lo que conocemos como libro.

El uso del códice iba a extenderse a los dominios romanos. Cabe la probabilidad de que algunos escritos primitivos cristianos hayan sido fijados en formato códice, o en un antecedente del mismo. Si no fue así, sino que esos escritos circularon en rollos, de todas maneras es posible afirmar que Pablo, por ejemplo, conocía el nuevo soporte de escritura que comenzaba a sustituir los rollos de papiro o pergamino. A la libreta de pergamino se daba el nombre de “membranae en latín y después membranai en griego. Éste es precursor inmediato del verdadero códice. Sin duda desde Roma su uso se difundió muy rápidamente, en el siglo I, hasta el Próximo Oriente. Éstos son los ‘cuadernos de pergamino’, llamados precisamente membranai, que Pablo de Tarso pide a Timoteo que le lleve”.[11] La solicitud se localiza en 2 Timoteo 3:14.

En el segundo siglo los cristianos fueron los principales difusores del formato códice, lo usaron para dar a conocer tanto copias de secciones de lo que sería el Nuevo Testamento como cartas de los líderes de comunidades y/o discípulos de la primera y segunda generación cristiana. Los escritos cristianos más antiguos que se han descubierto por arqueólogos del siglo XX son ejemplares de códices de papiro.[12] La porción más antigua que se conserva del Nuevo Testamento es “el llamado papiro P52, data aproximadamente del año 125, y contiene unos pocos versículos del capítulo 18 del Evangelio de Juan”.[13]

Un dato es revelador de la preferencia cristiana por el códice en lugar del rollo: “De los restos de libros griegos que pueden ser fechados antes del tercer siglo [a. C.], más del 98 por ciento son rollos, mientras que de los libros cristianos sobrevivientes del mismo periodo casi todos son códices”.[14] Tal vez las abrumadoras evidencias arqueológicas del uso cristiano de los códices fue lo que ha llevado a que algunos concluyan, erróneamente, que el códice debe su invención a los cristianos. No ocurrió así, lo que los cristianos hicieron fue potenciar un formato ya existente y, por decirlo de alguna manera, lo hicieron universal.

 

LA IGLESIA PRIMITIVA

Las cartas de Pablo fueron escritas en papiro.[15] El costo de producir cada una de ellas incluía, además del papiro, la tinta y pago al secretario. Aunque es difícil hacer una estimación precisa del costo de cada escrito en precios actuales, si a cada componente necesario para producir una de las epístolas paulinas se le valora en el salario laboral diario de aquellos tiempos, y se hace la equivalencia con sus similar en nuestros días, el resultado es que, por ejemplo, el costo de la Carta a los Colosenses sería de 502 dólares (en moneda mexicana 6 mil 565 pesos).[16]

Entre los motivos para reunirse que tenían las comunidades cristianas, uno de ellos era escuchar la lectura que en voz alta hacía algún integrante de una sección de lo que vino a ser el Nuevo Testamento. El alto costo de los escritos hacía imposible que se poseyera individualmente una copia de los evangelios o epístolas neotestamentarias. Además, eran pocos quienes estaban capacitados para leer esos escritos. Al respecto un investigador estima que “no hay una respuesta definitiva acerca del nivel de alfabetización de los primeros cristianos, pero no debió ser muy diferente a la del resto de las sociedades en la Antigüedad: una minoría letrada, nunca superior a 10 por ciento”.[17]

El códice favorecido por los cristianos terminó por transformarse en el formato preferido por la sociedad en general, de tal manera que “para el año 400, el rollo clásico se había abandonado casi por completo y la mayoría de los libros se producían como hojas agrupadas en un formato rectangular”.[18] En cuanto a la materia prima usada en los códices, “a partir del siglo IV, y hasta la aparición del papel en Italia ocho siglos después, el pergamino fue el material preferido en toda Europa para fabricar libros”.[19] La elaboración del papel fue originaria de China. Se atribuye su confección “al director de los talleres imperiales, Ts’ ai Lun, [quien] al principio del siglo II d. de C. tuvo la idea de fabricar una especie de pasta  delgada sacada de la corteza de la morena, del cáñamo y de material de desecho de tela o seda”.[20] El uso del papel se generalizó en Europa durante el siglo XII.

 

INTRODUCCIÓN DE CAPÍTULOS Y VERSÍCULOS

En el siglo XIII los lectores y estudiosos de la Biblia tuvieron a su disposición una herramienta que facilitó la localización y cita de pasajes del volumen. Stephen Langton (1150/55-1228), arzobispo de Canterbury, introdujo los capítulos en las Escrituras, que, “con pequeñas modificaciones, se siguen usando [en la actualidad]”.[21]

Durante siglos la Biblia fue reproducida por copistas en largas jornadas de cuidadoso trabajo a mano. Fue así hasta la invención, o perfección como aducen algunos, de la imprenta de tipos móviles por Johannes Gutenberg “en algún momento de la década de 1440”.[22] A partir de entonces la producción de libros experimentó un cambio revolucionario.

El primer libro que salió de la imprenta de Gutenberg fue la Biblia, una edición de la Vulgata Latina traducida por San Jerónimo a fines del siglo IV d. C. Gutenberg inició el magno proyecto de imprimir las Escrituras en “1449 o 1450. La composición comenzó en 1552, y la impresión fue completada en 1456”.[23]

En 1516 es publicado por Erasmo de Rotterdam el Nuevo Testamento en griego. La lectura del mismo llevaría a Martín Lutero al descubrimiento de que “la justicia de Dios es un regalo para los pecadores”.[24] En el siglo XVI, con el movimiento iniciado por Lutero, la traducción de la Biblia a distintos idiomas tuvo un gran impulso por toda Europa.[25] El propio ex monje agustino se dio a la tarea de traducir el Nuevo Testamento al alemán, el que salió publicado en 1522, y toda la Biblia en 1534.

