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El mes “católico” del Papa

Después de meses de impulsar una agenda aparentemente progresista, el péndulo católico oscila en sentido contrario hasta el siguiente movimiento.

DESDE ROMA AUTOR Leonardo de Chirico TRADUCTOR Rosa Gubianas
Papa Francisco

“El matrimonio es entre un hombre y una mujer”. “La vida por nacer es tan preciosa y única como cualquier vida”. La eutanasia es un abuso injustificable de la libertad humana”. “Los niños adoptados tienen el derecho a tener un padre y una madre”. Estas son las posiciones estándar católico romanas declaradas en varios acalorados debates sobre temas morales de nuestra generación. Así, ¿por qué ahora este alboroto al respecto? El Papa Francisco habló y argumentó sobre los mismos en dos discursos diferentes durante las últimas semanas. [1]

Después de meses de enviar confusos mensajes sobre la homosexualidad (“¿Quién soy yo para juzgar?”), lo buenas que son todas las “relaciones amorosas” estén o no casados, la necesidad que tiene “la” Iglesia (ICAR) de mantenerse alejada del calor de los debates éticos actuales y su malestar por todo lo “no negociable”, el Papa Francisco ha dicho al fin algo “católico”.

Aunque ha estado siempre alineado con la teología moral católico romana tradicional (¡después de todo es el Papa!) nunca había hablado en público de estos asuntos de una forma tan definida y en tan corto período de tiempo.

 

LAS CONSECUENCIAS DEL SÍNODO

Este mes “católico” del Papa aparece después del Sínodo sobre la familia donde la Iglesia Católica experimentó unos días turbulentos de controversia entre cardenales de alto rango y obispos.

Algunas voces progresistas estaban a favor de impulsar una actualización de la actitud moral de la Iglesia sobre la sexualidad y las relaciones humanas. Apoyado enérgicamente por la opinión pública secular, todos aplaudiendo a este Papa “revolucionario”, algunos sectores de la Iglesia creyeron que la brecha entre la ICAR y las masas occidentales podría salvarse si la ICAR adoptaba una aproximación a estas cuestiones más relajada y menos confrontacional. El Sínodo 2014 presenció un conflicto entre estas voces y las más tradicionales, cuyo resultado fue el mantenimiento temporal del statu quo en espera del Sínodo del próximo año que será convocado de nuevo sobre el mismo tema.

¿Dónde se sitúa el Papa Francisco en todo esto? En los meses precedentes al Sínodo, a veces se decantaba por una Iglesia que “mira hacia el exterior”, o sea, una Iglesia menos preocupada por los dogmas y los principios morales y más interesada en estar cada vez más cerca de la gente, con independencia de sus elecciones individuales y absteniéndose deliberadamente de emitir juicios morales sobre la integridad de sus vidas. Este flujo constante de mensajes pareció crear una especie de impulso que podría servir de fondo para cambios significativos en la ICAR que el Sínodo estaba destinado a introducir.

No obstante, las cosas fueron de otra manera. Entretanto, las fuertes críticas de importantes círculos de la Iglesia Católica llegaron a ser francamente abiertas y alcanzaron al propio Papa por sus palabras vacilantes y confusas.

Tras este mes “católico” de Francisco se puede pensar que existe la seguridad de que  permanece fiel a la enseñanza moral tradicional de la ICAR y que de ninguna manera ha cambiado de opinión. Después de meses de impulsar una agenda aparentemente progresista, el péndulo católico oscila en sentido contrario con el fin de recuperar la estabilidad… hasta que llegue el siguiente movimiento.

 

¿DÓNDE ESTÁ EL PAPA?

Sin embargo, todavía quedan unas preguntas que se han convertido en permanentes. ¿Dónde se halla  realmente el Papa en lo referente a estas cuestiones? ¿Cómo podemos explicar este aparente cambio de sentido? ¿Quién es capaz de adivinar lo que le preocupa? Y, más generalmente, ¿sabemos dónde está en una serie de puntos clave doctrinales y pastorales?

Hasta ahora, ha tenido mucho interés en construir puentes con toda clase de gente, movimientos y redes. Un creciente número de personas en todo el mundo llaman al Papa “amigo”. Muchos líderes evangélicos están en su entorno. Tienen la impresión de que el Papa es una persona transparente y accesible, fácil de conocer y rápida para sintonizar. Parece que habla su lenguaje y que comprende sus corazones. Imaginan que está cerca de todos.

La evidencia, no obstante es más compleja.

Es ciertamente capaz de acercarse a todos, de llamar a cualquier persona “hermano” y “hermana”, pero, ¿cuánta gente sabe lo que hay en su corazón? Sin duda, puede combinar el lenguaje evangélico, las devociones marianas y las inquietudes “políticamente correctas”, al tiempo que conserva una perspectiva católico romana que lo abarca completamente todo. ¿Conocemos verdaderamente al Papa Francisco? ¿Cuánto de esta complejidad es el resultado de haber sido jesuita? ¿Qué sabemos de la profundidad de su teología y de la naturaleza global de su agenda?

