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Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXVII)
“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Mateo 5:5.

 

¿Te da miedo ser manso?Es verdad que este concepto “manso” no tiene por qué ser aplicado de una manera directa a los pobres de la tierra. Creo, sin embargo, que hay más mansedumbre entre los pobres que entre los ricos y poderosos del mundo, aunque,  en este artículo, el concepto “manso” lo quiero aplicar, de forma especial, a todos aquellos que, en vez de preocuparse de acumular, de aumentar sus cuentas corrientes, del poder y del lujo, se preocupan, como buenos samaritanos, de aquellos que se quedan tirados y apaleados al lado del camino.

¿Por qué quiero hacer esta aplicación? Porque el concepto “manso”, siendo un concepto poco usado en la Biblia, se aplica a Jesús, al experto en sufrimiento o experimentado en quebranto, al que amó y se preocupó de los débiles de la tierra, de los pobres y de los oprimidos. Jesús, quien nos dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso…”. También se le aplica este concepto, cuando en la entrada triunfal de Jerusalén, el Evangelista Mateo repite lo dicho por el profeta: “He aquí, tu Rey viene a ti, manso…”.

Por tanto,  para comentar el concepto de mansedumbre y a quién lo podemos aplicar, debemos recurrir al modelo que para los cristianos es Jesús . Hemos de recurrir al Maestro que nos dio ejemplo con su vida, con sus hechos, con su forma de moverse entre los hombres.

Hoy el concepto de mansedumbre puede asustar.  Hoy nadie parece admirar a los mansos. Se admira a los triunfadores, aunque éstos hayan ejercido violencia, aunque hayan montado sus fortunas pisando el pecho y la dignidad de los pobres.  Hoy se admira a todos aquellos que su fortaleza consiste en montarse sobre el oro del dios Mamón, el dios de las riquezas o del poder. Yo creo que hoy, sólo Jesús y el remanente fiel de sus seguidores, se atreverían a decir: “Bienaventurados los mansos”.

Pues bien: yo quiero aplicar este concepto a todos aquellos que, con mansedumbre, encuentran la fuerza suficiente para enfrentarse a las estructuras injustas de este mundo, el valor para decir no al escándalo que supone la pobreza en el mundo, la decisión de analizar las causas de la pobreza y de oponerse a las desiguales e injustas redistribuciones de los bienes del planeta tierra, a los que sufren viendo a los niños morir de hambre y no se pueden callar, a los que tienen el impulso de gritar contra todos aquellos ladrones y robadores de la dignidad de tantos coetáneos nuestros.

 Estos son los valientes del mundo que combinan su valentía con la mansedumbre que caracterizó a Jesús.  Jesús, hombre manso, que criticó todo tipo de mal de una manera clara y sin rodeos; Jesús, hombre manso, que denunció la acumulación desmedida de los ricos; Jesús, hombre manso que critica la hipocresía de los religiosos de su época; Jesús, hombre manso, que cambia el discurso de los religiosos introduciendo la preocupación por los pobres y les dedica a ellos, de forma específica, su Evangelio; Jesús, hombre manso que es capaz de volcar las mesas de los cambistas y denunciar el hecho terrible de que la casa de Dios se convierta en cueva de ladrones… Tampoco el mundo debe ser una cueva de ladrones.

En los mansos de la tierra que siguen el ejemplo de Jesús, se une la fortaleza con la mansedumbre. Estos mansos de la tierra, que sin duda también los hay hoy, son aquellos que pueden defender a los pobres y a la justicia misma, sin hacer violencia, sin agarrar las armas, sin proclamar revoluciones violentas, sin matar, sin herir ni mutilar a nadie. Los mansos, en su fuerza interior, son también, siguiendo el ejemplo del hombre manso por excelencia, pacificadores.

Se imponen con la dulzura de la razón, la dulzura del justo, del humilde, del buen prójimo. Los mansos pueden atacar la injusticia del mundo sin necesitar las armas diabólicas. Los mansos son impulsados de una misericordia que les lanza de forma imparable a la conquista de la tierra, pero no la conquista de la tierra para ellos, no la acumulación de las tierras como lo hacen los avaros del mundo o los que justifican sus acumulaciones apoyándose en las leyes humanas, diciendo que es su propiedad privada y que la han ganado con su esfuerzo para disfrutarla solamente él y sus descendientes familiares. No.

