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El barrio del millón de basureros

Publicado: diciembre 27, 2014 en Noticias, Reportaje, Sociedad

Los cristianos coptos de Manshiyat Naser recogen y reciclan los desechos de El Cairo

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La ‘Ciudad de la basura’ de El Cairo. / Andrey Stenin (RIA Novosti)

Un espantoso olor a basura impregna las calles de Manshiyat Nasern. La llamada “Ciudad de la basura” es una especie de vertedero donde van a parar la mayoría de desechos que produce El Cairo, una megalópolis de más de 20 millones de almas. El arrabal muestra hasta dónde puede llegar la degradación de la vida urbana en un país subdesarrollado, pero es también un ejemplo del afán de supervivencia de una comunidad que ha demostrado una increíble capacidad de organización. No en vano, sus habitantes, un millón de cristianos coptos conocidos como zabalín (basureros), recogen el 60% de los residuos que genera la capital egipcia (unas 16.000 toneladas diarias), y reciclan un 80%, cuatro veces más que la mayoría de empresas occidentales dedicadas a la gestión de residuos.

Los zabalín viven casi exclusivamente de la venta de los desechos reciclados. Cada material se somete a un proceso industrial diferente en los hornos y prensas especializadas distribuidos por el barrio. De ahí sale materia prima que abastece a las fábricas egipcias e incluso extranjeras. Por ejemplo, después de convertir en polvo el PVC de las botellas de agua y refrescos, lo exportan a China. Además, con el material que no pueden transformar, realizan objetos de artesanía.

La comunidad zabalín forma una especie de gran familia, con una clara división del trabajo. Todo el mundo participa en el reciclaje. Al amanecer, los chicos jóvenes pasan casa por casa a recoger la basura; las mujeres y niños la separan en una docena de materiales diferentes; y los hombres, en los talleres, la transforman en materia prima. “En la escuela, mis hijos no dicen dónde viven. Para ellos es un estigma. Un día me dijeron que haber nacido aquí es un pecado que no se puede purgar en vida”, cuenta con dolor Mariana, de 35 años y madre de tres hijos.

A pesar de que su labor es imprescindible para una megalópolis como El Cairo, las instituciones públicas no les abonan ni un céntimo. Y las comunidades de vecinos, tan sólo una cifra simbólica: unos 50 céntimos de euro al mes por edificio. Actualmente, se calcula que los zabalín recogen más de la mitad de los residuos de la capital egipcia. Desde 2003, del resto se encargan tres multinacionales extranjeras, una de ellas la española Urbaser. La voluntad del Gobierno de imitar el modelo occidental, y de hacer desaparecer a los zabalín de algunas zonas de la capital, le cuesta al erario público unos 40 millones de euros anuales. Los contratos expiran en 2017, y la experiencia cala con dificultad. Los vecinos prefieren a los zabalín,que recogen la basura a domicilio, a las empresas, que les obligan a depositar la basura en contenedores.

La comunidad de zabalín (basureros) está formada por cristianos llegados hace siete décadas del Alto Egipto

Los sueldos los decide la comunidad y varían en función del puesto que cada uno ocupa en la cadena de producción. Los adolescentes, que deben cargar en sus espaldas sacos más voluminosos que sus propios cuerpos, ganan unas 800 libras al mes (100 euros), una remuneración parecida a la de las mujeres. El trabajador de un horno se saca unas 1.100 libras al mes (135 euros), una cantidad sensiblemente inferior a las 1.500 libras de sueldo medio de un obrero no cualificado en una fábrica.

“A pesar de que me levanto cada día a las cinco de la madrugada y mi jornada es de unas 12 horas, apenas me da para vivir y para mantener a mis cuatro hermanos pequeños. Los otros siete ya están casados y son autosuficientes”, cuenta Camille, un hombre de 38 años. Su empleo consiste en fundir latas para convertirlas en moldes de aluminio, y su horno es un solar cercado por unas paredes descuajeringadas. Dentro, los envases de refrescos se amontonan por el suelo desordenadamente, formando pequeñas pilas. Cerca de la puerta, Youssef remueve el fuego con un palo. “Lo peor es el verano. Aquí superamos los 50 grados”, exclama. La media docena de operarios no lleva ningún tipo de protección, más allá de camisetas ennegrecidas, tejanos gastados y chancletas. Cualquier normativa de protección laboral aquí suena a quimera.

En los callejones estrechos y sin asfaltar, apenas penetra el sol. Haciendo gala de su apodo, la basura es ubicua, ya sea esparcida por las calles o apilada en enormes sacos de más de dos metros de largo. Como un vecino más, pequeñas manadas de cabras pasean tranquilamente por las calles sin otra guía que su instinto en la búsqueda de desechos orgánicos entre las bolsas rotas. Completan la fauna del lugar gallinas, algún cerdo bien escondido y moscas. Millones de moscas. Ante falta de espacio, animales y seres humanos comparten a menudo un mismo techo. Además, muchos edificios han convertido sus tejados en granjas. Se calcula que en el barrio viven hacinadas cerca de un millón de personas.

El principal eje de la vida social del barrio es la catedral de San Simón el Curtidor, considerada la mayor de Oriente Próximo

Para romper la triste bicromía del cemento y el rojizo de los ladrillos sucios, algunos vecinos han decorado sus balcones con coloridas representaciones de Jesucristo, la Virgen y el patriarca copto. Y es que el 90% de los zabalín son devotos cristianos llegados hace siete décadas del Alto Egipto huyendo de la pobreza rural. Sin educación ni dinero, no les quedó más remedio que dedicarse a la recogida de la basura, un servicio mal cubierto en una ciudad en plena explosión demográfica.

Los signos de su religiosidad son omnipresentes, en los pósteres descoloridos de Jesucristo que adornan portales y cafés, en las maquetas de iglesias colgadas de las ventanas o incluso en la piel. El principal eje de la vida social del barrio es la catedral de San Simón el Curtidor. Con aforo para unos 20.000 fieles, está considerada la mayor iglesia de Oriente Próximo.

Situada a los pies de la Mukatam, una colina convertida en refugio urbano de familias de clase media-alta huyendo del caos y el ruido de El Cairo, la Ciudad de la basura constituye una vergüenza para muchos cairotas. Una especie de cloaca al aire libre de una capital orgullosa de su pasado. Aunque no es una zona insegura, es difícil encontrar un taxista que quiera adentrarse en el abigarrado vecindario. A pesar de sus acuciantes necesidades, los servicios públicos brillan por su ausencia en la zona.

Aquí no hay conflictos entre cristianos y musulmanes. Todos tenemos los mismos problemas, la misma miseria”  Ramadán, peluquero 

“Una de nuestras principales peticiones al Gobierno es un instituto de secundaria para chicas. Es peligroso que tengan que desplazarse lejos, sobre todo en invierno, cuando cae la noche”, asegura Greis, un anciano tocado con un turbante gris. Los zabalín conceden mucha importancia a la educación de los hijos, pues confían en que así podrán escapar de la pobreza. “Sin embargo, la tasa de escolarización ha caído durante los últimos años, como consecuencia del deterioro de su situación económica”, declara Mohamed Ismail, de la ONG Spirit of Youth, muy activa en el barrio. A pesar del enorme riesgo de incendios, no hay ninguna estación de bomberos. Tampoco ningún hospital público. “Una clínica nos hace mucha falta. La gente, y sobre todo las criaturas, cae enferma muy a menudo entre tanta porquería y virus”, se queja Morice, un anciano. Sentado a su lado, Greis añade: “Hay una pequeña clínica que abrió una monja belga hace más de treinta años. Se llamaba Manuela. Pero el servicio es malo, y encima tenemos que pagar”.

Además de las bacterias, también son habituales las enfermedades en los pulmones provocadas por la polución. El aire que se respira en el arrabal no sólo es pestilente, sino también muy denso. Por si las condiciones de higiene no fueran ya de por sí paupérrimas, en el barrio no hay agua corriente. “Para nosotras, las mujeres, la falta de agua es una pesadilla. ¿Cómo pueden mis hijos librarse de las burlas de sus compañeros de clase por su condición de zabalín si no van limpios a la escuela?”, se pregunta Mariana. Como cada mañana, se sienta frente a la puerta de su casa y se dedica a separar la basura junto a sus vecinas. Mientras tanto, sus retoños corretean y juegan con los residuos.

La suciedad en la Ciudad de la basura y en todo El Cairo es mayor desde 2009. Aquel año el Gobierno de Hosni Mubarak ordenó sacrificar todos los cerdos del país, supuestamente, para evitar el contagio de la gripe A. Los puercos constituían un elemento fundamental en la cadena de reciclaje, pues se comían los residuos orgánicos. Ahora, los restos de comida se pudren en las calles de la megalópolis. Mientras transitan de vuelta hacia la Mukatam con la colecta diaria, ya sea en camionetas o en carros tirados por escuálidos borricos, los jóvenes zabalín se van desembarazando de la basura orgánica.

La matanza de los cerdos supuso un gran perjuicio para los habitantes del barrio. Su carne representaba un complemento rico en calorías para la dieta, y generoso en ingresos. Casi todas las familias criaban gorrinos, cuya carne servía no sólo para abastecer a la comunidad cristiana del país, sino que también se exportaba. “El kilo se pagaba a unas 12 libras, o sea que por la cría de cada lechón, una familia podía llegar a sacarse más de 1.000 libras (unos 120 euros)”, comenta Eyad, un carnicero que tuvo que cerrar sus cuatro tiendas especializadas en carne porcina.

Los lugareños están convencidos de que la amenaza de la gripe A fue una excusa. “No encontraron ni un solo puerco infectado. Su verdadera motivación era de tipo religioso. La intolerancia no empezó con el Gobierno de los islamistas Hermanos Musulmanes”, denuncia Eyad. Algunas familias consiguieron esconder sus cerdos, evitando su sacrificio. Pero la industria no ha vuelto a despegar. “Tenemos todos los permisos en regla, pero el responsable del matadero no quiere reabrir sus puertas por las amenazas de los salafistas”, explica apesadumbrado. El salafismo es una rama ultraconservadora y fanática del islam que ha multiplicado su influencia en la escena política y social en Oriente Próximo desde la primavera árabe.