La Biblia quiere que nuestra comunicación no quede atrapada en un tipo de lenguaje de “sí” y “no” al mismo tiempo (2 Corintios 1:18-20) sino que hablemos claramente de lo que tenemos en nuestros corazones. El lenguaje del Papa Francisco tiende a decir “Sí, sí” y “No, no” con el mismo aliento.

La Palabra de Dios también nos exhorta a “hablar la verdad” (Efesios 4:25) y evitar las “palabras torcidas” (Proverbios 4:24). Aquí nadie puede tirar una piedra porque en esta materia todos somos pecadores. Pero, lo que el Papa ha estado diciendo hasta ahora hizo que se enviaran mensajes contradictorios. Este mes “católico” ha mostrado un aspecto importante del Papa Francisco, pero el retrato completo es todavía un trabajo en proceso. La impresión es que hasta el momento únicamente hemos recogido esbozos del Papa y que la verdadera obra está aún por hacer.

 

 

[1]  A la Asociación de Médicos Católicos Italianos (15 Nov. 2014) y al Humanum Coloquio sobre la complementariedad del hombre y la mujer en el matrimonio (17 Nov. 2014).

 

http://protestantedigital.com/magacin/34671/Quien_es_realmente_el_Papa_Francisco

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Sufrid, niñitos

Publicado: noviembre 23, 2014 en Inmigración, opinión, Sociedad

El Museo de los Apartamentos, en Lower East Side, es uno de los sitios que más me gustan de la ciudad de Nueva York. Se trata de un edificio antiguo de la época de la Guerra Civil que dio cobijo a varias oleadas consecutivas de inmigrantes, y en el que han restaurado algunos apartamentos para que tengan exactamente el mismo aspecto que tuvieron en distintas épocas, desde la década de 1860 hasta la de 1930 (cuando el edificio fue declarado inhabitable). Cuando uno recorre el museo, se queda con la fuerte sensación que produce la inmigración como experiencia humana, la cual —a pesar de los muchos malos momentos, a pesar de un entorno cultural en el que a los judíos, los italianos y otros se los consideraba a menudo una raza inferior— ha sido en su mayoría positiva.

El apartamento Baldizzi de 1934 me impresiona especialmente. Cuando les describí su distribución a mis padres, ambos afirmaron: “¡Yo crecí en ese apartamento!”. Y los inmigrantes actuales son iguales, en cuanto a sus aspiraciones y su comportamiento, que mis abuelos; gente que busca una vida mejor y que, en su mayoría, la encuentra.

Por eso es por lo que apoyo sin reservas la nueva iniciativa sobre inmigración del presidente Obama. No es más que una cuestión de decencia humana.

Eso no quiere decir que yo, ni la mayoría de los progresistas, estemos a favor de unas fronteras completamente abiertas. Se puede ver una razón importante ahí mismo, en el apartamento Baldizzi: la foto de F. D. Roosevelt en la pared. El New Deal convirtió Estados Unidos en un lugar inmensamente mejor, aunque probablemente no habría sido posible sin las restricciones inmigratorias que entraron en vigor tras la Primera Guerra Mundial. Por un lado, sin esas restricciones, se habría hablado mucho, con razón o sin ella, de toda la gente que llegaba en tropel a Estados Unidos para aprovecharse de las ayudas gubernamentales.

Además, la inmigración libre significaba que muchos de los trabajadores peor pagados de Estados Unidos no eran ciudadanos y no podían votar. Una vez que entraron en vigor las restricciones a la inmigración, y los inmigrantes que ya estaban en el país obtuvieron la ciudadanía, esa clase inferior privada del derecho al voto se redujo rápidamente, lo que contribuyó a crear las condiciones políticas necesarias para un colchón de seguridad social más fuerte. Y sí, los inmigrantes poco cualificados probablemente influyan un poco en la bajada de los salarios, aunque los datos que tenemos indican que esa influencia es bastante pequeña.

Mis padres tuvieron la vida que tuvieron porque EE UU estuvo dispuesto a tratarlos como personas

De modo que la política sobre inmigración se enfrenta a algunos problemas complejos. A mí me gusta decir que, si no nos sentimos en conflicto respecto a esos problemas, es que hay algo en nosotros que no va bien. Pero algo con lo que no debemos tener ningún conflicto es la propuesta de que deberíamos ofrecer un trato decente a los niños que ya están en nuestro país (y ya son estadounidenses en todos los aspectos importantes). Y de esto es de lo que trata la iniciativa de Obama.