Desde el siglo XIII habían sido añadidos los capítulos a la Biblia, como quedó consignado antes. En 1551 el impresor Robert Estienne, conocido como Stephanus, publicó una nueva edición del Nuevo Testamento griego de Erasmo, e incorporó los versículos.[26] Dos años después salió de la imprenta de Stephanus la Biblia traducida al francés, “la primera en usar la división de capítulos y versículos”.[27]

Continuará

 

(*) Exposición presentada en el Centro de Estudios Anabautistas, en el programa Diplomado en Biblia y Ministerio Cristiano, 13 de septiembre de 2014.

[1] Donald L. Brake, A Visual History of the English Bible, Baker Books, Grand Rapids, 2008, p. 25.

[2] Del rollo al códice miniado, DGSCA-UNAM, 1997-1999, p. 5.

[3] Ibíd., p. 11.

[4] Alberto Manguel, Una historia de la lectura, Editorial Joaquín Mortiz, México, 2006, p. 141.

[5] André Paul, La Biblia y Occidente. De la biblioteca de Alejandría a la cultura europea, Editorial Verbo Divino, Navarra, España, 2008, p. 191.

[6] Edesio Sánchez Cetina, “Los rollos del Mar Muerto”, en Edesio Sánchez Cetina (editor), Descubre la Biblia II, Sociedades Bíblicas Unidas, Miami, 2006, p. 205.

[7] E. Randolph Richards, Paul and First-Century Letter Writting. Secretaries, Composition and Collection, InterVarsity Press, Downers Grove, Illinois, 2004, p. 51.

[8] Craig S. Keener, Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento, Editorial Mundo Hispano, El Paso, Texas, 2006, p. 195.

[9] André Paul, op. cit., p. 193.

[10] Ibíd.

[11] Ibíd., p. 194.

[12] Harry Y. Gamble, Books and Readers in the Early Church. A History of Early Christian Texts, Yale University Press, New Haven and London, 1995, p. 49.

[13] Néstor O. Míguez, “Arqueología del Nuevo Testamento”, en Edesio Sánchez Cetina (editor), op. cit., p. 194.

[14] Harry Y. Gamble, op. cit., p. 49.

[15] E. Randoph Richards, op. cit., p. 166.

[16] Ibíd., p. 169.

[17] Sergio Pérez Cortés, La travesía de la escritura. De la cultura oral a la cultura escrita, Taurus, México, 2006, p. 128.

[18] Alberto Manguel, op. cit., p. 141.

[19] Ibíd., p. 140.

[20] Del rollo al códice miniado, p. 12.

[21] F. L. Cross y E. A. Livingstone, The Oxford Dictionary of the Christian Church, Oxford University Press, New York, p.  950.

[22] Alberto Manguel, op. cit., p. 145.

[23] Alister McGrath, In the Beginning. The Story of the King James Bible and How It Changed a Nation, a Language and a Culture, Anchor Books, 2002, p. 15.

[24] Donald L. Brake, op. cit., p. 87.

[25] Carlos Martínez García, “La Biblia de Lutero”, La Jornada, 6/V/2009, disponible en:

[26] Donald L. Brake, op. cit., p. 33.

[27] Alister McGrath, op. cit., p. 118; F. L. Cross y E. A. Livingstone, op. cit., p. 1540.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34669/Leer_la_Biblia_como_la_iglesia_primitiva_1

Lutero en el cine

Publicado: noviembre 5, 2014 en Cine, Historia, Iglesia, Luteranismo

José de Segovia

Muchos creemos que la Reforma fue la obra de un gran Dios, no la historia de un gran hombre.

MARTES AUTOR José de Segovia 31 DE OCTUBRE DE 2014 13:30 h
LuteroLutero, en la versión protagonizada por Joseph Fiennes (2003).

La víspera del Día de Todos los Santos –hoy más conocida como Halloween, que no es ningún invento ocultista, sino una fiesta católica–, el 31 de octubre de 1517, un joven monje agustino clavaba un largo papel con noventa y cinco tesis, en la puerta de la iglesia de Wittenberg. La lucha de este hombre contra el poder religioso inicia una Reforma, que continúa hasta el día de hoy. El cine nos muestra su figura, a lo largo de los años, con distintos resultados, pero una misma fascinación.

Hans Kyser era un guionista alemán que trabajó con directores como Murnau o Pabst. Como escritor, tenía una particular inclinación por la adaptación de sucesos y personajes históricos. La única película que dirigió era Lutero (1928). El reformador aparece así en el cine mudo con una obra de cierto presupuesto y gran dirección artística. Los decorados, el vestuario y los efectos especiales son espectaculares. No así la dirección de actores, que en general tienden a la sobreactuación o a ser tan inexpresivos como una figura de cera. La atmósfera está bien lograda y es correcta técnicamente, pero el resultado es algo monótono. La copia que se puede ver actualmente tiene subtítulos y una voz americana de fondo, que comenta aspectos de la vida de Lutero, ¡así que ya no es cine mudo!

En la época sonora, Lutero es un personaje de una película alemana de 1939, que se conoce en inglés como El corazón inmortal. La hizo el director Veit Harlan con Bernhard Minetti en el papel del reformador, pero no será hasta 1953 que se hace realmente la mejor película sobre Lutero. Es una coproducción americana con Alemania, dirigida por Irving Pichel, que se rueda en el país del reformador con el actor irlandés Niall MacGinnis como protagonista. Los amantes del cine de terror recuerdan siempre a MacGinnis por su papel del ocultista Karswell, en el clásico de Jacques Tourneur, La noche del demonio (1957).En la edición que se ha hecho en DVD por el cincuenta aniversario, Robert Lee cuenta la historia completa del film.

UN CLÁSICO NOMINADO A LOS OSCAR

Irving Pichel era actor y director desde los años treinta. Había comenzado en el teatro, pero llega a California con el comienzo del sonoro, a finales de los años veinte. Había sido guionista para la Metro, pero pronto destacó en papeles como Fagin de Oliver Twist o el mayordomo de La hija de Drácula. Su primera película es un film de terror para la RKO, El malvado Zaroff, en 1932.