 Los mansos podrán ir conquistando la tierra para que ésta sea de todos, para que todos puedan disfrutar de los bienes que Dios ha puesto en este planeta, bienes que no son solamente para unos pocos.  ¡Señor, que los mansos que siguen tus pisadas puedan heredar la tierra! Sabemos que heredarán la tierra de la promesa, pero también te pedimos que tú entregues la tierra en manos de los mansos y humildes de corazón como lo fuiste tú. ¡Señor, que los mansos vayan conquistando la tierra y poseyéndola, arrancándola así de las manos injustas y manchadas de sangre! No queremos que la tierra sea poseída por los que se olvidan de los pobres y sufrientes del mundo. Por los egoístas y ladrones de haciendas y de dignidades.

 Los mansos son más fuertes, más incansables, más duros y con unos objetivos más claros que los violentos.  Los violentos destruyen, empobrecen la tierra, aniquilan, roban, ponen la escasez del pobre en sus mesas… los mansos son los que construyen, los que van edificando la justicia en el mundo. ¡Señor, danos auténticos mansos y humildes que tengan la fuerza y valor que tú tuviste!… aunque se tenga que pasar por nuevas crucifixiones de los mansos del mundo.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXVI)
Latrocinios y trasfondos traidores“… a los pobres siempre los tendréis con vosotros”.Juan 12:8. Texto completo en Juan 12:1-8.
Jesús, el gran defensor de los pobres y de los sufrientes del mundo, el que era capaz de decir a uno de los ricos de este mundo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”, parece que cambia su discurso en este relato del Evangelio de San Juan. Lo hizo como crítica y denuncia de la traición y del deseo de robo de uno de sus discípulos: Judas. Corazón traidor. El cuadro que contemplamos es el de Lázaro resucitado de los muertos y sentado a la mesa con Jesús. Allí estaban Marta y María. La primera, prototipo del servicio y la segunda, de la escucha y la adoración. María se separa del servicio para hacer un acto de adoración. Quería ungir los pies de Jesús y enjugarlos con sus cabellos.  María realizó su acto de adoración. La casa se llenó del olor del perfume, olor que llegó a la nariz de Judas, el ladrón y traidor. Su mente, la de Judas, comenzó a trabajar. Ese perfume valía mucho dinero. Podría haber caído en la bolsa que él portaba y, así, podría sustraer, robar, algo del valor de aquel precioso perfume.  De ahí viene su frase hipócrita, traidora, infame, infiel al Maestro y a sus compañeros los discípulos: “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?”. El traidor, ladrón, tomó el nombre de los pobres en vano. Fue un desprecio a los pobres del mundo, los quiso utilizar para sus fines traidores y de latrocinio. Quería aprovecharse de los pobres, robar usando el nombre de los pobres para su propio disfrute, el disfrute amargo de todo ladrón.

 Jesús no podía ponerse en línea con Judas , conociendo su corazón engañoso y traidor. En este caso Jesús no podía decir, tiene razón Judas, se podría haber vendido este perfume y dado a los pobres… porque se trataba de un engaño, de una traición. Jesús le dice a Judas un imperativo: “Déjala”. No perturbes a esta mujer usando el nombre de los pobres para tu propio latrocinio. “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto”, dijo Jesús al discípulo traidor.

 Jesús debió sufrir mucho en ese contexto de robo tomando el nombre de los pobres en vano, en ese contexto de traición, de mentira, de dureza del corazón, de perversión por conseguir riquezas , de adoración de uno de sus discípulos al dios Mamón, al dios de las riquezas.

Jesús estaba ante un icono traidor de los que después se repetirían muchos en el mundo. Ladrones y despojadores de palabras dulces para con los pobres, pero palabras mentirosas y falsas. Jesús estaba contemplando algo que, después, y a lo largo del tiempo, se repetiría en la historia de la humanidad. Los ladrones que guardan en sus bolsas lo que pertenece a los pobres. Bolsas de injustos, acumuladores y desequilibradores del mundo.