¿De quiénes hablamos? En primer lugar, hay más de un millón de jóvenes en este país que llegaron —sí, ilegalmente— cuando eran pequeños y han vivido aquí desde entonces. En segundo lugar, hay un gran número de niños que han nacido aquí —lo que los convierte en ciudadanos estadounidenses, con los mismos derechos que tenemos ustedes y yo— pero cuyos padres llegaron ilegalmente y, según la ley, pueden ser deportados.

¿Qué debemos hacer con estas personas y sus familias? Hay ciertas fuerzas en nuestra escena política que quieren que los tratemos con mano de hierro; que busquemos y deportemos a jóvenes residentes en EE UU que no nacieron aquí pero que nunca han conocido otro hogar; que busquemos y deportemos a los padres indocumentados de niños que son estadounidenses, y obliguemos a estos niños a exiliarse, o bien a arreglárselas solos.

Pero eso no va a pasar; en parte porque, como nación, no somos en el fondo tan crueles; en parte porque esa clase de campaña exigiría unas medidas que se parecerían a las de un Estado policial; y en gran medida, siento decirlo, porque el Congreso no quiere gastar el dinero que se necesitaría para algo así. En la práctica, los niños indocumentados y los padres indocumentados de niños con papeles no se van a marchar.

La verdadera pregunta, por tanto, es cómo vamos a tratarlos. ¿Seguiremos adelante con nuestro actual sistema de abandono perverso, les negaremos derechos comunes y corrientes, y los someteremos a la amenaza constante de la deportación? ¿O los trataremos como a los conciudadanos nuestros que ya son?

La verdad es que el puro interés personal nos dice que actuemos con humanidad. Los niños inmigrantes de hoy son los trabajadores, contribuyentes y vecinos del mañana. Condenarlos a vivir en la sombra significa que tendrán una vida doméstica menos estable de lo que deberían, que se les negará la oportunidad de adquirir una educación y formarse, que contribuirán menos a la economía y desempeñarán una función menos positiva en la sociedad. El hecho de no actuar es autodestructivo sin más.

Por lo que a mí respecta, no me preocupa demasiado el dinero, ni siquiera los aspectos sociales. Lo que de verdad importa, o debería importar, es la humanidad. Mis padres pudieron tener la vida que tuvieron porque Estados Unidos, a pesar de todos los prejuicios de aquella época, estuvo dispuesto a tratarlos como a personas. Ofrecer esa misma clase de trato a los niños inmigrantes de hoy es la manera práctica de actuar, pero también, y esto es fundamental, es lo correcto. Así que aplaudamos al presidente por ello.

Paul Krugman es profesor de Economía de la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía de 2008.

© 2014, New York Times Service.

Traducción de News Clips.

 

http://economia.elpais.com/economia/2014/11/21/actualidad/1416579196_483680.html

Dios en el banquillo

Publicado: noviembre 22, 2014 en Conciencia, opinión, Teología

Lidia Martín

Cada vez que las cosas no nos van como querríamos, sometemos a Dios a juicio.

El saber estar es probablemente una de las bases de lo que llamamos “la buena educación”. Más allá de cuestiones de modales simplemente, saber estar tiene que ver con escoger bien las formas, las estrategias, la manera de comportarse, en definitiva, en función del lugar y personas con las que estemos en cada momento. Pero saber estar también implica, de una u otra forma, ser conscientes de quiénes somos nosotros frente a los demás y de cuál es el lugar que verdaderamente nos toca ocupar en cada situación.

Poner a Dios en el banquillo ha sido una de esas meteduras de pata que todas las personas de todos los tiempos y épocas hemos venido cometiendo sistemáticamente de una u otra manera, precisamente en una clara puesta en evidencia de hasta qué punto no sabemos estar por no tener demasiado claro, parece, qué papel jugamos cada uno en este escenario nuestro que es el Universo creado.

Cada vez que las cosas no nos van como querríamos sometemos a Dios a juicio, como si intentáramos hacerle comprender cuán injusto es al actuar hacia nosotros de una forma y no de otra. Le sentamos en el banquillo para hacerle culpable de nuestros errores, de nuestros pecados, incluso, tal como ya sucedió en el Edén. Le exigimos, más o menos abiertamente, un trato justo hacia nosotros, porque pensamos que no nos compensa adecuadamente al seguirle, y esperamos que nuestra “secuencia lógica” de acontecimientos coincida con la suya. Le sometemos a juicio al no aceptar que, desgraciadamente, a los malos a veces les va aparentemente bien y los justos sufren mientras tanto. Nos da miedo obedecerle porque, en el fondo de nuestro ser, aún le percibimos como a un Dios tirano que, en el fondo, no está tan interesado en beneficiarnos como en probarnos y dudados de Su buena voluntad para con nosotros. En nuestra desconfianza de Él le sometemos a juicio, dudando de Su palabra, de Sus promesas, de Su carácter en definitiva.