 

Debido a su asociación con varios sospechosos de comunismo durante los años cuarenta –como Abraham Polonsky–, en la revista The Hollywood Quarterly, es llamado a declarar por McCarthy en la caza de brujas. Se logra librar de la lista negra y puede así trabajar en todo tipo de películas, desde musicales (Dance Hall) a filmes de aventuras (O.S.S.), cine negro (Ellos no creen en mí), ciencia-ficción (Con destino a la luna) o adaptaciones de Steinbeck (Donde nacen los héroes). Es también el narrador de míticas películas de John Ford, como La legión Invencible o ¡Qué verde era mi valle!

Pichel hace la película de Martin Luterojusto después de rodar un western con Randolph Scott, Santa Fe. Fue la penúltima película antes de morir de un ataque al corazón el año siguiente. Pichel ya tenía experiencia en otros proyectos cristianos, puesto que había colaborado con el pastor episcopal Friedrich y sus Cathedral Films para escuelas dominicales, en dos grandes producciones que llegaron a los cines: El gran mandamiento (1939) y Día de triunfo (1954). Esta segunda fue de hecho la última que dirigió, para la que contó con actores de la talla de Lee J. Cobb y Joanne Dru.

 

Lutero tiene dos nominaciones para el Oscar por la excelente dirección artística de dos alemanes (Fritz Maurischat y Paul Makwitz) y la impresionante fotografía en blanco y negro del francés Joseph Brun. Es una buena película, que merece la pena revisar, en cierto sentido superior a la versión actual. Un auténtico clásico, que debería tener una mejor distribución en DVD, accesible a un público general.

El año 74, vuelve Lutero al cine, interpretado por Stacey Keach, veterano actor de televisión, conocido sobre todo por su papel protagonista en series tan populares como la del detective Mike Hammer en los años ochenta o Prison Break (donde interpreta el papel del alcaide). La obra de teatro de John Osborne nos muestra a un sorprendente Lutero, casado aquí con Judy Dench, que hace el papel de Catalina de Bora. La obra del autor de Mirando hacia atrás con ira, que llevó al escenario Albert Finney, resulta en la versión de Guy Green demasiado teatral. No hay nada del asombro y la alegría que despierta el redescubrimiento del Evangelio, tan poderosamente capturado en la última película que se ha hecho sobre Lutero.

EL JOVEN REFORMADOR

La película más fácil de encontrar ahora en DVD, es la última versión que se ha hecho en el cine sobre la vida de Lutero (2003). Muchos tienen así la oportunidad de ver esta producción de habla inglesa, en la que el reformador aparece ante el gran público con el atractivo de un joven asombrado por el poder liberador de la Palabra de Dios.

 

El protagonista de Shakespeare In Love, Joseph Fiennes, resalta su fragilidad con una humanidad lejos de la figura monstruosa que ha fabricado de él la leyenda negra. Por eso, quien piense que la Reforma no es más que cuestión de política y crea que Lutero no fue sino un mero instrumento de los príncipes alemanes contra los campesinos, no reconocerá al personaje que tiene delante en la pantalla. Ya que en esta historia hay más Evangelio que en toda La Pasión entera de Mel Gibson. Porque el tema de esta película es en realidad la gracia de Dios, que nos revela a un Padre amante y lleno de misericordia.

La película arranca con la ya mítica tormenta por la que Lutero decide hacerse monje en Erfurt en 1505, a pesar de la oposición de su padre. Es allí donde conoce al vicario general de los agustinos en Alemania, Staupitz, magistralmente interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, que tantas grandes películas hizo en el nuevo cine alemán con directores como Wim Wenders.

Su habitual papel contenido adquiere aquí un singular dramatismo en este interesante personaje, que ha venido a ser prototipo del catolicismo-romano más filo-protestante, siempre tan cerca, pero a la vez tan lejos de la Reforma. Para él, como para tantos católicos hoy, el problema del protestantismo es que no ve lo positivo que todavía hay en la Iglesia de Roma, aunque le recomienda a Lutero leer la Biblia cada día, mandándole a Wittenberg para estudiar.

La famosa visita de Lutero a Roma ha sido rodada en Italia misma por Eric Hill –director británico, afincado en América, que ha hecho hace poco una película sobre Bonhoeffer–. Se detiene allí en el inmenso circo, en que se ha convertido la religión papista. Esta experiencia deja a Lutero escandalizado ante semejante espectáculo de manipulación, superstición e inmoralidad por parte del clero.

Es esa pompa y lujo vaticano la que lleva a León X a hacer una venta masiva de indulgencias, que es mostrada en la película con todo detalle y exactitud histórica. Pero esta denuncia de la corrupción, lejos de verse como algo anacrónico, muestra una actualidad singular por su enfrentamiento contra toda tiranía y opresión espiritual. En ese sentido las noventa y cinco tesis de Lutero contra el comercio vaticano, no sólo inician un proceso de Reforma de la Iglesia el 31 de octubre de 1517, sino que siguen siendo una denuncia contra todo tipo de corrupción religiosa.

LA PALABRA LIBERADORA

 

El mensaje de Lutero va más allá que una mera declaración del valor de la libertad de conciencia. Pocas veces en el cine se ha visto un tratamiento tal de la Biblia como algo emancipador para el hombre. Cuando tantos identifican hoy el cristianismo bíblico con fundamentalismos e integrismos religiosos, basados en un fanatismo peligroso, Lutero nos presenta la Palabra de Dios como una realidad liberadora.

Ya que entender que la autoridad del Papa no está por encima de las Escrituras, ni que los Evangelios pueden ser negados por las palabras de los hombres, lleva a una fe que ya no está basada en el consuelo, sino en la verdad misma. Es por eso que Lutero se niega a arrodillarse ante la autoridad de Roma, que representa el cardenal Cayetano, porque su conciencia está ahora “cautiva de la Palabra de Dios”.

