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Por Harold Segura

Resulta extraño, pero cierto es que ninguno de los discípulos de Jesús esperaba que él, después de su muerte vergonzosa en la cruz, resucitara. La muerte fue temida por ellos y la resurrección descartada. Ellos debían haberla esperado puesto que el Maestro les habló en muchas ocasiones acerca de ella. Oyeron, pero no comprendieron, parece ser lo que ocurrió.
La verdad es que después de su muerte todos sus seguidores más cercanos huyeron al perder toda ilusión. Los antiguos pescadores volvieron a la orilla del mar para reanudar sus antiguas labores; todo había sido una experiencia transitoria, llena de sueños, pero con un triste final.
Con este sabor a derrota fue que Jesús encontró a dos de los suyos, quienes caminaban rumbo a Emaús, una aldea situada a más de 11 kilómetros al noroeste de Jerusalén. El sentimiento de fracaso acompañaba las conversaciones de estos dos caminantes quienes, aún sabiendo que unas mujeres no habían encontrado el cuerpo de Jesús y que un ángel les había anunciado su resurrección, no creían.“Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel. Pero ya hace tres días que pasó todo eso” (Lucas 24:21).

Ni siquiera la presencia física de Jesús fue suficiente para que de una vez por todas ellos creyeran: “Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban” (Mateo 28:17). ¿Y qué tal el caso de Tomás, mejor conocido como “el incrédulo”? Fue a él a quien Jesús le dijo: “Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree!” (Juan 20:27).
Pero algo extraordinario sucedió a aquel grupo de débiles creyentes y es que Jesús, por medio de sus más de diez apariciones demostró haber vuelto a la vida. Fue esa experiencia de encuentro personal con el resucitado la razón de su cambio radical. La resurrección, entonces, pasó a ser la característica más sobresaliente de la predicación de esos primeros cristianos: anunciaron la victoria de la vida sobre la muerte; el triunfo de la esperanza; el comienzo de la vida nueva, y la certeza de nuestra resurrección.
Cristo resucitó. El efecto destructivo de la muerte ha sido vencido por el poder de la vida otorgada por Dios. El mal y la muerte no tienen, pues, la última palabra. El reino de Dios ha certificado ser la razón final de la Historia.
Jesús se levantó de los muertos. El mismo que murió en la cruz abandonó la tumba y está con nosotros. El amor de Dios y su justicia triunfaron sobre la muerte y la injusticia; también la verdad y la libertad triunfaron. Su reino se ha inaugurado. ¿Qué nos queda a nosotros sino optar por ese reino y comprometernos en favor de sus valores? La solidaridad, el amor y el servicio son los rasgos que identifican una vida resucitada. ¡Vivamos así! “Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre” (Romanos 6:4).

Sobre el autor:

El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International y autor de varios libros.
Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.
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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él. (II)

En el mundo hay muchos que tienen buenas palabras para Dios, pero que no son coherentes.
 La afirmación de Jesús de que las prostitutas pueden ir delante de ellos al reino de Dios, se la dirige a los religiosos de la época. ¿Era algo escandaloso? El texto tiene su importancia porque esta frase está dicha en un contexto muy especial. Jesús se dirigía a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo.  Una vez más se dirige a los religiosos de la época. ¿Les diría esto Jesús también a los religiosos de hoy? Yo creo que hoy seguiría escandalizando lo mismo o más que en la época de Jesús. “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios”.  Mateo 21: 31 . También el contexto es esta parábola de los dos hijos en la que uno responde con un “no” incomprensible a la llamada del padre para ir a trabajar a su viña -negación escandalosa-, pero luego arrepentido va, y el otro hermano dice que “sí”, de forma hipócrita , porque luego no va. Otro escándalo. Deja al padre tirado en la estacada a pesar de sus buenas palabras o su buena respuesta. Este es el contexto de la frase de Jesús.

 Por tanto, el tema de que las rameras pueden ir por delante de muchos religiosos al reino de Dios, está en la línea de que en el mundo hay muchos que tienen buenas palabras para Dios, pero que no son coherentes , no cumplen, son religiosos sólo de labios, mientras que hay otros que, sin tener tan buenas palabras, tanta palabrería aparentemente positiva, son los que realizan la obra, son los que responden al llamado del Padre. ¿No es un tanto chocante la parábola? ¿No es un tanto escandaloso para los religiosos cumplidores del ritual?