“Tras la revolución, hay protestas y huelgas por doquier. No obstante, nosotros no podemos organizarlas. La describirían como una manifestación cristiana y la reprimirían sin contemplaciones”, critica Gamal. Habla por experiencia. En mayo de 2011, con los militares también en el poder, una concentración de condena por el ataque a una iglesia en la provincia de Giza fue dispersada brutalmente. Las fuerzas de seguridad dispararon contra los manifestantes; dejaron 15 muertos.

“Aquí no hay conflictos entre cristianos y musulmanes. Todos tenemos los mismos problemas, la misma miseria”, apunta Ramadán, el peluquero, tras clarificar que es musulmán, pero no islamista. De hecho, también votó a Ahmed Shafik, el candidato laico que prometió retornar el orden a las calles de Egipto y perdió contra el islamista Mohamed Morsi en las primeras elecciones presidenciales libres.

En julio de 2013, el rais Morsi fue depuesto a través de un golpe de Estado liderado por el actual presidente, el general Abdelfattá al Sisi. El patriarca copto, Tawadros II, respaldó la asonada, como hicieron la mayoría de cristianos, que respiraron aliviados al desembarazarse del temor al hipotético futuro Estado islámico. Aunque el barrio no se ha visto afectado por la intensa violencia posterior, sus habitantes anhelan el retorno de la estabilidad al país. “La falta de seguridad es el mayor desafío que afronta el país en estos tiempos”, sentencia Greis.

Sin perspectivas de futuro, los que pueden piensan en emigrar a Occidente. Dos de los tres hijos de Eyad han hecho varias entrevistas en la Embajada de EE UU para conseguir un visado. En cambio, Camille no considera que la solución pase por abandonar Egipto: “No queremos marcharnos, y tampoco sería práctico. ¿Acaso nos van a aceptar a todos? ¿Y qué pasa con los que se quedan?”.

 

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/12/26/actualidad/1419589156_494720.html

La cruz tras los paraguas

Publicado: octubre 4, 2014 en Noticias, Reportaje

CRONICA Hablan los cristianos que inspiran en Hong Kong la resistencia pacífica frente a Pekín

  • ‘Si es creyente, rece a la Virgen’, repite el cardenal Zen, la ‘conciencia de Hong Kong’
  • Hablan los cristianos que inspiran la resistencia pacífica frente a Pekín
Manifestante con máscara y paraguas frente a los botes de gases...

Manifestante con máscara y paraguas frente a los botes de gases lacrimógenos de la Policía Xaume Olleros

JAVIER ESPINOSAHong Kong

La veintena de religiosos católicos apareció frente al complejo gubernamental a media noche. Les precedía un chaval portando una gran cruz de madera. Miles de muchachos cercaban a esa hora las oficinas del jefe del ejecutivo, CY Leung Chun-Ying.

El ultimátum para que dimitiera había vencido a las 24:00 del jueves. Los más exaltados intentaron cortar la avenida adyacente sentándose sobre la calzada. La acción suponía bloquear a decenas de vehículos que circulaban todavía a esa hora por la conocida ruta costera. “¡Levantaros, levantaros!”, les reclamaron a voz en grito miles de manifestantes. Otros pedían perdón a los conductores. “Ese es el espíritu de esta protesta. El mismo principio que defendemos los católicos. La resistencia sin violencia. Se trata de construir la sociedad no de destruirla”, aseveró el Lui Ha, uno de los clérigos presentes en el lugar. “Son los dignos herederos de Tiananmen”, agregó.

Un día antes el cardenal Joseph Zen se había paseado por las calles del distrito de Admiralty, abarrotadas de opositores. Los chavales se arremolinaban a su paso. Le saludaban con un enorme respeto. Por algo le apodan “la conciencia de Hong Kong”.

“¡Rezad por Hong Kong!”, les pedía el religioso.

“¿Usted es creyente? Si lo es pídale a la Virgen que proteja a esta ciudad. Que no se vuelva a repetir lo que ocurrió en Tiananmen. Hay muchas similitudes y no quiero que estos chavales acaben como aquellos”, manifestó en una conversación ulterior con Crónica.

La presencia en las sentadas de Hong Kong de religiosos como el grupo de Ha o el mismo Zen no constituye un caso aislado. La minoría cristiana de esta ciudad -que no supera el 13% de la población total- ha adoptado un papel especialmente relevante en la apodada Revolución de los Paraguas. Fundadores de Occupy Central como Benny Tai o el reverendo Chu Yiu-Ming, y líderes estudiantiles como el carismático y jovencísimo Joshua Wong o su amigo Alex Chow, secretario general de la Federación de Estudiantes, pertenecen a esta confesión religiosa, cuyos adeptos y simbología son una imagen recurrente en las protestas.

Decenas de iglesias protestantes y católicas han establecido grupos de apoyo a los opositores, o han abierto sus puertas en las zonas donde se concentran para suministrarles alimentos y espacios para reposar. Los corrillos de cristianos que se reúnen a rezar son legión en áreas como Admiralty.

“Pedimos a Dios que nos de fuerzas para continuar”, explicaba Robert Tui, un chaval de 21 años, que oraba junto a sus amigos este jueves en el parque de Tamar.

Para el clérigo Lui Ha el activismo de los miembros de su fe no resulta extraño: «Podemos ser una minoría pero uno de cada cuatro estudiantes universitarios es cristiano».

Rodeado de sus admiradores y pese a sus 82 años, Joseph Zen es quizás un ejemplo paradigmático de la determinación de esta comunidad. “Los cristianos pertenecemos a la inteligencia de este pueblo y es lógico que estemos aquí, en la calle”, asevera. “La Iglesia ha defendido siempre la ideología de los derechos civiles y de la desobediencia civil. De la no violencia. Y estos chavales lo están poniendo en práctica. Su reacción ha sido admirable. Pese a la violencia de la Policía y a todos esos gases lacrimógenos que les lanzaron se contuvieron. No quemaron ni un coche de Policía”.

Zen asegura que él y otros muchos están dispuestos a «llenar las cárceles» de Hong Kong, en una clara alusión a la famosa campaña de desobediencia civil que preparó Martin Luther King en 1963. «Hay que pagar un precio por la democracia», sentencia.

Ese ideario es una constante en la actitud de los activistas que encabezan las protestas. No resulta raro ver a Joshua Wong y sus correligionarios portando camisetas con frases que recogen la filosofía del citado Luther King o Gandhi. «Una ley injusta es una especie de violencia en sí misma. La desobediencia civil es un derecho inherente a los ciudadanos», se leía en una de esas prendas que vestían hace escasos días.

Los dirigentes cristianos niegan que su activismo tenga una relación directa con la pugna de décadas que mantienen con las autoridades chinas. Pekín, que no reconoce por ejemplo la autoridad del Vaticano, mantiene un estrecho control sobre todas las religiones y ha establecido un sistema de iglesias paralelas al que tienen que someterse protestantes y católicos. La mayoría de las iglesias cristianas de Hong Kong han mantenido un claro distanciamiento de Pekín, incluso antes de 1997, cuando no cesaban de exigir una democracia plena para el instante en el que dejase de ser colonia.

El reverendo Chu Yiu siempre estuvo involucrado en estos movimientos y en especial en el llamado Comité de Cristianos preocupados por la Ley Básica, que intentó presionar para cambiar esa normativa pactada por Londres y Pekín que fijó el futuro político de Hong Kong. “Es cierto que este es un choque de mentalidades diferentes”, asume Lui Ha.

Conocido por sus repetidas críticas a Pekín, Zen admite que existe esa rivalidad pero puntualiza que las actuales protestas se centran en “el futuro de Hong Kong”. “Le prometieron los ingleses que tendríamos democracia y todo era una mentira”, acota.

La participación de los cristianos en las movilizaciones es un claro guiño a la historia, porque muchos de ellos fueron también personajes claves en las redes de apoyo a la sublevación de Tiananmen, un espectro al que aluden de forma reiterada los opositores. “La represión de Tiananmen es algo imborrable para los ciudadanos de Hong Kong, y la (reciente) violencia de la Policía ha reactivado ese miedo”, aclara Albert Ho, secretario general de la Alianza de Apoyo a los Movimientos Democráticos de China.

El reverendo Chu Yiu-Minf, por ejemplo, fue el catalizador de la llamada Operación Pájaro Amarillo, una iniciativa propia de guión de Hollywood que consiguió rescatar a más de 400 activistas de Tiananmen y traerlos a Hong Kong, para después conseguir que recibieran asilo en Occidente. Chu nunca ha querido detallar su papel en aquel operativo. En una reciente entrevista con la agencia Bloomberg se limitó a decir que al conocer lo que estaba ocurriendo en la capital china comenzó a “llorar” y a orar preguntándose: “¿Qué podemos hacer?”.

Su reacción fue organizar una red de asistencia a los que huían, en la que participaron artistas, empresarios, políticos, diplomáticos y también mafiosos. Estos últimos -habituados al contrabando- fueron los que pusieron las lanchas rápidas con las que consiguieron traer de forma ilegal a figuras de ese movimiento tan conocidas como Wue Kaixi, número dos de la lista de los 21 opositores de Tiananmen más buscados por China; Yan Jiaqi, asesor del ex primer ministro; o el periodista Su Xiaokang, a quien las autoridades de Pekín acusaron de alentar la revuelta con un documental.

“Se trataba de preservar la verdad, ellos (los activistas) son los depositarios de lo que realmente ocurrió allí”, dice Albert Ho, que también contribuyó junto a Chu en aquel proyecto.

Tiananmen, como decía Ho, forma parte de la memoria colectiva de esta población, que cada año conmemora el aniversario de la matanza. En abril, la Alianza de Apoyo a los Movimientos Democráticos de China propició la apertura del primer museo dedicado, en territorio chino, a preservar el recuerdo de Tiananmen. El pequeño habitáculo está repleto de fotos, recortes de periódicos e imágenes de vídeos que recuperan la historia de aquella revuelta que duró casi dos meses.

Uno de los murales exhibe una de las pancartas que mostraban los muchachos en aquellas fechas: “Dame la libertad o mátame”. Otro panel está dedicado al famoso «hombre del tanque», el anónimo que se plantó frente a una columna de blindados. Y en una esquina, una reproducción de la Diosa de la democracia, la estatua que erigieron los opositores chinos el 30 de mayo de 1989 y que acabó días más tarde aplastada por un tanque.

