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Lars Dahle

Hay todo tipo de razones para instar a los líderes cristianos para que intencionalmente integren los medios de comunicación en su estrategia de misión para el s. XXI, dice Lars Dahle.

Tierra mundo

En cualquier lugar del mundo en el que vivimos, las tecnologías de la información y de la comunicación influyen e impactan cada vez más nuestras vidas, nuestro testimonio cristiano y nuestros ministerios. La variedad de mensajes globales, locales y globales de los medios de comunicación, proporcionan contextos complejos para la tarea de hacer valer la verdad de Cristo en el siglo XXI. Las cuestiones misionales relacionadas con la participación en los medios de comunicación, son por tanto de verdadera importancia para la iglesia global.

 

IMPLICACIÓN EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN GLOBAL

En medio de las tecnologías cambiantes y de las diferencias globales, es posible discernir cinco características centrales de los medios de comunicación contemporáneos:

Digitalización: Internet se está convirtiendo gradualmente en la plataforma más importante para la investigación, conexión y publicación, y como resultado se da la convergencia de los formatos y géneros antiguos con la creación de nuevos ámbitos de comunicación.

Democratización: El acceso creciente a nuevos canales de publicación digital y nuevos ámbitos de medios de comunicación social, crea numerosas posibilidades para una participación y conexión más amplia.

Fragmentación: El incremento dramático de los ámbitos de comunicación, participantes y voces, crean tanto un discurso público fragmentado como un consumo privado fragmentado.

Globalización: A través de la expansión global de la tecnología de la información, se están estableciendo nuevas plataformas para la distribución de medios de comunicación, como las tecnologías de banda ancha, satélites y móviles.

Pluralización: Donde vaya la tecnología, van los medios de comunicación, y con los medios vienen una pluralidad de valores, perspectivas y cosmovisiones.

Estas características clave ilustran la necesidad urgente de participar más intencionalmente en los medios en toda su diversidad. Los medios de comunicación son el cauce por el que se propagan las noticias, ideas e historias. Afectan a cada parte de la sociedad en cada lugar del mundo. Así pues, si vamos a “llevar el testimonio de Jesucristo y toda su enseñanza a cada nación, en cada esfera de la sociedad, y en el campo de las ideas” (El Compromiso de la Ciudad del Cabo), no podemos descuidar el fascinante y complejo mundo de los medios de comunicación.

 

IMPLICACIÓN EN LOS MEDIOS COMO TEMA DE LAUSANA

Es evidente, en los documentos fundacionales de los congresos y consultas globales, que la implicación en los medios de comunicación ha sido un tema de Lausana desde el principio. Como término, Medios de Comunicación, se ha usado históricamente para incluir medios electrónicos y de imprenta (pero normalmente no literatura), mientras que más recientemente incluye también, naturalmente, nuevos medios digitales.

Los contextos para la mención explícita de los medios así como su énfasis específico, han variado en los documentos de tres congresos fundacionales:

El Compromiso de Lausana incluyó los “medios de comunicación de masas” en el párrafo sobre colaboración evangelística, con énfasis en la legitimidad de ministerios especializados en los medios.

El Manifiesto de Manila mencionó a los “medios” en la sección sobre el mundo entero, con énfasis en la necesidad de una sensata implicación en los medios como parte de la modernidad.

El Compromiso de Ciudad del Cabo incluyó “la verdad y los medios de comunicación globales” en la sección “Llevar la verdad de Cristo en un mundo plural y globalizado”, con igual énfasis en tres principales áreas de preocupación: consciencia, presencia y ministerio de los medios de comunicación.

La concienciación respecto a los medios de comunicación puede verse como la necesidad de un discipulado más fiel (incluida la santidad personal y el hacer discípulos) al entrar en contacto con los mensajes de los medios. Esta preocupación estaba implícita en los primeros tiempos de Lausana, pero se fue haciendo más explícita como crítica cultural y ética. Recientemente se le ha dado un rol esencial como combinación de temas de educación, evangelismo y discipulado.

La presencia en medios puede verse como la necesidad de entrar en la corriente predominante de los medios con profesionalidad e integridad cristiana. Este objetivo estaba implícito en la primera fase de la historia de Lausana, pero ha ido adquiriendo más importancia. Parte de la razón se debe al creciente énfasis  puesto en el lugar de trabajo como ámbito para el ministerio y el testimonio. Sin embargo, también se debe a un creciente reconocimiento del influyente rol de los medios predominantes, tanto los que tratan con hechos como de ficción, a la hora de expresar y formar identidades e ideas.

El ministerio de los medios de comunicación puede verse desde la necesidad de usar todo tipo de tecnologías (ya sean antiguas o nuevas) para comunicar el Evangelio de Cristo en el contexto de una cosmovisión bíblica integral. Esta área ha jugado un papel central a lo largo de toda la historia de Lausana, con énfasis recurrente en los ministerios específicos, tanto en radio, televisión, prensa, internet o los nuevos medios de comunicación social.

 

BASE MISIONOLÓGICA PARA LA IMPLICACIÓN EN LOS MMMCC

Teológicamente, deberíamos ver las vocaciones profesionales a los medios de comunicación como parte del mandato cultural de Dios y de su misión a nuestro mundo. En palabras del Compromiso de Ciudad del Cabo: “Amamos el mundo de Dios, amamos la palabra de Dios, y amamos la misión de Dios”. Esto abre el espacio para ministrar en una amplia gama de contextos comunicativos y en diferentes roles  en los medios de comunicación.