 Pareciera que al padre no se le agrada con palabras que no culminan en hechos y acciones coherentes con lo que se dice. ¡Qué bueno es repetir esto hoy aunque escandalice!  Es una parábola sobre la importancia de la acción y sobre el hecho de que las buenas palabras no valen para nada, sean litúrgicas, u oraciones o alabanzas, si no culminan en trabajos, en hechos, en la realización del mensaje en el mundo, en la encarnación del Evangelio en nuestra historia como un evangelio que actúa tendente a la realización de la obra evangélica, al hecho de que todo cristianos tiene que ser las manos y los pies en medio de un mundo de dolor. Algunos hoy todavía se pueden escandalizar cuando se les saca del rito y se les quiere sumergir en la realización del mensaje en nuestro contexto histórico con hechos, con acciones con compromisos.

Nos escandaliza a muchos religiosos el que se nos diga que muchas prostitutas y personas estigmatizadas, marginadas y tachadas de pecadores nos pueden preceder en el camino al cielo. Ni se lo piensan para evitar el escándalo que les produciría… pero son palabras de Jesús. Parece que esto atentara contra la buena reputación que tienen muchos de los que viven su cristianismo de palabra, de ritual y de cumplimientos de normas. Una ética de cumplimiento, una moral de ritual a la que escandaliza el compromiso, la aceptación y el poner en los primeros lugares a los pobres y débiles del mundo.

Es verdad que nos enfrenta la parábola con el hecho de que muchos religiosos están diciendo continuamente “sí”. Pero es un “sí” que es fachada religiosa, sepulcros blanqueados por fuera y cuyo interior es hipocresía, insolidaridad con los sufrientes de la tierra, con los pobres, con los oprimidos… con el prójimo que nos necesita. Su vida religiosa está basada en palabras que no son coherentes con la acción que la fe demanda a través del amor. Estos son los que se escandalizan ante las afirmaciones de Jesús a favor de los débiles y proscritos del mundo.

 ¿Quiénes son los que han dicho “no” a Dios, pero que después son los que “realizan” el Evangelio, los que encarnan el mensaje, los que hacen la obra, el trabajo que el Reino de Dios necesita?  ¿Son personas que, quizás, no hacen alabanzas de labios, no siguen los libros de rituales? ¿Son los que, aparentemente, están dando la espalda a Dios? ¿Son personas que no comunican de palabra el Evangelio a nadie, que ni siquiera hablan de Dios, que no confiesan con su boca que son hijos de Dios?… pero capaces de arrepentirse. Un tanto escandaloso, pero sin embargo son aprobados porque “hacen” la voluntad del padre… aunque tengan que decir: “Señor, ¿cuándo?”. No lo han hecho por ningún tipo de recompensa.

Hay textos y parábolas de la Biblia que nos dejan un tanto escandalizados. Sin embargo no se puede pasar por ellos sin hacer una reflexión. Una reflexión seria, una reflexión sobre lo que significa ser “hacedores de la palabra”, realizadores del mensaje, encarnadores en medio del mundo de la voluntad del padre.

¿Puede haber hombres y mujeres, despreciados por el mundo que estén realizando el mensaje, haciendo el trabajo que Dios quiere que se haga en el mundo, encarnando con sus hechos los valores del Evangelio, haciendo y practicando la projimidad? Realmente son parábolas radicales de Jesús, escandalosas, parábolas que extrañan un poco o un mucho a los cristianos del mundo hoy, temas a los que nos gustaría no enfrentarnos. Pueden causar escándalo.

 También de la parábola se desprende la reafirmación de Jesús, escandalosa para algunos, en uno de los valores centrales del Reino: “Muchos últimos serán primeros”.  La afirmación que los publicanos y las rameras van delante de muchos de nosotros en el camino del Reino de Dios, es una afirmación en línea con el mensaje de Jesús, con sus prioridades, con sus enseñanzas… aunque nos escandalice desde la vivencia de un cristianismo cómodo e insolidario con los sufrientes de la tierra.

¿Será que al evitar tantos cristianos la responsabilidad con tantos pobres y proscritos del mundo, con tantos hambrientos, empobrecidos y oprimidos, Dios se acerque a ellos -a pesar del posible escándalo- y ellos, arrepentidos, se pongan a disposición de realizar con hechos el mensaje en el mundo? Quizás cuando nosotros los rechazamos Dios se acerque más a ellos, cuando nosotros los dejamos en la estacada tirados y apaleados a los lados de los caminos de la vida, Dios se acerque a ellos y les use… y los defienda… aunque parezca incomprensible y escandaloso.

¿Sería un escándalo que Dios siguiera hoy viviendo en el mundo más entre los que habiendo dicho “no”, pero arrepentidos están disponibles para Dios, abiertos a hacer su voluntad, a realizarla en el mundo… aunque el mundo sólo pueda ver su “no” y no perciba su arrepentimiento?