Conscientes de la enorme carga metafórica que tienen sus acciones, los estudiantes que iniciaron las concentraciones el 22 de septiembre anunciaron su decisión reunidos en torno a la copia de esa efigie que han instalado en la Universidad local. Robert Sai, un manifestante de 19 años, no piensa que esté «imitando» a los «rebeldes» de 1989, pero sí asume que al igual que entonces, ahora «pelean por la democracia. Es la misma lucha». Albert Ho tampoco opina que las concentraciones actuales sean una réplica de Tiananmen: “Aquí no pretendemos derrocar al Gobierno chino y estamos muy lejos de la capital”.

El legislador y ex presidente del Partido Democrático, otro de los paladines de la Revolución de los Paraguas, cree que el actual hombre fuerte de China, Xi Jiping, no se plantea recurrir a los métodos que usó su homólogo Deng Xiaoping. “El precio a pagar sería muy alto. Ya no pueden disolver a esta multitud recurriendo a gases lacrimógenos. Los chicos no temen a la Policía. Tendrían que usar al ejército y eso destruiría a Hong Kong”

Ahora parece un sarcasmo, pero los universitarios se contaban en la década de los 70 y 80 entre los más fieles aliados de Pekín, en su esfuerzo por recuperar la soberanía, en manos de los británicos. Los alumnos de las dos únicas universidades de la época, la de Hong Kong y la de China, fueron de los primeros que exigieron el final de la colonización, incluso antes de que Pekín y Londres lo firmaran en 1984.

“Era una cuestión de dignidad. No queríamos ser una posesión británica. Somos chinos. Lo único que queremos es que se respete nuestra singularidad y se nos conceda decidir a quien elegimos de forma totalmente democrática”, puntualiza Ho, que fue uno de esos alumnos partidarios de la postura de China en la era de los años 70.

Como recuerda el diario South China Morning Post, en 1984 los dos sindicatos estudiantiles enviaron una misiva al primer ministro de la época, Zhao Ziyang, apoyando el retorno de Hong Kong a China y pidiendo “democracia”. Ziyang replicó que era “justo y adecuado”. Tiananmen acabó con esa relación, al igual que con los devaneos democráticos de Ziyang, expulsado del PC por apoyar a los jóvenes en 1989.

Hayley Wong utiliza su teléfono portátil para sacarle fotos a la granada de gas lacrimógeno que le lanzó la Policía el sábado 27. Según su relato, decenas de agentes cargaron esa noche contra poco más de una veintena de manifestantes sin previo aviso: “Tan sólo estaba allí para decirle a los Policías que tuvieran cuidado, que allí había muchos chiquillos. De repente vi fogonazos en el cielo y explosiones. Todo se llenó de gas. Me ardía la cara. Estaba gritando: ¡Dios mío, Dios mío, me quemo! Fue una violencia totalmente innecesaria. Éramos muy pocos”.

La profesora de 27 años tiene miedo de que se reproduzcan esos incidentes. “Me preocupa que vuelvan para limpiar las calles. Ese es su objetivo. Limpiar esto de manifestantes”, asevera. “Estamos bloqueados. Nadie se puede echar atrás y eso es muy peligroso. No quiero que estos chicos acaben como los de Tiananmen“, afirma el cardenal Zen. “Rece a la Virgen, por favor”.

 

http://www.elmundo.es/cronica/2014/10/05/54300e7b268e3eb6788b4570.html


ÁFRICA Navidad en el Congo (VII)
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Louis, en su taller de prótesis. RAQUEL VILLAÉCIJA
RAQUEL VILLAÉCIJA
ALBERTO ROJAS Goma (RD Congo)

En Goma el taller de Gepeto fabrica piernas a medida. El artesano se llama Louis y es congoleño. No moldea madera sino forja. Tiene 33 años y desde hace seis esculpe extremidades de acero para niños mutilados por la guerra o la enfermedad. Él mismo porta una de las prótesis que diseña. “Cuando me colocaron la pierna decidí trabajar para ayudar a los que sufren problemas de movilidad como yo”, explica el artesano.

Tiene un taller humilde. Un torno, una fresadora, una maza, hierros de deshecho, un soldador, todo de segunda mano. Esta casa donde sólo viven hombres es de madera tosca y oscura como la lava. En el patio cocinan mandioca. “Este es el patrón”, dice mientras muestra un papel con las medidas de una pierna diminuta.

Una de sus prótesis hechas a medida con materiales de deshecho. A. ROJAS

Lo hacemos con precisión, a la medida de cada persona. Estas por ejemplo son para un niño”, explica. Sobre el pliego diseña el tamaño. Después moldea el acero. “Estos tornillos permiten mover los aparatos a la altura de la rodilla. ¿Veis? Cuando el aparato está recto la persona está de pie; cuando está doblado, es que está sentada”.

Bahati le observa trabajar con atención. Tiene 13 años y una malformación en el pie y otra en el fémur que le impiden moverse con normalidad. Las piernas que Louis está preparando son para él. El niño no tiene miedo al quirófano. Sabe que cuando le operen en el hospital Heal Africa estará preparado para que este Gepetto gongoleño le coloque sus piernas de forja.

– ¿Te da miedo ir al hospital?

“No, porque voy a poder tener unos aparatos como ellos”

– ¿Por qué quieres llevarlos?

“Porque voy a andar mejor y volver a la escuela”.

Bahati ha llegado a Goma desde Beni, en el norte, tres días en autobús por carreteras infames. Vivirá en esta casa junto a otras personas minusválidas, será operado e ingresará en un colegio de Goma para no perder el curso escolar. Meses después ya podrá volver a ver a su familia.

Artesano del acero

El mayor anhelo del niño es regresar a sus clases para convertirse en médico algún día “y poder ayudar a los otros”. Junto a él juegan y trabajan decenas de niños enfermos de polio o víctimas a las que la guerra les arrancó la movilidad. Conviven en el centro de ortopedia de la asociación ACDF, a la espera de que Louis les haga una pierna nueva.

En el centro también viven los que ya la tienen y quieren aprender el oficio de Louis. “Son como una gran familia, trabajan, cocinan para todos, juegan los unos con los otros y se ayudan”, explica Joseph Kay, colaborador británico en la organización.

Uno de los niños que vive en el taller de Louis. ALBERTO ROJAS

El taller de forja huele a esperanza y suena a acordes de guitarra. Uno de los chavales afina las cuerdas del instrumento, un regalo del batallón uruguayo de Naciones Unidas desplegado en Goma, mientras el resto de chicos hacen sus tareas entre muletas y risas. A menudo los militares se acercan al centro para repartir agua potable o arreglar alguna de las máquinas con las que trabaja el artesano.

El valor de una prótesis

“No tienen ayudas del Gobierno, el centro se sostiene gracias a la ayuda de ONG y de voluntarios”, explica Sebastián Alba, comandante del batallón. “Tienen un presupuesto de 55.000 euros anuales. Con eso hay que dar de comer a todos los niños y fabricar las prótesis. No es mucho pero nos apañamos”, explica Kay.

A la caída del sol Louis culmina su trabajo. “Utilizamos material de reciclaje y los modelamos en el taller”, explica el artesano. Todo se aprovecha bien en un país en el que si el material médico ya es un lujo, no digamos el acceso a una prótesis. El herrero tiene abiertas varias casas más por otras regiones del Congo para atender a otros que no pueden venir hasta aquí.

Bahati, recién operado de la malformación de una de sus piernas. R. VILLAÉCIJA

“La mayoría de los niños que los llevan sufren malformaciones, hay pocos que han sufrido mutilaciones durante la guerra, aunque también los hay”, explica Louis. Le preguntamos si cree que la paz llegará pronto a Congo. Nos mira extrañado, como si no supiera que su país sufre un conflicto armado desde hace dos décadas: “No entiendo de política, solo quiero hacer bien mi trabajo”, dice.

http://www.elmundo.es/internacional/


Por Josef Wenninger

Esta semana, en todo el mundo, los cristianos celebramos la Epifanía del Señor, también conocido como la Fiesta de la Teofanía. Mientras que la Iglesia Católica Romana y las iglesias protestantes principalmente celebrar la visita de los Reyes Magos al niño Jesús bíblico en Belén, los ortodoxos orientales iglesias cristianas celebrar el bautismo de Jesús por Juan el Bautista en el río Jordán.

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Photo Credit: Copyright Eddie Gerald / PixMedia. Esta impresionante fotografía es parte de Jordania Exposición fotográfica Amigos de la Tierra de Río.
En Rumania Epifanía se celebra en todo el país, las aguas son bendecidos y la pureza y la limpieza se celebran. Muchas personas llenan las botellas con el agua bendita y creen en su capacidad milagrosa para curar y proteger de las enfermedades. Después de bendecir las aguas, los sacerdotes lanzar cruces en los lagos y ríos. Varios hombres saltar después de esos cruces y tratar de atrapar ya que creen que al hacerlo obtendrán la bendición de Dios y darles buena suerte durante todo el año que viene.

Este año en la Florida en la celebración anual de la Epifanía Tarpon Springs 60 niños fueron seleccionados para sumergirse en las aguas para recuperar una cruz de madera arrojado a las aguas por un sacerdote. También en este caso, se cree que el que encuentra la cruz de madera gana la bendición de Dios.

Esto me hace pensar. ¿Cómo sería esta tradición parece en Jordania de hoy …

blog-epiphany2Visualización de personas saltando y buceo en el río Jordán, me acordé de mi última visita al río con embajador de EE.UU. en Israel Shapiro hace varias semanas y de inmediato una sensación de asco me supera. Las imágenes que recuerdo es alarmante y difícil de describir con palabras. Por lo tanto, aquí están algunas fotos tomadas en la presa Alumot para ayudar a su imaginación.

 

Al sur de la pequeña presa de tierra Alumot, no queda mucho de la famosa y poderosa una vez río Jordán. Israel, Siria y Jordania han desviado sus aguas río arriba para usos domésticos y agrícolas, dejando muy poco espacio para el agua dulce del río y su ecosistema, una vez floreciente. La desviación de más del 98 por ciento de su agua dulce, además de la descarga de grandes cantidades de aguas residuales no tratadas, amenaza con dañar irreversiblemente el río y el valle. Con Israel, Siria y Jordania, cada uno agarrando tanta agua limpia, ya que puede, es irónicamente el alcantarillado que está manteniendo el río viva hoy.