Misionológicamente, deberíamos ver la implicación en los medios como una parte esencial de la llamada a toda la iglesia a llevar todo el Evangelio a todo el mundo:

Llevar todo el Evangelio al mundo de los medios supone llevar “el relato del Evangelio, la seguridad que ofrece el Evangelio, y la transformación que el Evangelio produce”. Este Evangelio bíblico, el evangelio de Jesucristo son “buenas noticias en un mundo de malas noticias”, ofreciendo tanto perdón como esperanza y una nueva perspectiva del mundo.

Involucrar a toda la iglesia en la participación en los medios, incluye el reconocimiento de los dones propios de cada creyente y del ministerio de todos de los creyentes. Esto está relacionado con los nuevos ámbitos y oportunidades representadas por la globalización y democratización de los medios.

Llegar a todo el mundo presupone la implicación en los medios, ya sea en relación a “toda nación”, “cada esfera de la sociedad” o “el campo de las ideas”. Los medios de comunicación contemporáneos -en toda su variedad- son ámbitos y vehículos de pluralismo, que incluyen las perspectivas seculares del mundo.

De un punto de vista apologético, deberíamos ver la implicación en los medios como una dimensión de nuestro testimonio de Jesucristo como “la verdad del universo”. Esto supone dar testimonio del hecho de que la “verdad en Cristo es (1) personal así como proposicional; (2) universal así como contextual; (3) última así como personal”. Así pues, debemos animar y equipar a los profesionales cristianos de los medios para que muestren el valor de estas verdades tan cruciales de forma tanto creíble como plausible.

 

TRES ÉNFASIS FUNDAMENTALES PARA LA IMPLICACIÓN EN LOS MEDIOS

Como mencionamos antes, el Compromiso de la Ciudad del Cabo identifica tres puntos de énfasis principales para nuestra implicación en los medios de comunicación: Concienciación de los medios, presencia de los medios y ministerios de los medios. Es apropiado resaltar cómo estas tres preocupaciones constituyen una aproximación estratégica para la implicación en los medios.

 

1. CONCIENCIACIÓN SOBRE LOS MEDIOS: UNA DIMENSIÓN OLVIDADA EN LA MISIÓN

Aquellos que vivimos en lugares con abundante tecnología, somos todos consumidores de medios de comunicación. Los que viven en otras partes del mundo, están siendo progresivamente expuestos a los mensajes mediáticos. Estos mensajes, reales o ficticios, están influidos por diferentes perspectivas y formas de ver el mundo, tanto seculares como religiosas, ya sea en términos de valores éticos, puntos de vista de la humanidad o de la realidad o compromisos de fe fundamentales.

Equipar a los individuos, familias, ministerios de jóvenes e iglesias para participar con mensajes mediáticos a unos niveles de cosmovisión más profundos es, en términos generales, una dimensión olvidada en la misión, tanto en el hemisferio norte como en el del sur del planeta.

Tenemos que cambiar este hecho juntos, y hacerlo rápido y de forma apropiada. Este equipamiento requiere investigación, recursos y formación práctica en análisis de la cosmovisión que presentan los mensajes mediáticos, así como mostrar la credibilidad y relevancia de una visión bíblica integral del mundo frente a perspectivas alternativas.

 

2. PRESENCIA EN LOS MEDIOS: LLAMADA AL TESTIMONIO PÚBLICO Y A LA INTEGRIDAD

Dentro del mundo de los medios de comunicación, hay una amplia variedad de roles legítimos y estratégicos pendientes de explorar por parte de cristianos con talento. El trabajo periodístico y documental revela el descuido de hechos, historias y ángulos que posibilitarían un debate público y privado más equilibrado. Los medios creativos y de entretenimiento pueden presentar  formas nuevas y frescas de mostrar las verdades cristianas que pueden generar interés genuino en cuestiones morales y espirituales. Mediante la presencia de hábiles comentaristas y apologistas cristianos en los principales medios, la credibilidad y plausibilidad del Evangelio y de una cosmovisión bíblica integral, pueden ser transmitidas a escépticos, buscadores y cristianos.

 

3. EL MINISTERIO EN LOS MEDIOS: UN MINISTERIO PARA TODOS LOS CREYENTES

El uso eficaz de todo tipo de tecnología, formato y género de comunicación es importante para el evangelismo mundial, el discipulado y la educación en la fe.

Ministerios especializados en medios de comunicación, tienen un rol legítimo y estratégico que desempeñar, pero la nueva tecnología de los medios transforma potencialmente cada organización ministerial, cada ministerio de jóvenes, y cada iglesia local en canal de comunicación.

Esto crea una necesidad creciente de colaboraciones evangelísticas en todo ámbito de la comunicación. Al mismo tiempo, tenemos que explorar las crecientes posibilidades que  los medios de comunicación social crean para un ministerio en este ámbito para cada creyente.

 

IMPLICACIÓN EN LOS MEDIOS EN LAS MISIONES ESTRATÉGICAS

Hay, por tanto, todo tipo de razones para instar a los líderes cristianos para que global e intencionalmente integren la implicación en los medios dentro sus estrategias de misión para el siglo XXI.

