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Juan Simarro Fernández

Derechos humanos, los cristianos y los pobres (1)

 Introducción

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Comenzamos una nueva serie con el tema:  “Los Derechos Humanos, los cristianos y los pobres” . Así, pues, nos introducimos por un largo camino en el tratamiento de estas temáticas tan comprometidas. Pedimos la ayuda de Dios para que todo llegue a buen término, a conseguir la meta que deseamos de concienciación de los cristianos sobre el tema de los Derechos Humanos, derechos tan cercanos a los valores bíblicos, a los valores del Reino.Venimos del tratamiento de los temas de dos series basadas en los Evangelios. Dos años trabajando y comentando los Evangelios. Una grata experiencia para mí. Espero que lo haya sido también para vosotros.

Ha sido toda una aventura extraordinaria la de ir analizando la fuerza, la belleza, la espiritualidad y la humanidad de estos temas que se dan en torno a las enseñanzas de Jesús, en torno a sus doctrinas, mandamientos, principios, prioridades y estilos de vida. Creemos que es muy difícil superar estas dos series sobre los Evangelios con el tema de los Derechos Humanos pero, por otra parte, es también una forma de reflexionar un poco más sobre las problemáticas humanas actuales. Nada humano le es ajeno a Dios.

Estamos acostumbrados a oír decir que los Estados tienen el deber de intervenir, de manera solidaria, para defender los Derechos Humanos. Muchas veces pensamos que deben ser los Estados quienes, de manera subsidiaria y solidaria, intervengan para defender los derechos del hombre y los derechos ecológicos que afectan tanto a la vida del hombre, como de los animales, como de los ecosistemas… Pero ¿y la iglesia?

Debemos olvidarnos del hecho de que la iglesia es solamente un lugar de reunión y de que su función termina con el culto, porque si no hay solidaridad con el hombre y búsqueda de justicia, el culto no es posible. Dios cierra sus oídos y no escucha. Leamos los textos proféticos. La insolidaridad con el hombre que sufre y que es despojado de sus derechos humanos, en el más amplio sentido de este término, cierra las compuertas del cielo. Así, ni nuestras oraciones ni el olor o el perfume de nuestro incienso cúltico, superará la altura del techo de nuestro templos. Nuestro ritual será vano.

Los cristianos tenemos unos valores que, lógicamente, engloban toda la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los supera. Tenemos los valores del Reino defensores del hombre, comenzando desde los más débiles a los que Jesús quiere encumbrar, trastocando valores de manera que los encumbrados pueden llegar a sumergirse en los últimos lugares. Así,  “muchos primeros serán postreros y muchos postreros primeros” .

Jesús nos deja con una ética humana excelsa y nada de lo humano le es ajeno. Sin embargo, no siempre los cristianos intervenimos hoy en la defensa de los derechos de los hombres, comenzando por los más pobres, oprimidos, despojados y lanzados a los ámbitos de la infravida. Vivimos, a veces, un cristianismo despojado del compromiso con el hombre. Un cristianismo no sólo light, sino falso.

Otras veces, usamos los temas bíblicos de solidaridad con el hombre desde la vivencia de una espiritualidad desencarnada e insolidaria con el hombre al que se le han robado su dignidad y sus derechos. Espiritualizamos los términos, usamos un lenguaje eclesial que muchos hombres en el mundo rechazan… muchas veces, prefieren los lenguajes seculares por la incoherencia de lo que dicen los cristianos en relación con sus hechos.

No sé hasta qué punto ha cuajado en el mundo la ciudad secular de la que hablaba Harvey Kox, pero sabemos que, en muchos ambientes, el lenguaje de los religiosos, del clero, de los hombres de iglesia, es rechazado. ¿Deberíamos los cristianos salir por el mundo con el texto de las parábolas del Reino con sus valores defensores de los débiles en una mano y con el texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la otra? ¿Nos entendería mejor el mundo, el mundo secular, desde tantos ambientes secularizados en medio de los cuales se ven crecer las injusticias, el robo de dignidad y de los derechos de los pobres y despreciados del mundo, si los cristianos no dejásemos solos a los Estados en su intervención en la defensa de los Derechos Humanos?

¿Son los Derechos Humanos unos mínimos morales de justicia que pueden ser una herramienta válida para defender el concepto de projimidad, aunque éste desde los valores bíblicos se vea como algo mucho más excelso? ¿Nos sirve la Declaración Universal de los Derechos Humanos como materia, aunque sea segunda, para ponerla junto a los valores bíblicos para que esto nos ayude a enraizar más nuestra fe en la historia, en la situación en la que vive nuestro prójimo en nuestro aquí y nuestro ahora? ¿Nos puede servir la defensa de los Derechos Humanos para romper un poco las paredes de nuestros templos y hacerlos más permeables al exterior, más cercanos a la gente que sufre?

Si el cristianismo se viviera desde el compromiso tan radical con el hombre que tuvo Jesús, desde la defensa de una ética que abarca los ámbitos socioeconómicos, desde una ética liberadora de los pobres y débiles del mundo, desde una ética restauradora de todos aquellos que han sido humillados, ofendidos y lanzados a los márgenes de los caminos, apaleados y robados, el texto bíblico es más que suficiente.

Sin embargo, hemos de reconocer que nuestro compromiso con el hombre, vivido desde el ámbito eclesial, falla muchísimas veces, se espiritualiza de manera insolidaria y pierde las raíces que nos deben unir a la defensa de los derechos y la dignidad de nuestro prójimo en un mundo hoy en el que se vive un escándalo humano con más de media humanidad en pobreza, que afecta a la pérdida de derechos humanos tanto de los niños, como de las mujeres, como de los hombres, así como a los deberes del hombre con el ambiente ecológico, perjudicando todo el ambiente humano, el ambiente de la tierra y de los animales.

Desde ciertas perspectivas espiritualistas y faltas de compromiso radical con el hombre que sufre, el hecho de que los cristianos se decanten por una intervención solidaria en defensa de los Derechos Humanos tal y como los muestra la Declaración Universal, puede ser una herramienta que nos ayude al cumplimiento de nuestros deberes de projimidad.

Personalmente, desde esta revista Protestante Digital, quiero dedicar al menos un año a hablar de los Derechos Humanos, los cristianos y los pobres de la tierra. Vamos a hacer un recorrido en el que intentaremos estar lo más acertados posible, con la ayuda de Dios, manteniéndonos siempre con el texto bíblico en una mano y con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la otra.

Si queréis, con los Derechos Humanos como materia segunda con respecto a la propia Biblia, pero materia segunda totalmente válida y digna de defenderse como camino hacia una ética de dignificación del prójimo al que debemos amar con un amor semejante al amor que debemos tener a Dios.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2013

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XVI)

El último, el esclavo, el que sirve
Hoy más que nunca se valora la riqueza como prestigio y se sigue poniendo a los ricos en los primeros lugares… incluso en las iglesias cristianas.

 

Es impactante y un tanto escandaloso el fijarse en la inversión de valores que hace Jesús tanto en las parábolas del Reino como en otros mensajes suyos dirigidos tanto a las multitudes como a los discípulos.  “…Sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige como el que sirve”.  Lucas 27:26. ¿Escandaliza hoy esta frase a los creyentes?

En estas líneas sobre el servicio basadas en el pasaje de Lucas en el que los discípulos iban discutiendo cuál de ellos sería el mayor, vendría muy bien la frase de Jesús que estructura todo su pensamiento en estas áreas:  “Los últimos serán los primeros” .

En el pasaje de Mateo 20, sobre la madre de los hijos de Zebedeo, pidiéndole a Jesús que ordenara que en su reino sus hijos se sentaran uno a la derecha y el otro a la izquierda, se perfila también este concepto. Allí el mensaje se da de esta manera:  “El que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo” . Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los siervos. No es nada fácil entender el Evangelio desde los parámetros del mundo. Les escandaliza. Causa rechazo si no se mira con los ojos de la fe.

No era fácil para los discípulos entender al Maestro. ¿Acaso lo es hoy? Hoy la tendencia normal sigue siendo el querernos encumbrar, el ser los mayores, el estar más cerca de los ángeles que de los hombres, especialmente de los hombres empobrecidos y maltratados. El pensamiento de Jesús dice que el servicio es el que nos pone en nuestro lugar. Los textos hablan de la grandeza del servicio… el grande es el que sirve, el que se humilla… no es el que se sienta a la mesa, sino el que se pone al servicio de los que se han de sentar.

Jesús lo fundamenta con su ejemplo:  “Yo estoy entre vosotros como el que sirve” . Ese, diría Jesús, es el mayor ejemplo de grandeza. Hay toda una revolución de valores, aplicados aquí al servicio y a todo el pensamiento de Jesús en general. Con respecto a la lógica del mundo hay una revolución de valores, todo un trastoque de los conceptos que nosotros tenemos como buenos. Todo esto dejaba atónitos y escandalizados a los que escuchaban desde la lógica de los poderosos.