 

blog-epiphany3Amigos de la Tierra ha estado luchando por años para proteger el derecho de los peregrinos a ser bautizados con seguridad en esa zona del río a través de la eliminación de contaminantes y la liberación de agua dulce en los bancos del río.

 

blog-epiphany4“La entrada al agua está prohibido!” Firmar en el sitio Kaser el Bautismo Yehud, marzo de 2009.

Sin duda, la celebración de la Epifanía en el Río Jordán sería casi imposible y un riesgo potencial para la salud de los participantes de la ceremonia. Los buzos se les aconseja no abrir los ojos e incluso si lo hubiera, en las aguas contaminadas cualquier cruz sería imposible de encontrar. Es difícil imaginar que este río contaminado podría servir como un símbolo de la pureza – el efecto contrario de proteger y sanar a la gente.

http://foeme.wordpress.com


El peruano Lurgio Gavilán relata en un libro su vida en Sendero Luminoso, en el Ejército y en un convento franciscano durante los años de conflicto en su país

Lurgio Gavilán en 1986 en la base militar de Huanta

El antropólogo peruano Lurgio Gavilán, de 39 años, presentó en México el pasado lunes su autobiografía, Memorias de un soldado desconocido: autobiografía y antropología de la violencia, una historia que comenzó a escribir en 1996 y que se ha demorado en publicar en su país por las sensibilidades contrapuestas en torno al conflicto armado que enfrentó al Ejército con el grupo terrorista Sendero Luminoso entre 1980 y 2000.

El autor nació en una comunidad campesina de Ayacucho, departamento de la sierra sur donde surgió Sendero Luminoso en 1980. Esta región concentra las mayores secuelas de la violencia. En la actualidad, Gavilán realiza un doctorado en Antropología en la Universidad Iberoamericana de México, becado por la Fundación Ford. Uno de los antropólogos peruanos más prominentes —y que investigó la violencia de Sendero Luminoso—, Carlos Iván Degregori, leyó el borrador inicial de su libro y recomendó su publicación. Cuando éste falleció en 2011, la edición peruana quedó en suspenso. En México ha habido gran interés por esta historia, explica el autor, quien ha vivido más de la mitad de su vida en tres espacios clave de la historia contemporánea de su país: Sendero Luminoso, el Ejército y la Iglesia Católica.

El autor ha cambiado el nombre de su comunidad y de algunas personas

Siendo niño, en 1983, entró en Sendero Luminoso, tras los pasos de su hermano mayor; dos años después, fue el único superviviente tras un combate con el Ejército: “Me perdonaron la vida porque era un niño, escuálido, desnutrido”, relató en una entrevista por Skype con EL PAÍS. Estos hechos ocurrieron durante el Gobierno de Fernando Belaúnde, el período más mortífero a causa del conflicto, según el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Los militares lo llevaron a un cuartel: detenido primero, acogido, después; al cumplir la mayoría de edad hizo el servicio militar y se “reenganchó” dos años hasta convertirse en sargento. Entonces combatió desde el otro flanco: “Antes buscaba militares, luego buscaba a Sendero Luminoso”.

En el noviciado Ocopa.

A la pregunta de si fue difícil adaptarse al cambio, responde: “Poco a poco comenzó a educarme el Ejército, por eso me gustó. Lo he tomado como parte de mi vida, nunca sentí que fuera tan difícil. No me obligaron a entrar en Sendero Luminoso. Caí prisionero en el Ejército y me quedé. Siempre he vivido con mucho gusto, tal vez los quechuas, los campesinos, vivimos de esa manera. En ese momento era tan natural, y un poco mejor, porque cuando llegué al Ejército, eran pobres pero había una taza de quáker (avena), había ropa, en el fondo estaba agradecido”, explica con voz sosegada.

Mientras realizaba patrullas, unas religiosas que los acompañaban llevando la comunión a las comunidades, lo animaron a ser sacerdote “para hacer el bien”. Dejó el Ejército y se formó como fraile franciscano: “No me hicieron preguntas sobre dónde había estado antes”, comentó. Estudió en el instituto de los franciscanos en Lima y pasó un año en el convento de su orden en Puerto Ocopa (Junín, selva central), una zona en la que Sendero Luminoso diezmó a la etnia asháninka. “En el convento teníamos muchos momentos de silencio. Entre 1996 y 1998 empecé a escribir mi historia de vida para mí, por sugerencia de una tutora”, refiere.

La obra no se ha publicado aún en Perú por la sensibilidad ante el conflicto

Cuatro años después de iniciado este nuevo camino, y habiendo aceptado ya los hábitos de fraile, abandonó. “Es un poco difícil de contar, tuve problemas familiares, terminé criando a mi hijo”. En el año 2000 empezó a estudiar Antropología en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho. Después ganó un concurso para ser profesor, y allí enseñó durante dos años. Gavilán cuenta que sus exalumnos le preguntan cuándo va a dictar clases de nuevo, “pero no conocen esta historia”. “Uno de mis miedos es que me estigmaticen como Sendero Luminoso. Mis familiares no conocen mucho de esto, con mi hijo hablé poco, pero ya salió el libro”.

Una de las precauciones que ha tomado el autor ha sido cambiar el nombre de su comunidad y de algunas personas, dado que referirse a los actores del conflicto en Perú es delicado, no solo por las dificultades de diálogo sobre el tema, sino por la imputación fácil de “terrorista” a quien no lo es.

Durante un trabajo de campo en antropología.

Perú vive las disputas de la memoria histórica acerca de la violencia de Sendero Luminoso y del Estado entre 1980 y 2000, pero además, un remanente del grupo terrorista fundado por Abimael Guzmán, en asociación con el narcotráfico, sigue provocando muertes en una zona de la sierra sur. Por otro lado, expresos de Sendero hacen propaganda y reclaman la amnistía de Guzmán a través de un grupo que quisieron inscribir como partido político, elMovimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef).

“Este libro no defiende a Sendero Luminoso, no defiende al Ejército, no defiende al convento, es un poco imparcial. No sé cómo lo interpretarán en el Perú, pero en México ha caído muy bien, les causa curiosidad que haya sobrevivido a ese tipo de guerra, y preguntan cómo es posible que un quechua venga a estudiar acá”, agrega. Gavilán cuenta que uno de los líderes del movimiento político prosenderista Movadef, Alfredo Crespo, dio una conferencia en una institución académica de México donde él acude a un curso. “Hablaba como fanático, pedía la liberación de Guzmán. Muchas personas hicieron preguntas”. Él tenía su versión: “Conté que una vez en Aranguay, Sendero Luminoso ató una soga al cuello de una campesina, la arrastraron hasta la plaza de armas, llegó muerta. Dicen que luchan por los más pobres ¿y los atan hasta matarlos?. Ni los animales se comportan así con sus semejantes”.

Gavilán hizo su tesis de maestría sobre las formas en que la comunidad de Aranguay (Ayacucho) ha intentado recuperar su salud física y mental después de las secuelas del conflicto.

 

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AGFANISTAN: El hastío de la guerra

Publicado: agosto 22, 2012 en Reportaje

Jon Sistiaga se une, en un reportaje para Canal Plus, a un equipo de desactivadores de bombas en Afganistán, los hombres que más se arriesgan a convertirse en muertos inútiles de una guerra en su momento de prórroga

 Base Avanzada Lagman. Provincia de Zabul
Artillero de un helicóptero Chinook del Ejército de EEUU en misión de transporte de tropas por las bases del sur de Afganistán / HERNÁN ZIN

¿Desde cuándo se le dice al enemigo cuando se acaba la guerra? ¿Qué pensarían Clausewitz o Sun Tzu de revelarle a tu oponente, a esos que llamas insurgentes, terroristas, resistentes, en fin a los talibanes y a sus amigos de Al Qaeda, que te vas dentro de año y medio? Que las fuerzas de la coalición internacional que llevan once años en Afganistán se largan en el 2014. Ni siquiera los soldados que están aquí destinados, en Afganistán, tienen muy claro si esa decisión política, que no militar, significa que la misión está cumplida, o que se está admitiendo la derrota de esta guerra. Al fin y al cabo, “los talibanes solo tienen que aguantar escondidos todo ese tiempo, con una guerra de baja intensidad, para regresar cuando nos hayamos ido”, reconoce el capitán Arredondo, un militar de Los Angeles de ascendencia mexicana. Muchos analistas se preguntan cómo va a convencer EE UU al Mula Omar, el histórico líder talibán, de volver a las conversaciones secretas mantenidas en Catar y rotas hace unos meses, si sus interlocutores planean retirar sus fuerzas en 18 meses. ¿Para que hablar con “el infiel” si solo hay que esperar?, debe de pensar el Mula desde su refugio pakistaní en Quetta.

Es quizá por eso que en las bases de la coalición se percibe cierto hastío, cierta desidia por una guerra interminable. Una guerra no convencional donde los soldados se enfrentan a un enemigo invisible, que apenas abandona sus bases en Pakistán, y que se dedica a sembrar de artefactos explosivos las carreteras, senderos o veredas por las que estos hombres deben de patrullar. Cualquier soldado con el que hables tiene dos respuestas para esta situación: la oficial, la de que “bueno, es mi trabajo”, y la otra, la real, la de que se sienten expuestos a un peligro innecesario. De que pueden convertirse en bajas inútiles de una guerra con fecha de caducidad. En los últimos muertos del tiempo de descuento. Y a nadie le hace gracia morir en la prorroga, en esos meses extra que quedan para preparar la retirada y abandonar el país. Esté como esté.