A la luz de esto, se insta a los líderes a reflexionar sobre y colaborar en:

Concienciación sobre los medios de comunicación: ¿Cómo puede la iglesia en tu país equipar y proporcionar recursos a los cristianos para que se impliquen críticamente y respondan constructivamente a todas las formas de comunicación?

Presencia en los medios: ¿Cómo puede la iglesia en tu país respaldar, equipar, apoyar y aprender de los cristianos que trabajan y participan en las principales noticias y medios de comunicación creativos?

Ministerios mediáticos: ¿Cómo puede la iglesia en tu país equipar a individuos, iglesias, organizaciones cristianas e instituciones para volverse eficaces a la hora de usar los medios, incluidos los medios de comunicación social, para comunicar la verdad?

 

Nota del editor: Lausanne Global Consultation sobre Medios de Comunicación y Evangelio, se reunió del 18 al 21 de noviembre en Brea, California, EEUU y publicó una Llamada a la Acción.

Lars Dahle es Vicerrector y Catedrático Asociado en Teología Sistemática y Apologética en Gimlekollen School de Periodismo y Comunicación en el NLA Universitary College, Noruega. Sirve como Asociado Senior de Lausana para la implicación en los medios de comunicación.

 

http://protestantedigital.com/blogs/34689/La_mision_global_pasa_por_los_medios_de_comunicacion


Mira por qué vías o que hojas de ruta se marcan en tu pensamiento. Quizás, si quieres seguir los valores bíblicos, si quieres ser seguidor del Maestro, tendrás que pensar desde el que sufre

Folleto
Evangelista 1 / Imagens Evangélicas (Flickr – CC BY 2.0)

Dime cómo piensas y te diré cómo evangelizas, se podría decir parodiando un refrán español conocido. ¿Piensas desde la lógica de los integrados? Entonces evangelizarás y vivirás la vida cristiana desde esa lógica. ¿Piensas desde tu admiración a los acumuladores y encumbrados del mundo por el dinero y el poder intentando entrar tú en las dinámicas del poseer? Desde ahí es desde donde evangelizarás y te será difícil vivir la auténtica espiritualidad cristiana.

Dime cómo piensas y podré vislumbrar cómo vives la espiritualidad cristiana.  ¿Piensas desde la lógica del poder y de los poderosos? Ese será tu punto de partida para la vivencia de tu vida cristiana. ¿Te preocupan los pobres, los últimos, los sin techo, los que pasan hambre en el mundo y los don nadie? Pues desde ahí evangelizarás e intentarás vivir tu vida cristiana. O sea, normalmente evangelizamos y vivimos desde los posicionamientos desde los que pensamos.

Dime si tu pensamiento está en línea con la forma de pensar de Jesús y te diré si eres un buen discípulo. Debemos acercarnos a la lógica del pensamiento de Jesús. La pregunta clave para el cristiano sería: ¿Cuáles eran los posicionamientos del Maestro en su manera de pensar y en sus estilos de vida? Quizás en la mente de Jesús estábamos todos los humanos con toda la gran diversidad entre ellos y con todas sus características, pero tuvo una especial dedicación a los débiles y proscritos. En el Evangelio se ve claro que Jesús evangelizó desde los últimos, desde las víctimas, desde los marginados y oprimidos, desde los que sufren. Eso es algo bíblicamente incontrovertible.

La conversión implica un cambio de mente, de formas de pensar. Así, pues, los cristianos que queremos vivir acercándonos al pensamiento de Jesús, ¿debemos, posicionarnos en su propia lógica y estilos de vida? ¿Desde qué posicionamientos debería evangelizar la iglesia o los cristianos en su ámbito particular? ¿Hemos de apropiarnos también esa lógica que busca a los últimos, a los humillados y ofendidos, a los proscritos y a los despojados para evangelizar o, en su caso, para vivir nuestra espiritualidad cristiana desde allí?  Difícil pregunta para los que quieren seguir a Jesús desde otros posicionamientos o lógicas consumistas e insolidarias como las que hemos enumerado al inicio.

Podemos usar el refrán español en la línea de este artículo: “Dime como piensas y te diré quién eres”. Podríamos dar algunas advertencias: No te dejes arrastrar por el pensamiento dominante. El hombre tiene un problema y es que se deja arrastrar por el pensamiento dominante que, normalmente, es el pensamiento de los que dominan, de los gobernantes de este mundo, de los que han acumulado causando admiración en muchos, de los integrados en las estructuras sociales injustas, de los que difunden el pensamiento que idolatra al dios mercado. Es entonces, cuando sin darnos cuenta nuestra evangelización se convierte en una mentira y nuestra vivencia de la espiritualidad cristiana en una falsedad. Hemos caído en la trampa del maligno.

¿Cómo pensamos? Mira por qué vías o que hojas de ruta se marcan en tu pensamiento. Quizás, si quieres seguir los valores bíblicos, si quieres ser seguidor del Maestro, tendrás que pensar desde el que sufre, desde los pequeños, desde los considerados proscritos, desde el amor al prójimo sufriente.