Es interesante también el papel que tiene la política en la Reforma. El apoyo del príncipe Federico el Sabio –interpretado aquí por un Peter Ustinov a punto ya de fallecer, pero lleno de una sabiduría e inteligencia que ya quisieran tener muchos actores jóvenes– hace posible la traducción de la Biblia. Es esta obra la que realmente produce la Reforma, pero también el redescubrimiento de la experiencia de gracia de Lutero.

Aunque ese apoyo de los príncipes en Augsburgo, con el que se cierra la película, se convierte en “el abrazo del oso” con la guerra contra los campesinos. Es ahí donde vemos las consecuencias prácticas de la visión de Lutero sobre los dos reinos, que divorcia en cierto sentido la realidad espiritual de la temporal.

GRACIA ASOMBROSA

Lutero es presentado aquí también como alguien entrañable por su relación con el personaje de una niña minusválida llamada Greta, que aparece a lo largo de toda la película. Es como la afirmación de Jesús de que el Reino pertenece a los niños.

Esa compasión de Dios por una criatura indefensa es la que resalta una y otra vez, como cuando entierra al enfermo mental que se ha suicidado en “campo santo”. Es en ese sentido que esta es una historia sobre la gracia de Dios, aunque no se mencione nunca la palabra. Tampoco se habla por cierto de justificación, pero no hay mejor explicación que la que da Lutero en su emotivo sermón, cuando predica entusiasmado por el pasillo de la iglesia de Wittenberg. Ya que una de las virtudes de esta obra es precisamente su lenguaje, capaz de hacer entender las ideas centrales de la Reforma de una forma clara y sencilla, perfectamente comprensible para cualquier espectador.

Ese amor activo es el que destaca al final de la película en el relato evangélico conocido como del hijo pródigo, cuando le explica a los niños que el Padre corre en busca de su hijo. Es la asombrosa gracia de Dios, que se muestra en un hombre como Lutero, con todas sus debilidades, capaz de confesar a su esposa Catalina que hay días que se siente tan deprimido, que ni siquiera se puede levantar de la cama. Es por eso que muchos creemos que la Reforma fue una obra de Dios. Ya que esta no es la historia de un gran hombre, sino de un gran Dios, que ama profundamente a criaturas tan miserables y atormentadas como aquel monje.

 

Artículo originalmente publicado en la sección mARTES, el 30 de octubre de 2012.

 

http://protestantedigital.com/blogs/375/Lutero_en_el_cine


BRISA FRESCA AUTOR Will Graham

LuteroImagen de la película ‘Lutero’ (2003) con Joseph Fiennes.

Esta semana nos encontramos en Alemania donde un joven predicador y teólogo agustiniano está causando un revuelo en su comunidad local. Se trata del doctor Martín Lutero (33) profesor de Teología bíblica en la Universidad de Wittenberg.

El nombre de Lutero ha estado en la boca de miles de alemanes desde que anunció que se opondrá públicamente a la venta de indulgencias este próximo 31 de octubre de 1517. Por esta misma razón, hemos viajado hasta aquí con el fin de hacerle una entrevista exclusiva para Protestante digital.

Will Graham (WG): Gracias por recibirnos con tanto cariño, doctor Lutero.

Martín Lutero (ML): Por favor, Martín. Somos hermanos en Cristo.

WG: Bueno, Martín, nuestros lectores en España están ansiosos por saber qué es lo que exactamente va a pasar día 31. ¿Qué tienes en mente?

ML: Todo se revelará, Will. Prefiero no hablar sobre mis planes todavía.

WG: ¿Pero nos puedes confirmar si te sigues oponiendo a la venta de indulgencias?

ML: Sí, en efecto, es así. Estoy cien por cien en contra de las indulgencias.

WG: ¿Por qué?

ML: ¿Por dónde empiezo? La indulgencia es una blasfemia abominable, hija de falsa doctrina. ¡Como si el perdón y el favor de Dios se pudiesen comprar! ¿Qué no venderán por amor al dinero? Dijo el apóstol: “Tu dinero perezca contigo porque has pensado comprar el don de Dios con dinero”. ¿Por qué el Papa no prefiere construir esa catedral de san Pedro con su propio dinero y no con el de los pobres cristianos? La verdad es que estoy muy desilusionado con una gran parte de mi Iglesia. Percibo que se están distanciando cada vez más de la sencillez del relato del Evangelio. Me pregunto todos los días: ¿dónde están los cristianos verdaderos?

WG: ¿Cómo definirías tú un ‘cristiano verdadero’?

ML: Un cristiano significa tener el Evangelio y creer en Cristo. Esta fe –y nada más que la fe- trae el perdón de los pecados y la gracia de Dios. ¡Nada, pues, de indulgencias! La fe viene sólo del Espíritu Santo que la crea sin nuestra intervención y colaboración. Es la obra propia de Dios. Esta fe tolera solamente que el Espíritu Santo la moldee y la forme como el alfarero hace una vasija de barro o arcilla.

Semejante cristiano verdadero cree en Cristo y confiesa que sólo por Él alcanzamos el perdón de los pecados, la vida eterna y la bienaventuranza por mera gracia y misericordia, sin ningún mérito o dignidad o indulgencia por nuestra parte.

WG: Si entiendo bien tu argumento, estás diciendo que las indulgencias usurpan el lugar que corresponde al Espíritu Santo en el Evangelio, ¿es así?, ¿o me equivoco?

ML: Exacto. Es tan necesario apartar la vista de los becerros de oro contemporáneos y mirar directamente al hombre llamado Cristo. Sólo podemos hacer esto en el poder del Espíritu. Por Jesús tenemos consuelo contra la muerte y el pecado. ¡No por las indulgencias!

Nuestro amado Salvador sufrió la muerte por nosotros y obtuvo la victoria para nuestra paz y protección y se sienta a la diestra de su Padre divino para defendernos. Cristo es todo suficiente. No hace falta manipulación humana. Mi mensaje es: ¡sólo Cristo!, ¡sólo fe en Él!

WG: Algunos te han criticado precisamente por esa misma razón. Dicen que por hacer tanto énfasis en la fe que te has olvidado de la razón. ¿Te parece una crítica apropiada, correcta?