Fuerzas especiales, soldados de infantería y contratistas viajan hacia la provincia de Kandahar a bordo de un Hércules de las fuerzas aéreas de EEUU / HERNÁN ZIN

Por eso los soldados no están motivados y los únicos que parecen disfrutar con su trabajo, porque al menos hacen algo útil, son los destinados en Unidades de contacto con la población local, los que hablan con los lugareños para resolver sus problemas y tratar de ganarse su confianza. “¿Sus corazones y sus mentes?”, le pregunto a Larry, un miembro de las Fuerzas Especiales del Ejército norteamericano: “No, eso era antes, en Vietnam, y no funcionó porque no se entendió a la población local. Ahora vamos sin armas, nos mezclamos con ellos, atendemos sus necesidades, les traemos agua, aceite, arroz, lo que necesiten. Solucionamos sus problemas si un clan no se habla con el otro…” Las fuerzas especiales son los únicos autorizados a llevar una larga barba y vestir de civil para poder infiltrarse, o como dice Larry, mezclarse, con la población local. Su aspecto es el de un viejo rockero, aunque está muy en forma. “Los de Vietnam no entendieron lo de ganarse los corazones y las mentes, porque al final se convirtió en pegar dos tiros en el corazón y uno en la cabeza”, reflexiona Larry para tratar de hacerme ver que su trabajo en la actualidad, pese a su rango y su unidad, no tiene nada que ver con operaciones encubiertas o de sabotaje tras las líneas enemigas.

Soldado de la Coalición Internacional patrullando una carretera en la provincia de Kandahar, Afganistán. / HERNÁN ZIN

Pero pese a la actitud positiva de este capitán, pese a que Larry si cree de verdad en los beneficios que su trabajo está trayendo a la población local, la indolencia se ha apoderado de las tropas de la coalición y de sus mandos. Se hacen las operaciones básicas, y casi todas defensivas. La base Lagman es un puesto avanzado en la provincia sureña de Zabul, una de las de mayor actividad de los talibanes. Desde aquí se aprovisiona al resto de bases más pequeñas y se realizan misiones tácticas junto al ANA, el Ejército Afgano. Hay serias dudas sobre su formación. Hablas con algunos militares que los forman y te aseguran que están preparados para asumir la defensa de su país, y para liderar el combate contra los talibanes y los remanentes yihadistas que todavía quedan por aquí. Hablas con otros y te reconocen que los soldados afganos son unos tuercebotas capaces de saltarse el cordón de seguridad cuando se va a detonar una bomba trampa solo por curiosidad de ver como explota. Han pasado once años desde que EE UU inició una guerra con dos objetivos: por un lado encontrar a Bin Laden y destruir a Al Qaeda, y por el otro acabar con el régimen de los talibanes que les daban protección. El primer objetivo se ha conseguido a medias y recientemente, el segundo fue más fácil, pero el resurgir talibán en los últimos años hace albergar serias dudas sobre el futuro de este país cuando se retiren las tropas internacionales. El fantasma de una guerra civil, otra, es más tangible que nunca.

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Samuel Nieva

El vuelo 468 de Aeroméxico,  me ha tomado por sorpresa. Mis equipajes y yo salimos juntos desde San José (Costa Rica). Libros,  cuaderno de anotaciones, reflexiones, direcciones, vivencias, testimonios, música, enlaces y el DIALOGO SUR – NORTE, del último CLADE V y no han llegado a mis manos todavía.

UN “SCAN” A LA “CAJA DE CARTON”

La consulta ‘HACIENDO MISION CON EL DIOS INMIGRANTE: LOS INMIGRANTES EN LA MISION GLOBAL”  y el espacio verde “DIALOGO SUR-NORTE” son las razones que me impulsan a escribir y buscar en el inmigrante como sujeto del proyecto divino de Dios  como agente de transformación, el inmigrante en su condición de excluido, indocumentado, foráneo de una tierra que no es suya, busca, lucha, por lograr un statu quo que le es adverso, la iglesia local en la diáspora es un espacio de liberación y autorrealización para muchos de ellos.

Cuando abrimos la “caja de cartón” de los latinos en la diáspora vamos descubrir características que preocupan: vivimos segregados y segregándonos, estamos marginalizados, explotados, y desplazados. Los inmigrantes vienen con una sub-educación, como también una carga de religiosidad popular. La acción misionera de los cristianos latinos en la diáspora se ha reducido a repetir los modelos patriarcales europeos y americanos con la  fuimos evangelizados de una manera escapista y díspensacionalista.  Ahora al otro lado de la frontera necesitamos profundizar intencionalmente la reflexión teológica, la práctica y  el dialogo  de la Misión Integral entre Sur-Norte o Norte-Sur o Sur-Sureste o Sur noreste, etc etc, etc. Este dialogo debe ayudar a corregir “los calcos y copias” de una mala práctica misional en la Diáspora.

El quehacer teológico latinoamericano,  desde el camino de los evangélicos y ecuménicos de Buena voluntad ha dejado de ser una experiencia netamente geográfica latinoamericana, para convertirse en una experiencia de corte global, a los latinos de la diáspora,  ahora los tenemos en todo en el mundo y reflexionando y aplicando ese bagaje intelectual en los círculos de discusión teológica como también y creo lo más importante, utilizando como una herramienta que acompaña a la Palabra de Dios  en los espacio que lo denominaría el “cuarto mundo de los desposeídos y desesperanzados”, ese es el espacio geográfico global donde iniciamos el Reino de Dios.

HOJA DE RUTA SAN JOSE-TIJUANA-LOS ANGELES

Me atreví pedir un favor, comenzar embalar todo mi valioso equipaje que se fue incrementando y documentando en este último CLADE V que sobrepasada largamente los espacios de mi pequeña maleta y no se me ocurrió la mejor idea de comprometer a una pareja de peruanos que hacen misión urbana –rural en la  ciudad  de Heredia, me dieran un “raite” (ride/llevar) a la plaza de central de Coronado  a comprar una bolsa, allí está San Isidro imponente iglesia Católico-romana, que con todo su estructura gótica,  europea, misteriosa y señorial recibe en sus viejas escalinatas a los cansados transeúntes de un  largo día de labor,  a los jóvenes que esperan para su primer encuentro de amor o a los más prácticos para “chatear” (chat) mientras esperan  llegar a casa ,  pues la flemática puerta ploma central obliga a los regulares asistentes a Misa entrar discretamente por las puertas lateras durante semana.

Que la reflexión teológica latinoamericana no se quede enquistada desarrollándose solo para Latinoamérica e indolente mas allá de Tijuana.

Quedé  en desventaja cuando escuche  el precio de la bolsa a comprar, solo atiné a salir y mirar  a la puerta de una “marketa” (Market- tienda) Tica “Pura Vida”,  una caja de cartón   dobladita para mi,  pensé “ya solucione mi problema”  de regular tamaño, adecuada y fácil de llevarla, lo tomé  sin permiso  (reconozco debí pedírselos…y si no me lo daban, mejor me aseguré como “buen peruano”).

El aporte teológico de Latinoamérica hacia el mundo global cruzando por Tijuana con papeles o sin  papeles, está desafiado a ser de un “tamaño  regular” (podría ser un “chip”) o en otras palabras PRACTICA, moldeable a su nueva realidad, ágil, fácil de llevar …”miro a san Isidro imponente en el plaza de Coronado solo, alto imposible de alcanzarlo, flemático pareciera que no está interesado en mí,  sino en seguir creciendo en cemento y fierros, no puedo pasarlo por la frontera,  y mucho menos en el vuelo 468 llegaría sin la cruz , sus  ángeles volarían  anticipadamente y los santos quedarían sin cabeza”. La imposición de la Biblia y la cruz como aporte teológico genera modorra y fracaso y mantiene el statu quo de la ignorancia.

Muchos creen que Misión Integral es solo para Latinoamérica y la voz de inconformidad de René Padilla en la  última Lausana es válida, los teólogos del primer mundo están preocupados en una teología solamente de la evangelización y de una manera secundaria exhortan la misión social (Lausanna III). Dejar en el patio trasero o perdido en cualquier terminal de Latinoamérica y el Caribe o Europa  en una caja de cartón el aporte teológico a un mundo en crisis, llamado MISION INTEGRAL  es negar la voz profética que viene de Latinoamérica (Hoy la pobreza no es patrimonio del tercer mundo, los pobres que llegan a las fronteras de los países desarrollados junto con los nuevos nativos pobres que los esperan, hacen una conformación de desplazados y excluidos de la aldea global).

Escucho el aporte crítico de la nueva hornada de jóvenes teólogos que están revisando los conceptos de definición de MI,  nacida en una convulsionada  Latinoamérica, sacudida  por movimientos sociales y a la vez miro desde el otro extremo de mi mesa  (la frontera norte Tijuana –los Ángeles) al rostro curtido por la reflexión de René Padilla, Samuel escobar, Juan Stam y otros, ¿Cómo continuar?  Con el dialogo Sur-Norte alimentaremos a los inmigrantes en el campo  urbano misionero, de las grandes ciudades cosmopolitas ahora “grandes barrios populares”  que huelen a tortilla y frejoles con la antigua y nueva savia de la MI.

APRENDER CORRECTAMENTE LAS VOCALES Y EL ABECEDARIO

Cuando la ignorancia es atrevida vale la pena denunciarlo, Cancún turismo  paradisíaco , pero también un tormento para el viajero, que tiene que cruzar el control de migración en el aeropuerto, y si me piden calificar el uso de la aerolínea Aeroméxico, yo marco descalificada, todos los viajeros sin excepción de nadie sufrimos el “tormento chino” ¡Dios mío! la ignorancia en todo el sentido  de la palabra en un espécimen llamado policía de migraciones que debería estar sentado en la primera fila de su aula escribiendo mil veces “debo ser cortés y justo”, que después de violentar mi caja de cartón,  “sorprendido” me pregunte ¿Qué es esto? y lo tire a un costado de la mesa (la bolsita verde de Clade V con un  precioso logotipo grabado y la frase “sigamos a Jesús en su Reino de  vida”) Agarre la Biblia y de igual  manera me pregunte ¿qué es esto?, manosee todo mis libros y objetos y diga ¿todo esto va a leer?…¡Dios mío!

Que no le pase a la MI lo que le pasó a mi caja de cartón con los materiales de Clade V, tenemos un objetivo liberador, los inmigrantes en la diáspora deben salir de la sub-educación y quebrar todo los estereotipos que a los latinos nos han nombrado.