Dime cómo piensas y te diré dónde estás posicionado. Estaremos cerca de las posiciones de Jesús, de sus estilos de vida y de sus prioridades evangelizadoras, cuando pensemos desde el que sufre, desde el tú personal que es nuestro prójimo y que que está en exclusión, desde el escándalo de la pobreza en el mundo, desde los que viven en la infravida o el no ser de la marginación.

 

Lol crazy christian / Niriel (Flickr – CC BY-NC 2.0)

Piensa diferente. Sé diferente dejándote guiar por los valores del reino. Cambia tu forma de pensar, replantea la lógica de tu pensamiento. Sé renovador, no evangelices o vivas tu vida cristiana desde la perspectiva que te dan solamente aquellos integrados que son iguales a ti y que quieren que vivas en esa uniformidad pasiva. Rebélate y asume el compromiso con los débiles siguiendo la hoja de ruta del Maestro.

Dime cómo piensas y te diré cómo vives o cómo deseas vivir. No evangelices desde las comodidades que te ofrecen las sociedades de consumo y piensa en los que se han quedado excluidos de ellas en el no ser y en la infravida de la marginación social. No te cierres el sufriente, a llevar el evangelio a los pobres y proscritos no sea que sin darte cuenta te sitúes a años luz de las perspectivas evangelísticas y liberadoras de Jesús.

Modela tu forma de pensar. Piensa en los pobres, en las desigualdades, en la desigual redistribución de los bienes que empobrecen a tantos, en la búsqueda de la justicia y en ser un denunciador de todas aquellas situaciones sociales injustas que hacen sufrir a tantos congéneres tuyos. Todo esto te acercará a Jesús y a los profetas. Si evangelizas desde ahí, te habrás acercado a los parámetros evangelísticos del Maestro que evangelizó para todos, pero desde los últimos. Así, pues, nuca evangelices de espaldas al grito de los pobres.

Tu pensamiento y tu lógica deben ser diferentes a la lógica y a la forma de pensar del mundo. No pienses sólo en las almas y en conceptos metahistóricos mientras los hombres sufren en su aquí y en su ahora esperando la liberación y el anuncio de la Buena Noticia. Dime como piensas y yo te diré cómo va a ser tu evangelización y la vivencia de tu vida cristiana. Piensa en el hombre de manera integral, como alma y cuerpo. Así lo veía Jesús en su concepto integral de evangelización. Y recuerda: Si así piensas, así vives y así será la experiencia de tu vida espiritual y tu evangelización.

 

http://protestantedigital.com/blogs/34640/dime_como_piensas_y_te_dire_como_evangelizas

Iglesia: baja de las nubes

Publicado: marzo 14, 2014 en Misión Integral
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Juan Simarro Fernández

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Torre de iglesia / Nick Bramhall (Flickr – CC BY SA 2.0)

Baja al aquí y al ahora y mánchate las manos, si es necesario, en la ayuda al prójimo apaleado y tirado al lado del camino.

 

Baja de las nubes, Iglesia. Desciende a la tierra, a los focos de conflicto allí donde sufren los hombres. Muchas veces nos acostumbramos a la idea de que la iglesia es una comunidad de fe espiritualizada y un tanto desencarnada del mundo si nos referimos al conjunto de miembros y, desde la perspectiva de su ubicación física en un lugar, la consideramos como el lugar de cultos, el espacio donde tiene lugar la práctica del ritual. Pero la iglesia, como consecuencia de ser una comunidad de fe, es también una comunidad de amor, ya que la fe, como diría el Apóstol Pablo, actúa a través del amor. En ese sentido de la iglesia con una misión de amor al hombre, debe bajar de las nubes.

Iglesia, desciende y encárnate en la realidad de un mundo injusto. Trabaja para que la fe actúe por el amor en medio de la tierra, del asfalto de las ciudades y del polvo del campo y de los caminos. Haz realidad un amor referido tanto a Dios como a la práctica de la projimidad, pues ambas relaciones las consideró Jesús como semejantes.

No caigas en el error de elevarte demasiado y querer tratar sólo con los ángeles. Sí. El error es que muchas veces intentamos buscar el amor de Dios, desde planos excesivamente místicos y espiritualistas, mientras nos olvidamos de los gritos del prójimo abandonado y sufriente. Así, la iglesia se desvanece y es entonces cuando la iglesia deja de ser iglesia del Reino. Intenta nutrirse de un gozo celestial que en el hondón del alma de sus feligreses les deja un vacío: es el vacío de la espiritualidad vivida en insolidaridad.

Baja al aquí y al ahora y mánchate las manos, si es necesario, en la ayuda al prójimo apaleado y tirado al lado del camino. Cuando consideramos que una dimensión esencial y vital de la iglesia es su responsabilidad con el hombre, con el prójimo inserto en un mundo injusto, complejo y problematizado, vemos que la preocupación por el prójimo nos lleva a la preocupación por el aquí y el ahora del mundo en el que vivimos. Ahí se debe insertar y encarnas la iglesia.

Encárnate, iglesia, siguiendo al Maestro. La iglesia tiene que practicar la verdad, pero una verdad que no es la de un silogismo abstracto y perfecto desde el punto de vista de la forma o de la sana doctrina, sino una verdad encarnada que debe permear todas las estructuras injustas y de poder político o económico que se dan en el mundo. En ese sentido es en el que tenemos que ser luz del mundo y sal de la tierra y no una luz que nos proyecta hacia el cielo de forma insolidaria.