ML: No. De ninguna forma. Tales personas no han entendido mi teología. Déjame explicarte la relación entre la fe y la razón a la luz de las Escrituras.

Antes de que un hombre nazca de nuevo, la razón frente a la fe y al conocimiento de Dios es mera oscuridad. No sabe ni entiende nada de cosas divinas. Sin embargo, un creyente renacido e iluminado por el Espíritu Santo es un excelente instrumento de Dios. Todos los dones de Dios e instrumentos y habilidades son perjudiciales en los impíos. En cambio, en los piadosos son saludables.

Entonces la razón favorece la fe. Sirve a la fe cuando antes la impedía. La razón iluminada por la fe recibe vida de ella, puesto que ha muerto y resucitado. A la luz del día, cuando hay claridad, nuestro cuerpo se levanta mejor, más seguro y más hábil y se mueve, anda y obra mejor que en la noche, en la oscuridad. Así también nuestra razón tiene otro modo de ser. Ya no lucha ni lidia contra la fe como anteriormente, cuando no estaba iluminado, sino ayuda más bien a la fe y la sirve.

WG: Gracias por esta explicación tan espléndida. Así que no es pecado pensar. ¡Aleluya! ¿Y podrías aclararnos la relación entre la fe y las obras también?

ML: Con mucho gusto. Por la fe recibimos un nuevo corazón puro. Las buenas obras son una consecuencia de nuestra regeneración y del perdón de los pecados. Y lo que de pecado o defecto en las obras haya, no será contado como tal, precisamente por amor de Cristo; antes al contrario, tanto la persona como las obras del hombre serán consideradas justas y santas por la gracia y la misericordia de Dios en Cristo, gracia y misericordia que han sido abundantemente derramadas sobre nosotros.

De aquí se desprende la imposibilidad de poder preciarnos de nuestras obras y sus méritos, a no ser que Dios las considere bajo su gracia y misericordia; como está escrito: “El que se gloría, gloríese en el Señor”.

WG: Es decir, ¿la fe siempre produce buenas obras?

ML: Efectivamente.

WG: ¿Y por qué piensas que tantas personas procuran ser salvas por sus obras?

ML: Porque eso es lo que sucede cuando hay duda. No confían en el Evangelio de Dios. Las personas que andan así son como un siervo, harto desesperado que muchas veces se vuelve loco. Quién no está de acuerdo con el Evangelio en su corazón, empieza a buscar y a preocuparse cómo poder satisfacer a Dios y conmoverle con muchas obras. Peregrina a Santiago, a Roma, a Jerusalén, para acá y para allá; reza las oraciones; esto y aquello; ayuna en ese día y en aquél. No obstante, no halla tranquilidad, y realiza todo eso con gran pesadumbre, desesperación y aflicción del corazón.

De todos modos, ésas no son buenas obras. Todas ellas son vanas. No glorifican al Dios del Evangelio porque surgen de la duda y no de la fe.

WG: Y, si me permites hacerte una pregunta personal, ¿por qué obedeces tú a Dios?

ML: Pues, le obedezco porque tengo fe. Ahora todo lo hago con el corazón alegre, apacible y seguro. Me siento libre. Es para mí un placer el agradar a Dios de esta manera y sirvo a Dios sinceramente y sin interés alguno. Me basta con que a Dios le agrade.

Podemos verlo en un común ejemplo humano. Cuando un hombre o una mujer confían en el amor y la complacencia del otro y confían firmemente, ¿quién les enseña cómo comportarse, qué se debe hacer, dejar de hacer, callar o pensar? La sola confianza les enseña todo esto y más de lo que hace falta.

WG: Preciosa analogía. Tenemos que ir terminando, hermano, porque sabemos que eres un hombre muy ocupado y tienes que dar clase esta tarde. Un par de preguntas finales. La primera sería si estás preocupado por las consecuencias que conllevarían tu oposición pública hacia las indulgencias.

ML: ¿Preocupado? Estoy más preocupado por ofender a mi Dios. Mi conciencia está ligada a su Palabra. Sé que el Señor me protegerá porque estoy defendiendo su causa, su verdad. Ahora bien, si alguien me convence de la falsedad, estaré pronto y dispuesto a retractarme de todo error. Seré el primero en denunciar mi doctrina. Así que salvo el caso de que me venzan y me refuten con testimonios de las Sagradas Escrituras o con argumentos públicos, claros y evidentes, no cambiaré mi postura tocante a las indulgencias.

WG: Finalmente, hermano Martín, ¿hay algo que te gustaría decir a los creyentes de España?

ML: Pues, qué estén firmes en la fe, entendiendo que todo verdadero cristiano participa de todos los bienes espirituales de Jesucristo y de la Iglesia por la gracia de de Dios y sin bulas de indulgencia. Qué no pierdan su temor a Dios y qué confíen en Él sobre todas las cosas.

WG: Muchas gracias por tu tiempo. Estaremos todos atentos esperando las noticias del próximo 31 de octubre. Muchas bendiciones de parte de tus hermanos en Cristo de la península ibérica.

ML: Amén, gracias. A Dios sea la gloria.

 

 

* Las citas de Lutero están sacadas del libro Martín Lutero: Antología (Editoral Pleroma: Barcelona, 1983).

 

http://protestantedigital.com/magacin/34261/Entrevista_exclusiva_con_Lutero

¿San Pedro fue el primer Papa?

Publicado: julio 14, 2013 en Historia, Iglesia

Mario Escobar Golderos

Historia e historias de los Papas (1)

 

¿San Pedro fue el primer Papa?

 

 La Iglesia Católica en su defensa del papado como institución divina argumenta fundamentalmente el texto de Mateo 16: 13-20.

 

  Hace no mucho tiempo el actual papa de Roma, Benedicto XVI, sorprendía al mundo por su abdicación o renuncia. No es muy común que un Papa deje su cargo en vida, aunque tampoco es el único caso. En unas semanas estaremos hablando de los papas, su historia y contradicciones.