Pero se nos olvida que no podemos sentar en el banquillo al juez. Incluso aunque en nuestros sistemas políticos, democráticos o sociales eso pueda darse (aunque escasamente, desde luego), no es posible en el orden establecido en nuestro mundo, en el que nosotros somos las criaturas, seres diminutos y ridículos al lado del Dios Altísimo, que es el Creador y sustentador de todo lo que se mueve alrededor nuestro. Ese es nuestro verdadero papel, y ceñirnos a él sería una verdadera muestra de saber estar de nuestra parte. Pero seguimos tratando a Dios de tú a tú, no tanto como hijos que se acercan a su padre en términos de confianza, algo que Él mismo nos permite, sino como el que se toma la licencia inadecuada de pedirle cuentas a quien no tiene por qué dárselas a nadie.

Por mucho que hayamos sentado a Dios en el banquillo a lo largo de la historia, el juicio está ya sentenciado y Él no sólo es un juez justo, sino que es el absoluto vencedor en el proceso. Él pedirá cuentas a todas y cada una de sus criaturas. Nosotros seremos verdaderamente los que un día tendremos que vernos respondiendo ante Su tribunal y nadie podrá jugar con Él a replicarle o contrarreplicarle. Toda rodilla será doblada ante Su presencia, no existirá otra forma de poder enfrentarse a ese momento que el reconocimiento de nuestro verdadero lugar, amparados en la sangre de Cristo aquellos que así lo aceptamos, con temblor y crujir de dientes quienes decidieron no hacerlo, pero todos y cada uno asumiendo sin posibilidad de error que Aquel a quien tanto juzgamos, ignoramos, enfrentamos o retamos era, desde el mismo principio, el Dios justo y bueno que siempre dijo que fue, empeñado en hacernos bien, en cumplir Su voluntad y Sus planes de bien para nosotros, sustentador de todas las cosas, las que vemos y las que no vemos, y la fuente directa de todo bien del que hayamos podido disfrutar en el tiempo que se nos ha dado en esta tierra.

No perdamos fuerzas ni energías en lugares inadecuados. Sepamos estar, desde esta nuestra posición frágil, ante el Dios de todo, ante Su poder, Su Santidad y Sus pensamientos, que no son como los nuestros. Cuando en un enfrentamiento ya hay un ganador, hay también un perdedor, y el saber estar obliga a saber también retirarse a tiempo de una contienda inútil, por mucho que a nuestro orgullo, prepotencia y autosuficiencia humanos les cueste.

http://protestantedigital.com/magacin/34527/Dios_en_el_banquillo


Leonardo de Chirico

 Cuando los evangélicos hablan sobre la unidad con el Papa y el Papa habla con ellos sobre la unidad, todos usan la misma palabra pero en realidad quieren decir cosas diferentes.
El Papa Francisco, bautizando a un niño.

Visitar al Papa se ha convertido en algo muy popular entre los líderes evangélicos de todo el mundo. Casi todos los meses evangélicos procedentes de las cuatro esquinas del globo son recibidos por Francisco ya sea en una conversación privada, en torno a una mesa compartiendo una comida o en el contexto de reuniones más oficiales. El Papa Francisco parece haber dirigido su objetivo hacia los evangélicos de todas las tendencias (desde los sectores altamente litúrgicos del protestantismo a los gurús del evangelio de la prosperidad, con todas las variaciones que hay en medio) con el fin de construir puentes con estos cristianos que tradicionalmente han permanecido fuera de la corriente principal ecuménica pero que, no obstante, representan el ala de la Iglesia que crece más que cualquier otra. Este fenómeno de los líderes evangélicos haciéndose “selfies” con el Papa y después transformándose en portavoces prominentes de la unidad con la Iglesia Católico Romana necesita examinarse más detenidamente.

En el ambiente de esta tendencia creciente de líderes evangélicos visitando al Papa, la visita de la delegación oficial de la Alianza Evangélica Mundial (WEA por sus siglas en inglés) con representantes de todo el mundo, el día 6 de noviembre, constituye posiblemente la primera vez que ha sido concedida una audiencia a una delegación tan extensa por parte del Romano Pontífice. El significado y la importancia de esta recepción lo atestiguan el hecho de que la alocución del Papa a la delegación de la WEA se hizo pública a través del canal oficial del Boletín de Prensa del Vaticano, que es su medio oficial.

 

¿Unidos en el Bautismo?