 

“VUESTROS JOVENES VERAN VISIONES Y

VUESTROS ANCIANOS  SOÑARAN SUEÑOS”

Cuando ya nos vamos haciendo viejos somos menospreciados por lo lento de nuestra caminar… Cuidado hay mucha sabiduría  y fuerza en todos nuestros “viejos teólogos latinoamericanos”, los necesitamos a todos ellos, junto con los jóvenes, especialmente en el dialogo teológico sur-norte. Aquellos que hemos puesto a caminar la MI en nuestros contextos de frontera, en los barrios marginales de las grandes ciudades, si podemos experimentar que Jesús viene a liberar a los oprimidos, viene encarnado en una tortilla , en un plato de frejoles  para alimentar, para reanudar las fuerzas perdidas de los “sin nombres” de los “sin voz”, para hacer comunidades solidarias con los más pobres practicando el compartimiento del pan en la mesa del Señor y practicar la justicia fijando la utopía del Reino de Dios  (Lucas 4: 16-20; Miqueas 6:8).

Llevo el control del tiempo, son 50 largas  horas de espera, mientras estuve escribiendo y reflexionando sonó el teléfono de casa: “estamos en camino, esperen por su caja”, maltratado por  el viaje,  pero bien firme como un soldadito, reventado por un costado,  pero en control con todo lo que hay adentro, remarcado por muchos avisos de ruta del viaje, pero con una dirección final, ahí está…ahí está, llegó. La MI ha caminado mucho, el teólogo católico español Juan José Tamayo nos invita y remarca a seguir caminando con la MI y recomienda “no caigamos en el integrismo” en otras palabras que la MI se siga reescribiendo en esta nueva era, no le cerremos las puertas a seguir reflexionando teológicamente sobre la MI, que se re-convierta (reafirme) la MISION INTEGRAL.

“Anhelamos una iglesia latinoamericana que -transformada por la Palabra y por el Espíritu- fermente todas las áreas de la vida de nuestros pueblos como agente del Reino de Dios y su justicia.” (Visión de la FTL).


El día a día de los sicarios es tan peligroso como soporífero. Pasan la mayor parte del tiempo haciendo rondas por su territorio -para evitar que entren otras pandillas- o resguardados en casas de seguridad donde dormitan o se drogan para combatir el hastío. FEDERICO RÍOS

Los barrios pobres son una cárcel para los jóvenes. Las opciones de progreso escolar o laboral son nimias, y muchos, al enrolarse en el crimen, no pueden salir de sus vecindarios, separados por límites urbanos que allí se conocen como “fronteras invisibles”: si los cruzas, estás en territorio comanche. FEDERICO RÍOS

Los chicos empiezan a manejar armas poco después de los 10 años de edad. Cuando entran en la adolescencia, mucho ya son pistoleros consumados y han cometido varios homicidios. Normalmente, las mafias proveen de pistolas, revólveres y rifles a los muchachos que usan para proteger su negocio. FEDERICO RÍOS

Por las cuestas de las comunas -construidas sobre las laderas que rodean el centro urbano, comercial y financiero de la ciudad- circulan a toda velocidad pequeños buses que transportan a los vecinos de un lado a otro. La extorsión a los transportistas es una de las múltiples vías de ingresos del crimen. FEDERICO RÍOS

En la Comuna 13 de Medellín no falta todo tipo de material para la batalla. Eso le dijo un joven al fotógrafo que sacó estas imágenes: “Usted sabe que en la guerra las armas es lo que más se ve. Se ven más las armas que la comida y la plata [el dinero]”. FEDERICO RÍOS

Los jóvenes sicarios viven sin esperanzas de futuro. Según el padre Juan Carlos Velásquez, que lleva años tratando de comprenderlos y ayudarlos, dice que su idea de la existencia es simple, como el título de una canción de Juanes: ‘La vida es un ratico’. FEDERICO RÍOS

Un joven enseña una herida de bala en la parte baja del omóplato derecho. Sobre el agujero, el tatuaje de una calavera. Al mismo tiempo que la religiosidad católica popular baja en Medellín, en los barrios pobres se va asentando la simbología de muerte de las violentas ‘maras’ [pandillas] centroamericanas. FEDERICO RÍOS

La Policía y el Ejército han reforzado su presencia en la Comuna 13 después de una guerra entre capos que bañó en sangre el barrio entre 2009 y 2010. El control real de estos vecindarios, de todos modos, continúa estando en manos de los jefes del crimen y de sus pandillas. FEDERICO RÍOS

Los cadáveres pueden desaparecer de inmediato de las calles o quedar tendidos durante horas. Depende de la decisión que tomen sus familiares o los miembros de su combo: enterrarlos o cremarlos rápido para que no se recojan pistas, o desentenderse del difunto para no se les relacione con el caso. FEDERICO RÍOS

Las comunas son un laberinto de ladrillo y chapa en constante expansión. Las fuerzas de seguridad, en ocasiones, tienen serios problemas para orientarse en el embrollo de callejuelas por el que se mueven con facilidad los miembros de las pandillas. FEDERICO RÍOS

Un muchacho enseña las cicatrices de su espalda. Según su testimonio, un día lo atacaron miembros de una banda rival y le dieron 20 puñaladas en distintas partes del cuerpo. FEDERICO RÍOS

Un pandillero posa con su revólver en un sofá de su escondite. FEDERICO RÍOS

Una niña sonríe a través de una reja mientras un militar patrulla. FEDERICO RÍOS

Levantamiento del cadáver de un hombre que recibió cuatro tiros en la cabeza. En la década de los 2000, la media de homicidios en Medellín ha sido de unos 2.000 muertos al año. Una cifra muy grave, pero más leve que a principios de los noventa, cuando caían hasta 4.000 en un año. FEDERICO RÍOS

 

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.Viaje por el mundo de los sicarios de Medellín, jóvenes de vida breve y gatillo fácil

.Para los pistoleros del siglo XXI asesinar es un acto sin importancia en una existencia vacía

 Medellín

 

El día a día de los sicarios es tan peligroso como soporífero. Pasan la mayor parte del tiempo haciendo rondas por su territorio -para evitar que entren otras pandillas- o resguardados en casas de seguridad donde dormitan o se drogan para combatir el hastío.  

fotografía:FEDERICO RÍOS

Aunque sabía que el muchacho llevaba encima un revólver, y que en el barrio tenía fama de duro, el padre Juan Carlos Velásquez no sintió miedo cuando se bajó del coche al llegar a su casa parroquial y lo vio venir hacia él en medio de la noche.

— Qué hay, brother — le dijo el chico.

“Pensé que venía a pedirme dinero para drogarse o para alicorarse”, recuerda Velásquez, un cura católico de 38 años con barba y melena negra rizada y brillante que lleva ocho años dedicado a intentar comprender y ayudar a los jóvenes sicarios de los barrios pobres de Medellín.

“Cuando se acercó, le dije de una manera muy seca: ‘Hombre, qué necesitás’. En vez de contestarme fuerte, se reblandeció y me dijo que era su cumpleaños, y que nadie lo había felicitado”.

El cura pensó que el chico lo quería enredar de alguna manera. “Y yo más duro me puse, porque estos muchachos son muy tramadores. Le dije otra vez: ‘Qué necesitás”.

—Padre, necesito un abrazo —le respondió el chico.

“Y yo solté el escudo que tenía y lo abracé. Él lloró unas lágrimas, me dio las gracias y se fue”. “Esa noche”, recuerda, “no pude dormir pensando en ello”.

Un sicario posa con un revólver. / F. RÍOS

Aquella madrugada de diciembre de 2009, el cura captó algo que no había comprendido en seis años de relación con los jóvenes de los combos —las pandillas que sirven de comandos de barrio para los capos de la ciudad—. “Allí mismo descodifiqué el conflicto”, afirma Velásquez en el comedor de su modesta casa parroquial, en la Comuna 5 de Medellín. “Yo creía que era un problema económico, pero la solución no es solo de dinero. Tiene que ver con la falta de afectos y con distintas formas de rechazo social. Ellos son seres humanos que merecenoportunidades, y las instituciones, llámense Iglesia, Gobierno o escuela, lo único que hacemos es vetarlos. A los chicos los echan de la casa, los echan de los colegios, y entonces su único refugio es la esquina, el combo, que les da un lugar para ser personas… Entre comillas”.

Una tarde de octubre, en un café de Medellín, un sicario retirado se dispone a contar sus años como asesino a sueldo mientras merienda un pastel de hojaldre y un refresco. Habla en voz baja y de vez en cuando echa una ojeada a su alrededor como si no se sintiera seguro. El joven ha pasado ya de los 20 años de edad, algo que no logran muchos de ellos. Esnifó su primera raya de cocaína a los 10 años. Con 12 cogió por primera vez un arma de fuego. Con 14 ya era miembro de una banda criminal. “Nos juntamos los de mi barrio, los típicos pelaos que en preescolar íbamos cogidos de la mano para la escuela, y montamos un combo de 80 personas”, explica. “Cuando uno cumple una edad y no estudia ni hace nada, las cuchas [las madres] le ven a uno el símbolo del peso en la cara, y le piden que aporte para la casa. Le dicen que es un mantenido, y eso cala. Yo estuve en ese punto: sin trabajo, con la familia presionando, que llegaba a casa y a mí no me ponían ni un plato de arroz, y me miraban mal si abría la nevera. Y aparece un tipo y le pone delante de usted un millón, dos, tres millones de pesos”.

Asesinar por encargo se ha convertido en un oficio ruinoso. A veces no se paga más de 5.000 pesos (unos 2 euros)

Por lo que cuenta, de los 14 a los 16 años fue un asesino muy solicitado, aunque los detalles que ofrece son inverosímiles. No parece que exagere para presumir, o que esté contando mentiras, sino más bien que su niñez y su primera juventud fueron tan salvajes y lo arrasaron de tal manera que difícilmente puede recordar los datos exactos de aquel caos sin medida. “Cada semana hacía unas ocho vueltas [encargos diversos; no siempre asesinatos], y con eso me ganaba como 10 millones de pesos (4.200 euros). Viajaba en avión, tenía un apartamento, a todas las niñas que quería, mi moto, revólveres, un rifle, la coca… Mire que entre cuatro consumíamos 70 gramos diarios”.

— ¿Quiere decir siete gramos?

— No señor, 70.

— ¿Y cómo no se murieron?

— Uno sí murió de sobredosis, otro se quedó ciego, y a otro un día se le cayó algo blanco de la nariz. Pensó que era una roca de coca, pero era el tabique.