Espero que disfruten de esté viaje al corazón de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

El título de papa ha sido discutido a lo largo de la historia. El obispo de Roma, que era como se conocía al papa en los primeros siglos de la Cristiandad, ha sufrido una evolución en estos casi dos mil años de historia hasta convertirse en lo que es hoy. De un sencillo obispo o pastor de los fieles de Roma a un representante del cristianismo en la parte occidental del Imperio Romano, para convertirse más tarde en representante de Dios en la Tierra, infalible en doctrina y uno de los hombres más poderosos del planeta. La pregunta es: ¿Realmente Cristo dejó a un representante suyo en la Tierra? ¿Es el papado una apropiación indebida de la Iglesia Católica?

Cuando Cristo se apareció a sus discípulos tras la resurrección y les ordenó la Gran Comisión de hacer discípulos por toda la tierra, tuvo un trato especial con el apóstol Pedro, que siempre había destacado como uno de los líderes del grupo.

La Iglesia Católica en su defensa del papado como institución divina argumenta fundamentalmente el texto de Mateo 16: 13-20en el que Jesús hace toda una declaración sobre Pedro, que ha reconocido que era el Cristo. El texto dice lo siguiente:

 13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
 15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
 17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
 18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro,[a] y sobre esta roca[b] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
 20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

Jesús había cambiado con anterioridad el nombre de Simón de su discípulo por Pedro que quiere decir textualmente piedra. ¿Estaba reconociendo Jesús a Pedro como su máximo representante en la tierra?

Naturalmente, una lectura apresurada nos hace ver que Jesús se está refiriendo a Pedro como una especie de sustituto, pero cuando hacemos una lectura más detallada vemos algo muy distinto.

Jesús se había anunciado en varios momentos como la roca. El autor de la Epístola a los Romanos habla de Cristo como la roca de Sion [1] . El apóstol Pablo, en su primera epístola a los Corintios capítulo 10 y vero 4 dice textualmente: ”y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”.

Pero el mismo apóstol Pedro reconoce a Cristo como la Roca en su epístola: “ Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, m porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados[2] ”.

Por otro lado tanto el libro de Los Hechos de los Apóstoles, como todo el Nuevo Testamento nos habla de un gobierno colegiado apostólico, sin caer en una monarquía dirigida por el apóstol Pedro.

Entonces, ¿cómo tenemos que interpretar el texto de Mateo?

Cuando Pedro reconoce que Jesús es el Cristo, está reconociendo que es el Mesías enviado por Dios para salvar al hombre. Entonces Jesús hace un juego de palabras, diciendo como tú eres Pedro, sobre esta piedra o declaración que has hecho edificaré mi iglesia. ¿Sobre qué declaración? La de que Jesús es el Cristo esperado.

Aún puede surgir una duda, ¿por qué le da a Pedro las llaves?

En primer lugar Jesús vuelve a referirse a la verdad que dice Pedro más que a su persona. En el evangelio de Lucas capítulo 11 y versículos 52 dice a los escribas y fariseos:

 “!!Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis”.

El apóstol Pedro había encontrado la llave interpretativa de las Sagradas Escrituras al ver en Cristo el cumplimiento de las promesas, por eso él tenía las llaves y con su mensaje podía condenar o salvar al mundo al proclamarlo, ya que el que lo aceptaba era salvo, pero el que no lo aceptaba era condenado.

El hecho de atar y desatar cosas en el Cielo y en la Tierra es el resultado de la predicación de esa verdad de que Jesús es nuestro salvador, por eso el mismo Cristo incluirá en ella a todos los creyentes al decir en Mateo 18:18:

 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” .

En la profecía de Isaías 22:22 vemos como el profeta habla del poder de Cristo para abrir y cerrar: “ Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá”.  Aunque algunos católicos han interpretado este texto referido a Pedro y sus sucesores en Apocalipsis 1:18, vemos que únicamente uno puede abrir las puertas de los cielos y el Hades: “ y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”.

Para concluir. ¿Es pues el papa el vicario de Cristo? ¿Necesitamos un intermediario para que Dios nos hable? La Biblia nos dice que el único abogado que tenemos para con el Padre es Cristo, que Él intercede por nosotros y que Él nos defiende de las acusaciones del Diablo.

Según la Biblia todos somos reyes y sacerdotes, no hace falta una casta sacerdotal que haga ciertos ritos, porque el Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec, que es anterior al pacto de Abraham, es Cristo, convirtiéndose también en sacrificio vicario, una vez y para siempre [3] .

En las próximas semanas veremos la historia de los papas y su evolución hasta la actualidad.


   [1]  Romanos 9:33
   [2]  1ª Pedro 2:8.
   [3]  Leer el libro de Hebreos.

 

Autores: Mario Escobar Golderos

 

©Protestante Digital 2013

 

 


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (49)

49855_N_09-03-12-22-22-06La Reforma tenía razón y la iglesia católica se ha visto obligada a reconocerlo desdiciéndose de sus posiciones de hace 5 siglos.
Al fin y a la postre, la Reforma protestante implicó una ruptura:

– Que ha permanecido, lo que la diferencia de otros movimientos a lo largo de la Historia del cristianismo que se extinguieron con el paso del tiempo. A la Reforma no se le puede aplicar de manera negativa el argumento de Gamaliel que indicaba que aquello que no es de Dios se extingue (Hechos 5, 34-42). A decir verdad, no ha dejado de extender su área de influencia por un solo día en casi cinco siglos pese a chocar con un poder católico que, históricamente, no se refrenó a la hora de utilizar contra ella la hoguera y la prisión.

– Que no se puede explicar como hicieron apologistas católicos como Denifle o Grissar aludiendo a la mala fe de Lutero o a su supuesta insania mental o a sus graves pecados.