El Papa empezó su discurso haciendo referencia al bautismo como uno de los terrenos en los cuales la unidad podría alcanzarse. Después de citar Efesios 4:13 como ejemplo para la consecución de la unidad de la verdad, Francisco continuó diciendo que “esta verdad se fundamenta en nuestro bautismo, por el que compartimos los frutos de la muerte y de la resurrección de Cristo. El bautismo es un don inestimable de Dios que tenemos en común”. Curiosamente, ésta es una afirmación típica católico romana. Mientras que los evangélicos tenderían a decir que la unidad se basa en la gracia de Dios recibida mediante la fe en Jesucristo, el Papa explica detalladamente un punto de vista diferente. Según su opinión, el “sacramento del bautismo”, un sacramento eclesial, es la base para la unidad de los cristianos.

La convicción estándar evangélica es que todos los que creen en Jesucristo ya están unidos (“Creemos en la Unidad del Espíritu de todos los creyentes verdaderos”, dice la Declaración de Fe de la WEA), pero el Papa presenta una perspectiva diferente: son aquellos que están bautizados los que están unidos. Una persona bautizada por la iglesia puede o no ser un creyente como demuestra claramente el fenómeno del Cristianismo Nominal y, a pesar de todo, el Papa y su Iglesia creen que el bautismo representa una razón suficiente para la unidad.

En este punto debe plantearse una pregunta: ¿Son conscientes de esto los líderes evangélicos que parecen ser tan entusiastas fans del Papa?

Que los cristianos ya están unidos por el bautismo es una convicción ecuménica compartida, pero no es la posición evangélica histórica. El Papa la reforzó cuando habló sobre “la profunda unidad producida por la gracia en todos los bautizados” (citando el documento del Vaticano II Unitatis Redintegratio, 13). ¿Cómo pueden los cristianos estar unidos por la gracia con los que están bautizados pero que no profesan ni viven su fe en Jesús? La cuestión es que cuando los evangélicos hablan sobre la unidad con el Papa y el Papa habla con ellos sobre la unidad, todos usan la misma palabra pero en realidad quieren decir cosas diferentes.

 

No es una Mera Relación Personal con Cristo

La insistencia en el bautismo como la base de la unidad se demuestra en otro comentario que hizo Francisco en su disertación. En su reiteración en la preeminencia del bautismo sobre la fe, el Papa dijo que “el Evangelio no es meramente acerca de nuestra relación personal con Dios”. Es más que esto. Este lenguaje de tener una “relación personal con Dios” es apreciado por los evangélicos y es una de las marcas definitorias de su espiritualidad. Al Papa Francisco también le gusta utilizarlo.

No obstante, la referencia al sacramento del bautismo que para él es una base suficiente para la unidad y que precede a una relación personal con Dios pone esta frase en su contexto. Según Francisco, la unidad se funda en el bautismo, no en la relación personal con Cristo. Los evangélicos también entienden que la vida cristiana es más que tener una relación personal con Cristo, aunque creen que éste es el fundamento sobre el cual debe construirse el completo discipulado cristiano. Independientemente de la visión que posean sobre el bautismo, es en todo caso, la fe personal lo que es central. Para Francisco la gracia nos es dada no por la sola fe sino por medio del sistema sacramental administrado por la Iglesia. Esto no es meramente un aspecto menor de la diferencia.

El discurso incluía un llamamiento para entrar en una “nueva era de relaciones entre los católicos y los evangélicos”. Sin embargo, si todavía no están de acuerdo en lo que consiste la base de la unidad de los cristianos y no hay ninguna indicación de apertura al cambio según el Evangelio, ¿cómo puede haber una “nueva era”?

 

http://protestantedigital.com/magacin/34433/una_nueva_era_entre_los_catolicos_y_los_evangelicos

Roma, punto de misión

Publicado: octubre 4, 2014 en Iglesia, Missio Dei, opinión

La casi totalidad de países católicoromanos están tan pobremente evangelizados como los más laicos de Europa, y Roma no es una excepción.

Roma

La misionología habla de “plantatio ecclesiae” para describir el proceso de plantar una iglesia en una zona donde no hay ninguna. La razón fundamental de esta “plantatio” es que una vez la iglesia (católico romana) está instalada no es necesario plantar ninguna otra iglesia. ¡Esto es incluso más cierto en la ciudad de Roma!

En la ciudad donde la Santa Sede tiene su centro y donde se encuentra el corazón  de la Iglesia Católico Romana, ¿quién se atreve a plantar una iglesia? ¡La Iglesia (con mayúscula) ya existe, por definición! De este modo, la plantación de iglesias a la sombra del Vaticano requiere una tarea extra para identificar un mandato bíblico antes de embarcarse en semejante labor.

OBSTÁCULOS ESPIRITUALES

La plantación de iglesias en Roma tropieza con una gran cantidad de barreras religiosas y culturales: los no católicos a menudo son percibidos como sectas, gente torpe, extranjeros o movimientos religiosos nuevos. Algunas veces, lamentablemente, la actuación evangélica (p.e. la estrechez de miras, la mentalidad tribal, el exceso de sensibilidad a las diferencias y el alejamiento de la vida real) confirma estos estereotipos.