Hoy no ha cambiado mucho. En alguna ocasión, hablando de estos temas, lo que a grupos de creyentes les parece injusto es que en la parábola de los obreros de la viña se les pague igual a los obreros que han trabajado desde el principio del día que a los que han entrado al final de la jornada y que, además, se les pague los primeros. No entienden el trastoque de los valores de Jesús, su justicia que no es como la de este mundo, sino una justicia impregnada de misericordia a favor de los más débiles que, en este caso, sería aquellos a los que nadie quería contratar por ser precisamente los menos competitivos por su situación de debilidad.

Hay una inversión de valores que también se debe dar en la valoración de las personas, religiosas o no. La grandeza está en el servicio, no en el ser servido. La grandeza está en saber humillarse en el servicio al otro, no en el hecho de que otros te sirvan porque te consideran importante. Así estos párrafos de Jesús:  “Los reyes de las naciones se enseñorean sobre ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores” . Esos no son los grandes, no son los importantes a los ojos de Dios. Se consideran los mayores a los que hay que servir y se autoengrandecen. Nunca serán los primeros, los que tengan la dignidad o el privilegio de sentarse al lado de Jesús.

Por eso Jesús dice a sus discípulos : “Entre vosotros no será así, sino que el mayor será entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve” . Así, pues, los importantes no van a ser aquellos que se encumbran en la escalada social y económica, siendo admirados por todos los que están dispuestos a servirles por ser los ganadores, los que han llegado a las cumbres humanas. Los importantes serán los que se humillan hasta el servicio a los más débiles. De ahí la grandeza del servicio aunque algunos se escandalicen ante ello.

Jesús invierte los valores y deja la preeminencia a los que sirven. Las otras formas de pensar de los que quieren ser servidos, se dan entre los enaltecidos por el poder o el dinero…  “más no así entre vosotros” , nos dice Jesús. Por tanto, entre nosotros, los cristianos, no debe ser así, a no ser que seamos cristianos nominales que están a años luz del auténtico seguimiento de Jesús:  “Yo estoy entre vosotros como el que sirve” , nos dijo el Señor durante su estancia entre nosotros en la tierra. Fue su ejemplo humano para los que quieren seguirle.

Debéis imitarme, diría Jesús…  “porque ejemplo os he dado” , les dijo después de haber lavado los pies a sus discípulos.

Tenemos que decir que, desgraciadamente hoy, la inversión de valores que hace Jesús no ha calado suficiente en el mundo. Hoy más que nunca se valora la riqueza como prestigio y se sigue poniendo a los ricos en los primeros lugares… incluso en las iglesias cristianas. Hoy las mayorías piensan que para ser importante, hay que triunfar en el mundo del dinero o del poder, ocupar lugares de privilegio bien remunerados, ya sea en el mundo de los negocios, del arte, de los deportes…

Pocas veces se considera como importante y se califica de triunfador al que comparte, al que se acerca a los humildes, a los que consuelan, a los que buscan la paz y están de espaldas al lujo y al boato de los altos cargos y triunfadores según el mundo.

¿Predicamos desde nuestros púlpitos, desde nuestras iglesias, con nuestros ejemplos y estilos de vida esta inversión de valores que hace Jesús? ¿Queremos ser de los importantes desde los parámetros de vida que nos presenta el Maestro? ¿Seguimos la lógica de Jesús o de los poderosos del mundo acostumbrados a que les sirvan? ¿Podemos consideran a los últimos según el mundo como los primeros? ¿Aceptamos que el que quiera ser el primero ha de ser el siervo de los otros? ¿Hemos asimilados la inversión de valores que hace Jesús? ¿Podemos hoy trastornar al mundo con estos valores o se nos han colado por la puerta de atrás de las iglesias los valores mundanos, contravalores en relación con los valores del Reino, y vivimos como los que no tienen esperanza?

Os animo a aceptar el reto de los valores de Jesús, de la inversión y revolución de valores que Él hace sin escandalizaros. Quizás entonces será muy fácil entrar por los caminos del servicio. El servicio a los más necesitados, a los pobres y proscritos del mundo, a los sufrientes de esta tierra. Es la forma de entrar en la categoría del ser los primeros… y los más felices, de los hombres libres.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2013

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Pablo Martínez Vila

El compromiso de Ciudad del Cabo 2010 (1)

La verdad ha muerto, ¡viva mi verdad!
Para muchos creyentes la Biblia ha dejado de ser normativa para ser sólo orientativa.

 

I SER TESTIGO DE LA VERDAD DE CRISTO EN UN MUNDO PLURAL Y GLOBALIZADO
Comentario introductorio de Pablo Martínez Vila (*)

“La verdad ha muerto, ¡viva mi verdad!”: El subjetivismo y la bancarrota de la Verdad.

Nuestro concepto de la verdad va a determinar gran parte de nuestra vida. Casi podríamos parafrasear el refrán español y decir: “dime cuál es tu verdad y te diré quién eres”. Nos guste o no, la vida que vivimos es en gran parte consecuencia de la verdad que creemos. La respuesta a la célebre pregunta de Pilatos a Jesús “¿ qué es la verdad?”  encierra las claves de la vida e incluso de la muerte. No es extraño, entonces, que la gran batalla de las ideas que se libra hoy en el mundo tenga como telón de fondo lo que podemos llamar “la guerra de la verdad”. La raíz del conflicto no es cultural ni siquiera ideológica, es moral. Lo que se está dilucidando en el fondo no es una nueva filosofía, sino quién tiene la autoridad en mi vida y en el mundo, “¿ manda alguien ahí arriba o puedo mandar yo?’ ”. En este sentido, un auténtico seísmo ha sacudido los cimientos de la civilización occidental porque en los últimos 30 años el fundamento y la naturaleza de la verdad han cambiado de forma extraordinaria. El cambio se resume en una frase: la verdad ha muerto, viva mi verdad. El auge del subjetivismo y la bancarrota de la verdad como un valor absolutoconstituyen el rasgo más descollante de la sociedad del siglo XXI desde el punto de vista ético.

¿Qué ha ocurrido en realidad? Después de más de dos siglos de racionalismo (la glorificación de la razón predicada desde la Ilustración), el golpe de péndulo del post modernismo ha llevado a una sobrevaloración de lo subjetivo que ha pasado a ser la norma suprema de vida y de conducta. Lo que yo pienso y siento, mi opinión, es lo que vale. Antes, la verdad estaba fuera de mí, era un ello; hoy la verdad está dentro de mí, es una extensión de mi “yo”. El subjetivismo es un ídolo intocable para muchas personas hoy porque permite entronizar al yo y desbancar a Dios. Mis sentimientos, en especial mi felicidad, tienen primacía sobre la razón. Lo objetivo, lo que se puede medir, tocar y demostrar, ha quedado relegado al campo de la investigación y de las ciencias, pero no importa demasiado en la vida cotidiana.

La verdad ha muerto ¡viva mi verdad!
Pablo Martínez Vila: Nuestro concepto de la verdad va a determinar gran parte de nuestra vida. Nos guste o no, la vida que vivimos es en gran parte consecuencia de la verdad que creemos. No es extraño, entonces, que la gran batalla de las ideas que se libra hoy en el mundo tenga como telón de fondo lo que podemos llamar “la guerra de la verdad”. Una entrevista de Esperanza Suárez.

Esta forma de pensar tiene una consecuencia inevitable: si no hay una sola verdad, sino muchas verdades, entonces mi verdad es tan válida y correcta como la tuya. De esta manera, el concepto de verdad queda reducido a una opinión personal y, por tanto, discutible. La conclusión es clara: no hay una verdad absoluta -la Verdad-, sino muchas verdades relativas. Este fenómeno se puede comprobar hoy perfectamente en las tertulias de radio o televisión donde todos hablan a la vez y nadie escucha a nadie. Es un desorden calculado, deliberado; el galimatías de voces no ocurre por incompetencia del presentador, sino por la filosofía de fondo que predomina en todos los debates, sean públicos o privados: no importa  la verdad  del tema en cuestión, lo importante son las  opiniones  personales que son elevadas de forma automática a la categoría de verdad, mi verdad.

Éste, sin embargo, no es el final del camino porque no estamos ante un asunto sólo de ideas, sino de conductas. Como decíamos al principio, el qué creo influye en el cómo vivo. La verdad tiene unas consecuencias éticas: es la guía para discernir entre lo recto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Si la verdad está dentro de mí, entonces no hay una moral objetiva, sino que cada uno se construye su propia guía de conducta. Esta “ética a la carta”, a gusto del consumidor, es la consecuencia más dramática de la bancarrota de la verdad. Nadie tiene que enseñarme lo que está bien y lo que está mal porque esto lo sé sólo yo. Además, lo que es bueno para ti puede ser malo para mí o viceversa. Y así vivimos en una época en la que se repite como un calco la descripción del tiempo de los jueces cuando  cada uno hacía lo que bien le parecía”.La confusión ética y una crisis de valores sin precedentes son la consecuencia natural de eliminar el valor absoluto de la verdad.