Desciende, iglesia, desciende para comunicar salvación. La razón de ser de la iglesia es para muchos la comunicación de la obra de salvación realizada por Jesucristo. Y es verdad. Pero esa obra de salvación, si nos fijamos en la obra del Jesús encarnado que anduvo entre los hombres haciendo bienes, no predicó solamente salvación para el más allá, sino que trabajó y luchó, dando ejemplo para lo que debería ser la labor diacónica de la iglesia, andando por el mundo haciendo bienes, sanando, alimentando, liberando y dignificando como signos del acercamiento de un Reino que, si bien aún no está en su plenitud, sí está ya entre nosotros. Esa es la iglesia encarnada que desciende hasta los abismos y focos de conflicto donde los hombres sufren.

Baja tus ojos y encárnate, iglesia. Y con esto tampoco queremos decir que la Misión de la iglesia deba circunscribirse al orden social, al político y al económico. Lo que pasa es que de la vivencia de la espiritualidad cristiana que está a la base de todo, se desprenden líneas de acción espiritual o religiosa que deben ser fundamento también para el establecimiento y la consolidación en justicia de las relaciones entre los hombres, de la comunidad de todos los seres humanos. El reino de Dios y la comunicación de la posibilidad de salvación comienzan en nuestro aquí y nuestro ahora encarnándose y esparciéndose entre los empobrecidos y oprimidos.

No te eleves hacia lo vano y descarnado. Busca tu lugar sagrado por excelencia que es el hombre. Desciende a la arena de la realidad para no caer en un espiritualismo vano, desencarnado y mutilado. No yerres mutilando la vivencia del Evangelio… pero ¡cuidado!, porque si caemos en un humanismo temporal desligado de la vivencia de la fe cristiana, también estaremos errando y mutilando la vivencia preciosa de la espiritualidad cristiana.

Sí, iglesia, baja y párate al lado de los apaleados en los márgenes de los caminos, pero recuerda:El cristianismo no es sólo un espiritualismo, pero tampoco un temporalismo alicortado y sin visión de trascendencia y eternidad. Si desde la mirada de Dios se ve un lugar sagrado por excelencia que es el hombre mismo, para el hombre hay dos lugares sagrados: Dios y el mismo hombre. Este último se debe convertir en nuestro prójimo.

Iglesia y ayudaEncárnate iglesia y enseña que estas dos líneas amorosas son semejantes. Dos líneas que implican a la iglesia en la práctica del culto y de la alabanza y en la práctica de ser una comunidad de amor preocupada por el hombre y por el mundo en el cual éste se desenvuelve. El Reino de Dios que ya está entre nosotros, si leemos los Evangelios, traza dos líneas de responsabilidad igualmente claras: el anuncio de salvación para la eternidad y la práctica de la salvación del hombre dentro de su realidad concreta en forma de dignificación y de ordenamiento del orden social y temporal, que implica necesariamente la denuncia y la condena de las estructuras injustas que marginan y sumen en sufrimiento al hombre creado por Dios a su imagen y semejanza. La iglesia debe enseñar simultáneamente a asumir los valores de las parábolas del reino y a hacer que los últimos pasen a ser los primeros. Para ello hay que encarnarse y practicar la solidaridad.

Baja tus ojos iglesia, desciende a la cruda arena de la realidad donde sufren los hombres. La iglesia no es solamente una realidad que sólo mira al cielo, simplemente porque todos sus miembros y los seres objeto de su evangelización no son seres celestes, sino hombres de carne y hueso encarnados en una realidad social que les afecta, influye e intenta moldear y determinar.

El Evangelio de Dios es libertad que debe de romper también, a través del servicio cristiano y la misión diacónica de la iglesia, las cadenas sociales que roban la dignidad a tantos hombres y que les hace sufrir. De ahí que el Evangelio esté llamado a restaurar también el mundo en su temporalidad, en su aquí y su ahora. De ahí que la iglesia deba bajar de las nubes y encarnarse en medio del pueblo sufriente. Es así como se saca a Dios de los templos para que su reino se acerque a los sufrientes del mundo. Iglesia: Baja de las nubes.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2014

Creative Commons

Por C. René Padilla

Si el propósito central de la misión cristiana es hacer discípulos, según la Gran Comisión que Jesucristo dio a sus discípulos, según Mateo 28:16-20, cabe la pregunta: ¿Cómo se hacen discípulos de Jesucristo? Para empezar, precisamos tomar en cuenta que un discípulo es primordialmente un aprendiz, alguien que está en proceso de formación que tiene como fin que el aprendiz llegue a ser como su maestro. Desde esta perspectiva, el mandamiento a “hacer discípulos” es un mandamiento a formar personas que lleguen a ser como Jesucristo.

Por cierto, esta afirmación no coincide con una enseñanza que se difundió en círculos evangélicos hace unos años, según la cual la tarea del quien realiza la tarea discipular es formar discípulos a su propia imagen y semejanza. No creo que esa haya sido la intención del mandamiento. El Maestro por excelencia a quien todos los cristianos estamos llamados a seguir es Jesucristo. El apóstol Pablo reconoce esto cuando, escribiendo a los creyentes en Galacia, les dice: “Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes” (Gálatas 4:19). Eso no niega, sin embargo, que sólo quien toma en serio su propio discipulado cristiano está en condiciones de formar discípulos de Cristo. Es por eso que el mismo apóstol exhorta a los creyentes en Corinto: “Imítenme a mí como yo imito a Cristo” (1 Corintios 11:1). En la tarea de hacer discípulos, como en la de criar hijos, la pedagogía más efectiva es la que depende mucho más del ejemplo que de las palabras.