El propósito, no obstante, debería ser mostrar que las iglesias evangélicas son bíblicas, clásicas, ortodoxas; iglesias protestantes que valoran la historia de la iglesia, el patrimonio de los Padres de la Iglesia y que tienen un largo legado en la historia del cristianismo, al tiempo que reflejan una vitalidad espiritual que les falta a tantas esferas del mundo religioso.

Después, están las trabas teológicas y espirituales. Aquí todo el tema de la mediación pasa al primer plano. ¿Cómo nos acercamos a Dios? El punto de vista católico estándar es que las personas se relacionan con Dios mediante el sistema sacramental de la “madre” iglesia. La mayoría de las palabras que se utilizan son las mismas (p.e. la gracia, la cruz, el Evangelio, la salvación), pero quieren decir cosas muy diferentes y sus significados tienen que ser abordados. Los fundadores de iglesias deben evitar el peligro de suponer que términos tales como gracia, fe, Jesús, iglesia, cruz y Evangelio son comprendidos tal y como están definidos bíblicamente. Desmantelar los viejos patrones y construir de nuevos es una labor continua. Suave pero firmemente la gente necesita distanciarse del bagaje sacramental/institucional y descubrir el Evangelio de nuevo.

Por último, existe la dimensión personal. El católico ordinario es alcanzado por el elemento personal del Evangelio pero, por lo general, no tiene conciencia de ello. Su religión es principalmente un conjunto de prácticas y tradiciones, pero no algo que involucra a toda su vida. Por consiguiente, la vida de comunidad, la vida de iglesia y la vida de familia son todos aspectos importantes para transmitir la diferencia práctica que una fe salvadora en Jesucristo trae a la vida cotidiana.

RETOS ECLESIOLÓGICOS Y OPORTUNIDADES DEL EVANGELIO

La casi totalidad de los países católico romanos están tan pobremente evangelizados como los países más laicos de Europa y Roma no es una excepción. La gran mayoría son cristianos nominales que tienen una pertenencia sociológica a una comunidad débil y ninguna fe salvífica en Jesucristo. Para la mayor parte de los católicos romanos la práctica se basa más en el catolicismo popular (p.e. devociones y procesiones) que en el cristianismo bíblico. La lectura de la Biblia estuvo prohibida durante siglos y esta censura ha producido un alto nivel de ignorancia bíblica. La gente cree que son “cristianos” porque fueron bautizados siendo niños y forman parte de una cultura “cristiana”, pero hay poco o ningún sentido de compromiso personal en lo que se refiere al Evangelio.

Más allá de la superficie religiosa exterior, existe una mezcla de idolatrías religiosas y seculares junto con una combinación de paganismo pre y post moderno. Mientras que la presencia de la iglesia institucional es ominipresente, el impacto del Evangelio es mínimo  y está oscurecido considerablemente por las conveniencias sociales y la indiferencia práctica.

Roma es, por tanto, un campo de misión y la plantación de iglesias es la clave para el evangelismo y la transformación a través del Evangelio.

Roma no está ciertamente acostumbrada a dar la bienvenida al pluralismo religioso y a la diversidad de iglesias. A lo largo de los siglos la Iglesia se ha presentado siempre como única y cualquiera fuera de la Iglesia (Católico Romana) era considerado un hereje y/o un cismático. La reivindicación de ser una “iglesia” fuera de la Iglesia Católico Romana es contracultural, pero es algo que la mayoría de la gente encuentra intrigante. Esto es especialmente cierto cuando se celebra la Cena del Señor (la Eucaristía es la parte central de todo el sistema católico romano donde se entrecruzan sus dimensiones dogmáticas, jerárquicas y sacramentales). Es aquí donde los fundadores de iglesias envían el mensaje que la iglesia cristiana es indudablemente “una” y, por consiguiente, “católica”, pero no exclusivamente “romana”. La plantación de iglesias deconstruye la reclamación de la Iglesia Romana de ser la única iglesia y enfatiza la “unidad” de la iglesia en términos de fidelidad al Evangelio en lugar de una adhesión institucional al sistema papal.

En Roma hay mucho cinismo sobre la iglesia y la religión en general, al igual que en el resto de Europa. El clima cultural es escéptico, por lo que existen  oportunidades para introducir el evangelio basado en el círculo virtuoso de la verdad evangélica, la comunidad evangélica y la cultura evangélica.

La plantación de iglesias es la clave para este objetivo ya que se une la creencia y la pertenencia, la proclamación y el servicio, lo personal y lo comunitario, la contextualización creativa y la obediencia a la Palabra de Dios.