Jesús ante esa imagen de un Judas que se repetiría en la historia, ante la dureza del corazón del hombre que es capaz de acumular mintiendo y dejando en la estacada a tantos robados de bienes y de dignidad, se dio cuenta de lo que ocurriría cuando Él se marchara, cuando dejara solos a sus discípulos. Los valores del Reino que “ya” estaban entre nosotros, como dijo Jesús, tardarían en cambiar la historia, los corazones de los ladrones, despojadores y traidores. Nos deberíamos mover en el “ya” pero también el “todavía no” del Reino hasta que éste se estableciera en plenitud.

El corazón de Jesús se quedó triste ante el gesto ladrón de Judas, ante su hipocresía y traición, prototipo de los Judas que después deberían deambular por la tierra. La traición, la hipocresía, el robo, el corazón duro y la falta de solidaridad y de amor para con los pobres, hacen que Jesús acepte ese perfume derramado a sus pies. Antes esto que la traición y el robo en nombre de los pobres. Jesús no quería contraponer el gesto de María gastando ese perfume para ungirle con lo que se debería haber gastado para ayudar a los pobres. Pensamiento traidor de la mente de Judas que, ni por asomo, estaba pensando en ayudar a sus prójimos empobrecidos.

La tristeza de Jesús llega a lo sumo, conociendo el corazón de Judas. Dice el Evangelio, ante la frase de Judas de que se podría haber vendido este perfume y dado a los pobres: “Pero dijo esto, no porque se preocupara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”. Esto lo veía Jesús. Jesús sufría. Su mente ya se prolongaba también a lo largo de la historia contemplando a los futuros Judas del mundo, los futuros traidores a Dios y a los pobres, los hipócritas acumuladores y despojadores de haciendas y de dignidad.

Probablemente un halo de tristeza inundó el rostro de Jesús. Su corazón permanecía encogido ante la traición del hombre contra el hombre, ante ese icono del robo y el despojo que era Judas. Su voz, como si sonara a algo tremendo, terriblemente grave e inevitable por los corazones judas que poblaban e iban a seguir poblando la tierra, exclamó: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros”. Es el resultado de la traición y del robo, de la dureza y falsedad de tantos corazones judas que han de poblar el mundo.

 Algunos dicen que Jesús instituyó con esta frase la pobreza en el mundo. Nada más incierto e incorrecto. Esta frase simboliza la traición del hombre contra el hombre, el despojo de los fuertes sobre los débiles, un escándalo y vergüenza humana inevitable por ese corazón traidor y ladrón de Judas que era el símbolo, el incono y la viva imagen de tantos  corazones judas  que habrían de poblar la tierra.

Los resultados de los corazones judas y traidores que pueblan el mundo, se ven hoy claramente en una humanidad en la que el ochenta por ciento está en la pobreza. Les han robado, traicionado y dejado tirados al lado del camino.

Señor, nosotros queremos sentir contigo, entender tu tristeza y sufrimiento… pero queremos ser tus seguidores que, a pesar del “todavía no” del Reino, vayamos ganando parcelas a los traidores judas de nuestra historia y liberando a personas de la sinrazón de la pobreza y el despojo. Ayuda a tu pueblo para que, apartados de ese corazón traidor, se entreguen al servicio de los pobres y clamen por justicias… hasta que tú vengas y los valores del Reino sean implantados en plenitud.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011


by BEN STERNKE on SEPTEMBER 6, 2011

Post image for No Mission Without the Gospel of the KingdomEarly on in my explorations of missional theology, I remember thinking that this stuff was so brilliant that all people really needed was permission to do it, and it would take off. I figured all this missional energy was just bottled up inside everyone and they were just waiting for someone to release them and bless them in it. I thought the reason people weren’t doing it was because they didn’t know they were allowed to.You probably know what’s coming. Excitedly I began giving people permission to live missionally, explaining why it made sense, illustrating the possibilities. And people basically nodded in agreement. Some even got excited with me. But nothing changed (including me). Even people who wanted to couldn’t find their way into a way of life that was naturally joining God in the renewal of all things as a matter of course. A deeper problem was manifesting itself, one that I was just beginning to understand.