Esta corriente de subjetivismo y crisis de la verdad está afectando a la Iglesia de forma perceptible. La erosión de la autoridad de la Palabra de Dios como norma suprema de vida y de conducta es una de sus consecuencias más preocupantes. Para muchos creyentes la Biblia ha dejado de ser  normativa  para ser sólo  orientativa . Según Charles Colson, conocido evangelista y pensador americano, en los años 1960 el 65 por cien de los norteamericanos creía que la Biblia era la verdad. Hoy esta cifra ha bajado al 32 por cien. Y lo que es más significativo, el 70 por cien afirma que no existe tal cosa como la verdad ni los valores morales absolutos.

 Posiblementeahí está la raíz de la crisis de secularismo y superficialidad que predomina en muchas iglesias en Occidente, incluida España. Cuando la Verdad se convierte en algo relativo y no absoluto, la Iglesia acaba siendo mundana, es transformada por el mundo en vez de ser ella agente de transformación; la Biblia pasa a ser un libro orientativo, pero no normativo y la gracia de Cristo se convierte en una gracia barata que lo acepta todo y mira hacia otro lado ante aquellas conductas que antes se llamaban  pecado  y que ahora quedan excusadas por este manto de subjetivismo que lo envuelve todo.

Por esta razón los cristianos debemos recuperar y proclamar con vigor la Verdad de Dios revelada en la Biblia y encarnada en Cristo. Necesitamos coraje para ser heraldos de esta Verdad y coherencia para encarnarla en nuestra propia vida. Sólo así lograremos ser “sal y luz” en un mundo de corrupción y oscuridad. Aquel que dijo “Yo soy la luz del mundo” también afirmó de sí mismo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32).

La Verdad sigue viva en Cristo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida….”

Al mostrar la Verdad de Dios al mundo podemos compararla a un diamante que tiene varias caras, cada una de las cuales refleja aspectos preciosos, aunque parciales, del todo:

1-LA VERDAD ES INSEPARABLE DE LA PALABRA
Dios ha hablado a lo largo de la Historia  “muchas veces y de muchas maneras ” (Heb. 1:1) y nos ha revelado la Verdad en las Escrituras. Esta cara del diamante es la que podemos llamar la verdad revelada. Constituye el conjunto de proposiciones que somos llamados a creer. El apóstol Pablo la llama “ el buen depósito ” (1 Tim. 1:14”) o la “ sana doctrina ” (2 Tim 4:3; Tito 1:9). Este cuerpo de doctrinas –creencias- se inicia con la revelación de Dios a los patriarcas, sigue con los profetas y culmina en el NT con la enseñanza de Jesús y los apóstoles. Si bien está expresada de manera perfectamente comprensible –hay un elemento lógico racional incontestable en la verdad revelada- , en último término sólo se puede acceder a ella desde la fe. Son los ojos de la fe los que alumbran nuestro entendimiento (Efes.1:18) y nos permiten aprehender toda la riqueza de la Verdad de Dios.

2-LA VERDAD ES INSEPARABLE DE LA VIDA
La verdad de Dios es inseparable de la vida, tiene unas implicaciones morales inevitables para nuestra conducta. La verdad no es sólo algo a creer, sino a practicar. Implica demandas éticas, cambios, un estilo de vida. La segunda cara del diamante es la verdad obedecida. Somos llamados también a vivir la verdad, no sólo a creerla. De hecho, vivir la verdad es la mejor demostración de que la hemos creído. Hemos de creer lo correcto – la sana doctrina-,  pero también hemos de vivir rectamente (Heb 12:14; 1 Ped. 1:14-16). Creer la verdad de Dios nos da paz y seguridad para el futuro – “Señor, ¿a quién iremos? Tú, tienes palabras de vida eterna ” (Jn. 6:68)- pero también debe transformar las vidas aquí y ahora (2 Cor 3:18; Filip. 1:6)).  La obediencia a la verdad  no sólo  purifica nuestras almas , sino que nos dispone para el amor fraternal no  fingido y  para amarnos unos a otros entrañablemente  (1 Pedro 1:22).

3-LA VERDAD ES INSEPARABLE DE LA GUÍA DEL ESPÍRITU SANTO
Hasta aquí hemos considerado los aspectos más directamente relacionados con nuestra responsabilidad, lo que nosotros ponemos de nuestra parte: buscamos entender y aprehender la verdad revelada de Dios y anhelamos vivirla, obedecerla. Conseguir esto por nosotros mismos no sólo es difícil, es imposible porque entender y vivir la Verdad de Dios requiere la capacitación divina. La verdad es también algo a discernir y, en este sentido, nos referimos a la tercera faceta del diamante comola verdad iluminada. Por esta razón, Dios nos ha provisto de un recurso sobrenatural: la ayuda del Espíritu Santo quien es el que desde el principio “ nos convence de pecado de justicia y de juicio ” (Jn. 16:8) y nos sigue “ guiando a toda la verdad ” (Jn. 16:13) en nuestro caminar diario. Dependemos del Espíritu para que nuestras creencias –la verdad revelada- no se queden en algo frío u oxidado por el tiempo, sino que sean regadas con la unción del Espíritu que nos renueva cada día.

4-LA VERDAD ES INSEPARABLE DE LA PERSONA DE JESUCRISTO
La Verdad es más que una doctrina o una vivencia espiritual-religiosa; es, ante todo, una persona: Cristo. Dios, después de darnos la verdad revelada, “ … en estos postreros días, nos ha hablado por el Hijo ” (Heb 1:1). En Cristo culmina la revelación de la verdad hasta el punto que él pronunció las palabras más osadas que nadie haya dicho jamás: “ Yo soy el camino, la verdad y la vida ” (Jn 14:6). Cristo viene a ser la verdad encarnada “Aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros….lleno de gracia y de verdad…Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo ” (Jn. 1: 14,17). Siguiendo con el símil del diamante, Cristo es la parte más preciosa de la verdad divina porque él “ es la imagen del Dios invisible ” (Col. 1:15) y en él “ habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad ” (Col. 2:9). Como alguien ha dicho, “un cristiano es una persona que ha quedado prendada y prendida de Jesucristo”. La luz que irradia la Verdad no sólo alumbra nuestras tinieblas, sino que nos seduce y nos atrae para compartir toda nuestra vida con Él (Apoc. 3:20). Ahí radica el rasgo más distintivo del cristianismo: no es tanto una religión, sino una relación. Por ello, en último término,la verdad no es sólo algo a creer, algo a vivir y algo a discernir, sino sobre todo alguien a quien amarel Cristo vivo, la Verdad encarnada.

 Este artículo se corresponde a la serie que en unblog bajo el nombre de “Lausana” analiza y aplica el documento“Para el mundo al que servimos: La llamada a la acción de Ciudad del Cabo” , elaborado en el encuentro del Movimiento Lausana realizado en 2010 en África del Sur, al que acudieron cuatro mil líderes evangélicos de todo el mundo.

(*)  Ex Presidente de la Alianza Evangélica Española (1999-2009) y miembro actual de la Comisión Sociopolítica de la Alianza Evangélica Europea. Director del European Christian Counselors Network (Red Europea de Consejeros Cristianos). Psiquiatra, escritor y conferenciante internacional.

Autores: Pablo Martínez Vila

©Protestante Digital 2013

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XIV)

48276_N_19-12-11-23-25-47No debemos convertir el cristianismo en una religión cómoda que a nadie interpela en forma de reto y de servicio, que a nadie ofende ni cuestiona.

 