En España, un gramo de coca cuesta 60 euros en la calle. En las barriadas de Medellín cuesta 2 euros, y, sin embargo, por allí no se ven drogadictos decrépitos como, por ejemplo, los de los poblados del extrarradio de Madrid. El testimonio de este sicario retirado indica que esto no se debe a una mayor contención en el consumo, sino a la mera pobreza. Según explica, los jóvenes de ahora no encuentran de dónde sacar dinero, ya no para drogarse, sino para comer o vestirse. Incluso asesinar por encargo, que antes podía ser bastante lucrativo, se ha convertido en un oficio ruinoso. El antiguo asesino a sueldo, que mantiene contacto diario con ejecutores en activo, pone un par de ejemplos: “El otro día, un pelao me dijo que mató a alguien y le dieron 20.000 pesos [8,4 euros] por esa cabeza, y me consta que otros matan hasta por 5.000 [2,5 euros] y que luego usan la plata para comprarle unas arepas a su mamá”.

En Medellín hay más de 5.000 sicarios distribuidos en unas 300 bandas o combos por toda la ciudad

En Medellín, la oferta de asesinos excede la demanda de víctimas. Tanto, que los chicos más jóvenes llegan a matar gratis para intentar hacerse un hueco en el saturado mercado del crimen. El padre Velásquez asegura que ahora es tan difícil prosperar como sicario que muchos le juran que lo dejarían si pudiesen encontrar otro modo de sobrevivir. “Hay infinidad de jóvenes que quieren salirse de esto”, comenta. “No hace falta ni siquiera que lo veamos desde el punto de vista humano, sino desde el mero punto de vista comercial: hay una sobrecarga de combos y de sicarios”. En la cafetería, el asesino retirado que viajaba en avión dice lo mismo: “Uno sabe que ahora hay más pelaos que nunca metidos en las vueltas”.

En Medellín hay más de 5.000 sicarios distribuidos en unas 300 bandas por toda la ciudad. Y, sin embargo, el número de asesinatos no llega ni a la mitad que a principios de los noventa, en la época del capo Pablo Escobar, cuando había más de 4.000 muertos anuales. En 2011 hubo 1.648, casi 400 menos que en 2010. Aunque el índice de homicidios sigue siendo uno de los más altos de las ciudades grandes de Latinoamérica, la cifra se ha estabilizado en la última década en torno a los 2.000 muertos anuales.

Un joven empuña un arma. / F. RÍOS

Lo paradójico es que mientras el crimen se reduce, parece que aumenta la disponibilidad de chicos empobrecidos y desocupados dispuestos a asesinar para ganar un poco de dinero. Igual de desconcertante es que en tiempos de menos violencia la relación que tienen ellos con la muerte se deshumanice cada vez más. “Algunos ya matan por deporte”, comenta el exsicario, que siempre que hace una afirmación general, la ilustra luego con un horror particular.

“La semana pasada estuve con un chico de 16 años de mi barrio. Estábamos sentados en la calle y él andaba como ansioso. Se movía, se tocaba mucho la pierna”.

—¿Qué le pasa a usted? —le dije.

“Tienen una idea simple de la existencia”, dice el padre Velásquez. “Viven el hoy. Lo que se gana se gasta en el día”

— Que tengo ganas de matar —me contestó.

“Él mantenía el fierro [pistola] al pulmón, ahí cerquita. Entonces se levantó, se fue, oí pa-pa-pa. Volvió, se sentó y me dijo: ‘Ya me calmé’. Había matado a un pelao que no tenía nada que ver. Al primero que se encontró”.

Así es la vida en las comunas. Estos barrios pobres se construyeron sobre las laderas que rodean el centro de Medellín. Cuando se entra en la comuna, la carretera se empina, la calidad de las casas empeora según se sube. En las aceras, los vecinos charlan sentados en las puertas de las casas. Acabamos de traspasar la frontera de un sitio donde no suelen entrar forasteros y donde todo el mundo se conoce. A los lados de las calles principales, el tejido urbano se convierte en un laberinto de callejuelas y casuchas de ladrillo y chapa apretujadas. En ese escenario, dos sicarios hablan de esas extrañas ganas de matar. “Me picaba el dedo”, dice uno de ellos para explicar su pulsión por apretar el gatillo. Es un sicario en activo mayor de lo habitual, cercano a la treintena, y lo acompaña un adolescente callado que a veces sonríe. El chico tiene una actitud extraña, como una mezcla de timidez y suficiencia.

Si se les pregunta por la muerte, el menor no dice nada. El mayor se queda con cara de incomprensión, y al final responde: “Pues señor, eso es algo de lo que no se vuelve, y ya”.

El padre Velásquez sostiene que los chicos de las comunas entienden la vida en presente simple, sin más futuro que las próximas horas. “Tienen una idea muy simple de la existencia. Experimentan la muerte al día. Viven el hoy. Lo que se gana, se gasta en el día. Es como una expresión popular que hay por acá que dice: ‘Volador hecho [cohete lanzado], volador quemado’; o como el título de una canción de Juanes, La vida es un ratico”.

Eso, sin embargo, no significa que vivan a todo trapo, rodeados de las míticas riquezas del narcotráfico, sino que su vida corre rápidamente hacia una muerte inmediata, amarrados a la miseria y sin mejor camino que delinquir. El cura, que conoce sicarios de todas las edades y de todos los puntos de la ciudad, dice que por lo general son personas frustradas, perfectamente conscientes de que han nacido para morir en “la guerra”, como le llaman ellos a lo que las autoridades colombianas y los analistas definen como “el conflicto”.

Federico Ríos, el reportero colombiano que hizo las fotografías que ilustran este reportaje, habló durante meses con los chicos de las bandas para entender su mundo y ganarse su confianza. Le parecieron “serios, apagados, como amargados, ensimismados, sin chispa”. Según Ríos, su día a día consiste en hacer lo que les mandan mientras esperan el momento de que les den un balazo. En una de sus charlas con los sicarios, Ríos le preguntó a un pandillero de 16 años qué le gustaría ser en la vida. “Camellador de busero [ayudante de un conductor de autobús]. Ese es el sueño mío”, respondió el sicario.

El fotógrafo Federico Ríos, que pasó meses con los sicarios, los describe como “serios, apagados, amargados, sin chispa”

Pero el chico, por lo que le dijo a Ríos, tiene claro que no llegará a eso, que su futuro es terminar su vida cumpliendo con sus obligaciones: “Hasta el fin”, dice, “hasta que me maten. O mato, o caigo”. Y lo resume con una idea vacía: “Como dice el dicho, el que muere queda así”.

Para los jóvenes sicarios de Medellín, matar o morir no tiene ningún significado, es un hecho sin más, algo que se hace o se padece por necesidad, una función técnica y un destino obligado. “Es la pérdida del concepto de lo humano”, reflexiona Carlos Ángel Arboleda, de 61 años, sacerdote y profesor de doctrina social de la Iglesia de la Universidad Pontificia de Medellín. Él recuerda que en los primeros tiempos del narco, en la década de los ochenta, los asesinos a sueldo eran adultos de raíz campesina y con un pensamiento católico tradicional —básico pero sólido— que les hacía sentir de otra forma lo que hacían. “El primer sicario tenía una religiosidad popular muy fuerte”, explica. “Era consciente de que matar era pecado, pero le valía para conseguir dinero para la casa y para sacar a la mamá de la pobreza”.

Un muchacho enseña un agujero de bala. / F. R.

El padre Velásquez entiende que esa correa de transmisión de valores tradicionales se ha ido cortando por la descomposición de las familias humildes, causada en parte por la rápida incorporación de las mujeres al mercado laboral. Según Diego Herrera, miembro del Instituto Popular de Capacitación, una ONG local, en la ciudad se ha producido desde los años noventa una transformación industrial que ha convertido las fábricas tradicionales, de textiles y de alimentos, en nichos laborales de segunda clase para ciudadanos pobres y sin formación: en un 80% de los casos son mujeres, muchas de ellas madres solteras o adolescentes con hijos recién nacidos.

La Personería de Medellín, una oficina pública de defensa de los derechos civiles, alertó en un informe de 2011 de que las mujeres de las barriadas ganan entre uno y cinco euros a la jornada. El paro ronda el 12% en toda la ciudad, pero en algunos barrios pobres llega al 40%, y la mitad de los ciudadanos que aparecen en las estadísticas como trabajadores tiene un contrato informal, sin prestaciones sociales ni derecho a una pensión.

Mientras tanto, la economía formal prospera. Medellín es la ciudad colombiana mejor valorada internacionalmente como destino de negocios, según explica Max Yuri Gil, sociólogo de la Universidad de Antioquia, y tiene éxito como lugar de servicios, desde los turísticos hasta otros más singulares, como la cirugía estética. También es la ciudad colombiana en la que mayor cantidad de riqueza se concentra en un menor número de ciudadanos. Según datos de la Personería, en 2009 la ciudad tenía 2.400.000 habitantes, de los que 900.000 eran pobres, y unos 250.000, indigentes.

“Padre, yo ya no tengo salvación, yo estoy muy mal, a mí ya ni siquiera Dios me perdona”, le dicen los chicos al cura

Un informe de 2011 de la Veeduría de Medellín, una organización civil, preguntaba por la causa de esta desigualdad social, y a continuación invitaba a la lectura de algunas frases de un manual de inversión publicado en 2006 por el propio Ayuntamiento de Medellín: “El salario mínimo en Colombia es uno de los más bajos de los países latinoamericanos (…). Colombia tiene uno de los regímenes laborales más flexibles de América Latina (…). Con una jornada laboral diurna extendida desde las 6 a. m. hasta las 10 p. m., el empleador puede contratar dos turnos sin necesidad de pagar horas extra (…). Modalidad de contratación de aprendices sin vinculación laboral con la empresa: el empleador no tiene obligación de pagar prestaciones sociales (…). Colombia presenta costes de despido sin justa causa considerablemente inferiores a países como México, Argentina, Guatemala y Brasil”.

Medellín evoluciona, pero no logra incorporar al desarrollo a la mayoría de sus ciudadanos. “Aquí la economía sube y la gente pasa cada vez más hambre”, dice el padre Velásquez.