“Plantatio ecclesiae” solía ser una acción que iba desde Roma al resto del mundo. Ahora, como siempre, se necesita que haya un compromiso que alcance a Roma como a cualquier otra parte del mundo.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34088/Roma_punto_de_mision


Los candidatos a la presidencia se disputan el respaldo de este credo conservador y pujante al que pertenece uno de cada cinco brasileños

Decenas de fieles sigue la oración del pastor pentecostal Silas Malafaia en Río de Janeiro, el 25 de septiembre. / Leo Correa (AP)

En agosto, en el popular barrio de Bras de São Paulo, la evangélica Iglesia Universal del Reino de Dios inauguró el inmenso Templo de Salomón, que hoy por hoy es el mayor edificio religioso de Brasil. El templo impresiona de cerca y es un testimonio elocuente del poder de la religión evangélica en el país: cúbico, del tamaño de una manzana entera, de una altura equivalente a un décimo piso, flanqueado por inmensas palmeras embutidas en maceteros de película y adornado por columnas griegas del grosor de una furgoneta y de 50 metros de altura. Constantemente hay gente haciéndose fotos alrededor del edificio.

La ceremonia de inauguración, a juzgar por las crónicas del momento, fue tan espectacular como el templo mismo: seis sacerdotes con túnicas blancas y cinturones dorados portaron, avanzando sobre una alfombra roja, la que se suponía era una réplica del Arca de la Alianza. No sólo por eso: entre los presentes se contaba la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, por entonces ya de precampaña electoral. No sólo ella. También acudieron el gobernador de São Paulo, varios jueces del Tribunal Supremo y más de un centenar de diputados (70 de los parlamentarios federales son evangélicos practicantes). Más pistas para calibrar la influencia de la Iglesia evangélica.

En 2000, el número de evangélicos constituía el 15,4% de la población de Brasil. Y en 2010, fecha del último censo, habían aumentado al 22,2%. Hay muchos que consideran que, al contrario que los católicos, cuyo apoyo electoral está mucho más repartido, los evangélicos votan en bloque. “A los evangélicos no les interesa tanto si el Banco Central es independiente o no. Ellos votan al hermano”, aseguraba hace unas semanas a la revista Época el especialista en elecciones presidenciales Cesar Romero Jacob. Según una encuesta publicada a mediados de septiembre, el 43% de los electores evangélicos [que constituyen cerca de 27 millones de votos] apoyarán a Marina Silva, que pertenece a la Iglesia evangélica frente a un 32% que se decidirá por Dilma Rousseff, que se declara católica no practicante. Hay que tener en cuenta que en Brasil, aunque existe una separación entre la Iglesia y el Estado, las creencias religiosas de los políticos no sólo no asustan sino que rinden votos.

En Brasil, las creencias religiosas de los políticos no sólo no asustan sino que rinden votos

Conservadores, defensores de la familia tradicional, opuestos al matrimonio gay y al aborto, los evangélicos han dejado ya notar su influencia en esta elección: el viernes 29 de agosto, Silva presentó su programa electoral, que incluía una medida novedosa y valiente, la que apoyaba incluir en la Constitución brasileña el matrimonio entre homosexuales. En cuanto se hizo pública, comenzaron a llover críticas de pastores evangélicos. Entre ellas, las del pastor Silas Malafaia, que en su Twitter, seguido por 774.000 personas, aseguraba: “El programa de Gobierno de Marina es una defensa vergonzosa de la agenda gay”. Al día siguiente, sábado, la dirección de campaña de Silva enviaba un comunicado en el que se aseguraba que “un error” había deslizado esa propuesta. “Bastaron cuatro mensajes del pastor Malafaia para que Marina, en 24 horas, se olvidara de los compromisos adquiridos en un acto público transmitido por televisión y negase su propio programa político”, aseguró después el diputado Jean Wyllys, activo defensor de la causa gay en Brasil.

Marina Silva suele comenzar sus alocuciones públicas con un “Dios os bendiga”. Pero luego se cuida de señalar que siempre ha defendido a lo largo de su carrera política el Estado laico. Desde el otro lado, la católica no practicante Rousseff (como el tercer candidato con posibilidades, Aécio Neves, también católico declarado) trata siempre de no olvidar ese importante flanco en Brasil: diez días después de la inauguración, la presidenta brasileña regresó al faraónico templo de São Paulo para un encuentro electoral entre mujeres. Les aseguró: “Yo creo en los que creen. Creo en el poder de la oración. No se olviden de rezar por mí. Todos los dirigentes de este país dependen del voto del pueblo y de la gracia de Dios. Yo también”.


Will Graham

Por qué me opongo al matrimonio gay

En España se registran más de 100.000 rupturas matrimoniales al año. / Getty

 Cristo enseñó que Dios quiere que el hombre y la mujer estén juntos hasta que la muerte los separe.