Cuando titulo esta reflexión como “Cristianos sosos, iglesias son luz”, tampoco es mi propósito hacer una crítica a la iglesia y al pueblo cristiano en general, sino hacer una reflexión sobre la vida desalada que, a veces, podemos llevar los creyentes dejando al mundo sin sabor, sin luz.
Creo que la reflexión merece la pena. Espero que no os escandalicéis ni de las palabras de Jesús ni de esta reflexión. Jesús nos tuvo que decir: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada”… Vosotros sois la luz del mundo… No se enciende una luz y se pone debajo de un celemín… para que vean vuestras buenas obras…”.  Mateo 5:13-16 .
En todo caso, sin pretender ninguna crítica que escandalice, sería una crítica a la vivencia del cristianismo de forma no comprometida, light, sosa, cómoda… irresponsable, para llevar a una reflexión en búsqueda de un compromiso lleno de sabor, de luz, de fuerza… de gracia . No debemos convertir el cristianismo en una religión cómoda que a nadie interpela en forma de reto y de servicio, que a nadie ofende ni cuestiona.
Cuando no vivimos en profundidad y con coherencia la projimidad, el servicio, el compromiso con el mundo, con los valores del reino y con la radicalidad de las enseñanzas de Jesús, convertimos nuestra vivencia de la espiritualidad cristiana en algo insaboro, inodoro, lleno de indiferencia, irresponsablemente cómodo y falto de compromiso… no hay sal, no hay luz. Nos convertimos en un grupo que intenta mirar al cielo o que nos miramos a nosotros mismos, pero un grupo al que le falta sal, especies, picante… vida.
Cuando esto es así, nuestra presencia cristiana en el mundo, sólo sirve para que nos pisoteen como algo vano y sin valor, que nos echen a los contenedores de la basura porque hemos perdido todo principio que nos motiva a la vivencia de una vida cristiana que da sal y luz al mundo.
Así, cuando somos cristianos sosos o iglesias sin luz, podemos hablar desde el pesebre hasta la cruz, haciéndonos cómodos rincones para adormilarnos al olor de los animales o de las imágenes de lo que llamamos un belén, o para recostarnos buscando goces insolidarios en los brazos de la cruz. Todo nos sirve para sestear e intentar vivir goces insolidarios que son vanos y que no sirven para nada. Vapores adormideros de conciencias.  Búsquedas de seguridades que huelen a insolidaridad y egoísmo pernicioso. Vapores religiosos que no nos comprometen, como nos pide la definición bíblica de religión, ni con los huérfanos, ni con las viudas, ni con ningún otro colectivo sufriente del mundo.
Es entonces cuando hemos caído en la sosería, en lo insípido, en lo no motivante ni liberador para el mundo. Estamos metidos debajo del almud, del celemín, de las cuatro paredes de la iglesia sin que la luz y la sal lleguen al mundo que nos necesita.
Cuando perdemos el contacto con el mundo y nuestra vivencia del cristianismo transmite vaciedad y oscuridad, hemos perdido el contacto con el Dios de la vida , con el Dios que es luz y sal para el mundo. Hemos perdido el reflejo que de lo divino debe haber en los seguidores de Jesús.
Cuando no somos sal y luz, cuando hemos dejado de hacer del cristianismo vida que esparce sal y luz por el mundo, es cuando convertimos la vivencia de lo espiritual en ritual, en doctrinas y tradiciones que no nos hacen caminar por el mundo como “vivos entre los muertos”, no andamos como vivos que van salando el mundo, vivos que son una ráfaga permanente de luz. Caminamos como cadáveres que han perdido la esencia de la vida cristiana, el sabor y la luminosidad. Somos cuerpos opacos que caminamos por el mundo ante la indiferencia de todos.
Cuando no vamos esparciendo sal y luz, ya no somos testigos del Evangelio . Hacemos para nosotros mismos un evangelio de autoconsumo que no nos reta ni nos convierte en las manos y los pies del Señor que se mueven en medio de un mundo de dolor esparciendo la sal y la luz que debe convertirse en el consuelo, la práctica de la misericordia, la acción social cristiana comprometida con los débiles del mundo, los estilos de vida y las prioridades en la línea de los ejemplos que nos dejó Jesús.
Cuando vivimos un cristianismo inoperante que no esparce ni la sal ni la luz que el mundo necesita, estamos convirtiendo nuestra fe en algo mortecino, que no actúa, que no tiene obras… las obras de la fe, las obras del amor. Es por eso que el texto concluye que debemos ser sal y luz para que se puedan ver nuestras buenas obras, nuestros hechos, nuestros compromisos prácticos de ayuda solidaria a los sufrientes del mundo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro padre que está en los cielos”.
Los cristianos que huyen de lo insípido, de lo soso, de lo inoperante, no tienen más remedio que vivir su fe de forma que ésta actúe a través del amor . El Apóstol Pablo, que lo vemos como el defensor de la salvación por fe, y es cierto, tiene que darnos esta frase que convierte la fe en algo activo, operativo, con obras, actuando a través del amor… las obras de la fe: Lo importante es “la fe que actúa por el amor”. Las obras que hacen que los cristianos puedan ser sal y luz, un fermento de compromiso que puede liberar al mundo, que lo puede cambiar, que puede acercar a todos sus rincones los valores del reino que son valores solidarios, restauradores de los sufrientes del mundo y que trae a la luz a aquellos que han sido relegados a los últimos lugares de forma inmisericorde.
Es entonces cuando ya no vamos a buscar el rincón cómodo o romántico del pesebre, ni vamos a sestear más acurrucados en los brazos de la cruz. Tanto el pesebre como la cruz van a ser nuestra fuerza, lo que nos impulsa a salir al mundo para sazonarlo con el sabor de la sal e iluminarlo con la lumbre de la vida . Cuando miramos con compromiso hacia el pesebre o hacia la cruz, es cuando nos damos cuenta que nos queda un camino estrecho que recorrer siguiendo al maestro. Es cuando nos haremos testigos vivientes y visibles de Cristo, fuerza divina humanizadora, liberadora, solidaria… Se necesita más sal, sal de la tierra y luz del mundo, para dejar de sestear y que mundo pueda ver nuestras buenas obras… Si no, ¿cómo van a glorificar a Dios?

Autores:Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2013

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¿Debemos abandonar el ritual?

Publicado: noviembre 7, 2012 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XIII)

Creo que lo que Jesús quiere evitar es el ritual vacío de compromiso con el hombre.

 

 Dice Jesús: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. ¿Nos escandaliza esto un poco?

¿Debemos, por tanto, abandonar el ritual?  Estos versículos que hemos citado están en el contexto de los frutos: “Por sus frutos los conoceréis” . Al leerlos, a uno le puede venir a la mente la pregunta si es que el ritual no es necesario, si hemos de abandonar el ritual de repetición de palabras a Dios, de clamar “Señor, Señor”, de ir profetizando y haciendo milagros… pareciera que lo único válido es la práctica de la misericordia y las obras de la fe. Parece que lo único que quiere el Señor es ver al hombre comprometido con el hombre, buscando justicia y practicando la misericordia, practicando la projimidad.

 Hay que tener cuidado para no caer en un humanismo laico, incluso ateo, pensando que lo importante es el compromiso solidario con el hombre sufriente. Yo creo que no es así. Creo que lo que Jesús quiere evitar es el ritual vacío de compromiso con el hombre, las alabanzas y oraciones que se hacen de espalda al grito de los marginados . El acercamiento a Dios a través de la práctica del ritual de culto es válido, siempre que no estemos olvidando el hacer justicia y misericordia. Al templo, al lugar del ritual, a la iglesia, no se debería entrar si no estamos reconciliados con el prójimo, si estamos de espaldas a sus llamadas y necesidades de justicia y misericordia.

 Una vez más hay que decir que lo que hay que buscar es la integralidad de la vivencia de la espiritualidad cristiana que une la práctica del ritual en los templos y la preocupación por una justicia que rehabilite a los marginados y pobres de la tierra, a los débiles del mundo . Estas dos líneas tienen que darse necesariamente: la práctica de la diaconía y la práctica del ritual: alabanza, oraciones, lecturas, adoración… sabiendo que todas estas cosas son aceptas a Dios cuando también se está haciendo justicia y practicando la misericordia, cuando se une el amor a Dios con la práctica de la projimidad, con el amor al hombre y, fundamentalmente, al que ha sido oprimido o reducido a la pobreza o exclusión social, al hombre que sufre en general por la avaricia o el pecado de los otros hombres.

 En la parábola del buen samaritano, el texto condena al sacerdote que consideró más importante seguir hacia su ritual que el pararse y mancharse las manos con el herido, apaleado y dejado tirado al lado del camino . Yo creo que el texto nos está diciendo que en estos casos de emergencia del prójimo, cuando el prójimo nos necesita, cuando el cumplimiento de la projimidad nos llama, es necesario pararnos misericordiosamente, detenernos, abandonar, si es necesario, el ritual o los cumplimientos religiosos a los que estamos acostumbrados.

Pararnos movidos a misericordia es lo que puede dar credibilidad a la práctica de nuestro ritual. Si no es así, podemos caer en el ritual vacío con el cual, cuando nos presentemos ante Dios, nos podemos encontrar con la respuesta radical y condenatoria: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”, aunque ellos griten diciendo que clamaron a él, que en su nombre lanzaron fuera demonios, que profetizaron, que cumplieron con todas las prácticas del ritual.

Son situaciones terribles que Jesús nos muestra para concienciarnos de la importancia de los frutos de misericordia y de justicia para con los empobrecidos de la tierra, para con los huérfanos, las viudas y los extranjeros que eran los prototipos de las personas marginadas en el mundo bíblico.

Nuestro ritual será acepto a Dios si somos capaces de pararnos, movidos a misericordia, para ayudar, compartir, lavar las heridas del prójimo y clamar por justicia como hicieron los auténticos profetas, denunciando las situaciones de maldad, las estructuras de poder injustas, la opresión de los trabajadores, animándonos a ser manos tendidas que visten al desnudo y dan de comer al hambriento.

Tenemos que seguir el ejemplo del buen samaritano y fijarnos en el contraejemplo negativo que nos da el sacerdote que no se paró ante el apaleado y robado, por dar prioridad a la práctica de su ritual. No fue capaz, ofuscado por los cumplimientos religiosos, de pararse y ser movido a misericordia para con el prójimo en una emergencia vital.