Volviendo a nuestra pregunta inicial, ¿cómo se hacen de Jesucristo? Ya observamos en el artículo anterior que en nuestro texto el verbo matheteúsate (“hagan discípulos” en modo imperativo) va acompañado por tres formas verbales (gerundios), dos de las cuales responden directamente a esta pregunta: “bautizándolos” y “enseñándoles”.
El bautismo es el rito de iniciación en el discipulado. Este no es el lugar para profundizar en el tema de la tradicional controversia entre quienes practican el bautismo de infantes como señal del pacto y quienes lo practican como un acto consciente de identificación con Cristo por parte de personas creyentes. Para nuestro propósito basta señalar que en la Gran Comisión se da por sentado que el discipulado se inicia con el bautismo y que éste es “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (v. 19).

Con el bautismo se inicia todo ese proceso al cual nos hemos referido anteriormente: el proceso de formación del aprendiz para que llegue a ser como Jesucristo. Si no se toma en cuenta esto, se corre el riesgo de hacer del bautismo lo único que importa. ¿No fue esto lo que sucedió con la conquista ibérica de nuestro continente? Los conquistadores llegaron con un profundo sentido de misión, con la convicción de haber sido enviados por Dios. La cruz llegó acompañada por la espada, los soldados llegaron seguidos por los frailes misioneros. Y para “convertir” a los aborígenes al cristianismo se esforzaron por bautizar a miles y miles de ellos. Bautizaron pero no hicieron discípulos. Y así nacieron nuestros países: con masas bautizadas pero no evangelizadas. La pregunta es si hoy los evangélicos no corremos el riesgo de hacer lo mismo, impulsados por el afán de incrementar el número de miembros de nuestras iglesias pero sin el debido énfasis en la misión de hacer discípulos.

Sigue en pie la pregunta: ¿cómo se hacen discípulos de Jesucristo? La forma verbal “bautizándolos” es apenas parte de la respuesta, y es inseparable de lo que sigue: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he enseñado a ustedes”.

http://www.kairos.org.ar/


Juan Simarro Fernández

Derechos humanos, los cristianos y los pobres (5)

54134_N_01-10-12-23-34-40Sólo la utopía nos puede ayudar a trabajar por la plenitud del Reino en justicia y paz, justicia y paz en plenitud y verdad. Los cristianos debemos ser utópicos.