Todos esos argumentos han quedado desmentidos por católicos como J. Lortz o D. Olivier que han reconocido, entre otros extremos, la ruptura de la unidad eclesial, la grave crisis espiritual de la iglesia católica, la falta de respuesta a los argumentos de Lutero e incluso la inferioridad moral y teológica de los adversarios del agustino. Como muy bien ha indicado Lortz, ni el Eck corrupto, ni el Aleandro que no se dedicaba a la oración, ni los obispos despreocupados, ni el papa León X ocupado en una cacería mientras firmaba la bula de excomunión del fraile estuvieron a la altura de las circunstancias.

Humanamente, pudieron acabar con Lutero en diversas ocasiones, pero las consideraciones de carácter político –como el deseo del papa León X de impedir que Carlos I de España se convirtiera en emperador– impidieron adoptar esas medidas.

Si, en no escasa medida, Lutero no fue neutralizado se debió al hecho de que él era un hombre de fe que tomaba sus decisiones con la valentía que sólo deriva de la confianza total en Cristo y en el poder del Evangelio, mientras que las consideraciones de sus adversarios –que contaban con el respaldo de los dos grandes poderes de la época– pensaban en otra clave no precisamente evangélica.

No debería sorprender que ese resultado haya sido contemplado siempre desde el lado reformado como una demostración innegable de la acción de la Providencia que preservó a los que anteponían a Cristo y Su Evangelio a cualquier otra meta ni tampoco que inspirara una clara convicción de superioridad ética y teológica.

– Que fue positiva para el protestantismo–que siempre la vio como un acto de la Providencia- ya que permitió iniciar la Reforma por la que venía gimiendo la Cristiandad occidental desde hacía siglos. Y…

– Que cambió la Historia de formas notablemente positivascomo es el hecho de que ese pensamiento reformado inspiró, como han indicado entre otros Whitehead o Kuhn, la revolución científica, el desarrollo económico y el nacimiento de la democracia moderna.

La razón espiritual de la Reforma queda afirmada, por añadidura, por el hecho de que la misma iglesia católica, con cerca de medio milenio de retraso si se quiere, pero, de manera innegable, ha terminado por aceptar algunas de las tesis sustentadas por Lutero incorporándolas como propias a pesar de que, en el pasado, pudiera haberlas condenado como heréticas.

Por citar un ejemplo llamativo, ¿qué católico –no digamos ya que pontífice u obispo– sostendría hoy que quemar herejes es una obra impulsada por el Espíritu Santo y que negarlo merece la excomunión como afirmó el papa León X en la bula de excomunión de Lutero? Sólo un desequilibrado o un ignorante podría mantener semejante posición y más después de la declaración oficial de Juan Pablo II, con todos los límites que se quiera, pidiendo perdón por los pecados cometidos por la iglesia católica.

No se trata además de la única de las reivindicaciones reformadas que también han sido asimiladas en el seno de la iglesia católica. La celebración de los cultos en lengua vernácula y no en latín; el libre acceso de los laicos a las Escrituras (aunque en el catolicismo persista la obligación de que sean traducciones comentadas), el arrinconamiento de la Vulgata latina en favor de traducciones de la Biblia realizadas a partir de las lenguas originales o la desaparición del poder temporal del papa, por más que, inicialmente, se viviera como una imposición traumática son realidades actuales cuya negación llamaría la atención de la inmensa mayoría de los católicos salvo algunos fanáticos irreductibles. Sin embargo, todas esas propuestas resultaban intolerables para la jerarquía de inicios del s. XVI y no se aceptaron hasta el Vaticano II.

No sólo eso. El acercamiento no de la jerarquía, pero sí de los teólogos y los escrituristas católicos a las posiciones reformadas sobre temas como la justificación por la fe sola resulta verdaderamente espectacular. Una vez más, autores como Denifle, en ciertos momentos paradigmáticamente católicos, han quedado ubicados en el altillo de los objetos inútiles y se han visto sustituidos por predicaciones como las del confesor del papa actual Benedicto XVI o por documentos como la Declaración conjunta luterano-católica sobre la justificación por la fe. Este documento en concreto asume de tal manera posiciones protestantes en lo que a la justificación por la fe se refiere que las preguntas que asaltan al lector que conoce el tema es, primero, cómo los teólogos católicos pueden después encajar en semejante esquema cuestiones como el sistema sacramental católico y, segundo, cómo lo contemplarán no pocos protestantes que no tienen un punto de vista tan radical en lo relativo a la acción de la gracia. Partiendo de esa base, hay que preguntarse si la tesis del Hans Küng consultor del Vaticano II señalando que había que darle inicio reconociendo que Lutero tenía razón y a partir de ahí esperando que Dios actuara no reflejaba más que mero voluntarismo una realidad innegable y hasta qué punto no estaba totalmente justificada la pregunta que se formulaban no pocos teólogos católicos: “¿Cuánto tiempo tendremos que esperar aún para admitir reformas que Martín Lutero planteó con toda razón hace ya cuatrocientos años?” [1] .

La Reforma tenía razón y, se diga lo que se diga, hasta la iglesia católica se ha visto obligada a reconocerlo en una parte desdiciéndose de sus posiciones de hace cinco siglos.

Sin embargo, todos estos hechos no deberían llevarnos a pasar por alto un principio reformado tan esencial como el de “Ecclesia reformata semper reformanda” (la iglesia reformada siempre tiene que ser reformada).La Reforma es necesaria a día de hoy y sobre los mismos parámetros que tuvo durante el siglo XVI. A esa cuestión, dedicaremos las próximas entregas.

 Continuará: Sola Scriptura


   [1]  H. Küng, Libertad conquistada, Madrid, 2003, p. 377.

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2013

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Carlos Martínez García

¿Retirarle la excomunión a Lutero?