 “Por sus frutos los conoceréis”, dice el Señor. Y agrega: ¿Acaso se recogen uvas de los espinos?  Hoy se podría contextualizar así: ¿Acaso se recogen solidaridades, compromisos, amor en acción y un compartir solidario con los más necesitados, un buscar justicia, de una vivencia de la espiritualidad cristiana centrada sólo en una relación vertical con el Señor, centrada en la práctica del ritual de espaldas a los sufrientes del mundo, en el uso sólo de labios y de vestimentas externas religiosas, de fachadas religiosas blanqueadas por fuera pero que por dentro son pozos de insolidaridad y abandono del hermano, del prójimo? Debemos replantearnos el tema de los frutos, de la misericordia, de las obras de la fe, del compromiso con el prójimo necesitado.

 Jesús dijo: “Las obras que yo hago dan testimonio de mí”. Recordad que los frutos dan testimonio, evangelizan al mundo, dan credibilidad a la Palabra… porque “no todo el que me dice, Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos” , -nos dice Jesús -sino el que hace, el que ejecuta la voluntad del Padre. El obrero aprobado es el que, por fe, actúa, realiza, hace y encarna en nuestro mundo la voluntad del Padre que está en los cielos. El que no actúa con misericordia, no es sólo que no hace, sino que practica el pecado de omisión y es llamado “hacedor de maldad”.

 Por eso hemos de replantearnos nuestro ritual, nuestros cumplimientos eclesiales que siempre deben estar unidos a dos amores: El amor a Dios y el amor al prójimo . Cuando falta alguno de estos ejes, estamos mutilando el Evangelio. No se puede ser pasivo: o se es hacedor del bien, de la misericordia y de la restauración de la justicia en el mundo, o se es un “hacedor de maldad”. En este caso el ritual no vale para nada. Lo podemos abandonar y seguir de espaldas a Dios y al prójimo. No hay lugares neutrales.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Jacqueline Alencar

Sobre la integralidad de la Misión de Jesús

No hablamos solo de realizar una buena obra; hablamos también de la espiritualidad que la sustenta.

Si queremos constatar que la misión de Jesús fue integral, leamos los evangelios. Él enseñaba pero también se preocupaba de la sanidad de los enfermos, por sus necesidades físicas y emocionales. Contempló la totalidad del ser humano en todos sus aspectos .
Durante los tres años de su ministerio no nos deja con dudas en cuanto a que se decantó por los excluidos y marginados, carentes de cualquier derecho. Él les daba vida. “Porque no había venido para llamar a justos sino a pecadores”.
Y vida es lo que vino a traer. Y el que tiene esta vida puede abrir los ojos para ver con claridad y comprender cuál es el modelo de misión que dejó impreso Jesús. Un modelo que nos lleva a identificarnos con el prójimo, valorándolo como lo que es: hecho a imagen y semejanza de Dios; a superar las excusas de que nuestros medios son escasos, y que la cantidad de hambrientos que existen en el mundo nos supera; debemos evitar el ser igual a los otros que pasan de largo .
Porque cuando a Jesús le preguntan en Lucas 10 sobre la salvación, él contesta con la parábola del Buen samaritano; y esa imagen vale más que mil palabras. Como cristianos, o sea, seguidores de Cristo, seguro que no pasamos de largo cuando escuchamos que 950 millones de personas se acuestan con hambre cada día; que 1.000 millones residen en viviendas precarias; que cada minuto muere una mujer por complicaciones como consecuencia del embarazo; que 2.500 millones no tienen acceso a servicios sanitarios adecuados y por ende mueren cada día 20.000 niños y niñas. Y sobre todo, no tienen una relación con Dios. ¿Son ellos nuestros prójimos? ¿Al día de hoy me es lícito hacer esta pregunta?
Pienso que no; nada más ver la línea de acción de Jesús, que se nos hace más evidente mientras va recorriendo pueblos y aldeas… anunciando las buenas nuevas del Reino, curando enfermos, quitando demonios, dando de comer. Demostrando su poder ilimitado e ilustrándolo como en el milagro de los panes y los peces, cuando ante una multitud de cinco mil personas, dejó claro que para él no había imposibles. Ante los argumentos e impotencia de sus discípulos, al ver a la multitud expectante, les dice que “les den de comer”, como si nada… Mt. 14.16. Estos dudan ante la escasez de alimentos, pero de pronto tienen una oportunidad más para constatar que estaban al lado del mismísimo Hijo de Dios; que ese era el Mesías esperado aunque no hubiera llegado con la opulencia que todos esperaban. Y aun hoy lo esperan. No hay duda, Él tuvo compasión de los que le seguían, sabía que sus necesidades espirituales iban muy de la mano con las otras, las físicas, las emocionales, las de relaciones. Les dejaba otra pauta más a seguir para cuando Él ya no estuviera. Para nosotros.
Si tú y yo no lo sabíamos, agarrémonos a su modelo. Sin reservas ni cronogramas, sin buscar argumentos que puedan ser invalidados por la Palabra que nos recuerda la frase amor al prójimo como si fuese un estribillo para que no lo olvidemos. Sí, porque hablar de Misión Integral es hablar de la evangelización pero no sola, sino unida a su demostración, la compasión. Porque no hablamos solo de realizar una buena obra; hablamos también de la espiritualidad que la sustenta, pero de esa que no se queda solo en eso, sino que se prolonga a todo lo que nos rodea, se preocupa por los temas que afectan al hombre como la injusticia social, la pobreza, la marginación, los sentimientos, etc. Por ello debemos preocuparnos por atender a ese hombre de forma integral para que pueda ser transformado y luego agente de cambio que a la vez transforme a otros, transforme su entorno, todo lo que toque.
Y no hablamos sólo de suplir una necesidad, debemos saber por qué lo hacemos, qué nos impulsa a ello. Y aquí entra en juego el contar con un sustento teológico para esa vertiente social de la misión dejada por Jesús. Como lo hizo él antes de iniciar su ministerio público en Lucas 4, cuando cita al profeta Isaías.
Y todo queda claro cuando leemos con honestidad lo que dicen las Escrituras. Y es justo ahí cuando adquirimos el compromiso de adherirnos a las reglas de Su compasión, de modo que no vayamos a la deriva, arrastrados por nuestras propias estrategias . Así como él tenía de antemano un plan establecido y un propósito claro, nosotros también debemos secundarle. Echar mano de todo medio que nos lleve a realizar de una manera organizada nuestra tarea, buscando eficacia y eficiencia. Pero que esta eficacia y eficiencia no nos haga olvidar que tratamos con personas, amadas por Dios y que deben tener su oportunidad, como nosotros, de reconciliarse con Él. Personas que tienen unas necesidades y éstas son importantes y muchas veces urgentes; tal vez tocará suplirlas en días de reposo. Ya lo dijimos, no nos limitemos, o mejor, no le pongamos límites a Dios, usemos sus recursos.
Para atender las necesidades observadas, debemos afianzar nuestro compromiso. Si hemos percibido con nitidez acerca de la forma cómo apacienta Jesús, tan bellamente detallada en el Salmo 23, sabemos que significa proveer, compartir, curar, coger en brazos, cargar, guiar, enseñar… Pensar en el otro y ya no en ti. No, no es fácil. El seguimiento tiene un coste alto . El que tuvieron que seguir los discípulos; como cuando Jesús se fijó en un recaudador de impuestos, Mateo, y le dijo: Sígueme (Mt. 9.9). Y éste se levantó, lo dejó todo y le siguió.
Y no faltaron los que sembraban la discordia: los fariseos y los maestros de la Ley que no entendían nada de nada porque nunca habían experimentado el cambio. No entendían la misión de Jesús. Otros, leemos también en Mateo, a su llamado dejaron las redes, su trabajo, todo, y le siguieron.
Y seguirle implicaba andar en sencillez, confiando en la provisión de Su padre; estar a la intemperie, sujetos a las críticas, ser tildados de locos. ¿Quién en su sano juicio lo deja todo por seguir a uno que solo se junta con pecadores y marginados?, dirían. Hoy también. Pero vale la pena el seguimiento. Jesús no les dio un plazo de un día o un mes para que se lo pensaran; no hubo tiempo para despedidas, para enterrar a sus muertos o limpiaran la casa. Se comprometieron sin vacilaciones, dejaron atrás el individualismo, el apego a cosas materiales. Porque incluso la nada tendría que ser compartida; ¡ojo! Con cercanos y desconocidos. Repartir los escasos panes y peces que podrían saciar su hambre, solo la de ellos. Y a compartirlo no solo con los hombres sino también con ciudadanos de segunda como lo eran las mujeres, los niños y los extranjeros. Trastocando toda una forma de vida. Era retador.
No, no es fácil. El coste es muy alto. Que Dios nos ayude a pagarlo. A amar como Él, tener paciencia, compasión, tiempo… como Él. Que nos ayude a no ningunear su Gracia, porque es cara: costó la vida de su Hijo.

Autores:Jacqueline Alencar

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Frutos de lobos

Publicado: septiembre 19, 2012 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XII)

Lobos y falsos profetas.