Hay que ser utópicos en la búsqueda de una justicia y una paz completas, en la búsqueda del Reino de Dios en plenitud. Nos movemos en el “todavía no” del Reino, pero hemos de trabajar buscando un mundo más justo como si ya, en nuestro aquí y nuestro ahora, pudiéramos instaurar el “ya” el Reino de Dios en completa justicia y paz.
Es verdad que existe el “todavía no” del “ya” del Reino, pero nosotros debemos trabajar, desde la utopía, como si pudiéramos conseguir su plenitud… porque esa plenitud llegará aunque nosotros ya hayamos muerto.
Sólo la utopía nos puede ayudar a trabajar por la plenitud del Reino en justicia y paz, justicia y paz en plenitud y verdad. Los cristianos debemos ser utópicos.
Los Derechos Humanos siguen retando a los hombres. Así, en su artículo 1 sigue repitiéndonos que los seres humanos  “dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.  Asumamos ese reto desde la utopía de poder llegar a un mundo totalmente justo y con completa paz.
Los cristianos debemos ser creadores de conciencia en un mundo en donde hay tantos injustos que parecen no tenerla. Es verdad que todos estamos dotados de conciencia y razón, pero muchos la tienen endurecida para no sentirse interpelados por el sufrimiento de los otros, miran para otro lado, pasan de largo incapaces de ser movidos a misericordia. Para trabajar en estas áreas, siendo creadores de conciencia, hay que ser un tanto utópicos. Desde el punto de vista del “todavía no”, podemos hablar de la utopía del Reino. Si no, desfalleceremos ante tanta injusticia y ante la constatación de nuestra debilidad.
No basta exponer como hemos hecho en el artículo anterior unas reflexiones críticas, sino que nos debemos hacer esta pregunta: ¿Cómo asumir nuestra responsabilidad ante el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en donde se establece que todos los seres humanos,  “dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”?La respuesta nos puede llevar por caminos de utopía, pero de una utopía que nos puede hacer avanzar en líneas de búsqueda de justicia, de transformación de conciencias.
Hay que ser utópicos pensando en que somos alternativaa un mundo real existente lleno de injusticias y opresiones. Vivir en la utopía del Reino, que, estando “ya” entre nosotros, sabemos que llegará en su plenitud y que lo viviremos en la nueva Jerusalén, nos ayuda a que, además de denunciar, trabajemos, actuemos, seamos agentes de liberación. Anunciar que la paz y la justicia en el mundo en su total plenitud debe ser objetivo de los cristianos, sólo se puede hacer desde la vivencia de una sana y creadora utopía, la utopía del Reino.
Tenemos que trabajar siendo realistas, pero no pesimistas, y debemos estar abiertos a la utopía de un mundo mejor que dé total sentido a nuestras vidas, un mundo totalmente solidario y justo.
Son precisamente los cristianos los que están cualificados para aplicar los Derechos Humanos en el mundo, porque conocemos unos valores más utópicos aún, que hemos de poner en marcha como contracultura a muchos de los valores vigentes. Pensando en la plenitud del Reino, pero desde el “ya” de ese Reino asumiendo el “!todavía no” sin que nos paralice.
Aunque sepamos que llegar a la plenitud de estos valores de justicia y paz sea imposible, y tengamos que esperar la realidad de la nueva Jerusalén, se puede trabajar por la plenitud de estos valores desde la utopía, porque el hecho de que llegar a la plenitud de estos valores sea utópico, no implica que al trabajar sobre ellos desde la utopía no se vayan ganando parcelas al mal destruyéndolas con el bien. La marcha tras la utopía abre siempre caminos hacia una mayor conciencia humana eliminando lo inhumano y potenciando los comportamientos fraternales.
Nos recuerda la Declaración de los Derechos Humanos que tenemos razón y conciencia. Por tanto, comportémonos fraternalmente. Esto implica trabajar por un mundo en donde reine el amor total, el amor completo, el amor absoluto. Esto es caminar apoyados en esa utopía.  “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros…”  (1ª Jn. 4:12), base bíblica de este artículo de los Derechos Humanos en donde dice que nos comportemos fraternalmente los unos con los otros. Sólo así hacemos a Dios visible en el mundo. Es la forma de cumplir con este primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de con seguir un comportamiento fraternal los unos para con los otros.
Además, en la lucha tras la utopía evangelizamos, hacemos visible al Invisible que algún día llevará a su compleción y perfección el Reino de Dios. Esto ocurre cuando en nuestro comportamiento fraternal, nuestro amor en acción, alcanzamos también, y de manera especial, a todos los oprimidos e injustamente tratados. Por eso la evangelización debe ser denunciadora de injusticias y anunciadora y promotora de la justicia y el amor en el mundo. Un mundo que lo queremos en completa justicia y paz mirándolo desde esa sana utopía.
Así, la evangelización también debería ser utópica pensando que el Evangelio llegará a todo el mundo y lo cambiará. Por eso nunca desmayaremos en una evangelización hecha desde los parámetros de Jesús: desde los más pobres y en solidaridad con ellos. La evangelización debe ser creadora de comportamientos fraternales entre los hombres. Es parte del evangelio del amor hasta su radicalidad: ¡Vende! ¡Comparte! ¡Sígueme! La promoción de la justicia en el mundo ya es amor, es parte del evangelio del amor. Es comportamiento fraternal.
Muchas veces los cristianos nos enzarzamos en controversias y en luchas teológicas y olvidamos al hombre… olvidando la utopía del Reino. Olvidamos todas las recomendaciones bíblicas para con el prójimo, olvidamos el cumplimiento de los Derechos Humanos. ¡Terrible error!, pues el hombre, inmerso en su realidad histórica, con sus sufrimientos en su aquí y en su ahora, era el objetivo directo del Reino de Dios que irrumpe en nuestra historia con Jesús mismo.
Los Derechos Humanos no están lejos de las recomendaciones o mandamientos bíblicos. Debemos trabajar por el cumplimiento total de los Derechos Humanos desde la utopía. El trabajar por que en el mundo haya un cumplimiento total de los Derechos Humanos ayuda a la lucha de los valores del Reino contra el antirreino, a la lucha y reducción de las fuerzas del mal, la batalla contra aquello que se opone a la vida…
Mirad los países empobrecidos, observad los campos de marginación, los focos de pobreza, la vida y la muerte de los pobres y oprimidos, los lugares de torturas, de muerte… ¡Hay tantas cosas que se oponen a la vida de los hombres, tantas opresiones y tantas marginaciones, que es un escándalo que no nos lancemos en lucha abierta contra las fuerzas del antirreino y en liberación de los hombres! Desde la visión utópica podríamos decir: hasta la liberación total de los hombres en justicia y paz.
¡Atención!, nos dice la Declaración de los Derechos Humanos: Todos los seres humanos  “están dotados de razón y conciencia…  deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.  Y la Biblia nos lo confirma y nos dice: Y los amarás como a ti mismo. ¿Este mandamiento se debe perseguir también desde la utopía?

Autores:  Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2013


Juan Simarro Fernández

Derechos humanos, los cristianos y los pobres (4)

A los que viven sin conciencia y en la sinrazón
Cuando nos miramos en los rostros de hombres acumuladores y despojadores, parece que hay muchos hombres que deberían ser ayudados devolviéndoles la razón y la conciencia.
Los pueblos sufren precisamente porque tienen razón y conciencia, porque pueden razonar sobre la realidad adversa que les envuelve, pueden tener conciencia de su dolor y de su sufrimiento. Incluso pueden llegar a saber el porqué de su marginación, de su exclusión. Muchos seres humanos en el mundo, son tratados como si no tuvieran ni razón ni conciencia. Como si fueran fardos de paja… peor que los animales. No sólo que pueden ser explotados y abusados, sino que son totalmente excluidos. Como he dicho en otras ocasiones, sobrante humano… pero tienen razón, tienen conciencia. Son nuestros prójimos.Una mujer inmigrante en mi iglesia, en un culto libre en el que los miembros pueden salir a dar su testimonio, nos contaba como la trataba la española a la cual servía en el trabajo doméstico: Después de decir varios detalles, concluía:  “me trata peor que a un perro. Mucho peor, porque yo tengo un perrito y lo cuido… no lo maltrato. Ella me grita, me insulta, me hace todo tipo de vejaciones… pero no puedo hacer nada, sólo aguantar… tengo que pagar una hipoteca…”.