As I’ve read and prayed and pondered and worked with people and discussed with others, I think I see more clearly now what the underlying issue is. I’ve boiled it down to a little axiom that I want to offer and explain. Here’s the axiom:

No mission without formation.
No formation without discipleship.
No discipleship without the gospel of the kingdom.

I think this gets to the heart of why mobilizing Christians and churches for everyday mission seems to take so long and be so difficult. Here’s why.

No mission without formation
Underneath the issue of mission was formation. As Dave Fitch has said, “missional people do not fall out of trees,” they have to be formed. More properly, they have to be transformed (“changed from one form to another”). The reason we weren’t seeing any sense of “everyday mission” was because people hadn’t been formed significantly into the image of Christ.

No formation without discipleship
But why hadn’t they been formed in this way? These were people who attended church services regularly, led small groups, taught Sunday school,worked in the nursery, even! Why wasn’t all this activity and service resulting in spiritual formation in the likeness of Christ? Because they had never fully intended to follow Jesus as his disciple, learning from him how to be like him. This gets to the heart of why some of the most beautiful and theologically-rich liturgies can sometimes produce some of the meanest people you’ll ever meet: event the practices, in and of themselves, don’t magically make us like Jesus. We must “enroll in the school,” as Dallas Willard says. I’ve written previously about how we do this. The truth is that we will not be significantly formed to look like Jesus unless we do so.

No discipleship without the gospel of the kingdom
So why don’t people become disciples of Jesus? Short answer: because they’ve never been ravished by a vision of the kingdom of God. In other words, they haven’t really understood or received the gospel of the kingdom. The “gospel” we’ve been predominantly preaching is a truncated version of the full vision of life in God’s kingdom that Jesus talked about (as did Paul and the rest of the New Testament writers).

The gospel is not primarily about dealing with our “sin issue,” it is about theinvitation to live with God in his kingdom right now. If this is the gospel we are responding to, then all the rest of the dominoes fall easily into place:

Responding to the gospel of the kingdom naturally leads to discipleship,because we very quickly learn that we don’t know how to live with God in his kingdom, but Jesus does. This is a very different way of life that we mustlearn from Someone who knew how to do it well: Jesus. We are with him, learning from him how to be like him.

This kind of discipleship to Jesus naturally leads to significant spiritual formation, because the Spirit transforms us as we follow Jesus in kingdom living. We start thinking and speaking and acting and loving like Jesus. His life gets “into” us more and more.

Our formation as disciples then naturally leads to everyday mission,because ultimately this kingdom life we are invited into is simply a matter of being involved in what God is doing in the world, joining with him in the renewal of all things.

So ultimately it seems to me that if we want to cultivate a movement of people and communities joining with God in the renewal of all things, we must begin by preaching the gospel of the kingdom: giving people a brilliant picture of life in God’s kingdom (both in our words and lives), and telling them the shocking news that they can step into the kingdom right now.

Any additional thoughts? Does this axiom seem to hold true for you in your situation?


by Ben Sternke

Post image for Do You Want to Learn How to Make Disciples?In our process of planting a network of missional communities, we’ve discovered that discipleship is an absolutely essential foundation to have in place if you want to see any fruit in terms of mission. Through our friends at 3DM, we’ve been learning how to build a discipling culture that is radically reproducible and leads to what Jesus called “fruit that lasts.”Through this process, here are a few things I have come to believe:

  • You can’t teach people into missional living, you have to disciple them into it, like Jesus did.
  • If you disciple people like Jesus did, it almost automatically leads to mission. It fundamentally changes the whole direction of people’s lives.
  • Making disciples is what Jesus told us to do. If you don’t know how to do this, your ministry won’t be producing kingdom fruit, no matter how “successful” you appear to be in terms of attendance at meetings or money in the bank.
  • You can’t take people where you’ve never been. If you’ve never been discipled into discipling people to disciple people, it is nearly impossible to create ex nihilo a community that can do that.
  • The church in the West is faltering because of a massive lack of intentional discipleship.