 

¿ Cuáles son los frutos de las espiritualidades que no están arraigadas en la auténtica espiritualidad cristiana ? “ Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces ” -nos dijo Jesús-. El versículo que citamos en el inicio nos anima a distinguir entre el que es auténtico cristiano y que, lógicamente, tiene los auténticos frutos que el Señor espera de los que le siguen, y entre aquellos otros que son falsos profetas. ¿Existen hoy lobos y falsos profetas? No nos olvidemos de las recomendaciones de Jesús para evitar los frutos de lobos.
Frutos, no sólo actitudes religiosas. Hoy sobran actitudes religiosas que, en muchos casos no responden a la auténtica espiritualidad cristiana. Tenemos que ver si por los frutos podemos conocer a los auténticos seguidores de Jesús. Sin embargo, hay frutos que, desligados del compromiso de projimidad con el hombre, aunque aparentemente parezcan buenos y que visten a muchos con pieles de ovejas siendo lobos, son frutos vacíos y sin sentido. Muchos frutos de espiritualidades falsas o parciales, no es que sean frutos malos, es que son vanos, vacíos o, en su caso, frutos que no se pueden digerir por falta de compromiso con el prójimo. Son falsedades que hay que desterrar, lobos que hay que evitar. Frutos de lobos.
Dar frutos supone sacrificio y servicio. Puerta estrecha . El contexto de estos versículos es el que nos comunica que para dar los auténticos frutos hay que entrar por la puerta estrecha. Hay frutos que se dan buscando lo ancho, lo cómodo, el disfrute… las apariencias. Muchos frutos que se dan desde algunas religiosidades o espiritualidades son frutos en búsqueda de prestigio, lo representativo, la fachada religiosa. Esa puerta que aparece como ancha y cómoda, lleva a la perdición. Son frutos de lobos.
El seguimiento de Jesús que da frutos maduros y de gran valor, se hace por la puerta estrecha, por el camino angosto que exige esfuerzos y sacrificios de acción solidaria a favor del prójimo, de los que sufren, de los pobres de la tierra.
Así, pues, los auténticos frutos por los que tienen que conocer a los cristianos, no son precisamente los frutos que emanan de los cumplimientos, sean estos de ritual litúrgico, largas oraciones insolidarias, cumplimientos de días festivos con asistencia a los lugares eclesiales, cilicios, cenizas… Y no es que los cumplimientos religiosos no tengan importancia, es que, como hemos dicho, son vanos, vacíos o que no se pueden digerir, si no van unidos al compromiso con el hombre sufriente. Muchos frutos que se quedan solamente en rituales religiosos pueden ser frutos de lobos.
Los frutos vanos de las falsas espiritualidades, sólo dan apariencias religiosas, nos visten de ovejas aunque seamos lobos, nos hacen pasar por la vida como no molestos, frutos de personas que parece que no se meten con nadie. Son los frutos de cumplimientos unidos a ir lanzando ciertas “profecías” o ciertos mensajes que se ven claramente insolidarios con el prójimo, con el que sufre, con los desposeídos de la historia. Hay que tener cuidado con no producir nada más que frutos de lobos.
Es tan grande el compromiso de Jesús con el hombre, es tan fuerte el compromiso que Jesús quiere que tengamos con el prójimo sufriente, que los auténticos frutos por los que van a conocer a los cristianos no van a estar en la línea de frutos que son comunes con las falsas espiritualidades. No son buscar apariencias religiosas, vestidos religiosos que pueden esconder la podredumbre de la insolidaridad, no son cumplir con lecturas o rituales, no son ir por el mundo diciendo que somos milagreros, o frutos de labios que gritan continuamente el nombre del Señor de espaldas al grito de los pobres de la tierra, no son conseguir bendiciones económicas… Los frutos de una auténtica espiritualidad unen el amor a Dios al amor al hombre. Siguen las líneas que sobre la projimidad marcó Jesús.
Dar frutos no es tener apariencias religiosas, no es cumplir con las exigencias del ritual de las iglesias, ni dedicar tiempo y esfuerzos para que los demás aprueben nuestros vestidos religiosos… porque el Señor sigue diciendo: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros vestidos de ovejas…”. Son lobos.
Es verdad que los frutos de la auténtica espiritualidad son frutos abiertos también a la trascendencia, a la conversión, a la evangelización, a la relación con Dios. Es por eso que la auténtica espiritualidad cristiana tiene que ser integral: ni un humanismo, que incluso puede ser ateo, ni un espiritualismo huero, vacío, vano que nos incapacita para la solidaridad con el prójimo . La clave es ponerse en las manos del Señor para que equilibre nuestra balanza entre el servicio y amor a Dios y el servicio y amor al prójimo, fundamentalmente al prójimo necesitado, excluido y lanzado a los márgenes de los caminos de nuestra historia.
Los cumplimiento religiosos y las exigencias del ritual, no es que sean malos, sino que, para que no sean vanos, debemos compensar nuestras alabanzas, levantamientos de manos y, en general, todas las exigencias de nuestros rituales, que pueden ser aceptos a Dios, con el compromiso con el hombre. Sin este compromiso con el hombre sufriente, no es posible que nuestro ritual sea acepto al Dios. Dios será sordo a nuestros clamores y alabanzas. Sin compromiso con el prójimo, nuestras alabanzas son solamente frutos de lobos que no llegan a los oídos de Dios.
La adoración, la alabanza, la oración… todos estos frutos, deben estar fundamentados, cimentados en la roca de los frutos, en la roca que se encarna y hace presente en la historia en la figura de Jesús para realizarse también a través de los frutos de compromiso con el hombre sufriente y lacerado.
Así, pues, analizad a vuestros profetas, a vuestros maestros. Examinad los frutos que dan, ved si realmente caminan por el angosto camino y entran por la puerta estrecha que lleva a la vida . Si estos os animan a cumplir con el ritual, a hacer cumplimientos, ayunos, abstinencias, alabanzas y largas oraciones, lecturas sin fin… pero no os animan a dar frutos de amor y solidaridad con el prójimo sufriente, pobre o excluido… si no nos animan a pararnos movidos a misericordia para ayudar, alimentar, compartir, denunciar, buscar justicia como hicieron los auténticos profetas, es que algo está fallando en el concepto de espiritualidad que os están compartiendo. Se van aproximando a los frutos de lobos.
Así, pues, sed sabios y guardaos de los falsos profetas. No viváis confiados por las apariencias que dan ciertas vestimentas religiosas… pueden ser falsas. Frutos de lobos. Recordad que la fe es activa y comprometida con el prójimo que en un momento dado nos necesita… de ahí comienzan a surgir los auténticos frutos.

Autores:Juan Simarro Fernández

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XI)

La boda y la fiesta de los “carrilanos”
El banquete se va a hacer. No va a haber eliminación del banquete de la esperanza, de la dignidad final de los proscritos, del banquete igualitario.

 

 Tendrán mil excusas fundamentadas en la rentabilidad, en la vida de los negocios, de los disfrutes… hay que abandonar estas lujosas avenidas llenas de sordos espirituales… y salir a los cruces de los caminos. Invitad a los “carrilanos”, a los que caminan por la vida por carriles y caminos, los “sinhogareños”.

El reino de los cielos es semejante a una gran boda. Hay una gran invitación pendiente. Gratuita, aunque muchos no valoren lo gratuito… pueden comprar todo. Una invitación que se vislumbra como nuestra esperanza final… a la que muchos no van a responder. Es necesario salir a los cruces de los caminos, allí donde se mueven los proscritos de nuestra historia, los “carrilanos”.

Dios invita. Está buscando a sus convidados: Venid a la boda, venid a la fiesta, venid al banquete. ¡Quién va a responder! En la no respuesta, comienza lo que puede ser escandaloso. “Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis”. El privilegio será de los “carrilanos”, de los que caminan por los carriles de la vida y del mundo en marginación y pobreza. ¿Nos escandaliza?

 La invitación que Jesús hace a través de esta parábola de invitación al gran banquete preparado para todos los hombres, sigue siendo actual hoy . Creo que la respuesta de los hombres también sigue siendo igual, con la misma actualidad: Muchos hombres no oyen la invitación. Están enredados en sus negocios, despistados y, otros, más violentos, pueden maltratar a los emisarios hasta la muerte. Palabras y formas escandalosas.

Si nos fijamos en el mundo rico, donde la adoración al dios Mamón es un elemento de prestigio, veremos a muchos preocupados por el tener. Son personas sordas al auténtico mensaje del Evangelio. Personas hartas, consumistas a quienes la invitación a un banquete no les importa mucho. Han perdido la capacidad de escuchar invitaciones gratuitas, invitaciones a las que se puede ir y comer sin dinero. Sus oídos están atentos exclusivamente a lo que es rentable, a lo que favorece sus intereses, sus cuentas bancarias. No tienen oídos para la invitación gratuita, por gracia y, además, en compañía de todos, también de los pobres y los proscritos de la tierra. Para algunos, escandaloso. El privilegio será para los “carrilanos”, los “sinhogareños”.