Esto ocurre dentro de lo que llamamos el primer mundo, el mundo rico. En el seno de una ciudad moderna como Madrid. Pero hemos de tener en cuenta que los pobres, los inmigrantes, los sufrientes del mundo, tienen razón y conciencia… y sufren por ello. Su sufrimiento es un grito por la ayuda que no les llega, un SOS a la conciencia del mundo y, por ende, a la conciencia de los cristianos.

Sin embargo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 1 establece que todos los seres humanos,  “dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. 

No están los Derechos Humanos muy lejos de la Biblia, con los mandamientos de amor al prójimo como a nosotros mismos, amor en semejanza con el amor a Dios mismo.  “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado” . Comportarse fraternalmente es amar, es hacer projimidad, es seguir las líneas marcadas por Jesús. Es por eso que los cristianos deben apoyar los Derechos Humanos porque éstos no están muy lejos de los mandamientos bíblicos.

Hablamos de los Derechos Humanos en medio de un escándalo humano, el escándalo de un mundo totalmente desigual, en un mundo en donde el 80% de la humanidad está en pobreza. El primer derecho humano sería el poder comer, beber aguas mínimamente limpias para que los niños no mueran por enfermedades que se pueden prevenir o vencer. Esos niños desnutridos, esos hombres que envejecen antes de tiempo y se debilitan, tienen razón y conciencia. Más aún, están creados a imagen y semejanza del mismo Dios, de ese Dios del que nosotros decimos que le conocemos y amamos.

En un mundo en donde no se cumplen los Derechos Humanos, en donde hay torturas, muertes por hambre, en un mundo donde están los “sin techo”, las infraviviendas, la miseria, mundo de dignidad robada… pareciera que pudiera haber hombres, mujeres y niños que no están dotados ni de razón ni de conciencia, pero la tienen. Eso hace que experimente el sufrimiento y la angustia a flor de piel.

Eso redunda en eso que hemos llamado un escándalo al que, a veces, desde el mundo rico queremos justificar o, simplemente, darle la espalda… pero seguimos diciendo en nuestros entornos consumistas que respetamos los Derechos Humanos… mientras tiramos comida a la basura o hacemos gastos innecesarios en cantidades sin límite. Los Derechos Humanos siguen diciéndonos que  “dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. La llamada es a un comportamiento fraternal. Lo podemos poner en línea, si queréis salvando las distancias, con el concepto bíblico de projimidad.

Pareciera que los Derechos Humanos se equivocan. ¿Por qué? Porque en otro sentido, desde el punto de vista humanitario, sí se puede decir que parece que hay hombres sin conciencia y sin razón, que hay hombres que no responden en nada a la imagen de Dios en sus vidas… pero no son precisamente los débiles y sufrientes del mundo los no dotados de conciencia y razón, sino sus amos, los que ponen sus escaseces en sus mesas y comen y consumen hasta quedar ahítos de espaldas al hambre de tantos coetáneos suyos. Se comen no sólo lo propio, sino lo ajeno, se alimentan del hambre de los empobrecidos de la tierra.

Cuando nos miramos en los rostros de muchos hombres insolidarios, acumuladores y despojadores, parece que hay muchos hombres que deberían ser ayudados devolviéndoles la razón y la conciencia. Son hombres que, más que conciencia, parece que ésta ha sido exterminada por un corazón duro, un corazón de piedra, un corazón con una potencialidad de cometer los mayores males que uno pueda imaginar. Devolved la conciencia a los malvados, devolved la razón a los despojadores.

Pareciera, si miramos los desequilibrios, abusos, injusticias y opresión a los que muchos son sometidos, que esta parte del primer artículo de la Declaración de los Derechos Humanos es falsa. Que sí hay hombres sin conciencia y sin razón. Que hay seres humanos que parece no estar dotados de esos dones que nos hacen ser semejantes al Creador. Muchos tratan a sus congéneres como si fuesen objetos o máquinas de las que se pueden servir sin ningún tipo de miramientos… o dejarlas tiradas en la basura, al margen del camino, en el olvido.

El amor al dinero y al poder embotan esas dos cualidades. Se mantienen adormiladas por el amor al dinero y al poder, son incapaces de comportarse tal y como piden los Derechos Humanos:  “fraternalmente los unos con los otros” … porque tenemos conciencia y razón. Porque todos somos hijos de un mismo Padre, hechos a imagen y semejanza de Él. Señor, mantennos con una conciencia alerta, limpia y solidaria, apoyada en la razón que tiene que estar en contra de la sinrazón del escándalo de la pobreza en el mundo.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2013