Which means that for you as a leader, the whole issue starts and ends with your own discipleship. Sadly, most of us have never been discipled into making disciples the way Jesus did.

If you find yourself in that boat, I want to make you aware of an opportunity.

In the next few weeks, I will be starting a few Coaching Huddles. They’ll be focused on helping you establish a discipling culture in your ministry context. We’ll be working with 3DM’s memorable and reproducible tools, practices, and skills for imitating the life and ministry of Jesus and discipling others to do the same. Each Huddle will have up to 5 people in it and we’ll meet for a period of 9-12 months. The Huddle will happen weekly on a conference call, and you will have access to me outside of the Huddle calls. (If there is enough interest in Fort Wayne, too, one of these Huddles could be local).

Many people are becoming more familiar with Huddles as they have been used by Mike Breen and 3DM, and this discipleship vehicle has produced some amazing fruit in my own life and many others that I know. Huddles are certainly not the only way to disciple people like Jesus, but they are the best vehicle I’ve come across for producing people that increasingly look more like Jesus and are able to do the things that Jesus did.

These Huddles come with a high commitment level:

  • You schedule other things around it. You get the most out of this if you commit to showing up every single week.
  • We take accountability seriously. At the conclusion of each Huddle you will be able to answer two questions: 1) What is God saying to me? 2) What am I going to do about it? There is no growth in the kingdom without action.
  • It will cost you financially. $100 a month, to be exact. I am doing this as a multi-vocational church planter, so your financial investment will not only help me feed my family, but it will go toward our mission of discipling people who can’t afford to invest financially and establishing missional communities in Fort Wayne and eventually all over the Midwest.
  • You will start a Huddle of your own. I’m assuming from the beginning that you’re going to grow a lot, both personally and in your ability to disciple people. Sometime during our 9-12 months together, you will be expected to start a Huddle of your own, because part of being a disciple of Christ is making disciples of Christ.

If that sounds like something you’re interested in, contact me ASAP and let me know why you’d like to be in one of these Huddles and what you’re hoping to get out of it.


Doug Paul

 

Before arriving to the central point of this post, allow me to recap some of the things I’ve been talking about in the past few months. As I see it, here are some of the enormous hurdles facing church planters as they are planting in the current landscape of things:

  • Many church planters are attempting to plant types of churches that are vastly different than any church they’ve seen or been a part of before. We use words like movemental, decentralized, discipleship-oriented, empowering, lightweight/low maintenance, gathering is a time to bring together the scattered pieces of the community so we can scatter again. The hurdle: Doing this requires a skillset that next to none of us have because there are next to no people who have done this and almost all of us have grown up in a different paradigm of church. Furthermore, even if we can find coaches who have done it, it’s still crazy hard because we’re trying to do something beyond our reigning paradigm that we’ve never experienced for any lasting period of time. It’s easy and fun to talk about the theory of all of this stuff. But at the end of the day, don’t we actually need to know how to do it? For instance, it’s one thing to read about a Missional Community or be coached by someone who’s led them…but I’d contend the learning curve is a Mount Everest of steep if you’re launching Missional Communities and you’ve never been in one yourself for at least a year where you’ve seen it start, grow, disciple people, see people come to faith and multiply. Church planting can be a volatile environment for learning something this hard when you’re starting from square one. Now I’m not suggesting it can’t be done without experiencing it first. Clearly every movement in history, at some point, did not exist. But I’m suggesting for a movement to grow and flourish it needs to be easily reproducible. This barrier of paradigm, training and experience is a monumental barrier to that flourishing on the wider scale of things.
  • I would contend that most church planters have never been discipled before. I have this running theory that the vast majority (I’d guesstimate it at 95%) of people age 40 and younger who grew up in the church have never been discipled in the way that the New Testament and every missional/discipling movement would qualify discipleship…and that includes pastors. There are two big problems here: First, Jesus cares first and foremost about our own discipleship. He cares more about us than he does about what we can do for his Kingdom. He doesn’t really need us to accomplish his purposes, though obviously he prefers it. Second, how are we going to be able to disciple someone if we’ve never been discipled yourself? We can’t take people to the places we haven’t been ourselves.
  • The financial stress cannot be overstated when you combine the two things above with the reality that church planters have to feed their families. Raising support, at least for most, isn’t a viable long term option. You can start the church that way, but eventually, most people’s support will dry up. Obviously bi-vocational is a great possibility, but to be honest, most church planters are trained to do one thing and one thing only: pastoring. That’s their skillset. So bi-vocational can be incredibly difficult (this is another post for another time, but we’ve started to work on some really exciting things for this). It’s difficult because it puts most bi-vocational planters in a position where the job has very little flexibility or pays peanuts (or both). This leaves church planters in a precarious position because they need the church to grow and prosper financially, which means they need more people…but in order to get more people they need to know how to disciple people (and they’ve never been discipled) and grow a new kind of church (which they’ve never really seen or been adequately trained to grow). That’s quite the Catch-22, isn’t?! Can you start to see how all of this puts church planters and their families on the precipice of a nervous breakdown? (not to mention a possible financial one)
It seems to me, from where I sit, that more and more church planters want to plant these kinds of churches; churches that can flourish in post-Christendom and embrace all of the ancient practices of discipleship and mission. We’re seeing that the future is found in a kind of return to the past. I would say many of them feel as if the Lord has spoken something deep inside of them to plant this kind of church. But for the reasons listed above, many will default back to the hierarchical, centralized, Sunday-centric attractional church model they know rather than sticking with it. And who can blame them? Their primary responsibility is to care for their own family! We cannot ask people to sacrifice their family on the altar of ministry. Clearly this isn’t what Jesus is after.In short, we need to address some of these massive gaps or we simply won’t be providing a way forward for scores and scores of church planters who long to be faithful, but need the means by which to do so. They need it financially, spiritually, relationally and from a training/experience perspective. 

In other words, we must radically re-imagine the way we are training and resourcing our church planters. In my next post I’ll throw out some of the practical ideas I’ve been kicking around with some people and where I believe all of this is going. Stay tuned.

 

http://dougpaulblog.com/


Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXIV)
¿Qué nos hace ser atractivos?“… y venían a él de todas partes… toda la gente venía a él”. Marcos 1:45 y 2:13.
Jesús ejercía una atracción especial sobre muchísimas personas. ¿Cuál era la razón? La razón es que el Evangelio que trajo Jesús era atractivo. ¿Lo sigue siendo hoy? Estoy seguro que hoy podría serlo si siguiéramos los parámetros del Evangelio que nos trajo Jesús.Es como si Jesús, para las multitudes, a través de su palabra, de su ejemplo, de su estilo de vida, de sus prioridades y de su mensaje liberador de las cargas de los religiosos de la época, su identificación con los pobres y humildes y la siembra de sus valores, los valores del Reino, se presentara como algo fresco frente a lo rancio de muchos religiosos, como acogedor frente a las reglas y normas de pureza y de exclusión que marcaban las autoridades religiosas del momento, como algo vivencial que convertía al Evangelio en un flujo liberador para con los que sufren.

 Es por eso que le seguían multitudes. Es como si a través de este estilo de vida y este Evangelio liberador de Jesús, se estuviera haciendo un llamamiento generalizado, como si el mensaje “venid en pos de mí”, fuera un mensaje para todos. Todos, en cierta manera, podemos ser llamados, atraídos, captados por la figura de Jesús , por su vida de servicio, por su mensaje liberador y que se identificaba tanto con los débiles del mundo.

Cuando uno es captado por el atractivo de este evangelio restaurador y que se identifica con los sufrientes del mundo, es cuando hace surgir en nosotros una vocación: vocación de servicio, vocación de ser agentes de liberación, vocación de comunicar el Evangelio, vocación de búsqueda de justicia, vocación de ser los transmisores de un mensaje que cambia vidas, vocación de unirnos a la denuncia profética a favor de los débiles del mundo… Eso era el atractivo de Jesús, la razón del por qué de ese auge de la esperanza de las multitudes, de los proscritos y tildados de pecadores.