 Cuando se vive presa del poseer, del prestigio de la riqueza, cuando se valora a aquellos que suben en la escalada socio-económica aunque vayan dejando muchos cadáveres de sus semejantes atrás, cuando uno se pone en brazos del dios de las riquezas, del dios mercado, del dios Mamón, difícilmente se va a poner atención y escucha a la invitación al banquete gratuito de bodas que Dios prepara como final de la historia . Todos juntos a la mesa en donde habrá comida para todos en igualdad, en dignidad, en justicia. Donde no se va a mirar a nadie por su procedencia, por sus pertenencias, por lo alto que haya llegado en la escalada social de acumulación de bienes. ¿Es esto escandaloso hoy? ¿Será la ventaja de los “carrilanos”, de los que caminan por el mundo sin trabajo y sin hogar?

 Una invitación en donde a todos se nos iguala. Escándalo para algunos . El problema es cuando la invitación se comienza llamando a los mejor instalados socialmente, a los que viven en las mansiones de los integrados y acumuladores, cuando se llama a los que tienen los oídos embotados por la rentabilidad de los negocios, por los que se pasean en grandes coches por la lujosas avenidas de las ciudades… No vendrán. No oirán. Tendrán mil excusas fundamentadas en la rentabilidad, en la vida de los negocios, de los disfrutes… hay que abandonar estas lujosas avenidas llenas de sordos espirituales… y salir a los cruces de los caminos, hablar con los “carrilanos” e invitarles al gran banquete. Nada escandaloso. El escándalo está de la otra parte.

 El banquete se va a hacer. No va a haber eliminación del banquete de la esperanza, de la dignidad final de los proscritos, del banquete igualitario, del banquete que, quizás, los últimos van a ser sacados a los primeros lugares. ¿Cómo es posible este escándalo? -dirán algunos.

Hay que salir fuera de estos ámbitos y salir a los cruces de los caminos, allí donde están los pobres y los proscritos, “carrilanos” y “sinhogareños”, allí donde más de media humanidad ha sido despojada, apaleada y dejada medio muerta al lado del camino. No es un escándalo. Hay que comunicar allí la invitación para que se llene la casa, el lugar de bodas.

No se puede juzgar la situación espiritual del mundo sólo mirando a los enredados en los negocios de la vida, a los que luchan por la adoración al dios Mamón, a los que viven ciegos y sordos a la llamada del banquete gratuito. No creen en la gracia, en la gratuidad de la invitación. No hay que juzgar la situación espiritual del hombre de hoy fijándose sólo en los integrados en el sistema mundo. Hay que salir a los cruces de los caminos y comunicar la invitación. ¡Comunicadlo a los carrilanos, a los proscritos! Suya es la ventaja.

 No en todos los sitios se desprecia la invitación y se desoye por tener embotados los sentidos espirituales  por los negocios rentables de la vida. Quizás los pobres, los despojados y tirados a los márgenes del camino, están esperando una invitación de esperanza en su infravida y en su no-ser de la marginación, exclusión u opresión a la que son sometidos.

No vayamos solamente a los que están en su mundo egoísta en un soliloquio de rico necio, hablando con ellos mismos y sus alabanzas, cuando las hacen, son de autocomplacencia y de satisfechos egoístas… todo lo pueden comprar. No valoran lo gratuito, lo dado por gracia. Eso sí es un escándalo.

Hay que salir a los cruces de los caminos de la vida, allí donde están los prójimos abandonados, empobrecidos, excluidos y robados de dignidad. La invitación puede sonar diferente para ellos… los otros, los satisfechos, tienen cada día más embotados los sentidos, cada vez son más sordos a la invitación del banquete de esperanza.

 Así, los cristianos que creemos en la importancia de la gratuidad del banquete, del banquete que nos va a igualar a todos, en donde ya no habrá diferencias entre ricos acumuladores y empobrecidos por el sistema mundo, entre “carrilanos” y los que viven en grandes mansiones. Debemos esforzarnos para seguir la parábola que Jesús nos expuso y salir a los cruces de los caminos, de los focos de pobreza, de los lugares de conflicto.

Jesús hacía esta invitación de salir a los cruces de los caminos para que se llenara la sala del banquete, a la vez que hacía otra cosa: sentarse a la mesa con los estigmatizados, los tildados de pecadores, prostitutas y marginados.

Nunca la invitación es sólo de palabra. Afecta a nuestros estilos de vida, a nuestras formas de vivir y de actuar, a nuestras prioridades… a nuestros almacenes, a nuestras cuentas corrientes, a nuestro tiempo. Hay que sentarse a la mesa con los proscritos y pobres de la historia. Con los “carrilanos”. No te escandalices de esto.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Carlos Scott

¿Los pobres para el templo o el templo para los pobres?

 Marcos 12:38-44 y Marcos 13:1-2

 

 Nos encontramos en el Templo de Jerusalén y es tiempo de la Pascua. Erael momento oportuno para traer ofrendas y diezmos. Jesús dice: “Tengan cuidado de los maestros de la ley…”

A los maestros de la ley les gustan pasearse con ropas ostentosas, que los saluden en las plazas, ocupar los primeros lugares, apoderarse de los bienes de las viudas y a la vez hacen largas plegarias para impresionar a los demás (Mr. 12:38-40).

·  El primer tema que Jesús señala es la jactancia y figuración.

La sociedad estaba basada en el prestigio y el honor. La figuración era imprescindible, estaba asociada con la riqueza y el poder. Estos religiosos participan de esa competencia por el poder y el prestigio.  Si bien la crítica de Jesús apunta a los religiosos, es un tiro por elevación a todo el sistema de honores y poder.

·  El segundo tema que Jesús señala es el deseo de enriquecerse y confiscar los bienes de los pobres

Según algunos comentaristas los escribas cobraban a las viudas cuando actuaban como abogados para proteger sus derechos. Eran nombrados administradores y en esa ambición por acomodarse socialmente usan sus artes y ciencias para enriquecerse. Confiscan los bienes de los pobres, especialmente de las viudas.

·  El tercer tema que Jesús señala es que el templo se queda con el sustento de la viuda

 Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en las alcancías del templo (v41).
La escena probablemente se ubica en el patio de las mujeres donde hay cofres en forma de trompeta que rodean a los que adoran. Cuando uno insertaba la ofrenda por esa trompeta o cuerno, se producía una amplificación del sonido de las monedas rodando.

 “ Muchos ricos echaban grandes cantidades. Pero una viuda pobre llegó y echó dos moneditas de muy poco valor”  (v42). Jesús está mirando este procedimiento, llama a sus discípulos y les dice:  “Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro mas que todos los demás. Éstos dieron de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento”  (v43.44).

 Si atendemos lo que Jesús acaba de decir sobre los maestros de la ley (Mr. 12:38-40) se puede suponer que el humor y valoración de este acto por parte del Señor no ha de ser muy positivo . Podemos preguntarnos: ¿Cuál fue la motivación de la viuda para ofrendar? ¿Será para ser aceptada delante de los hombres y de Dios? ¿Será que buscaba la libertad delante de Dios mediante un sistema de cancelación de deudas? ¿Habrá sido guiada por un corazón totalmente desprendido y generoso?

 La carga interpretativa en cuanto a la generosidad que se ha puesto en este pasaje hace que leamos allí lo que no está .  La frase de Jesús, simplemente establece que la viuda puso comparativamente más que los otros .  Es notable que en las palabras de Jesús no aparece ninguna alabanza, ni destaca un sentido positivo del acto de la viuda.

Mientras  los demás ofrendan “lo que les sobra” , una parte insignificante de sus posesiones,  la viuda entrega el total, lo que le sirve para vivir.  ¿Pero es eso bueno, la hace mejor?

 Jesús la ve como víctima de un sistema de explotación y corrupción que contradice la ley.Lasviudas no debían dar las ofrendas sino recibirlas (Dt. 14:28-29, 26:12). Cuando esta mujer pone allí “todo su sustento” el objetivo de las ofrendas queda totalmente desequilibrado y desvirtuado.   Jesús no dice que esa viuda recibirá mucho, no anuncia su bendición ni su prosperidad .  La ve como una condenada a la extrema pobreza e inanición.  Es contrario al anuncio de las buenas nuevas de Jesús que privilegia la vida y la misericordia. Jesucristono aprueba a los maestros de la ley cuando se aprovechaban de personas tan frágiles y tan indefensas. 

·  El cuarto tema que Jesús señala es que se privilegia un sistema de acumulación antes que la vida.

Las personas que interpretan mal este pasaje lo que hacen es exigir lo que establece la institución o el templo, pero no lo que dice Dios.  La verdadera mayordomía cristiana no está en alimentar un sistema de acumulación, sino en la preservación de la vida.

·  El quinto tema que Jesús señala es la justicia, la misericordia y la gracia 

Este texto debe ser leído en el contexto de la teología profética y de misericordia de Jesús. Hay diferencias entre ricos y pobres en el Evangelio,  y este pasaje bíblico lo destaca. Los que tienen, deben expresar más cabalmente su generosidad.