 Son misterios que no podemos desentrañar ahora… escándalos incomprensibles… cuando estemos con el Señor, entonces lo entenderemos  si es que nosotros estamos también haciendo la obra, el trabajo de la viña obedeciendo los mandatos del Señor sin la hipocresía del “sí” falso y en el arrepentimiento que transforma el “no” en acción positiva para el mundo.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Redarguye, Reprende, Exhorta

Publicado: febrero 22, 2012 en Pastoral, Teología
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por Phil Johnson

Las instrucciones de Pablo a Timoteo (2 Timoteo en el 4) incluye estos imperativos: “redarguye, reprende… exhorta” (2 Timoteo 4:2). Esas son tres palabras consecutivas en el texto griego, cada una con un matiz ligeramente diferente.

La primera, traducida “redarguye”, lleva la connotación de decirle a la gente que están equivocados, o que han hecho algo mal. Tiene la idea de “reproche”, “reprimenda”, o la refutación de la falsedad. Como tal, es una idea negativa –y es una idea que está, sin duda “fuera de tiempo” en estos tiempos posmodernos. Pero es uno de los aspectos clave de la obligación de cada anciano. Si tratas de no decirle a la gente que están equivocados, usted no está cumpliendo con la responsabilidad que Pablo menciona aquí.

Luego está el verbo “reprende”. Esta es una palabra más fuerte todavía. Denota una expresión de una fuerte desaprobación –una denuncia, o incluso una censura formal. Pablo considera como un deber ineludible de Timoteo no sólo exponer y refutar el error, el pecado y la falsa enseñanza, sino también denunciar cada aspecto de las cosas con claridad, que lo identifica como el mal que realmente es.

Estoy francamente sorprendido y consternado por cuántos pastores de hoy deliberadamente eluden este deber. “No me corresponde a mí criticar lo que otras personas están enseñando. Yo sólo quiero ser siempre positivo, y vamos a dejar que la verdad y el error se las arreglen por sí mismas” Pero si tratas de hacer eso, usted no están cumpliendo con la responsabilidad que Pablopositivamente asigna a cada fiel ministro, tanto aquí, como en Tito 1:9, donde se hace énfasis a esta misma obligación de la responsabilidad de cada anciano en la iglesia: “reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen.”

Tito 1:13 dice que algunas personas necesitan ser reprendidas “duramente, [para] que sean sanos en la fe.” De hecho, cuando Pablo le da este mismo encargo a Tito, él habla tan fuertemente como sea posible: “Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.

Eso sacude toda sensibilidad posmoderna, ¿no? Pero es un aspecto crucial de la vocación pastoral. Nadie es un fiel pastor que se niega a enfrentarse con los peligros que amenazan el rebaño.

Para que nadie piense que esto es una receta para los hiper-fundamentalistas enojados, observe que hay una importante calificación adjunta al presente mandamiento: “exhorta con toda paciencia y doctrina.” El verbo(exhorta) es parakaleo, la misma palabra traducida como “predicación” “en 1 Timoteo 4:13. Es una palabra dulce, muy relacionada con parakletos, el nombre que Jesús utiliza para hablar del Espíritu Santo, el Consolador. Se usa 29 veces en el Nuevo Testamento, y la primera vez que aparece es en referencia a Jesús, en Lucas 2:25, donde se refiere a Cristo como “la consolación [parakaleo], de Israel.”

La expresión transmite las ideas de aliento, consuelo, refrigerio, consuelo, todo ello en la forma de una súplica dulce, una citación verbal, una exhortación tierna. Ese es el corazón de la predicación bíblica.

Y el propósito y el objetivo de todo esto, las reprensiones, así como los estímulos, es por el bien de sus oyentes –nunca para herirlos. La predicación es una guía y un corrector y una fiesta y un ungüento, para edificar o, a veces para sanar el rebaño.

La predicación no es un garrote para golpear a las ovejas. Por lo tanto, siempre debe hacerse “con toda paciencia y doctrina.” Eso hace eco de lo que Pablo dijo dos capítulos anteriores, 2 Timoteo 2:25: “Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad,”

Pablo llama a todas las manifestaciones posibles de paciencia, bondad, magnanimidad y longanimidad. A la gente no se le va a ganar a la verdad por un regaño implacable. Si sus reprensiones y correcciones son con sabor a desesperación en lugar de verdadera preocupación por el rebaño, si usted les da reproche tras reproche reprendiéndolos sin un verdadero espíritu de mansedumbre, usted no está siendo un verdadero pastor.

Sin embargo: en estos tiempos posmodernos, es común pensar que la “mansedumbre” excluyetodo tipo de reproche o corrección –en especial una fuerte reprimenda. Pero está claro que Pablo no veía ninguna contradicción necesaria entre la dulzura y un firme reproche. Eso tiene que ser nuestro punto de vista, así, o nunca estaremos a la altura de la tarea simple pero de gran alcance que Pablo pone sobre nuestros hombros aquí.

http://evangelio.wordpress.com