 Veían en el mensaje de Jesús algo atractivo que no era común a los líderes religiosos de la época.  Jesús era totalmente original en su mensaje con respecto a los líderes religiosos del momento y se convirtió en un ser atractivo para grandes multitudes.

Hoy, para ser atractivos, debemos volver a la figura histórica de Jesús, debemos volvernos hacia los valores del Reino, hacia el compromiso con los pobres y sufrientes de la tierra, a identificarnos con los excluidos y proscritos del mundo, con los robados de dignidad y de hacienda, con los ofendidos y humillados de la tierra.

 El atractivo de los creyentes no está en que asistan a los cultos con ropas limpias, en que se conviertan en cumplidores de rituales… aunque hay que hacerlo. No está de más que busquemos el culto en los templos, pero el auténtico culto a Dios está explicado tremendamente bien por los profetas. El auténtico ritual está, sin duda, en partir el pan con los hambrientos, en acordarse de los excluidos y pobres de la tierra, en trabajar por la justicia… Eso nos va a hacer atractivos en la línea de Jesús, sin que eliminemos otras partes del ritual o del culto.

Quizás sea entonces cuando las multitudes nos van a seguir, cuando la evangelización va a tener un atractivo imparable, cuando nuestras palabras serán hermosas y proféticas, cuando el mundo se volverá hacia nosotros. Jesús era atractivo porque tenía en cuenta a los oprimidos, rechazados, proscritos y, además, liberaba a muchos tildados de malditos por ignorantes que no podían seguir toda la maraña de normas de los religiosos del momento. El Evangelio liberador de Jesús tenía un atractivo extraordinario, imparable, nuevo, liberador, original, restaurador de los despojados y rechazados.

Cuando nos sentimos atraídos por el Evangelio comprometido de Jesús, el que en gran parte se puede llamar el Evangelio a los pobres, es cuando nuestra fe está empezando a vivir, cuando el Señor nos ha tocado para que abramos nuestro corazón y nuestra vida a una fe actuante. La fe que necesita del amor para no morirse y dejar de ser. Para ser atractivos al mundo tienen que surgir las obras de la fe como algo precioso e irresistible, como algo que se compromete con el mundo y que sirve.

La fe sin obras, no es atractiva. El cristiano de fe pasiva, es como algo sin forma, sin atractivo, sin valor. La fe que actúa por el amor es el atractivo al cual no se podrán resistir las multitudes del mundo, la fe que puede cambiar valores y hacer que las estructuras de pecado, de maldad y de injusticia salten hechas pedazos.

Por tanto, el auténtico atractivo, si queremos ser vidas preciosas ante los hombres que no tengan más remedio que reconocer la atracción de los cristianos del mundo, el encanto que se debe reflejar en el rostro y la vida de los cristianos, debe compaginar la fe con el amor, una fe activa que obra a través de actos de amor y de servicio a los débiles. El cristianismo que se limita a ser de ritual y de sacristía, no es atractivo para el mundo. Ni siquiera es feo u horroroso… es algo indiferente, sin forma, incapaz de cambiar el mundo, ni de cambiar vidas.

La atracción del Evangelio no está sólo en la alabanza o en la exaltación de un Jesús por labios insolidarios. La atracción va a estar cuando el Evangelio se compromete con el mundo como algo liberador, cuando se predica con unos estilos de vida que alumbren al mundo, alejados del boato y del “prestigio” mundano de los acumuladores de este siglo, cuando se den los primeros lugares a los que han sido relegados a los últimos rincones de la humanidad. Cuando el Evangelio que prediquemos sea rompedor de yugos, liberador de los oprimidos y rehabilitador de los que viven en la infravida de la pobreza y marginación.

Es cuando, entonces, nuestros rostros van a ser atractivos al mundo y el Evangelio será un faro que atraiga la mirada de todos los pobladores de la tierra.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011