En ese contexto, las mujeres han dejado de ser amas de casa y educadoras primarias, y sus hijos se han quedado solos, entre un hogar vacío y un ambiente callejero que los atrapa desde la infancia. “Los niños son educados por los combos”, afirma el profesor Arboleda. Es la misma idea que transmite Velásquez, que la función maternal de crianza ha sido suplantada por una socialización criminal. “Para los muchachos, pertenecer al grupo no es un trabajo, es una opción de vida”, dice el cura. “Encuentran el afecto y una identidad. Para ellos, el combo es un lugar en el mundo”.

En los años ochenta, durante el reinado de Pablo Escobar, por el contrario, el crimen era para los sicarios un puesto de trabajo, y su lugar en el mundo era la familia, la madre sobre todo. La religión era el esquema simbólico que amueblaba sus cabezas, un conjunto de creencias en el que la vida y la muerte adquirían un sentido trascendente. Entre el apego a la familia y la fe en el más allá, los soldados de la era de Escobar formaban parte de un mundo pobre pero estable, y esperaban de la vida algo más que un tiro en la sien. “Por entonces no tenían conciencia de vida corta”, dice el padre Velásquez. “Apenas empezaba el fenómeno del sicariato. Ellos entraban en eso con la idea de salirse luego con la plata suficiente para hacerse una casa, o comprarse una licencia de taxi, o montar cualquier otro negocio”.

Antes de que Medellín, la ciudad más católica de Colombia, se convirtiese en una ciudad latina moderna, los asesinos creían en Dios, y hasta pedían disculpas al cielo por lo que hacían en la tierra. “La confesión se consideraba un paliativo”, dice Velásquez. “El sacramento era una catarsis”.

En un municipio de las afueras había un templo que todos los martes se llenaba de gente, la iglesia de Sabaneta, donde se rendía culto a la Virgen María Auxiliadora, La Virgen de los sicarios, como la definió el escritor colombiano Fernando Vallejo en el título de su famosa novela sobre los asesinos de Medellín. Vista ahora, la obra parece un parteaguas de la cultura del sicariato: antes, la Virgen y la mamá, y después, nada.

El libro se publicó en 1993, cuando se iniciaba la transformación social y económica de la ciudad, el mismo año en que Escobar, a quien en las comunas aún llaman Don Pablo, murió en un tejado de Medellín tiroteado por la policía. Vallejo, que atendió a este diario por teléfono, recuerda que en aquel tiempo ya estaba “bajando la devoción”. Unos años después, el escritor volvió a pasar por la iglesia de Sabaneta y la encontró en decadencia.

Por entonces estaban naciendo los sicarios de hoy día, que por lo general ya no van a misa, ni se confiesan. Según el padre Velásquez, su vacío simbólico y sentimental se ahonda a medida que pasan la adolescencia y se afianzan en las estructuras criminales, que es cuando pierden cualquier resto de emoción infantil por pertenecer al mundo del crimen y asumen que solo les queda morir, que, en realidad, solo se merecen morir. “Uno los invita a ir a la misa y ellos mismos no se creen merecedores de la misericordia de Dios”, cuenta el cura. “Es una cosa triste. Te dicen: ‘Padre, yo ya no tengo salvación, yo estoy muy mal, a mí ya ni siquiera Dios me perdona”.

Cuando mueren, las familias de los muchachos de los combos prefieren enterrarlos rápido. Es más económico. Retiran su cadáver cuanto antes de la calle y lo llevan a un crematorio. Evitan así que la policía analice la escena del crimen y que los forenses escruten el cuerpo.

Aquel sicario que celebró su cumpleaños en la calle, solo, esperando a medianoche al padre Velásquez para pedirle afecto, tampoco llegó a entrar nunca en su iglesia. Un año más tarde murió tiroteado. El sacerdote recuerda que nadie le hizo un funeral.

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¿Norteamérica tercermundista?

Publicado: abril 7, 2012 en Reportaje, Sociedad

Arianna Huffington, fundadora de The Huffington Post, alerta del deterioro de la sociedad estadounidense en su nuevo libro

Arianne Huffington, directora del diario digital The Huffington Post, posa en la redacción del diario El País en octubre de 2011. / CLAUDIO ALVAREZ

El último libro de Arianna Huffington desprende aromas a 15-M. O, mejor dicho, a Occupy Wall Street, el movimiento de los indignados neoyorquinos. El viaje ideológico de esta exitosa empresaria de la comunicación, que a mediados de los noventa fue ferviente militante conservadora y ahora es una musa de la izquierda liberal, sigue adelante. No hay más que leer su último libro:Traición al sueño americano: cómo los políticos han abandonado a la clase media (Taurus). En la página 23, escribe: “Pero la magnitud del engaño al pueblo y del asalto a la clase media ha quedado en evidencia de manera muy chocante al comparar las medidas mínimas adoptadas para rescatar a las pequeñas y medianas empresas con las medidas máximas adoptadas para rescatar a las grandes entidades bancarias y financieras de Wall Street”.

—¿Se ha hecho usted simpatizante del movimiento Occupy Wall Street, o qué?

—Creo que Occupy Wall Street ha sido y continúa siendo un movimiento poderoso que da expresión a un sentido de la injusticia de nuestro sistema económico. El motivo por el que ha resonado tanto es porque ha calado en la sociedad y ha involucrado a gente que no está necesariamente muy politizada, pero que pensó en dar prioridad a la voz que expresa esa injusticia que sienten millones de personas. Gente que tiene la sensación de que la partida está amañada.

—¿Y piensa usted que la partida está amañada?

—Sí, la partida está amañada. Washington está lleno de lobbies que se salen con la suya: allí uno puede sacrificar el interés público para promover sus propios intereses.

Huffington habla desde un coche en marcha que se desplaza de Oxford a Londres. Acaba de participar en una charla. Es una mujer que no para. No para quieta un instante. Su vida da para varias películas, y ahora estamos en el capítulo del éxito absoluto como empresaria de la comunicación. Exmujer de un magnate del petróleo y excandidata a gobernadora de California, hace siete años, en 2005, fundó la web The Huffington Post, el gran fenómeno mediático del nuevo siglo, un éxito de audiencia sin precedentes. Política, famosos, incorporación de legiones de blogueros, mucho debate, conversación abierta en la red y marketingviral fueron las claves de su fórmula maestra. En tan solo seis años, en mayo de 2011, arrebataba el liderato de los diarios en Internet a The New York Times. Lo hizo tres meses después de sumar a su audiencia la de AOL (American Online), que redireccionó a sus usuarios al HuffPo—diminutivo de The Huffington Post— tras comprarlo por 227 millones de euros. Solo seis años. Ahora está inmersa en la expansión internacional de su marca. Las versiones francesa, canadiense y británica de su invento ya están en marcha. La española, El Huffington Post, participada al 50% por PRISA Noticias, editora de EL PAÍS, verá la luz el próximo 7 de junio. Y para este verano está previsto el lanzamiento de un canal televisivo en Internet, el HuffPost Streaming Network, que emitirá 24 horas al día siete días a la semana, con reporteros, blogueros y miembros de la comunidad participando en la conversación. A sus 61 años, y sin parar quieta, encuentra hueco para promocionar su libro y conceder entrevistas, aunque sean a trompicones y cortas.

“No ha habido la misma urgencia en solucionar el problema de Wall Street que en solucionar el problema en la calle”

Arianna Huffington lanza una señal de alarma en su nuevo libro, el decimotercero de su carrera, que publicó en Estados Unidos mediado el año 2010. Alerta de que Estados Unidos podría convertirse en una nación con solo dos clases, “los ricos y todos los demás”. Y sostiene que EE UU corre el peligro de convertirse en un país como México o Brasil, en el que los más acaudalados acaben viviendo en recintos amurallados con vigilantes armados. De hecho, en inglés, el libro se titula Third World America, o sea, América tercermundista. En varias ocasiones ha asumido que se trataba de una frase de impacto, para señalar un problema. “En dos años la cosa ha empeorado. No ha habido la misma urgencia en solucionar el problema de Wall Street que en solucionar el problema en la calle. Cada vez más gente sin casa, desahucios, licenciados que no consiguen trabajo, una deuda que crece… El sentido de la prioridad brilló por su ausencia”.

Huffington considera que ninguno de los aspirantes a la Casa Blanca podrá hacer gran cosa para resolver el problema que, en su opinión, acucia al país: la desaparición de la clase media. “No veo que ninguno de los candidatos tenga una visión clara, ni un plan claro de lo que hay que hacer”, asegura. Con su voz pausada y su acento griego (nació en 1950 en Grecia, pero vive en EE UU desde 1980), se muestra particularmente crítica con el actual inquilino de la Casa Blanca. “Obama hizo exactamente lo que dijo que no iba a hacer”: se refiere a que incorporó en su equipo a gente de épocas pretéritas, como Larry Summers (exsecretario del Tesoro), que son “parte del problema”. Las recetas en boga para solucionar los problemas de la crisis tampoco parecen convencerle. “Priorizar el recorte del déficit es una auténtica locura. Nunca van a ser capaces de eliminar el déficit del todo”.

Huffington se muestra satisfecha de la evolución de su web. Asegura que ha incrementado la plantilla en 75 editores y reporteros. En febrero registró 33,7 millones de usuarios únicos.

A pesar de que todo indica que algunos modelos que incorporan fórmulas de pago, como el implantado por The New York Times, no están funcionando mal, sigue confiando en su modelo gratis, financiado mediante publicidad. Eso sí, no descarta, dice, cobrar por alguna aplicación premium en algún momento.

Entra un mensaje en su Blackberry al final de la entrevista. Sus abogados le informan de que acaba de ganar el pleito que le montaron hace un año el ejército de blogueros impagados de su plataforma. En abril de 2011, un grupo de los que contribuyen sin cobrar a The Huffington Post demandaron a Arianna Huffington reclamando una parte del pastel tras la venta de la plataforma a AOL. Solicitaban 72 millones en concepto de compensación. Huffington sigue pensando que para la mayoría de sus blogueros es normal no cobrar porque la plataforma les da visibilidad. “No es distinto de cuando vas a una televisión o a la radio para participar sin cobrar”. Y se mantiene firme en sus postulados sobre la agregación de contenidos. The Huffington Post se nutre de muchas noticias generadas por otras webs, de las que publica un pequeño avance, y enlaza para que la gente pueda leer el contenido original. “Esto es la economía del enlace. La agregación es una parte muy importante del futuro”.

 

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