Recordamos al joven rico que se fue triste ante la demanda de Jesús (Mr. 10:22) y el ciego Bartimeo que se despojó de todo por seguir a Jesús (Mr. 10:50). Las mismas contradicciones las podemos observar hoy. Mientras los que más tienen muchas veces ofrendan con mezquindad,  muchos hermanos pobres son capaces de ofrendar sacrificialmente o dar hasta el último centavo.   Todos somos llamados a expresar la gracia y la misericordia.

 Este texto también se proyecta como una crítica a todo sistema económico o gubernamental que impone tributos exigentes para los pobres, pero sólo recauda lo que les sobra a los ricos, y no los usa para compensar las desigualdades sino para alimentar a su propia burocracia .

 Jesús sale del templo para no volver Mr. 13:1-2 y nos dice que no quedará piedra sobre piedra; todo será derribado. La hermosura del templo quedará tirada por el piso.

 Queremos afirmar que una iglesia renovada es posible y será la respuesta de Dios a los cristianos de gran Fe (Mr. 11.23-24).  Dios responderá las oraciones que piden un nuevo tiempo.  “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones” Mr. 11:17

 PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:
 ¿Qué tipo o modelo de Iglesia se esta formando?

 ¿Cómo afecta a la misión y a la nueva generación de siervos?

 ¿Por qué para muchos el templo y la institución esta primero? ¿Por qué muchos enfatizan pactos, estatutos o reglamentos? 

 ¿Cómo podemos rescatar el modelo bíblico de iglesia en nuestro contexto protestante – evangélico?

 ¿Qué voz profética debe levantar la iglesia ante la desigualdad y los sistemas de gobierno (políticos o religiosos) que no tienen como prioridad defender la vida de los débiles e indefensos?

 ¿Es posible otra iglesia?

Autores: Carlos Scott
©Protestante Digital 2012

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (X)

Hay que sanar tanto a ricos como a pobres, hay que liberarles de sus demonios, de los que les hunde en la infravida.

 

 Se necesita sanidad, limpieza, resurrección exorcismos de los demonios que agobian y oprimen a nuestras sociedades. Gracias a que el reino de los cielos se ha acercado, la iglesia tiene la posibilidad de sanar, de resucitar, de limpiar lo impuro, de echar fuera todo tipo de demonios .  “El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios…” , dijo Jesús. ¿Nos escandaliza esto? Hay posibilidad de vida nueva y sanidad en nuestros pueblos, en nuestras ciudades… en el mundo.

Los valores del reino que se acerca con la irrupción de Jesús en la tierra son los posibilitantes de todas estas acciones y curaciones. Son posibles nuevos contextos de liberación. El establecimiento del reino habilita a aquellos que hacen suyos sus valores para que, con una autoridad especial, puedan expulsar todo tipo de espíritus malignos, así como sanar todo tipo de dolor o sufrimiento. ¿Lo está usando esto la iglesia y los creyentes, o no hemos captado las dimensiones de estas posibilidades sanadoras y esta facultad de sus seguidores de echar fuera los demonios que nos agobian? ¿Tenemos la suficiente compasión y misericordia para ser agentes de liberación de demonios y enfermedades sociales que agobian tanto a ricos como a pobres? ¿Quizás es que estamos escandalizados?

 En el contexto en el que habla Jesús con sus mandatos de practicar la sanidad, la expulsión de demonios y la resurrección de muertos, todo estaba fundamentado en la compasión de Jesús , compasión de la que tienen que imbuirse también sus seguidores. Jesús tenía compasión de los pueblos porque andaban desamparados y dispersos “como ovejas que no tienen pastor”. O sea, esa capacidad de poder sanar, resucitar, limpiar y echar fuera demonios, sólo se puede realizar por los compasivos, por los que han sido movidos a misericordia como buenos samaritanos. Esto no debe escandalizarnos, sino animarnos al seguimiento del Maestro.

Entramos, por tanto en las líneas de la projimidad, del ser movidos a misericordia, del poder ser buenos samaritanos que nos paramos ante el herido, ante el endemoniado y el contaminado por los antivalores que reinan en nuestras sociedades, ante los que están en la infravida del hambre y de la exclusión social que deben ser resucitados, ante los despojos y egoísmos de los que almacenan y causan los desequilibrios que llenan de enfermedad y de demonios a tantos excluidos del sistema mundo. ¿Nos escandaliza todo esto?

 Así, los imperativos de Jesús, dados como consecuencia de la cercanía del reino: sanad, limpiad, resucitad, echar fuera demonios, es una invitación urgente, una llamada a unirse a los valores del reino para insuflar nueva vida a nuestras sociedades y a nuestros pueblos . Sociedades y pueblos que necesitan sanidad, resurrección, limpieza y exorcismos de los demonios que agobian a pueblos y a ciudades. Los seguidores de Jesús no se deben escandalizar, sino ponerse a disposición del Maestro.

 Hay que sanar tanto a ricos como a pobres, hay que liberarles de sus demonios, de los que les hunde en la infravida . Es conocido que muchos de los ricos de este mundo, sumidos en la acumulación, el consumismo, el progreso técnico y el desarrollo del dios mercado, se empobrecen espiritualmente. Son incapaces de dar vida y sentido a sus formas egoístas de ser y sentir y caminan empobrecidos, en la infravida de la superabundancia que embota el sentir espiritual, el desarrollo de lo humano. Son ricos pobres que caminan por el mundo como muertos espirituales, subdesarrollados espiritualmente. Muertos que hay que resucitar. Empobrecidos por su afán de dinero y de agrandar sus graneros que hay que liberar.

Hay que resucitar a muchos de estos muertos, ya enterrados entre riquezas injustas y desequilibradoras, adoradores del dios Mamón, incapaces de encontrar sentido a sus vidas, cegados por lo material y sin poder tener un sentido de la trascendencia. Hay que sanarles, resucitarlos para que aprendan a vivir compartiendo, practicando la projimidad.

Son ricos moribundos, empobrecidos y que empobrecen a más de media humanidad. Ricos ahogados en su dinero, pero empobrecidos o muertos espiritualmente. Se necesita sanidad, se necesitan emisarios del reino que, impregnados de sus valores, puedan introducir, en medio de estas sociedades ricas y de estos necios acumuladores, sanidad, resurrección, exorcismos de los demonios que empobrecen y aniquilan.

 Al introducir sanidad en estos contextos del mundo rico o de los ricos de este mundo, estaremos también introduciendo sanidad entre los empobrecidos por las necedades de los despojadores del mundo . Si comenzamos a resucitar, a echar fuera demonios, a dar sentido a las vidas, tanto de ricos, como de los empobrecidos de la tierra, estaremos acercando el reino de Dios a este mundo.

Los valores del reino comenzarán a resucitar a muchos muertos y ahogados, bien sea por la superabundancia necia de riquezas, o sea por ser presa del despojo y de la codicia de estos acumuladores que no saben dar sentido a sus vidas.

El mundo, que ha caído en manos de despojadores y de ladrones, como el herido de la parábola del Buen Samaritano, necesita sanidad, resurrección de muertos, limpieza de leprosos y que muchos de los demonios que poseen a tantos en el mundo, sean lanzados fuera aunque puedan entrar dentro de los cerdos que nutren las economías de muchos acumuladores y acaben despeñándose por los precipicios, eliminando los estigmas que hacen que tantos vivan en la infravida de la marginación.

El mundo necesita sanidad y exorcismos, resurrección de muertos. El mundo necesita agentes del Reino que den sentido a tantas vidas vacías, a tanta necedad, a tanto sinsentido y a tantas personas que se angustian por un vacío existencial y espiritual que no saben llenar.

Así, hay una relación estrecha entre los empobrecidos por las muchas cosas que poseen y los empobrecidos, realmente, por la carencia de lo necesario y lo mínimo imprescindible para vivir con dignidad. El mundo necesita sanidad, limpieza, resurrección, exorcismo.

Jesús, ante tantos desamparados, se acordó que había que exorcizar al mundo, curarlo, limpiarlo, resucitar todos los cadáveres que existen, muchos de ellos ahogados en dinero y riquezas sin límite… empobreciendo con su necedad, muerte e infravida, a más de media humanidad.

Habría que comenzar por curar y echar los demonios de tantos pobres ricos, zombis que restan vida al mundo… y que sumen a muchos otros en el no ser de la pobreza y marginación.

La única medicina aplicable en estos casos, lo único que puede sanar al mundo y echar fuera a todos estos demonios que nos sumen en el no ser, sea de la superabundancia o de la pobreza extrema, es el amor, es la fe que actúa por el amor, es el concepto de projimidad que nos dejó Jesús.

 Eso sólo lo pueden poner en práctica los que caminan por el mundo como vivos entre los muertos , los pocos que hayan podido captar la profundidad del cristianismo, la fuerza de la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana. No os escandalicéis.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012

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