Me opongo al matrimonio gay por la misma razón que me opongo a cualquier otro tipo de relación sexual fuera de los confines del pacto del amor heterosexual. Me opongo al matrimonio gay por la misma razón que el Antiguo y el Nuevo Testamento se oponen a él. De hecho, me opongo al matrimonio gay por la misma razón que Cristo se opuso a él. ¿Cuál es esta razón? Respuesta: la creación. ¡Es así de sencillo!

Cuando los teólogos contemporáneos de su generación preguntaron a Jesús acerca del divorcio, Jesús apeló al Edén para demostrar la voluntad de su Padre con respecto al matrimonio (Marcos 10:2-9). Cristo enseñó que Dios quiere que el hombre y la mujer estén juntos hasta que la muerte los separe. Esta ideal se dio a conocer en la misma creación- antes de que naciera la cultura humana- para que todos entendieran que el anti-homosexualismo no es fruto de una determinada nación o tribu. Adán y Eva juntos representan el plan universal de Dios para el resto de la historia humana. “Según las enseñanzas de Jesús,” escribe el renombrado Dr. Wolfhart Pannenberg, “la sexualidad humana entre hombre y mujer pertenece a la unión indisoluble del matrimonio. Este estándar es la base de todo lo que enseña el cristianismo sobre el comportamiento sexual”. Jesús se refería a la creación a posta. Créeme: sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

Es a la luz de la creación que tenemos que entender todas las condenaciones a la ‘sodomía’ que se nombran en las Escrituras. La Biblia no es anti-gay por ser anti-gay. Es anti-gay porque es pro-creación. El hecho de que varias leyes anti-homosexuales fuesen incorporadas en la Torá judía nos revela que la  Revolución gay  no nació en nuestra generación. En los días de Levítico, la homosexualidad era tan desenfrenada entre los apostatas e idolatras de las naciones vecinas a Israel que el pueblo de Dios tuvo que separarse de ellos y consagrarse al Señor. En los días de Moisés, por ejemplo, cualquier manifestación de homosexualidad merecía la pena de muerte inmediata (Levítico 20). ¡Dios no la toleraba para nada!

La misma condenación se transmite en el Nuevo Testamento.En vez de seguir la corriente tan lujuriosa y carnal de la cultura greco-romana que prevalecía en el primer siglo, Pablo advirtió a todos los creyentes de la homosexualidad en términos bien, pero bien, severos. La homosexualidad, explica Pablo, es una exhibición pública de idolatría y apostasía (Romanos 1) y excluye a los hombres (y mujeres) del Reino de Dios (1 Corintios 6). El apóstol habló directamente sin dar rodeos. Es imposible malinterpretarlo (aunque algunos pensadores están intentando hacerlo). ¿Qué más podría haber dicho Pablo para posicionarse con más contundencia?

El veredicto categórico de la Escritura es rotundo: la homosexualidad tiene que ser devuelta al abismo de donde ha salido. No hay nada en la Biblia que promueva una vida gay. Se trata de un pecado sumamente detestable. “Es abominación” (Levítico 18:22). Ésta, por lo menos, es la opinión de Dios. Y no solamente esto, representa una rebelión abierta contra las enseñanzas de Jesucristo, el Señor de la Iglesia. ¿Qué quiere decir todo esto?

Primero, quiere decir que si alguien está luchando contra inclinaciones homosexuales, no significa que esté condenado al lago de fuego.Significa, sencillamente, que tiene que batallar contra esta tentación- como cualquier otra- en el poder del Espíritu y por medio de las disciplinas espirituales que Dios nos ha dejado (las Escrituras, la oración, la comunión con los santos). Debe recordar también que Cristo es poderoso para conquistar cualquier pecado vil que nos asedia. Su gracia vence nuestra iniquidad. Así que hay esperanza para todos. ¡Bendito sea Dios!

Segundo, quiere decir- y voy a emplear términos muy claros- que cualquier Iglesia que acepte el matrimonio gay ya no es una Iglesia. Se hace anti-Iglesia.Puede llamarse como quiera, pero ha dejado de ser un vocero del Omnipotente. No es fiel al Señor de la Escritura ni a la Escritura del Señor. Una Iglesia gobernada por la Biblia jamás podría desviarse en esta cuestión tan fundamental. De nuevo, cito al Dr. Pannenberg, “Si una Iglesia se dejara llevar hasta el punto de ver la homosexualidad como forma de desviación del patrón bíblico y de reconocer las uniones homosexuales como equivalentes a un verdadero matrimonio de amor, tal Iglesia ya no estaría posicionándose a favor de la Biblia, sino en contra de ella”.

Así que la creación, el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y la verdadera naturaleza de la Iglesia: éstas son las razones por la cuales me opongo al matrimonio gay. ¡Menuda combinación! ¿Verdad?

Autores: Will Graham
©Protestante Digital 2014

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