Para Ángela Trejo y Moisés Pérez, hijos de Lutero en México

14 DE ENERO DE 2013

Algunos protestantes en Alemania pretenden que Roma le retire la excomunión a Martín Lutero. La pena data de 1520, y los promotores de que sea levantada la sanción tienen como meta que la medida tomada por León X contra el reformador sea quitada a más tardar en el 2017, cuando se cumplen quinientos años del inicio de la Reforma protestante.
Mediante Protestante Digital  nos enteramos que Margot Kässmann fue nombrada por la Iglesia Evangélica Alemana “embajadora de Lutero” en abril del año pasado. Entre sus responsabilidades está organizar distintos eventos preparatorios al quinto centenario de la gesta iniciada por Lutero a partir de que dio a conocer sus 95 Tesis  el 31 de octubre de 1517, para concluir dentro de cuatro años con un Jubileo conmemorativo que recuerde y celebre la lid del ex monje agustino.
Leo en la nota informativa que “ Para Margot Kässmann ha llegado el momento de eliminar esta arista entre católicos y protestantes y que se produzca un ‘gesto de buena voluntad’ . Que ya vayan a ser cinco los siglos que dura la excomunión de Lutero no es en sí mismo un obstáculo para Kässmann ya que tampoco ‘en 1984, nadie previó la caída del Muro de Berlín’ y ocurrió”. Parece que ella, quien ha sido obispa de la Iglesia Evangélica Alemana, se hace eco de lo deseado por un sector de protestantes luteranos germanos. La suya no es una iniciativa personal, sino expresión compartida por un buen número de sus correligionarios.
Tal vez a la iniciativa nazca de una profunda convicción de que algo se lograría si Roma le retira la excomunión a Lutero. Tengo preguntas al respecto: ¿en qué consistiría ese logro? ¿Hay disposición en el Papa Benedicto XVI, por cierto alemán al igual que el excomulgado, en retractarse de la sanción impuesta?
Benedicto XVI, tal y como hizo su predecesor Juan Pablo II, sigue una línea preconciliar. Los dos papas han ido en sentido contrario al Vaticano II. Ambos reforzaron el verticalismo romano. El anterior Papa, y el presente, tienen como denominador común pugnar por la reconcentración del poder en manos del que llaman el Sumo Pontífice, el obispo de Roma. No veo cómo quien hoy ocupa el trono que detentó en el siglo dieciséis León X se atreva a revertir la expulsión de Lutero.
Para responder qué se lograría en el hipotético caso de que la excomunión fuese levantada, debo hacer antes una evocación histórica .
Es necesario recordar que tras varios intentos de emisarios papales por obtener la retractación de Martín Lutero sobre sus abiertas críticas a la Iglesia católica romana, en junio de 1520 el Papa León X promulga la bula Exsurge Domine  (Levántate Señor), en la que se otorgan máximo sesenta días para que el teólogo germano reconozca sus herejías y se someta a Roma.
La bula iniciaba con palabras contundentes: “¡Levántate, oh Señor, y juzga tu causa! Un jabalí salvaje ha invadido tu viña. ¡Levántate, oh Pedro, y observa la situación de la Santa Iglesia Romana, madre de todas las iglesias consagradas con tu sangre! ¡Levántate, Pablo, que con tu enseñanza y tu muerte iluminaste e iluminas a la Iglesia!” Agrega que no se puede “tolerar más que la serpiente se arrastre por el campo del Señor” (Roland H. Bainton, Lutero , Editorial Hermes, México, 1978, p. 159).
Lutero en lugar de retractarse profundiza su desacuerdo con las enseñanzas doctrinales católico romanas . En agosto de 1520 publica Discurso a la nobleza de la nación alemana , en octubre La cautividad babilónica de la Iglesia , y en noviembre La libertad del cristiano . Estos tres escritos circulan en México editados por la Secretaría de Educación Pública, en la colección Cien del Mundo. La tríada está conformada por textos fundamentales para comprender la creciente distancia entre el teólogo alemán y el papado romano.
En noviembre del mismo año Lutero responde a las pretensiones de León X a través de un tratado titulado Contra la execrable bula del Anticristo , en la que señala que “[El apóstol] Pedro dice que debemos dar cuenta de la fe que está en nosotros, pero esta bula me condena autocráticamente sin ninguna prueba de las Escrituras, mientras que yo documento todos mis postulados con la Biblia” (Bainton, op. cit ., p. 176).
El disidente germano quema la bula de León X el 10 de diciembre . En los primeros días de enero del siguiente año el Papa expide otra bula, llamada Decet Romanum Pontificem , en la que valida la pena de excomunión contra Martín Lutero.
Quedaría por delante el último intento de los poderes políticos religiosos de entonces, personificados en el emperador Carlos V y los representantes del Papa, ante quienes en la Dieta de Worms (abril de 1521) Martín Lutero reafirmó sus convicciones bíblicas. No hubo vuelta atrás, la ruptura estaba consumada.
Como no existe la historia en if  (si condicional), me parece un ejercicio improductivo especular sobre qué pensaría Martín Lutero acerca de que algunos descendientes teológicos suyos tengan interés en que el Papa le retire la pena de excomunión . En alguna parte leí que todos tenemos derecho a nuestras interpretaciones (aunque no todas sean igualmente válidas), pero no tenemos derecho a crear nuestros propios hechos. No podemos, ni debemos, modificar los datos duros y comprobables para ponerlos en sintonía con nuestras preferencias políticas, teológicas o éticas.
Lutero mismo dejó plena constancia del concepto en que tenía la bula de excomunión: “Por mi parte, la suerte está echada. Estoy por encima tanto de las amenazas como de los favores de Roma. Ya no es posible la reconciliación. Nunca más seré de ellos. Que condenen mis libros, que los quemen. Yo condenaré y arrojaré al fuego su derecho canónico, que no es más que un tejido de herejías. Basta de esta humildad que nunca ha servido para arreglar nada. Basta de alentar a los enemigos del Evangelio en su orgullo y suficiencia. Eligen la violencia para esconder su ignorancia y su conciencia culpable”  (César Vidal, El caso Lutero , EDAF, Madrid, 2008, p. 228).
Solicitar que pierda su vigencia la pena de excomunión es reconocerle autoridad al Papa en asuntos de fe y doctrina. Autoridad que Martín Lutero sin ambages desconoció. Yo prefiero a Lutero excomulgado.

Autores:Carlos Martínez García

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